Economía

Hiperinflación: un mapa de propuestas

por Prodavinci

Fotografía de Juan Barreto para AFP

02/12/2018

Cada día el dinero de los venezolanos compra menos por un incesante y colosal incremento de los precios. Venezuela está en hiperinflación. Para diagnosticar este fenómeno, la mayoría de los economistas emplea la definición establecida por Phillip Cagan en 1956: un país sufre hiperinflación cuando el aumento de precios es al menos 50% en un mes y culmina el mes previo a un período continuo de doce meses con inflación por debajo de ese umbral.

El Banco Central no publica estadísticas oficiales desde 2015, pero la medición que realiza la Asamblea Nacional registra que desde noviembre de 2017 Venezuela padece una hiperinflación que ha ido ganando intensidad: sólo en el mes de octubre los precios registraron un salto del 148,2% y en los últimos doce meses acumulan un incremento del 833.997%.

El epicentro

Economistas de distintas tendencias coinciden en que el desequilibrio que desintegra a la moneda venezolana tiene su origen en las finanzas del Estado. El petróleo provee 96 de cada cien dólares que ingresan al país y, a diferencia de la mayoría de los petroestados, Venezuela no ahorró durante el período en que el oro negro se cotizó a niveles récord y no incrementó la cantidad de crudo que coloca en el mercado. De hecho, la producción petrolera registra un declive del 51% al contrastar octubre de este año con octubre de 2012. Además, se endeudó masivamente en divisas y gastó buena parte de los recursos en proyectos que no son capaces de exportar.

El declive de los precios del petróleo y el descenso en la cantidad de barriles que el país vende diariamente en el exterior disminuyó el ingreso de dólares, ante lo cual el Gobierno recortó drásticamente las importaciones y la venta de divisas al sector privado, dejando a las empresas con pocos insumos y materia prima para producir.

La caída de la producción desplomó la recaudación de impuestos en términos reales, generando un enorme déficit en las cuentas públicas que firmas como Ecoanalítica calculan en la astronómica cifra de 19% del PIB. Ante este enorme desajuste, el Gobierno y el Banco Central optaron por crear nuevos bolívares a un ritmo frenético, originando un profundo desbalance entre la oferta y la demanda: más dinero detrás de pocos productos, una combinación que dispara los precios.

El 17 de agosto de 2018, el presidente de la República, Nicolás Maduro, admitió que por la caída de los ingresos “tuvimos que ir a la emisión de dinero para poder respaldar las misiones socialistas, la construcción de viviendas, para poder respaldar el sistema de bonos de los carnets de la patria, para poder respaldar los aumentos bimensuales de salarios, de cesta tickets”.

La respuesta del Gobierno

El Gobierno anunció el 20 de agosto de 2018 el Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica que, según el presidente Nicolás Maduro, contempla “disciplina fiscal prusiana y eliminar definitivamente la emisión de dinero no orgánico y sustentar la emisión de dinero en la producción de riqueza, de petróleo, de oro, turismo, exportaciones no tradicionales, en los tributos internos”.

Para aumentar los ingresos del Estado, el Gobierno elevó la alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA) para “bienes suntuarios” de 12% a 16%, creó el impuesto a las grandes transacciones financieras con una tasa del 1% para las empresas y del 2% para los bancos y obligó a las empresas a adelantar el pago semanal de los tributos. Además, anunció que el precio de la gasolina aumentaría hasta alcanzar niveles internacionales.

Al mismo tiempo, el Gobierno incrementó el gasto de manera considerable elevando el monto de los bonos que reparte directamente a familias y aumentando en 3.711% el ingreso mensual mínimo de los trabajadores. El Gobierno no sólo debía pagar el ajuste salarial en el sector público, sino que también se comprometió a hacerlo por 90 días en todas las empresas privadas que soliciten esta ayuda.

Tras dos meses y medio del anuncio de las medidas, todo indica que el retraso en el ajuste en el precio de la gasolina, el incremento del gasto público y la poca recaudación que puede obtenerse de una economía en recesión desde 2015 ha obligado al Banco Central a continuar con la acelerada creación de dinero.

Las estadísticas oficiales registran que desde el momento del anuncio del Programa de Recuperación y el 16 de noviembre de 2018, la cantidad de dinero en la economía experimentó un salto de 545% y mantuvo el ritmo de expansión de los últimos doce meses. Este salto es el reflejo de un tendencia de largo plazo: entre 2011 y 2014, el crecimiento de la liquidez promedio fue de 0,93% semanal. Entre 2015-2018, ha sido de 5,03%

El Gobierno acompañó las medidas tributarias con la publicación en Gaceta Oficial del precio que deben tener 25 alimentos básicos y ocho productos de higiene personal, dejando en claro que mantiene la intención de combatir la hiperinflación a través de los controles.

En teoría, los precios surgieron de común acuerdo con los empresarios, pero en una importante cantidad de rubros las empresas no pueden cubrir sus costos y los comercios no tienen margen de ganancia; además, no hay una periodicidad prevista para actualizar los precios en un entorno de costos crecientes. El resultado ha sido desabastecimiento en los canales formales y reventa en el mercado negro a precios superiores al regulado, una dinámica que el economista Leonardo Vera ha identificado como parte del fenómeno hiperinflacionario en Venezuela.

El 20 de septiembre, Nicolás Maduro admitió que “en la línea de abastecimiento y precios respetados y acordados ha habido perturbación y estamos en esa batalla diaria en todos los municipios y estados del país”.

Tratamiento integral

La Academia Nacional de Ciencias Económicas ha planteado que para acabar con la hiperinflación se requieren medidas en diferentes ámbitos que permitan resolver el desajuste de las cuentas del Estado por vías distintas a la creación de dinero. En primer término, recomienda acudir a organismos multilaterales para obtener financiamiento en dólares y, al mismo tiempo, negociar con los acreedores plazos mayores para el pago de la deuda externa que, sin acuerdo alguno, absorberá durante los próximos diez años al menos un tercio de las divisas que aporten las exportaciones petroleras.

Además, considera necesario eliminar el control de cambio y establecer un tipo de cambio único y competitivo. Este paso se traduciría en que PDVSA dejaría de vender los dólares que obtiene por las exportaciones petroleras a una tasa artificialmente baja, aumentando sus ingresos y disminuyendo el déficit que el Gobierno cubre con la creación de dinero del Banco Central.

Un aspecto a tomar en cuenta es que, como en el mercado oficial el tipo de cambio es artificialmente bajo, no hay suficientes divisas para satisfacer la demanda, lo que origina un mercado paralelo donde el dólar se cotiza a una tasa muy superior a la que difunde el Banco Central. La consecuencia es que este dólar paralelo influye en el precio de una amplia gama de productos y servicios.

“Es menester sustituir cuanto antes el financiamiento monetario del gasto público por financiamiento contratado con los organismos multilaterales, sujeto a un proceso de saneamiento de las cuentas del Estado y la unificación, estabilización y liberación efectiva del tipo de cambio”, recomendó la Academia Nacional de Ciencias Económicas el 10 de octubre de 2018.

Humberto García Larralde, presidente de la Academia de Ciencias Económicas, propuso en su trabajo ¿Por qué se ha producido la hiperinflación actual en Venezuela? “terminar con la impresión de dinero sin respaldo por parte del Banco Central, lo que implica sanear y equilibrar las cuentas fiscales, y aumentar la eficiencia de la gestión pública. Ello debe acompañarse con la unificación del tipo de cambio, auxiliado por un generoso financiamiento externo, que permita su rápida estabilización a niveles muy por debajo de la cotización del dólar paralelo”.

Entre las medidas que habría que aplicar para disminuir el déficit de las cuentas públicas, economistas como Douglas Barrios, investigador del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, incluyen el aumento del precio de la gasolina a fin de acabar con un oneroso subsidio que principalmente beneficia a la capa de mayor ingreso de la sociedad.

Para noviembre de 2018, los venezolanos cancelan por un litro de gasolina de 95 octanos menos de 0,0000001 dólares calculados a la tasa de mercado paralela, cifra que se traduce en el combustible más barato del mundo. De haber vendido la gasolina a precios internacionales, el país habría recibido en los últimos quince años alrededor de 135 mil millones de dólares, de acuerdo con cálculos de Douglas Barrios.

Las investigaciones indican que el 27% del subsidio que representa la venta a precios ínfimos de la gasolina lo recibe la población en pobreza, el 26% el quintil de mayores ingresos y alrededor del 45% queda en manos de contrabandistas.

Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica, presentó el 8 de noviembre de 2018 los aspectos principales de un programa de consenso en el que trabajan economistas de distintas tendencias.

Este enfoque contempla acabar con la falta de dólares mediante financiamiento internacional y la reestructuración de la deuda externa, pero agrega la posibilidad de aumentar la disponibilidad de divisas mediante donaciones y el incremento de la producción petrolera con la participación del sector privado. De esta forma, afirma, sería posible “el aumento de las importaciones para recuperar la producción y el abastecimiento, además de financiar el gasto público sin emisión inorgánica de dinero”.

El 9 de julio de este año los economistas Ricardo Hausmann, Miguel Ángel Santos y Douglas  Barrios publicaron un artículo en el New York Times donde afirman que “en nuestras proyecciones, además de la reestructuración de la deuda y de un paquete financiero de 60.000 millones de dólares, Venezuela requerirá de donaciones de rápido desembolso por aproximadamente 20.000 millones de dólares, necesarios para financiar la importación de materias primas, insumos intermedios, repuestos, medicinas y equipos necesarios para iniciar la recuperación acelerada de la producción”.

El programa de consenso añade que para impulsar el crecimiento de la economía, al mismo tiempo que se acaba con la hiperinflación, también es necesario “crear los incentivos para que la sociedad se dedique a producir para suplir las necesidades de todos, restableciendo los mecanismos de mercado” eliminando los controles de precios, de cambio, de importaciones y de movilización de bienes.

La necesidad de contar con una política social que proteja a los grupos vulnerables y que les permita insertarse en una economía en crecimiento también ha estado presente en el diseño del programa. Aparte de asegurar los recursos, mediante el financiamiento internacional y donaciones, se contempla el uso de subsidios directos y mecanismos de mercado “en vez de intentar crear un sistema logístico de emergencia”.

El Banco Central

El aspecto institucional también ha formado parte de la discusión. Omar Zambrano, quien se ha desempeñado como como economista principal del Banco Interamericano de Desarrollo en Bolivia, Perú y República Dominicana, ha planteado la necesidad de reformar la Ley del Banco Central para revertir una serie de modificaciones realizadas durante el mandato de Hugo Chávez que pavimentaron la autopista hacia la hiperinflación.

La reforma tendría como objetivo establecer nuevamente que PDVSA deposite todas las divisas provenientes de las exportaciones de petróleo en la cuenta de las reservas internacionales, administrada por el Banco Central. Esta medida acabaría con una cantidad de fondos en divisas que se manejan de forma poco transparente y le otorgaría al Banco Central una herramienta para influir en la cantidad de bolívares que circula en la economía mediante la compra y venta de dólares.

Otra reforma clave es eliminar la posibilidad de que el Banco Central compre bonos emitidos por empresas públicas como PDVSA. Esta ventana, abierta por el Gobierno entre 2009-2010 mediante modificaciones a la Ley del Banco Central, permite la creación de dinero para financiar el déficit fiscal.

El ejemplo brasileño

Leonardo Vera, PhD en Economía de la University of East London y Profesor Titular de la Cátedra de Macroeconomía de la Universidad Central de Venezuela, ha propuesto que aparte de las medidas que permitan aumentar la disponibilidad de dólares, resolver la distorsión del tipo de cambio y acabar con la creación de dinero para financiar al Gobierno, el país tiene que plantearse una reforma monetaria similar a la que aplicó Brasil durante el mandato de Itamar Franco.

Brasil puso en marcha un ajuste que equilibró las cuentas públicas, pero lo complementó con una reforma monetaria que logró acabar con el componente inercial de la inflación. Tras años de un persistente desequilibrio, no había credibilidad en que el país podría alcanzar la estabilidad, por lo tanto, los empresarios, los comerciantes y los trabajadores continuamente incrementaban los precios o exigían aumentos de salarios a fin de protegerse de la inflación esperada para el mes entrante.

Las autoridades brasileñas derrotaron esta inercia con la introducción de una nueva moneda creíble y anclada indirectamente al dólar. Para alcanzar este objetivo fue clave el empleo de una estrategia que se basó en el uso de la Unidad Real de Valor (URV).

El cruzeiro, la moneda existente, se siguió utilizando para las transacciones, pero todos los precios, los salarios, los impuestos, tenían un valor tanto en cruzeiros como en URV. La URV se mantenía estable; por ejemplo, un litro de leche costaba 1 URV, que equivalía a 5 cruzeiros. Al mes siguiente, el litro de leche seguía costando 1 URV, pero cada URV equivalía entonces a 10 cruzeiros.

Con este sistema, las personas y las empresas dejaron de calcular en cruzeiros y comenzaron a utilizar como referencia la URV que, a su vez, equivalía a un dólar. Tres meses después de introducida la URV, gracias a un ajuste fiscal exitoso, los precios se estabilizaron y fue entonces cuando Fernando Henrique Cardoso, quien se encontraba al frente del Ministerio de Hacienda, introdujo la nueva moneda, el Real, con paridad uno a uno con el dólar.

De esta forma, Brasil aplicó lo que podría llamarse un anclaje indirecto al dólar que fue clave para dejar atrás la inflación inercial e iniciar un ciclo de crecimiento económico y estabilidad de precios.

La propuesta de Leonardo Vera para lidiar con la inercia inflacionaria en Venezuela contempla el uso de una Unidad de Valor Indexada (UVI), que actuaría de la misma forma que la URV empleada en Brasil. La UVI se utilizaría junto al bolívar para marcar el precio de todas las transacciones y tendría una paridad 1 a 1 con el dólar.

Lograda la estabilidad en los precios por un plan de ajuste integral, desaparecería la UVI y se promovería la conversión a una nueva moneda.

La dolarización

Francisco Rodríguez, PhD de la Universidad de Harvard y quien se ha desempeñado como analista para la región andina de Bank of America Merrill Lynch, es partidario de la dolarización.

La idea es que el dólar sustituya al bolívar en los cajeros automáticos, las cuentas bancarias, el salario, el valor de los productos y en todas las transacciones. La base del planteamiento es que la hiperinflación se origina porque el Banco Central crea dinero en grandes cantidades para financiar al Gobierno y como los dólares sólo se fabrican en Washington y en Dallas, la dolarización quitaría a las autoridades venezolanas el poder de emitir su propia moneda.

El país funcionaría con los dólares que obtenga a través de las operaciones comerciales y financieras, dejando de existir un banco central con la potestad de imprimir billetes para financiar al Gobierno.

Francisco Rodríguez, quien respaldó la candidatura de Henry Falcón en las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018, afirmó que “no puede haber hiperinflación sin un aumento a grandes tasas de la cantidad de dinero en circulación y, si se adopta el dólar, es imposible que continúe la emisión porque no hay manera de imprimir dólares. Ésta es la gran ventaja de la dolarización, la promesa de no imprimir más dinero es 100% creíble, muchos planes de estabilización fracasan por la falta de credibilidad”.

Un aspecto importante es que desde esta óptica, en el desbalance entre ingresos y gastos del Gobierno incide de manera importante que la hiperinflación licúa la capacidad de compra de los bolívares que el Estado recauda en impuestos, por lo tanto, detener rápidamente la escalada de los precios es un paso clave para alcanzar la estabilidad en las cuentas públicas.

Para introducir la dolarización, el Banco Central utilizaría una porción de las reservas internacionales para canjearles a los venezolanos todos sus bolívares por dólares a una tasa que se definiría luego de que la moneda estadounidense flote libremente. Con el resto de las reservas, se crearía un fondo de estabilización que funcionaría como una alcancía para enfrentar los tiempos en que disminuya el precio del petróleo.

Para solventar problemas como la falta de dólares para pagar la deuda externa e incrementar las importaciones de materia prima a fin de que las empresas puedan aumentar la producción, el plan coincide con otras propuestas en la necesidad de obtener financiamiento de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y CAF Banco de Desarrollo de América Latina.

Como sustituir al bolívar por el dólar implica reformar el artículo 318 de la Constitución, hasta tanto no se concrete este paso habría un proceso de transición donde el Banco Central dejaría de emitir dinero y los venezolanos podrían suscribir contratos, abrir cuentas en dólares y adquirir divisas libremente.

Puntos de encuentro

Las propuestas realizadas por distintos economistas e incluso el Gobierno tienen áreas de coincidencia:

  1. Acabar con la creación de dinero para financiar el déficit fiscal: todos los enfoques coinciden en que ésta es la causa fundamental de la hiperinflación, de hecho, el presidente de la República, Nicolás Maduro, se comprometió a una “disciplina fiscal prusiana y eliminar definitivamente la emisión de dinero no orgánico”.
  2. Eliminar el control de cambio: las propuestas de economistas no relacionados al Gobierno concuerdan en la necesidad de eliminar el control de cambio e incluso el Gobierno, aunque no lo ha llevado a la práctica, aprobó una nueva normativa donde “se restablece la libre convertibilidad de la moneda en todo el territorio nacional”.
  3. Financiamiento internacional: los enfoques de economistas no relacionados al Gobierno concuerdan en que es necesario acudir a organismos multilaterales para obtener financiamiento en dólares a fin de acabar con la reducción de las importaciones a fin de recuperar la producción y el abastecimiento.
  4. Reestructurar la deuda externa: hay coincidencia en que éste es un paso fundamental para aliviar la sequía de dólares porque permitiría alargar los plazos para cancelar e incluso una reducción del monto a pagar. El Gobierno también coincide en esta medida. De hecho, aunque se desconoce si ha habido algún tipo de avance, el 2 de noviembre de 2017 Nicolás Maduro anunció “un reformateo completo de los pagos externos para hacer un equilibrio y cubrir las necesidades del país”.

La polémica

  1. La dolarización: esta propuesta despertó el debate entre los economistas. Las voces que no están de acuerdo con este camino señalan que la dolarización acaba con la posibilidad de devaluar la moneda, una herramienta que podría ser necesaria para enfrentar eventuales caídas en el precio del petróleo o promover la competitividad de las exportaciones. Además, se ha resaltado que la dolarización si bien detiene la posibilidad de que el Banco Central cree dinero para financiar al Gobierno, no resuelve el déficit fiscal. Otro aspecto es que obligaría a la economía a operar con un sistema financiero miniaturizado cuyo activo, medido en dólares, sería ínfimo comparado con otros países de la región.
  2. La secuencia: entre las áreas de discusión figura si es posible detener de inmediato la creación de dinero por parte del Banco Central o si es necesario ir a una disminución gradual, ya que por su elevada magnitud no será posible acabar con el déficit fiscal en poco tiempo. Un área clave en esta discusión es que se desconoce la magnitud de las pérdidas en las empresas públicas y los montos precisos de la deuda del Estado.
  3. Aumento de la gasolina: si bien hay consenso en que es necesario un ajuste, también hay opiniones divergentes sobre la magnitud del incremento y la modalidad a adoptar para subsidiar a la franja de la población que no podría asimilar el impacto.

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A continuación puede escuchar el primer episodio de “Economía venezolana, una explicación”, una serie que busca analizar la hiperinflación, el manejo de la deuda pública externa y la caída en la producción petrolera. Esta serie es parte de Economía Venezolana: una discusión pública, un proyecto diseñado para debatir e identificar consensos en relación a las distintas propuestas formuladas con el fin de solucionar los problemas económicos que sufre Venezuela.

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A continuación puede leer la reseña del foro Tres visiones de la economía venezolana desde la Universidad Católica Andrés Bello. 


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