Literatura

No hemos venido a tomar prisioneros

por Federico Vegas

Tumba de Hafiz, Shiraz, Irán. Fotografía de youngrobv | Flickr

26/05/2019

Vengo a compartir la dicha de haber descubierto un poeta. Descubrir suena jactancioso, pero lo prefiero a “encontrar”, “tropezar”, “obedecer recomendaciones”.

En Shiraz, la ciudad persa donde nació Hafiz, lo más notable y turístico es un templo rodeado de bellos jardines construido en su honor. Supongo que hasta los niños lo recitan de memoria (excluyendo algunos poemas tan irreverentes que los incluyo en este ensayo con incierto pudor). Ha acumulado millones de seguidores, desde Nietzsche hasta Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes lo utiliza en sus disquisiciones sobre casos complicados). Incluyan, para ampliar el abanico, a García Lorca, Emerson y Brahms, quien utilizó sus versos en algunos de sus cantos. Engels le comentó a Marx que los versos de Hafiz son obscenos hasta traducidos al latín. Goethe se apasionó tanto con Hafiz que llegó a hacerle una antología bastante extensa y en un paroxismo se declaró musulmán. Debe haber mucho más, pero en la inmensidad del mundo y los casi siete siglos que han pasado desde que Hafiz escribió su extensa obra, puede que yo haya sido el único testigo de su grandeza durante los instantes de mi primera lectura y primer estremecimiento.

La ruta hasta sus líneas no la había preparado ni previsto, quizás ni siquiera merecido. Llegué a Hafiz hurgando los libros de un artista iraní, Siah Armajani, quien construye puentes que suelen llevarte al mismo lugar de donde partes. En la exposición de sus obras había un estante con las lecturas favoritas de Armajani, una muestra de palpable intimidad preferible a cualquier reseña. Primero divisé un tomo de Rumi, más venerado y conocido que Hafiz. Me apasiona tanto Rumi que le mostré uno de sus versos a una de las inmutables vigilantes del museo y logré conmoverla —ahora sé que es de Albania y ama Italia—. A solo una palma de distancia estaba el lomo de Hafiz, un alumno de Rumi cien años más joven.

Aquí entra en escena ese azar de abrir un grueso libro para darle un vistazo con prisa y hasta desdén. Suelo ser muy exigente; si las primeras líneas no se aferran a mis ojos y no me invade un cosquilleo y el tiempo no se paraliza y el papel no huele sabroso y mi cuello no se tensa como el de un arquero, lo regreso a su sitio para no abrirlo más. Treinta segundos más tarde esta aventura había comenzado y ya nunca podré detenerla. Le doy gracias al destino por mis años de ignorancia, los suficientes para celebrar una pasión convenientemente represada. A mi edad uno saca estas cuentas y piensa en la alternativa: ¿Cómo será morirse sin haber leído a Hafiz?

Te presento de una vez el primer poema que mis pulgares, jalando en dirección opuesta las dos mitades de un libro, pusieron ante mis ojos:

 

Una pregunta astronómica

¿Qué sucedería

si Dios se inclinara

y te diera un beso pleno y húmedo?

A Hafiz no le preocupa contestar estas preguntas astronómicas:

“Seguramente comenzaría

a recitar todo el día, embriagado,

picaros poemas

como este”.

Este poema tiene dos cosas que me fascinan: se muerde la cola y el poeta aparece como un personaje invitado. Me hago la misma pregunta: ¿Qué haría yo si Dios se inclinara y me diera un beso pleno y húmedo? Creo que saldría corriendo. La sola idea de su inclinación ya me asusta, como si se tratara de un árbol inmenso a punto de aplastarme.

El libro donde por primera vez me asomo a los poemas de Hafiz es una traducción del persa al inglés realizada por Daniel Ladinsky (quien a su vez se basa en la antología de Goethe). ¿Se deberá mi shock religioso a un error de traducción? “A full wet kiss” carga demasiado erotismo y algo de sacrilegio; suena a beso más francés que persa. “Wet” es un adjetivo muy explícito y sugerente. Existen los “wet dreams”, esos “sueños húmedos” que plagaron mis años de juventud buscando una amante que me iniciara. Es una cosa seria esto de la humedad. Paco Vera le preguntó a un maestro de San Sebastián de los Reyes por qué los espantos de ríos y quebradas son más fieros que los de tierra. El maestro Escobar contestó después de mucho meditar:

—Infiero que por lo húmedo.

Me gusta este verbo, “inferir”, que parece jugar con el adjetivo “fiero”.

Busco cómo se escribe “húmedo” en persa. Los caracteres son mucho más sensuales que los latinos, algo que ya sospechaba Engels. Parecen escritos con los labios y la lengua. Por cierto, encuentro un sospechoso parecido con las letras de “wet”, pues creo ver algo que semeja una “w” y una “e”

Este primer poema astronómico viene bien para aclarar que no me he vuelto un fundamentalista. Hafiz es un ejemplo clásico y creo que extremo de antinomianismo (otro descubrimiento de última hora), una actitud que rechaza cualquier ley y está contra las normas morales, religiosas o sociales. Entre los cristianos se refiere a quienes consideran que para llegar al cielo solo hace falta la fe y la gracia divina (otros dirán que la fe es la escalera grande y la gracia la chiquita). No es determinante cumplir con todos los mandamientos. Lo importante son los principios internos, no las compulsiones externas.

Esta actitud se comprende mejor en Persia, una tierra donde el misticismo sufí tiene tiempo sembrando, cosechando y llevando palo. Sería un atrevimiento de petulante novato que yo intentara definir qué es el sufismo. Solo voy a rozar lo que me atrae y nos concierne: entiendo que es una espiritualidad que se lleva bien con el vino, los besos, la belleza y el amor. Hay un pensamiento sufista para cada quien, es cuestión de buscar, o más bien de aceptar, pues “lo que buscas te está buscando a ti”.

Algunos pueden resultarnos dolorosos: “Compórtate en este mundo presente como si tuvieses que vivir siempre, y compórtate respecto al mundo futuro como si tuvieses que morir mañana”. Enfrentar nuestro presente como si fuéramos a vivir en él para siempre suena espantoso, cuando queremos alcanzar el futuro que soñamos y disfrutarlo por unos cuantos años. Voy a contradecir mis deseos de compartir la dicha de recitar estos versos hablando de ese presente tan nuestro, tan insistente, tan masoquista, justo lo que estoy tratando de evitar. Te pido disculpas por el uso de este poema para asomarme a lo que hoy estamos viviendo:

 

Las grandes religiones

Las grandes religiones son los barcos

Los poetas los botes salvavidas

Todas las personas sanas que conozco están brincando al agua

Lo que es un buen negocio

¿O no es así?

¿Hafiz?

Hafiz de nuevo se interroga. Esta vez lo hace dos veces y nunca llega a responder. Es como si le diera escozor reconocer que en tiempos de naufragios y exilios, derribamientos de cercas y brincos de talanquera, estampidas y deserciones, suele prosperar el poético oficio de rescatar almas que apenas logran flotar. Eso de llamar a la poesía un buen negocio es demasiado para el propio Hafiz.

El caso es que así estamos. Unos brincando al agua, otros chapoteando en ella. Venezuela, más que una tierra, es una marea que anega el país y nos extiende por el mundo, haciéndonos dolorosamente conscientes de la necesidad de pisar firme. Menos mal que para esta urgente tarea de los botes salvavidas sirven los poetas del presente y los del pasado, y los del futuro. El gran peligro son los falsos poetas que siguen cantando a las religiones perdidas, o aquellos que, después de saltar aparatosamente por la borda del barco que los hizo ricos y poderosos, pretenden construir su propio bote de salvamento. ¿Por qué no son machos como yo, que no he escrito un solo poema en mi vida? Ganas no me faltan, pero, ¿cómo hacerlo y mirar a Eugenio Montejo a los ojos con serenidad, aún después de muerto?

Por cierto, Hafiz fue panadero y Montejo pasó su infancia en la panadería de su padre. Para quien quiera escribir líneas como las de Eugenio: “va a amanecer, escribo para el mundo que duerme. La harina me recubre de sollozos las páginas”, le resultará más fecundo el oficio de hacer pan que el de embajador inocentón. ¿Te imaginas nadar en un mar a la deriva, subirte a un bote cuando estás a punto de ahogarte y encontrar al exembajador de Roma con ínfulas homéricas haciendo de timonel?

Pero yo venía a alegrar la vida de mis amigos con un canto, no a teñirla con un lamento. Mi amigo es todo el que sufre por Venezuela dentro o fuera de ella; mi enemigo el que se empodera y enriquece con el dolor de los venezolanos. Dicho esto, quiero reafirmar la propuesta de Hafiz:

 

No hemos venido a tomar prisioneros

No hemos venido aquí a capturar prisioneros,

sino a rendirnos aún más profundamente

a la libertad y al gozo.

No hemos venido a este mundo exquisito

para mantenernos rehenes alejados del amor.

¡Corre, querido mío,

lejos de todo aquello

que no fortalezca

tus preciosas alas florecientes!

¡Corre cuanto puedas, mi querido,

de cualquiera que pueda

clavar un afilado cuchillo

en la visión sagrada y tierna

de tu bello corazón!

Tenemos el deber de convertir en amigos

los aspectos de la obediencia

que están fuera de nuestra casa

y de gritarle a nuestra razón:

“¡Por favor, por favor,

salgamos a disfrutar!”

Porque no hemos venido aquí a capturar prisioneros,

ni a confinar nuestros maravillosos espíritus,

sino a experimentar siempre más y más profundamente

nuestro divino coraje, libertad y deseos de

luz.

Resulta que estaba bien encaminado cuando inicié mi lectura bajo el lance de los pulgares. Acabo de leer (todo está sucediendo vertiginosamente) que es una tradición iraní visitar la tumba de Hafiz en Shiraz, abrir uno de sus libros al azar, leer un poema y reflexionar sobre su contenido, como alguna vez espero hacer con la Biblia. Es tanto mejor que recitar una oración aprendida de memoria. Una frase del poeta promueve esta sana costumbre: “Nuestras palabras se convierten en el lugar donde vivimos”.

Y ahora voy a enseriarme y cumplir lo prometido. Nada de referirme a mis anhelos y miserias. Cada día cuenta y hemos perdido ya mucho tiempo sin disfrutar de Hafiz. Te ofrezco lo que he ido encontrando sobre el amor y el placer, y luego, hacia el final, volveremos a ese Dios que se estira como el de la Capilla Sixtina para besarnos en los labios. Comencemos por uno sobre la luminosa generosidad. Ya hablaremos en el futuro con más calma de nuestros problemas. Si te has cansado con este preámbulo apresurado, date una vuelta y regresa más tarde. Estos poemas tienen siglos esperando por ti.

 

El sol nunca dice

Incluso

después de todo este tiempo

el sol nunca le ha dicho a la tierra:

—Tú me perteneces.

 

Mira lo que sucede

con un amor semejante,

como llena de luz

todo el cielo


Construir un columpio

Tú tienes todos los ingredientes

para convertir tu vida en una pesadilla.

¡No los mezcles!

 

Tú tienes todo el genio

para construir un columpio en tu jardín.

Para Dios eso suena

mil veces más divertido.

Vamos a empezar a reírnos, a dibujar los planos,

A congregar a nuestros talentosos amigos.

Yo te ayudaré con mi lira y mi tambor.

Hafiz nos cantará mil palabras

que podrás tomar en tus manos

como sierras de oro, martillos de plata,

cedro pulido, fuertes cuerdas de seda.

 

Tú tienes todos los ingredientes

para alegrar tu existencia,

¡Mézclalos, mézclalos!

 

Yo quiero que los dos

Yo quiero que tú y yo

comencemos a hablar sobre este gran amor

como si tú, yo y el sol estuviéramos casados

y viviendo en una pequeña habitación,

ayudando el uno al otro a cocinar,

a lavar la ropa,

bordar, coser

y cuidar nuestros animales.

Partiríamos juntos cada mañana

a trabajar en los campos de la tierra

llevando entre los dos la carga.

Quiero que tú y yo comencemos a cantar

como dos juglares viajeros

acerca de esta extraordinaria existencia

que compartimos,

como si tú, yo y el sol estuviéramos casados

y viviendo en una pequeña habitación.

 

Como labios apasionados

Hay tantas posiciones para el amor:

cada curva sobre una rama,

las miles de diferentes maneras

en que tus ojos nos abrazan,

las infinitas formas que

puede dibujar tu mente,

la primavera y su orquesta de aromas,

la corriente de luz ardiendo

en labios apasionados,

las vueltas en la falda de la existencia

cuyos pliegues contienen otros mundos,

todos tus suspiros derramados sobre

un inconcebible y omnipresente

cuerpo.

 

Estos bellos juegos

Los jóvenes amantes dicen sabiamente:

“Vamos a probar desde este ángulo,

quizás algo maravilloso sucederá,

quizás tres soles y dos lunas

se desplegarán

de un lugar oculto en el cuerpo

que nuestra pasión todavía no ha encendido.

 

Los viejos amantes dicen:

“Podemos hacerlo una vez más,

¿qué te parece desde esta longitud

y latitud, meciéndonos de una cuerda amarrada al techo?

Quizás una parte de Dios

todavía se esconde en una esquina de tu corazón

que nuestra devoción todavía puede revelar”.

 

En conclusión:

No dejen de jugar

estos bellos

juegos de

amor

 

Dos gordos gigantes

En dos gordos gigantes

Dios y yo nos hemos convertido.

Como dos gordos gigantes

viviendo en un pequeño bote

nos la pasamos tropezando

y riéndonos.

 

Donde a los grandes leones les gusta orinar

Un suntuoso templo ha sido construido

en la selva sagrada

sobre el punto exacto

donde por mil años

a los grandes leones les gustaba orinar.

A Dios esto no le hace gracia:

sus amadas bestias

ya no podrán dejar

su santa esencia en la selva,

cerca del lugar favorito donde Dios descansaba su dedo izquierdo.

 

Querido,

estoy lo más lejos

de ser un hombre sacrílego

que este mundo es capaz de soportar.

Porque he encontrado el poder

de decir “No” a cualquier acción

que pueda dañar a mi persona

o la de cualquier otro

Escucha:

El amor revela que el hombre está dotado

para “levantar su pierna” sobre las galaxias.


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