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Visiones de coexistencia

Yael Goldmann: “La coexistencia no es una declaración. Es un aprendizaje”

por Johanna Pérez Daza

12/05/2019

Yael Goldmann retratada por Elizabeth Schummer

Una amplia experiencia en diversos campos ha hecho de Yael Goldmann una profesional integral, una mujer con vocación de servicio que sigue el pulso de la tecnología, aprovechado las ventajas que pueda aportar para compartir y enseñar. Ha transitado rutas complejas, afianzando su compromiso de ayudar a otros, de visualizar y alcanzar objetivos desde el coaching de vida, el cual asume como una oportunidad de tender puentes y sumar relaciones. Con lenguaje sencillo, ejercicios y ejemplos cotidianos, ofrece en sus redes sociales contenidos asociados a la resiliencia, la esperanza y la superación de barreras, recibiendo una nutrida interacción de cientos de seguidores ávidos de mensajes constructivos.

¿Cómo surge la coexistencia?

La coexistencia existe desde el momento en que nosotros vivimos, y vivimos con gente al lado nuestro. Coexistimos para poder vivir, para poder desarrollarnos tenemos que buscar la ayuda de los demás. La coexistencia es parte de crecer, de desarrollarnos, de poder llegar más arriba, de crear una sociedad. Es parte, primero, de crear una familia. Cuando yo voy a casarme, me caso con una familia diferente, con la que tengo que compartir cosas diferentes, costumbres, comidas, formas de actuar diferentes, y tengo que ajustarme a eso.

En un mundo turbulento, lleno de tensiones y conflictos, ¿es posible la coexistencia?

Por supuesto, tenemos que vivir y tenemos que cohabitar y coexistir. Necesitamos mezclarnos para aprender y crecer, porque si estamos en lo mismo, si seguimos en lo nuestro, el techo se nos queda muy chiquito, muy bajito y no vamos a crecer, no vamos a cambiar, no vamos a ser diferentes, y al final, vamos a frustrarnos. Coexistir en los diferentes grupos con los que nos encontramos y sacar el máximo provecho de todos es lo que nos enseña a vivir mejor y a vivir nuestra única vida. Nuestra única vía es el crecimiento.

Existen predisposiciones y condicionamientos respecto a ciertas relaciones o experiencias que podemos asumir inicialmente como negativas y, sin embargo, en el tiempo van dejando lecciones valiosas. Desde sus vivencias en diversos campos y contextos, ¿cómo encontrar enseñanzas en momentos de dificultad?

Yo hice montones de cosas en mi vida. He pasado por tantas experiencias que, en este momento, miro hacia atrás y llego a la conclusión de lo valioso y enriquecedor que fue, por ejemplo, vivir en un kibutz en Israel, una comunidad netamente socialista donde la gente trabaja junta y le da a la sociedad lo que puede y recibe lo que necesita. El kibutz –como la sociedad donde yo viví en ese momento– está prácticamente desapareciendo, porque evidentemente la sociedad va cambiando. Pero ahí hubo coexistencia y entendí que en las relaciones humanas tú vas creciendo cuando pasas de una actividad a otra. Fui periodista y manejé las exportaciones de la fábrica del kibutz, luego me fui a la fábrica de aviones de Israel a vender aviones. En otro momento fui vendedora de zapatos. Todo eso me formó. Luego me di cuenta de que la gente me buscaba y conversábamos de esas experiencias que yo había tenido. Me preguntaban cosas esenciales que para mí eran tan naturales. Sin embargo, para ellos eran cosas de otro mundo y, al momento de tomar decisiones, venían y me preguntaban. Cuando fui asesora financiera, mis clientes ocupaban más mi tiempo preguntándome sobre su vida, sobre cómo tenían que resolver ciertos problemas familiares. Decidí, al final de todo, dedicarme a ser coach porque en el ser humano existen muchas facetas.

¿Cuál es el propósito que se ha trazado en este papel de coach?

Tengo que ayudar a la gente a que se dé cuenta que nadie puede venir de afuera a solucionar los problemas, que cada uno es el dueño de su propia vida, de su propio futuro, de sus propias esperanzas y sus propias aspiraciones. Cada uno es el dueño de eso y tiene que manejarlo para salir adelante.

¿Qué papel desempeñan la tecnología y las redes sociales en este proceso de interacción con personas que acuden a usted con diversidad de problemas y situaciones?

La posibilidad de interactuar. Yo comencé con el tema de la computación cuando entré a trabajar en la fábrica de aviones en 1981. Mi casa fue la segunda en Caracas que tuvo banda ancha. Yo enseñé a mis hijos a acercarse a la tecnología. Cuando apareció la World Wide Web, para mí se abrió un mundo de conocimiento y aprendí muchísimo a través del ingreso a las redes. Comencé con Facebook, luego en Instagram empecé a trabajar y se me fueron sumando seguidores. Aumentaban las preguntas que recibía, las respuestas que podía dar. Para mí fue una satisfacción enorme, porque hay un montón de gente que necesita guía y que no tienen posibilidad de acceso a un terapeuta o a un coach.

En las redes sociales lo que yo trato es de ayudar a la gente a superar el miedo y la ansiedad. Lo que deseo es poner a la gente en pie, que se sientan dueños de su propia vida, poderosos y con las armas en la mano para tomar decisiones, que eso es lo que hace que tú avances o retrocedas. Que decidas.

Ya suma más de 20 mil seguidores en Instagram. La mayoría son venezolanos. ¿Cuáles son las principales inquietudes que le plantean?

En Venezuela, hay padres que se quedaron solos, que los hijos se fueron y están aquí angustiados, con miedo, y necesitan una ayuda. Tienen un celular, y tener un celular es tener la ayuda ahí. Eso es lo que yo estoy haciendo. Mi trabajo comunitario y humanitario es tratar de ayudar a que mucha gente vea la importancia de seguir viviendo, de tener esperanza, de crecer, de cambiar esa visión de todo negro, de que acá no se puede seguir, de que esto es un desastre.  No, los procesos se desarrollan, tienen un comienzo y un final. Y va a llegar un momento en que todo va a cambiar y necesitamos una sociedad preparada para poder enfrentar todos los retos que vendrán.

Cuando esto termine, cuando cambie, se van a ir curando las heridas que se produjeron. Va a haber más unión. Y todos van a tener que sanar juntos, porque el hambre y las enfermedades no atacan a un grupo. Atacan a toda la sociedad. O sea que toda la sociedad es víctima de una situación. No hay izquierdas o derechas que sufren. Todos sufrimos. Cuando no hay harina, no hay harina para todos. Y ahí somos conscientes, en la falta. Las reconstrucciones se hacen en común. La reconstrucción no se hace en soledad, se hace uno con el otro, participando, creando, creciendo, intercambiando ideas, buscando soluciones y sentándose a conversar.

En escenarios de alta conflictividad, ¿cómo entender y practicar la coexistencia?

La coexistencia no es una declaración. Es un aprendizaje. Cuando al final de todo aprendes que solo no vas a llegar a ningún lado, que necesitas hablar con tu vecino. No puedo vivir dentro de mi casa y querer manejar la sociedad. Tengo que salir y hablar con los demás. Tengo que entrar en contacto con todos para poder crear lo que necesito y algo nuevo. Por lo tanto, no es un mandato. Pero es sí un aprendizaje. La vida es un constante crecimiento. Tenemos que sumar más que restar. Reconocer las cosas del otro y no querer cambiarlas, no querer modificar al otro, sino aprender, entender y coexistir con eso.

¿Qué limita la coexistencia?

Donde uno quiere ser más que el otro no existe la posibilidad de coexistencia. Primero se perdió la humanidad de la relación entre esas dos personas, entre el que quiere juzgar y el que tiene que ser sojuzgado, esclavo del otro. Y no hay avances.

Yo creo que la base de la resiliencia del ser humano es aprender a vivir. Lo valioso de vivir el día y agradecer que tienes la posibilidad de vivirlo y que has terminado el día habiendo tenido una buena comida, una buena charla, una buena relación, un buen encuentro, una buena lectura, todo eso lo tuviste en el día. Lamentablemente, la gente se acuerda de las cosas malas que le sucedieron. Nadie se acuerda de todo lo bueno que hubo. Ahora, si empezamos a recordar y a valorar las cosas buenas que tenemos en el día, la vida es distinta. Vives más tranquilo, duermes fantástico. Y puedes esperar el día siguiente con la esperanza de que vas a tener buenas cosas.

Algunas personas ven con desconfianza y hasta con desdén las prácticas de coaching de vida. ¿Hay alguna base científica que respalde los ejercicios y planteamientos que compartes con tus seguidores?

El tema de la gratitud y de entrar en el agradecimiento diario nos lleva a una parte del cerebro. Cuando yo recuerdo las cosas buenas, mi cerebro cambia, entra en una onda totalmente diferente, me apaciguo, baja el cortisol –la hormona del estrés– y me siento más tranquila. Por ejemplo, antes de ir a dormir, hacer el ejercicio de escribir cinco cosas buenas que sucedieron en el día. Tranquiliza solo pensar: el cerebro no sabe si es realidad o no. Solo pensar en algo agradable, el cerebro lo capta como que es real. Quienes quieren salir adelante van a cambiar su visión de las cosas, las van a ver mejor.

En el escenario de la Venezuela actual esto parece un desafío, resulta un lugar común aquello de encontrar oportunidades en medio de las crisis. ¿Es realmente posible sacar algo bueno, aun en medio de las dificultades?

Debemos reconocer que la sociedad venezolana cambió. Nos volvimos más solidarios, nos volvimos más presentes en lo que es el dolor ajeno. Nos volvimos más cooperativos, entendimos que no era solo que nos faltaba el agua a nosotros, sino que le falta el agua a todos y que a aquel le falta comida y yo preparo comida y salgo a repartir, o que hay niños que necesitan tratamientos de quimio y tenemos que buscarlos. Logramos tener conciencia de que existe dolor, que existe soledad, que existe abandono. El venezolano tomó conciencia, lamentablemente y dolorosamente, de montones de cosas que antes no veía, que pensaba que estaban lejos de su casa y ahora se dio cuenta de que están en la puerta. Por eso, a través de las redes sociales, vemos muchísima más actividad de gente que está colaborando, que trata de acercarse. Estamos concienciándonos de que somos seres humanos que vivimos con otros seres humanos que están pasando necesidades y que tenemos en nuestras manos la posibilidad de ayudar. Empezamos a tomar conciencia de eso y creo que está cerca el día en que nos reencontremos todos los venezolanos y sintamos de que todos somos hermanos. Este país va a crecer y va a florecer como tiene que ser.

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Johanna Pérez Daza es periodista y curadora independiente. Investigadora y docente universitaria (UCV, UCAB).

Elizabeth Schummer es fotógrafa y coordinadora de Proyectos Fotográficos de Espacio Anna Frank

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Visiones de Coexistencia

Serie de 10 entrevistas producidas por Espacio Anna Frank, con el propósito de presentar el concepto de coexistencia desde distintos enfoques y facilitar su comprensión, permitiendo el intercambio de ideas y experiencias. Para ello se utilizan analogías, metáforas y relatos de áreas como historia, arte, biología, deportes, comunicación, diplomacia, psicología, educación, entre otras, que permiten un acercamiento amplio y diverso al tema de la coexistencia mediante ejemplos concretos orientados a su entendimiento.


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