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Cinco rescates exitosos en cuevas, una esperanza para los jóvenes tailandeses

por Mike Ives

04/07/2018

Créditos: Handout / ROYAL THAI NAVY / AFP

HONG KONG — El mundo observa mientras trabajadores de los cuerpos de emergencia en Tailandia se preparan para rescatar a doce niños y a un entrenador de fútbol que fueron descubiertos este lunes 2 de julio en una cueva inundada, Tham Luang, donde quedaron atrapados el 23 de junio, cuando ingresaron luego de un entrenamiento.

Después del gran alivio de localizarlos con vida, los rescatistas en Tailandia se enfrentan ahora al desolador reto de sacar a 13 individuos debilitados de una red de cuevas inundadas. Desalojar al grupo será difícil y peligroso, afirman expertos, en parte porque es poco probable que los jóvenes hayan practicado buceo con anterioridad.

Buzos experimentados en cuevas piensan que la evacuación podría ser lograda si los niños portan máscaras completas, en vez de intentar entrenarlos para que usen el equipo de respiración más sofisticado de buceo. Un funcionario naval tailandés se refirió a una aterradora opción que sería usada en el peor de los casos: dejarlos en la cueva durante cuatro meses, hasta el final de la temporada de lluvias.

No obstante, si la operación tiene éxito, será el ejemplo más reciente de una misión de rescate en una cueva que termina con un final feliz y no uno trágico.

La espeleología comenzó en las Islas Británicas a finales del siglo XIX, y los primeros clubes se fundaron en Inglaterra en las décadas de los veinte y los treinta, de acuerdo con el Consejo Británico de Rescate en Cuevas, cuyos buzos están involucrados en el intento de rescate en Tailandia. Sin embargo, a medida que el interés en la espeleología creció, afirma el consejo, los riesgos de “accidentes en lugares accesibles solo para otros interesados en la espeleología se incrementaron de forma simultánea”.

Estos han sido algunos casos de rescate en cuevas que tuvieron éxito:

Un grito de ayuda, en una caja

En 1983, ocho espeleólogos novatos quedaron atrapados en una cueva en Kentucky debido a que una tormenta causó que un arroyo aumentara su nivel, lo que tapó su única ruta de escape. Los rescatistas determinaron con precisión el área de búsqueda después de encontrar una nota en una caja —con la palabra “AYUDA”— que había dejado uno de los líderes del equipo.

“Hemos estado aquí desde las 11 a. m. sáb 23-4. Ahora lunes 25-4 12 mediodía”.

Horas después, los rescatistas encontraron a los espeleólogos esperando en una plataforma seca, poco más de 500 metros corriente arriba de donde fue hallada la caja, y les dieron comida y ropa para que se abrigaran”.

“Todos están bien”, dijo Tom Staubitz, el vicepresidente del club de espeleólogos, a The Associated Press, mientras los rescatistas se preparaban para desalojarlos. “Tienen un poco de frío”.

La noche de las 31 pizzas

En 1991, la experta en espeleología Emily Davis Mobley estaba explorando la cueva Lechuguilla en Carlsbad, Nuevo México, cuando una roca de casi 40 kilogramos cayó y le rompió la pierna.

Más de doscientas personas participaron en una operación de 91 horas para salvarla, de acuerdo con un reporte de Los Angeles Times. En cierto momento, subieron a Mobley, de 40 años, por un acantilado subterráneo de más de 50 metros.

Durante el rescate en la cueva, una de las más profundas en Estados Unidos, los trabajadores de emergencia bromearon que deseaban que les entregaran pizzas y margaritas de manera subterránea. Cuando Mobley regresó a la superficie, fue recibida con una de las 31 pizzas donadas por restaurantes locales.

“Muchas gracias. La pizza es buena para los espeleólogos”, dijo.

‘Estoy aquí y estoy vivo’

Gustavo Badillo, un instructor de buceo, estaba buscando un lago subterráneo en Venezuela cuando él y su compañero se sumergieron a través de aguas con “la claridad de budín de chocolate”, como se menciona en un reporte de 1992 en The Orlando Sentinel. El compañero regresó y volvió a la superficie, pero Badillo, entonces de 31 años, quedó atrapado en una bolsa de aire subterránea.

“Estoy aquí y estoy vivo”, gritó Badillo en la oscuridad. Sin embargo, nadie apareció, y, para el segundo día, la idea de suicidarse rondaba por su mente.

Dos buzos estadounidenses se sumergieron en la cueva posteriormente y salieron a la superficie arrastrando a Badillo, 36 horas después de su ingreso a la cueva. Badillo dijo que había estado rezando a la Virgen del Carmen, también conocida como la Virgen de los Milagros.

El rescate que se volvió político

En 2004, seis hombres británicos se dirigieron a una cueva mexicana con un grupo más grande con el plan de regresar 36 horas después. Pero el agua de una inundación los atrapó durante más de una semana, hasta que fueron rescatados por compatriotas que volaron para salvarlos.

De los seis hombres, cinco eran soldados, y el Ministerio de Defensa de Reino Unido dijo que su viaje fue puramente por deporte, de acuerdo con un reporte de la BBC. Sin embargo, algunos reportes de la prensa mexicana afirman que los hombres habían estado buscando materiales que pudieran ser usados para fabricar armas nucleares.

Atrapados en Riesending

En 2014 fue necesaria la colaboración de 728 personas para rescatar a Johann Westhauser, un físico que en ese entonces tenía 52 años y fue golpeado en la cabeza mientras exploraba la cueva más profunda de Alemania.

La cueva, conocida como Riesending (o cosa enorme), tiene una extensión de casi 20 kilómetros, y Westhauser estaba atrapado a casi 1150 metros de profundidad.

La operación de once días fue compleja y tampoco ayudó que la entrada de la cueva estuviera sobre una montaña de más de 1800 metros, lo que inicialmente hizo imposible que un helicóptero aterrizara. Sin embargo, los rescatistas finalmente lograron rescatar a Westhauser con el uso de una camilla.

“Cuando escuchamos que el rescate había sido exitoso, nos abrazamos; los hombres lloraron”, dijo a una reportera Sabine Zimmerebner, una maestra de jardín de niños y espeleóloga de Austria que participó en el rescate. “Todos estábamos llenos de júbilo”.

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Este texto fue publicado originalmente en The New York Times en español.


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