Perspectivas

La Mesa reestructurada y la oposición por reinventarse; por Roberto Casanova

1. La Mesa, instancia político electoral, ha diseñado un nuevo mecanismo para tomar decisiones, mecanismo que incluye pero limita al mismo tiempo. En efecto, incorpora a más partidos en el proceso decisorio pero establece también un sistema de votos “ponderados” por el peso electoral de cada una de las organizaciones. Luce como un mecanismo políticamente

Por Roberto Casanova | 19 de febrero, 2017
De izquierda a derecha: Tinedo Guía, José Luis Cartaya, Roberto Picón y Ángel oropeza

De izquierda a derecha: Tinedo Guía, José Luis Cartaya, Roberto Picón y Ángel Oropeza

1. La Mesa, instancia político electoral, ha diseñado un nuevo mecanismo para tomar decisiones, mecanismo que incluye pero limita al mismo tiempo. En efecto, incorpora a más partidos en el proceso decisorio pero establece también un sistema de votos “ponderados” por el peso electoral de cada una de las organizaciones. Luce como un mecanismo políticamente sensato que aumenta la representatividad de la dirección política de la Mesa y minimiza el riesgo de la parálisis decisional.

2. La vocería se hace flexible y rotativa. Ante la ausencia de un liderazgo nítido dentro de la Mesa tal vez no quede otra cosa que hacer. Aunque se corre el riesgo de la dispersión en el mensaje, algo que ya ha creado problemas anteriormente.

3. La coordinación de la Mesa tendrá menor perfil público y adquiere un carácter exclusivamente operativo. El coordinador, se supone, no competirá con los voceros en la escena pública. Al mismo tiempo esa coordinación se fortalece con tres equipos que pueden, además, establecer “puentes” con diversos sectores. Parece un esquema razonable, desde la perspectiva de la Mesa.

4. La reestructuración de la Mesa se asocia a la creación de un “Congreso de la Sociedad Democrática”. Se trata de una organización para la consulta. No es propiamente una instancia de acción ciudadana. Tampoco es una instancia exclusivamente social pues los partidos también forman parte de ella. Con este Congreso quizás se pretenda superar la desconfianza entre partidos y sociedad civil pero, de no tenerse el cuidado necesario, las diferencias entre esos dos sectores pudieran exacerbarse. En todo caso ese Congreso no está pensado como un ente ejecutor autónomo que pueda actuar al margen de la Mesa. Es, repito, una instancia de consulta. Desde el punto de vista de la Mesa, es lo deseable.

5. La reestructuración de la Mesa no atiende, de manera contundente, a dos problemas esenciales: articular la movilización social y organizar el debate sobre la estrategia de desarrollo. Aunque, para ser justos, no es indiferente ante esos dos retos. El punto es que la lógica político electoral de la Mesa ha colocado y seguirá colocando esos temas en segundo plano. Estos temas requieren otras instancias organizativas con su propia lógica. (Cabe mencionar que la iniciativa adoptada por la AN para debatir sobre la visión de país tiene un potencial interesante, aunque el esquema adoptado parece muy tradicional).

6. La respuesta ante esos dos retos debe provenir, principalmente, de otros dos conjuntos de actores sociales con la debida legitimidad. Que no pidan permiso a la Mesa para nacer y para actuar. Pero que tampoco surjan para competir con ella sino para crear, conjuntamente, el MUD, esto es, el Movimiento de Unidad Democrática.

7. La Mesa se ha reestructurado y eso es un avance. Pero el desafío de reinventar a la oposición y de lograr una adecuada “división del trabajo” entre nosotros, los demócratas, sigue pendiente. Y los tiempos para hacerlo son cada vez más cortos.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

Trump es Trump; por Fernando Mires

Cada vez que he escrito sobre el presidente Trump alguien me contesta aduciendo que el muro antimexicano lo comenzó a construir Obama. O que el proyecto de desconectar a los Estados Unidos de la globalización por medio del desconocimiento de tratados internacionales ya era una propuesta de los propios izquierdistas. O que es necesario relocalizar una

Por Fernando Mires | 17 de febrero, 2017
Fotografía de Pablo Martinez Monsivais para AP

Fotografía de Pablo Martínez Monsivais para AP

Cada vez que he escrito sobre el presidente Trump alguien me contesta aduciendo que el muro antimexicano lo comenzó a construir Obama. O que el proyecto de desconectar a los Estados Unidos de la globalización por medio del desconocimiento de tratados internacionales ya era una propuesta de los propios izquierdistas. O que es necesario relocalizar una gran parte del capital volátil que anda dando vueltas a lo largo y ancho del mundo. O que las relaciones biliaterales son más confiables que las colectivas. O que desligar el destino de Estados Unidos del de Europa es una acción justificada ya que todos los deberes los asumen los Estados Unidos mientras los europeos se hacen los lindos asumiendo solo los derechos.

E incluso —agregan— si se toma en cuenta que los ejércitos del ISIS son uno de los principales enemigos de las naciones occidentales, una alianza militar con la Rusia de Putin se encontraría plenamente justificada desde un punto de vista geomilitar.

Y bien: pensando con objetividad, creo que mis críticos tienen en esos, como en otros puntos, cierta razón.

Pienso por ese mismo motivo que quienes comparan a Trump con Hitler exageran. Comparar al presidente de un país democrático, no solo a Trump, a cualquier mandatario occidental con Hitler, es un abuso historiográfico. Y lo peor: eso lleva a minimizar e incluso a relativizar la maldad de Hitler.

Hitler no era un demonio, escribió Benedicto XVl. Y agregaba: lamentablemente era un ser humano, una muestra de lo que el humano puede llegar a ser cuando da las espaldas a Dios. Sin embargo, si Hitler no era un demonio —podríamos pensar siguiendo al gran teólogo— era al menos un ser demonizado. Un pobre diablo si se quiere, pero con el poder suficiente para convertir al planeta en un infierno.

No sabemos todavía si Trump podría llegar a hacer algo parecido a lo que hizo Hitler. Pero no lo ha hecho, y mientras no lo haga no tenemos el derecho a prejuzgarlo. Ni a él ni a nadie.

Claro está, cuando uno lee no lo que dice, sino como lo dice Trump, cuando lo oímos insultar con tanto odio a los mexicanos, cuando se refiere obscenamente a las mujeres, cuando despliega su terrible incontinencia verbal contra quien lo contradiga, es inevitable pensar que si bien Trump no es Hitler, bien podría serlo si él no fuera el gobernante de un país en el cual rige una estricta división de poderes, una tradición republicana y democrática, y sobre todo, el dictado irrebatible de la letra constitucional.

“Hay que atenerse no a las formas sino a los contenidos”, afirman quienes cifran espectativas positivas en el presidente Trump. El detalle del problema es que las formas en política no pueden ser separadas de sus contenidos.

Poner en forma política a un conflicto significa no ponerlo en forma belicista del mismo modo como poner en forma artística a un tema no significa ponerlo en forma artesanal. No podemos decir, por ejemplo: estoy de acuerdo con el contenido de la Gioconda, pero no me agrada su forma. La forma de la Gioconda es la Gioconda.

Saber “guardar las formas” es saber guardar el sentido de la actividad que realizamos. Y Trump, definitivamente, no las guarda. Pero estigmatizarlo y condenarlo a priori por todo lo que diga o haga, tampoco es cuidar las formas. Sobre todo si observamos que entre la política internacional de Trump y la de Obama no solo se observan rupturas sino, además, algunas líneas de continuidad.

Por supuesto, nadie está pidiendo a Trump que sea como Obama (la clase no se adquiere: se tiene o no se tiene). Sin embargo, hay indicios que señalan como en el plano internacional, Trump ha mostrado disposiciones que si bien endurecen, no contradicen, más bien continúan a la política de Obama. Por cierto, es demasiado temprano para extraer conlusiones definitivas, pero ya hay cuatro ejemplos muy interesantes:

1. El ministro de defensa de Estados Unidos James Mattis aseguró que “el compromiso de EE. UU. con la OTAN es inquebrantable”. La declaración no debe haber gustado a Putin quien cifraba esperanzas si no en la desaparición, por lo menos en el debilitamiento de una OTAN cuya única función por el momento es proteger a Europa de Rusia. Mattis solo exigió en un lenguaje duro lo mismo que venía exigiendo con más cortesía Obama: que Europa asuma un mayor compromiso en sus obligaciones militares. El gobierno alemán al menos, ya lo entendió y se apresta a hacerlo.

2. Trump exigió el 15 de febrero en términos directos a Rusia que devuelva Crimea a Ucrania. Al leer esa noticia, Putin debe haber pensado que quizás se equivocó al hackear solo a Clinton y no a Trump.

3. Trump se expresó criticamente con respecto a la ampliación de los asentamientos impulsados por Israel en Palestina usando términos que podrían haber sido los de Obama. “No soy alguien que piensa que la expansión de las colonias [de Israel] sea buena para la paz”. El exagerado intercambio de amabilidades entre Netanyahu y Trump en el encuentro que ambos sostuvieron en Washington el 15 de febrero no logró ocultar que el desacuerdo básico en torno al reconocimiento del estado palestino mantenido con Obama, perdura con Trump.

4. Trump dio curso al material que preparó la administración Obama en contra del vicepresidente de Venezuela, Tareck El Aissami, congelando los millonarios activos que posee el sórdido personaje en Estados Unidos. ¿Una respuesta indirecta a Putin por su creciente injerencia en asuntos latinoamericanos, sobre todo en Cuba y Venezuela? Puede ser.

Definitivamente Trump no es Hitler. Tampoco es Obama. Trump es Trump y las deformaciones antipolíticas que caracterizan al recién elegido presidente no dejan por eso mismo de preocupar. Tarea de los consejeros de Trump será llevar la política, por lo menos la internacional, al lenguaje que corresponde. Pues, al fin y al cabo, la política es su lenguaje. Y si Trump un día aprende a hablar en político, puede ser que al final su mandato no sea el apocalipsis que en algún momento imaginamos.

Quizás vale la pena esperar un breve tiempo antes de lanzar un juicio más perentorio sobre el insólito mandatario.

 

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

CNN: Matar al mensajero; por Andrés Cañizález

La frase matar al mensajero se asocia generalmente con las restricciones a la difusión de información. Al acusar al “portador de las malas noticias” se suele desviar el foco de atención sobre el origen de “los males que cuenta”. En Venezuela se ha hecho cotidiana la práctica de matar al mensajero, en un sentido metafórico

Por Andrés Cañizález | 16 de febrero, 2017

cnn-en-espanol

La frase matar al mensajero se asocia generalmente con las restricciones a la difusión de información. Al acusar al “portador de las malas noticias” se suele desviar el foco de atención sobre el origen de “los males que cuenta”. En Venezuela se ha hecho cotidiana la práctica de matar al mensajero, en un sentido metafórico obviamente, con las cotidianas restricciones y vulneraciones del derecho a la libertad de expresión e información. El caso del canal de noticias estadounidense CNN en español no es un hecho aislado.

Este 15 de febrero la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) dio a conocer un procedimiento sancionatorio contra el canal CNN, lo que trajo como consecuencia su inmediata desaparición de las parrillas de canales en las diversas empresas de televisión por suscripción. La medida entró en vigor tres días después de que el presidente Nicolás Maduro se manifestara en contra de CNN.

El mismo fin de semana en el cual Maduro fustigó a CNN, dos periodistas brasileños fueron expulsados del país por intentar hacer grabaciones de las obras inconclusas de Odebrecht y retenidos durante varias horas dos periodistas venezolanos que les acompañaban. El viernes anterior El Carabobeño anunció que también el semanario impreso que tenían en circulación debía desaparecer por falta de papel, esto sumado a que el diario de ocho décadas dejó de circular el año pasado. El allanamiento de la sede de Odebrecht en Venezuela tuvo un correlato como lo fue el acoso contra dos periodistas a quienes obligaron a borrar las imágenes que habían tomado de este hecho.

De acuerdo con el informe anual de 2016 publicado en enero pasado por la organización no gubernamental Espacio Público, se registraron 366 violaciones del derecho a la libertad de expresión e información en Venezuela. Se trata de una por cada día. Con las bases metodológicas establecidas en 2002, y en las cuales tuve la oportunidad de participar como coautor de las mismas, el reporte de Espacio Público permite la mirada longitudinal y las comparaciones.

En total se registraron 266 casos el año pasado, ya que cada caso puede estar compuesto por una o más violaciones. Esto hizo de 2016 el segundo año con el mayor número de casos desde que se inició este monitoreo 15 años atrás. No es un asunto menor ya que hubo informes en años particularmente complejos como 2002, 2003 ó 2013. El año que tiene el mayor número de casos ha sido hasta ahora 2014, le sigue el 2016.

La temática más afectada el año pasado fue la de las restricciones en el campo informativo: El 44% de las violaciones a la libre expresión se registró en el contexto de manifestaciones públicas; entre ellas las de carácter político, en el marco de la exigencia del referendo revocatorio presidencial.

El caso de CNN, entretanto, tiene varias aristas. Por un lado, está la decisión de Conatel de suspender las emisiones dentro del país de este canal. Se trata de una medida similar a la que se aplicó en febrero de 2014 al canal también de información y por suscripción, NTN24. La sanción (no poder emitir su señal en Venezuela) sucede de forma previa al procedimiento administrativo, con lo cual medidas de este tipo por parte de Conatel terminan siendo un mecanismo de censura previa, tal como lo ha advertido el relator de la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Edison Lanza. En nuestra opinión, con el cese de las transmisiones de CNN por la televisión paga en el país, los venezolanos pierden una ventana informativa y el Estado aumenta su capacidad de control.

Junto a decisiones de este calibre, ocurren cambios soterrados, como me confirmó meses atrás un alto ejecutivo de una de las principales empresas de televisión por suscripción. Conatel ordenó la inclusión –sin discusión- del canal de noticias Russia Today dentro de las grillas de programación. En el caso de la empresa de este ejecutivo se tuvo que eliminar otro canal internacional para poder ajustarse a lo ordenado por Conatel.

Por otro lado, en 2016 se consolidó una práctica oficial, especialmente a partir del último cuatrimestre del año, para restringir el acceso de periodistas internacionales al país. En su informe anual de 2016, Espacio Público contabilizó 17 situaciones de restricciones y trabas. La llegada de periodistas internacionales al país con motivo de la manifestación convocada por la oposición del 1 de septiembre marcó un punto de inflexión, ya que no se conocían –hasta ese momento– medidas restrictivas generalizadas para la prensa extranjera. En total, en esa ocasión se impidió el ingreso de 10 periodistas de otros países.

Estas líneas, extraídas textualmente del informe de la ONG, sintetizan la política oficial: “El 28/08/2016 Kate Guerrero, de CNN en Español, debió abandonar el país porque autoridades aduanales retuvieron sus equipos y le pusieron como condición para ser devueltos que volviera al país de origen; el 29/08/2016 fueron cinco periodistas deportados, pertenecían al equipo de Al Jazeera; luego el 31/08/2016 John Otis (NPR), César Moreno (Radio Caracol) y María Eve (Le Monde) fueron deportados; Jim Wyss, del diario Miami Herald, fue expulsado del país”.

Las palabras de Nicolás Maduro este 12 de febrero, “fuera CNN de Venezuela”, podrían tener otra restricción además de suspender la señal de ese medio dentro del país. Desde mi punto de vista, el gobierno podría actuar también contra el equipo de periodistas venezolanos que colaboran con este medio internacional.

No sólo se busca que haya menos información independiente e incómoda para el gobierno dentro del país y por tanto se eliminan señales dentro de la pantalla (CNN, NTN24), sino que también la acción sostenida contra periodistas extranjeros que intentan ingresar a Venezuela pone en evidencia el interés oficial en que haya menos información sobre la situación venezolana en los medios internacionales.

Una práctica común en regímenes autoritarios, como lo hace Cuba por ejemplo, es controlar el trabajo de los periodistas extranjeros en la isla a los que obliga a canalizar sus actividades a través del Centro de Prensa Internacional. La práctica oficial en Venezuela en los últimos meses ha sido tanto la prohibición de ingreso como la expulsión de periodistas foráneos. Otra manera de apuntarle al mensajero.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

Rusia: Despenalización de la violencia familiar y criminalización de la política; por Fernando Mires

Las dos noticias llegaron el mismo día. La primera fue la despenalización de la violencia familiar en Rusia. La segunda, la inhabilitación del popular candidato opositor Alexei Navalny. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Aparentemente nada. Sin embargo, Putin nos ha enseñado a ser suspicaces. Si miramos atentamente la despenalización de la

Por Fernando Mires | 11 de febrero, 2017
mires

Fotografía de Getty Images

Las dos noticias llegaron el mismo día. La primera fue la despenalización de la violencia familiar en Rusia. La segunda, la inhabilitación del popular candidato opositor Alexei Navalny. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Aparentemente nada. Sin embargo, Putin nos ha enseñado a ser suspicaces.

Si miramos atentamente la despenalización de la violencia familiar y la violencia ejercida en contra de un opositor, acusado de una muy dudosa corrupción, veremos que ambos hechos comparten una misma lógica de poder.

Veamos la primera noticia. La disposición legal aunque grotesca es interesante. Las palizas dentro del ámbito familiar solo serán materia penal en caso de lesiones visibles, por ejemplo quebraduras. Moretones no bastan; dolores, tampoco. Más aún: para ser culpado, un agresor tiene que haber cometido delito de agresión dos veces al año. De modo que a cada ciudadano le está permitido destrozar cualquier miembro físico de su cónyuge una vez al año.

La nueva ley fue iniciativa de Putin. En una conferencia de prensa del año 2016, el mandatario se quejó de la descarada injerencia de la Justicia en las familias. Ahí comenzamos a entender. La despenalización de la violencia familiar tiene que ver con la reducción de las atribuciones del poder judicial. Uno de sus objetivos es traspasar más competencias al ejecutivo. Pero hay más. Veamos:

¿Quiénes son los favorecidos con la nueva ley? Por supuesto, los “jefes” de familia. Los casos de agresión física ejercida por mujeres en contra de hombres son en Rusia, como en todas partes, minoría. Rusia ocupa en materia de violencia familiar uno de los primeros lugares en el mundo. Todos los años son asesinadas entre 12.000 y 14.000 mujeres dentro de sus casas. El 40% de los crímenes violentos son cometidos en el dulce hogar. Lo que necesitaba Rusia, a toda vista, era un aumento de la competencia judicial sobre las familias. En cambio, Putin dictaminó en dirección contraria: a favor de la despenalización de la violencia familiar.

¿Quiénes, aparte de la mayoría de los maridos rusos, aplaudieron la despenalización? La respuesta es obvia: las autoridades de la iglesia ortodoxa rusa: una de las más conservadoras del mundo. La despenalización de la violencia se suma así a la penalización del aborto y a la discriminación de los homosexuales en todos los ámbitos de la vida.

Las convicciones de la iglesia ortodoxa en materia de sexualidad no se diferencian de las de otras religiones del mundo, todas más preocupadas de los genitales que de las almas. La particularidad rusa es que el cristianismo ortodoxo es el brazo ideológico de la dominación putinista del mismo modo como la doctrina marxista leninista lo fue de la dominación comunista. El de Rusia ya no es un estado secular. Desde los zares la iglesia ortodoxa no había gozado de tanto poder como bajo Putin.

Ateo convencido ayer, Putin es hoy un fervoroso creyente. El mismo Benedicto XVl —cuenta en su última entrevista— quedó impresionado de la devoción con la cual el autócrata besaba la cruz. Putin, evidentemente, quiere hacer creer que su llegada al poder es un mandato divino. Lo cierto es que entre la dominación putinista y la iglesia ortodoxa rige una comunidad de destino.

Tanto Putin como la ortodoxia están interesados en la reinstauación del orden patriarcal cuestionado por ideas foráneas provenientes de una “Europa enferma y decadente” y, sobre todo, liberal. A través de los patriarcas familiares, Putin y la Iglesia buscan ejercer dominación sobre toda la sociedad. Así como el ideal eclesiástico es convertir a cada padre de familia en un sacerdote dentro del hogar, el de Putin es hacer de cada marido un agente del Estado. Tanto en uno como en otro caso desaparecen las fronteras que separan al mundo público del privado.

La violación de las fronteras entre lo privado y lo público es la principal característica de todo sistema totalitario.

El Estado, de acuerdo a la lógica de Putin, no puede reposar sobre familias infectadas por el virus del feminismo occidental. Entre Estado y familia no debe haber contradicciones. El patriarcado político de Putin debe ser complementado con el micropatriacado ejercido al interior de cada hogar. Así se cumple una de las premisas de Foucault. El macropoder para que exista debe estar sustentado en el micropoder. Y en la familia, sin duda, es ejercido el micropoder por excelencia.

Así como Putin es dueño del cuerpo de los ciudadanos, el esposo, convertido en un microPutin, debe ser el dueño de los cuerpos de su esposa y de sus hijos. De este modo Putin no solo se apodera de los tres poderes del Estado. A través de sus instrumentos de represión se hace, además, dueño del poder físico, junto a la Iglesia del poder metafísico y gracias a los “jefes de hogar”, del poder microfísico.

¿Y que tiene que ver todo esto con la inhabilitación política de Alexei Navalny?

Mucho; o todo. Navalny es un político prooccidental en el exacto sentido del término. Egresado de Yale, es admirador de la sociedad liberal y de sus tradiciones. Como muchos intelectuales y algunos políticos, Navalny está convencido de que el futuro de Rusia solo está garantizado dentro y no fuera de Europa. Ese “dentro” supone la introducción de los usos democráticos que provienen de la Ilustración y de la consecuente secularización. Si a ello agregamos su innegable carisma personal, su simpatía y la recepción positiva que venía obteniendo entre los sectores más cultos del país, sobre todo entre mujeres y homosexuales, cabe imaginar que, para Putin, Navalny era un enemigo mortal.

quien-es-alexei-navalny-el-opositor-ruso-inhabilitado

La acusación de corrupción y los cinco años de prisión que le esperan, bastan para borrar a Navalny del escenario político. Pero en su tragedia tuvo quizás suerte. Todavía no ha aparecido muerto cerca del Kremlin, como ocurrió en 2015 al líder democrático antiPutin, Boris Nemtsov.

La violencia familiar ha sido despenalizada y la política ha sido criminalizada en Rusia. Los dos acontecimientos tuvieron lugar el mismo día 8 de febrero de 2017. Aparentemente no tienen nada que ver uno con otro, aunque todos sepamos que solo son las dos caras de una misma moneda.

Esa moneda es el precio del asalto a los valores de la Europa moderna. Los mismos valores que combaten los caballos de Troya del putinismo en los países de Europa Occidental. Marine Le Pen a la cabeza.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

Lecciones del juez Frank Minis Johnson y la segregación racial en EE. UU.; por Carlos Bellorin

“Ningún sistema judicial puede ser mejor que la sociedad a la que él sirve” Sir Christopher Greenwood Los cambios en los fundamentos de una sociedad no son muy frecuentes y tienden a producirse después de grandes eventos políticos. Estos pueden ser el catalizador para cambios estructurales aun más amplios que pueden encumbrarla o quebrarla. Estos

Por Carlos Bellorin | 11 de febrero, 2017
Juez Frank M. Johnson en el Tribunal Federal en Montgomery. Fotografía de Frank M. Johnson

Juez Frank M. Johnson en el Tribunal Federal en Montgomery. Fotografía de Frank M. Johnson

“Ningún sistema judicial puede ser mejor que la sociedad a la que él sirve”
Sir Christopher Greenwood

Los cambios en los fundamentos de una sociedad no son muy frecuentes y tienden a producirse después de grandes eventos políticos. Estos pueden ser el catalizador para cambios estructurales aun más amplios que pueden encumbrarla o quebrarla.

Estos cambios muchas veces se originan en la sociedad misma o dentro de alguno de los poderes del Estado, en particular dentro del Poder Judicial y del coraje de los jueces que lo integran. Por lo general, este coraje se materializa en las sentencias y órdenes dictadas en momentos o situaciones históricas críticas.

Un ejemplo de estos jueces movidos por la justicia y el coraje es el del Juez de Distrito del estado de Alabama y después Juez de Apelaciones, Frank Minis Johnson (1918-1999), quien con sus decisiones durante una carrera de casi 40 años ayudó a abolir la segregación racial en los estados del sur de los Estados Unidos, donde los afroamericanos eran tratados como ciudadanos de segunda clase y eran privados o limitados en el ejercicio de sus derechos ciudadanos fundamentales. Durante su carrera, el juez Johnson ordenó la “desegregación” en numerosos espacios públicos incluyendo escuelas, parques, bibliotecas, museos, aeropuertos, restaurantes, baños y también en la policía estatal de Alabama. En 1965 dictó una orden que permitió una histórica marcha liderada por Martin Luther King en protesta por la negación del voto afroamericano.

Estas decisiones le costaron al juez Johnson numerosas amenazas, discriminación y recelo de quienes se sentían traicionados porque un blanco del sur quisiera cambiar un status quo de casi cien años. Estas mismas personas se oponían a sus sentencias que ordenaban un trato más justo e igualitario para los afroamericanos. Interpretar las leyes bajo un sentido de justicia y hacer caso omiso a las presiones y amenazas del grupo social al que él supuestamente pertenecía, le valió al juez Johnson llevar una vida reservada y aislada durante gran parte de su existencia, con pocos amigos y una vida social poco activa.

La extensión de la discriminación y recelo contra él llegaba a tal punto que nunca fue aceptado por un club de golf en su condado, ya que sus miembros y la junta de admisiones de estos clubes, integradas naturalmente por blancos en su totalidad, no estaban preparados para aceptar a alguien que estaba convencido de la injusticia e ilegalidad de la segregación racial, ni siquiera por su condición de ser Juez Federal, uno los cargos públicos más respetados en los Estados Unidos.

Los Jueces Federales pasan por un estricto proceso de nominación y escogencia antes de ser nombrados por el Presidente de los Estados Unidos. El juez Johnson, podía, sin embargo, jugar golf en la precaria cancha de la base militar aérea de Montgomery, ya que al ser un recinto federal tenían la obligación de dejar usar sus instalaciones a un Juez Federal. Por muchos sábados, durante muchos años se vio al juez jugar por sí solo su ronda de golf en la base militar, tal vez acompañado solamente por sus convicciones.

Aunque las piezas fundamentales que sirvieron para la “desegregación” social definitiva en los Estados Unidos fueron sin duda alguna, la sentencia de la Corte Suprema de Justicia Brown vs. Board of Education de 1954 y la Ley de Derechos Civiles (Civil Rights Act) de 1964, la extensión de sus efectos no hubiesen sido posibles sin el cambio en la voluntad política y judicial a nivel federal. Este fue un proceso simbiótico en el que el juez Johnson y otros pocos jueces jugaron un papel principal a través de sus sentencias y órdenes judiciales.

El juez Johnson sacrificó una vida normal y pacífica por sus convicciones y por la justicia. Sin embargo, la historia lo recompensa al haber logrado un afroamericano la Presidencia de los Estados Unidos en 2008 y al reconocerlo como el juez que cambio al sur y, probablemente, a los Estados Unidos para siempre.

♦♦♦

Este corto artículo fue inspirado por la clase magistral titulada “Can International Law Change the World?”, dictada en el London School of Economics en 2009 por el Magistrado de la Corte Internacional de Justicia, Sir Chistopher Greenwood, donde por primera vez escuché la historia del juez Frank Minis Johnson.

Dolarización y pobreza en Venezuela; por César Gallo

Al leer artículos, entrevistas y escuchar declaraciones públicas se evidencia bastante coincidencia con relación a las caracterizaciones que hacen los economistas de la actual crisis económica que enfrenta el país, de sus causas, y sobre las medidas de ajuste que recomiendan para salir de ella. Incluso, al abordar el tema de la dolarización como una

Por César R. Gallo P. | 10 de febrero, 2017

blog_cesar_gallo_dolarizacion_pobreza_venezuela_640416

Al leer artículos, entrevistas y escuchar declaraciones públicas se evidencia bastante coincidencia con relación a las caracterizaciones que hacen los economistas de la actual crisis económica que enfrenta el país, de sus causas, y sobre las medidas de ajuste que recomiendan para salir de ella. Incluso, al abordar el tema de la dolarización como una de las posibles salidas se percibe una suerte de acuerdo casi unánime al opinar que tal medida no es viable, o no es conveniente, en el caso de Venezuela. A pesar de admitir los beneficios casi inmediatos que traería la oficialización de la dolarización completa de la economía, las desventajas que observan privan para coincidir en manifestar que tal medida es inapropiada para el país.

La dolarización es una propuesta que muy probablemente apoyaría la mayoría de la población, en particular los más pobres, quienes por lo general no han tenido acceso a divisas y son los que sufren con mayor rigor esta crisis. Resulta difícil creer que, frente a la alta y creciente inflación que afecta a nuestra economía y que ha dejado a nuestra moneda prácticamente sin valor, haya ciudadanos que prefieran percibir sus ingresos en bolívares ante la posibilidad de recibirlos en dólares, euros o cualquier otra divisa que sea fuerte y estable. A pesar de esto, tanto los que hoy nos gobiernan como quienes se proponen dirigir al país en la eventualidad de un cambio de Gobierno, no aconsejan tomar una medida que contaría con la aprobación de la gran mayoría de los ciudadanos.

Cuando existe una proporción importante de la población en situación de hambre y miseria, mientras el resto vive un acelerado deterioro de su calidad de vida, tratar de convencerlos de la necesidad de conservar una moneda sin valor que lleva el nombre del Libertador recurriendo a argumentos como la soberanía nacional, son cuando menos ofensivos a la dignidad de los ciudadanos. No es concebible hablar de soberanía nacional mientras se tiene a un pueblo en hambre y miseria. Para tratar de convencerlos, o tal vez asustarlos, se recurre a ilustraciones numéricas que confunden o espantan, mostrando lo bajo que serían sus ingresos si estos se otorgaran en dólares o alguna otra divisa. Se recurre a ejemplos como el siguiente: para facilitar los cálculos, asumamos que el sueldo mínimo en cifras redondas sea de 104.000 bolívares (incluido bono de alimentación), el cual transformamos en dólares a la tasa del mercado no oficial que, digamos, se encuentre aproximadamente en 4.000 bolívares por dólar. El sueldo mínimo pasaría a ser de tan sólo 26 dólares al mes, la cual obviamente resulta una cifra alarmantemente baja. Esta cifra sencillamente lo que nos muestra es lo miserable que en realidad es ese sueldo mínimo, con el que “vive” una proporción importante de la población, pero que dado en bolívares luce muy abultado, atractivo.

El punto es que hoy, tanto con 104.000 bolívares como con 26 dólares, se puede comprar la misma cantidad de bienes, pero en los próximos meses con los 104.000 bolívares con seguridad apenas se pueda comprar la mitad de lo que se compró hoy; mientras que los 26 dólares posiblemente sigan conservando su poder de compra. Optar por los bolívares en lugar de los dólares no parecería una decisión muy racional, a pesar del efecto visual que causa una cifra dada en cientos de miles contra otra dada solo en decenas. Con este tipo de ejemplos se ha tratado de manipular a la opinión pública. Pero ocurre que el ciudadano razona, ya que va a diario al mercado, sabe cómo éste funciona, conoce el concepto del valor de los bienes y del dinero, aunque no sepa definirlo con precisión académica, y por lo tanto constata la pérdida de valor de su moneda. No es necesario ser economista para entenderlo.  No es aconsejable por tanto subestimar la inteligencia del ciudadano usando tales ejemplos.

Frecuentemente se recomienda a la ciudadanía como medida de protección de sus ingresos y ahorros, ante la alta inflación que nos aqueja, comprar activos, entre ellos divisas. De hecho, con seguridad quienes dan estos consejos los ponen en práctica, e incluso, estarían dispuestos a cobrar en divisas sus servicios profesionales, lo que muchos muy probablemente ya hacen ante la situación de dolarización no oficial que se ha venido dando en la economía venezolana. Por esto resulta contradictorio dar el argumento de que la dolarización oficial no es una medida conveniente para nuestra economía, que la mejor opción es conservar la moneda nacional y tratar de recuperar su valor a través de medidas de ajuste y disciplina fiscal que lleven a un crecimiento económico sostenido, pero a la vez se aconseja ahorrar en divisas y ellos prefieren cobrar sus honorarios profesionales en dólares.

El problema es que con el nivel de inflación actual en Venezuela uno se pregunta si este consejo puede dárseles a los más pobres, quienes gastan todo su ingreso en los pocos alimentos que pueden encontrar en el mercado y no les quedan bolívares para comprar divisas u otros activos para protegerse de la pérdida de valor de su moneda. La historia será la de siempre. Los pobres dependerán de las dádivas del Gobierno, de las transferencias que tengan a bien hacerles, de los subsidios que se implementen y controlarles así sus vidas para tenerlos como un ejército reserva, pero de votos, para garantizar y dar las gracias a los gobernantes por las dádivas recibidas. ¿Será por esto que ni los políticos de oposición ven conveniente la dolarización oficial de la economía?

Hay razones para retomar el tema de la dolarización en el debate

El tema de la dolarización estuvo en el debate sobre las medidas económicas urgentes que se requerían para superar la crisis actual principalmente entre 2014 y 2015. No obstante, al tema se le ha restado importancia recientemente en los debates, tal vez por el acuerdo casi unánime alcanzado entre economistas y políticos sobre su inconveniencia para el caso venezolano, aunque entre los ciudadanos ha crecido el interés sobre esta posible salida. El problema es que muchas veces las opiniones, intereses, preocupaciones, problemas y aspiraciones de la ciudadanía no necesariamente coinciden con los de los políticos. Pero es necesario insistir en que hay razones para retomar este tema en el debate.

En Venezuela el exceso de controles en la economía, en particular para el acceso a las divisas, ha desatado la corrupción en una magnitud sin precedentes, así como tampoco hay antecedentes del nivel alcanzado por la inflación actual. Ambos fenómenos, en nuestro caso estrechamente relacionados, han empobrecido al país sobre todo en los últimos tres años, a una velocidad tal que, de continuar a este ritmo, no es de extrañar un desenlace no deseado que ya muchos vaticinan. Según la experiencia de otros países, oficializar la dolarización reduciría las posibilidades de la corrupción que se da por la vía del manejo de la política monetaria y frenaría casi de inmediato la inflación. Sólo estos dos efectos actuarían como una suerte de muro de contención a un mayor empobrecimiento del país y generarían condiciones favorables al crecimiento económico que permitiría luego revertir la tendencia creciente de la pobreza.

Es bueno recordar que los controles también se establecieron en gobiernos precedentes al chavista, también con consecuencias de desmedida corrupción, inflación y pobreza, aunque nunca llegaron a los niveles actuales. Sobre la base de la cultura rentista que nos caracteriza y la constante corrupción presente en casi todos los gobiernos de nuestra historia, no hay razones para pensar que está garantizado que situaciones como la actual no se presentarán en el futuro por el sólo hecho de que hoy se tomen unas cuantas medidas de ajuste y de disciplina que fácilmente pueden revertirse en el futuro a conveniencia de los intereses individuales de quienes sustenten el poder político en un momento determinado.

En vista de lo anterior y en el contexto actual resulta relevante revisar los argumentos que se han dado con mayor frecuencia tanto en favor como en contra de la dolarización, no sólo en artículos sino también en declaraciones públicas en relación al tema. Antes que todo, es importante recordar que dolarizar completamente una economía es la sustitución total de la moneda local por una divisa extranjera, para que ésta sea usada en todas las funciones que corresponden a la moneda en una economía determinada. El término no es usado con exclusividad en relación al dólar como moneda sustitutiva.

Ventajas de dolarizar oficialmente

La mayoría de los economistas coinciden en que al dolarizar se producirían dos efectos positivos.  Uno es la reducción relativamente rápida de la inflación, y el otro es que el Gobierno queda imposibilitado de financiar el gasto público con dinero inorgánico. Así, el circulante depende de las exportaciones y de los eventuales financiamientos externos. Queda restringida la posibilidad de devaluar, lo cual reduce la incertidumbre en relación con el tipo de cambio y a la expectativa de que puedan ocurrir en el futuro devaluaciones inesperadas, disminuye así el riesgo y con éste las tasas de interés.

Al verse el Gobierno forzado a manejar de manera eficiente sus finanzas públicas y abrir la economía a la inversión extranjera crea confianza, se estimulan ambos tipos de inversión, tanto la nacional como la extranjera, así como también se activa el comercio internacional al reducir los costos asociados a comerciar en diferentes monedas. Todo esto contribuiría a aumentar la oferta local de bienes y servicios con lo que se tendería al equilibrio con la demanda doméstica y así a una estabilización de los precios. Tan sólo estos efectos de la dolarización tendrían un impacto positivo en los grupos de más bajos ingresos, ya que la inflación es el peor enemigo de los pobres, quienes no tienen activos para protegerse de sus efectos empobrecedores, debido a que gastan prácticamente todos sus ingresos en alimentos. Es por esto que la inflación produce un impacto regresivo en la distribución del ingreso haciendo más pobres a los pobres.

Al aumentar la inversión productiva y diversificada, si ésta es intensiva en trabajo, aumentaría el empleo, el que está asociado con la reducción de la pobreza en Venezuela según he mostrado en un artículo previo. A través del empleo aumentarían los ingresos de los más pobres, no sólo por la creación de nuevos puestos de trabajo, sino también por una mayor productividad, sin necesidad de recurrir a las transferencias de dinero como medida compensatoria o a los aumentos recurrentes de sueldos y salarios por decretos del Ejecutivo, que lo único que logran es aumentar el circulante sin el correspondiente respaldo de producción, siendo esto lo que ha hecho crónica en Venezuela la enfermedad de la inflación y con ella la pobreza misma.

Las “desventajas”

A pesar de esos impactos positivos que tendría la dolarización, se destaca un conjunto de desventajas que dan base a quienes son contrarios a la medida para concluir que ésta no es conveniente para Venezuela.  Curiosamente, al examinar los argumentos dados encuentro que muchas de esas “desventajas” resulta difícil interpretarlas como tales. El principal inconveniente que se destaca es la pérdida de “soberanía monetaria”. Esto es, el Banco Central de Venezuela (BCV) renuncia a emplear la política monetaria para planificar la economía del país, ni puede devaluar con el supuesto objetivo de estabilizar los ciclos económicos. Se señala que la economía venezolana es altamente dependiente de la exportación de petróleo por lo que la dolarización incrementaría la vulnerabilidad de nuestra economía a la caída de los precios de este producto.  No sólo se hace más vulnerable a las oscilaciones del precio del petróleo sino también a cualquier tipo de shock externo, por no disponer de la devaluación como instrumento de política para compensar sus efectos adversos. Este argumento simplemente deja en evidencia que no hay entonces verdadera disposición de romper con la dependencia respecto al petróleo por parte de quienes se proponen conducir al país, que no hay sinceridad cuando se invoca el consejo de “sembrar el petróleo”, que realmente no hay intención de realizar los cambios de fondo en el aparato productivo que se requieren para reorientar el crecimiento económico hacia la diversificación.

Pareciera entonces que la intención es continuar como estamos en materia productiva, que no hay verdadera intención de crear fondos de reserva en los tiempos de bonanza que nos protejan de adversidades de los shocks inesperados. Esto es, pareciera, que se quiere seguir disponiendo de la posibilidad de emitir dinero inorgánico para financiar el gasto público en medio de las crisis. Hace sospechar entonces que se trata sencillamente de repetir el “quítate tú para ponerme yo”.

Con la dolarización el Gobierno renuncia a los ingresos por concepto de señoreaje (ganancia por emisión de papel moneda). La emisión de dinero sin respaldo reduce al mínimo su costo de producción lo que hace ilimitada la cantidad de dinero que se puede emitir y esto incrementa el ingreso por señoreaje. Al no poder financiar el Gobierno sus gastos por otras vías, recurre a la continua emisión de dinero. Por lo tanto, la práctica de aumentar el ingreso por la vía del señoreaje es inflacionaria. Si la dolarización impide a los gobiernos esta práctica, ¿por qué es una desventaja? Tal vez la respuesta sea la que da White (2014) quien afirma que se interpreta la pérdida de señoreaje como resultado de la dolarización como una transferencia de la economía nacional hacia la Reserva Federal de los Estados Unidos. Sin embargo, en medio de una situación en la que los ciudadanos prefieren divisas extranjeras frente a la pérdida de valor de la moneda local, éste no es más que un argumento proteccionista del Gobierno.  Afirma White que quienes dan este argumento actúan como consejeros técnicos del Gobierno sobre la mejor manera de extraer recursos de los ciudadanos. Hace pensar entonces que quienes hoy critican al Gobierno por emitir dinero sin respaldo, siendo ésta la causa de la inflación, se contradicen al usar, a la vez, el argumento de la pérdida de señoreaje como desventaja de la dolarización. Tal vez desean conservar para sí esta posibilidad para cuando ellos sean Gobierno.

Ahora bien, es un hecho reconocido que la economía venezolana se ha ido dolarizando de manera no oficial, no solamente porque ya existen mercados que utilizan el dólar como medio de transacción directamente, sino porque los precios en general vienen siendo determinados progresivamente en referencia al valor del dólar en el mercado no oficial. Siendo esta la realidad, tiene validez aquí la conclusión de Berg y Borensztein (2000) de que mientras más se use el dólar tanto en los mercados de bienes como los financieros se hace menor la ventaja de mantener una moneda local, así como también los ingresos por señoreaje tienden a hacerse menores. De cualquier forma, si la pérdida del señoreaje sigue siendo una preocupación para los políticos, se puede considerar la recomendación de Alesina y Barro (2001) de establecer esquemas de compensación con el país emisor de la moneda para ubicar o compartir lo correspondiente a señoreaje.

Si se dolariza el BCV pierde otra función que es la de auxiliar al sistema bancario en casos de crisis. ¿Es esto una desventaja? Al no contar con esta posibilidad, los bancos tendrían que aplicar una disciplina muy rigurosa para garantizar sobrevivir en medio de las crisis, manejar con más responsabilidad y eficiencia su solvencia y liquidez, garantizar éstas con la apertura de líneas de crédito con la banca internacional y la creación de fondos de reserva (Calvo, 2001). Así la probabilidad de crisis bancarias disminuiría, ya que además el público en general, y en particular los negocios, aumentarían su confianza en el sistema bancario. Por el contrario, en economías parcialmente dolarizadas el impacto de grandes depreciaciones se esparce rápidamente por todo el sistema bancario (Quispe-Agnoli y Whisler, 2006). Esto indudablemente aumenta el riesgo de crisis y la desconfianza del público.

También se argumenta como inconveniente el que una economía oficialmente dolarizada debe generar suficientes dólares para mantener su funcionamiento y que esto no es posible hasta tanto no se construya un aparato productivo sólido capaz de sustituir importaciones y diversificar exportaciones. Cabe preguntarse entonces, si estuviéramos en una situación como esa ¿para qué dolarizar? Ya el mandado estaría hecho. El problema justamente es que hemos sido incapaces de construir ese aparato productivo, el cual al parecer es posible construirlo sólo forzando la situación, obligando a los gobernantes y los hacedores de políticas económicas a reorientar el curso de la economía hacia ese objetivo. Las expresiones de buena voluntad no son suficientes, ya no son creíbles para pensar que los nuevos líderes que quieren asumir las riendas del país lo van a hacer bien, por más que nos prometan que ellos sí van a aplicar políticas racionales, que son honestos y no caerán en tentaciones de corrupción. Ya no debemos confiar en promesas de buena voluntad, hay que obligarlos a hacerlo bien.

En una economía oficialmente dolarizada no queda otro camino que imponer una rígida disciplina fiscal, ahorrar para los tiempos de crisis, diversificar y activar el aparato productivo. Por esto me sorprenden afirmaciones como estas:

“Para hacerla viable (la dolarización), esta medida requeriría del ahorro durante varios años de los ingresos en divisas. Y para ello haría falta consenso nacional, así como un mínimo conjunto de reglas que restrinjan el uso de la renta petrolera por parte del Ejecutivo Nacional. Y esto requeriría un cambio amplio en el marco regulatorio, algo que demandaría un mínimo de separación de poderes” (Raguá, 2015).

Hay que aclarar que no se trata de exigirles a los actuales gobernantes que implementen la dolarización.  Está claro que ellos no van a cambiar sus reglas y seguirán en la dirección de hacerles la vida más miserable a los venezolanos para su propio beneficio.  De lo que se trata es que esta medida sea considerada como propuesta para otro equipo de gobierno más racional, menos egoísta, que piense más en el país, en sus ciudadanos y menos en su beneficio personal, asumiendo que esto sea posible para un político.

Si los inconvenientes que se mencionan en el párrafo citado hacen inviable la dolarización, pareciera entonces que se confirma que no hay disposición real de enderezar los entuertos de esta economía. Esto mismo se percibe en el artículo de Kamal Romero publicado en Prodavinci en julio de 2015, en el que califica a la dolarización como una política extremadamente rígida, ya que al estar la economía venezolana altamente expuesta a los choques externos negativos debido a su alta dependencia del petróleo, unido a la existencia de instituciones fiscales pro-cíclicas, obligaría a realizar los ajustes vía la producción, el empleo y la liquidez del sistema financiero.  Mientras que, de otra manera, se puede generar cierta inflación (deflación) que facilite los ajustes de los cambios provocados en el gasto público por el choque externo (Romero, 2015).  También una posición muy similar ya había sido manifestada antes por Oliveros y Villamizar (2014), quienes igualmente son contrarios a la medida y entre otros argumentos afirmaron que “la dolarización impide que se lleven a cabo devaluaciones como mecanismos de ajuste fiscal y externo, algo de suma importancia en nuestro país, donde más de la mitad de los ingresos fiscales provienen de una actividad exportadora y son incrementados (en moneda nacional) a través de devaluaciones cuando la situación lo requiere (…). La dolarización tampoco elimina por completo el riesgo de una crisis externa, ya que los capitales extranjeros se siguen desplazando siempre que existan diferencias en cuanto a rentabilidad y costos entre las empresas nacionales y las extranjeras, aspecto en el cual Venezuela pudiera estar en desventaja si se recuerda que a la tasa de cambio oficial nuestro sueldo mínimo es uno de los más altos de Latinoamérica y que además nuestro país ha sido uno de los menos competitivos en materia de infraestructura, trabas institucionales y defensa de los derechos de propiedad en los últimos años”.  En otras palabras, pareciera que no hay intenciones de corregir esas trabas, que tenemos que resignarnos a aceptar nuestra realidad económica, política e institucional tal como está, como dada, es decir, incambiable y por consiguiente siempre tendremos que recurrir a las sucesivas devaluaciones como medida de ajuste.

Se muestra en esas argumentaciones muy poca disposición a aportar  para corregir los problemas de fondo de nuestra economía. Por cierto, llama la atención que se señale en el argumento que nuestro salario mínimo sea uno de los más altos de Latinoamérica al cambio oficial, cuando se sabe que una buena parte los inversionistas tienen que recurrir al mercado no oficial y a la tasa de cambio, en ese mercado, nuestro salario mínimo es más bien uno de los más miserables del mundo.

Justo por ser la dolarización un proceso prácticamente irreversible, que también se señala como otra de las “grandes desventajas”, es que esta medida obligaría a ir por ese camino sin retorno, si queremos sobrevivir como país, ser de verdad soberanos y no sólo serlo en el discurso de los políticos. Una vez que los ciudadanos se acostumbran a recibir sus ingresos en una divisa estable y segura de su preferencia ¿cuántos de ellos estarían dispuestos a renunciar a este privilegio para volver a recibir sus ingresos en bolívares “fuertes”?

Ecuador ofrece un buen ejemplo. Definitivamente la economía de ese país, dolarizada desde el año 2000, muestra un comportamiento muy superior al nuestro, a pesar de haber sido afectada también por la reciente caída de los precios del petróleo, pero no en la misma magnitud que ha afectado a Venezuela. Según las cifras del Banco Mundial (BM) en 2013 Venezuela creció apenas al 1.3% (PIB per cápita), mientras que Ecuador lo hizo a 4.9%. Para 2015 Venezuela decreció a 7%, mientras que Ecuador lo hizo tan sólo a 0.2%.

Recientemente el presidente Rafael Correa justamente se quejaba de que Ecuador cometió, según él, un “suicidio monetario” al dolarizar su economía, pero que intentar salir de ella “causaría un caos económico, social y político”, ya que es muy difícil revertir esa decisión. Por supuesto, ¿cuántos ecuatorianos estarían contentos hoy con volver a recibir sus ingresos en sucres? Según Correa, habían tenido que “recurrir a una serie de malabares” para equilibrar  los desbalances de su sector externo debido a la caída de los precios del petróleo al verse imposibilitado de devaluar. Correa afirmó que “mucho más sencillo sería tener tipo de cambio, que se deprecie un poco la moneda, se fomenten exportaciones, se restringen las importaciones y se corrige el desbalance externo” (Ultimas Noticias, 9 de agosto, 2016).

Pues bien, en mi opinión es justo esa posibilidad la que se quiere evitar con la dolarización. De lo que se trata es de evitar esas salidas fáciles, como el mismo Correa la califica, y cortoplacistas que tanto daño hacen a la economía en el largo plazo. Salidas fáciles que se toman recurrentemente sólo para que el gobernante de turno no pierda popularidad, mientras el pueblo pierde poder adquisitivo y bienestar al devaluarle su moneda, engañándolos con la llamada “ilusión monetaria” de disponer un mayor ingreso nominal, pero disminuido en su capacidad de compra real.

Es el pueblo el que cede su soberanía a los gobernantes para que ellos apliquen tales medidas fáciles, inconsultas y arbitrarias. Es esta la soberanía que los políticos quieren conservar para sí cuando sean Gobierno.

Tratan de convencer al público con la advertencia de que al estar la economía dolarizada, ante una baja imprevisible de los precios petroleros o algún otro shock financiero externo, necesariamente caerían no sólo el ingreso nacional sino que junto con él también los sueldos y salarios dolarizados, no habiendo forma de ajustarlos ante esa adversidad. Tampoco habría posibilidad de mantener el nivel de los créditos para inversiones. Mientras que por el contrario, si se mantiene la moneda local se podría devaluar para incrementar el circulante pudiendo así “ajustar” los sueldos y salarios. Esto es de lo que lamenta Correa no poder hacer hoy en el caso de Ecuador. Es decir, engañar a los ciudadanos por medio de unos salarios nominales incrementados, cuando en verdad su salario real habría disminuido en la misma proporción, o incluso, más que si estuvieran expresados en dólares o en cualquier otra divisa. Esto sería así porque con la devaluación se encarecen las importaciones, tanto de bienes como de insumos, encarecimiento que también se transmite a los bienes y servicios producidos localmente y si no se aumenta la producción doméstica, la implicación en los precios es aún mayor por lo que cada unidad monetaria local comprará mucho menos. Pensar en esta posibilidad como argumento en contra de la dolarización revela la poca disposición que se tiene para lograr diversificar nuestras fuentes de divisas, para estructurar y fortalecer el aparato productivo, para crear fondos de reserva y el deseo de seguir disponiendo de la “maquinita” para imprimir dinero en caso de que sea necesario. Es a esta “soberanía” a la que no quieren renunciar los que hoy nos gobiernan ni los que nos quieren gobernar en un futuro.

Los efectos sobre el empleo, la desigualdad y la pobreza

Dudas y preocupación se manifiestan en torno a los efectos que una medida monetaria como la que aquí me ocupa pueda tener sobre el empleo, la desigualdad y la pobreza.  Por supuesto, quienes son contrarios advierten que esos efectos serán negativos. Se ha declarado que la dolarización funciona bien para economías pequeñas como Panamá pero que no permite crear empleos. No obstante, si aceptan la premisa de que la tal medida crearía confianza y atraería capitales impulsando tanto la inversión doméstica como la extranjera en el país y estando éstas dirigidas al sector productivo con énfasis en el trabajo, ¿qué impide la creación de empleos?  Las estadísticas de Indicadores Claves del Mercado Laboral de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) no parecen apoyar la visión de un efecto negativo sobre el empleo en las economías de América Latina que han sido dolarizadas.

En 1999, justo antes de ser dolarizadas, tanto Ecuador como El Salvador registraron tasas de desempleo de 14% y 7%, bajando ambas tasas en 2013 a 4,2% y 5,9%, respectivamente. Por su parte, Panamá, que fue dolarizada en 1904, registraba en 1991 una tasa de 16,1% de desempleo, bajando a 11,8% en 1999, mientras en 2013 su registro fue 4,1%.  Resulta conveniente comparar estas últimas tasas con el 7,8% registrado por Venezuela para ese mismo año, cifra suministrada por la misma fuente, ya que el gobierno bolivariano se ha esmerado en mostrar la reducción del desempleo en Venezuela hasta ese nivel como uno de sus grandes logros lo que, según ellos, “solo puede ser alcanzado en socialismo”.

Además, resulta curioso que se planteen estas dudas sobre la capacidad de creación de empleos en una economía dolarizada, pero sin embargo conocemos de un número considerable de venezolanos que han emigrado a Panamá con ofertas de empleo, a otros trasladando sus negocios a ese país por ofrecerles mayores garantías o sencillamente colocando allí sus ahorros en dólares o en inversiones. Igualmente muchos profesionales, en particular profesores universitarios, han buscado opciones de desarrollar sus carreras académicas en Ecuador, ya que este país ofrece condiciones de trabajo estables y remunerativamente atractivas en dólares. No es la dolarización la que crearía el desempleo, sería la rigidez del mercado laboral venezolano la que pondría obstáculos a través de las leyes y decretos populistas actualmente vigentes, que la Asamblea Nacional debería revisar para dinamizar a una economía dolarizada oficialmente.

¿Se incrementan la desigualdad y la pobreza al dolarizar?

Se ha advertido también que la dolarización acentuaría la desigualdad en la distribución del ingreso en favor de los que han tenido hasta ese momento acceso a dólares en contra de los que tienen acceso sólo a bolívares.  Se argumenta que al momento de dolarizar los salarios sufrirán un ajuste hacia abajo por lo que los grupos de más bajo ingresos saldrán perdiendo mientras estarán en ventaja aquellos que ya habían podido acumular dólares con anterioridad, lo que no sólo aumentará la desigualdad sino que también incrementará la pobreza de ingreso.  Estos son afirmaciones que no son ciertas y que confunden porque una vez más se utiliza el efecto visual que trasmiten los ceros a la derecha en las cifras abultadas cuando se expresan los ingresos en bolívares en contraste con las mismas cuando son expresadas en dólares.  Si, por ejemplo, un individuo A recibe actualmente un salario mensual digamos de1.040.000 bolívares, mientras otro individuo B recibe el salario mínimo de 104.000 bolívares, asumiendo un tipo de cambio parecido a la cotización actual promedio del dólar en el mercado no oficial de Bs.4000/$, el individuo A pasará a devengar 260 dólares mensuales, mientras B recibirá 26 dólares. Son resultados que impactan por lo bajo de las cifras, pero que desafortunadamente tan sólo reflejan la realidad de desvalorización que ha sufrido nuestra moneda y con ella el empobrecimiento de la mayoría de la población. Obviamente que el cociente entre ambos salarios es el mismo estén estos dados en dólares o en bolívares. La desigualdad de los ingresos entre estos individuos sigue siendo la misma, porque sus respectivas capacidades de compra son las mismas antes y después de convertirlos a dólares. Este hecho es lo que se expresa en el cálculo de los índices de desigualdad, bien que se use el popular y conocido coeficiente de GINI, el índice de Theil o cualquier otro perteneciente a la familia de índices de entropía generalizada muy usados en la literatura sobre este tema. Todos estos índices satisfacen por su definición la propiedad de independencia de escala.

Por lo tanto, el valor de desigualdad que arrojen será el mismo cualquiera sea la moneda que se use para expresar todos los ingresos, siempre y cuando se aplique el mismo tipo de cambio para todos los perceptores de ingreso y para todos los tipos de ingreso. Lo valores de estos índices son independientes de la unidad monetaria utilizada. Es importante aclarar que en el cálculo de la desigualdad de ingresos no se consideran los ahorros acumulados por los individuos, ya que estos índices se calculan sólo sobre la base de ingresos totales mensuales y en estos están incluidos los flujos por intereses, rentas o beneficios mensuales que pudieran recibir los individuos de sus ahorros, propiedades o inversiones, pero no se incluye el monto mismo del ahorro.

Por la misma razón la estimación de la pobreza de ingreso tampoco se vería afectada por la dolarización. El número de individuos con ingresos en bolívares inferiores a una línea de pobreza individual, digamos, de 120.000 bolívares mensuales, es el mismo si esa línea se expresa en dólares transformando también todos los ingresos de los individuos con la misma tasa. Si aplicamos el mismo tipo de cambio anterior de Bs.4000/$, esa línea se transforma en 30 dólares y entonces serán pobres todos aquellos individuos cuyos ingresos mensuales, luego de aplicado el cambio, resulten menor a 30 dólares, que obviamente son los mismos que tienen ingresos menores a 120.000 bolívares. El punto es que lo que hoy se puede comprar en la economía venezolana con 120.000 bolívares es exactamente igual a lo que se podría comprar con el equivalente a 30 dólares. Lo que define a la pobreza es la no satisfacción de necesidades básicas, sin importar si para satisfacerlas hoy se paga en bolívares o en dólares. Pero lo que sí importa es que en un muy corto plazo, tal vez en un mes, los 120.000 bolívares ya no sean suficiente para satisfacer las necesidades básicas individuales, lo que haría de inmediato pobre al que hoy no lo es, mientras que los 30 dólares tiene mayores probabilidades de preservar en el futuro su valor de hoy.

Tampoco es cierta la supuesta ventaja que tienen los que ya han acumulado dólares ante una oficialización de la dolarización completa de la economía. Lo que generalmente ocurre es que los individuos que han acumulado dólares los tienen en cuentas personales o inversiones en el exterior, cuyos intereses o dividendos tienden a no ser declarados en el país. Así que la ventaja que tendrían si se dolariza oficialmente la economía frente a los individuos que no tienen ahorros en dólares es la misma ventaja que actualmente tienen sin dolarizar. Por el contrario, lo que podría ocurrir es que al lograrse un clima de estabilidad económica en el país, con baja inflación, disciplina fiscal, baja incertidumbre y bajo riesgo, se vean tentados a repatriar esos ahorros para ser invertidos localmente, lo cual más bien incrementaría el empleo, con éste se reduciría la pobreza, se incrementaría la oferta de productos y servicios en el mercado local y mejoraría el bienestar social general.

Por otro lado, los que nunca antes pudieron ahorrar en dólares, porque sus niveles de ingreso en bolívares no les permitían acceder a dólares, tendrían con la dolarización oficial acceso a ellos directamente porque sus ingresos los obtendrían en esta moneda o en cualquier otra divisa de su preferencia. De forma que no serán sólo los privilegiados los que podrán disfrutar de esa ventaja, como ha ocurrido hasta ahora, sino toda la población. Vista así ésta sería una medida más bien de equidad y justicia.

Ahora bien, podría argumentarse que, sobre la base de esta explicación, tal vez en un momento inicial los valores de los índices de pobreza y desigualdad no se vean afectados, pero que con el desenvolvimiento económico posterior se podría deteriorar la distribución del ingreso e incrementar la proporción de pobres. Esto dependería de muchos otros factores que no son predecibles en este momento, pero en mucho las tendencias dependerán del patrón de crecimiento económico que se adopte y de su composición sectorial. Con base en las cifras que ofrece el BM, lo que se observa es que las economías dolarizadas de América Latina no han registrado tendencias de deterioro de la desigualdad  ni de la pobreza en el tiempo una vez tomada la medida.

Por el contrario, Ecuador y El Salvador en 1999, justo antes de dolarizar sus economías, registraron valores de GINI de 58.6 y 52.2, los cuales se redujeron a 47.3 y 43.5, respectivamente, en 2013. En Panamá la reducción ha sido más moderada, pasando de 56.5 a 51.7 para esos mismos años. En lo que respecta a la pobreza de ingreso, el progreso ha sido más notorio en esos países. Para 2000, año de la dolarización en Ecuador, la pobreza  general en ese país alcanzó 64.4%, reduciéndose a 25.6% en 2013 y luego a 23.3% en 2015. El Salvador no reportó al BM cifras de pobreza para los años anteriores a 2005, pero para ese año, es decir cuatro años después de haber dolarizado su economía, reportó que fue de 35.2%, bajando luego esta proporción a 29.6% en 2013.  Panamá no reporta cifras al BM en toda la década anterior a 2014, pero para 2015 registra 23%. Es interesante también contrastar las cifras de pobreza de esos países en 2013 con la de Venezuela ese mismo año, la cual fue de 29.4%, llegando más tarde a 33.1% en 2015, después de haber alcanzado un nivel de 53.9% en 2004.  Esta reducción de pobreza en Venezuela el gobierno bolivariano se la ha atribuido como su gran logro, el “milagro” de su “revolución”, llegando a la exageración de alardear de ser un caso único en América Latina. Nótese que el progreso alcanzado en términos de pobreza de ingreso por las tres economías dolarizadas aquí reportado, es muy superior al que el gobierno venezolano se atribuye como un resultado sin precedentes en América Latina debido a sus “novedosas” y “revolucionarias” políticas sociales, que sólo fueron sostenibles con el favor de una gran bonanza petrolera y que ahora han repuntado de nuevo hacia 2015 (en base a cifras oficiales).

Creo importante destacar que con las cifras antes referidas sobre desigualdad y pobreza no estoy diciendo que esos resultados son un efecto directo de la dolarización, lo que estoy es mostrando que no ha ocurrido en esas economías el deterioro de esos indicadores que muchos pronostican que tendría lugar si se llegara a dolarizar completamente la economía venezolana, y que por el contrario en esos países tales índices más bien han mejorado en una proporción incluso mayor que la del “milagro” bolivariano hasta 2013.

Esa mejora es en realidad esperable, ya que si la dolarización logra reducir significativamente la inflación, con esto se le está aliviando el mayor peso que llevan sobre sus hombros los pobres, quienes no poseen activos que se revaloricen para protegerse de la pérdida de valor de la moneda, mientras los grupos más ricos son los que se benefician de los procesos inflacionarios aumentando de manera importante sus riquezas por estar en la posición de poder adquirir activos que aumentan de valor incluyendo divisas. Por lo tanto, es lógico esperar que la reducción de la inflación tenga un efecto inicial de disminución de las desigualdades. Obviamente que los logros en distribución del ingreso y pobreza serán sostenibles sólo a través de efectos combinados de diversos factores en los que el Estado juega un papel fundamental tales como educación, salud, vivienda, creación de infraestructura moderna, mejoramiento de la existente para beneficio de la actividad industrial y estímulo de nuevas inversiones, orientar estas inversiones hacia la diversificación de la economía con atención a la composición sectorial del crecimiento, facilitar la transferencia tecnológica, protección de nuestros recursos naturales, del ambiente, etc.

En resumen, el Estado se debe encargar de crear todas las condiciones necesarias para que se produzca el desarrollo.

Cabe agregar que al momento de dolarizar, el Gobierno de turno contaría además con la posibilidad de influir en los índices aplicando tipos de cambio diferenciados a los distintos grupos de ingresos de forma de favorecer a los más pobres y a los que tienen menos ahorros. De esta manera, en el momento inicial existe la posibilidad de producir cambios favorables en los índices de desigualdad y pobreza, a la vez que se reduciría el impacto psicológico inicial que produce la reducción de las cifras de los más bajos ingresos al transformar las cantidades. Esta posibilidad operaría como alternativa a la transferencia de dinero a los grupos más pobres y a los subsidios, medidas éstas a las que con tanta frecuencia recurren los gobiernos populistas y que incluso están aconsejando algunos economistas como medios para contrarrestar el supuesto efecto adverso que tendría hoy un ajuste de la economía.

La dolarización derrota al principal enemigo de los pobres: la inflación

Lo que sugiere la evidencia empírica es que crecimiento económico con baja inflación constituye una condición necesaria para reducir la pobreza y mejorar el bienestar social general, aunque no es condición suficiente  La dolarización contribuye efectivamente a establecer esa condición necesaria. Tanto El Salvador como Panamá se han mantenido creciendo por más de una década, mientras Ecuador si bien se ha visto afectado por la caída de los precios del petróleo, ha sido en una magnitud muy inferior a lo que ha ocurrido en Venezuela, como antes referí. En términos de inflación la situación es aún más optimista. A pesar del efecto negativo de la caída de precios del petróleo en su crecimiento económico la inflación en Ecuador se mantuvo inferior a 4% para 2015, según las estadísticas financieras del Fondo Monetario Internacional (FMI). Por su parte, según esa fuente, para ese mismo año, El Salvador registró inflación negativa de 0.731, mientras en Panamá fue positiva pero de apenas 0.126. En contraste, en nuestro país el gobierno bolivariano martiriza a sus ciudadanos, en particular a los más pobres, manteniendo una moneda sin valor con la mayor inflación del mundo por todos bien conocida, la que según la cifra oficial alcanzó en 2015 el 121,7%.

El efecto de la dolarización sobre la inflación en el caso de Ecuador fue inmediato.  Según las cifras del FMI al año siguiente de haber dolarizado su economía la inflación cayó de 96% al 37.7%, para luego bajar a 12.5% en 2002, seguir bajando hasta 2.7% en 2004 alcanzando su nivel más bajo desde haber tomado esa medida en 2007 cuando registró 2.3%.  También es de destacar aquí lo ocurrido con la inflación y el crecimiento económico en el caso de Zimbadwe, que si bien nos ubica fuera de la región, es un ejemplo digno de mencionar por los niveles de hiperinflación alcanzado por su economía. Por sólo señalar una cifra para dar una idea, la inflación mensual en septiembre de 2008 en ese país llegó a 12.400% (Noko, 2011). Al final de ese año la misma se contaba en billones, mientras para referirse a la anual no cabrían los ceros a la derecha en una misma línea para escribirla aquí. Son cifras inimaginables, difíciles de creer. En 2009 se toma la decisión de dolarizar oficialmente y para diciembre de ese mismo año se registra una inflación negativa de menos 4.74% (Kwesu, 2009). Según el FMI para los años posteriores la inflación se mantuvo inferior al 4% y para el 2015 volvió a registrar un valor negativo de menos 2.4. El efecto en el crecimiento económico también se hizo sentir rápidamente en Zimbadwe. El PIB había estado cayendo en menos 4.6% en 2006 y menos 14.4% en 2008, para registrar crecimiento de 3.7% en 2009, siendo el caso de que el sector agrícola registró ganancias de productividad de 24.3% ese mismo año (Biti 2009).

La dolarización no-oficial es empobrecedora

Lo que hace la situación aún peor en el caso de Venezuela es que se ha ido dando una suerte de dolarización de manera espontánea, lo que algunos refieren como “dolarización no-oficial”, porque los individuos con mayores posibilidades económicas buscan protegerse de la pérdida de valor de la moneda nacional llevando sus ahorros a dólares. Hay un  número cada vez mayor de transacciones que se realizan directamente en dólares y aquellas que por razones legales deberían concretarse en bolívares, esto se hace sólo de manera simbólica, siendo común la práctica de fijar los precios en términos de la cotización del dólar en el mercado no oficial. Obviamente los niveles de precios en bolívares fijados por esta vía alcanzan un nivel tan alto que hacen los bienes que se transan inalcanzables para aquellos que sólo disponen de ingresos en bolívares. Este es el caso de los mercados de vehículos y vivienda.

La desigualdad real se hace aún mucho mayor de lo que podría detectar el cálculo de un índice, ya que la minoría que tiene ahorros en dólares o cualquier otra divisa usualmente venden y compran de manera regular en el mercado no oficial generando abultados ingresos que no son reportados en las encuestas de hogares. Este tipo de dolarización excluye a aquellos que no tienen acceso a las divisas, normalmente los más pobres, acentuando de manera desproporcionada la desigualdad e incrementando la pobreza. Tan sólo por esta sencilla razón oficializar la dolarización completa de la economía sería una medida democrática e incluyente, como se señaló antes, sería una medida de justicia.

Coincido con quienes afirman que la dolarización no garantiza una rígida disciplina fiscal, Panamá es un ejemplo (Golsfajn y Olivares, 2001), pero sin duda reduce considerablemente el margen para prácticas irresponsables forzando a un manejo más racional de la deuda. Hugo Faría y Carlos Sabino ya en 1997 en su libro La Inflación, qué es y cómo eliminarla, sugerían recurrir al endeudamiento externo ante bajas de los precios del petróleo para financiar el déficit y ante las alzas utilizar el superávit para cancelar deuda y evitar así flujos bruscos de dólares a nuestra economía que podrían provocar cierta inflación. A esto se puede agregar la creación del fondo de reserva que debería ser administrado con responsabilidad y racionalidad. Esto mientras se siga dependiendo del petróleo como principal o única fuente de divisas, porque no se debe olvidar que la mejor protección ante esos shocks es la diversificación de las exportaciones, de forma que el incremento de exportaciones no-petroleras compense las inesperadas caídas del precio del petróleo.

Verdadera soberanía y falso patriotismo

Antes se señaló que quienes se oponen a la medida de dolarizar de manera oficial la economía venezolana recurren a despertar un sentimiento nacionalista en la población argumentando que al abandonar nuestra actual moneda se está renunciando a la soberanía nacional y terminaremos con una total dependencia de la dinámica cambiaria de la moneda de los Estados Unidos.  Hablar de dolarización no implica que se deba utilizar el dólar de manera obligatoria en todas nuestras transacciones, sino que se trata más bien de sustituir la moneda de curso nacional por la divisa extranjera de mayor conveniencia en un momento determinado. No nos obliga  a estar atados al dólar americano. Se trataría más bien de establecer libertad cambiaria de manera que los ciudadanos puedan decidir la moneda de mayor conveniencia para realizar sus transacciones, cuando la circunstancia así lo determine siendo esta una decisión soberana. En este sentido, Cachanosky y Ravier (2014) hacen una propuesta interesante para Argentina de dolarización flexible que es conveniente tomar en cuenta, justamente porque Argentina tuvo la experiencia de la Caja de Conversión, la cual no resultó exitosa.

Por otro lado, también se recurre a los sentimientos patrios al afirmar que se ofende la memoria del Libertador al renunciar a la moneda que lleva su nombre. Tal como ya lo afirmaron Faría y Sabino (1997), la peor deshonra que puede hacerse al héroe nacional es utilizar su nombre para identificar una moneda que carece de valor.  Estos autores nos recuerdan además que pocos países utilizan el nombre de sus héroes para denominar sus monedas. Recurrir al argumento de la necesidad de mantener una moneda nacional con el nombre del Libertador para honrar su memoria y exaltar nuestra nacionalidad es una actitud reprobable porque no es más que un falso patriotismo. Ni los mismos “revolucionarios” que se autoproclaman de patriotas y bolivarianos se atreven a mantener sus ahorros en bolívares. Por el contrario, han sacado del país todo el ahorro que han podido convirtiéndolo a otras divisas, teniendo muchos de ellos como destinos favoritos justamente las economías donde el dólar es la moneda oficial de circulación. A la Patria se le honra haciendo a los venezolanos independientes de las dádivas de gobiernos populistas y corruptos, haciéndolos verdaderamente soberanos y libres de tomar las decisiones que más les convengan para construir un futuro de bienestar.

¿Hay suficientes dólares para dolarizar?

Es cierto que para dolarizar completamente la economía el Banco Central de Venezuela debe comprar toda la moneda nacional que se encuentre en circulación al momento de tomar tal decisión, por lo que un aspecto que hay que considerar es el tipo de cambio que se debe aplicar, así como también si éste debe ser diferenciado de acuerdo a grupos de ingreso como antes se mencionó, asunto que debe ser debatido entre los economistas si se decidiera impulsar esta medida. Para esto habría que tomar en cuenta la liquidez monetaria y el nivel de las reservas internacionales existentes en ese momento, cuyo cociente sugeriría el llamado tipo de cambio implícito que podría ser usado como referencia en la decisión. Si se escoge un tipo de cambio conveniente, tomando como referencias el implícito y lo que esté determinando el mercado cambiario en su momento, puede llegarse a un consenso sobre una tasa de cambio que determine la cantidad de dólares real que hace falta para hacer la conversión. Obviamente se necesitará un determinado nivel de las reservas que permita respaldar el proceso de dolarización. De resultar insuficiente se pudiera recurrir a préstamos internacionales o tal vez la venta de activos, como lo han sugerido algunos autores en otros contextos nacionales.

En este sentido, en torno al nivel de las reservas necesario unido al tipo de cambio al cual se pudiera dolarizar, considero irrelevantes objeciones tales como que al dolarizar Venezuela pasaría a tener el salario mínimo más bajo se Suramérica si bien a tasas como Cencoex o Sicad permitirían al país tener el mejor salario mínimo de la región, así como también que “Venezuela dolarizada pasaría de ser la quinta economía de Latinoamérica a ser la vigésimo segunda” (Raguá, 2015).  Yo me pregunto si al ciudadano común le preocupa este tipo de rankings cuando va al mercado y constata que sus bolívares cada día compran menos o casi nada. Si el más pobre que tiene que hurgar en la basura para comer a diario se va a sentir más feliz por saber que el salario mínimo, a la tasa oficial, es el mejor de la región, aunque no le alcance para comer tres veces al día o apenas una vez y tenga que buscar en la basura. Ya también Oliveros y Villamizar (2014) habían hecho una observación similar sobre la “reducción” del salario mínimo que implicaría su conversión a dólares a una tasa de cambio implícito y de la magnitud de reservas internacionales que se requerirían si se aplica la tasa de cambio oficial. Es curioso que para destacar lo reducido que resultaría el salario mínimo se utilice como ejemplo el dólar implícito, pero para determinar el alto nivel de reservas necesario se le aplica el dólar oficial. Es decir, se usa a conveniencia de lo que se quiere destacar una u otra tasa. Pero además resulta muy sorprendente e inapropiado que se use el tipo de cambio oficial (el más bajo) para determinar el nivel de reservas necesario para dolarizar, para que resulte un monto exageradamente alto e inalcanzable, haciendo imposible tomar la medida, cuando bien se sabe que esa tasa es completamente discrecional, reservada no se sabe para qué ni a quiénes y que la economía real no se rige por ella.

Una medida irreversible: su “desventaja” más atractiva

Las dificultades para revertir la dolarización es a mi juicio justamente una de los grandes atractivos de esta medida. La experiencia de la Caja de Conversión en Argentina nos indica que mantener una moneda local siempre mantiene latente la posibilidad, la tentación, de echar marcha atrás, deja abierto el camino de regreso a las políticas que empobrecen a la mayoría en favor de los que sustentan el poder. La dolarización oficial cierra ese camino de manera definitiva.

Venezuela y Argentina lideran desde el 2013 al presente la lista de países según el índice de miseria (inflación, desempleo, tasa de interés y crecimiento económico), economías que han sido atrapadas por un populismo devastador. Mientras que los países dolarizados son los mejores ubicados en la región latinoamericana, superando incluso a economías como Chile, Colombia y Perú, las cuales han sido tomadas por algunos economistas como referencias de lo que se puede lograr sin necesidad de dolarizar. Pero cabe preguntarse cuál es la garantía que tienen estos países de no volver a ser dirigidos por gobiernos ambiciosos e irresponsables.

Las declaraciones de buena voluntad por parte de las autoridades monetarias de portarse bien, de ser disciplinados y actuar con independencia del ejecutivo en sus decisiones de política monetaria, no son argumentos convincentes. Prometer leyes que garanticen la independencia o autonomía del Banco Central del Ejecutivo no es garantía porque sabemos que tales leyes se pueden derogar para revertir esa “independencia” de acuerdo a los intereses políticos de los gobiernos de turno.  En Venezuela ya se han cambiado varias veces.  La Constitución de la República se ha modificado según las ambiciones de poder que tengan los gobernantes de turno. No hay ninguna garantía de disciplina a través de las leyes nacionales o de la Constitución cuando los que llegan al Gobierno se enferman de poder y de ansias por acumular fortunas.

¿Qué garantía tenemos de que los próximos gobernantes sean inmunes a estas enfermedades? Además, las autoridades monetarias siempre responden a algún interés político que las pudieran ligar al ejecutivo. Si la economía de Ecuador no ha sido afectada por el shock del petróleo en la misma magnitud como lo fue la economía venezolana no es porque el presidente Rafael Correa sea economista y más racional que el presidente venezolano, como muchos alegan, sino porque no ha podido revertir la dolarización, según él mismo confiesa en sus declaraciones de agosto pasado. Los ecuatorianos han estado protegidos de sufrir una debacle económica como la venezolana debido a que Correa no ha podido revertir ese proceso, ni tampoco podrán hacerlo los que le sucedan.

Los venezolanos no debemos dejar que los políticos manejen nuestro destino a su parecer y conveniencia.  No debemos renunciar a nuestra verdadera soberanía que nos da el derecho a controlar directamente nuestras riquezas, nuestras reservas internacionales y proteger nuestro futuro de las posibles ambiciones que inesperadamente se puedan despertar en quienes se encuentren gobernando en un momento determinado. Ya tenemos bastante experiencia a lo largo de la historia con gobiernos corruptos para seguir tropezando con la misma piedra en el camino del desarrollo. Lamentablemente en Venezuela hay una larga tradición de corrupción que recurrentemente nos ha llevado a situaciones de crisis.  La corrupción desgraciadamente queda casi siempre impune, lo cual estimula a los nuevos gobernantes que llegan al poder a cometer delitos porque saben que luego no les son cobrados. Es verdad que la dolarización oficial no es garantía de eliminación de todas las formas posibles de corrupción, pero le cierra el paso por una de las vías principales como es la del manejo irresponsable de la política monetaria. No dejemos nuestro destino completamente en manos de los políticos. Seamos parte activa en el forjamiento de nuestro bienestar futuro.  Propongo retomar este tema en el debate lo más pronto posible.

♦♦♦

Referencias:

Alesina, A y R. Barro, (2001), Dollarization, American Economic Review, Papers and Proceedings 91: 381-85.
Berg, A. y E. Borensztein, (2000), The Pros and Cons of Full Dollarization, IMF Working Paper, WP/00/50, International Monetary Fund, Research Department.
Biti, T., (2009), 2009 Budget Speech, Ministry of Finance (29 January).
Cachanosky, N. y A. Ravier, (2014), A Proposal of Monetary Reform for Argentina: Flexible Dollarization and Free Banking
Calvo, G. A., (2001), Capital markets and the exchange rate with special reference to the dollarization debate in Latin America, Journal of Money, Credit and Banking 33, No. 2,
Faría, H.J, y C. Sabino, (1997), La inflación: Qué es y cómo eliminarla, Ed. CEDICE-Panapo, Caracas, 1997, 64 págs.
Goldfajn, I y G. Olivares (2001), Full Dolarization: The Case of Panama, Working Paper, Pontificia Universidade Católica, Rio de Janeiro.
Noko, Joseph, (2011), Dollarization: The Case of Zimbabwe, Cato Journal, Vol. 31, No. 2 (Spring/Summer 2011).
Oliveros, A. y Villamizar, G. (2014),  ¿Hay que dolarizar la economía venezolana?
Quispe-Agnoli, M. y E. Whisler, (2006), Official Dollarization and the Banking System in Ecuador and El Salvador,  Working Paper, Federal Reserve Bank of Atlanta.
Raguá, D., (2015), Apuntes sobre la dolarización (en Venezuela)
Romero. K., (2015), El caso venezolano: dolarización y teoría macroeconómica
White, L. H., (2014),  Dollarization and Free Choice in Currency, Working Paper No. 14-44, Department of Economics, George Mason University.

Trump, o los dos principios de la moderna gobernabilidad; por Fernando Mires

Desde que hay modernidad dos principios compiten entre sí. Son los principios de la gobernabilidad. Uno, el de la gobernabilidad republicana. Otro, el de la gobernabilidad democrática. ¿Cuál es la diferencia? En una sola frase: toda democracia es una república pero no toda república es una democracia. Para que exista república se requiere de un

Por Fernando Mires | 9 de febrero, 2017
Fotografía de Carlos Barria para Reuters

Fotografía de Carlos Barria para Reuters

Desde que hay modernidad dos principios compiten entre sí. Son los principios de la gobernabilidad. Uno, el de la gobernabilidad republicana. Otro, el de la gobernabilidad democrática. ¿Cuál es la diferencia? En una sola frase: toda democracia es una república pero no toda república es una democracia.

Para que exista república se requiere de un derecho público, de un derecho privado y de una Constitución. Para que exista democracia se requiere, además, de una división entre los tres poderes y del ejercicio de la soberanía popular a través del voto.

La república sin democracia proviene del régimen absolutista monárquico y en ella son concedidas al gobernante facultades propias al monarca medieval. La república democrática proviene en cambio de la monarquía parlamentaria. Su antecedente más lejano reside en la Carta Magna inglesa de 1215 mediante la cual el monarca fue relativamente subordinado al Parlamento.

En la teoría política ambos principios siguen dos líneas teóricas. La primera, la puramente republicana, comienza con Hobbes, Maquiavelo, Kant (sí: Kant era republicano y no demócrata) y continúa con Gramsci y Carl Schmitt.

Sorprenderá al lector que mencione a Gramsci junto a Schmitt. La sorpresa desaparece si se tiene en cuenta que Gramsci se consideraba a sí mismo un continuador de Maquiavelo, con la diferencia de que para él, el Príncipe no es un individuo sino un ente colectivo: un Partido. Gramsci no era tan democrático como imaginan sus seguidores. Era leninista y su teoría de la gobernabilidad ya estaba inscrita en el ¿”Qué hacer”? de Lenin.

Schmitt, más hobbesiano que Hobbes y más maquiavélico que Maquiavelo, restableció el principio del líder conductor (Führerprinzip) heredero de la monarquía absoluta. Los modelos de Schmitt eran Lenin, Hitler y Franco.

La otra línea, la democrática, proveniente de Inglaterra, continuó a través de Rousseau (en parte), Montesquieu, Locke, Tocqueville (quien puso en forma teórica a Jefferson) hasta llegar a Popper, Arendt, Ralws (entre otros). De acuerdo a esa línea la democracia como gobierno del pueblo al no poder ser ejercida directamente lo hace a través de su órgano de representación: el parlamento.

La democracia moderna, dicho en breve, no puede prescindir de la potestad parlamentaria. Eso no significa que la única forma democrática es la democracia parlamentaria. Un régimen presidencialista es tan democrático como uno parlamentario cuando no prescinde de la división de los poderes. En EE. UU. por ejemplo, el principio de la república se hace presente en un muy fuerte presidencialismo pero a la vez la democracia es mantenida mediante el resguardo constitucional del parlamento y de la justicia. La presidencia es allí una institución poderosa pero a la vez limitada. El lugar del Rey no es el del Presidente sino el de la constitución.

La república no democrática prescinde en cambio del parlamento y coloca al líder por sobre la constitución y las leyes. El líder, de acuerdo a Carl Schmitt, se relaciona de modo directo (plebiscitario) con el pueblo. Esa es la razón por la cual la mayoría de los gobernantes no democráticos han sido populistas. El líder sin parlamento gobierna por medio de decretos.

La decretización de la política es característica fundamental de la república no democrática. Mediante decretos gobernaron Hitler, Stalin, Castro y Chávez; y hoy lo hacen Putin, Erdoğan, Maduro, y últimamente —es novedad del siglo XXl— Donald Trump.

La imagen de Donald Trump cada vez que muestra por televisión un decreto con su ampulosa firma, nos informa que el principio de la república no democrática ha asomado en donde menos se esperaba: en los EE. UU.: patria del constitucionalismo. Pero esa es también la diferencia entre Trump y otros gobernantes decretistas. Trump decreta en una nación en la cual el principio de la república democrática tiene profundas raíces históricas. Por eso ya Trump ha chocado estrepitosamente con el poder judicial y probablemente lo seguirá haciendo.

La historia del mandato de Trump —ya se ve— estará marcada por una lucha constante entre los tres poderes del Estado. Si el principio del líder conductor logra imponerse por sobre el de la república democrática, nadie lo sabe todavía. Sería una gran desgracia si así ocurriera. Trump terminaría imponiéndose, además, sobre Jefferson.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

¿Qué significa que Venezuela haya sido considerado país no libre por Freedom House?; por Andrés Cañizález

Recientemente la ONG internacional Freedom House colocó a Venezuela en la categoría de país “No Libre” en su estudio sobre la libertad en el mundo, en la edición de 2017. El cambio cualitativo pasó ciertamente desapercibido dentro del país, incluso entre voceros oficiales. Para los lectores y analistas que están fuera de Venezuela, este documento

Por Andrés Cañizález | 7 de febrero, 2017

Recientemente la ONG internacional Freedom House colocó a Venezuela en la categoría de país “No Libre” en su estudio sobre la libertad en el mundo, en la edición de 2017. El cambio cualitativo pasó ciertamente desapercibido dentro del país, incluso entre voceros oficiales. Para los lectores y analistas que están fuera de Venezuela, este documento confirma lo que fue la asfixia institucional de los canales democráticos vividos el año pasado. Es un cambio de envergadura, puesto que en los últimos 18 años Freedom House no había colocado a Venezuela junto a las dictaduras, pese a cuestionar en diversos momentos el autoritarismo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

El informe 2017 fue difundido a la prensa el 31 de enero pasado. La documentación de Freedom House sobre las libertades en el mundo, que ahora cuenta con informes por separado sobre la libertad de prensa y la libertad en internet, tiene relevancia en la medida en que permite una mirada longitudinal. El balance de la libertad de Freedom House se inicia desde los años 50, poco después de la fundación de esta ONG, de origen estadounidense y de alcance global. Comenzando la década de los 70 con la asesoría metodológica del académico Raymond Gastil tomó cuerpo el estudio para convertirse en un libro anual desde 1978. En aquellos años se establecieron tres categorías básicas para evaluar a las naciones:

1. Libre,

2. Parcialmente Libre;

3. No libre.

Para ubicar a las naciones dentro de estas categorías se aplica un sistema de puntuaciones. En el informe de 2016, por ejemplo, participaron 80 analistas y 30 consultores. Una combinación de indicadores, en los que evalúan la situación de los derechos políticos y libertades civiles, arroja puntuaciones: el 1 es más libre, el 7 es menos libre.

¿Cómo fue evaluada Venezuela en 2017? Según los indicadores de Freedom House en materia de derechos políticos está el país en rojo, pues tiene una puntuación de 6. En libertades civiles, también en rojo, la valoración es de 5. La combinación, que es el balance total, es de 5,5 sobre 7, que es como hemos dicho el peor registro. De allí surge el cambio de categoría. De “Parcialmente Libre”, que caracterizó al chavismo durante largos años, según los informes de Freedom House, al “No Libre” de este 2017, bajo el gobierno de Nicolás Maduro.

El resumen ejecutivo de forma especial le dedica algunos párrafos a Venezuela. Esto es una señal de que el país está dentro de las preocupaciones centrales de Freedom House. Estas líneas, a mi juicio, sintetizan porqué pasó Venezuela a ser considerado un país no libre por Freedom House:

“Maduro, confiando en parte en el control del régimen de los tribunales, respondió a una victoria de la oposición en las recientes elecciones legislativas privando de competencias a la asamblea legislativa y bloqueando un referéndum presidencial revocatorio, lo que eliminó de forma eficaz la única vía para un cambio de liderazgo ordenado”

Si bien, por razones obvias, nos interesa el tema venezolano en este reporte global, no puede soslayarse este dato: Freedom House observa una tendencia regresiva en el mundo en materia de derechos políticos y libertades civiles. De los dos centenares de países analizados, en 2016 un total de 67 vivieron restricciones a las libertades. Otro dato sintomático del tiempo que vive el planeta: Freedom House registra 11 años consecutivos de menores libertades; en dicho período ha sido mayor el número de países en los que decrecen las libertades frente al número de naciones en los que se fortalecen los principios liberales de la democracia moderna.

¿Cuál valoración le dio Freedom House al chavismo? Si se revisa el histórico de los informes, a partir de 1999 se observa una tendencia sostenida de “Parcialmente Libre”. La puntuación combinada de derechos políticos y libertades civiles es de 4 en aquel año, y debemos recordar que 1 es lo mejor y 7 lo peor, según Freedom House. Hay diferencias importantes: en el terreno de los derechos políticos Venezuela contaba entonces con 3 puntos, lo cual era una valoración positiva para el cambio institucional que vivía el país. Esa misma percepción priva en los reportes de 2001 y 2002.

En el período 2005-2006 se produce un cambio en la valoración de Freedom House sobre el gobierno de Chávez, ya que está “promoviendo políticas anti-EEUU, anti libre comercio, al tiempo que ha estrechado sus vínculos con Cuba y los grupos de izquierda en el hemisferio”. Ese era el telón de fondo para que la ONG manifestara su crítica al “acoso a los actores de oposición”. Si bien se mantiene el país bajo la categoría de “Parcialmente Libre”, la puntuación combinada se ubica en 4, pero el texto de los informes pasa a tener un tono de advertencia por los sucesos que observan en el país. En el informe 2010 el país pasa a 4,5 en la puntuación total, y en 2011 ya escala a 5. Se incrementan las restricciones, según puede leerse en los informes, pero al hacer un balance global no se consideraba que el chavismo había pasado la raya, seguía bajo la categoría de “Parcialmente Libre”.

Llegamos, finalmente, a la nueva categorización que hace Freedom House de Venezuela. Al ubicar al país como “No Libre”, la ONG con sede en Washington coloca al país junto a otros cuyo registro democrático es francamente negligente: Cuba, Libia, Egipto, Sudán, Congo, República Central Africana, Yemen, Omán, Siria, China, Bielorrusia y la propia Rusia, entre otros.

De América Latina sólo Cuba y Venezuela se consideran como “No Libre” por Freedom House. No es solo casualidad. Desde hace ya algunos años Venezuela pasó a ser parte, junto a Cuba, de países recurrentes en el capítulo V de los informes anuales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Al colocarlos allí, y separarlos del resto de países en sus informes, el órgano interamericano sencillamente expresa su preocupación y deja constancia de la gravedad de la situación en materia de derechos humanos. Otros países entran y salen de dicho capítulo, según sea el año.

Volvamos a lo que estrictamente señala Freedom House. Es significativo que al evaluar lo ocurrido a Venezuela en 2016, le coloque junto a países abiertamente dictatoriales (la mayoría de los “No Libre” del ranking de Freedom House son dictaduras). A mi juicio, tal cambio en la valoración está en sintonía con lo que también ya han señalado organizaciones nacionales de derechos humanos, como Provea, y articulistas como Alberto Barrera: Venezuela vive bajo una dictadura.

Puntuación sobre Venezuela de Freedom House 1999-2017:

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

La Revolución dejó de ser pacífica y se asumió solo armada; por Verónica Zubillaga

A mediados de enero de 2017, en el marco de unas anunciadas maniobras militares, vimos al presidente Maduro manipulando un arma enorme que no sabía utilizar. En las imágenes se veía al Presidente parapetado en lo alto de un vehículo militar manipulando un fusil. De pronto se escucha una voz que dice: “¡La foto, la

Por Verónica Zubillaga | 7 de febrero, 2017
maduro-con-arma-640-por-417

El presidente Nicolás Maduro durante ensayos militares en enero de 2017. Fotografía de EFE

A mediados de enero de 2017, en el marco de unas anunciadas maniobras militares, vimos al presidente Maduro manipulando un arma enorme que no sabía utilizar. En las imágenes se veía al Presidente parapetado en lo alto de un vehículo militar manipulando un fusil. De pronto se escucha una voz que dice: “¡La foto, la foto!”, reportando claramente una “puesta en escena”.

Seguidamente se produce un diálogo que inicia el Presidente preguntando en tono gritón: “¿Disparo?”. Aunque visiblemente no sabía utilizar el arma. Pregunta de nuevo: “¿Se agarra aquí, no?”. Le responden: “Si, sí, porque alante…”. Luego, en tono interrogante, como el aprendiz que quiere mostrar que asimiló la lección, dice: “Y aquí van cayendo los cartuchos”. Entonces profiere:

“Estos podemos llevar unos diez, veinte mil a todos los barrios y campos para defender el territorio de Venezuela, defender la patria, la soberanía. Esto y con otro tipo de armamento que estamos preparando, secreto, para bueno, poder moverse en barrios, campos, en todos lados…” (sic)

Finalmente vemos el rostro del conductor del vehículo que pareciera estar padeciendo al verse mezclado en la escena.

Este episodio me ha interpelado profundamente. Ya lo mencioné en una entrevista hace unos días, y me uno al sentimiento de otros autores que también han escrito sobre ella en otros espacios. La puesta en escena nos dice mucho sobre el momento actual de la revolución bolivariana poschavista y lo que se cierne.

La teoría interpretativa de la cultura desde la perspectiva antropológica (Geertz, 1973), nos invita a desenmarañar las capas de significado de la vida social y, sobre todo, los dramas y los significados en juego en los distintos eventos que allí acontecen. Esta premisa me parece muy sugerente para ofrecer una lectura sobre la escena; aportar una interpretación sobre lo que allí está en juego, y sobre todo, para dejar un relato que “fije” en la palabra escrita la atrocidad con ribetes de ridiculez de este acontecimiento.

Ver al presidente Maduro manipular un arma que obviamente no sabe accionar, constituye casi una escena tragicómica. Es constatar la colosal responsabilidad que tiene en sus manos y su profunda ignorancia que, como es sabido, deviene en osadía y terquedad. Es pues la metáfora de la Venezuela actual: la ignorancia y terquedad del grupo gobernante y los terribles riesgos y pesadumbres a los que someten a la población.

Insistir en distribuir armas para la defensa de la revolución, en un país que junto con El Salvador tiene las tasas de muertes violentas más elevadas del continente y junto con Puerto Rico, la proporción más elevada de muertes ocasionadas por armas, revela una profunda ignorancia. Es, además, ingenuo pensar que la gente estará armada sólo para la defensa dela revolución, pero que las armas no circularán para cometer crímenes y homicidios contra su propia gente y contra sus escoltas.

¿De dónde vienen las armas con las que se cometen los asesinatos en Venezuela? Difícil efectuar el rastreo, pero sí se sabe, por ejemplo, que muchas de ellas entraron en el año 2009 al seno de esta revolución pacífica pero armada. Ese año Venezuela destinó la mayor cantidad de dólares de los últimos treinta años para la compra de pistolas y revólveres; y a finales del año pasado el Presidente hizo el anuncio de una inversión similar en armas para la Policía Nacional. La literatura existente ha revelado que la conexión entre los mercados legales e ilegales de armas es muy íntima: las armas son objetos de matanza que fluyen, cambian de dueño, se prestan, se roban, y derivan en usos muy distintos a los originalmente pautados.

Grupos armados por razones políticas o de protección personal en otros horizontes, como por ejemplo las Autodefensas Unidas de Colombia, mejor conocidos como los paramilitares colombianos, nos muestran una y otra vez que los “parasoldados” terminan siendo los verdugos de su propio pueblo o de los mismos gobernantes y señores que los armaron, y que en todos los casos terminan implicados en las economías ilícitas relacionadas con las armas: el tráfico de drogas, la extorsión, el secuestro, el robo y por supuesto, también asesinando a la gente que se les opone.

Abrir estos surcos en la historia de un país revela una peligrosísima ignorancia que nos está causando miles de muertes, duelos, y un enorme sufrimiento que puede prolongarse por décadas.

Escuchar al presidente Maduro hablar sobre sus planes “secretos” nos devela la intención de distribuir armas para defender la revolución. Simbólicamente marca un hito en la Revolución Bolivariana, que Hugo Chávez calificó repetidamente como una “revolución pacífica pero armada” (contamos al menos 14 menciones de esa frase desde el año 2003, iniciando en un evento en el que se conmemoraba un año del fallido golpe de Estado de abril 2002).

Estas imágenes del presidente Maduro marcan un hito, porque su intención de distribuir armas entre la población “en barrios y campos para defender la patria y la soberanía”, revela que esta revolución que se definía pacífica pero armada, dejó de ser pacífica y se asumió sólo armada.

Lo que expresa con más vigor la disposición del grupo gobernante a imponerse por las armas contra su propia gente a fin de preservar el poder. Es el poder y la fuerza bruta del fusil cuando escasean los otros recursos.

Justamente por ignorar el Presidente los itinerantes flujos y trayectos por los que circulan las armas, así como la movilidad de sus blancos, no parece advertir que el fusil se puede volver hacia cualquiera, hacia mí, hacia usted y, por supuesto hacia él mismo, sobre todo después de cerrar uno a uno los canales para expresar el descontento y el profundo sufrimiento.

♦♦♦

LEA TAMBIÉN:

VeronicaZubillagaxRobertoMata-496

La crisis de la oposición venezolana; por Fernando Mires

Será difícil negarlo. La oposición venezolana vive una profunda crisis. No es una crisis de identidad ni de ideología. Es una crisis de representación. Entendemos por crisis de representación una situación en la cual se pierde la conexión entre representantes y representados, o digámoslo llanamente: cuando la confianza de los segundos con respecto a los

Por Fernando Mires | 28 de enero, 2017
Diputados de la Asamblea Nacional a las afueras del Parlamento de Venezuela. 5 de enero de 2016. Fotografía de Kathiana Cardona

Diputados de la Asamblea Nacional a las afueras del Parlamento de Venezuela. 5 de enero de 2016. Fotografía de Kathiana Cardona

Será difícil negarlo. La oposición venezolana vive una profunda crisis. No es una crisis de identidad ni de ideología. Es una crisis de representación.

Entendemos por crisis de representación una situación en la cual se pierde la conexión entre representantes y representados, o digámoslo llanamente: cuando la confianza de los segundos con respecto a los primeros ya no existe o es muy precaria.

Y bien; si hemos de estudiar la actual crisis, no podemos aunque queramos, obviar dos palabras. Esas palabras son: revocatorio y diálogo.

Revocatorio, porque durante la campaña del Referendo Revocatorio 2016 la comunicación entre la MUD y la ciudadanía llegó a ser más fluida que nunca. Pocas veces hubo más unidad y coherencia que durante esos días en los cuales venciendo obstáculos, incluso geográficos, el pueblo democrático se movilizaba para recolectar firmas. Había un objetivo, había liderazgo y por eso había unidad.

La Toma de Caracas y la Toma de Venezuela, convocadas por Capriles y la MUD, fueron las más multitudinarias habidas en períodos no electorales. Por eso mismo la lucha por el Referendo Revocatorio (RR) después de haber sido éste robado por el gobierno, debía ser transformada en lucha por la defensa de la Constitución. Hasta que apareció el diálogo y con ese diálogo la lucha fue trasladada desde las calles hacia salones con puertas cerradas.

Pero antes de escribir sobre el diálogo conviene dejar en claro algunos puntos ligados a la historia del pasado reciente.

Existen al interior de la oposición venezolana dos lecturas predominantes acerca del capítulo del RR. La primera dice más o menos así: mediante la presión popular el régimen iba a verse obligado a ceder y dar curso al RR. En ese sentido el RR adquiría un carácter insurreccional.

La segunda —ha cobrado auge entre sectores que acatando el RR no se comprometieron en su campaña— dice así: ningún gobierno, menos uno como el de Maduro, se deja derrocar. Luego, el RR era una iniciativa absurda y por lo mismo destinada al fracaso. Más todavía, el fracaso del RR llevó a dilapidar el triunfo electoral obtenido el 6 de diciembre.

Hay, sin embargo, una tercera lectura que, aunque no predominante convendría prestarle atención. Ella dice: el RR fue la respuesta unitaria de la MUD para defender a la Asamblea Nacional (AN), es decir, para defender el triunfo del 6 de diciembre. Por lo mismo, hay una conexión directa entre el 6 de diciembre y el RR.

En efecto, formada a partir del 6 de diciembre una dualidad de poderes al interior del Estado, el régimen procedió a anular la soberanía de la AN asignándole un rol puramente decorativo al lado de un Poder Judicial que asumió ilegalmente funciones legislativas. Si Maduro buscaba el fin de la AN, la AN solo podía buscar el fin del gobierno. Luego, la vía revocatoria fue elegida en estricta continuidad con la línea de la MUD. El RR —no lo olvidemos— tenía un carácter defensivo (defensa de la AN), era constitucional y electoral a la vez.

Así concebido el RR no fue pensado solo para derrocar a Maduro sino, en caso de que este lograra liquidar al RR, chocara con la Constitución, es decir, tuviera que declararse, incluso ante sus propios seguidores, como lo que es: un dictadorzuelo (Luis Almagro). Y, efectivamente, así sucedió.

Después del robo del RR los restos de popularidad de Maduro cayeron al suelo, la protesta internacional emergió con más fuerza que nunca y la movilización popular colmó las calles de todas las ciudades. Maduro y los suyos estaban, a todas luces, desesperados. Y lo estaban hasta el punto que Maduro se atrevió a mencionar un llamado a elecciones generales (no insertas en la Constitución).

El viaje de Maduro a El Vaticano a mendigar una mediación papal que el mismo había rechazado en circunstancias anteriores, también fue producto de la desesperación. Maduro contaba probablemente con que la MUD no iba a aceptar dialogar con el gobierno en momentos en que ese gobierno estaba acorralado Tal vez ante la propia sorpresa de Maduro, la MUD aceptó el diálogo. Fue ahí cuando Maduro descubrió al “diálogo” como medio para controlar y dividir a la oposición.

El diálogo, en los tiempos y formas en que tuvo lugar, fue, después de la llamada Salida del 2014, el error más grande cometido por la oposición en toda su historia. Las razones son varias.

La primera: no fue su iniciativa y al no serla entregó la iniciativa al gobierno.

La segunda: desconectó a la dirigencia política con respecto a las multitudes representadas, precisamente en los momentos cuando éstas habían alcanzado su más alto grado de movilización. Aceptó, además, ir al diálogo no como resultado natural de una lucha entre oposición y gobierno sino justo en el momento cuando la lucha comenzaba.

La tercera: fue divisionista, es decir, no fue el producto de una decisión conjunta de la MUD sino solo de algunas de sus fracciones.

La cuarta: no puso condiciones para la realización del diálogo, vale decir, no estableció los puntos no negociables, entre ellos, el menos negociable de todos: la liberación de los presos políticos.

La quinta: subordinó su política frente a la organización menos política (y por eso, una de las más respetables) del mundo: el papado.

La sexta: aceptó intermediarios que en ningún caso pueden ser considerados imparciales; todo lo contrario: tanto Samper como Rodríguez Zapatero apoyan a Maduro.

Y la séptima: con el diálogo desconoció la potestad de la propia AN pues si hay institución destinada a realizar diálogo esa es el Parlamento. El Parlamento es por su propia etimología la casa del diálogo, el lugar donde se parla. Maduro, si quería diálogo, debió haber concurrido al Parlamento o haber enviado allí a sus representantes a dialogar. Hasta El Vaticano habría entendido esa razón. La oposición, bajo esas condiciones, no fue capaz de unir diálogo y defensa de la AN en una sola estrategia.

En vista de esas siete razones (podríamos también llamarlas, siete pecados capitales del diálogo) la MUD, y con ello, el conjunto de la oposición, no podía sino caer en la crisis que hoy vive. Crisis que no fue obra de agentes externos. Fue obra —hay que decirlo con todas sus letras— de la propia MUD y de sus partidos.

Alentado por la desmovilización de la oposición, el régimen después de haber liquidado al RR sin gran resistencia de parte de la MUD, decidió pasar a una segunda fase. Ella puede resumirse así: el RR era una elección, y la robamos porque robaremos todas las elecciones que podamos perder, es decir, todas las elecciones. En ese sentido, quienes argumentan que el RR era absurdo porque Maduro no se iba a dejar derrocar, tienen que extender esa lógica a todas las elecciones. El RR era una elección y fue robado porque el régimen ha decidido no dejarse contar.

Cabía esperarlo. Como hemos sugerido en otra ocasión, con el robo del RR tuvo lugar una mutación del chavismo. Si Chávez había sido electoralista, Maduro pasó a ser antielectoral. Lo más probable, y de hecho, está ocurriendo, es que el régimen creará simulacros electorales, construyendo una oposición a su medida, ilegalizando a partidos y líderes de la actual MUD. Está intentando sin duda aplicar algunas de las recetas que utiliza Daniel Ortega en Nicaragua mediante una nueva ley electoral que le permitirá vencer en las elecciones aún no siendo mayoría.

eugenio-boton

Desde el robo del RR el régimen ha mutado. Ya no es una dictadura tácita sino abiertamente declarada. Pero esa mutación, en contra de lo que pudiera creerse, no ha sido el producto de su fuerza sino de su debilidad. Reiterando una tesis: mientras el de Chávez era un régimen político con apoyo militar, el de Maduro es un régimen militar con muy poco apoyo político.

Aunque parezca paradoja, el mismo gobierno, al haber emprendido el camino hacia la dictadura militar, está mostrando la hoja de ruta a la oposición. Pues a la oposición en su conjunto no le queda más alternativa que luchar por el restablecimiento de las elecciones o desaparecer.

Las demostraciones del 23 de enero, llamadas en defensa de la vía electoral, si bien no fueron tumultuosas como las del RR, demostraron que, pese a no sentirse representados, grandes sectores de la población están dispuestos a dar la batalla por la recuperación del canal electoral. Esa alternativa pasa, sin embargo, por la superación de la crisis de representación que hoy padece la oposición. Y eso supone a su vez, que la oposición se reconozca a sí misma como lo que es.

Por de pronto hay que aceptar que la MUD es un centro de coordinación electoral y desde ese punto de vista es el más valioso instrumento que se ha dado la oposición. Con todos sus defectos, una oposición de tal magnitud y persistencia no existe ni en Bolivia, ni en Nicaragua, ni en Ecuador. Por eso el régimen, al suprimir las elecciones, intenta suprimir a la MUD. Las elecciones y la MUD están ligadas. Sin las unas no puede existir la otra.

La existencia de la MUD no anula, sin embargo, las diferencias entre sus diversos partidos. Y está bien que así sea. La MUD es un órgano de concertación pero no sustituye a los partidos. Estos últimos tampoco pueden ser sometidos a una disciplina férrea de parte de la MUD a menos que dejen de ser partidos. Es necesario por lo tanto que entre la MUD como instrumento electoral y los partidos que la conforman, exista una relación flexible, siempre y cuando las partes no contradigan los objetivos centrales acordados unitariamente entre ellos dentro de la MUD.

Aún más allá de los partidos están los liderazgos personales. Esos líderes tampoco pueden ser sometidos a una conducción centralizada. Pues una de las condiciones que hacen a un líder es que su discurso no solo sea expresión de la línea de su partido, sino de la comunicación —a veces espontánea— establecida entre ellos y sus seguidores. Para que un líder pueda existir, y siempre es bueno que exista, han de serle otorgados espacios donde puedan desarrollar todas sus facultades.

En otras palabras, entre la MUD, sus partidos y sus líderes, debe ser establecida una división del trabajo, pero en ningún caso relaciones de subordinación entre los unos y los otros. Eso quiere decir, si un partido llama a movilizaciones, o en contraposición, a un diálogo, es su responsabilidad como partido, pero en ningún caso responsabilidad de la MUD.

Si UNT, para poner un ejemplo, insiste en dialogar con el gobierno, podría hacerlo, pero siempre bajo la condición de que ese diálogo sea realizado en nombre de UNT y no en nombre de la MUD. Y si MCM llama a una salida insurreccional, también puede hacerlo, pero solo en nombre de VENTE, sin comprometer al conjunto de la MUD. Lo ideal sería que todos actuaran en conjunto. Pero es una imposibilidad, y como tal hay que aceptarla. La MUD es la MUD y no puede ser más que la MUD: una alianza electoral en cuyo interior los partidos se relacionan respetando diferencias, pero también convergiendo y estableciendo alianzas bi-laterales y multilaterales entre sí.

Flexibilidad no significa, por supuesto, anarquía. La flexibilidad, para que exista, requiere de la aceptación de una suerte de pacto de convivencia mutua, sea este firmado o no. Esos pactos surgen de principios que, bajo ninguna condición pueden ser tocados. Cualquiera violación a esos principios debería ser sancionada, incluso con la exclusión de personas o grupos de la MUD. Dentro de esos principios hay tres que no son propiedad de ningún partido o líder pues pertenecen a toda la oposición. Ellos son:

1. La lucha por la libertad de TODOS los presos políticos.

2. La defensa irrestricta de la AN y de sus atribuciones y

3. La lucha por la restauración de las elecciones que intenta suprimir el régimen.

Será difícil para la MUD recuperar la confianza que gozó durante el período de las luchas revocatorias. Esa confianza, después del robo del RR, podría haber sido invertida en las jornadas a favor de las elecciones regionales que se avecinan. El diálogo, instrumentalizado por el régimen fue, lamentablemente, la tijera que cortó el hilo de continuidad en las luchas de la oposición venezolana.

Sin embargo, el capital social y político acumulado por la oposición se mantiene intacto. El régimen tiene las armas. Pero la oposición tiene a la mayoría, a la legitimidad democrática, el apoyo inestimable de la OEA, y no por último, la fuerza moral que otorga la Iglesia Católica en un país católico. Solo falta la dinámica de una dirección política inteligente, dinámica que solo puede ser dada por los partidos y los líderes, dentro o sin la MUD, pero jamás en contra de la MUD.

Ya escucho las voces airadas: ¿Y hasta cuándo vamos a seguir esperando? La respuesta solo puede ser la siguiente: En política no hay que ponerse fechas. En política solo hay que ponerse objetivos. Y mientras más claros son los objetivos, más cortas pueden ser las fechas. ¡Elecciones regionales ya!

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

‘Cargando marrones desde El Páramo…’; por Ronald Balza Guanipa

La sustitución de Nelson Merentes por Ricardo Sanguino en la presidencia del Banco Central de Venezuela (BCV) merece más de un comentario por el contexto y el procedimiento. Sin embargo, en lugar de abundar sobre los graves asuntos constitucionales, en el financiamiento del gasto público utilizando bolívares y dólares de las reservas internacionales, en los

Por Ronald Balza Guanipa | 26 de enero, 2017
Nelson Merentes (Izq.) y Ricardo Sanguino (Der.)

De izquierda a derecha: Nelson Merentes y Ricardo Sanguino

La sustitución de Nelson Merentes por Ricardo Sanguino en la presidencia del Banco Central de Venezuela (BCV) merece más de un comentario por el contexto y el procedimiento. Sin embargo, en lugar de abundar sobre los graves asuntos constitucionales, en el financiamiento del gasto público utilizando bolívares y dólares de las reservas internacionales, en los avales explícitos dados al gobierno por medio de convenios cambiarios y en el ocultamiento de cifras e informes oficiales, estas líneas se dedican a la ampliación del cono monetario. Un asunto que debería ser irrelevante pero que, por no serlo, da cuenta de la ruina del ente que enorgullecía a los economistas venezolanos.

El impacto del retraso en la ampliación de cono y, luego, de la anunciada anulación del billete de 100 bolívares, puede ilustrarse de muchos modos. Sirva para ello un manuscrito, fotocopiado en una entidad bancaria de Valera como un favor a su autor, titulado “Cargando marrones desde El Páramo para el Pueblo de La Puerta”. Los marrones son los billetes de 100 bolívares que intentaron depositar en bancos muchas personas, luego del primer anuncio presidencial de su anulación. Con permiso del Sr. Francisco Abreu se reproducen a continuación las tres páginas de su libreta.

1. “… de tanto contar billetes…”

transcripcion-1

Página 1 del manuscrito “Cargando marrones desde El Páramo para el Pueblo de La Puerta” (2006), de Francisco Abreu

La reconversión monetaria de 2008, entre muchas fallas, no incluyó una regla de actualización del cono monetario. Había cómo hacerlo. Un artículo titulado UK currencyneeds in the 1980s, publicado por Payne y Morgan en 1981, sugería una regla heurística simple, denominada Métrica-D: un modelo en el que se calcula la estructura óptima del cono monetario en función del salario medio diario. El Fondo Monetario Internacional la explicó en The design and printing of bank notes: considerationswhenintroducing a new currency, publicado en 1995. El Banco de la República de Colombia publicó trabajos que la utilizaban, como La Demanda de Especies Monetarias en Colombia: Estructura y Pronóstico, de 2004. Una búsqueda rápida en Google da cuenta de su estudio en Irán, India, Jamaica y Nueva Zelanda, entre otros países. Pudo hacerse en Venezuela. Si el billete de mayor denominación debía equivaler a la sexta parte del salario promedio mensual, en mayo de 2016 el BCV debía preparar la emisión del billete de 5.000 bolívares. Era previsible que en dos años, de continuar la tendencia de aumentos salariales decretados por el gobierno, habría sido necesario un billete de 20.000 bolívares.

Retrasarse tendría sus costos. Uno, para los usuarios. Para un pago de 5.000 bolívares tendría que contar 50 billetes de bolívares 100, o 100 de bolívares 50, o 1.000 de bolívares 5, o cualquier combinación incómoda, pesada y riesgosa.

2. “… ya el marrón no valdría nada…”

transcripcion-2

Página 2 del manuscrito “Cargando marrones desde El Páramo para el Pueblo de La Puerta” (2006), de Francisco Abreu

El 16 de mayo de 2016, desde la Comisión Permanente de Finanzas, el diputado José Guerra propuso al BCV actualizar el cono monetario ante una tasa de inflación que calculó en 3.486% entre 2007 y abril de 2016. Su propuesta, que incluía la emisión de nuevos billetes de 5.000, 2.000, 1.000, 500 y 100 bolívares, fue aprobada el 8 de junio de 2016 por la Comisión. Sin embargo, los diputados Ramón Lobo y Carlos Gamarra salvaron su voto en representación del Bloque de la Patria que conforma la coalición oficialista del Gran Polo Patriótico.

Sólo el 4 de diciembre de 2016 el BCV anunció que desde el 15 de diciembre de 2016, “de manera progresiva, seis nuevos billetes y tres monedas se sumarán al actual cono monetario[:] los nuevos billetes de bolívares 500, bolívares 1.000, bolívares 2.000, bolívares 5.000, bolívares 10.000 y bolívares 20.000 [y las monedas] de bolívares 10, bolívares 50 y bolívares 100”. Según el BCV, estos nuevos billetes “vienen a complementar a la actual familia y coexistirán con los que se encuentran en circulación”. Sin embargo, el BCV no manifestó desacuerdo luego de que el Presidente de la República ordenara el 11 de diciembre de 2016 “la salida de circulación de los billetes de cien bolívares a partir del próximo martes y durante tres días, los cuales serán sustituidos por las monedas de igual denominación”. Las prórrogas fueron unilateralmente dadas por el Ejecutivo, luego de severos perjuicios causados a la población. Perjuicios que no pueden justificarse con la ampliación del cono.

No era necesario sacar de circulación el billete de bolívares 100, ni sustituirlo por una moneda equivalente. Para diciembre de 2016 el BCV reconocía la circulación de 3.342.850.000 de monedas de distintas denominaciones, ninguna de las cuales conservaría la familia actualizada. La inflación acabó con el poder de compra de estas piezas, que costaron divisas, tiempo, trabajo y metal. Sin retirarlas el BCV, fueron fundidas o sólo se perdieron. Acuñar monedas en períodos inflacionarios es un desperdicio. Menos cuando durante el mes de diciembre de 2016 el BCV puso a circular 217.800.000 de billetes nuevos de 100 bolívares, que llevaron a 4.901.320.000 las piezas nuevas de esta denominación que compró en 2015 y 2016 y que tuvo dificultades para pagar y trasladar.

Peor aún, el número de piezas necesarias de haberse hecho oportunamente la ampliación del Cono era sustancialmente menor. A partir de un estudio no publicado (2003) de José Guerra para la Vicepresidencia de Estudios del BCV, titulado Consideraciones sobre la vigencia del cono monetario y la reforma monetaria, es posible deducir una condición para calcular el número mínimo de billetes de cada denominación necesarios para que cada billete pueda ser cambiado por billetes de la siguiente denominación, sin que sobre o falte ninguno. Así, cada billete de 20.000 bolívares podría cambiarse por dos de 10.000 bolívares, y cada billete de 5.000 bolívares por cinco de 1.000 bolívares. Esta condición de no redondeo debe considerarse con cuidado, porque pasa por alto aspectos importantes. Sin embargo, es sugerente. En diciembre de 2016 el BCV expresaba 816.870,6 millones de bolívares en billetes con 13.246,3 millones de piezas, de las cuales 6.253,5 millones eran billetes de 100 bolívares. Con la familia ampliada y aplicando la condición de no redondeo, la misma cantidad de dinero podía expresarse con 1.056,8 millones de piezas, requiriéndose 127,6 millones de piezas de 100 bolívares. El cálculo ilustra las consecuencias de atrasar la actualización del Cono y de pretender sustituir billetes de los que hay en exceso por monedas inexistentes, costosas y condenadas a la destrucción en un ambiente inflacionario.

3. “Ojalá y después de ésto se vea el queso a la tostada…”

transcripcion-3

Página 3 del manuscrito “Cargando marrones desde El Páramo para el Pueblo de La Puerta” (2006), de Francisco Abreu

En su nota de prensa, el BCV dijo haber realizado “estudios técnicos, que emplean también otros bancos centrales, para determinar el conjunto óptimo de denominaciones que requiere la economía nacional”. Telesur lo citó afirmando que “la ampliación del cono monetario hará más eficiente el sistema de pagos, facilitará las transacciones comerciales y minimizará los costos de producción, reposición y traslado de especies monetarias, lo que se traducirá en beneficios para la banca, el comercio y la población en general”.

Sin embargo, ni el BCV ni los medios oficiales explican el retraso en la “optimización” del Cono ni la prisa por destruir billetes, ni las dudas que producen prórrogas sucesivas con nuevos plazos imposibles. Si en lo más simple no se le ve el queso a la tostada, en lo más complejo tampoco podrá verse. Y sin unificación cambiaria, disciplina fiscal e información detallada y oportuna, ya son muchos los que ni si quiera ven la tostada.

♦♦♦

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

Donald Trump: ¿un peronista en la Casa Blanca?; por Carlos Malamud

[Infolatam].-Guillermo Moreno, ex secretario de Comercio kirchnerista y responsable de la manipulación de las estadísticas oficiales argentinas durante la “década ganada”, afirmó tras el discurso inaugural de Donald Trump que el nuevo presidente “es peronista”. Sin el menor rubor y ningún matiz Moreno justificó su opinión favorable al nuevo ocupante de la Casa Blanca por

Por Carlos Malamud | 23 de enero, 2017
trump-afp-640

Trump durante el inicio de la ceremonia de investidura. Fotografía de AFP

[Infolatam].-Guillermo Moreno, ex secretario de Comercio kirchnerista y responsable de la manipulación de las estadísticas oficiales argentinas durante la “década ganada”, afirmó tras el discurso inaugural de Donald Trump que el nuevo presidente “es peronista”. Sin el menor rubor y ningún matiz Moreno justificó su opinión favorable al nuevo ocupante de la Casa Blanca por su defensa de la industria nacional y la consigna “América primero”. De ahí su optimismo: “Cuando retornemos al poder, ya no tendremos al mundo en contra”.

Al analizar la intervención del viernes 20 en el Capitolio, Inés Capdevilla, de una forma más sofisticada, vinculó el adanismo de Trump de partir de cero haciendo tabla rasa con el pasado con la mejor tradición de ciertos presidentes latinoamericanos predestinados para refundar sus países. Un fenómeno circular y recurrente que parece no tener fin.

En su alocución Trump le dio la espalda al pasado de Estados Unidos. No fue falta de memoria o desconocimiento histórico, sino pura reconfiguración de la realidad a su imagen y semejanza. Prácticamente nada de lo anterior le es útil, ninguno de sus predecesores tiene nada rescatable y la mención explícita de algún autor para reforzar sus ideas puede sonar a elitismo, a casta. Nada ni nadie debía interponerse al abrazo con su pueblo, el gran sujeto de la transformación nacional que él mismo liderará.

Lo único que le faltó a Trump para situarse a la altura de los mejores ejemplares hemisféricos fue prometer una nueva constitución a partir de una asamblea constituyente. De esa manera su impronta en la historia patria sería indeleble, pero parece que Trump conoce alguno de sus límites y éste es precisamente uno de ellos.

Mucho se ha hablado de su tono populista y nacionalista. Pese a ello, quisiera resaltar el componente peronista mencionado por Moreno, que más allá del proteccionismo trasnochado que quiere imponer en Estados Unidos tiene algunas otras manifestaciones como la relación directa entre el líder y las masas, sorteando las intermediaciones molestas del establishment y los partidos políticos.

Al mediar su intervención Trump dijo: “Lo que realmente importa no es qué partido controla nuestro gobierno, lo que importa es si nuestro gobierno está controlado por la gente”. La intermediación incluso de su propio partido, el Republicano, puede distorsionar su mensaje mesiánico. Para eso Twitter le viene como anillo al dedo, para mantener abiertos unos canales de comunicación privilegiados a los que hasta ahora ha accedido sin controles de ningún tipo.

Muchos políticos latinoamericanos se enriquecen en el ejercicio de sus funciones. No parecería ser el caso de Trump, que ya llega rico a la presidencia. Sin embargo, la falta de límites claros entre el manejo de la cosa pública y sus negocios particulares tanto dentro como fuera de Estados Unidos podría generar importantes conflictos de intereses y un nuevo punto de convergencia a través del continente. No sólo eso, el nepotismo, expresado en el papel cada vez más protagónico de alguno de sus familiares directos en la gestión del gobierno, es otra cuestión a tener presente.

Los populismos xenófobos europeos han manifestado su deseo de incorporar al nuevo mandatario y los valores por él expresados a su terreno de juego. Ya vimos a Nigel Farage peregrinar a la Torre Trump y también las enfervorizadas manifestaciones de Marine Le Pen o Geert Wilders en la reunión que la extrema derecha continental acaba de celebrar en Coblenza. Mientras prometía una “primavera patriótica”, Wilders señaló: “Ayer, una nueva América; hoy, Coblenza; y mañana, una nueva Europa”.

El rechazo a la democracia liberal y al libre mercado, complementado con un odio visceral a todo lo que Barack Obama pudo representar, comenzando por la defensa de las libertades y los derechos humanos, no responde únicamente al interés estratégico de volver a convertir a Rusia en una gran potencia. Los valores que Vladimir Putin dice defender son los mismos que reivindican los partidos xenófobos europeos, aunque el apoyo político y el sostén económico que algunos reciben de Moscú facilita la convergencia. Pero no se trata de fenómenos exclusivos de la vieja Europa, ya que en América Latina es posible observar opiniones similares, aunque si bien de forma autorreferencial éstas tienden a ubicarse en el otro extremo del espectro político.

El presidente venezolano Nicolás Maduro realizó una no disimulada defensa del nuevo mandatario: “No me sumo a las campañas de odio contra Donald Trump que hay en el mundo… Yo me pregunto a cuento de qué. Porque nosotros sabemos bastante de guerras sucias”. Estas afirmaciones son producto de comparar al nuevo presidente con el “nefasto” Obama, el mayor enemigo de Venezuela, el máximo intervencionista e injerencionista en América Latina e impulsor directo de tres golpes de Estado: Honduras, Paraguay y Brasil. Maduro sostuvo que en ningún caso Trump podría ser peor que Obama.

Evo Morales, a través de Twitter, también se mostró relativamente optimista respecto a Trump, a su política aislacionista y a la posibilidad de restablecer relaciones bilaterales normales, con intercambio de embajadores. En un segundo mensaje fue más allá: “Ojalá con el nuevo presidente de Estados Unidos terminen las intervenciones y las bases militares en el mundo para garantizar la paz con justicia social”.

Por su parte, el gobierno cubano intentó mantenerse fiel a su estilo y Josefina Vidal, la directora de Estados Unidos del ministerio de Exteriores dijo que en ningún caso aceptarían presiones de Trump y que la “agresión no funciona con Cuba”. Pese a lo contundente de estas declaraciones, Raúl Castro ha guardado un significativo silencio sobre el tema. Algún malintencionado podría pensar que lo ha hecho para no contrariar a Putin, pero eso son puras especulaciones.

El peronismo al igual que los recientes populismos latinoamericanos han tendido a polarizar a sus sociedades. Se utilizaba al nacionalismo para movilizar a sus fieles en defensa del proyecto, a tal punto que quien no estaba con Perón o con Chávez era un traidor a la patria. Parece que Trump ha decidido recorrer el mismo camino, un camino que como ha demostrado la reciente experiencia de América Latina sólo conduce al desánimo, a la frustración y al empobrecimiento de la sociedad en su conjunto.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

♦♦♦

rafael-rojas

Algunos vicios de la política latinoamericana; por Carlos Malamud

[Infolatam].- Es notorio que todo lo que rodea a la política atraviesa momentos difíciles en América Latina y el mundo en general. Esto afecta no sólo a los partidos políticos y sus dirigentes, sino también a las instituciones democráticas, como apuntan una y otra vez las encuestas que muestran sus bajos índices de aprobación y

Por Carlos Malamud | 16 de enero, 2017

blog_carlos_malamud_vicios_politica_latinoamericana_640416

[Infolatam].- Es notorio que todo lo que rodea a la política atraviesa momentos difíciles en América Latina y el mundo en general. Esto afecta no sólo a los partidos políticos y sus dirigentes, sino también a las instituciones democráticas, como apuntan una y otra vez las encuestas que muestran sus bajos índices de aprobación y la falta de confianza popular.

Curiosamente, cuando se insiste en algunas cuestiones polémicas de la realidad latinoamericana siempre hay voluntarios dispuestos a responder con argumentos manidos del tipo: “cuidado, esto también ocurre en otros lados”, o “es verdad, estos roban, son corruptos o autoritarios, pero qué pasa en tal lugar o con tal persona”. Quienes así argumentan suelen ser partidarios de los criticados y los contraejemplos que ofrecen están en las antípodas políticas o ideológicas.

En estos casos, la comparación sólo sirve para reflejar cuestiones muy extendidas en el mundo globalizado, pero es estéril para profundizar en el caso analizado. Tampoco se puede olvidar la libertad del autor para escribir sobre lo que le venga en gana, sin responder a las presiones de lectores bienpensantes, ansiosos o con agendas ocultas (en realidad, muy visibles).

Esta Ventana se dedica a tres vicios políticos latinoamericanos. No son nuevos, pero por uno u otro motivo han sido informativamente relevantes en la última semana. Estos son: 1) la resistencia de las viejas glorias, especialmente presidentes, a retirarse de la primera línea, dificultando la renovación de la dirigencia y la regeneración partidaria, 2) la elección de outsiders para encabezar la gestión de sus países, provincias o ciudades, que terminan en un desastre total, dada su falta de competencia y 3) el ritornello de la reelección presidencial, con la consecuente modificación de las reglas de juego en mitad del partido en propio beneficio.

Las viejas glorias

En Chile, la Junta Nacional del Partido por la Democracia (PPD) acaba de elegir su precandidato para las elecciones presidenciales. Por una abrumadora mayoría (158 votos contra 13) eligió al ex presidente Ricardo Lagos (78 años) para competir por la candidatura de Nueva Mayoría. Por ese puesto también compite el ex secretario general de la OEA José Miguel Insulza (73), del Partido Socialista (PS). Pero, las encuestas consideran al senador y ex periodista Alejandro Guillier (63) como el candidato de centro izquierda mejor situado. Guillier señaló recientemente: “Hay un tono de ajuste de cuentas de la sociedad con sus dirigentes políticos”. En la coalición de centro derecha el también ex presidente Sebastián Piñera (67) tiene aspiraciones similares y, de momento, encabeza las encuestas.

En Costa Rica hay un caso similar pero diferente. El ex presidente Óscar Arias (76 años) descartó en septiembre pasado ser el candidato del Partido Liberación Nacional (PLN) en las elecciones de 2018. Desde entonces se ha mostrado muy beligerante para cerrar el paso a su enemigo y ex presidente José María Figueres (62). Para ello ha decidido apoyar a Antonio Álvarez Desanti (58) en una campaña de tono catastrofista. Y al igual que en 2005, cuando era precandidato para las elecciones del año siguiente, que finalmente ganó, señaló que si en 2018 el PLN no gana las elecciones terminaría desapareciendo.

La tendencia de los ex presidentes latinoamericanos a mantener su protagonismo se ha convertido en un serio problema que afecta la renovación de las elites políticas. El fenómeno se vincula al excesivo presidencialismo, al caudillismo y los liderazgos carismáticos y a la deriva reeleccionista de los últimos 15 años. La reelección permanente ha sido un paso más en esta dirección.

Los outsiders incompetentes

El presidente guatemalteco Jimmy Morales ha cumplido su primer año en el cargo. Mientras la población comparte un sentimiento de desánimo y frustración frente a todas las promesas incumplidas, el balance que de su mandato hacen analistas y periodistas es muy negativo. Morales, hasta entonces sólo un discreto cómico de televisión, ganó las elecciones tras el estrepitoso fracaso de Otto Pérez Molina y su Partido Patriota (PP), sumido en graves acusaciones de corrupción. El jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) afirmó: “El PP fue una empresa criminal dedicada al expolio del Estado”.

Morales, que compitió con el lema “Ni corrupto ni ladrón” ya ha enfrentado casos de corrupción donde se han visto implicados familiares suyos. Pero, lo peor es la parálisis de su gobierno, que no ha impulsado ninguna reforma para acabar con la corrupción y con la ola de violencia existentes. José Elías recoge en El País el testimonio de un académico guatemalteco: “Morales ha sido incapaz de abrir un horizonte para enfrentar la problemática. No ha formulado una sola política pública, su aparato gubernamental está atrofiado y tampoco ha cumplido la promesa de luchar contra la corrupción y establecer la transparencia. Ha sido un presidente anodino”.

A vueltas con la reelección

En Honduras y Paraguay estaba prohibida la reelección presidencial y sus anteriores presidentes, Manuel Zelaya y Fernando Lugo, cesaron traumáticamente. En Honduras, la intervención militar contra Zelaya buscó impedir la modificación constitucional que habilitaría la reelección. Tras declarar la Suprema Corte en 2015 inaplicables los artículos de la Constitución que prohibían la reelección, hoy se asiste a un escenario impensable meses atrás, ya que en los próximos comicios se enfrentarán el actual presidente Juan Orlando Hernández (48 años) y Manuel Zelaya (64). En Paraguay, los partidarios del presidente Horacio Cartes impulsan la reforma constitucional por la reelección. De consumarse, asistiríamos a una situación similar a la hondureña, una lucha de Cartes (60 años) contra Lugo (65). Otra vez se trata de forzar la ley y las instituciones en beneficio del que manda.

La reelección no es buena ni mala, sólo es una norma constitucional más que debe ser respetada. Pero, cuando se crea necesario introducirla, lo correcto sería que sólo estuviera vigente a partir del siguiente mandato. De este modo, el impulsor de la medida quedaría al margen de sus réditos inmediatos. Por otra parte, y para limitar las pulsiones que repetidamente llevan a los ex presidentes a competir electoralmente una y otra vez, se podrían limitar los supuestos de la reelección. Por ejemplo, una sola vez allí donde se permite un nuevo período de forma inmediata, o reducir a uno o dos los mandatos que hay que estar fuera del poder para volver a presentarse. Si bien los políticos y los partidos son necesarios para fortalecer a las democracias latinoamericanas, también hay que exigirles unos estándares mínimos de seriedad y honradez.

El arte, la política y Gustavo Dudamel; por Fernando Mires

Sé que el artículo que voy a escribir no está orientado hacia un público especializado. Por eso no será fácil abordar el tema. Quiero escribir sobre las relaciones entre arte y política como consecuencias del vendaval de agresiones que ha desatado una parte de la oposición venezolana en contra del exitoso y joven director de

Por Fernando Mires | 6 de enero, 2017

blog_fernando_mires_arte_politica_dudamel_640416

Sé que el artículo que voy a escribir no está orientado hacia un público especializado. Por eso no será fácil abordar el tema. Quiero escribir sobre las relaciones entre arte y política como consecuencias del vendaval de agresiones que ha desatado una parte de la oposición venezolana en contra del exitoso y joven director de orquesta Gustavo Dudamel.

Dudamel ha sido acusado por una parte de la oposición del “delito” de no haber roto con el chavismo ni haber tomado posiciones frente al régimen que impera en su país. La dificultad que asoma es que para abordar este tema es ineludible hacer un intento, por breve que sea, para cotejar la especificidad de lo artístico y de lo político. Lo intentaré.

1. Arte

Si voy a hablar de arte tengo que recurrir a quienes mejor han intentado entender el sentido de su ejercicio. Confrontado con el tema, los primeros nombres que llegan a mi mente son los de Nietzsche y Heidegger.

Según el Nietzsche de Así Habló Zaratustra y del Nacimiento de la Tragedia, el arte surge de la “voluntad de poder”. No obstante ese poder no tiene nada que ver con el poder ejercido sobre las personas y las cosas. Mucho menos con el poder político. Se trata de un poder extracorporal pero que, por paradoja, debe ser alcanzado con y a través del cuerpo. Un poder extrasensorial pero que a la vez debe ser conquistado con el uso limitado de nuestros sentidos. Un poder cuyo “sí mismo” está destinado a acceder a otra realidad  pero que a la vez usa como punto de partida la realidad que habitamos. En breve, se trata de un poder metafísico.

El arte lleva de por sí  una práctica metafísica o trascendental. Sin trascendencia, según Nietzsche, no hay arte. Esa es una de sus proposiciones centrales en Zaratustra.

En El Origen de la Tragedia, Nietzsche se distancia un tanto de la contradicción entre la esencia metafísica e inmanencia apariencial (sensorial) y propone un dualismo no antagónico entre lo dionisiaco y lo apolíneo. Lo dionisiaco corresponde al estado de embriaguez y éxtasis.

El arte, cualquiera sea su expresión, no puede prescindir del desvarío, afirma Nietzsche. Por esa razón el devenir del arte no transita por caminos rectos sino por laberintos. El artista presiente lo que busca, mas no lo sabe. Hacer arte supone confrontarse con un continuo perderse en sí mismo. El arte es tormentoso, es pasional y en sus orígenes, desenfrenado. Por eso Dioniso, dios de los placeres, a fin de no sucumbir aplastado por el peso de sus pasiones, necesita de Apolo, el dios del equilibrio, la perfección y la armonía. Pero para poner en orden a las pasiones, Apolo también necesita de ellas. Entre Dioniso y Apolo se establece entonces una relación de fraternidad e incluso de complicidad. De la comunicación entre ambos surgirá el arte. Sin uno o sin el otro, todo arte será un remedo del arte.

Heidegger, profundamente nitzscheano, continúa el pensamiento de Nietzsche, sobre todo en el primer tomo de su tratado sobre Nietzsche (son tres). Según Heidegger, el arte no termina en las cosas, no es cósico. Trabaja en y con las cosas pero en busca de una –este es concepto central en Heidegger- “apertura”.

La “apertura” se encuentra, según Heidegger, no fuera de alguna caverna como imaginó Platón, sino en las ocultas profundidades del Ser. En lo oculto, dijo Heidegger, vive la verdad. Arrojar luz hacia lo oculto es, en consecuencia, tarea principal del artista. Sin búsqueda de la verdad no hay arte -aquí Heidegger toma un camino distinto a Nietzsche, camino que transita precisamente en su libro Caminos del Bosque (Holzwege)-. El artista es un revelador de la verdad. El modelo del arte total, así como Nietzsche creyó encontrarlo en la música de Wagner, lo encontró Heidegger en la poesía de Hölderlin.

El arte según Heidegger se aproxima a la búsqueda de Dios pero convertido en La Verdad (Para Heidegger –legado socratiano- Verdad y Belleza son casi sinónimos). Solo a partir de la revelación de lo oculto comienza el proceso de la creación artística. (Re-creación, corregiría Ratzinger, pues el humano puede inventar o componer, nunca crear, atributo exclusivo de Dios).

El arte, al “desocultar” lo oculto, nos lleva a reconsiderar la existencia en el marco de otra historia, o lo que es igual, de otro tiempo distinto al de nuestra existencia. De tal modo, gracias al arte, salimos, al igual que Nietzsche, desde el más acá hacia el más allá, con la diferencia que, según Heidegger, ese más allá no esta fuera del más acá sino en los lugares más recónditos, quizás en el fondo mismo de nuestros corazones. La “apertura” para Heidegger es en cierto modo un regreso: un regreso hacia la esencia del Ser.

Y bien. Dejaremos en este punto esta síntesis acerca de la esencia del arte para dirigir la vista hacia ese otro espacio que nunca Nietzsche y Heidegger exploraron. Nos referimos al espacio de la política. Un espacio hacia el cual se atrevió a caminar, aunque muy sola, Hannah Arendt. A lo largo de ese camino podemos descubrir, guiados por Arendt, la enorme antítesis que existe entre el pensamiento artístico y el pensamiento político.

2. La Política

La antítesis entre ambos pensamientos explica a su vez la hipertensión que existe entre esos dos modos del ser, el del estar aquí y el del ser fuera de sí. La política, en efecto, no está situada en las profundidades del ser sino en su mera superficie. Sobre esa superficie se erigen las ciudades y en ellas debaten los ciudadanos sobre las cosas de este mundo. La política por lo mismo reside en el nivel de las apariencias, nunca en el de la trascendencia. Y mucho menos en el de las esencias. Una política no superficial no sería política. De la política no debemos esperar ninguna redención.

La política, a diferencias del arte, tiene lugar –afirma Arendt- bajo la luz de lo público (¿Qué es Política?). Su objetivo no es la búsqueda de la verdad sino, simplemente, de mínimas certidumbres. Para defender nuestras certidumbres, luchamos unos contra otros, pero al mismo tiempo establecemos compromisos. La política, luego, no es trascendente, sino radicalmente inmanente. Su práctica no se deja regir por las pasiones, ni por el amor, ni por el odio, sino que por una razón instrumental que nunca puede ni debe regir la actividad artística. Arte y política son en ese sentido excluyentes. Como el agua y el fuego, nunca podrán juntarse. Así se explica por qué casi no existen políticos dedicados al arte (a menos que consideremos como arte los mamarrachos que pintaba Chávez). A la inversa, cada vez que los artistas han intentado incursionar en política, los resultados, salvo raras excepciones, han sido catastróficos.

El arte actúa hacia lo desconocido. La política, en cambio, actúa sobre la base de lo existente. Sin acontecimientos no hay política. La política, en fin, no es actividad metafísica sino existencial. Todo proyecto encaminado a elaborar una política trascendental y metafísica, lleva, según Arendt, al totalitarismo (Los Orígenes del Totalitarismo) es decir, hacia el fin de la política. Tesis verificada durante los totalitarismos nazis y comunistas.

Con estos apuntes ya es suficiente entonces para percibir por qué los caminos del arte y la política están separados por campos minados. Esa es la razón, además, por la cual los artistas enfrentan una contradicción insalvable. Como habitantes de la ciudad, deben cumplir obligaciones ciudadanas y a veces asumir tareas políticas. Como artistas, están condenados a distanciarse de las cosas de este mundo.

Desde que hay política y arte, el dilema para todo artista ha sido: o poner la política al servicio de su arte o poner su arte al servicio de la política. Si elige la primera vía, será denostado por sus conciudadanos. Si elige la segunda, dejará de ser artista para convertirse en un mercenario al servicio de poderes circunstanciales. Por eso muchos artistas eligen un camino intermedio. Ese parece ser el elegido por el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel.

3. Dudamel

Gustavo Dudamel decidió a muy temprana edad -siguiendo la línea de su maestro José Antonio Abreu, fundador del sistema nacional de Orquestas y Coros Juveniles- aceptar la colaboración del gobierno de turno como venía ocurriendo desde los años ochenta. El precio módico fue rendir respeto al gobierno sin poner la música bajo su servicio exclusivo.

Dudamel ha intentado, como miles de artistas en el mundo, un compromiso desde el reino de la música con el reino de este mundo. El problema es que esa solución intermedia no ha sido entendida por gran parte de la oposición política venezolana. Situación inédita en la historia de la música. Mientras más éxito alcanza Dudamel, más aversión despierta en sectores de la oposición. Los medios afines al chavismo tampoco lo glorifican. Seguramente esperan de él una toma firme de posiciones, loas al poder y juramentos de fidelidad a Maduro. Tampoco lo han logrado. Dudamel, simplemente, no quiere hablar sobre política. Decisión que contrasta con la de otros artistas latinoamericanos quienes pese a que intentaron opinar sobre política, jamás despertaron el odio concitado por Dudamel entre sus con-nacionales. Pensemos por ejemplo en dos muy grandes. Neruda y Borges.

Pablo Neruda nunca ocultó su militancia en el partido comunista. Pero su poesía era admirada más allá de su partido. Dos de sus mejores amigos no eran de izquierda. Hernán Díaz Arrieta (Alone) eximio y ultrareaccionario crítico literario de El Mercurio, nunca ahorró loas a Neruda. El escritor Jorge Edwards, al final de la vida de Neruda, fue confidente del gran poeta. Neruda, pese a ser comunista, iba mucho más allá de la dicotomía izquierda-derecha. Como Dudamel cuando dirige, Neruda, aún en su poesía política, estaba más allá de la política. Para mí Neruda –no pido a nadie que comparta mi opinión- era y es “la poesía”.

El caso de Jorge Luis Borges es aún más interesante. Siempre Borges presumió de anti-político. Pero pocos escritores han destilado más veneno político que Borges en contra del peronismo, del comunismo y del “progresismo”. Sin embargo, todas esas corrientes lo respetaron. Los escritores peronistas –son muchos- se declaran en su mayoría, devotos de Borges. Borges, para la intelectualidad argentina y gran parte de la latinoamericana, es el maestro. Si se quiere bromear un poco, Borges es el Maradona de los artistas e intelectuales de su nación (lo escribo con cierta sorna: Borges odiaba al fútbol)

Podríamos decir palabras similares de otros grandes como García Márquez (El “Gabo” es símbolo nacional) Octavio Paz e incluso Vargas Llosa cuya actividad política ha sido más que profusa. Los éxitos logrados en el exterior por esos escritores han sido celebrados por la inmensa mayoría de los habitantes de sus respectivos países quienes han sabido deponer diferencias cuando llega el momento de honrar a sus glorias nacionales. Eso lamentablemente no ha ocurrido en Venezuela con respecto a una de las figuras más representativas de la música contemporánea: Gustavo Dudamel.

En el campo de la música es difícil encontrar a alguien que haya elevado tan alto el nombre de su nación como Gustavo Dudamel. Ya sea en los Ángeles o en Gotenburg, en Chicago o en Stuttgart, en Nueva York o en Viena, ha ganado un reconocimiento internacional sin paralelo en la historia de la música latinoamericana. Hay directores de orquesta que ya lo comparan con Leonard Bernstein. Pocos han logrado sentir el espíritu de Mahler o de Brahms de un modo tan intenso. Verlo dirigir la cuarta de Brahms es un espectáculo. Dudamel no solo dirige, “vive” en Brahms.

Adonde vaya Dudamel será visto como embajador artístico, no de un gobierno, sino de una nación. Gracias a Dudamel muchos amantes de la música se han enterado de que Venezuela no solo produce petróleo, reinas de belleza y militares corruptos. Quieran o no, los venezolanos, no solo los chavistas, tienen una deuda con Gustavo Dudamel. Más grande será cuando llegue el momento de desagraviarlo frente a los indecibles insultos que le han propinado miembros de exaltadas fracciones de la oposición por el hecho de haber decidido, antes de su concierto de Nuevo Año en Viena, no dar opiniones políticas sobre su país.

Claudio Arrau, el genial pianista chileno, también tomó en su tiempo la decisión de Dudamel. Ni siquiera en los más feroces días de la dictadura militar quiso hablar sobre política. Todos, derecha e izquierda, si no lo entendimos, lo respetábamos. Y en sus giras íbamos a escucharlo no porque nos interesara su posición política sino porque llegó a ser el mejor especialista en piano de Beethoven y, además –hay que decirlo- porque era chileno, nacido en Chillán. Al igual que ayer Arrau, grandiosos pianistas rusos, algunos de ellos, emigrantes por razones políticas, viajan hoy por el mundo y ninguno opina sobre el régimen de Putin. Solo en Venezuela vilipendian a Dudamel porque no eleva su voz frente al régimen que azota al país.

Por cierto, hay también grandes músicos que como ciudadanos toman opciones políticas y en algunas ocasiones ponen sus talentos al servicio de una causa. La soprano Anna Netrebko -de quien se dice es la heredera de la Callas- y el magnífico director Valery Gergiev, no han vacilado en rendir homenaje al zar Putin en sus presentaciones. Muy bien, es su derecho, pero no es su obligación. Del mismo modo, la venezolana Gabriela Montero, pianista de reconocimiento internacional, ha llegado a componer piezas musicales a favor de una Venezuela democrática. Puede decirse lo mismo: es un derecho, pero no es una obligación. Y mientras alguien cumpla con las leyes y normas de un derecho universal que garantiza tanto la libertad de opinión como la libertad de no opinar, ni Montero ni Dudamel pueden ser objetados.

El autor de estas líneas comparte la opción política de Montero y a la vez acepta la opción de Dudamel. Pues compartir y aceptar son cosas diferentes. No hay ley moral o jurídica que obligue a los artistas a tomar o a no tomar decisiones políticas. Gracias a Dios. De ahí mi absoluta incomprensión frente a esos sectores afiebrados de la opinión pública venezolana que, al enjuiciar a Dudamel, se dejan regir por el lema totalitario: “o estás a favor o en contra de nosotros”. En nombre de su oposición al chavismo esos sectores han hecho suya la lógica del chavismo.

Evidentemente en Venezuela hay dos grandes conflictos. Por una parte, el de la oposición-gobierno. Por otra, el de una cultura democrática frente a otra muy antidemocrática. Esta última no solo reside en el chavismo. Atraviesa, además, de lado a lado, al conjunto de la oposición. Incluso, me atrevería a decir, una parte de la oposición, no sé cual es su magnitud, ha sido facistizada por el chavismo (si es que no lo estaba antes).

Haciendo una revisión a través de las redes sociales sorprende la magnitud e intensidad de las invectivas en contra de Dudamel. Dejemos de lado al hampa tuitera, esos criminales del teclado que proyectan sus complejos de inferioridad en contra de seres muy lejos de su nivel. Lo que sí asombra es que personas ponderadas hayan caído en el mismo frenesí anti-dudamelista. Razón de más para pensar que el problema no reside tanto en Dudamel sino en la propia oposición venezolana. En ese sentido parece ser evidente que Dudamel funge en estos momentos como chivo expiatorio frente a agresiones que no habían logrado encontrar un objeto concreto.

El deseo de agresión precede al objeto de agresión, dice una conocida tesis freudo-lacaniana. En efecto, Dudamel ha pasado a ser objeto de agresión de una tendencia política que no ha podido lograr sus objetivos de poder. Ya sea por una conducción errática, o por la imposibilidad de alcanzar un punto unitario, esa tendencia se encuentra muy frustrada. No habiendo podido derrotar al enemigo, impotente frente a un régimen armado hasta los dientes, ha terminado por desarrollar en su interior una serie de agresiones. Agresiones, que si no encuentran el objetivo, pueden transformarse en autoagresiones o ser invertidas en un objeto sustitutivo del enemigo (en este caso Dudamel). En las redes sociales, sus actores han optado por las dos vías a la vez. Por una parte se injurian de modo abominable entre sí. Por otra, descargan un increíble odio en alguien que ni siquiera es un político. Un profesional serio, un joven exitoso, un propietario de esa mercancía que no se vende en las farmacias: talento.

Por cierto, hay quienes hacen la separación entre el director Dudamel y el hombre Dudamel. Aducen que reconociendo el valor del primero, se pronuncian en contra del segundo aunque sin ahorrar epítetos (desde colaboracionista hasta hijo de perra). Desde un punto de vista formal esa es una posición correcta, pero desde el punto de vista político no lo es. Y no lo es por la sencilla razón de que Dudamel no es un político. Su mundo, como hombre y como artista, es musical.

Lo que más llama la atención es precisamente que la mayoría de los enemigos (¿políticos?) de Dudamel no polemizan con el director por el hecho de que este haya emitido una opinión sino por lo contrario: por el hecho de no haberla emitido. El manido argumento al que recurren es que, ante la situación que vive Venezuela, nadie puede ser neutral. Paradójicamente esa fue la misma posición que levantaron los nazis y los comunistas en sus respectivos países. En situación de guerra interna y externa -aducían- la neutralidad es colaboración. ¿No es la misma tónica empleada por Maduro cuando califica a toda la oposición como “enemigos de la patria?”.

Hannah Arendt, será preciso recordar, distinguía dos enemigas de la política: la despolitización y la sobrepolitización. La despolitización o apatía política lleva a la desintegración de una sociedad. La sobrepolitización, al convertir a todo en política, anula las diferencias entre lo político con lo no político (la intimidad, la religión, el arte) dándose así las condiciones para que aparezca la tentación totalitaria. Y bien, me parece que en estos momentos Venezuela vive un avanzado grado de sobrepolitización.

Afortunadamente he podido observar en las redes muchas posiciones razonables que no señalan a Dudamel como el enemigo número uno de la oposición, que llaman a centrar la acción frente a objetivos políticamente definidos (entre ellos la lucha por elecciones libres y soberanas), que reclaman una separación entre la política con los otros espacios de la vida ciudadana. En fin, opiniones que creen en una lucha democrática realizada por personas democráticas

Personas que creen en las diferencias, en la libertad de opinión y por lo mismo en la libertad de no opinar. Personas convencidas en que quienes cumplen con las leyes y con la moral normativa que de las leyes se deduce (l’esprit des lois según Montesquieu) no pueden ser juzgados ni condenados por nadie. Personas que no se dejan regir por una supuesta moral universal situada más allá de todo tiempo y lugar. Personas que creen que el debate político hay que llevarlo a cabo con políticos y no con cantantes, jugadores de fútbol y directores de orquesta. Personas, en fin, que han hecho suyo uno de los lemas más felices de Rosa Luxemburg: “La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa diferente”

Pienso que esas personas conforman la mayoría de la oposición venezolana. Quiero, además, creer que así es. Porque si no fuera así, seguir apoyando a esa oposición no valdría la pena.

Lo que sabemos (y no sabemos) sobre los nuevos Bonos Soberanos 2036; por Asdrubal Oliveros y Carlos M. Álvarez

El pasado 29 de diciembre, según información de la agencia internacional Bloomberg, el Ministerio de Finanzas emitió un bono soberano denominado en dólares por USD 5.000 millones. Sin embargo, esta emisión fue de carácter privado y con características particulares. Así, en este artículo queremos revisar los siete puntos más relevantes de esta nueva emisión y

Por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez | 5 de enero, 2017

Soluciones al problema de coordinacion en el sector publico por Ricardo Hausmann

El pasado 29 de diciembre, según información de la agencia internacional Bloomberg, el Ministerio de Finanzas emitió un bono soberano denominado en dólares por USD 5.000 millones. Sin embargo, esta emisión fue de carácter privado y con características particulares. Así, en este artículo queremos revisar los siete puntos más relevantes de esta nueva emisión y cuál sería su impacto en el flujo de divisas del país y en el nivel de importaciones.

1. ¿Cuáles son las características principales del bono?

Tal como mencionamos, este es un bono de carácter privado por 5.000 millones de dólares a cargo de la República, por lo que se considera un bono soberano cuyo vencimiento será en el año 2036 y con un cupón bianual de 6,5%. Lo que implica que esta pasa a ser la primera emisión soberana desde el 21 de octubre del 2011. Por otra parte, si consideramos a PDVSA, esta sería la primera emisión desde el 28 de octubre de 2014 cuando la petrolera igualmente realizó una emisión de carácter privado al Banco Central de Venezuela (BCV).

2. ¿Cómo fue emitido este bono?

Si bien no existen fuentes oficiales que reporten el detalle de esta emisión, lo que hemos podido investigar es que la emisión estuvo a cargo del banco chino Haitong International Securities. La emisión se hizo amparada bajo la Ley de Endeudamiento 2016 que fue aprobada por la Asamblea Nacional en 2015. Algunos analistas consideran este endeudamiento como ilegal por no haber sido aprobado por la actual Asamblea Nacional. No somos expertos legales por lo que este tema se lo dejamos a los expertos. Ahora, lo que sí sabemos es que dado el límite de la Ley de Endeudamiento 2016, la emisión se hizo a un tipo de cambio de 10,0 bolívares por dólar.

3. ¿Cuál es el objetivo de esta emisión?

El gobierno venezolano tiene enfrente dos grandes retos para el año 2017 si se quiere que la crisis económica y social no empeore: detener la tendencia en la caída de la producción de petróleo y evitar que las importaciones de bienes se contraigan por debajo de los niveles observados en 2016. Frente a esta situación, este bono será utilizado para reducir la deuda comercial del Estado principalmente con el sector petrolero —donde entran los contratistas y proveedores de PDVSA—, el sector farmacéutico y el sector alimentos. Por lo que el objetivo principal del nuevo bono es generar incentivos en los sectores correspondientes para superar esos grandes retos y con ello tener un año 2017 similar, en materia económica, al ya finalizado 2016.

4. ¿Qué ganan y qué pierden los sectores petroleros,
farmacéutico y alimentos?

Un punto negativo para estos sectores es que si bien algunas empresas lograran cobrar una deuda que en algunos casos supera los tres años de antigüedad, el monto efectivo que recibirían en divisas dependerá de la cotización del bono en los mercados internacionales. Al momento de escribir estas líneas el bono 2036 se cotiza en torno a los 35 puntos, por lo que por cada 100 dólares recibidos como pago de deuda si es vendido en este momento solo se recibirán en efectivo 35 dólares, lo que reflejaría una pérdida contable de 65 dólares. Por otro lado, un punto positivo es que los bonos permiten a los sectores adquirir divisas a un tipo de cambio implícito menor al cotizado en los mercados no oficiales. Adicionalmente, si el sector decide quedarse con los bonos hasta el vencimiento, gozaran de un ingreso en dólares por concepto de intereses durante 20 años y teóricamente podrán cobrar el valor total del bono en el largo plazo.

5. ¿Cómo se encuentra la deuda comercial con el sector privado?

Al cierre del tercer trimestre del 2016 (3T2016) la deuda comercial que mantenía el Estado con el sector privado ascendía a 33.229 millones de dólares. De los cuales, 11.326 millones de dólares corresponden a importaciones no liquidadas, 4.052 millones representan los dividendos aprobados pero no liquidados, 8.230 millones por concepto de rentas y servicios (incluida deuda con aerolíneas) y el restante 9.621 millones es la deuda con las empresas mixtas y el sector petrolero venezolano. Así, observamos como la deuda comercial se ha incrementado 26,4% desde el tercer trimestre de 2015 y 57,4% desde el tercer trimestre de 2014 cuando la misma alcanzaba 21.110 millones de dólares. Para entender un poco la magnitud de esta deuda, pensemos en que el total de importaciones de bienes durante todo el 2016 fueron de 20.064 millones de dólares, por lo que se puede afirmar que la deuda representa 1,65 veces el nivel total de importaciones durante un año donde fueron especialmente bajas

6. ¿Cómo afecta este bono a las cuentas externas del país?

Dado que el objetivo principal es reducir el nivel de deuda comercial, esta emisión no deber verse directamente como mayor liquidez de cara al año 2017 y que por lo tanto la brecha externa se cerraría. Por el contrario, el déficit de divisas se mantiene en el corto plazo, mientras que en el largo plazo, implica un compromiso de pago de 5.000 millones de dólares en el año 2036 y el pago de los intereses correspondientes durante los próximos 20 años. Una especie de trapito de agua caliente frente a un problema de fondo que no se resuelve sin corregir las grandes distorsiones que presenta la economía venezolana.

7. ¿Qué sabemos sobre la cláusula de default?

A diferencia de otros bonos soberanos, este papel no cuenta con cláusula de default relativa a la permanencia de Venezuela en el Fondo Monetario Internacional. De esta manera, podría decirse que es un papel con menos blindaje. Sin embargo, no se conocen otras características o detalles como por ejemplo, si contiene cláusulas de cross default o acceleration cross default. Pensaríamos que en esta oportunidad, la República no tendría incentivos para incluir cláusulas de este tipo.

8. ¿Tiene esta emisión otros efectos en la economía?

Depende. A ciencia cierta todavía no tenemos detalles sobre la liquidez que tendrá este bono en los mercados internacionales, es decir, si se podrá transar en mercados electrónicos como el de New York. Por ahora no ha sido inscrito en los mercados por lo que es considerado un instrumento poco líquido, o en otras palabras menos técnicas, no es fácil de comprar o vender. Tampoco sabemos cuál será la tasa a la cual será vendido a los sectores mencionados, lo que si sabemos en qué tanto la banca pública como el BCV pagaron 10 bolívares por dólares y que al ser vendidos a una tasa mayor se generaría una utilidad cambiaria con implicaciones monetarias que no son el objetivo de este artículo.