Premio Nacional de Arquitectura 2019

La primera clínica verde de Venezuela

por Mary Gema López

22/02/2019

Carlos Raul Villanueva es considerado uno de los venezolanos más universales del siglo XX, símbolo de la llegada e instauración de la arquitectura moderna en nuestro país. Por la cuantía y significado del legado que nos dejó como el primero de los grandes maestros de la arquitectura venezolana, recibió en 1963 el Premio Nacional de Arquitectura, primera edición del prestigioso galardón.

Desde entonces han transcurrido 56 años y solo en 13 oportunidades ha sido otorgado. Este año, bajo la presidencia del arquitecto Isaac Abadí, un jurado compuesto por 15 destacados profesionales decidió otorgar la Gran Bienal Premio Nacional de Arquitectura 2019 a la Clínica IDB Cabudare, en el estado Lara, concebida y diseñada Gustavo Sánchez, arquitecto venezolano egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1990.

Gustavo Sánchez

Sobre su obra, Gustavo Sánchez dijo que desde el comienzo hubo un objetivo claro:

“Cuando buscamos y logramos congeniar una gran edificación médico asistencial eficiente con los aspectos gerenciales que exige una buena arquitectura que contempla principios de diseño verde en salud. Las exigencias propuestas por los promotores se alcanzaron: perfiles ecológicos, guiarse por certificaciones de rango internacional, niveles de confort tanto para el paciente y el médico como para trabajadores y visitantes. El objetivo definido fue lograr que las condiciones generales ambientales superen lo que normalmente se acepta para una clínica, imponiendo sensaciones, generación de bienestar y confort con mucha calidez. Tenemos principios ecológicos o verdes en todo: salas de espera de consultorios con ventilación natural colores aplicados en las paredes, así como el arte, evocan la naturaleza, las alturas de las habitaciones y su ventilación difieren del resto de las demás clínicas, abundante acceso a luz natural y al exterior en todos los ambientes, incluyendo el área quirúrgica y los niveles subterráneos. Se hizo énfasis en el uso de materiales locales. Igualmente el edificio hace uso del agua de lluvias y de la condensación de los aires acondicionados. Los 40 consultorios están próximos al área central. El cafetín se ubicó en función a médicos y pacientes. La capilla con mucha fuerza. En resumen, la Clínica IDB Cabudare muestra simplicidad en sus plantas y belleza en sus cortes, es ambientalmente responsable y es una edificación que de alguna manera cuida a sus pacientes.”

Corresponde al Colegio de Arquitectos de Venezuela convocar y decidir la organización y el otorgamiento de este premio. Este año se presentaron 60 obras desde los estados Zulia, Táchira, Bolívar, Mérida, Aragua, Lara, Miranda, Área Metropolitana. Además, participaron arquitectos venezolanos residenciados en Chile, Uruguay, México y España, integrantes de la diáspora profesional venezolana.

Esta Décima Tercera Gran Bienal forma parte, por primera vez, de la Red de Bienales de Arquitectura de América Latina, BAAL. Por esto, la obra premiada pasa a tener reconocimiento internacional y a concursar por el premio Oscar Niemeyer de rango continental.

Un centro médico asistencial privado verde

La Clínica IDB Cabudare representa una obra con más de 17 mil metros cuadrados de construcción, sobre un terreno que supera los 5 mil metros cuadrados, levantada en ocho diferentes niveles. Fue en marzo del marzo 2012 cuando se puso en marcha la construcción encomendada a Constructora MDT, de Caracas, bajo la visión de sus promotores. Llegado el día de la inauguración, Venezuela tendría el primer centro privado de salud con espacios en contacto con la naturaleza, enfocados en la reducción del estrés como coadyuvante en la sanación del paciente. Una infraestructura que en todos sus aspectos priorizan en el bienestar de sus pacientes, médicos y visitantes. Un edificio ecológico con estándares de diseño internacionales.

Cabudare, al este de Barquisimeto, es una de las zonas con mayor crecimiento de población en Venezuela. Entre las características médico-asistenciales de la edificación destacan: 42 habitaciones, 82 camas, 40 consultorios médicos, 5 quirófanos, un Servicio de Emergencia de 24 horas, una Unidad de terapia Intensiva tanto para adultos como para niños con 10 camas, un Área de Radiología e Imágenes con tecnología de punta, la más avanzada existente en el país, laboratorio, banco de sangre, cafetería, restaurante, sala de conferencias, un estacionamiento con 200 puestos, capilla, representando todo una oferta laboral a plena capacidad para 500 personas directas y el funcionamiento de un equipo médico asistencial para 150 médicos y 160 enfermeras.

Desde el inicio de sus operaciones, la Clínica IDB Cabudare muestra avances tecnológicos con el sistema de citas online: los pacientes pueden hacer la solicitud con el especialista de su preferencia, a la hora y el día que más le convenga. Además, el servicio de emergencia se coordina a través del Sistema ERIS: un software para manejar el flujo de pacientes que tiene como input inicial una clasificación del nivel de emergencia definido en el área de triaje.

El gremio

Marianella Genatios, presidente del Colegio de Arquitectos de Venezuela, dijo:

“La obra premiada es un ejemplo de arquitectura a seguir, refleja los esfuerzos de modernidad que se llevan a cabo en el interior del país. La consideración principal para otorgar el premio de cada Gran Bienal es la excelencia de la edificación, no su dimensión o magnitud. En el caso de la Clínica IDB Cabudare en el estado Lara, los factores que determinaron su selección como obra ganadora fueron la eficiencia y su claridad espacial, su racionalidad, lo amable y el confort que brinda al visitante o a la persona que en ella trabaja, su adaptación a nuestra tipología climática, su fuerte propuesta como obra verde, ecológica, que toma en cuenta la eficiencia energética, los materiales usados y su definitivo rol en cuanto a que revaloriza y mejora su entorno. Como edificación pasa a formar parte de nuestro patrimonio nacional, de nuestro orgullo, por lo que debemos promover su mantenimiento, preservación y cuido, garantizando una relación cercana y permanente con el arquitecto que la diseñó.”

Junto al legado de Carlos Raúl Villanueva, otras de las obras premiadas en la Gran Bienal Premio Nacional de Arquitectura son: la Aduana de Puerto Cabello (Julián Ferris); el Banco Central de Venezuela (José Tomás Sanabria); El Universal (Borges, Pimentel, Wilkie); Seguros Orinoco (José Miguel Galia); Torre Europa (Carlos Gómez de Llarena, Manuel Fuentes, Moisés Benacerraf); el Aeropuerto Internacional de Maiquetía (Montemayor, Zully); la Abadía de Güigüe (Jesús Tenreiro Dewitz); el Centro de Acción Social por la Música (Tomás Lugo); Rehabilitación del Jardín Botánico de Roberto Burle Marx en Maracaibo (Carla Urbina, María Villalobos); y el Proyecto de Recuperación del Estado Vargas, el cual representó el aporte en conjunto de varias universidades venezolanas.

La edificación galardonada contempla el funcionamiento de 35 diferentes servicios médico-asistenciales o especialidades que se pondrán en funcionamiento por etapas. Sin embargo, desde ya sus instalaciones sirven para que exista un aporte concreto en el área académico-científico con el funcionamiento del Instituto de Investigaciones Biomédicas IDB, el cual tiene como director al doctor Alberto Paniz Mondolfi, miembro de la Academia Nacional de Medicina. Además, en la Clínica IDB Cabudare funciona la Incubadora Venezolana de la Ciencia, una organización dedicada a promover e incentivar la investigación nacional e internacional de enfermedades infecciosas y zoonóticas emergentes. En 2017, esta organización recibió el premio Dr. José Gregorio Hernández, reconocimiento que otorga la Academia Nacional de Medicina y la Conferencia Episcopal Venezolana.

Aprendizaje y trabajo en equipo

Elizabete Andrade de Torrealba, ingeniero, fue la gerente responsable de la construcción de la Clínica IDB Cabudare desde 2011. Sobre su experiencia dijo:

“Hoy, 8 años más tarde puedo afirmar que este es un sueño hecho realidad, orgullo de arquitectos, ingenieros y médicos larenses y venezolanos. Ha sido todo un aprendizaje en materia médico-asistencial enfocada esencialmente a la atención ideal del paciente, quien desde que entra hasta que sale de la clínica se siente tranquilo, cómodo, confiado, seguro, atendido. Su relación con el ambiente y con sus visitantes es su principal característica. Durante su construcción manejamos más de 30 contratistas, sintiendo y compartiendo el mismo cariño por la obra. La comunidad cercana siempre estuvo vinculada. Nunca recibimos una queja o preocupación por parte de los vecinos o de las autoridades municipales, bomberos responsables, representantes de ambiente. Por el contrario, siempre el correspondiente reconocimiento y apoyo. Los vecinos siempre estuvieron conscientes de su significado, pues en él se reconoce no solo el crecimiento del propio municipio Palavecino sino a todo el estado Lara. Este es un premio que también reconoce el éxito del trabajo en equipo.”


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