Crónica

¿Dónde está Luis Carlos?

por Valentina Oropeza

Fotografía de Helena Carpio

TEMAS PD
28/03/2019

Eran las 5:30 de la tarde cuando Luis Carlos le dijo a Naky que iría a casa para bañarse y cenar. Tenía previsto participar ese lunes 11 de marzo en un programa sobre el apagón nacional que hubo en Venezuela a principios de mes, desde las 10:00 de la noche hasta las 5:00 de la mañana del martes en Unión Radio. Ir de la emisora a su casa le tomaría 10 minutos en bicicleta. Pasaron horas y no llegaba. A Naky le pareció muy extraño que su esposo, un periodista activo en redes sociales, no le escribiera, no la llamara, no tuiteara una línea. Como fallaba la electricidad, quizá estaba aprovechando la planta eléctrica y la conexión en Unión Radio, pensó ella. Le envió un mensaje: “Si decidiste quedarte en la radio, pudiste decírmelo”. Esperó un rato y no obtuvo respuesta. A las 9:20 de la noche, ya no estaba molesta: “Amor, ahora sí­ estoy preocupada”.

El teléfono de Naky Soto repicó a las 9:30 de la noche. Era Lila Vanorio, compañera de Luis Carlos Díaz hasta enero en el programa de César Miguel Rondón. Un chofer de la radio iba camino a buscarlo. Naky le respondió que Luis Carlos no estaba en casa. Las dos se quedaron en silencio por unos segundos. No sabían qué decirse. Algunos sectores de Caracas no tenían luz y no funcionaban las líneas telefónicas, pero ya habían pasado muchas horas desde la última vez que Naky había hablado con él. Enrique Gómez, director de Unión Radio, había llamado a Lila para avisarle que Luis Carlos no estaba.

Lila llamó al alcalde de Chacao, Gustavo Duque, y le preguntó si tenía noticias de algún accidente con un ciclista. Le describió la ruta que tomaba Luis Carlos pero no se habían reportado accidentes esa tarde. Tres días antes, en la cuenta de Twitter de Con el Mazo Dando, programa del primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, se publicó un video que involucraba a Luis Carlos y a Naky con el supuesto sabotaje del sistema eléctrico, versión oficial del apagón ocurrido desde el jueves 7 hasta el domingo 10 de marzo.

Las cuentas del PSUV y otros programas del canal estatal Venezolana de Televisión también publicaron el video. Lila le preguntó a Naky si mantenían la situación bajo perfil o la hacían pública. Naky prefirió la segunda opción y publicó un tuit a las 10:19 de la noche del lunes para alertar sobre la desaparición con la etiqueta #DóndeEstáLuisCarlos. Un cuarto de hora después, el hashtag ya era tendencia según el seguimiento de José Blanco Oliver, fundador de Trendinalia, una herramienta de monitoreo de Twitter. En Unión Radio decidieron pedir información sobre Luis Carlos al aire y habilitar un número telefónico. Lila Vanorio y Enrique Gómez salieron a buscar a Luis Carlos por la ruta que tomaba siempre, de ida y vuelta, y por otras que podían llevarlo a casa aunque no fuesen habituales. No lo encontraron.

Periodistas, activistas, instituciones, figuras públicas y usuarios replicaron la etiqueta que publicó Naky y sumaron otras: #LiberenALuisCarlos, #LuisCarlosVivoYLibre, #InformarNoEsDelito. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) difundieron la noticia. Amnistía Internacional señaló en su cuenta de Twitter que iniciaba un “monitoreo internacional sobre la situación irregular” de Luis Carlos. El Programa de las Américas del Comité para la Protección de los Periodistas informó que investigaba el caso. Juan Guaidó retuiteó a Naky y dijo que continuaba la “persecución” contra periodistas. #LiberenALuisCarlos fue tendencia en 41 ciudades de 9 países desde el martes 12 hasta el jueves 14 de marzo. Entre todas las etiquetas sumaron 415 mil tuits, según Trendinalia.

En febrero, la ONG de defensa de derechos humanos y libertad de expresión Espacio Público sostuvo que Luis Carlos había sido hostigado en redes sociales después de denunciar que Cantv, el principal proveedor de Internet del país, creó una copia de los datos de quienes se registraron en la web Voluntarios x Venezuela para distribuir la ayuda humanitaria ofrecida por Guaidó. El chavismo ya había usado listas para intimidar a sus detractores en el pasado. En febrero de 2018, una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos señaló que la publicación de la “Lista Tascón”, que contenía la identidad de las personas que firmaron a favor de un referéndum revocatorio contra Hugo Chávez entre 2003 y 2004, “fue instrumentalizada con fines intimidatorios para desincentivar la participación y la disidencia políticas”.

Rafael Uzcátegui y Marino Alvarado, miembros del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), iniciaron las pesquisas para confirmar si Luis Carlos había sido detenido y asesoraron a Naky sobre qué hacer. Luis Carlos y Naky eran amigos y colaboradores de Provea. Los orientaban para usar recursos digitales que fortalecieran la defensa de los derechos humanos. Uzcátegui abrió su cuenta de Twitter gracias a Luis Carlos, después de haber sido detenido en Maracay, junto con otros activistas de Provea, en una protesta para pedir la liberación de Rubén González, jefe sindical en la empresa estatal Ferrominera del Orinoco.  

Luis Carlos es periodista y se ha especializado en la defensa de derechos digitales. A través de cursos y talleres, ha formado a ciudadanos y activistas en un amplio espectro de temáticas digitales que abarcan desde el manejo de redes sociales hasta seguridad digital.

El doctor Julio Castro acababa de terminar una entrevista en la radio e iba camino a casa cuando leyó el tuit de Naky y llamó a Lila para confirmar si era cierta la desaparición de Luis Carlos. Se conocieron 15 años antes, cuando Luis Carlos lo entrevistó en la emisora de Fe y Alegría para hablar sobre el contagio del dengue. En 2015, cuando Castro tuvo la idea de hacer una encuesta de hospitales para monitorear la escasez de medicamentos e insumos, Luis Carlos le dio consejos para recolectar información a través de Twitter y Facebook. Discutían cómo fortalecer la encuesta con herramientas digitales y Luis Carlos dio talleres a médicos para que aprovecharan mejor las redes sociales, en principio bajo la etiqueta #ServicioPúblico.

Mientras volvía a Unión Radio, Julio envió mensajes a su red de contactos para averiguar si había recibido a Luis Carlos en las emergencias de los hospitales Miguel Pérez Carreño, Domingo Luciani, José María Vargas, Clínico Universitario, Periférico de Catia y Lídice. No había rastro del periodista.

Lila llamó a Marco Ruiz, secretario general del SNTP, pero no podía comunicarse. En un chat de periodistas, Lila le pidió a Marco que le devolviera la llamada. Alguien respondió que no había luz en casa de Marco y por eso no tenía señal en el teléfono. Lila sintió una presión en el pecho. De repente, recibió un mensaje de Marco. Tenía varias llamadas perdidas, intentaba responder pero el teléfono no sonaba. Lila le contó lo que estaba pasando y le dijo que iría con Enrique a la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Plaza Venezuela para preguntar por Luis Carlos. Por prevención, Lila dijo en un chat de periodistas que irían al Sebin.

Amor de blogueros

Luis Carlos y Naky se conocieron el 20 de octubre de 2006. Ese día llovió tanto que parecía el Cordonazo de San Francisco. Ella tenía 33 años y dirigía un programa de formación para líderes comunitarios, organizado por módulos interactivos que cubrían desde vocería hasta administración de proyectos, sin profesores ni clases magistrales. Luis Carlos tenía 21 años y quería escribir una nota sobre aquella innovación para el diario El Nacional. Se encontraron en la Universidad Central de Venezuela, donde Naky daba clases. A ella le gustaba Luis Carlos sin haberlo visto nunca, leía su blog y le encantaba cómo escribía. Unas amigas de Luis Carlos lo inscribieron en un concurso de blogs sin avisarle. En la foto de la postulación aparecía con un niño idéntico a él. Seguramente era su hijo y estaba casado, así que Naky se abstuvo de enviarle comentarios entusiastas que propiciaran una cita.

La entrevista se prolongó hasta el almuerzo. Luis Carlos se veía tan joven que Naky no aguantó la curiosidad y le preguntó a qué edad había tenido a su hijo. Él no entendió de qué le hablaba. El niño que aparecía en la foto del concurso era su hermano, 16 años menor, no su hijo. Naky calculaba que lo había tenido en sexto grado de primaria. Luis Carlos recibió un mensaje. Tenía que salir corriendo a la Universidad Metropolitana para otra pauta. Cuando se fue, ella se quedó brincando de alegría. El bloguero no estaba casado ni tenía hijos. Luis Carlos se devolvió y le pidió el teléfono. Naky estaba segura de que la había visto por la ventana del salón donde se reunieron cuando se devolvió.

Pasaron la tarde del Cordonazo enviándose mensajes de texto. Quedaron en ir al cine tres días después. Un año más tarde, Luis Carlos comenzó a dar talleres sobre derechos digitales y el uso de las redes como una herramienta para hacer contraloría ciudadana al poder. En 2009, los casó el sacerdote jesuíta José Virtuoso, quien era jefe de Luis Carlos como director del Centro de Investigación y Acción Social de los Jesuítas en Venezuela (Centro Gumilla) y de la revista SIC. Cada año celebran su aniversario el 20 de octubre, el día que se conocieron.

El 15 de febrero de 2018, día del cumpleaños de Luis Carlos, examinaron a Naky porque tenía un nódulo en la mama derecha. Le hicieron mamografías, compresiones, ecos. Mastólogos iban y venían hasta que confirmaron el cáncer. Luis Carlos decía que no podía enfermarse por Naky y evitarle ese dolor, pero sí podía ocuparse de la logística de consultas y medicamentos para facilitarle el tránsito por la enfermedad. La mamá de Lila también tenía cáncer de mama, así que Lila y Luis Carlos se acompañaron en el proceso de buscar los medicamentos que no estaban disponibles en el Seguro Social, retirar el único que sí conseguían en las farmacias del Estado, llamarse para preguntar cómo estaban las pacientes o compartir la impotencia que sentían cuando no podían ayudarlas lo suficiente.

La búsqueda
Primera parada: Sebin de Plaza Venezuela

Eran las 10:10 de la noche cuando Lila y Enrique llegaron al Sebin de Plaza Venezuela. No había lugar para estacionar, así que Lila dejó el celular y solo llevó la cédula, mientras Enrique se quedó en el carro. Aburridos, los funcionarios de la entrada no entendían qué quería Lila. “¿A quién buscas?”, “¿Quién es ese Luis Carlos?”, “¿Qué te hace pensar que está aquí?”, “¿Ya preguntaste en El Llanito?”. Ese día no hubo operativo y no detuvieron a nadie. Le recomendaron ir a El Helicoide, el centro de detención del Sebin, o a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en Boleíta.

Lila regresó al carro y le dijo a Enrique que debían ir al Helicoide. Él respondió que no irían solos. Primero pasarían por la radio a buscar refuerzos. Lila se puso de acuerdo con Marco y cuando llegaron a la radio hicieron dos grupos: en un carro irían Lila, Enrique, Julio y Jaime Ross, un directivo de Unión Radio; en el otro irían Marco, el abogado Federico Black y el hijo de Jaime Ross. Marco había llamado a fuentes policiales y le dijeron que probablemente Luis Carlos estaba detenido. Nicolás Maduro había dicho más temprano que habían arrestado a dos personas vinculadas con el sabotaje al sistema eléctrico. Llamaron a Naky y le contaron el plan. Marco le recomendó quedarse en casa por si aparecía Luis Carlos. Si realizaban un allanamiento era importante que alguien estuviera en casa.

Aunque no le parecía necesario que vinieran colegas, Naky aceptó que Luz Mely Reyes, directora del portal Efecto Cocuyo, y el presentador de televisión y locutor Pedro Luis Flores fueran a su casa para acompañarla.

Segunda parada: DGCIM

Poco antes de la medianoche, salieron de la radio en dos carros y llegaron a la sede de la DGCIM en Boleíta. Lila y Julio sintieron que atravesaban una hora tenebrosa, pero no era momento de decirlo. Un funcionario en la entrada les dijo que estacionaran más adelante y se bajaran de los carros. Lila y Marco ensayaron sus tonos más amables.

—Uno de nuestros colegas está desaparecido, tenemos información de que quizás está detenido aquí. Su esposa está delicada de salud —dijo Marco.

—No tenemos esa información, tienes que pasar mañana a las 8:00 de la mañana —respondió el funcionario.

—Amigo, pasamos horas angustiantes. Dígannos si está y nos vamos. Solo queremos saber si tenemos que seguir buscando —dijo Lila.

—No estoy autorizado para hablar de eso pero déjame ver si consigo a un mayor allá adentro.

El funcionario desapareció unos minutos y volvió acompañado por otro que pidió las mismas explicaciones. Los periodistas repitieron la historia varias veces hasta que lograron una respuesta.

—Ahorita, aquí, les puedo decir que no está. Igual pasen mañana a las 8:00 por si lo trasladan desde otro centro de detención.

En paralelo, los abogados de Espacio Público, encabezados por Carlos Correa, llenaron los formularios en Internet para solicitar medidas cautelares para Luis Carlos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Alegaron que estaba desaparecido y había sido detenido arbitrariamente. Según el derecho internacional, una persona se considera desaparecida cuando ha sido detenida, no se sabe dónde está y no tiene acceso a un abogado. Más tarde, esas cautelares se ampliaron a Naky.

Tercera parada: El Helicoide

Cruzaron Caracas, la ciudad estaba más oscura que de costumbre después del apagón. Llegaron a las 12:30 de la noche al Helicoide y solo había un funcionario de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en la entrada. El Sebin y la PNB funcionan en el mismo edificio. El policía dijo que no había efectivos de guardia del Sebin. Tenían que esperar. Había poca luz, entraban y salían motos. Hacía frío. Aunque no era una calle del todo solitaria, Lila se sentía desamparada, como si no hubiese nadie alrededor.

Apareció una camioneta y abordaron al conductor. El hombre dijo que el Sebin no había tenido operativos ese lunes. Regresaron a la radio y llamaron a Naky para decirle que Lila, Marco, Enrique y Federico se encontrarían el martes a las 7:00 de la mañana para retomar la búsqueda. Naky estaba agotada. Eran las 2:00 de la mañana del martes 12. Luz Mely y Pedro Luis estaban dispuestos a dormir en el sofá, pero Naky les pidió que se fueran. Prometía dormir y avisar si necesitaba algo. “Estoy consciente de la situación, Luis Carlos me necesita bien”, les dijo. Naky tiene un angioma venoso en el área de Broca, una malformación vascular en la zona del cerebro que controla el lenguaje. Cuando no duerme, se vuelve más propensa a sufrir auras preconvulsivas o convulsiones. En esos casos, pierde toda capacidad del lenguaje, no puede comunicarse. Dos síntomas le advierten que se avecina una convulsión: los mareos, y un síntoma, piel metálica; siente como si el órgano que recubre el cuerpo fuese una hoja de papel de aluminio. Ya experimentaba los dos.

El allanamiento

Naky le dio una llave de contacto a Luz Mely para salir del edificio; los ascensores estaban apagados por las fallas eléctricas, por lo que lamentó que subieran y bajaran 12 pisos a pie. Luz Mely y Pedro Luis bajaron, Naky salió al balcón, se asomó y vio cuatro camionetas y mucha gente en la entrada de su edificio. Desapareció el mareo y la sensación de piel metálica. Naky era pura adrenalina. No sabía qué hacer. Informó en varios grupos de Whatsapp que el Sebin había llegado. Lila leyó el mensaje y los que estaban en la radio se fueron a casa de Naky, también Rafael Uzcátegui y Marino Alvarado, de Provea. Naky sacó la cuenta: si había cuatro funcionarios por camioneta, 16 personas estaban subiendo las escaleras en ese momento para tocarle la puerta.     

Luz Mely y Pedro Luis estaban dentro del edificio todavía. Luz Mely se fijó en una mujer que llevaba un papel en la mano. No vio que Luis Carlos estaba a su lado y la saludó con una seña. ¿Dónde eran más útiles? ¿Trataban de subir por las escaleras aunque el Sebin les llevara ventaja o se quedaban abajo? Luz Mely llamó a Marino Alvarado y le preguntó qué podían hacer. Él sugirió que transmitiera por Periscope el allanamiento desde la entrada. Salieron del estacionamiento, dieron la vuelta y Luz Mely comenzó a transmitir.

Naky esperaba que le tocaran el timbre pero los del Sebin entraron con la llave de Luis Carlos. Cuando lo vio entre los uniformados, esposado con las manos hacia adelante, a Naky se le llenaron los ojos de lágrimas. Él negó con la cabeza y ella interpretó aquel gesto como un llamado a que no se quebrara delante de aquellos tipos. Luis Carlos le pidió ropa para cambiarse, el cepillo y la crema dental. Les permitieron conversar.

Luz Mely transmitía por Periscope la intervención del Sebin desde el carro, cuando un hombre flaco con lentes oscuros se acercó y le preguntó si estaba grabando. Ella respondió que no grababa, transmitía, y todo estaba al aire. Lila y Marco habían llegado. “¿Qué coño crees tú, que esto es una guachafita?”, dijo el hombre flaco y le dio un manotazo al teléfono. “¿Tú crees que estamos jugando carritos?”. Le apuntó a la cara con una pistola y le ordenó que estacionaran “esa mierda de carro” y se bajaran. Otros funcionarios, con armas grandes que Luz Mely nunca había visto, presenciaban la escena sin intervenir. Más adelante, en otro carro, Lila se quejaba con un funcionario que la obligó a abrir la puerta del carro y dejar los brazos y las piernas afuera, sin bajarse. Le preguntaba por qué les habían mentido cuando fueron a preguntar por Luis Carlos en el Sebin de Plaza Venezuela y en El Helicoide. El hombre flaco le quitó el teléfono a Luz Mely, trató de revisarlo pero el aparato tenía poca memoria y se colgó.

Marco se paró junto a Luz Mely y preguntó por el funcionario a cargo. Uno de ellos se atribuyó el mando y dijo que Luis Carlos estaba en la sede de Plaza Venezuela. Marco dijo que no había necesidad de todo aquello, pudieron haberse ahorrado ese momento si les hubiesen dicho la verdad cuando hicieron el recorrido. Luz Mely preguntó si podía informar por redes sociales que Luis Carlos y Naky estaban bien y uno respondió que podía hacerlo desde El Helicoide.

Un funcionario comenzó a fumar y Luz Mely le pidió un cigarrillo. Le dijo que estaba nerviosa, la habían apuntado con una pistola, le habían quitado el teléfono y la habían amenazado con llevarla presa. El hombre le dio el cigarro que acababa de prender.

Mientras Naky conversaba con Luis Carlos y algunos funcionarios del Sebin en el apartamento, otros entraban a los cuartos, registraban. Llevaron a dos personas como testigos del allanamiento. Abajo, en la entrada del edificio, los periodistas vieron que se llevaban a alguien. No lograron identificar si era Naky. Preguntaron por ella y les dijeron que estaba arriba. Nunca vieron a Luis Carlos.

Todos subieron y se reunieron con Naky. Sumaban 18 personas entre periodistas, abogados y activistas de derechos humanos. Naky se dio cuenta de que se habían llevado computadoras, teléfonos, divisas en efectivo, joyas y hasta una botella de aceite para cocinar. Discutieron qué hacer y acordaron que hablaría Naky por ser familiar directo de Luis Carlos, a pesar de que un funcionario del Sebin le dijo que corría el riesgo de ir a la cárcel. Grabaron varios videos de un minuto con el teléfono de Rafael para contar lo que había pasado, convocar al día siguiente a la Fiscalía para pedir la liberación de Luis Carlos y solicitar a la comisión técnica de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, que visitara a Luis Carlos para corroborar cómo estaba. La comisión había llegado a Caracas dos días antes.

A las 4:17 de la mañana, publicaron los videos de Naky, acompañada por Rafael y Marco, símbolos del respaldo a Luis Carlos de los activistas de derechos humanos y la prensa venezolana.

Cuando salió del edificio, Luz Mely y Rafael hablaron con uno de los testigos del allanamiento. Contó que a Luis Carlos lo trasladaron en una camioneta y a ellos en otra. Los cuatro vehículos del Sebin fueron primero al Helicoide, donde se quedó Luis Carlos, mientras que los demás fueron a Plaza Venezuela para firmar el acta de allanamiento. Ese trámite suele hacerse en la vivienda allanada, pero no hubo tiempo porque uno de los funcionarios recibió una llamada y se fueron rápidamente. El allanamiento duró 22 minutos, a diferencia de las dos o tres horas que testigos en otros registros habían contado a Provea.

La orden de allanamiento decía que habían confiscado 4 celulares, 3 computadoras y un disco duro, les dijo el testigo. No hablaba del dinero que Luis Carlos y Naky tenían ahorrado para pagar el tratamiento contra el cáncer. Los activistas de Provea pensaban que los dólares y los euros que se llevaron figurarían como pruebas del presunto financiamiento a Luis Carlos. Si no aparecían en acta, suponían que habían robado el dinero, como ocurrió en al menos 12 casos registrados por Provea de personas detenidas por las autoridades desde 2014.

Cuando el gobierno de Nicolás Maduro comenzó a allanar viviendas a través de la Operación para la Liberación del Pueblo, Provea recogió testimonios de familias allanadas y contaban que los funcionarios se llevaban teléfonos, comida y juguetes. Quienes no fueron allanados, enterraban sus pertenencias para evitar que la policía las encontrara en futuras redadas.

A Rafael le parecía paradójico que Luis Carlos y Naky hubieran vivido una detención y un allanamiento después de haber grabado los audios de un kit de emergencia sobre derechos humanos que publicó Provea en 2017, para actuar frente a violaciones de derechos humanos después de las protestas de abril a julio, en las que murió más de un centenar de personas. En uno de los audios explicaban que cuando alguien es detenido, tiene derecho a llamar a sus familiares y abogados; los funcionarios que lo detienen deben identificarse. “Cualquier acto de tortura, tratos inhumanos, crueles o degradantes durante su reclusión será castigado por las leyes”, dice Luis Carlos. En el audio sobre qué hacer frente a un allanamiento explican que el ciudadano tiene derecho a exigir una copia de la orden de allanamiento y observar cada uno de los lugares requisados. Si no está de acuerdo con la información que registran las autoridades, “resístase a firmar”, dice Naky.

La Fiscalía

La mañana del martes 12 de marzo, Espacio Público dispuso de tres equipos para ubicar a Luis Carlos: uno fue al Ministerio Público, otro fue a los tribunales para verificar la lista de las personas imputadas en flagrancia ese día y otro fue al Helicoide.

Reporteros, editores, escritores, fotógrafos, académicos, defensores de derechos humanos, abogados, alumnos de Luis Carlos, amigos de la pareja y usuarios de redes sociales, recibieron a Naky en la Fiscalía. Nadie quería hablar de vida o muerte, pero era inevitable rememorar el antecedente del concejal Fernando Albán, quien murió bajo custodia del Sebin en octubre de 2018. Naky declaró frente a periodistas de The New York Times, Reuters, AFP, EFE, CNN, Telemundo, Hispano Post, NTN24, Voice of America, TVV Noticias, Venevisión, VPI, Prodavinci, Unión Radio, El Pitazo, Efecto Cocuyo, El Estímulo, Tal Cual, Runrunes, Crónica Uno, El Nacional, El BusTV, Caraota Digital, Arepita.

Fotografía de Helena Carpio

“Lo detuvieron cerca de la embajada de Corea, donde están los jardines de los campos de golf en el Country Club. Y sin embargo, el acta dice que lo detuvieron en flagrancia. ¿Alguno de ustedes ha manejado bicicleta y montado códigos? Yo no lo he hecho nunca ni he visto a ningún hacker que tenga semejante habilidad. (…) Lo dicen porque no tenían un acta de detención.

Estuvo desaparecido desde las 5:45 de la tarde hasta las 2:20 de la mañana, momento en que se apareció una comisión del Servicio Bolivariano de Inteligencia en nuestra casa a realizar un allanamiento. Para el allanamiento sí había una orden.

Era una comisión bastante grande y la orden era llevarse todos los equipos electrónicos que tuviésemos en casa, a ver si en alguno de ellos había información de lo que se supone le están acusando. Se llevaron pendrives, computadoras dañadas, buenas, teléfonos viejos, se llevaron hasta un T-Motion.

Luis Carlos estaba con ellos cuando hicieron el allanamiento y pude conversar con él, bastante aplomado.

La primera comisión que lo entrevista, lo maltrató. Le pegó con el propio casco de la bicicleta, le dijo que yo también estaba detenida y me tenían en el Hospital Militar e incluso le prometieron que llevarían un cadáver hasta nuestra casa para acusarnos de asesinato. (…)

Después vino la suerte de comisión buena, que hace el allanamiento en nuestra casa. Dijeron que nos seguían en redes, que conocían nuestro trabajo en redes, que les encantaba los resúmenes políticos que hago a diario y lo que tuitea Luis Carlos. La esposa de uno de ellos supuestamente les pidió un autógrafo de Luis Carlos y una foto con él. Pueden pasar cosas insólitas en Venezuela. (…)

La detención fue arbitraria. El allanamiento sí tuvo una orden pero no hay manera de acusarle de lo que le están acusando. No nos dejaron verla (la orden de allanamiento) con propiedad. La hoja en la que presentaron la orden de allanamiento no solo era grisácea, sino que las letras estaban realmente dispersas, todas escritas en mayúsculas. Ante la posibilidad de hablar con Luis Carlos o leer el acta, yo decidí hablar con él y no leer el acta. No me pusieron a escoger.

Le dieron cascasos en la cabeza, eso sí me lo dijo. En el rostro no tenía nada, no tenía un morado, un rasguño. Pero sí lo amenazaron varias veces conmigo, por mi condición oncológica. Cuando se marcha la comisión, luego del allanamiento, uno de los que estaba dentro de la comisión me hace saber que más me valía no hacer mucho ruido, que no hiciera exposición de este tema porque yo también soy sujeto de aprehensión. Como yo hago el video con Luis Carlos y yo trabajo con Luis Carlos, soy sujeto de aprehensión. (…)

No dijeron qué delito le imputaban. Sí dijeron que la orden de detención la tenían desde hacía, por lo menos, tres días”.

Un periodista le preguntó a Naky qué respuesta habían tenido de Tarek William Saab, el fiscal que nombró la Asamblea Nacional Constituyente después de que Luisa Ortega se fue del país. “No nos ha dado respuesta. Desde anoche se le notificó la circunstancia de Luis Carlos. Nos mandó unos stickers muy interesantes de sí mismo en la aplicación de Whatsapp. Chévere, es un buen registro de vanidad, pero no nos ha dado respuesta”. Ese mediodía, un reportero le preguntó a Saab qué sabía sobre Luis Carlos. “Ahorita vamos a hablar de otra cosa”, respondió.

Rafael estaba detrás de Naky mientras ella declaraba. De acuerdo al seguimiento que ha hecho Provea a violaciones de derechos humanos en casos similares desde 2014, era la primera vez que presentaban la orden de allanamiento, a los testigos y a la víctima.

El padre Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, dijo frente a las cámaras que las acusaciones del gobierno contra Luis Carlos eran “una infamia política”. La radicalización de la represión se le parecía a lo que vivió El Salvador durante la guerra civil. También le preocupaba la persecución a los curas.

¡Son reos de delitos,

que nunca cometieron,

nuestros presos políticos,

tan solo disintieron!

El colectivo Dale Letra cantó a las puertas de la Fiscalía. Varios periodistas lloraban en silencio, mientras la prensa esperaba que Naky y Carlos Correa salieran de la Fiscalía. Los recibió un representante de la Dirección de Derechos Fundamentales y de Procedimiento. No les dijeron dónde estaba Luis Carlos.

Fotografía de Helena Carpio

A las 12:15 de la tarde del martes 12 de marzo, Bachelet publicó un tuit:

Los abogados de Espacio Público se enteraron de que Luis Carlos estaba en el Palacio de Justicia por contactos extraoficiales. A las 7:20 de la noche, lo asistieron en una audiencia de presentación aunque no habían sido notificados. Luis Carlos habló durante más de hora y media ante el juez del tribunal 31 de control de Caracas. Le imputaron el delito de instigación pública. Le prohibieron salir de Venezuela y declarar sobre lo que pasó durante las horas de la detención, desaparición y malos tratos. Tendrá que presentarse cada ocho días en los tribunales.

Les informaron que podían buscar a Luis Carlos en el Helicoide. Manejando su carro, Carlos Correa llevó a Naky a encontrarse con Luis Carlos. Atravesaron el portón que rodea el centro de detención y subieron la cuesta que conduce hasta la entrada del edificio para recogerlo. Otros abogados, activistas de derechos humanos, familiares, amigos y periodistas esperaban en la calle, a unos metros del portón. A las 11:00 de la noche del martes 12 de marzo, después de casi 30 horas de detención, Luis Carlos se bajó del carro, saludó y agradeció a los amigos y colegas que esperaban su liberación. “Tengo mil historias pero por ahora no puedo decir nada”.


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