Economía

Venezuela: ¿cara o barata?

por Francisco Ibarra

Fotografía de Matias Delacroix | AFP

03/04/2019

Hace algunos días, la BBC publicó una reseña que hacía referencia a un estudio realizado por The Economist Intelligence Unit. El estudio fue realizado en septiembre de 2018. En dicho trabajo, Caracas aparecía como la ciudad más barata de todas las evaluadas. La noticia causó cierto revuelo, en este artículo comentaremos el estudio y trataremos de responder algunas preguntas sobre el nivel de precios en Venezuela.

¿Qué dice realmente el estudio?

El Worldwide Cost of Living es un estudio de larga data que se viene realizando desde hace más de 30 años. En su versión actual se realiza dos veces al año. El estudio está orientado a guiar paquetes de compensación de trabajadores expatriados y de viajeros de negocio. Esta es ya de entrada una de las dificultades de extrapolar los resultados al común de la población que habita en dichas ciudades. Sin embargo, no deja de ser una guía importante para muchas empresas a nivel mundial, en el caso de Venezuela por sus particularidades, sus conclusiones y utilidad pueden ser bastante cuestionadas.

Los estudios de costo de vida en diferentes ciudades tienen esencialmente tres piezas de información. La primera, los precios medidos en moneda local. En el caso del Worldwide Cost of Living, el total de precios colectados en cada país es alrededor de 400 precios. Los precios son recopilados en supermercados, tiendas de conveniencia y tiendas especializadas. Sobre los servicios la información es menos específica. La segunda pieza de información es una canasta fija y equivalente de bienes y servicios que mide en cada país. Esta canasta debe ser lo suficientemente general como para que pueda ser medida en todos los países. La canasta que sigue The Economist Intelligence Unit está compuesta por 160 bienes y servicios. El tipo de cambio es la tercera pieza de información. El tipo de cambio se utiliza para llevar los precios en moneda local a dólares y poder compararlos entre sí. Esta es usualmente la mayor fuente de variación entre los diferentes estudios.

La comparación final dependerá entonces de la calidad y representatividad de los precios levantados, de la canasta evaluada y del tipo de cambio empleado. Vale la pena acotar que el estudio lo único que busca responder es, asumiendo un monto determinado de dólares, en qué ciudad rendiría más. No es por lo tanto, ni pretende serlo, un estudio sobre el nivel de vida de los pobladores de cada ciudad. No hay nada en el estudio que refiera el nivel de precios observado a un nivel de ingreso promedio de los habitantes de dicha ciudad.

Pese a que el estudio no busca ser una referencia para la mayoría de los habitantes de las ciudades, en el caso de Venezuela tiene algunos aspectos criticables. Vamos a dejar de lado la estructuración de la canasta. En realidad este aspecto es poco criticable, ya que el objetivo es presentar una guía para trabajadores expatriados y viajeros de negocios. Sin embargo, tanto en los precios como en el tipo de cambio, el estudio puede ser criticado.

Si tomamos la referencia de 400 precios en una canasta de 160 bienes y servicios, de media es probable que se esté tomando dos precios por rubro y en algunos tres. Es posible también que en algunos solo se tome una sola observación. En economías con condiciones de mercado, esta muestra puede ser una buena guía. En la Venezuela actual constituye una muestra muy pobre y que probablemente sufra de grandes sesgos. De igual forma, centrarse solamente en los canales regulares (supermercados, tiendas de conveniencia y tiendas especiales), limita seriamente la cantidad de precios que se pueden conseguir.

Lo pequeño de la muestra y lo restringido de los establecimientos considerados generan grandes sesgos en los precios de referencia empleados y probablemente también generen volatilidad entre los diferentes estudios en la misma ciudad. De hecho, existe toda una sección introductoria en el portal del estudio listando todas las posibles causas de la gran volatilidad en los precios. Todas estas causas son bastante conocidas para aquellos que realizan el trabajo de seguimiento de precios. Una mayor muestra podría eliminar algunas, pero como todo, incrementar el número de precios acarrea un costo. Poniéndolo en perspectiva, en el mejor momento del Índice Nacional de Precios al Consumidor, cada mes se contaba con un levantamiento de más de 300.000 precios, en más de 20.000 establecimientos. Obviamente medir solo 400 precios limita las conclusiones que se pueden sacar de ello.

Quizás un problema más grave sea cuál tipo de cambio usar en Venezuela. Desde 2003, el país no cuenta con un tipo de cambio único. En momentos han existido incluso varios tipos de cambio oficial. Al parecer, en los últimos estudios, para Venezuela se comenzó a utilizar el tipo de cambio de Dicom, mucho más cercano al tipo de cambio paralelo. Solo la adopción de un nuevo tipo de cambio tiene implicaciones directas en costo de la canasta, aun así el nivel de precios interno hubiese permanecido invariable. Esto es lo que explica que hace 5 años, según el estudio, un kilo de pan costase $11,02, mientras que en la última medición el precio es $0,77. El precio del pan en Caracas hace 5 años es superior al precio de la ciudad más cara en la actualidad, París. Obviamente el kilogramo de pan nunca ha costado en Venezuela once dólares. El uso del tipo de cambio tiene incidencia directa en el costo de la canasta estimada, de hecho es uno de los grandes responsables entre los cambios de posición en las ciudades, ya que en la mayoría de los países estudiados, los movimientos en los precios internos son inferiores a los movimientos en los tipos de cambio.

Pese a la crítica, el estudio hay que tomarlo como lo que es: una guía sobre el costo de vida para trabajadores expatriados y viajeros de negocios. La vigencia del estudio es una prueba de su utilidad, pero no sirve para responder las preguntas que nos hacemos constantemente los venezolanos sobre el costo de la vida en el país. Si este estudio no responde esta pregunta, podemos intentar responderla de otra manera.

Lo más básico

La Canasta Alimentaria Normativa (CAN) es una canasta básica de alimentos. Lleva calculándose de alguna forma desde 1997 y en la actualidad está compuesta por 50 alimentos. El Instituto Nacional de Estadística (INE) dejó de publicar el costo de esta canasta en noviembre de 2014. La CAN era una referencia importante para determinar el salario mínimo y también una guía fundamental para los cálculos de pobreza. Es por ello que es un punto ideal para comenzar a evaluar los niveles de precios observados en Venezuela.

En las circunstancias actuales, cuando la mayor parte del ingreso de los venezolanos se dedica a la compra de alimentos, tiene poco sentido enfocarse en construir canastas alternativas. La CAN tiene varias ventajas, la primera es que es una canasta oficial, que tiene larga data y que refleja los patrones de consumo de alimentos de los venezolanos. La segunda es que es fácilmente replicable; la información metodológica está todavía disponible en el portal del INE.

El Grafico 1 presenta el costo de la CAN en dólares, evaluados al tipo de cambio paralelo promedio del mes desde enero 2014 hasta febrero 2019. Adicionalmente, presenta el promedio de la CAN en Venezuela desde enero 2008 y el valor de la misma canasta en Colombia. Esto nos permite hacer dos tipos de comparaciones sobre el nivel de precios. La primera respecto al mismo país en varios momentos en el tiempo y la segunda contra otro país. Se escoge Colombia por diversos motivos, entre ellos: la proximidad geográfica, similar nivel de desarrollo económico (por lo menos antes de la actual recesión) y afinidad cultural.

Lo primero que salta a la vista en el gráfico es la enorme volatilidad que existe en el costo de la CAN. El mínimo ocurrió en noviembre 2017, cuando la CAN se podía adquirir por el increíble precio de $21,22. Antes de eso se registró un periodo relativamente bajo en 2015. Posterior a ambos mínimos, hubo una corrección relativamente rápida en 2016 debido a la relativa estabilidad del tipo de cambio, y más moderada y sostenida desde finales de 2017. El máximo se alcanzó en febrero del presente año ($97,09).

En el Gráfico 1 se muestra el costo promedio histórico de la CAN desde enero 2008 y el costo de la misma canasta en Colombia. El costo promedio histórico de la CAN es de $108,69, mientras que el costo actual de la misma canasta en Colombia es $117,36. Para septiembre 2018, mes en que se realizó la medición de precios Worldwide Cost of Living, el costo de la CAN fue de $50,19. En aquel momento el costo de la canasta era casi la mitad de lo que es en la actualidad y alrededor de 42,8% del costo en Colombia. Relativamente el costo de la CAN en septiembre era bajo, aun cuando era más del doble de los valores mínimos registrados en los últimos años. Decir que el costo de la Canasta Alimentaria Normativa en Venezuela era relativamente barato no era incorrecto. El problema es que han ocurrido muchas cosas respecto a septiembre de 2018, y que una comparación internacional de precios no indica nada sobre el nivel de ingresos de los hogares.

Sin embargo, hay un punto crucial a considerar. El Worldwide Cost of Living parece relacionar la hiperinflación con el hecho de que Caracas, y por extensión el país, sea barato. Esta aseveración no está respaldada por los indicadores. De hecho, el valor mínimo de la Canasta Alimentaria Normativa ocurre a comienzos de la hiperinflación y ha venido subiendo más o menos de forma sostenida. La hiperinflación no ha hecho al país más barato, todo lo contrario, el proceso hiperinflacionario ha acabado de barrer con los controles de precios en el sector transable de la economía. Esto ha propiciado en primer lugar una cierta convergencia de los precios nacionales respecto a los internacionales, y en segundo lugar, un aumento del traspaso del tipo de cambio al nivel de precios interno, dificultando la ocurrencia de periodos como los ocurridos durante parte de 2015 y 2017.

Aquí es importante hacer una salvedad. Mientras que para un colombiano comprar todos los productos de la CAN, solo le bastaría con ir al supermercado de la esquina; a un venezolano esto le tomaría con suerte visitar varios establecimientos comerciales. Esto se debe a los elevados índices de escasez que aún prevalecen en la economía venezolana. El largo proceso de control de cambio y precios ha dejado secuelas considerables en el aparato productivo. Los niveles de escasez hoy son bajos respecto a los máximos históricos, pero estos siguen siendo elevados. Hay un tema de costos transaccionales que usualmente es omitido en este tipo de análisis por considerarlos triviales. En el caso venezolano esos costos no lo son.

Valor relativo a los ingresos

Las estadísticas de ingreso corriente en Venezuela son bastante esquivas, aun más desde que el INE y otros organismos públicos han cesado en la publicación de la información para poder hacer estas estimaciones. Pese a ello podemos realizar un ejercicio simple para evaluar el costo de la CAN relativo al nivel de ingreso de los hogares.

Si bien el nivel de precios de los alimentos en Venezuela es bajo respecto al resto del mundo, respecto al nivel de ingreso en el país no lo es. En el pasado era relativamente fácil establecer una relación entre el salario mínimo y el costo de la CAN. Tanto por el hecho de contar con información pública, como por la relevancia del salario mínimo como aproximación al ingreso mínimo de los hogares. La realidad actual es mucho más compleja. Aunque recomponer la CAN es relativamente sencillo, en las circunstancias actuales usar el salario mínimo como estimador del ingreso de los hogares carece de sentido.

El salario mínimo y el bono de alimentación son una fracción pequeña en la actualidad del ingreso de los hogares. Hay dos grupos de transferencias significativas que en los últimos meses son más representativas que el salario mínimo. Por un lado las transferencias en especie mediante la venta de productos altamente subsidiados en las cajas y bolsas CLAP y por el otro las transferencias en dinero en el marco del carnet de la patria. Es difícil precisar el monto exacto de cobertura de estas transferencias, pero estableciendo ciertos porcentajes, por lo menos se puede tener una idea general del nivel estas transferencias y en última instancia del ingreso mínimo de los hogares.

En el Gráfico 2 se muestra la CAN y el ingreso mínimo estimado en dólares; además del ratio entre ese ingreso y la CAN. La perspectiva que emerge en este caso es muy distinta. En primer lugar, en la mayoría de los últimos meses la Canasta Alimentaria Normativa ha estado por encima del ingreso mínimo estimado. En segundo lugar, la brecha entre el costo de la CAN y el ingreso mínimo ha aumentado en los últimos meses. Esto indica que si bien en los últimos meses los precios de los alimentos en Venezuela han convergido hacia los precios internacionales, los ingresos no han aumentado en la misma proporción. En pocas palabras los alimentos se han hecho más costosos relativo al ingreso de los hogares. En tercer lugar y como curiosidad, de los nueve meses en los que se lleva construyendo el indicador, fue en septiembre 2018, la fecha del estudio del Worldwide Cost of Living,  la única vez que el ingreso mínimo superó el costo de la CAN. Debemos recordar que en ese mes ocurrió un gran ajuste en el salario mínimo. Estas ganancias fueron rápidamente revertidas en los meses posteriores.

El ingreso mínimo estimado en febrero fue de aproximadamente $40. En ese mes el costo de la CAN fue más del doble de ese ingreso. A modo de comparación, en Colombia el salario mínimo es de alrededor de $250, lo que sería suficiente para comprar más de dos veces la CAN a precios vigentes en ese país. A medida que el nivel de precios del país continúe aumentando sin que ocurran cambios que puedan llevar a la recuperación de los ingresos, la fracción de la CAN que se podrá adquirir será menor.

Una pregunta relevante es si el país podrá transitar nuevamente la ruta en donde el costo de la CAN se vuelva más económico como en el pasado. Esto implicaría que el país se volvería más barato para aquellos que tuvieran ingresos en divisas. No se puede descartar, pero luce improbable que esto ocurra por dos motivos. En primer lugar, el esquema de control de precios en los bienes fue desbordado. En muchos momentos los precios fueron deprimidos a costa de empobrecer a los productores, muchas veces con la excusa de que recibían algunos dólares subsidiados para importar. Esta situación es improbable que se pueda repetir. En segundo lugar, la aceleración inflacionaria ha aumentado el traspaso del tipo de cambio paralelo al nivel de precios internos. Esto quiere decir que el nivel de precios, por lo menos del sector transable de la economía, reacciona con mayor prontitud a la depreciación del bolívar. Lo anterior hace poco factible que los precios se rezaguen mucho respecto a sus pares internacionales. Los días en que en Venezuela era posible hacerse de un mercado decente con 20 dólares quedaron en el pasado y no volverán.

¿Qué hay de los servicios?

Hasta el momento tenemos dos grandes conclusiones, la primera es que los alimentos, y en general la mayoría de los bienes en Venezuela, tienen precios más bajos que los que rigen en los mercados internacionales. También es cierto que esa diferencia se ha venido cerrando en los últimos meses. La segunda conclusión es que relativo a los ingresos de los hogares, el nivel de precios es elevado, incluso en las categorías cuyos precios son inferiores a los precios internacionales. En otras palabras, el poder adquisitivo del ingreso de los hogares venezolanos es considerablemente más bajo en comparación con otros países. Esto es el reflejo de la prolongada contracción económica que atraviesa el país, además de otros factores estructurales.

Pero no es cierto que todos los rubros de la canasta de consumo del venezolano sean caros, incluso para el poder de compra del ingreso de los venezolanos. En el Gráfico 3 se presenta el precio relativo de algunos bienes y servicios entre Colombia y Venezuela. Para poder hacer la comparación ambos precios son llevados a dólares a tipo de cambio de mercado. El ratio se toma como el precio representativo de Colombia sobre el de Venezuela.

El gráfico está hecho para mostrar tres grupos de bienes y servicios. En el primer grupo, mostrado en verde, el ratio de precios es cercano a 1. Esto indica que el precio en Colombia y en Venezuela es bastante similar. Por ejemplo, a los precios vigentes en febrero, un kilo de harina de maíz precocida costaba en Colombia $1,15, mientras que en Venezuela su precio fue de $1,12. El segundo grupo está compuesto por rubros en los que el ratio es inferior a la unidad (rojo). En este caso los precios vigentes en febrero en Venezuela eran superiores a los registrados en Colombia. Por ejemplo, un paquete de pañales desechables en Colombia cuesta $5,16, mientras que en Venezuela su equivalente, si logra conseguirlo, es $15,95. Gran parte de los productos de cuidado personal, del hogar, pero sobre todo electrónica, autopartes línea blanca y línea marrón están en este grupo. Todos comparten ciertas características: en su totalidad o gran parte son productos importados y con escasa oferta.

El tercer grupo de bienes y servicios son mostrados en azul. En este caso el ratio de precios relativos es superior a la unidad. Esto indica que estos rubros son más económicos en Venezuela que en Colombia. Por ejemplo, una consulta odontológica en Colombia cuesta alrededor de $13,89; en Venezuela, el precio promedio es de $4,06. Aunque en este grupo se encuentra gran cantidad de bienes, este está compuesto en gran medida por servicios. Por lo general, los precios relativos de los bienes están más cerca de sus pares en Colombia que los servicios.

Que existan discrepancias moderadas en los precios relativos es normal, después de todo, Colombia y Venezuela no son economías plenamente integradas. Si embargo, las grandes diferencias existentes se deben, en gran medida, a las distorsiones de precios que existen en Venezuela. En algunos casos estas distorsiones son considerables.

Existe un grupo fundamentalmente de servicios cuyos precios relativos están tan distantes de sus pares en Colombia que colocarlos en el gráfico anterior lo distorsionaría. Incluso dentro de este grupo las diferencias son tan grandes que prácticamente solo dos rubros dominan el gráfico.

Por ejemplo, en Colombia el servicio promedio de televisión por cable tiene un costo de $27,28. Este precio es 205 veces el precio de un paquete de servicios similar en Venezuela. La mensualidad por telefonía celular promedio en Colombia cuesta $16,89, casi 800 veces el precio en dólares que se paga en Venezuela. En Venezuela, además, existen notables diferencias en precios entre los proveedores del servicio. Pero esos no son los rubros estrellas del desbalance. Son en la gasolina y los servicios públicos esenciales (agua, luz, gas y telefonía fija) donde residen las mayores diferencias en precios relativos. El costo de la gasolina en Colombia es más de 41 millones de veces el precio en Venezuela, mientras que el de la electricidad es más de 168 millones. Estos servicios son virtualmente gratis en Venezuela, mientras que en Colombia representan una fracción considerable del gasto de los hogares.

Es importante acotar que aquí no estamos haciendo ninguna corrección por la calidad del servicio recibido. Obviamente, todos estos servicios cuyos precios no guardan ninguna relación con sus pares internacionales son prestados con un grado de calidad y fiabilidad muy inferior. Pero la dirección de la causalidad es que son prestados con una baja calidad, precisamente porque sus precios imposibilitan hacer otra cosa. La mejor muestra de ello es el Sistema Eléctrico Nacional recientemente colapsado. La negativa a abordar seriamente los grandes rezagos en estos precios avoca a estos sectores un declive continuado. Carecen de los recursos, no ya para invertir, sino para hacer mantenimiento y poder retener a su personal capacitado. Del lado de las empresas públicas son grandes responsables también del creciente déficit fiscal.

La perspectiva que emerge en Venezuela no es de una economía cara o barata, sino profundamente distorsionada. En Venezuela se convive con precios de ciertos bienes muy superiores a sus pares internacionales, y con precios ridículamente bajos. Ambas cosas son el resultado de la política económica implementada por años. Los controles de precios acabaron por claudicar en la inmensa mayoría del sector transable de la economía, pero no lo han hecho todavía en el sector de los servicios. Esto ocurre bien porque el Gobierno controla directamente la las empresas que generan estos servicios o porque desde los organismos públicos se ejerce un fiero control, como por ejemplo sobre los proveedores de telefonía celular. Cuanto más se alargue esta situación, peor será el deterioro en estos servicios.

Conclusiones

El estudio realizado por The Economist Intelligence Unit ubicó a Caracas como la ciudad más barata del mundo para septiembre 2018. Dicho estudio está enfocado en guiar la construcción de paquetes de compensación para trabajadores expatriados y para viajeros de negocios. Pese a ello hay evidencia de que Caracas tenía en septiembre 2018 un nivel de precios bajo comparado con el resto del mundo.

En los últimos meses, el nivel de precios de los alimentos, el grupo de gastos actualmente más representativo de los hogares, se ha incrementado tanto internamente como al hacer comparaciones internacionales, pese a ello todavía está relativamente barato en términos históricos.

El comparativo de precios internacionales no ofrece ninguna guía sobre el nivel de vida en las ciudades por cuanto deja por fuera los ingresos. En la actualidad, en Venezuela el costo de la Canasta Alimentaria Normativa es más de dos veces el ingreso mínimo y la situación se ha venido deteriorando en los últimos meses. Aunque Venezuela es relativamente barata en términos internacionales, no lo es respecto al poder de compra del ingreso de los hogares.

Más que cara o barata, Venezuela es una economía profundamente distorsionada. En ella conviven precios muy superiores a sus pares internacionales en ciertos bienes, con precios bajos o irrisorios en ciertos servicios. Precisamente en estos sectores de precios irrisorios, como la electricidad actualmente, es que se están viendo ahora los inconvenientes de prácticamente haber regalado el servicio por años. 


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