Medicina

La sorprendente historia del Doctor Balmis y su expedición científica y humanitaria

por Julio Castro

Fotograma de la serie de televisión 22 ángeles (2016), de Miguel Bardem, que narra la expedición encabezada por el doctor Francisco Javier Balmis, quien llevó la vacuna de la viruela a América a principios del siglo XIX.

22/02/2018

En 1796, el médico inglés Edward Jenner observó que las mujeres que ordeñaban vacas padecían de un tipo de viruela menos agresiva que sus pares que no ordeñaban.

Las enfermedades infecciosas eran la primera causa de muerte en Europa, en particular la viruela, que cobraba gran cantidad de vidas con una tasa de mortalidad del 33%. En retrospectiva, el final del siglo XVIII fue el comienzo de la modernidad. La Revolución Francesa en 1789 marcó un hito que quedó para la historia, pero la observación de Jenner y su postulación de la Teoría de la Inmunidad (1802), producida por la exposición a un virus similar, pero menos mortal (virus atenuado de viruela de vaca o Cowpox), introdujo el concepto de la capacidad de “inmunizar” al ser humano, una idea que ha dejado una estela en la historia científica de magnitudes similares a la Revolución Francesa.

Para probar su teoría, Jenner utiliza las ampollas en las manos de una mujer ordeñadora que había contraído el virus de Cowpox para “vacunar” a un niño con “viruela de vaca”. Jonh Hipps, un niño de 8 años, recibió lo que fue conocido en el mundo científico como la primera vacuna, dándole pie a la primera iniciativa de investigación médica en humanos a gran escala.

Pocas semanas después, el niño, a pesar de haber sido expuesto a enfermos con viruela, no contrajo la enfermedad. En los meses siguientes, Jenner “inoculó” a 23 personas más y obtuvo el mismo resultado exitoso. Las palabras “vacuna” y “vaccinia”, tal como las conocemos hoy, provienen de estos hechos relacionados con un virus de origen común (viruela, viruela vacuna, vaccinia virus).

Hasta el momento en que Jenner inició el método de vacunación, lo único que existía para reducir la probabilidad de padecer una enfermedad tan severa como la viruela era una técnica conocida y difundida por chinos e indios desde el siglo XVI y que pasaría posteriormente a Asia menor, Turquía y desde allí a Europa: la “variolización”, que consistía en poner a personas sanas en contacto con ropa de enfermos para que estas sufrieran la enfermedad.
En Turquía, los cirujanos implantaban pus de los enfermos en heridas de pacientes que no padecían la enfermedad. Esta técnica era riesgosa porque transmitía viruela humana y se corría el riesgo de padecer sus complicaciones, pero había un beneficio en algún grupo de pacientes, los cuales presentaban la enfermedad de manera leve y con muy pocas cicatrices, en particular las mujeres de piel blanca. Distinguidos diplomáticos europeos destacados en el mundo árabe hicieron “variolizar” a sus hijos y luego llevaron estas técnicas a Europa.

Un médico militar español, Francisco Xavier Balmis Berenguer, que había servido en África, España y luego México, fue testigo de primera línea del impacto masivo que tuvo la viruela en América. La población nativa americana que no había tenido contacto con este virus fue atacada severamente por la enfermedad que vino en los barcos de los colonos europeos, encontrando terreno fértil en América para su propagación. La viruela funcionó (sin ningún tipo de planificación) como un arma biológica en ese entonces; militares ingleses sugirieron su uso en la guerra de tropas británicas contra nativos norteamericanos (1763). Hay muchas y buenas descripciones de epidemias de viruela con mortalidad importante en los indios aztecas e incas hasta bien entrado el siglo XIX.

El Doctor Balmis, nacido en Alicante en 1753, cirujano militar e investigador, fue un seguidor insigne de Jenner. Apenas 4 años después de la experiencia de Jenner en Inglaterra, Balmis traduce un tratado de vacunas de Jacques-Louis Moreau de la Sarthe en el que el propio Balmis escribe un largo preámbulo basado en las experiencias del inglés y le propone a Carlos IV, rey de España que había perdido una hija por viruela, iniciar la “real expedición filantrópica de la vacuna de la viruela en América y Asia”.

La expedición sanitaria estaba conformada por Balmis, 4 cirujanos, 2 practicantes, 4 enfermeros, 22 niños huérfanos que provenían de la casa de expósitos de La Coruña, Madrid y Santiago y más 2000 volúmenes del libro sobre la vacuna. Entre el personal de enfermería, se encontraba Isabel Zendales, quien se encargaba de la casa de expósitos y de pasar la lesión inoculada (vacuna) de un niño a otro durante los meses que duró el viaje para mantener la cepa viva. En ese momento no existía ninguna tecnología que permitiera “guardar” o preservar el virus vacunal.

Cronología del viaje (ver gráfico interactivo)

En 1803, Carlos IV aprueba los fondos para la misión filantrópica y, en 1805, aprueba por real cédula una normativa para que los hospitales destinaran una sala para mantener el fluido vacunal.

—30/11/1803: Parten de La Coruña, Galicia.

—06/01/1804: Después de estar un mes vacunando en las Islas Canarias, comienza la travesía al otro lado del Atlántico.

—09/02/1804: Llegan a Puerto Rico, pero en esa isla ya se había iniciado la vacunación proveniente de la Isla de Saint Thomas.

—26/05/1804: Arriban a la Habana, Cuba y para su sorpresa encuentran que, gracias a los conocimientos y trabajo del médico cubano, Tomás Romay, se había iniciado la vacunación 2 años
antes. De igual manera, se dejaron libros y se sentaron las bases para la creación de la Junta de Vacunación (organismo que vigilaría el proceso).

—06/1804: Llega a Venezuela por el puerto de La Guaira. Se crea en Caracas la Junta Central de Vacunas con el apoyo de José Domingo Díaz y Vicente Salias. Andrés Bello conoce la iniciativa y escribe su “Oda a la Vacuna”. En La Guaira, la expedición se divide: Balmis se traslada a Puerto Cabello y posteriormente a la Habana y México, mientras que su segundo al mando, el cirujano José Salvany, se dirige por la vía de los Andes a Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Bolivia, donde fallece.

—08/02/1805: Balmis se embarca con 25 huérfanos mexicanos en Acapulco con destino a Manila, Filipinas (entonces colonia española).

—15/04/1805: Llega a Manila, Filipinas.

—03/09/1805: Sale de Manila y llega a Macao (colonia portuguesa frente a China).

—05/10/1805: Llega a China continental hasta la provincia de Cantón.

—1806: Regresa a España.

No solamente Balmis extiende su misión, sino que también envía parte de su equipo de trabajo para tomar otros rumbos. El cirujano Salvany se separa en Caracas y parte a Colombia remontando el río Magdalena, donde naufraga y es rescatado el 13 de mayo de 1804, siguiendo posteriormente a Bogotá, Popayán, Quito, Piura, Trujillo, Lima, Puno, La Paz, Oruro y Cochabamba, donde fallece debido a varias enfermedades.

Los datos recogidos de la travesía reportan que sufrió de malaria, difteria y tuberculosis. Un tercer grupo que se separa de Salvany en Quito (el Dr. Grajales y el enfermero Bolaños) pasa por Guayaquil, luego por Chile y finalmente por Argentina. Toda esta gesta cubrió 47.839 kms., 3 continentes, 12 países en 3 años. Se calcula que vacunaron de manera directa alrededor “de 1 millón de almas”, según el reporte final de la expedición elaborado para el rey de España.

Los objetivos de esta misión filantrópica eran tres: mantener la vacuna capaz de inocular personas, independientemente de la distancia recorrida en varios continentes, crear una organización sanitaria llamada la junta de vacuna y repartir los conocimientos con los volúmenes traídos desde el viejo continente.

Evaluar esta misión después de todos estos años reviste características difíciles de comparar, al menos en la literatura científica. Los pioneros navegaron miles de kilómetros y lograron vacunar a millones de personas. Esparcieron el conocimiento más novedoso de la época en un tiempo muy corto para los parámetros del momento y sentaron las bases para una institución que hoy todavía tiene reminiscencia en las estructuras de salud modernas de los países. El protomedicato y la junta de vacunas son los ancestros administrativos de los ministerios de salud o salubridad continental. Es posible que fuera también el inicio de una figura insigne que todavía hoy cobra vigencia: “la enfermera vacunadora”. Personificada por Isabel Zendales, quien entrenó a miles de mujeres americanas en el oficio de vacunar, quedó sembrada en nuestra historia sanitaria.

Lograr tal cantidad de personas inoculadas no fue solo la primera misión humanitaria de salubridad transcontinental, también devino en uno de los experimentos vivos más grandes de la historia. La estrategia fue replicada en varios países de América, aun después de la salida de Balmis. Ni Jenner ni Balmis vieron la erradicación de la enfermedad: la OMS declara a la humanidad libre del virus de viruela en 1979. Hicieron falta más de 150 años para entender y lograr generar la cadena de eventos necesarios que erradicaran una enfermedad tan mortal como esta.

La humanidad tiene una deuda con el Dr. Jenner, y América también la tiene con el Dr. Balmis, Saldany y sus colaboradores. Alejandro Von Humboldt escribió sobre esta hazaña: “Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia”. El propio Dr. Jenner se expresó así del Dr. Balmis: “No puedo imaginar que en los anales de la historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que éste”.

Para el Dr. Balmis Berenguer, era un asunto de compromiso ético con América. En algunas de sus cartas al rey, subrayó la deuda que el viejo mundo tenía con las colonias por haber traído una enfermedad que diezmó la población americana; especialmente la población indígena.
Viendo en retrospectiva la magnitud de esta empresa, cuesta pensar cómo en la época actual se puede obviar o soslayar la vacunación como estrategia de prevención.


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