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Jim & Andy: un genio del humor en la piel de otro

por Gerardo Guarache Ocque

Jim Carrey como Andy Kaufman en el filme de Milos Forman

10/12/2017

Es el show de David Letterman del 15 de octubre de 1980. Andy Kaufman entra con los aplausos. Despeinado, mal vestido, descuidado, un hilo de moco le cae por el bigote incipiente camino a la boca. Risas entrecortadas, risas indecisas, pero risas al fin. El público estadounidense está frente a una forma de humor que nunca ha experimentado. Este loco ha hecho cosas parecidas antes, pero siempre puede ir más lejos.

El presentador, desencajado como todos a quienes capta la cámara, procura una pizca de seriedad; trata de conversar con el humorista pero la charla no avanza. El invitado lo desconcierta. Desconcierta a todo el mundo cuando dice que renunció a Taxi, una exitosísima serie, y que no sabe si estará de nuevo en Saturday Night Live, programa ideal para los de su especie, en teoría. Letterman lo invita a hacer su número y él se va al centro, se sienta en un banquillo y comienza a hablar de su vida desgraciada. Algunos ríen pero él les pide que no lo hagan —¡es un comediante que le pide al público que no se ría!—. También ruega que le den algo de dinero porque está en la quiebra. Se va tras cámaras, se acerca a la audiencia, recoge algo de efectivo moviéndose entre las butacas y se marcha. Ovación.  

Cuenta la leyenda que Andy Kaufman (Nueva York, 1949-1984) llevaba sus bromas hasta las últimas consecuencias. Cuando se inventó la disparatada Lucha Libre Intersexos y fue golpeado por un luchador profesional. Cuando leyó El Gran Gatsby en una presentación de stand up comedy. Cuando hizo que una señora fingiera un infarto en pleno show en el Carnegie Hall. Estos episodios, todos reseñados en la película biográfica Man on the moon (1999), correspondían a un humor que no era únicamente para reír. Era la comedia llevada al extremo, rozando el performance, buscando mover otros músculos que jamás mueven aquellos que no entienden de sarcasmos, ironías y absurdos.

Por supuesto que Jim Carrey lo tuvo en un pedestal desde la primera vez que lo vio en pantalla. Claro que se hizo su fan desde jovencito. Desde luego se identificó con él, más aún al conocer su historia personal. Así lo cuenta el actor canadiense en el documental Jim & Andy: The great beyond (Netflix), cuando se encuentra frente a frente con su yo de hace dos décadas. Su yo al que le tocó interpretar a su ídolo.  

Aquel, un joven humorista superdotado, devenido en actor, que experimentaba la resaca de los primeros tragos a vaso lleno de fama y fortuna hollywoodense gracias a tres películas, todas taquilleras y memorables, lanzadas el mismo año 1994: Ace Ventura: Pet detective, Dumb and Dumber y The mask. El de ahora, un hombre de 55 años, barbudo, experimentado y… atormentado.  

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Una cámara siguió a Jim Carrey durante todo el rodaje de Man on the moon. Mientras interactuaba con el resto del equipo en el área de catering. En su camerino. En el cuarto de maquillaje. Durante sus charlas con REM, agrupación que aportó dos grandes canciones a la banda sonora: una editada en 1992 y titulada “Man on the moon”, con varias alusiones a Andy Kaufman; y otra, “The great beyond”, hecha especialmente para el filme (ambas sonaron en el único show que ofrecieron en Venezuela en 2008).

La cinta siempre estaba en movimiento, registrando cada paso del actor; y esas imágenes permanecieron engavetadas en su oficina durante casi 20 años, hasta que en 2017 Spike Jonze (Her, Being John Malkovich, Adaptation), quien firmó como productor del documental, movió sus tentáculos para que fueran aprovechadas.

Para Jim Carrey no fue un papel más. Hacer de Andy Kaufman fue un trabajo que le cambió la vida. Una experiencia mística. Y también lo fue para el resto del equipo, que veía cómo Andy Kaufman había revivido en plena década de los 90. Que en lugar de llegar Carrey, cada día entraba al set un cuerpo que prácticamente había alojado a Kaufman, muerto prematuramente a sus 35 años de edad por un cáncer que lo consumió en cuestión de meses.

Danny De Vito, Tony Danza, Paul Giamatti. Todos miran a la cámara con cara de impresión. Qué extraño. Es exactamente como era él. Todo esto es surreal. Porque Jim Carrey nunca iba al rodaje. Iba solo Andy Kaufman. Siempre Andy Kaufman. Y había que referirse a él de esa manera y tratarlo como tal. Y como a él le hubiese encantado, Carrey llevó su nueva broma hasta el extremo, agotando la paciencia de Milos Forman, director de la película, quien en el fondo y a la postre agradeció el compromiso y ese ingrediente de demencia reencarnada que convirtió aquella película en un clásico instantáneo.    

Danny DeVito y Jim Carrey

Jim & Andy: The great beyond no es un making of. Es un viaje introspectivo de un personaje que engulló a otro y, al hacerlo, descubrió una infinidad de cosas sobre sí mismo y acerca del oficio del actor, del humorista y del entertainer. ¿Existe otro caso en el cual el documental sobre la película sea tan relevante como la propia película? Antes de esta cinta, veíamos el monumento desde una perspectiva, como un mapa, bidimensional. Ahora, gracias a ella, podemos verlo como si lo sobrevoláramos en helicóptero, con todos sus relieves y complejidades. Ya una obra no puede entenderse completamente sin la otra.

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La omisión del apellido en el título del documental ha sido deliberada. La obra realmente se llama Jim & Andy: The great beyond, featuring a very special contractually obligated mention of Tony Clifton. ¿Y quién es Tony Clifton? Un personaje que se inventó Andy Kaufman y al cual protegió su independencia hasta la muerte. Siempre negó que fuera él quien, disfrazado, actuara como este crooner bigotudo, déspota, vicioso, desgarbado, putañero, alérgico a las duchas. Una estrella del mal gusto. Un frankenstein de lo políticamente incorrecto.  

Andy Kaufman salvaguardó la veracidad de Tony Clifton a tal punto que hizo que su gran amigo y cómplice Bob Zmuda también lo reprodujera fielmente, de manera que él pudiera estar en un sitio y, en simultáneo, Tony Clifton, con vida propia, pudiera hacer algún escándalo en otro. ¿Ven que no soy yo?

El Sr. Clifton —es decir, Jim Carrey haciendo de Andy Kaufman haciendo de Tony Clifton—volvió para actuar as himself en la película, sacando de quicio a todos. Borracho, con una prostituta colgada de cada brazo, fumaba donde estaba prohibido, buscaba a Steven Spielberg en su casa para gritarle cuatro cosas sobre sus películas y reclamarle que no había hecho nada decente desde Tiburón, o se aparecía en una fiesta en la Mansión Playboy, de la que sería expulsado por la seguridad —mientras Jim Carrey se estaba comiendo una hamburguesa en otro lugar—. ¿Y cómo era posible tal cosa? Zmuda, otrora compañero de travesuras de Kaufman, también se había hecho cómplice de Carrey. Así, Tony Clifton pudo regresar con todo su decadente esplendor.

Carrey interpreta a Andy Kaufman enfermo

Para las últimas escenas, que retratan los días agónicos del cáncer y la búsqueda desesperada de una cura, Jim Carrey en la piel de Andy Kaufman, o Andy Kaufman en la piel de Jim Carrey, llegó al set calvo, pálido, deprimido. En una palabra, enfermo. Reprodujo las últimas líneas del guión. ¡Claqueta! Adiós.

Hubo un desfase en la agenda de trabajo de Carrey/Kaufman. La grabación del videoclip de la canción “The great beyond” de REM estaba pautada después de que culminara el rodaje del filme, y no antes, como hubiese querido el actor. Cuando llegó la fecha, la banda cumplió con la cita. Todo estaba listo para filmar. Luz, cámara… pero Carrey, el protagonista de la pieza, no llegaba. No llegó jamás, por una razón muy sencilla: Andy Kaufman había muerto por segunda vez.  


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