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El narcotráfico en internet: el nuevo reto de la policía

por Nathaniel Popper

Fotografía de Louish Pixel | Flickr

25/06/2019

SAN FRANCISCO — Hace poco los sitios web Wall Street Market y Valhalla, dos de los mercados de droga más grandes del llamado internet oscuro o dark web, fueron detenidos por autoridades estadounidenses y europeas.

Sin embargo, el deseo que tienen muchas personas de conseguir drogas desde la comodidad de su hogar o de ganar dinero al vender esas sustancias, suele ser mayor al miedo de ser arrestados.

A pesar de las medidas coercitivas y las incautaciones de páginas como Wall Street Market —en los últimos seis años han cerrado media docena de sitios—, todavía hay alrededor de treinta mercados ilegales de narcotráfico en línea, según DarknetLive, una página informativa especializada en el internet oscuro.

En la primera semana de junio, los interesados aún podían obtener cinco gramos de heroína —“calidad de primera mano sin mezclas”— por 0,021 bitcoines (aproximadamente 170 dólares), o un décimo de gramo de cocaína en crack por 0,0017 bitcoines (aproximadamente 14 dólares) en un mercado conocido como Berlusconi.

El combate al narcotráfico en línea comienza a parecerse a la guerra contra las drogas del mundo físico: hay redadas, los sitios son clausurados y algunas personas son arrestadas. Pero, después de un tiempo, el comercio y los mercados reaparecen en otro lugar.

“La inestabilidad se ha vuelto parte de la experiencia del mercado en el internet oscuro”, dijo Emily Wilson, experta en el internet oscuro en la firma de seguridad Terbium Labs. “La gente ya no se asusta tanto por las clausuras como lo hacía en un inicio”.

Los mercados del internet oscuro se consideran uno de los principales medios para obtener fentanilo y otros opioides sintéticos. Esas drogas a menudo se producen en China y son enviadas a los usuarios del internet oscuro.

En Empire, uno de los mercados más grandes que aún están en línea, los visitantes pueden elegir entre una lista de más de 26.000 drogas y químicos, entre ellos más de 2000 opioides, que son enviados por correo.

Las ventas ilícitas de drogas en línea se han vuelto más complejas y han aumentado su volumen desde el cierre de Silk Road, el mercado original del internet oscuro que comenzó sus operaciones en 2011 e inicialmente solo ofrecía una pequeña selección de hongos psicodélicos.

Cuando las autoridades clausuraron la página de Silk Road en 2013 y encarcelaron a su creador, Ross Ulbricht, muchos suponían que ese castigo disuadiría a los imitadores.

Sin embargo, los comerciantes que vendían drogas en ese mercado migraron a sitios rivales configurados con una infraestructura similar: el explorador web Tor, el cual oculta la ubicación real de origen de los sitios web y de sus visitantes, así como el sistema de Bitcoin, que básicamente permite hacer pagos anónimos.

En 2017, algunos años después de la clausura de Silk Road, la policía acabó con dos de sus más grandes sucesores, AlphaBay y el mercado Hansa. Excepto que ya había cinco veces la cantidad de tráfico en el internet oscuro que durante el punto álgido de Silk Road, de acuerdo con Chainalysis, una firma que analiza el tráfico del bitcóin.

Los gobiernos han dedicado cada vez más recursos importantes al combate de los mercados en el internet oscuro, sobre todo conforme va quedando más claro el papel que desempeñan esos sitios web en el aumento de uso de opioides.

A principios de 2018, el FBI creó el equipo Joint Criminal Opioid Darknet Enforcement, o J-Code, con más de una decena de agentes especiales y miembros de personal. La Europol tiene su propio equipo dedicado al internet oscuro. Y las autoridades de muchos lugares han aumentado su enfoque más allá de los administradores que se encargan de las páginas web como Ulbricht.

Durante los primeros meses de 2019, los funcionarios estadounidenses llevaron a cabo un operativo llamado SaboTor, que se enfocó en los comerciantes que venden drogas en el internet oscuro. Hubo 61 arrestos en unas cuantas semanas. Las autoridades dijeron que una de las organizaciones criminales, en la zona de Los Ángeles, hacía envíos de 1500 paquetes de crack, heroína y metanfetaminas cada mes.

Richard Downing, quien se encarga de la sección de delitos cibernéticos del Departamento de Justicia, dijo que él y sus colegas se han enfocado en aprovechar técnicas para generar desconfianza en los sitios, al hacer creer a los usuarios que los vendedores y los administradores de las páginas web son infiltrados y están dándole información a la policía.

Hay algunas señales de que estas tácticas han limitado el crecimiento de los mercados. Cuando las autoridades acabaron con el Wall Street Market, a principios de mayo, la página tenía 5400 vendedores, solo una séptima parte de los que tenía AlphaBay cuando fue clausurado dos años atrás.

Varios de los mercados ilegales también han empezado a prohibir la venta de fentanilo, opioide sintético de gran potencia, con el fin de ser blancos menos atractivos para la policía. Berlusconi, uno de los mercados más grandes, anunció que llevaría a cabo ese cambio a principios de mayo, poco después de que fue clausurado Wall Street Market.

No obstante, el impacto de las acciones policiales de los últimos dos años podría ser temporal.

Los datos de Chainalysis sugieren que, antes de la ofensiva más reciente, las transacciones totales en el internet oscuro se habían recuperado, hasta alcanzar casi el 70 por ciento de su máximo antes de que se clausurara AlphaBay, y estaban creciendo mensualmente.

Downing, el abogado del Departamento de Justicia, dijo que incluso las autoridades reconocían que los mercados del internet oscuro se habían convertido en una parte perdurable de la economía criminal.

“Después de haber pasado algunos años de este ciclo, es difícil decir que probablemente vamos a acabar con este problema por completo”, dijo Downing. “Tengo la esperanza de que nuestros esfuerzos para aumentar la disuasión y la desconfianza están teniendo un impacto en la velocidad con que regresan y la fuerza con que lo hacen”.

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Este texto fue publicado originalmente en The New York Times en español.


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