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Perspectivas

De eso no se habla

por Andrés Cañizález

05/12/2019

Fotografía de Venlur | Wikimedia

Para abordar el tema de la censura, es necesario hacer una revisión del libro Contra la censura: ensayos sobre la pasión por silenciar, del laureado escritor sudafricano John Maxwell Coetzee. La versión en español de este libro fue gracias a Debate y se editó en 2007.

El libro, originalmente publicado como Giving Offense: Essays on Censorship en 1996, recoge una serie de ensayos del Premio Nobel de Literatura (2003) escritos en diferentes momentos. La disección histórica que hace Coetzee de la censura está principalmente centrada en la literatura, aunque aborda otros aspectos.

En mi lectura del libro, lo que resultó más llamativo es la condición de hermanos siameses que terminan teniendo dos regímenes de signo ideológico aparentemente distinto, pero que, en el fondo, al buscar silenciar la disidencia, terminan siendo muy semejantes. Coetzee aborda en ensayos diferentes el modelo de censura de la antigua Unión Soviética (URSS), poniendo especial atención a los años en los que Stalin se impuso férreamente (1922-1952). Por otro lado, en otros ensayos, revisa el aceitado modelo de censura que se implantó en Sudáfrica, su país, con el apartheid entre 1948 y 1992.

Cuando se terminan las páginas del libro, es terrible darse cuenta de que la censura no tiene signo ideológico y que en verdad es una herramienta de aquellos que quieren perpetuar su poder.

El libro de Coetzee termina siendo perturbador y allí radica su gran valor. No es un panfleto para condenar la censura, aunque sin duda al culminar la lectura uno aborrece aún más cualquier esquema que silencie la expresión humana en la vida pública. En un coherente análisis, en el que emplea incluso ideas de la psicología y la psiquiatría, el escritor se pone en los zapatos tanto del censurador como del censurado.

¿Qué se esconde detrás del Stalin censurador, al extremo de asesinar a quien lo cuestionara en público? ¿Qué pretendían los escritores rusos que lo desafiaron? ¿Qué proceso interior vivieron los que debieron desdecirse públicamente de su crítica a Stalin para poder salvar su vida?

Son esos los asuntos a los que apunta de forma polémica Coetzee. De ningún modo justifica la censura, pero quiere escudriñar por qué quienes tienen poder y control absolutos sobre la sociedad le temen tanto a la crítica. Ese temor, esa inseguridad indudablemente reflejan parte de las contradicciones de quienes se quieren mostrar fuertes e inmunes en público.

También revisa el autor casos de escritores que optan por desafiar la censura. No hay para ellos un panegírico, no. Desmenuza Coetzee las posibles motivaciones de aquellos que usando la escritura pretendieron ser más poderosos que el poder político real.

El libro de Coetzee tiene múltiples vertientes de análisis y abordaje al fenómeno de la censura. Una de ellas es el doblez entre censurado y censurador. El papel de aquellos que deciden seguir escribiendo, comunicándose, sabiendo que su mensaje es diseccionado por censores y que por tanto deben cuidar sus palabras.

No todos los que se saben censurados aceptan la censura. Algunos optan por el silencio, por retirarse en espera de que el régimen que los vigila y escruta cese para poder manifestarse libremente. Hay otros, sin embargo, que se colocan en la dinámica de seguir alzando la voz aun bajo un régimen de censura.

Esos, según Coetzee, terminan incorporando otro yo: la psique del censurador. Se creen en la capacidad de poder entender la lógica de la censura, y, en verdad, al operar bajo esas reglas del juego, en su propia mente se instala también la del censurador.

Todo lo que señala Coetzee, y allí lo relaciono con el contexto venezolano, es que cuando impera la censura nadie se salva, ni siquiera aquellos que censuran o quienes creen que al seguir manifestándose (en el marco impuesto desde el poder) son libres. No, nadie es libre.

En el caso del régimen chavista en Venezuela, usualmente se había visto el modelo de censura a partir del cese de las transmisiones en 2007 del canal de televisión RCTV, un medio de comunicación con línea crítica al régimen de Hugo Chávez. Sin duda aquello constituyó un punto de inflexión; pero, retomando a Coetzee, al ver al chavismo como un modelo con intenciones de perpetuarse en el poder y agenda de control sobre la totalidad de instituciones del país, una consecuencia de tales pretensiones políticas termina siendo necesariamente la censura.

Bajo este prisma, entonces, la censura en Venezuela no ha sido algo accidental. Visto en retrospectiva, desde 1999, el país ha estado bajo un largo Gobierno reñido con la libertad de expresión. El chavismo ha encontrado diversas maneras de censurar, tanto de manera abierta como velada. Es posible que con la llegada de Nicolás Maduro al poder haya llevado adelante una política de censura más evidente y sea notable el interés del poder en acallar a medios de comunicación y periodistas, pero cuando se aprecia la visión en conjunto, desde que Hugo Chávez ascendió al poder el 2 de febrero de 1999, tenemos en realidad un largo historial de ataques a la libertad de expresión e información.

Otra particularidad en esta historia de dos décadas es que nos encontramos con diversos mecanismos de censura. A partir de 1999, en Venezuela se ensayan desde el poder diversas medidas: a) el cierre directo de medios de comunicación, con la excusa de que se trata de medidas administrativas, especialmente contra la radio y la televisión; b) la asfixia de la prensa escrita a través del monopolio del Estado en la importación de papel periódico y otros insumos; c) la violencia directa contra periodistas cuando realizan coberturas para impedir que narren o muestren lo que ocurre, por ejemplo en manifestaciones de calle; d) la censura sutil, que coloca sobre el medio de comunicación la responsabilidad de sacar del aire o de despedir a periodistas incómodos al régimen, bajo la amenaza de sanciones contra la empresa; e) el uso del sistema judicial para presionar y torcer posturas editoriales, bajo amenaza de sanciones penales en Venezuela, país con uno de los sistemas carcelarios más violentos de la región; f) la venta de medios de comunicación a capitales opacos o presuntos testaferros del propio chavismo.

Cuando se le ve en su conjunto y en retrospectiva, estamos ante un sistema de censura que resulta consustancial a la intención política de permanecer ilimitadamente en el poder.

El seguimiento especializado a la libertad de expresión e información en Venezuela comienza a establecerse en el siglo XXI. Las estadísticas que desde el año 2002 comenzaron a recabar organizaciones especializadas como Espacio Público y el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) permiten hacer un análisis comparativo de lo acontecido a lo largo de este tiempo. En ambos casos, personalmente tuvimos la oportunidad de participar en el establecimiento de estas iniciativas. La propia creación de ambas entidades en medio de la conflictividad del 2002, así como los hechos de violencia que se multiplicaban contra el ejercicio del periodismo, ya mostraban evidencia de un cambio significativo en Venezuela. El periodismo había pasado a ser una profesión de riesgo y los periodistas pasaron a ser señalados desde el poder.

También los informes anuales del Programa Venezolano de Educación y Acción en Derechos Humanos (Provea) constituyen una documentación valiosa para dar una mirada al pasado reciente. Durante más de 12 años, pudimos colaborar con la investigación y redacción del informe anual de Provea, en el capítulo referente a la libertad de expresión e información.

En este caso, este libro no es un texto de estadísticas anuales de dos décadas. En realidad, es un documento con una mirada personal a todos estos años, una mirada que, también entre otros hechos, nos llevó a fundar la Asociación Civil Medianálisis junto a otros colegas en 2010 para poner en perspectiva la compleja trama de estos años, cómo se ejerce el periodismo en la Venezuela bajo la égida del chavismo.

Para narrar esta historia de 20 años, recurrí a los informes de las organizaciones antes mencionadas, siendo que participé en su momento en la elaboración de algunos de ellos. Asimismo, apelé a los artículos que había publicado en diversos medios de comunicación. Por solicitud de Teodoro Petkoff, tuve una columna semanal en el entonces diario Tal Cual, a partir del año 2007 y hasta el año 2015. Aquel espacio que bautizamos como «Infocracia» me permitió (y obligó) a hacer un seguimiento cotidiano de lo que ocurría en materia de libertad de expresión e información.

Originalmente este libro está pensado para lectores venezolanos. Sin embargo, dado el interés que existe en distintas partes del mundo por entender lo que ha ocurrido en Venezuela bajo la era chavista, se hicieron cambios menores de redacción, se han añadido notas explicativas al pie y se han agregado incisos que definen localismos, personalidades, o dan nombres actuales de organizaciones. Todo ello, esperamos, permitirá a los lectores adquirir una noción más clara de los hechos reseñados y las opiniones expresadas.

Se escogieron los hechos que consideramos más emblemáticos de cada momento para evidenciar que la censura, directa o indirecta, ha sido un fenómeno consustancial al chavismo.

Sí, esta ha sido una historia de 20 años de censura.

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