Actualidad

Perú tras el indulto de Fujimori

por Evan Romero-Castillo

25/12/2017

Fotografía de picture-alliance/TASS/M. Metzel


El político liberal Pedro Pablo Kuczynski ascendió a la jefatura del Gobierno peruano en julio de 2016 jurando que no liberaría al exmandatario Alberto Fujimori, sentenciado a 25 años de prisión por la autoría intelectual de veinticinco asesinatos, dos secuestros agravados y otras violaciones de derechos humanos durante una presidencia que devino en dictadura entre 1990 y 2000. Pero con el paso de los meses, el rumor sobre la inminente excarcelación del septuagenario se hizo cada vez más fuerte; se comentaba que ese era el as bajo la manga de Kuczynski para apaciguar a Fuerza Popular, que tiene la mayoría de los escaños en el Congreso.

Para muchos, conmutar la pena de Alberto Fujimori es inaceptable, dadas las dimensiones de los actos de corrupción en que incurrieron sus subalternos y los desmanes cometidos bajo sus órdenes; en entrevista con Deutsche Welle, la antropóloga Juliana Ströbele-Gregor trae a la memoria que, aparte de las matanzas perpetradas en 1991 y 1992 por el grupo militar encubierto Colina, el régimen de Alberto Fujimori esterilizó a la fuerza a miles de indígenas pobres en las zonas rurales del país. No obstante, Kuczynski rompió ese tabú en la Nochebuena de 2017, presentando el indulto como una medida humanitaria para un hombre enfermo.

Suspicacias inevitables

Este domingo (24.12.2017), las agencias de noticias dieron la primicia alertando que el Gobierno peruano estaba causando una nueva crisis política sin haber resuelto la anterior: el indulto llegó apenas tres días después de que el diputado Kenji Fujimori –usualmente descrito como el hijo predilecto de Alberto Fujimori y rival de su hermana Keiko, líder de Fuerza Popular– persuadiera a un puñado de parlamentarios de abstenerse de votar contra Kuczynski en el juicio político que se le hizo debido a sus vínculos con Odebrecht, la constructora brasileña que pagó sobornos en varios países latinoamericanos para obtener jugosos contratos.

“La coincidencia es demasiado llamativa. Kenji Fujimori salvó a Kuczynski de ser destronado por un margen muy pequeño”, sostiene Günther Maihold, subdirector de la Fundación Ciencia y Política (SWP), de Berlín, en entrevista con Deutsche Welle. “Esto estabiliza al Ejecutivo y, al mismo tiempo, le brinda a Kuczynski la posibilidad de neutralizar a Keiko Fujimori, su adversaria más fuerte. Y es que, pese a su precario estado de salud, Alberto Fujimori no podrá resistir la tentación de inmiscuirse con sus opiniones en la política nacional, en detrimento de las ambiciones de liderazgo de su hija en el seno de Fuerza Popular”, acota el experto.

Alberto Fujimori no necesita ocupar cargo alguno para erigirse de nuevo en una personalidad política de gran influencia en Perú, subraya Maihold. “Este escenario fomenta la división del bloque mayoritario del Parlamento peruano, que se ha esmerado en separar a Kuczynski de la presidencia y podría volver a intentarlo en cualquier momento”, agrega el especialista de Berlín. Sin embargo, el volumen de las voces que condenan el indulto de Fujimori revela lo problemática que es esta medida. La formación oficialista Peruanos Por el Kambio –cuyas siglas coinciden con las del propio Pedro Pablo Kuczynski (PPK)– ha perdido a dos congresistas hasta ahora.

Una medida impopular

En las calles, cientos de manifestantes –incluidos los dolientes de los muertos y desaparecidos durante el “decenio Fujimori”– acusaron a Kuczynski de ser “cómplice del criminal”. También el director ejecutivo para América de la organización defensora de derechos humanos Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, lamentó la gracia que se le concedió a Alberto Fujimori. “En lugar de reafirmar que en un Estado de derecho no cabe darle un trato especial a nadie, quedará para siempre la idea de que su liberación fue una vulgar negociación política a cambio de la permanencia de Kuczynski en el poder”, escribió Vivanco en Twitter.

“Cabe recordar que Alberto Fujimori nunca les pidió perdón a las víctimas de su dictadura ni expresó remordimiento por los crímenes de lesa humanidad perpetrados bajo sus órdenes. De ahí que la excarcelación del exdictador también pueda tener consecuencias políticas negativas para Kuczynski, quien ganó los comicios presidenciales de 2016 con el respaldo de los antifujimoristas. Las bases del Ejecutivo de Kuczynski pueden verse erosionadas y su mandato, dificultado de aquí en adelante”, dice Maihold, añadiendo, eso sí, que, a largo plazo, este suceso puede reducir considerablemente la polarización política en Perú.

“La excarcelación de Alberto Fujimori deja de ser el fin último de los proyectos de sus simpatizantes y mantenerlo preso deja de ser el punto de referencia para los demás. Quizás se esté allanando el terreno para que surjan nuevas opciones políticas al margen de los fujimoristas y los antifujimoristas”, comenta Maihold.

Autor: Evan Romero-Castillo (few)


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