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Cuba y la UE estrechan sus lazos

por Deutsche Welle

03/01/2018

La alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini. / Fotografía de Reuters/E.de la Osa

El acercamiento entre el bloque comunitario y Cuba no se ha caracterizado precisamente por su celeridad; pero ahora, si dependiera de Bruselas, el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con el Estado caribeño sería implementado “con rapidez y determinación”. Precisamente para darle un nuevo impulso a las negociaciones, viajó a la isla este miércoles (3.1.2018) la jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini.

El nuevo convenio bilateral entró en vigor de manera provisoria en noviembre de 2017. Hasta entonces, Cuba era el único país latinoamericano que no contaba con un pacto de asociación y cooperación con la UE. Sin embargo, para que el tratado pueda tener plena vigencia, es necesario que todos los Parlamentos nacionales del Club de los 28 le den luz verde. Ese proceso ya está andando.

En el marco de su visita a La Habana, Mogherini se reunirá con el ministro de Asuntos Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla. Una portavoz de Mogherini adelantó que ambos tienen pautado organizar el primer Comité UE-Cuba a escala ministerial.

Conversaciones y consultas

La emisaria de Bruselas también conversará con el ministro cubano de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca Díaz, y con el presidente del Parlamento cubano, Esteban Lazo; participará en una conferencia sobre las relaciones bilaterales y visitará un centro juvenil en el corazón de La Habana que fue financiado con fondos de la UE y es apoyado tanto por UNICEF como por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

La visita de dos días es la segunda que hace Mogherini a la nación caribeña. En marzo de 2016, la representante de la UE en materia de política exterior voló a La Habana para estimular la comunicación en ambas direcciones y firmar el convenio marco sin el cual no habría sido posible el nuevo el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación.

Relaciones cambiantes

Tras dos años de complejas negociaciones, ambas partes le dieron el visto bueno a un pacto –dividido en tres capítulos: cooperación, diálogo político y relaciones económicas– que eleva los vínculos bilaterales a un nuevo nivel. En los últimos veinte años, esos nexos estuvieron marcados por la unilateral y restrictiva “posición común” de la UE. Ésta fue promulgada en 1996 por insistencia del entonces presidente del Gobierno español, el político conservador de derecha José María Aznar, y establecía que la normalización de las relaciones entre la UE y Cuba debía depender de los avances que el Ejecutivo castrista hiciera en materia de democracia y derechos humanos en la isla. Cuba siempre rechazó ese condicionamiento.

En la práctica, la severidad de la postura comunitaria era percibida como contraproducente y terminó evidenciando su anacronismo a más tardar a finales de 2014, con el acercamiento de Cuba y Estados Unidos, entonces presidido por Barack Obama. Aparte de eso, la “posición común” pecaba de hipocresía porque, de hecho, diecinueve Estados miembros de la UE habían suscrito tratados bilaterales. España, Francia e Italia, entre otros países, clamaban desde hacía mucho tiempo por una nueva política comunitaria para Cuba, mientras Alemania y algunos Estados de Europa Oriental se esmeraban en frenar esa moción.

UE, la gran inversionista

Las circunstancias han cambiado desde que Donald Trump asumió la jefatura del Gobierno estadounidense; bajo su mando, las relaciones entre Washington y La Habana se deterioran cada vez más. En cambio, la UE está empeñada en hacer progresos para no perder relevancia de cara a Cuba. En un comunicado, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) subrayó que “el nuevo marco legal para las relaciones UE-Cuba” contempla el reforzamiento del diálogo político, una mejor cooperación bilateral y el desarrollo de acciones conjuntas en foros multilaterales. Considerando que la retórica predominante en Washington insiste en resucitar la Guerra Fría, cabe decir que la UE ocupa ahora una posición privilegiada en la política de apertura de Cuba. A mediano plazo, Cuba podría terminar atrayendo a inversionistas europeos.

La UE ya es el más grande inversionista y el segundo socio comercial de Cuba. Alrededor de un tercio de los turistas que visitan la isla provienen de Estados europeos. Por otro lado, desde hace algún tiempo, Cuba intenta diversificar sus relaciones comerciales con el mundo. El socio más cercano de La Habana, Venezuela, ha reducido drásticamente los envíos de petróleo debido a su crisis política y económica; en 2016, la economía cubana cayó en recesión por primera vez en veinte años debido a los problemas internos de Venezuela. Es cierto que la economía de Cuba volvió a crecer un 1,6 por ciento en 2017, como lo informó el Ministerio de Economía de la isla la semana pasada: Pero el país está muy lejos de recibir los ambicionados 2.500 millones de dólares estadounidenses anuales en inversiones extranjeras que necesita, según su Gobierno, para alcanzar sus metas económicas. Aparte de los principales socios comerciales de Cuba, Venezuela y China, países como Rusia adquieren importancia como socios económicos; pero también Estados europeos como Holanda y Francia están haciendo grandes inversiones en la isla.

De momento, la cooperación con la UE se materializa, sobre todo, en programas de cooperación para el desarrollo. De aquí al año 2020, la UE aportará 50 millones de euros para ser invertidos en tres ámbitos principales: la agricultura y la seguridad energética, la ayuda para optimizar el aprovechamiento de los recursos naturales y el apoyo en el proceso de modernización económico y social. Ampliar la cooperación en otros rubros es otro de los objetivos del viaje de Mogherini a La Habana.

Andreas Knobloch desde La Habana (ERC/ERS)


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