Perspectivas

La doctrina económica neo-populista de Biden

Fotografía Win Mcnamee | Getty Images North America | Getty Images vía AFP

05/08/2021

NUEVA YORK – Ya transcurrido poco más de medio año desde que Joe Biden asumió la presidencia, es hora de considerar cómo se compara la doctrina económica de su administración con la del ex presidente Donald Trump y de otras administraciones demócratas y republicanas anteriores.

La paradoja es que la “doctrina Biden” tiene más en común con las políticas de Trump que con las de la administración de Barack Obama, de la cual el actual presidente había formado parte. La doctrina neo-populista que surgió en el gobierno de Trump ahora está cobrando plena forma con Biden, lo que marca un marcado alejamiento de la creencia neoliberal seguida por todos los presidentes desde Bill Clinton hasta Obama.

Trump hizo campaña como populista –compadeciéndose de los obreros blancos rezagados–, pero gobernó como un plutócrata, recortando los impuestos corporativos y debilitando aún más el poder de los trabajadores frente al capital. De todos modos, su agenda en efecto contenía elementos verdaderamente populistas, particularmente en comparación con la estrategia radicalmente pro-Grandes Empresas que los republicanos han llevado adelante durante décadas.

Si bien los gobiernos de Clinton, George W. Bush y Obama diferían a su manera, su postura básica sobre cuestiones clave de política económica era la misma. Por ejemplo, todos defendían los acuerdos de libre comercio y favorecían un dólar fuerte, viéndolo como una manera de reducir los precios de las importaciones y respaldar el poder adquisitivo de las clases trabajadoras frente a una creciente desigualdad de ingresos y de riqueza.

Cada una de estas administraciones previas también respetaba la independencia de la Reserva Federal y respaldaba su compromiso con la estabilidad de precios. Todas persiguieron una política fiscal moderada, recurriendo al estímulo (recortes impositivos y aumentos del gasto) esencialmente en respuesta a crisis económicas. Finalmente, las administraciones Clinton, Bush y Obama fueron relativamente amigables con las Grandes Tecnológicas, las Grandes Empresas y Wall Street. Cada una presidió la desregulación de los sectores de bienes y servicios, creando las condiciones para la concentración actual de poder oligopólico en los sectores corporativo, tecnológico y financiero.

Junto con la liberalización del comercio y los avances tecnológicos, estas políticas impulsaron las ganancias corporativas y redujeron el porcentaje del ingreso total en manos de los trabajadores, exacerbando así la inequidad. Los consumidores norteamericanos se beneficiaron del hecho de que las empresas ricas en ganancias podían trasladar parte de las ganancias obtenidas gracias a la desregulación (a través de precios más bajos y una inflación baja), pero no más que eso.

Las doctrinas económicas de Clinton, Bush y Obama eran fundamentalmente neoliberales, y reflejaban una creencia implícita en la economía de goteo. Pero las cosas empezaron a cobrar una dirección más nacionalista y neo-populista con Trump, y estos cambios se han cristalizado con Biden.

Si bien Trump era más duro con su proteccionismo, Biden de todos modos está promoviendo políticas comerciales igual de nacionalistas y orientadas hacia adentro. Ha mantenido los aranceles de la administración Trump a China y otros países, y ha introducido políticas de adquisiciones de “comprar productos estadounidenses” más estrictas, así como políticas industriales para repatriar sectores industriales clave. Igual de importante es el hecho de que el desacople sino-norteamericano más amplio y la carrera por el dominio en comercio, tecnología, datos, información y las industrias del futuro han continuado.

De la misma manera, aunque Biden no haya seguido formalmente los pasos de Trump y haya exigido un dólar más débil e intimidado a la Fed para que financie los grandes déficits presupuestarios generados por sus políticas, su administración también ha implementado medidas que exigen una cooperación de la Fed más estrecha. Por cierto, Estados Unidos ha entrado en un estado de facto, si no de jure, de monetización permanente de la deuda –una política que empezó con Trump y el presidente de la Fed Jerome Powell.

Según este acuerdo, si la inflación aumentara moderadamente, la Fed tendría que adoptar una política de negligencia benigna, porque la alternativa –una política monetaria anti-inflacionaria estricta– desataría una crisis de mercado y una fuerte recesión. Este cambio en la postura de la Fed representa otro quiebre contundente respecto de la era 1991-2016.

Asimismo, dados los grandes déficits gemelos de Estados Unidos, la administración Biden ha abandonado la idea de perseguir una política de dólar fuerte. Si bien no favorece un dólar más débil tan abiertamente como Trump, no le importaría en absoluto un giro de la moneda que pudiera restablecer la competitividad de Estados Unidos y reducir el creciente déficit comercial del país.

Para revertir la desigualdad de ingresos y riqueza, Biden favorece grandes transferencias directas y menores impuestos para los trabajadores, los desempleados, los empleados de tiempo parcial y los rezagados. Una vez más, ésta es una política que comenzó con Trump, con la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por Coronavirus (CARES) de 2 billones de dólares y el proyecto de ley de estímulo de 900.000 millones de dólares que fue sancionado en diciembre de 2020. En el gobierno de Biden, Estados Unidos ha aprobado otro paquete de estímulo de 1,9 billones de dólares y ahora está considerando un gasto adicional de 4 billones de dólares en infraestructura, definida en términos amplios.

Mientras que Biden está presionando más que Trump por una tributación más progresiva, la capacidad de su administración para aumentar impuestos es limitada. Así, como en la presidencia de Trump, los grandes déficits fiscales nuevamente estarán financiados básicamente con deuda que la Fed estará obligada a monetizar con el tiempo. Biden también estará canalizando un rechazo público contra las Grandes Empresas y las Grandes Tecnológicas que comenzó en el gobierno de Trump. Su administración ya ha tomado medidas para frenar el poder corporativo a través de la aplicación de medidas antimonopolio, cambios regulatorios y, llegado el caso, legislación. En cada caso, el objetivo es reasignar algún porcentaje del ingreso nacional del capital y las ganancias al trabajo y los salarios.

En este sentido, Biden ha aplicado desde el principio una agenda económica neo-populista más cercana a la de Trump que a la de la administración Obama. Pero este cambio doctrinal no sorprende. Cuando la desigualdad se torna excesiva, los políticos –tanto de derecha como de izquierda– se vuelven más populistas. La alternativa es dejar que la desigualdad descontrolada se convierta en motivo de conflicto social o, en casos extremos, guerra civil o revolución.

Era inevitable que el péndulo de la política económica de Estados Unidos pasara de neoliberal a neo-populista. Pero este cambio, si bien necesario, conllevará sus propios riesgos. Deudas privadas y públicas gigantescas significan que la Fed seguirá atrapada en una trampa de deuda. Asimismo, la economía será vulnerable a los shocks de oferta negativos generados por la desglobalización, el desacople entre Estados Unidos y China, el envejecimiento de la sociedad, las restricciones migratorias, las restricciones en el sector corporativo, los ciberataques, el cambio climático y la pandemia del COVID-19.

Políticas fiscales y monetarias laxas pueden ayudar, por ahora, a aumentar el porcentaje de ingresos en manos de los trabajadores. Pero, con el tiempo, los mismos factores podrían generar una inflación más alta o inclusive estanflación (si surgen esos marcados shocks de oferta negativos). Si las políticas para reducir la desigualdad conducen a incrementos insostenibles de la deuda pública y privada, podrían estar dadas las condiciones para el tipo de crisis de deuda estanflacionaria sobre la que advertí al inicio de este verano.

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Nouriel Roubini es CEO de Roubini Macro Associates y Co-CEO de TheBoomBust.com. 

Copyright: Project Syndicate, 2021.
www.project-syndicate.org


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