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Actualidad

Protestas y duelo en Teherán

por Peter Philipp

Manifestantes iraníes levantan flores mientras la policía antimotines les dispara gas lacrimógeno en una protesta frente a la Universidad Amir Kabir de Teherán el 11 de enero de 2020. Fotografía de STR | AFP

14/01/2020

La población iraní ha estado inmersa en una verdadera montaña rusa emocional desde aquellos días de noviembre del año pasado en los que cientos de miles de personas salieron a las calles de todo el país para protestar por el fuerte aumento del precio de la gasolina, la situación económica en general, y la corrupción en la clase política, en particular. Las manifestaciones terminaron con dureza: hubo cientos de muertos y miles de detenciones. La situación contra la que protestaban, sin embargo, continuó. Aunque esta vez fuera un poco más vehemente, parecía tratarse de una más de las protestas que esporádicamente se desatan en Irán por el descontento ante diversas situaciones.

Esta impresión parecía reafirmarse a principios de enero, cuando la República Islámica vivió las mayores manifestaciones en sus 40 años de historia: pero no contra el liderazgo político del país, sino contra Estados Unidos. Estos, con el ataque mortal al que quizás haya sido el representant más importante del ejército iraní, confirmaban una vez más la imagen del enemigo agresor que el régimen de Teherán lleva cultivando durante décadas.

Simpatía y admiración por un hombre del régimen

El general Gasem Soleimani, jefe de las Brigadas Al Quds (‘Brigadas de Jerusalén’) de los Guardianes de la Revolución, es considerado el artífice de la operación militar iraní contra Estado Islámico en Irak y Siria. Coordinó la cooperación con el Hezbolá libanés y también se dice que desempeñó un papel destacado en el apoyo a los rebeldes hutíes de Yemen. Era un hombre del régimen de Teherán hasta la médula.

Al mismo tiempo, muchos iraníes sintieron simpatía y admiración por este hombre de origen sencillo, a pesar de que se perfilaba tanto «en interés de la nación». Esta opinión se debió, al menos en parte, a la política de información oficial y a la propaganda. Sin embargo, parte de esta admiración por Soleimani estaba justificada: el hombre seguía siendo humilde, al menos en apariencia; a menudo permanecía junto a la tropas y se suponía que luchaba por una «causa justa». Especialmente en el caso de Estado Islámico: aquí llegó Soleimani incluso tan lejos que, en los primeros días de combate al EI en Irak, coordinó indirectamente sus acciones con los Estados Unidos. Mientras Soleimani sostuvo la batalla contra el Estado Islámico, la gran mayoría de los iraníes lo consideraban una especie de protector de la nación, porque los yihadistas radicales del EI, sunita, son un enemigo declarado del Irán chiita.

Para los dirigentes políticos en Teherán, los días desde el asesinato del general hasta su entierro fueron, por lo tanto, una buena oportunidad para canalizar esta simpatía por Soleimani entre la población y convertirla en una aparente expresión de apoyo al gobierno. La avalancha de multitudes en señal de duelo fue abrumadora en todo Irán. Sin embargo, los políticos se equivocaban si pensaban que la insatisfacción de la gente hacia su propia clase política había sido desplazada, cediendo el terreno a estas nuevas expresiones de odio hacia los Estados Unidos.

Los manifestantes vuelven a criticar al gobierno

Esto se ha hecho ahora evidente de forma dramática. Los manifestantes están saliendo a las calles de nuevo para acusar a los políticos por sus errores y su incapacidad, pero también por el alto grado de menosprecio mostrado hacia su propio pueblo. Tras días sosteniendo que el accidente de un avión comercial ucraniano fue fruto de un fallo técnico, resultó que la aeronave fue derribada por misiles de los Guardianes de la Revolución.

Un total de 176 personas murieron a bordo del avión, entre tripulación y pasajeros, la mayoría de ellas iraníes o ciudadanos con doble nacionalidad iraní. Es el balance que manejan amplios círculos de la población iraní. Esta no tolera que Teherán quisiera inicialmente encubrir la causa real del accidente y, al igual que los otros países que lloran a sus ciudadanos entre las víctimas, exige una aclaración completa de los hechos y medidas contra los responsables. Porque no se trata únicamente del hombre que apretando el botón lanzó el misil que provocó la tragedia, sino más bien de aquellos que no habían tomado ninguna precaución de seguridad en la explosiva situación de aquellas horas, como por ejemplo suspender temporalmente los vuelos comerciales.

Las nuevas manifestaciones son todavía mucho más pequeñas que las de octubre, pero podrían expandirse fácilmente. Y encima viene Donald Trump y ofrece protección y apoyo a los manifestantes. Es algo que ello no quieren ni necesitan. Para ellos de lo que se trata es de que, 40 años después de la revolución islámica, finalmente reine la ley y el orden en su país.

(lgc/er)

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