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Barcelona y Real Madrid en la Champions: Messi y 11 más

por Jován Pulgarín

Fotografía de Ian Kington para AFP

03/10/2018

En un mundo empujado por lo relativo, en el que lo políticamente correcto está acabando hasta con el sentido más necesario, el del humor, tenemos una certeza: es imposible que no nos guste como juega Lionel Messi.

Hoy, contra el Tottenham, lo hizo todo. O casi todo. Solo le faltó tapar, cambiar de posición con Ter Stegen. Messi, es él solo, el fútbol total.

Los estudiosos arrugaran la cara, condenando tanta dependencia. Y sí, probablemente se le está colocando todo el peso de la Orejona en la espalda al argentino. Pero cuando lo ves con ojos de fanático, solo puedes soltar una gran sonrisa.

Barcelona hizo un partido fiel a su presente. Es Harvey Dent. Un primer tiempo de vinos y rosas, cortesía del buqué que desprende Arthur. Y un segundo horrible, cuando se vulgarizó.

El desorden defensivo y nerviosismo que producía cada pisada de Harry Kane y compañía con el marcador 2-1 se solucionó con dos mordidas de “La Pulga”.

Al Barcelona le salió bien rememorar algunas cosas del pasado y luego apelar al juego directo, marca del presente. Como ya hemos escrito por acá, es la consecuencia de algo que no termina de morir y algo que está por nacer, o al menos pareciera que pudiera nacer. Tendremos que ver más partidos para certificarlo.

En cambio, al Madrid le salió cruz esa mezcla de nostalgia y renovación. Remató mucho (26), según las estadísticas. Más que en ningún otro partido desde la 2003-2004, si le creemos a la herramienta de análisis Opta. Y aún así teníamos la sensación de que si jugaban otros 90 minutos más, el 1-0 se mantendría en Moscú.

El CSKA aplicó la del equipo nacional. Encierro total y a la caza del error. Así casi llegó a la semifinal la selección de Rusia en el Mundial. Es una propuesta tan válida como desesperante para los que apreciamos otro tipo de fútbol.

El problema, en todo caso, era para Julen Lopetegui, que terminó condenado por unas rotaciones, quien sabe si  realmente necesarias.

A este Madrid no le sobra nada. Sin Cristiano Ronaldo ya no contagia el virus de lo imposible, que afectaba de entrada a sus rivales. Si en casa se quedan Sergio Ramos y Marcelo, el equipo es tan punzante como una cuchara de madera.

¿Y Asensio y Lucas Vázquez? Por ahora parecen boyscouts. Adolecen del toque de James Dean, tan necesario para hacerse un lugar en un equipo de tal trascendencia. Por el tiempo que pasaron en la banca, debían asumir más responsabilidades. No obstante, es obvio que quedan remanentes de la adolescencia.

Las dificultades de Dani Ceballos y Mariano son otras. Les sobrepasa el deseo. Ante la pasividad de sus compañeros, quieren llegar al arco contrario en tiempo récord. Esto, sin embargo, le encanta a los más acérrimos fanáticos merengues.

Y entre esos dos tiempos se pierden jugadores que deberían traer el cable a tierra, como Modric o Kroos, este último señalado en la jornada, tras ese terrible pase que marcó la desgracia en la visita a Moscú.

Es curioso. Pareciera que al Madrid le hubiera entrado cierta maldición después de tantos premios individuales. Incluso ahora que de sus filas salen más efectivos a La Roja, con un barcelonista al mando: Luis Enrique.

En todo caso, hay una idea que va tomando forma en los seguidores blancos: que nada será posible con esa nómina. Para quien escribe no es cierto. Sí lo es que deben ligar los dedos para que nadie se lesione. En buen estado físico de sus jugadores más importantes, el Real Madrid puede ganarle a cualquiera.

Es verdad que los dos equipos españoles no muestran, como en el pasado, oro en el banquillo. Hoy los recambios son menos educados con sus piernas y más ofuscados en sus mentes. Aún así, siguen siendo muy buenos equipos. La diferencia entre ambos es obvia: Messi.

Está por verse si con eso bastará para que el blaugrana acabe con la hegemonía blanca. Es muy temprano para llegar a una conclusión, aún cuando Lionel luce dispuesto a asumir lo que tanto le pedían hace unos meses atrás, en Rusia 2018.


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