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Entre la esperanza y el miedo: viviendo cerca de los glaciares en retroceso del Himalaya

por Catherine Davidson

14/11/2019

Fotografía de DW | Catherine Davison

Tashi Yudon se asoma por detrás de una cortina, mira hacia los tejados que tiene debajo y suspira. Su aliento se congela en el cristal de la ventana. A unos 700 kilómetros de distancia, en la capital, Delhi, las temperaturas descienden ahora mismo por debajo de los 25 grados centígrados, pero en Spiti, todos están expectantes mientras el invierno se asienta sobre el valle.

«Este mes llegará la nieve», predice la maestra de 27 años, que se envuelve en la bufanda. «Eso espero», añade.

Esperando la nieve

Enclavada en la ladera del Himalaya, a poco más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, su ciudad natal, Chichim, es uno de los pueblos a mayor altura del valle de Spiti. La nieve aquí significa más que la llegada de una nueva estación; su presencia es esencial para la supervivencia de la aldea.

«Nuestra agua proviene de las montañas”, explica Yudon, señalando una cima cubierta de nieve, que se eleva al fondo. Todo el valle se encuentra a la sombra de las lluvias. Cuando el monzón trae precipitaciones a otras regiones, en el valle apenas llueve porque está protegido por las montañas del Himalaya.

Aldeas como Chichim dependen completamente del derretimiento del hielo, que gotea de los glaciares cada verano. Un suministro que se repone en invierno cuando nieva.

Escasez de agua y retroceso de glaciares

En las últimas décadas, sin embargo, las nevadas han disminuido drásticamente. Los glaciares del Himalaya pierden un total de ocho mil millones de toneladas de hielo al año. «El hielo de las montañas escasea y los veranos cada vez son más largos”, lamenta Yudon, frunciendo el ceño. Su madre asiente con la cabeza y añade: «cada vez hay menos agua».

Más abajo en el valle, en Pangmo, vive Tashi Tandup. Este hombre de 67 años ha pasado toda su vida en la aldea. Está preocupado: «cada año nieva menos en las montañas. Siempre hemos tenido problemas de abastecimiento de agua, pero antes había mucha nieve. Tomábamos la nieve de las montañas y luego bebíamos el agua”. El año pasado, después de un invierno sin nevadas, el pueblo se quedó sin agua.

La reducción de las nevadas y el retroceso de los glaciares afectan a toda la región del Hindu Kush en el Himalaya. Un reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) proyecta que, en las regiones montañosas de menor altitud como en el valle de Spiti, «los glaciares perderán más del 80 por ciento de su masa actual para el año 2100».

El informe confirma así las conclusiones de un estudio anterior. Este pronosticaba que, aunque el calentamiento global se limitara a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales (un objetivo establecido por el Acuerdo de París sobre el Clima, en 2015), más de un tercio de los glaciares de la región habrán desaparecido a finales de siglo. Según el estudio, los peores escenarios predicen «una pérdida casi completa de glaciares».

El rápido retroceso de los glaciares tendría un impacto directo en diez de los principales sistemas fluviales del mundo, que se originan en la región. En verano, aumentaría el riesgo de inundaciones y finalmente podría originar sequías a medida que desaparece el hielo. Casi 2.000 millones de personas que viven río abajo se verían afectadas. El informe del IPCC también predice que a medida que se produzca un deshielo, se liberarán sustancias nocivas de hollín, que durante décadas se han depositado en las cumbres montañosas. Esto podría contaminar el agua de las montañas corriente abajo.

Consecuencias en la población

En las regiones de menor altitud del Himalaya, como Spiti, donde los glaciares eran pequeños desde el principio, su recesión ya está teniendo un impacto en las aldeas que dependen de los mismos.

Butith Dolma se mudó hace ocho años a la aldea de Demul, después de casarse. «En tan solo ocho años, hemos sufrido dos sequías», recuerda. «Nos quedamos sin agua y los cultivos no podían crecer», lamenta.

La madre de dos hijos, y 27 años de edad, teme que si la situación del agua empeora, su vida en Demul pueda llegar a ser insostenible. «De alguna manera, podemos sobrevivir a la escasez de agua durante un año, pero si ocurre regularmente, tendremos que mudarnos», manifiesta.

En la cercana ciudad de Ladakh, la escasez de agua ya ha provocado la migración de aldeas enteras. En 2014, los habitantes de Kumik se vieron obligados a trasladarse a Zanskar, después de que se secara el río del que dependían para obtener agua.

«La agricultura es la principal fuente de ingresos aquí y depende mucho del agua», explica Ishita Khanna, cofundadora de la ONG Ecosphere, con sede en Spiti. «Si la situación continúa, pueblos enteros se mudarán», afirma.

Mitigando el impacto del cambio climático

Ecosphere está trabajando para mitigar el impacto del cambio climático utilizando métodos tradicionales de conservación de agua, combinados con tecnología moderna. Así, por ejemplo, se emplean bombas solares para extraer agua río arriba cuando se secan las reservas de las montañas.

En Demul, han experimentado con diques de contención y glaciares artificiales, diseñados para congelar el agua antes de que fluya de la tierra. «No podemos controlar la cantidad de nieve que cae”, lamenta Ishita. «Pero podemos tratar de atrapar la mayor cantidad de nieve o agua posible».

No obstante, Ishita reconoce que bombear el agua del río e impedir su drenaje no es una solución sostenible a largo plazo. Después de todo, el suministro de agua se agotará por completo si no hay suficiente nieve.

Este hecho también preocupa a Tandup, sentado en su casa de Pangmo, donde Ecosphere ha instalado una bomba de energía solar. «Si solo dependiéramos del río Spiti, podríamos construir una bomba y sería una solución», dice. «Pero si cada vez nieva menos, como en la cima de Kunzum (la montaña más cercana), los ríos se secarán en algún momento, y entonces tendremos un gran problema», señala.

El anciano cuenta que conoce a dos o tres familias jóvenes, que ya han abandonado el valle. «Se han mudado a Manali debido a la escasez de agua». Pero él, como la mayoría de familias de aquí, no considera la posibilidad de mudarse por falta de dinero. «Toda nuestra tierra y nuestro ganado están aquí», explica. «No tenemos tierras en otros lugares».

Yudon aparta la mirada de la ventana, del escenario de montañas sin nieve. Está de acuerdo con su vecino: «esta es nuestra tierra, nuestro hogar», dice señalando las casas cuadradas dispersas que se ven debajo. Y concluye: «Nos quedaremos aquí en Chichim. Incluso sin agua. No hay otra solución».

Autor: Catherine Davidson (ar/rml)

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