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Actualidad

Guntars Gedulis (1952-2019): La música como forma de vida

por Nahir Márquez

24/11/2019

Guntars Gedulis. Foto cortesía Gaudeamus.

“La música es una ventana a un mundo diferente, espiritual; un puente que nos saca de lo cotidiano y nos une a la experiencia”

Guntars Gedulis

 

Una ordenada bitácora de sueños y notas indetenibles

A Guntars se le veía siempre en movimiento, un movimiento discreto y ligero. Nunca se detenía. Pero ¿qué había detrás de ese hombre de apariencia gentil y silenciosa, de labor imparable? Al abrir las páginas de su vida artística y mirar con detenimiento las miles de facetas que componían su universo profesional y humano, comienzan a salir de ella —como si de una cornucopia melódica se tratara— obras, labores, conciertos, la enseñanza como norte y una actividad coral planificada, constante y prolífica. No era difícil pensar y constatar que, detrás de ese movimiento, había una gran vocación enfocada poniendo en práctica no solo lo que le hacía feliz, sino lo que beneficiaba a su gente, a su mundo.

Guntars Gedulis amó a Venezuela, y lo hizo porque ese letón venezolano nacido en la ciudad de Nueva York (EE. UU.) volvió a nuestro país en su hogar, el lugar donde prosperaron sus sueños y proyectos como compositor, cantante, director y maestro, hasta en los tiempos más áridos. 

Nació el 27 de agosto de 1952 en Nueva York. Hijo de padres letones, estuvo siempre en contacto directo con sus raíces. Era difícil no descubrir, unos instantes luego de conocerle, que gran parte de su inspiración y esencia venían de las tierras bálticas, presentes, además, en tantas de sus obras. Aprendió de su padre, el cantante Visvaldis Gedulis, sus primeras lecciones musicales. El piano y el clarinete fueron los primeros instrumentos con los que participó en orquestas escolares.

Sus estudios transcurrieron en la ciudad de Nueva York, “su pueblo”, como siempre la llamaba. En 1969 se graduó en la High School of Music and Art de Manhattan, donde estudió teoría de la composición. Continuó su formación en dirección y composición en el City College de Nueva York y en 1974 se graduó al culminar una licenciatura de la Escuela de Artes Liberales y de la Escuela de Arquitectura. Aludiendo su distinguido historial académico, es aceptado ese año por la Sociedad Phi Beta Kappa, encargada de introducir a los estudiantes más destacados de las artes y las ciencias en las universidades líderes de Estados Unidos.

Foto cortesía Gaudeamus.

Entre los años 1971 y 1975 trabajó como profesor de música, letón y geografía letona en la Escuela Letona de Nueva York y en 1974 fundó y dirigió la Asociación Juvenil Letona de esa ciudad. Ya entonces componía activamente para corales, hacía arreglos de piezas folclóricas y escribía música escénica, como la que hizo para la obra de Anna Brigadere (La Princesa Gundega y el Rey Brusubārda), presentada en el Carnegie Hall (1975).

Y fue en ese mismo año, en 1975, cuando un cambio radical llegó a su vida, algo diferente a todo lo que había experimentado hasta entonces: llegó a Caracas.

Sus formas de interactuar con el mundo cultural de Venezuela fueron múltiples. Llegó transformando, educando. Se inició en la Escuela Letona de Caracas, donde fue maestro y director desde 1975 hasta 1978. Por esos años pasó también a ser fundador de la Asociación Venezolana de Letonia y la Asociación Venezolana de Juventud Letona.

Sus actividades y proyectos en el mundo coral avanzaban continuamente. Entre 1979 y 1982 dirigió el coro de estudiantes Coral Capella de Caracas. Fundó y dirigió el coro juvenil Canta Mundo (1982-1987), agrupación con la que hizo el lanzamiento de su obra: Poema sinfónico-coral en homenaje a Simón Bolívar para solista, coro mixto y piano. En 1987 fundó la sociedad de canto Gaudeamus, con la que trabajó hasta el presente.

Bajo su conducción dedicada y metódica, las agrupaciones corales dirigidas por él viajaron a múltiples destinos nacionales e internacionales. La amplia geografía nacional venezolana, Japón, China, India, Israel, Egipto, Perú, Colombia, Ecuador, Jamaica, Surinam, Trinidad, Panamá,  Estados Unidos, Polonia, Letonia y otras naciones bálticas fueron algunos de esos destinos donde la música y el canto en conjunto hicieron posibles sueños, aventuras, logros y recuerdos imborrables, a través del descubrimiento de la voz, el hilo delicado y del alcance infalible.

Guntars Gedulis y el coro Gaudeamus.

El mundo operístico tampoco le fue ajeno. Guntars estudió canto en la Escuela de Ópera de Caracas, donde, entre 1984 y 1987, participó en presentaciones de ópera y opereta, ejerciendo como cantante solista desde 1993. Por esa misma época, fue también maestro de coro para la Compañía de ópera Belcanto y para el Teatro Teresa Carreño, convirtiéndose en director regular del coro de ópera teatral en 2004.

Obtuvo numerosos galardones y reconocimientos, siete de sus obras corales fueron premiadas y en 2005 le fue concedido, por su trabajo en la sociedad y la cultura, uno de los mayores honores otorgados por el Gobierno letón: la Orden de las Tres Estrellas. Seguramente, a esta hora temprana de su partida, el 17 de noviembre de 2019, muchos otros honores ya le esperaban.

Los posibles reveses de las circunstancias que lo rodeaban nunca fueron obstáculo, siempre había una meta por alcanzar, un norte que contemplar a través de ese hacer constante nutrido de disciplina, intención y pasión por la vocación que seguía sin dudas.

Recuerdo la voz de Guntars, calma y segura, cuando un estado de emergencia, que azotaba las costas de Venezuela por la venida del  huracán Bret, amenazaba nuestro viaje a Choroní. El primero en llegar al punto de encuentro, como siempre, había sido él y, contra todo pronóstico, con la seguridad mayor y la sonrisa más suave, solo dijo: “¿Ya estamos todos? Nos vamos”. Bret llegó y sufrimos algunas consecuencias menores de su furia. La presentación fue un éxito.

Guntars Gedulis y el coro Gaudeamus.

O la ocasión en la que un trasatlántico de la Viking Line encaminado hacia Helsinki tuvo un accidente y se estaba hundiendo en medio del mar Báltico con todos nosotros. Y allí estábamos, cantando en la borda, en medio de la adversidad, dirigidos por Guntars.

Esa punta de lanza de mente clara, enfocada, constante y finalmente poética llamada Guntars Gedulis sonó siempre en tiempos de paz y tormenta. Su espíritu, el que animaba el sonido conjunto, es un eco vivo en todos nosotros y en quienes le amaron y reconocieron. En 2016 cumplió 45 años de actividad artística.

Los que le queríamos y conocíamos desde hacía tanto, sabíamos que a Guntars  le pertenecía una flor muy extraña, la de la pureza, y que su humor de transparencia insólita despertaba la ternura más escondida. Jamás enjuiciaba y su paciencia era infinita, pero también era dueño de una  terquedad luminosa y retadora, esa que le llevaba a sacar agua de fuentes imposibles.

Cabe preguntarse entonces: ¿puede caminar la luz en medio de la tormenta? La luz siempre  sabe su destino y la tormenta pasa.

Guntars Gedulis, amigo, maestro, suerte de mago que hizo de sueños realidades, esas que nos cambiaron la vida, gracias por habernos dado tantos regalos.

***

Nahir Márquez es periodista y fue cantante de la Sociedad Venezolana de Canto Gaudeamus.


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