Perspectivas

La conversación presidencial que pudo cambiarlo todo

Fotografía de Jorge Guevara

06/12/2019

La necesidad de irse del hogar por la fuerza para salvaguardar la vida deja un sabor amargo en el hombre que desciende del barco. Apenas toca tierra, no puedo dejar de pensar en el lugar que ha dejado, en la manera como ha debido abandonar su país. Quiere redención y justicia, vengar el ultraje del que ha sido objeto. De inmediato le llega la pregunta: ¿cómo conspirar desde el exilio?

Animal político, obra ganadora del Segundo Concurso de Dramaturgia Trasnocho, escrita por el venezolano Jesús Farías, fantasea sobre la posibilidad de que el derrocado presidente Isaías Medina Angarita regrese a Venezuela con la ayuda del político –y también exiliado– Laureano Vallenilla Lanz Planchart. La dirección de la pieza corre a cargo de Rafael Barazarte; los actores Juan Carlos Ogando y Germán Anzola dan vida a Medina y a Vallenilla, respectivamente.

El teatro, lugar que por excelencia transporta al espectador a sitios y épocas distantes, lleva esta vez al público a la Nueva York de 1948. En Central Park los dos exiliados discurren sobre sus vidas lejos de Venezuela, y al igual que el Literary Walk donde en cientos de bancos muchos aguardan para escuchar conversaciones, la sala Espacio Plural del Trasnocho Cultural evoca la sensación de que espiamos las pláticas entre el expresidente venezolano y el abogado, este último a punto de regresar a Caracas gracias al nuevo gobierno instaurado en el país.

Durante dos meses el director, los actores y el equipo de producción trabajaron para trasladar el texto del papel a las tablas. Barazarte se considera un joven aficionado a la historia; por ello decidió enfrentarse a este guion tan particular. «Desde que comenzó el montaje supe que sería un desafío, ya que se trata de teatro histórico. Sin embargo, se creó un ambiente absolutamente agradable con los actores y eso catalizó el proceso. Asimismo, todos nos encontramos interesados por saber más de la historia de Venezuela, en especial todo lo que involucra a Medina, y queremos que eso mismo suceda con los que vengan a ver la obra», comenta el director.

La pieza –o, para ser exactos, la conversación– resulta una severa crítica a los acontecimientos del 18 de octubre de 1945, fecha en la que un grupo de militares liderados por el mayor Marcos Pérez Jiménez y unos cuantos civiles guiados por el político Rómulo Betancourt de Acción Democrática, se unen para desalojar al presidente Isaías Medina Angarita del poder. Los motivos de su derrocamiento son varios, y aunque en la obra se hace mención a la mayoría de ellos, Farías toma como principal el llamado «Informe Fox», (elaborado, sea el caso de decirlo, por una misión técnica solicitada al gobierno de Estados Unidos por –en su momento– el presidente de la república Eleazar López Contreras, con el fin de evaluar la situación económica venezolana). No obstante, más allá de regodearse en el asunto del coup d’État, los personajes hablan con largueza de sus situaciones personales como exiliados y sobre el porvenir del país.

Fotografía de Jorge Guevara

Juan Carlos Ogando asegura que el proceso de caracterización de ambos roles fue difícil, ya que existe poco registro audiovisual. «Siempre es un desafío hacer una obra histórica, pero ésta en particular nos exigió investigar y buscar muchísimas referencias sobre Medina y Vallenilla. Por cierto, para mi personaje Javier Vidal me recomendó textos e incluso el libreto de su obra La íntima del presidente, que trata sobre la amante de Medina», dice el actor.

Por su parte, Germán Anzola se aferró a los apuntes que Farías hizo sobre Vallenilla Lanz Planchart: «En el libreto había muchas referencias, datos e inflexiones particulares que le dan al personaje cierta sapiencia, intelecto y bagaje cultural. Todo, por supuesto, con un lenguaje muy propio de finales de los años cuarenta. Creo que nos obligó a estudiar y leer muchísimo para saber qué estábamos diciendo y que el público, además, entendiera la conversación».

Animal político es una obra que por transcurrir en uno de los inviernos más crueles que ha padecido Nueva York, según el libreto, limita los movimientos físicos entre los personajes y su traslado por el escenario. Para los actores esto representó un desafío y un gran temor, pues pensaban que el público podría aburrirse debido al carácter estático de la pieza. Sin embargo, la reacción de los espectadores los ha sorprendido. Ogando y Anzola se sienten muy complacidos con la manera en que la performance ha sido recibida: ovaciones de pie y charlas interesantes son comunes cada vez que la función termina. De hecho, el propio hijo del expresidente Medina, Isaías Medina Felizola, ha asistido un par de veces a la puesta en escena.

Aunque en los colegios y universidades se estudia la historia de Venezuela, tanto el director como los actores se han encontrado con jóvenes –y con algunas personas mayores– que les comentan lo reveladora que ha sido la obra para ellos. Así, Animal político constituye una oportunidad para comprender un poco más el pasado del país, sobre todo en relación con ciertas personalidades a las que no se les suele dar suficiente importancia. El director está seguro de que cuando el público llega a su casa va directo a investigar más sobre Medina Angarita y Vallenilla Lanz Planchart.

Fotografía de Jorge Guevara

El abogado y profesor universitario, Isaías Medina Felizola (hijo, como dijimos, del expresidente Medina Angarita) considera que esta obra exhibe la parte sensible de dos hombres que, desterrados, se comunican con gran honestidad. «Esta pieza deja un importante mensaje a los jóvenes sobre nuestro pasado, habla muy bien –a mi juicio– sobre el gobierno de mi padre, y además muestra su lado humano y sensible. Esto último fue lo que más me agradó», afirma. Señala, asimismo, que el teatro es un excelente instrumento para dar a conocer la historia de Venezuela sobre todo en tiempos agitados.

En Animal político se hace una pequeña radiografía de ciertos aspectos de la idiosincrasia venezolana, cuyo diagnóstico presenta a los ciudadanos como sujetos que no han cambiado desde el siglo pasado; por ello, la historia pareciera repetirse. Esta puesta en escena obliga al público a hurgar sobre los personajes y las referencias a las que remiten; así como a investigar lo ocurrido una vez que Vallenilla regresa a Venezuela.

Durante una hora el espectador deviene un arbusto más de Central Park, con la preciosa diferencia de que escucha una conversación entre dos hombres carismáticos que pudieron haber influido aún más en el futuro del país. Barazarte espera que el espectador vuelva a casa con un mensaje claro: «El teatro histórico ayuda a la comprensión del pasado, se ha vuelto popular en los últimos tiempos porque añoramos la estabilidad, pero debe ser dosificado. Esta obra –creo– es una inyección necesaria de pasado».


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