Perspectivas

¿Por qué se hundió el petróleo y cómo se agrava la crisis en Venezuela?

Fotografía de Ramon Sahmkow | AFP

20/04/2020

El precio del petróleo de Estados Unidos sufrió el mayor descenso de su historia y cayó por debajo de cero dólares el barril en un entorno donde la destrucción de la demanda por la pandemia del coronavirus ha generado un gigantesco exceso de barriles, a tal punto que prácticamente ya no hay espacio dónde almacenarlos.

El precio del West Texas, el crudo marcador en Estados Unidos, a ser entregado en mayo, cerró en -37 dólares el barril: es decir, los productores de petróleo están dispuestos a pagar para que les quiten barriles de las manos.

En el mercado petrolero lo usual es que los compradores adquieran un contrato a futuro, y los que sirven de referencia para establecer el precio del West Texas vencen mañana, y los barriles deben entregarse en mayo. Básicamente, lo que ocurre es que el precio de estos barriles desciende dramáticamente ante la realidad de que hay una oferta que supera con creces a la demanda, en un mundo con aviones en tierra, automóviles estacionados y fábricas cerradas.

El principal centro de almacenamiento de petróleo en Estados Unidos está en Cushing, una pequeña localidad de Oklahoma, y todo apunta a que en poco tiempo los tanques estarán a tope.

Hermes Pérez, quien estuvo al frente del departamento de seguimiento del mercado petrolero en el Banco Central de Venezuela, explica que “el contrato a un mes, que es el que está por vencerse y experimenta la caída hasta terreno negativo, es la entrega más corta que existe en el mercado, y es el precio marcador para el West Texas. La caída en el precio hasta terreno negativo indica que nadie quiere recibir barriles de petróleo. Hay una gran destrucción de la demanda, por ejemplo, las líneas aéreas siguen paralizadas”.

“A la destrucción de demanda se añade el exceso de oferta y la saturación de la capacidad de almacenamiento. Entonces estamos ante un problema de fundamentos del mercado. El precio del West Texas a entregarse en junio se mantiene en torno a 20 dólares el barril, porque existe la perspectiva de que la demanda de petróleo se recupere un poco”, agrega Pérez.

La Agencia Internacional de Energía proyecta que este año habrá una contracción en la demanda de petróleo en el orden de 29 millones de barriles diarios y los países miembros de la OPEP, junto a aliados como Rusia, acordaron recortar la producción en 10 millones de barriles diarios, con la expectativa de que el recorte alcance entre 15 y 20 millones por el declive en la producción de Estados Unidos y Canadá.

La cotización del crudo Brent –de referencia en Europa– cayó 8,9% y se ubicó en 25,58 dólares el barril. Los contratos del Brent son de barriles a entregar en junio, cuando se espera que la economía global haya tomado oxígeno.

Impacto en Caracas

Las exportaciones de petróleo son vitales para el flujo de caja del gobierno venezolano. El pasado 16 de marzo, el mandatario Nicolás Maduro admitió que al tomar en cuenta “el costo de producción”, las exportaciones petroleras dejaron de reportar beneficios con el precio del Brent en 28 dólares el barril: hoy el Brent se ubicó tres dólares por debajo de este nivel crítico.

El viernes de la semana pasada el precio de la cesta petrolera venezolana cerró en 13 dólares el barril, un valor en el que difícilmente el gobierno esté recibiendo ingresos. Hermes Pérez precisa que “el costo promedio de producción de nuestros crudos está entre 18 y 24 dólares el barril; al precio actual, el petróleo no debe estar aportando ingresos a la nación”.

Para ilustrar la situación por la que está atravesando Pdvsa, la empresa petrolera del Estado, señala que “los balances nos dicen que en 2016 con el precio promedio de la cesta petrolera venezolana en 33,15 dólares el barril y una producción de 2,5 millones de barriles diarios, los costos y gastos de Pdvsa superaron en 4 mil millones de dólares a los ingresos, hubo ganancias por la vía financiera por prácticas como declarar ganancias cambiarias producto de la devaluación”.

En febrero de este año las finanzas públicas ya estaban en estado crítico: déficit fiscal de 10% del PIB, reservas internacionales en mínimos históricos, deuda externa en default, financiamiento internacional clausurado e ingresos en divisas mermados por el descenso de la producción petrolera al nivel más bajo desde 1945.

Los economistas Daniel Barráez y Ana María Chirinos afirman en un trabajo para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que “con precios del crudo venezolano entre 10 dólares y 40 dólares por barril, el ingreso petrolero se reduciría entre 9.000 y 17.000 millones de dólares durante 2020, lo que equivaldría a una contracción del PIB entre 14% y 28% puntos porcentuales”.

La firma Macroconsultores señala que la administración de Nicolás Maduro no tiene opciones para compensar la caída del ingreso petrolero: “El Gobierno ante la crítica situación tiene poco margen de maniobra financiera, dada la severa contracción de ingresos externos, la falta de ahorro interno y el aislamiento de los mercados de capitales –afectados también por la pandemia– que impone el default de deuda y las sanciones. Esto conduciría a la fórmula del financiamiento monetario, agudizando el pernicioso proceso hiperinflacionario”.

En las últimas tres semanas, el gobierno comenzó a recurrir a la creación de dinero para financiar el reparto de bonos a la población de menores ingresos y la cotización del dólar, un factor determinante para la inflación, que inició el ascenso registrando un salto de 62% en el mercado paralelo y de 58% en el mercado oficial.

 Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional contemplan que este año la inflación registrará un salto de 15.000%, versus 9.585% en 2019.


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