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¿Hice mal en revelar la infidelidad de mi amigo a su pareja?

por Kwame Anthony Appiah

Fotografía de Cristopher González | Flickr

19/02/2019

Ya estoy entrado en años, pero todavía ejerzo mi profesión. No hace mucho, después de impartir un seminario sobre mi campo, un joven profesionista se me acercó con algunas preguntas que respondí con agrado. Nos mantuvimos en contacto y me volví su mentor.

Con el tiempo, nos hicimos amigos: el joven y su pareja, con quien vivía, venían a nuestra casa a cenar y mi esposa y yo íbamos a la suya.

La relación entre el hombre y su pareja tenía altibajos, principalmente debido a que él tenía problemas con la bebida, que a menudo lo afectaban en lo profesional. Su pareja lo acusaba de ser infiel, cosa que él negaba. Debido a su comportamiento, su pareja dejó de vivir con él un tiempo. Pasé muchas horas con ellos al teléfono, ayudándolos a resolver la situación y volvieron a estar juntos.

Poco después, este joven me confesó que, tras su reconciliación, se había acostado con varias personas durante una noche en la que bebió mucho. Me sentí muy perturbado y luego de varios días de agonía pensando en qué hacer y consciente de que no podría dar marcha atrás, decidí que necesitaba hablar con su pareja y contarle lo que había ocurrido. Lo hice y luego alerté al joven sobre lo que había hecho.

Desde entonces, no he hablado ni con él ni con su pareja, a pesar de dejarles mensajes de voz y enviarles correos electrónicos por separado. Mi esposa me reprendió duramente por destruir la relación del joven y por no haberla consultado antes de hacer la llamada. ¿Me podrían ayudar a resolver esto? Anónimo

En circunstancias comunes y corrientes —y, por desgracia, esto es lo que son—, cuando alguien te hace una confesión con la expectativa implícita de que no se lo dirás a su pareja, no deberías contemplar romper esa confianza sin decírselo primero. Principalmente, porque la persona que confió en ti tiene el derecho de tratar de disuadirte, en especial cuando, como en este caso, sabe más que tú sobre las posibles consecuencias de la revelación. Además, eso le habría permitido anticiparse y decirlo él mismo y así lidiar con las consecuencias como mejor lo creyera conveniente.

Tomaste esta decisión importante sin consultar a tu esposa (¿acaso es porque sospechaste que trataría de convencerte de no hacerlo?). Además ella también tiene una relación con estos jóvenes y podría haberte ayudado a reflexionar más a fondo tu decisión; tal vez habría estado en mejor posición que tú para decírselo a la pareja de tu amigo si, a fin de cuentas, decidías que era correcto hacerlo.

Por otra parte, no estoy del todo de acuerdo con tu esposa en que tú destruiste la relación entre este joven y su pareja. Tu joven amigo lo hizo cuando se emborrachó y se acostó con otras personas. Además, dado que eran amigos de ambos, te puso en un predicamento cuando te confesó su mal comportamiento. La razón por la que su expareja no se ha puesto en contacto contigo puede ser por vergüenza; o tal vez porque considera que eres amigo de tu discípulo y te ha abandonado junto con él. Existen muchas posibilidades. Así que no puedes inferir que su expareja siente que le hiciste daño.

Una amiga cercana y querida desde hace décadas nos visitó hace poco. Ella vive en otro estado y, aunque hablamos y nos escribimos con frecuencia, no nos habíamos visto durante varios años. Al comienzo de su visita, mi marido y yo nos sentimos alarmados por lo que parecía ser un marcado declive en sus capacidades cognitivas.

Como “regalo para la anfitriona”, me trajo prendas de ropa que evidentemente eran usadas. A menudo parecía algo confundida, incapaz de actuar de manera adecuada ante peticiones sencillas. Por ejemplo, si yo decía: “Te veo en la entrada del restaurante”, la encontraba del otro lado de la calle; o si decía: “Nos vamos en treinta minutos, te veo arriba”, la encontraba en el jardín podando las rosas. Además, se comportaba de una forma extraña: hablaba sola todo el tiempo, con frecuencia repetía historias, entablaba conversaciones, o más bien monólogos, con absolutos extraños, se llevaba el carrito del supermercado de alguien más y ponía el contenido en la banda de la caja.

Mi amiga vive sola, está casi distanciada por completo de su único familiar, un hermano, y se aísla de manera intencional. “No soy una persona que disfrute de pertenecer a grupos”, afirma. Hizo oídos sordos a las insinuaciones sutiles sobre la necesidad de que nos hagamos cargo de nuestra salud física, mental y social, en especial a nuestra edad, ya que podría decirse que ambas calificamos como adultas mayores.

Cuando la dejé en el aeropuerto para su vuelo a casa, me sentí como alguien que deja a su mejor amiga conducir sabiendo que ha bebido alcohol. Llegó a casa sana y salva, pero no sé qué hacer para ayudarla, o incluso si debo hacer algo. Aunque le he preguntado, nunca me ha dado información de contacto de los pocos amigos que tiene, sus vecinos ni su familiar (a quien no conozco y quien vive a miles de kilómetros de distancia).

Me siento responsable de mi querida amiga, pero no tengo derechos ni autoridad en su vida ni su bienestar. ¿Es ético ignorar mis preocupaciones? ¿Existe alguna forma correcta de lidiar con esta situación? Anónima

Dices que le hablaste a tu amiga del tema de una manera sutil. Sé que debió haber sido difícil hacerlo, pero tal vez habría sido más sensato ser menos sutil. Decirle lo que has notado y por qué te preocupa podría haberla ayudado a entender que necesitaba ayuda, además de asistencia para hacer planes a futuro. Luego podrías haberle preguntado qué sabía sobre los servicios locales que podrían darle esa asistencia. Tal vez pronto necesite encontrar un lugar donde puedan cuidar de ella una vez que no pueda hacerlo sola.

No obstante, tal vez todavía puedas hacer algo por teléfono o por escrito. Incluso si tu amiga está distanciada de su pariente, este es un momento en el que debe llamarse a la familia, en especial dado su aislamiento social. Además, si presionarla para que te proporcione la información de sus contactos sigue sin dar resultado, hay recursos con los que podría ponerse en contacto. Aunque no puede esperarse que seas tú quien la ayude de manera habitual, las exigencias morales de la amistad son fundamentos razonables para tratar de ponerla en contacto con los servicios que necesita.

Un familiar está considerando una estrategia financiera que en mi opinión es un grave error. Su único activo financiero es su casa y planea ponerla en venta con la intención de comprarla de nuevo cuando, en sus palabras, “el mercado inmobiliario se desplome el año próximo” en Los Ángeles. Mientras tanto, rentará una casa similar por un costo que se equipara al pago mensual de su hipoteca.

Cuento con treinta años de experiencia en los mercados financiero e inmobiliario y todo indica que mi familiar cometerá un grave error. Los inversionistas más experimentados del mundo coinciden en que es imposible saber cuándo sucederán las cosas en los mercados, ya sean financieros, de capital o bienes raíces. Con el peso de una renta, temo que mi familiar se gaste el dinero de la venta de su casa en unos cuantos años y se quede sin nada (también puede suceder que me equivoque y que los bienes inmuebles en Los Ángeles caigan 50 por ciento, como mi familiar cree. Si lo convenzo de conservar su casa y su valor disminuye, le habré dado un consejo muy malo).

¿Cuál es mi obligación ética en este caso? Mi pariente es muy susceptible a las críticas y me preocupa dañar nuestra relación, pero creo que comenzará su retiro sin ninguna red de seguridad si toma este camino. Anónimo

Cuando das consejos con base en conocimiento especializado, las cosas siempre pueden resultar de formas inesperadas. Eso no quiere decir que haya sido un mal consejo. Si le dices a un amigo que no invierta sus fondos para el retiro en boletos de lotería, le diste un excelente consejo. A pesar de ello, hay una posibilidad teórica de que a tu amigo le vaya mejor ignorándote.

Hay algo honesto que puedes decir en tu situación: tu trabajo no es convencer a tu familiar de no hacer nada en específico, sino decirle lo que harías en su lugar, de tal modo que pueda tener en cuenta tu experiencia sobre el tema para tomar una decisión. Cierto, si sigue tu consejo y luego decide que le habría ido mejor sin haberlo hecho, podría guardarte rencor, pero sabes que es poco probable. Lo que es más probable, si te abstienes de tratar de detenerlo, es que lo haga, sufra las consecuencias y te guarde rencor por no haberle advertido. Crees que las conversaciones necesarias con tu familiar serán difíciles porque, como dices, es sensible, pero exponerle la situación, tal vez incluso enviándole vínculos de algunos recursos en línea que sean de confianza, sería un acto digno de un familiar leal.

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Este texto fue publicado originalmente en el The New York Times en español.


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