Béisbol

Bill y Joe, para cantar strikes

De izquierda a derecha: Bill Klem y Joe West. Créditos: fotografía de la barajita de 1986 Conlon Serie | www.zeprock.com; Elsa | Getty Images North America | Getty Images vía AFP

30/05/2021

“Tu trabajo es arbitrar la pelota y no al jugador”.

Bill Klem

 

Según David W. Anderson en su artículo incluido en The SABR Book of Umpires and Umpiring (2017), la carrera de Bill Klem “probablemente no tendrá rival en la historia del béisbol. Cualquiera que arbitre béisbol en cualquier nivel tiene una deuda con Bill Klem, por su trabajo para hacer del arbitraje una profesión honorable”.

En esta crónica hablaremos de Bill Klem, quien pertenece al Salón de la Fama de Cooperstown por lo que significó su desempeño. Para tener dimensión de quién fue el umpire que la noche del 25 de mayo dejó atrás Joe West, al desplazarlo como el árbitro con más juegos en las Grandes Ligas, con 5.376. Joe West hizo su debut en 1976, cuando tenía 23 años de edad (ya cuenta 68). No intentamos compararlo o decir que es rival de Bill Klem, quien tiene otras estadísticas asombrosas, pero destacamos que las 43 temporadas que acumula Joe West son también la máxima cantidad en la historia.

La semblanza del Salón del Salón de la Fama de Cooperstown describe a Klem como un árbitro que no pasó desapercibido. Si bien una máxima del arbitraje es que los umpires no deben ser protagonistas, Klem lo fue: impuso su autoridad sobre la base de su conocimiento de las reglas, sin temor de expulsar a quien fuera. Todos los trabajos consultados coinciden en resaltar un episodio con otra leyenda de aquellos tiempos, el mánager Christie Mathison, a quien expulsó de un juego por “cruzar la raya”.

Literalmente, Klem trazaba una raya en la tierra con el pie derecho, cuando iniciaba una discusión, y esa frontera no podía ser traspasada. Quien lo hacía estaba fuera.

Cuenta David W. Anderson, en el trabajo citado, que “fue en AA donde Klem trazó por primera vez una línea en la tierra y les dijo a los jugadores y mánagers furiosos: ‘No crucen el Río Grande’. Los que lo hicieron fueron expulsados de inmediato”.

El primer juego de Klem en las Grandes Ligas ocurrió el 14 de abril de 1905, en Cincinnati, en un encuentro entre Rojos y Piratas. Acumuló 25 expulsiones en su primer año y promedió más de 19 en el transcurso de sus primeras 7 temporadas. En total, expulsó a 279 peloteros y técnicos durante el transcurso de su carrera, pero, como destaca la nota de Anderson, “después de la temporada de 1915 solo alcanzó los 2 dígitos una vez, en 1920”.

En la biografía del Salón de la Fama se dice que “de 1905 a 1941, Klem se ganó la reputación de ser uno de los umpires más respetados del Circuito Senior. Pasó los primeros 16 años de su carrera detrás del plato debido a su capacidad superior para cantar bolas y strikes”. Sin embargo, Anderson es más específico con este punto al explicar que: “Esto no es del todo exacto, pero durante esos 16 años (1905-1920), Klem trabajó detrás del plato un notable 88,8% de sus juegos, muchos de ellos en solitario. Fue este impresionante récord el que llevó al mito de que trabajó exclusivamente detrás del plato sus primeros 16 años. Incluso después de que se introdujera la regla de los dos árbitros en 1911, Klem continuó trabajando casi exclusivamente detrás del plato durante más de una década. Mientras que muchos otros árbitros estaban rotando entre trabajar el home y las bases, Klem trabajó principalmente detrás del home. Solo comenzó a tomar su turno regular en las bases, en 1921”.

Hay crónicas de la época que cuentan declaraciones y expresiones de Bill Klem y lo que significó para el arbitraje. Las señas que indican las jugadas decretadas por los umpires fueron una creación de Bill Klem, así de determinante fue su aporte al juego. También fue el responsable del desarrollo del peto o protector del pecho interior, aunque el propio Klem dijo que esa no fue idea suya, sino tomada de otros colegas. Especifica Anderson en su ensayo, que “sí reclamó el crédito por enseñar a los árbitros a trabajar en el ‘espacio’, lo que, según él, les dio una mejor visión de la zona de strike, al mirar entre el receptor y el bateador”.

En una declaración de Klem al Collier’s Weekly, dijo: “Yo creé ese sistema en 1906 cuando mi voz se estropeó y ya no podía seguir la costumbre de gritar cada decisión. Yo (también) inventé las señas estándar de ‘quieto’ y ‘out’, que hoy siguen usando los árbitros”.

No necesitó ser un hombre corpulento para imponer su autoridad, aconsejaba a sus colegas: “Un jugador enojado no puede discutir con la espalda de un umpire que está caminando en dirección opuesta”. Fueron muchos los desplantes por el estilo que debió aplicar en su larga estadía en las Mayores: incluye 18 series mundiales y la participación en 103 juegos, ambos récords históricos. Fue el principal en 5 juegos sin hits, ni carreras y el árbitro de home en el primer Juego de Estrellas, celebrado en Chicago en 1933.

El avance del tiempo en las Grandes Ligas le permitió asumir como premisa que: “El mejor juego para un árbitro es aquel en el que nadie recuerda quiénes fueron los árbitros”. Su actuación lo hizo notable: “Ese tipo en un asiento de grada de 25 centavos tiene tanto derecho a conocer una sentencia como el tipo en los palcos, él puede ver la señal de mi brazo incluso si no puede escuchar mi voz”.

Destaca la reseña del Salón de la Fama un consejo precioso: “Fíjate en la pelota desde el momento en que el lanzador la sostiene en su guante. Síguela mientras lanza al plato y quédate con ella hasta que se complete la jugada. La acción se lleva a cabo solo donde va la pelota”.

En días en los que algunos insisten en que “todo tiempo pasado fue mejor”, Joe West alcanza y deja atrás a Bill Klem. Fue un momento para recordar. West se ha ganado el respeto de todo el béisbol, por eso ha podido acumular esa cantidad de juegos, con todas sus decisiones, incluidas las equivocaciones, pero sobre todo sus aciertos que superan con creces los errores en sus apreciaciones.

En la nota del portal oficial de MLB de Paul Hagen, cuando West alcanzó los 5 mil desafíos en 2017, se destaca: “West tiene una personalidad descomunal y puede parecer descarado a quienes no lo conocen bien. Primero hace una broma, y cuando se le preguntó qué significará para él llegar a 5.000 desafíos, contestó. ‘Significa que soy muy viejo’, y su voz se suavizó”.

Recordemos que hace unos años debió batallar contra un cáncer de laringe. Además, se esperaba que impusiera el nuevo récord en 2020, pero la reducción del calendario producto de la pandemia de la covid-19 nos hizo esperar hasta esta semana para vivir el histórico momento.

West ha estado en la Serie Mundial 6 veces y acumula 193 expulsiones en su extensa carrera. Uno de los episodios más recordados que ha protagonizado ocurrió en el Juego de las Estrellas de 2017, celebrado en Miami, cuando Nelson Cruz llegó al plato y sacó su celular para que el catcher Yadier Molina le tomara una foto junto a West, quien estaba en el home. Más tarde, interrogado sobre ese momento, Nelson Cruz dijo: “Es una leyenda, ¿sabes?”. Se suponía que West iba a retirarse después de esa temporada.

El mánager de los Medias Blancas y miembro del Salón de la Fama, Tony La Russa, dijo después de dejar atrás a Bill Klem: “Es muy merecido, bien ganado, que él tenga el récord. Cuando tienes a Joe llamando al juego o en las bases, pero especialmente detrás del plato, vas a conseguir un trabajo sobresaliente”.

Las felicitaciones lo conmovieron. Fue emocionante la imagen de la pizarra del parque en Chicago con la cantidad de juegos, el gesto del lanzador Adam Wainwright después de que se intercambiaran las tarjetas de la alineación, de bajar al plato para estrechar su mano, así como el tributo del público en un “abucheo” cortés que fue acompañado de aplausos.

“Fue difícil contener una lágrima o dos, pero Tom Hanks dijo que no hay llanto en el béisbol, así que no podía hacerlo”, dijo West, recordando la icónica frase de la película A League of Their Own.

Con la tecnología se han logrado avances para hacer mejor el trabajo de los umpires, como la revisión de videos, y puede estar cerca la implementación de un árbitro electrónico para determinar las bolas y strikes. Pero esa autoridad siempre será necesaria que la imponga un ser humano, aunque se equivoque.

No sabemos qué dirá la placa que distinguirá a Joe West en el Salón de la Fama de Cooperstown, pero es seguro que llegará. Mientras tanto, valoremos el privilegio de verlo cada vez que salga al terreno a dictar sentencias.


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