Perspectivas

A cien años de ‘Cesarismo democrático’, de Laureano Vallenilla Lanz

por David Ruiz Chataing

09/10/2019

En diciembre de 1919 –pronto hará un siglo– se publicó Cesarismo democrático. Estudios sobre las bases sociológicas de la constitución efectiva de Venezuela, controvertido texto de Laureano Vallenilla Lanz donde se expone la tesis del “gendarme necesario”, doctrina que sirvió para sustentar, intelectualmente, la dictadura de Juan Vicente Gómez. No obstante, el volumen continúa generando reflexiones pues varios de los asuntos que trata mantienen inusitada vigencia en el contexto venezolano actual.

Como recordatorio de su centenaria publicación, Prodavinci presenta una serie de trabajos sobre esta obra.

Busto de Laureano Vallenilla Lanz en el Palacio de las Academias de Caracas. Fotografía de Guillermo Ramos Flamerich | Wikimedia Commons

El próximo mes de diciembre, hace cien años, en 1919, se publicó por primera vez este libro polémico. Se le ha leído. Se le ha elogiado. Y se le ha combatido.

El positivismo europeo fue de la convicción que para poner al día las “humanidades” con respecto a los grandes avances de las ciencias naturales, las disciplinas sociales debían calcar los métodos de la biología y la química. En correspondencia con esas ideas, Vallenilla Lanz sostiene que la sociedad es un organismo biológico. Que la presiden fuerzas colectivas más allá de la flaca voluntad humana. No son las leyes trasladas de Europa y Estados Unidos por las élites ilustradas las que rigen las sociedades hispanoamericanas, sino su evolución histórica. El estado histórico de una sociedad lo condicionan la raza, el clima, el medio geográfico, la densidad demográfica y las circunstancias del momento. Estos factores generan una idiosincrasia que se perpetúa con la herencia. Las sociedades progresan de una solidaridad mecánica (barbarie) a una solidaridad orgánica (civilización, democracia tipo occidental). La evolución la pueden acelerar la inmigración blanca europea, los capitales, la tecnología, las carreteras y la educación. En esto Vallenilla Lanz muestra ambigüedades: a veces afirma que con esta receta se superará el atraso y el despotismo; otras que durará muchos años un régimen “tiránico y bueno” y otras referencias suyas aluden al “cesarismo democrático” como un régimen universal aplicable a todas las sociedades. Vallenilla Lanz es firme en que la historia es una ciencia y su método consiste en la crítica interna y externa de los documentos y en el cotejo de diferentes versiones sobre los hechos.

En su análisis histórico y sociológico de la sociedad venezolana, Vallenilla afirma que prevalece un componente étnico mestizo derivado de la mezcla de indios, españoles y africanos. Esos grupos humanos condicionaron unas costumbres dirigida a ser regidos por gobiernos arbitrarios, conformaron un individualismo anarquizante, un igualitarismo sin criterios de selección, que obliga a la existencia de mandatos autoritarios para conservar el orden. Durante la sociedad colonial hispánica se erigieron castas y una cerrada y excluyente oligarquía. Estos explosivos elementos los mantenía cohesionado el orden monárquico. Al quebrantarse este por la invocación de ideas republicanas y sobre la emancipación, se desató la violencia y la anarquía. Ya desde aquel momento surgió la figura del caudillo, el rudo jefe que impuso el orden: Boves, Páez, etc. Después de la Independencia continuaron las guerras civiles. De entre los caudillos había de surgir uno que se impusiera al resto. Ese jefe tiránico puso orden mediante el terror. A partir de allí adelantaría el progreso y la civilización. Las ideas liberales y republicanas, el federalismo, los partidos políticos retrasan el proceso de consolidación del orden implantado por el César democrático. La ley auténtica, eficiente, en Hispanoamérica es la “ley boliviana”. Quien manda impone a su sucesor para evitar el desorden. Los períodos de orden, paz y progreso en Latinoamérica, están vinculados con recias personalidades. Los tiranos buenos conducen de la anarquía a la paz; de la barbarie a la civilización y de la disgregación a la integración social.

La tesis del gendarme necesario no surgió de un día para otro. La persistente anarquía generó desaliento en las élites y las condujo a la “amarga convicción” de la necesidad de la férrea dictadura para alcanzar la paz. Estos planteamientos los maduró y divulgó Vallenilla Lanz lustros antes del arribo al poder del general Juan Vicente Gómez.

Entre las tesis polémicas de Vallenilla Lanz recogidas en el libro están que la guerra de Independencia fue una guerra civil. Que la guerra fue una invasión de pueblos pastores sobre sociedades agrícolas. La guerra de independencia fue una revolución social. Las castas dominadas irrumpieron con violencia contra el orden oligárquico en lucha por la igualdad. Las ideologías nada influyeron en las luchas emancipadoras. Lo principal fue la lucha por la igualdad de los grupos oprimidos. Queda, por cierto, registrado en las ideas de Vallenilla Lanz un profundo desprecio y subestimación hacia el pueblo. Este sólo se moviliza para saquear, matar y robar. Vallenilla Lanz es firme en su convicción según la cual las comunidades guerreras requieren de un gobierno fuerte y centralizado.

Entre quienes elogian el libro de Vallenilla Lanz en el momento de su aparición están los venezolanos Lisandro Alvarado, Rubén González y Juvenal Anzola. Los españoles Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, y el profesor norteamericano Guillermo A. Sherwell. Entre sus críticos destacan Eduardo Santos, director de El Tiempo, de Bogotá, y el uruguayo M. Falcao Espalter. Lo combaten con acritud el estudiante exiliado Rómulo Betancourt, el marxista Carlos Irazábal, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri y Augusto Mijares.

Se le ha cuestionado a Vallenilla la flagrante subestimación de las ideas y de la voluntad creadora del hombre. Su subestimación del pueblo venezolano. Se entiende por pueblo a los dirigentes y a los partidos políticos, a los gremios profesionales, a los sindicatos, a las asociaciones empresariales, a los intelectuales, a las universidades. Este conglomerado social fue protagonista de la construcción de la Venezuela moderna y de la democracia. Y la acción histórica del pueblo organizado fue la gran refutación de las tesis cesaristas según las cuales nos debía regir un dictador y que el pueblo era inepto para gobernarse.

Las ideas de Vallenilla Lanz trascienden en el presente latinoamericano y nacional en la medida en que ópticas paternalistas, caudillistas, pretorianas, mesiánicas, tienen todavía un enorme peso en nuestras costumbres sociales y en la vida pública.

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[Síntesis de la conferencia “El Centenario de Cesarismo democrático, de Laureano Vallenilla Lanz: entre el debate político y la crítica historiográfica”, dictada el 5 de octubre de 2019 en la Biblioteca de la Fundación “Francisco Herrera Luque”].


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