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Diario de Milán

Diario de Milán, junio 2018. Parte II

por Alejandro Oliveros

Vista de los viñedos de Treiso, provincia de Cuneo. Italia.

16/06/2018

Milán, lunes 1 de junio de 2018

Más Chopin

La reactualización de la obra de Chopin, quien nació también un primero de marzo, pero de 1810; cuando, en Caracas, se iniciaba un movimiento de protesta más económico que político y que terminaría en accidentada independencia; debería ser, en estos momentos, más apremiante para los habitantes de Venezuela que para el resto de los latinoamericanos. Y fundamentalmente porque el gran compositor comió durante largos años el “pan amargo” del destierro. El de Chopin fue un exilio sin retorno, como, fatalmente, ocurre con indeseada frecuencia. Veinte años, tantos como los de desgobierno en Venezuela, fueron los suyos, hasta su temprana muerte en Paris el 5 de octubre de 1849. Durante tanto tiempo fuera de Polonia, Chopin se mantuvo activo en el apoyo a sus compatriotas que luchaban por la independencia. Y, en su música, expresó la nostalgia amarga de los apátridas. Liszt reconocía que la melancolía por el país perdido, el dolor por el despojo del cielo, le otorgaban a sus composiciones un misterioso lirismo que las hacía incomparables. No distinta es la sensación que nos deja la música escrita por los venezolanos condenados al destierro. La formidable Gabriela Montero es sólo una  entre tantos.

Platón en Siracusa, Gianni Vattimo en Caracas

De todos es, o debería ser, conocida la historia de Platón en Siracusa, a donde fuera convocado por su Tirano como consejero. Al final, las cosas no salieron como esperaba el gran maestro, y, a duras penas, pudo regresar con vida a la geografía ateniense, de donde más le habría valido no haberse ausentado. La tracción fatal que desde entonces han sentido los hombres de ideas por los gobernantes de fuerza, ofrece los más variados ejemplos. Uno de los más pintorescos es el de Sartre y Castro. Y, entre los más recientes, el de Gianni Vattimo, uno de los filósofos europeos más influyentes de los tiempos de la generación del milenio. El pensamiento del distinguido profesor de la universidad de Torino, asiduo visitante a Venezuela,  reúne una serie de atributos que han sido considerados propios de la post-modernidad. El más conspicuo es el de ser, de la manera menos obvia, marxista y heideggeriano. Como representante de la segunda tendencia, Vattimo se ha erigido en el improbable intérprete del molesto anti-semitismo de Heidegger. En su opinión, la actitud del autor de Ser y tiempo sería la propia de un teólogo cristiano, no la de un hombre con marcados prejuicios raciales. Con todo, la controversial posición de Vattimo ha abierto el espacio para serias discusiones académicas. Lo que no resulta serio y ni siquiera aceptable como marxista, es su acrítica condescendencia con un campeón de la corrupción y la irresponsabilidad, como el difunto ex-presidente venezolano, del cual llegó a ser amigo después de aceptar, hasta el final, todas las invitaciones del gobierno  para observar de cerca el milagro de la revolución bolivariana. Cuando escribía, en 2016, destacando “la asistencia sanitaria gratuita y de calidad y los programas sociales que han revelado la pobreza extrema en la cual el país se encontraba bajo las democracias de corte colonial”, uno no sabe qué pensar de un pensador que piense así. Como escribió la profesora Donatella di Cesare al reseñar el más recientes de los libros de Vattimo ( Essere e dintorni. La Nave di Teseo, 2018): En el futuro habrá que preguntarse cómo salvar a Vattimo después de que él salvó a Heidegger.”

Milán, martes 12 de junio de 2018

Hoy Alessandro, ese regalo de los dioses para los días de la Alta Edad, llega a sus seis años de haber nacido en esta Milán, impensada  como lugar de residencia hace apenas una década. En el fondo,  se trata de una vuelta a los orígenes míticos de mi familia. Tiempo atrás, en una visita a los viñedos de Piemonte, la esposa de un productor me saludó diciendo. “Todos los Oliveros han salido de allí”, señalando hacia el remoto pueblo de  Treiso, no lejos de Alba, a donde seguramente fueron a dar mis antepasados huyendo de alguna persecución racial. Es lo más natural pensar que llegados allí, probablemente a comienzos del XVI, se hayan dedicado a la producción del vino, casi el único cultivo en esas tierras pobres del nor-oeste de Italia. Una vez en Venezuela, siguieron viviendo de la tierra aunque dedicados, obviamente, a otros cultivos en los alrededores de Nirgua. Nadie sabe a qué se dedicará Alessandro, pero su ADN está marcado por esa primera experiencia de sus ancestros al llegar a su nativa Italia. Para celebrar la ocasión, he reservado una botella del magnífico Dogliani Briccolero 2012, el mismo año del nacimiento de mi nieto, regalo de su productor, el maestro Quinto Chionetti, uno de los grandes nombres del vino piemontés.  Salud, Alessandro!

Milám, miércoles 13 de junio de 2018

Wislawa Szymborska

“Fin y principio”. Szymborska

No podría decir que me haya contado entre los lectores más entusiastas de la obra de Wislawa Szymborska, la poeta polaca Premio Nobel de Literatura. Tampoco me he detenido a precisar las causas de esta suerte de indiferencia. Por el contrario, desde siempre, he admirado y estudiado y “retraducido” la obra de algunos de sus contemporáneos; en especial, Zbigniew Herbert, Alexander Watt y Czeslaw Milosz. Sobre todo Milosz, al cual le he envidiado algunos de sus poemas escritos a sus ochenta. Aquí en Italia, aún más que en Francia o Suramérica, la Szymborska ha estado a punto de superar esa contradicción en términos que es un poeta best-seller. De la edición de sus obras completas, a cargo de Adelphi, se habían publicado hasta 2016, cuando compré mi ejemplar, dieciocho ediciones! No es improbable que tanta popularidad hay prejuiciado mi seguramente injustificada actitud. Mientras revisaba mi ejemplar de La gioia di scrivere, que es como han llamado en Italia las poesías completas, en busca de alguna línea sobre Chopin (que no he encontrado, por lo demás), me tropecé con el más conocido de sus poemas y, seguramente, uno de los mejores. Aunque después de Menéndez y Pelayo desconfío de todas las “100 mejores poesías” en cualquier idioma o geografía, recuerdo que Brodsky, tal vez mejor crítico que poeta, incluía el texto de Szymborska entre los cien mejores del siglo XX. Ahora, con esta relectura en italiano, no me parece improbable que Brodsky haya tenido razón. La que sigue es mi versión realizada a partir de traducciones  bilingües al italiano e inglés.

El fin y el principio

 Después de cada guerra
alguien tiene que hacer la limpieza.
Las cosas, después de todo,
no se ordenan por sí solas.

Alguien tiene que poner los escombros
a orillas de la carretera
para que los vagones cargados
de cadáveres puedan pasar.

Alguien tiene que hundirse
en las cenizas y la escoria,
las astillas de los cristales
y los trapos ensangrentados.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar la pared,
colocar los vidrios en la ventana
y ajustar la puerta.

No es algo muy fotogénico
y se requieren años.
Todas las telecámaras
ya se fueron a otra guerra.

Hay que reconstruir puentes
Y estaciones ferroviarias.
Las mangas se harán trizas
de tanto arremangarlas.

Alguien, con la escoba en la mano,
todavía recuerda cómo era antes.
Otro escucha y asienta
con su cabeza no cortada.
Pero ya llegarán otros
que se arremolinarán
encontrándolo todo aburrido.

En medio de los arbustos
alguien desentierra
gastados argumentos
y los tira a la basura.

Los que sabían
de qué se trataba
tienen que dejar su puesto
a los que saben poco,
y menos que poco
y, en fin, a los que no saben nada.

En la hierba que cubre
causas y efectos,
alguno debe estar echado
con una espiga entre los dientes
contemplando las nubes.

Es inevitable, en su dicción, ironía y tono alegórico, la alusión a algunas poesías de Auden, como “El escudo de Aquiles”, o muchas de Brecht. En una reciente feria de libros en Bogotá, los organizadores, a propósito del tratado de paz, escogieron el poema como “eje temático” de los encuentros. En Venezuela, sería prudente tenerlo a mano para releerlo cuando la noche quede atrás.

Milano, jueves 14 de junio de 2018

La esquizofrenia, propia o ajena, me ha acompañado toda la existencia. Mi actual situación de vivir en dos países, es una manifestación más de este desdoblamiento. Mi vida, para bien o para mal, no ha sido más que, como diría Dickens, “a tale of two cities”

 Preludios y premoniciones

¿Cómo nadie nos dijo nada?
¿Cómo no se le ocurrió a alguien
advertir los prodigios en el cielo?
¿Cómo no hubo nadie?

No escuchábamos. Estábamos
entregados al vino nuevo,
a la danza desprevenida y el canto.
Noches enteras girando alrededor
del paisaje alucinado de fogatas.

El fuego en los rostros sudorosos
trazaba los signos de la perdición y el olvido.
Demasiado entregados para oir advertencias,
si en verdad las hubo.

Ahora es torpe nuestro deambular
por plazas y calles desiertas.
Hechizados andamos, obnubilados,
en busca de nuestra voz perdida
en la noche de ceguera y excesos.

Preludios, 1993 (Versión 2018)

Dag Solstad

Noruegos

Dag Solstad (1941) es uno de los escritores noruegos más difundidos en Europa. Todas sus novelas han sido traducidas al italiano e imagino que asimismo a las otras lenguas occidentales. Es un hombre de mi generación, la de las protestas del ’68, la guerra de Vietnam, los derechos civiles, el amor libre y grandes utopías. Como buena parte de los representantes de este grupo etario, el optimismo es cosa del pasado. No por la edad precisamente, sino por lo que llamo la “apoteosis de la oscuridad”, cuyo producto final es el capitalismo digital, una forma de poder, más que totalitario absoluto, que ha hecho de la sociedad orwelliana una forma candorosa de control. La nueva moral es una de sus formas de perversión, aceptada con complacencia por los habitantes que han entregado el alma a grandes corporaciones a cambio de nada (por lo menos Fausto pidió hacer el amor a Helena de Troya). Un desfalco al que se accede con docilidad psicópata. La intimidad se hizo pública y, con sonrisa de emoji, aceptamos que extraños compartan el humo de nuestra pobre sopa. En una reciente entrevista, Solstad reclama a los intelectuales de su generación de las más recientes su indiferencia ante la “apoteosis de la oscuridad”:

Los intelectuales  en esos años todavía estaban en contra del poder, aun cuando en verdad eran los pilares de la sociedad y ejecutores de las órdenes del estado… Su radicalismo era solamente una expresión casual de la modernidad que, al final, era su grande y verdadero amor… Nuestra relación con el pasado está signado por una profunda indiferencia… He vivido una crisis política debido a los cambios ocurridos en China. Cuando esta utopía desapareció quedé profundamente decepcionado, porque era un maoísta convencido. Estoy atrapado, si me quitan mi biblioteca, que es mi sitio de refugio, no tengo otra salida. Pero hasta donde sea posible hablar, expresarse, hay que hacerlo. Pero una literatura política en este momento es imposible. No porque no sea necesaria, sino porque vivimos en una sociedad que no quiere esta literatura.

Una nueva jornada de primavera cae sobre esta ciudad, que una vez fuera capital del imperio romano y ahora una protegida de la Madonnina, que es como llaman a la escultura de la Virgen en lo más alto del Duomo. La luz, a esta hora, se esfuerza para mantener su dulce claridad per-alpina antes de la llegada del resplandor incandescente del verano. Añoro, después de dos meses, la intensa claridad de mis trópicos natales, y ruego a mis dioses para que mis ausencias no se dilaten de manera indeseada.


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