Memorabilia

Virtud y mérito

14/04/2020

La nueva moda parisina, 1831. Imagen de Journal des Dames et des Modes | Wikimedia Commons

Publicado en el Tomo I de Mosaico (Caracas, 1854), en este breve texto del venezolano Luis Delgado Correa (1808-1897) –militar y costumbrista– se hace mofa del extranjero que viene al país y desconoce ciertas situaciones y usos cotidianos locales.

Mr. Robinson era un viajero que residió en Barrullópolis (1) hace poco tiempo. En cuantos países había recorrido este ilustre cosmopolita, cuenta él mismo que procuró siempre atemperarse en lo posible a sus usos y costumbres. Muy al contrario de lo que suelen hacer los demás viajeros, Mr. Robinson no vestía en París a la andaluza, ni comía en Londres a la marsellesa, ni hablaba en Madrid a la turca, ni bailaba en Lisboa a la gracoviana, ni escribía en Viena a la china, ni jugaba en Barrullópolis al uñate.

Cuando moraba en las orillas del Sena, se curaba siempre de ir por las calles muy a prisa silbando o tarareando, de estar al corriente de las últimas noticias, de ajustarse bien el talle y poner mayor esmero en el peinado. Cuando vivía en las orillas del Támesis, eran sus más ardientes cuidados poner el rostro bien adusto, emplear cortas palabras, andar en pos de un buen negocio y saborear un excelente roast beef. En las márgenes del Manzanares, procuraba ejercitarse con esmero en el manejo de la capa, aprendía a estar parado luengas horas en la calle de la Montera (cosa no muy fácil para el inglés), se daba con ahínco el cigarrillo hasta fumarse tres cajetillas en una hora, a pronunciar en cada instante con energía cierta interjección sonora y a concurrir el miércoles de ceniza al entierro de la sardina. Allá en la metrópoli de Portugal, eran sus flores andar finchado a la husma de un percance de orgullo nacional, o si no al frente de una peregrinación asnal consagrada a las beldades de la embocadura del Tajo. En las orillas del Danubio se desvivía Mr. Robinson por leyendas morales y noticias extranjeras; y en Barrullópolis, ¡oh! en Barrullópolis dábase tres caídas por una parranda, unos toros, un sarao, unas mojigatas sin máscaras, un chismecillo o un empleo de Manecus (2). Mr. Robinson, poseído siempre de ese anhelo imitativo, que algún decidor de moda no dejaría de llamar aclimatibilidad, se presentó una noche en cierta elegante reunión en la cual hizo notable efecto su interesante persona. El viajero que era hombre listo, notó luego al punto que todas las miradas se fijaban en un pedacito de cinta azul que llevaba elegantemente anudado en un ojal del lado izquierdo de la casaca. Esta observación llegó a lisonjearle en extremo, porque le daba a entender que había acertado en la elección de aquel nuevo adorno; pero bien pronto cambió su pensamiento la siguiente escena. Conclúyase la polkamazurca que bailaban, y una cáfila de jóvenes, imberbes los más, en unión de un buen surtido de cotorrones, cuyas caras revelaban no menos la ausencia del valor que la del amor patrio, rodearon al inglés y le felicitaron en términos los más expresivos. Conoció prontamente el avisado extranjero que el motivo de aquellas enhorabuenas era el pedacito de cinta que llevaba en la solapa: duda, titubea, sospecha, pregunta, hasta que un niño recién salido de la escuela para ceñir la faja de Comandante, le dirige estas palabras: «Nosotros felicitamos a usted, querido hijo de la soberbia Albión, por verle honrado dignamente, como nosotros lo estamos, con una distinguida condecoración».

–¿Cuali dicoracione, siñor?, preguntó el inglés.

–El busto del Libertador. ¿Por qué no la lleva usted pendiente con esa cinta color de cielo, símbolo de las glorias de la patria y las nuestras?

–Esti no is il busto del Liberatore, contestó prontamente el hijo del Támesis; esti is un cruz qui dice «VIRTUTI ET MÉRITO».

–Cabal, lo mismo es, replicó el Comandante.

–No intend, añadió el inglés, y saliendo por la puerta de la sala repetía en voz baja: «in iste país tene mucho Comandante, muche Colonel, muche VIRTUTI ET MÉRITO».

***

(1)  Nombre usado por Fermín Toro (1806-1865), en dos memorables textos costumbristas publicados en 1839, para referirse a Caracas. Delgado Correa hace lo propio. (Nota de Prodavinci).

(2) Seudónimo de un escritor venezolano del siglo XIX. (Nota de Prodavinci).


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