Perspectivas

Venezuela: Validación y reencuentro; por Fernando Mires

Retomemos el hilo. Si estamos siguiendo el proceso democrático venezolano y leyendo sus capítulos en la medida en que van siendo escritos, vale decir, no desde muy atrás, pero tampoco adelantándonos a los acontecimientos, podríamos afirmar que en estos momentos está siendo redactado un capitulo nuevo: el de la validación de los partidos ante el

Por Fernando Mires | 21 de marzo, 2017
Fotografía de Federico Parra para Getty Images

Fotografía de Federico Parra para Getty Images

Retomemos el hilo. Si estamos siguiendo el proceso democrático venezolano y leyendo sus capítulos en la medida en que van siendo escritos, vale decir, no desde muy atrás, pero tampoco adelantándonos a los acontecimientos, podríamos afirmar que en estos momentos está siendo redactado un capitulo nuevo: el de la validación de los partidos ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). Dicho procedimiento fue impuesto por el propio CNE con el objetivo de nicaraguanizar la estructura electoral, seleccionar candidaturas de acuerdo a los gustos e intereses del gobierno y dividir a la oposición. La validación voluntaria de los partidos democráticos impidió, sin embargo, la siniestra maniobra. Como dijo Julio Borges: “El tiro les salió por la culata”.

Con la validación de sus partidos, la oposición ha recuperado la unidad perdida.

No sabemos todavía si la validación es un capítulo en sí o si será un subcapítulo de un capítulo largo que se llama “elecciones, ya”.

Elecciones; sí. Porque la validación, por si no lo han entendido algunos, es un paso encaminado a la realización de elecciones. O si se prefiere, es un procedimiento preelectoral. Nadie salió a validar para hacer vida social, sino a manifestar la más abierta, la más decidida y la más subversiva disposición a favor de unas elecciones que el régimen persiste en no convocar. El pueblo político venezolano ha reafirmado así su vocación electoral.

En los instantes en que escribo estas líneas han revalidado tres partidos importantes de la MUD: Voluntad Popular y Primero Justicia, después que lo hiciera Avanzada Progresista. Tanto los unos como los otros, unidos o compitiendo entre sí (es legítimo) desactivaron la trampa tendida por el gobierno. Gracias a la validación de sus partidos, la MUD ha decidido caminar unida a través de la ruta electoral. Ruta que no fue escogida como quien lo hace con una sigla o con un color. Se trata de la ruta que se ha dado la ciudadanía (incluyendo a la chavista) y ella está inscrita en las páginas de la constitución nacional.

Vanos han sido los intentos cupulares (del régimen y de la oposición a la oposición) por apartar a la ciudadanía de esa, su ruta. Y seguirán siendo vanos. Pues vías no electorales existen solo allí donde no hay partidos, ni ciudadanía, pura masa y pueblo disgregado. A través de la validación de sus partidos los ciudadanos venezolanos han dicho en cambio: queremos elecciones, queremos votar, queremos elegir. Y queremos partidos para expresar públicamente nuestras diferencias y posiciones, ya sea frente al gobierno, ya sea frente a nosotros mismos.

El régimen se encuentra acorralado por su propia historia. El chavismo, no hay que olvidar, nació como fuerza electoral y electoralista. El madurismo en cambio, al volverse antielectoralista, traicionó el legado de Chávez.

No interesa mucho aquí saber si Chávez habría hecho lo mismo que hoy hace Maduro: impedir a las elecciones. Probablemente habría intentado adoptar el discurso de la dictadura de Cuba: declarar a las elecciones como un arma de la burguesía y decretar sin vacilaciones, “la dictadura del pueblo”. Pero aún en ese punto hay una gran diferencia entre Castro y Maduro.

Fidel Castro jamás llamó –habiendo podido hacerlo– a elecciones. Por el contrario: desde el comienzo, siguiendo el ejemplo de Lenin, las suprimió, declarándose enemigo de ellas. Nunca intentó exhibir ínfulas democráticas como hizo Chávez. En cambio Maduro no solo ha negado las elecciones. Es peor todavía: se las ha robado a un pueblo que las tenía. En ese sentido Maduro ha cometido un crimen político de enorme magnitud.

No hay delito constitucional más grande que robar elecciones a un pueblo cuando éste ha probado ser mayoría en contra de un gobierno. Pues sin elecciones el pueblo pierde su condición ciudadana y deja, por lo mismo, de ser un pueblo político.

Votar es elegir. Y elegir es pensar. Quien no elige no piensa. Las elecciones adquieren un significado existencial en la mantención de la condición ciudadana. Sin elecciones, mueren los ciudadanos. Nacen los súbditos.

No se trata en este caso de elegir una vía para deshacerse de un mal gobierno. Se trata de mucho más. Se trata de recuperar la más elemental de las dignidades del ser político, sea este individual o colectivo: el derecho soberano a elegir a sus representantes. Eso es lo que jamás podrán entender los antielectoralistas de la oposición. Para ellos, al igual que para Maduro, las elecciones no son una razón de ser: son un simple medio instrumental del que se puede hacer uso o no, de acuerdo a las circunstancias.

Cuando el régimen de Maduro bloqueó la vía del revocatorio –tan electoral y constitucional como son las elecciones regionales y generales– mostró al mundo su vocación radicalmente dictatorial.

El capítulo del revocatorio fue interrumpido, como es sabido, por un diálogo al que fue sometida –no hay otra palabra– la MUD. La lucha por las elecciones retoman por lo tanto el hilo que intentó cortar el régimen valiéndose del nefasto diálogo. En ese sentido las jornadas por la validación significan un encuentro de la oposición consigo misma.

Podríamos, en retrospectiva, afirmar que las luchas por el revocatorio fueron objetivamente un ensayo general para las actuales luchas por las elecciones que han comenzado gracias a la validación de los partidos de la unidad. El clamor internacional y nacional, exigiendo la convocatoria a elecciones, es cada día mayor.

La misma Carta Democrática de la OEA, si no fuera por el ultimátum que exige prontas elecciones, solo sería un montón de hojas sin ningún valor práctico. Pero de acuerdo a la redacción y forma que dio Luis Almagro al texto, es un documento paraelectoral. Lo que ha dado sentido y lógica a sus líneas es la exigencia o ultimátum a convocar prontas elecciones. De tal modo, esa minoría absoluta de la oposición que niega a las elecciones se sitúa, objetivamente, en contra de la Carta Democrática de la OEA y por lo mismo a favor de Maduro. Hay que decirlo de una vez.

Naturalmente, como ha señalado Maduro, el régimen puede vivir sin la OEA. También puede vivir sin elecciones, con cárceles repletas, con represión cubana y hambre africana, sin pan, sin justicia, y sin nada. Pero, ¿hasta cuándo? Hasta que la presión nacional y la internacional lo obliguen a tomar un camino contrario. Porque sin lucha por las elecciones, eso está claro, no habrá elecciones. Como ocurrió con el revocatorio, las elecciones no solo son un fin, son un medio de lucha.

Los escépticos preguntarán: Y supongamos que al fin hay elecciones. ¿Después qué? A esa pregunta solo cabe responder: no nos contemos más el cuento de la lechera. La política será siempre una actividad de corto plazo. La política vive de sus circunstancias y de las reacciones frente a acontecimientos casi siempre inesperados. La política es, en fin, contingente. Para el largo plazo están los filósofos de la historia, los ideólogos y los horóscopos. De ahí que por el momento solo podemos señalar, citando a Luis Almagro: “De una dictadura se sale con elecciones libres”.

PS. Durante las validaciones aparecieron algunas candidaturas a primarias prepresidenciales. Aunque es demasiado prematuro proclamarlas, no está del todo mal que así sea. La MUD no es un partido sino una confederación de partidos. Con candidatos propios, con perfiles personales claramente definidos, los partidos se comprometen a llevar la lucha electoral hasta el final. Ya no hay vuelta atrás. Elecciones ya.

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Venezuela no es Nicaragua: una explicación a la ausencia de elecciones; por Michael Penfold

La nieta de la panadera; por Claudia Furiati Páez

Soy la nieta de la panadera. He “amasado” ese título, junto a mi hermano y otros 27 primos, por más de cuatro décadas. Honrosa distinción que como la levadura fue expandiéndose en nuestros corazones, al abrigo de la Nonna Irene. En su hogar, el aroma a recién horneado siempre nos daba la bienvenida y sin

Por Material cedido a Prodavinci | 20 de marzo, 2017
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Fotografía de Furiati Páez

Soy la nieta de la panadera. He “amasado” ese título, junto a mi hermano y otros 27 primos, por más de cuatro décadas. Honrosa distinción que como la levadura fue expandiéndose en nuestros corazones, al abrigo de la Nonna Irene. En su hogar, el aroma a recién horneado siempre nos daba la bienvenida y sin mediar cruzábamos el umbral siguiendo aquella deliciosa estela que finalmente se posaba sobre una olla ovalada con tapa de peltre negro.

Ante dicho “altar” nos deteníamos. Y allí divisábamos su diestra mano, gruesa, blanca y fuerte, tomando el asa, anteponiéndose junto a su pauta: “Primero a lavarse las manos pues vienen de la calle”. Y dócilmente transábamos para al final acceder a ese “boccato di cardinale”: el mostachón.

Nada más sabroso para aquella tropa de infantes que partir con las manos, en exactas medialunas, el panecillo redondo, suave a la vez que seco, espolvoreado de azúcar en su lomo. ¡Para luego sumergirlo en el tazón de café con leche humeante! ¡Y santa gloria de comunión!

Entonces, balanceando los pies, acompañábamos el zig-zag del péndulo del Big Beng colgado a la pared y del vaivén de la Abuela Irene sobre su mecedora. Ella nos observaba complacida para luego tornar sus almendrados ojos hacia el retrato del Nonno José, quien en la foto, ladeado, de suéter y corbata, asomaba su porvenir a la baranda de un vapor que lo traía de vuelta a estas prósperas orillas, desde su natal Aldea de Vibonati (la misma de la noche gerbasiana).

Una pregunta súbita e inquisidora le sacaba de su ensoñación: “Abuelita: ¿Y es verdad que en tu panadería había boxeadores?” A lo cual con acento itálico respondía: “Qué boxeadores, esas son zoquetadas de su papá, que me ayudaba en el negocio como sus tíos, y disfrutaba ver cómo los empleados, a puño cerrado, golpeaban fuerte la masa para sacarle el aire y compactarla.

Joseíto “tremendeaba” diciendo que Justo, uno de los cuatro panaderos, moreno de casi un metro noventa, era igualito a Lotario el luchado… “¿Tenían que boxear mucho esos señores?”, a lo que ella asentía.

Diariamente se hacían panes de a locha –hoy lo llaman francés–, pan siciliano, cachitos duros, bizcochos, pan dulce, pañocas…

Muchos clientes venían a la panadería, pues eran pocas entonces en Barquisimeto.

¿Y por qué le llamaron La Flor de Italia[1] y no … Flor de Venezuela, nonna?

“Porque a tu abuelo le gustaba sentirse de alguna manera cerca del terruño, al igual que muchos paisanos que venían a saborear los dulces tradicionales, como los struffoli”.

Y de inmediato se nos hacía la boca agua pensando en aquel racimo de bolitas de trigo y miel, típico de la navidad en toda la Campannia. La nonna entonces invocaba la sabiduría culinaria de Francisco Miraglia, a quien debía mucho de lo aprendido en los fogones y del gran horno de leña construido con ladrillos rojos y cuyo ahumado daba un bouquet especial a los panes junto a la cinta de hoja de plátano que los decoraba. Y siempre culminaba: “esos mostachones que se meriendan se los debemos a mi padrino”.

Doña Irene Manganelli de Furiati fue una gran panadera y mejor repostera. Un oficio que con humildad practicó durante toda su larga vida. Incluso luego de vender la panadería, porque el horneado le estaba afectando sus pulmones y su visión, siguió en la faena en su casa Marta de Nueva Segovia. Hasta allá muchos amigos y admiradores de su arte iban a comprarle sus hogazas.

Ella, orgullosa y agradecida, recordaba: “el pan nos ayudó a levantar a nueve hijos y ¡ahora los tengo a ustedes!” De esas furtivas ventas, ahorraba para, domingo a domingo, recibirnos con un “fuerte” (5 bolos nada devaluados) de mesada y un vasito de fresas de su huerto, bañadas de azúcar. Así era espléndida y laboriosa, a las que todo se le daba, germinaba, esponjaba, brotaba. Sobre todo el afán por moldear en cada uno de sus descendientes el amor por esta bendita tierra.

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Agradecemos a José Antonio Furiati, “Joseito”, por sumar a sus registros de cronista familiar esta historia. Marzo, 2017

[1] La Flor de Italia funcionó por quince años en la Calle del Comercio entre calles 30 y 31 de la capital del Edo. Lara (1935 – 1950), convirtiéndose en ícono de la Barquisimeto emprendedora y de progreso. Una de las especialidades el pan de a locha se vendía en 8 unidades por 1 bolívar (hoy está regulado a Bs 150 c/u y disminuido notablemente en tamaño). Como los de su naturaleza, este comercio dio empleo a muchos jóvenes venezolanos e inmigrantes que más que amasar fortuna, buscaban encaminar su destino. En la Venezuela de hoy, el sector panadero se ha visto injustamente “desvalijado” desde el poder, bajo la consigna de “guerra del pan”, para justificar la ineptitud y fracaso del plan de abastecimiento de alimentos básicos del gobierno. El hambre callejera y casera en ascenso es evidencia de ello. La Federación Venezolana de Industriales de la Panificación y Afines (Fevipan) intenta establecer “puentes” de diálogo, mientras alerta que el 80% de las panaderías a nivel nacional (unas nueve mil) están con inventario en “0”. A todos estos empresarios y comerciantes que se han ocupado de continuar la tradición de sus ancestros ibero-itálicos, a los hijos, nietos y bisnietos de los panaderos, van dedicadas estas palabras de “alimento” para su resistencia.

¿Estamos ante una tendencia de regresión nacional?; por Arnoldo José Gabaldón

Venezuela se encuentra en uno de sus peores momentos en los últimos 100 años. Si esa situación fuese el resultado de circunstancias puntuales o coyunturales, podríamos tener la certeza de que ella sería superable tarde o temprano. Pero si lo que estamos padeciendo constituye una tendencia regresiva de su sociedad, con dimensiones culturales, antropológicas, políticas

Por Material cedido a Prodavinci | 18 de marzo, 2017
Parte de la serie La Torre de David. Haga click en la imagen para ver la galería completa aquí en Prodavinci / Fotografía de Jorge Silva para Reuters

Parte de la serie La Torre de David. Haga click en la imagen para ver la galería completa aquí en Prodavinci / Fotografía de Jorge Silva para Reuters

Venezuela se encuentra en uno de sus peores momentos en los últimos 100 años. Si esa situación fuese el resultado de circunstancias puntuales o coyunturales, podríamos tener la certeza de que ella sería superable tarde o temprano. Pero si lo que estamos padeciendo constituye una tendencia regresiva de su sociedad, con dimensiones culturales, antropológicas, políticas y económicas, entre otras, rebasarla exigirá esfuerzos colectivos  muy complejos y de más largo aliento.

¿A qué denomino una tendencia  regresiva de  atraso nacional? A un proceso que discurre por tiempo prolongado y dentro del cual  un conjunto de parámetros representativos del  bienestar y evolución: espiritual, intelectual y material,  de una nación, se ven  desmejorar constantemente, conformando así una  tendencia. Me refiero por ejemplo, cuando se estanca  o disminuye su producción de bienes y servicios. Al registrar una disminución constante de la productividad nacional. Al  apreciar  como aumenta la pobreza, siendo esta la manifestación más ostensible del atraso de una nación. Vemos mermar la producción de artículos científicos y el registro de nuevas patentes. Se  destartala la infraestructura física, sin que surjan fuerzas sociales capaces de impedir tal situación. Las instituciones se degradan y especialmente hemos tenido un tremendo retroceso en la aplicación de la justicia. La seguridad ciudadana se hace cada vez más aleatoria. Los servicios públicos se desmejoran.  Los índices de salud  se retrotraen a valores alcanzados anteriormente, como es el caso de la mortalidad y morbilidad por algunas enfermedades. La desnutrición infantil aumenta y marca para siempre a un porcentaje alarmante de población.  El deterioro de la calidad  de la educación  a todos los niveles, se hace visible  y la degradación ambiental, es también rampante.

Por ejemplo, ¿qué le viene ocurriendo paulatinamente a nuestra principal Casa de Estudios, la Universidad Central de Venezuela? cuando percibimos una erosión continua de sus cuadros profesorales, por el éxodo de talentos que está ocurriendo en el país, pero además se deterioran por escaso o nulo mantenimiento sus edificaciones y urbanismo que son patrimonio de la Humanidad.

Deseo llamar la atención sobre la tendencia al atraso nacional que estamos observando en las últimas tres o cuatro décadas, después de haber logrado anteriormente niveles de progreso superiores en América Latina, como puede fácilmente documentarse. Cuando una tendencia de esa naturaleza  persiste durante largos años es que puede calificarse de verdadero periodo de retrogradación histórica nacional. ¿Y puede alguien negar que eso no sea lo que hemos presenciado las últimas décadas en Venezuela? Uno de los síntomas más graves de ese proceso, es cuando el alma colectiva desfallece víctima de la desesperanza, como acusamos en la actualidad. ¿La grave fuga de cerebros que estamos sufriendo, no es una reacción social condicionada a ese fenómeno?

Lo que más perturba es que ese tipo de procesos no tienen duración anticipable. Axel Capriles (2017), cita al historiador  E.R. Dodds, quien expone en su libro: Paganos y Cristianos en una Era de Ansiedad, “cuando Marco Aurelio subió al poder, ninguna campana sonó para alertar al mundo que la pax Romana estaba a punto de terminar y ser sucedida por una era de invasiones bárbaras, guerras civiles sangrientas, epidemias recurrentes, inflación galopante e inseguridad personal extrema.” ¿Quién puede negar que el Imperio Romano había entrado a partir de ese tiempo en una tendencia profunda de regresión?

¿Por qué estamos detenidos o en pleno retroceso? Debe ser preocupación de nuestros científicos sociales, historiadores, sociólogos y economistas, entre otros, indagar a fondo sobre las posibles causas del fenómeno que estamos constatando, para que  se facilite encontrar los factores que puedan reversarlas. ¿Cuáles pueden ser algunas hipótesis a examinar? ¿Son acaso causas entroncadas con nuestro desarrollo sociohistorico más remoto? ¿Fueron factores geopolíticos o geoeconómicos, los que han contribuido a este desfalco de monstruosa magnitud a nuestra sociedad? ¿Fue la cultura rentista que se anidó en nuestro cuerpo social a lo largo de décadas después de 1920, la responsable de esta situación? ¿Hay un proceso de involución cultural que a su vez fue inducido por los hábitos rentistas? ¿Ha sido la mala calidad política-administrativa de los últimos gobiernos la responsable de la regresión nacional que se observa? A lo mejor es una conjunción de tales causas. Son por lo tanto diversas las  líneas de investigación que hay que adelantar.

Alberto Adriani, uno de nuestros más preclaros intelectuales estudiosos del desarrollo, apuntando en esa dirección, había dicho antes de la muerte del Dictador Juan Vicente Gómez, que los estilos de vida de una sociedad podían ser adversos o propiciatorios del progreso; y que la austeridad y la vida sobria eran hábitos favorables en ese sentido. En tal contexto, se declaraba contrario a los patrones de consumo suntuarios y exagerados, que ya empezaban a manifestarse en Venezuela, apenas iniciado el modelo económico rentista en los años treinta del siglo pasado. En 1931 Adriani alertaba: “Muchos de los beneficiados por los años de prosperidad y otros por seguir su ejemplo, fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de los viajes de placer, los consumidores de automóviles, victrolas, licores, sedas, perfumes y otros artículos de lujo” (Adriani, 1998)

Esos estilos de vida y otros mucho más nocivos que se fueron engendrando con el tiempo, como la baja propensión al ahorro, el incumplimiento laboral que incide tan seriamente sobre la productividad, el despilfarro de los dineros públicos, la improvisación, la corrupción administrativa a todos los niveles  en los  sectores público y privado, el irrespeto a las instituciones y a las leyes, características entre otras, de nuestra población, fueron constituyendo la matriz dentro de la cual se ha gestado la sociedad venezolana que ha tenido actuación durante el último medio siglo.

No hay que confundir el estancamiento económico, por el cual han pasado muchos países en algún momento de su historia, especialmente los que están atados a la volatilidad de un mono producto de exportación, con los síntomas de un  retroceso societal. Sabemos que los primeros obedecen a ciclos económicos que son superables a través de  políticas públicas acertadas. Sin embargo, más se asemeja nuestra crisis por sus secuelas a las de  una guerra de grandes proporciones que hubiese azotado al país y que tuvo diversas manifestaciones negativas, espirituales y materiales.

Ahora bien, ese proceso no se inició con el presente régimen. Éste es un síndrome de él, como han expuesto diversos analistas. Las horrendas verrugas de ineficiencia, irresponsabilidad, corrupción, despotismo, insensibilidad social, que han aflorado como sus características más conspicuas hoy, se venían gestando desde antes. Pero han llegado ahora a su clímax y por eso nos resultan intolerables, siendo urgente por lo tanto conducir un profundo cambio político. Pero hay que alertar: ese cambio aspirado por las grandes mayorías, no arrojará resultados positivos, si al mismo tiempo no se actúa sobre las causales del fenómeno esbozado.

Estas son las tristes realidades y dilemas que a la sociedad venezolana  le toca confrontar en el presente. Y en tal contexto nos cabe plantearnos ¿si acaso existen bases para sustentar algunas esperanzas de cambio positivo? Diría que sí,  pero ello debemos abordarlo con prudencia razonable, para no crear falsas expectativas o inducir a pensar que la hazaña es fácil. Veamos.

No se ha perdido todavía la propensión social a vivir en democracia y ese es un antídoto muy importante para luchar contra el despotismo imperante.

¿Cómo puede esperar un destino lamentable a un país con tan exuberantes recursos naturales de todo tipo: agua, energía, aceptables extensiones de buenas tierras para la agricultura y clima tropical, entro otros? Lo que nos hará falta dentro de un proceso de reconstrucción nacional, es aprovecharlos con políticas públicas más inteligentes, creativas y bien instrumentadas.

Aun contamos con un sector  privado productivo, que aunque muy averiado,  puede reaccionar favorablemente ante una mejor conducción política y ser protagonista de un proceso de recuperación económica.

Tenemos una iglesia unida que puede coadyuvar mucho al desarrollo espiritual y material de la población.

Existe una buena disposición ciudadana a la participación social, indispensable para mejorar el desarrollo humano.

Y lo que es más importante, no todo el talento nacional se nos ha fugado y hay razonable posibilidades de que algunos de los que se han ido regresen a su patria, si son atraídos con estímulos apropiados.

Poseemos una infraestructura física que podemos recuperar, e igual hacer con las instalaciones de la industria petrolera, que han sido tan mal manejadas y mantenidas en los últimos tiempos. La industria petrolera nacional, puede volver a ser una importante palanca del desarrollo, si la abrimos al capital privado nacional y foráneo.

Lo que nos hace falta ahora es recuperar el espíritu nacional. Sacar provecho de las experiencias adversas que hemos sufrido. De esta crisis tenemos que sacar lecciones útiles. Replantearnos nuestras propias conductas individuales y colectivas. Apartar los malos hábitos creados por la cultura rentista. Y añorar un liderazgo luminoso que ponga por delante los intereses de Venezuela, ante los propios.

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BIBLIOGRAFIA

Adriani, A. (1998). Textos Escogidos. Biblioteca Ayacucho. Caracas. p. 230

Capriles, A. La Gran Regresión. El Estímulo, 4 de febrero del 2017.

El objetivo es asaltar la república; por Marcelino Bisbal

Del ciudadano y del republicanismo La república no es ni más ni menos que una cosa pública. Le pertenece a todos, a los ciudadanos. No es propiedad de nadie en particular, es propiedad de todos. La república tiene mucho que ver con aquello que la sociedad griega denominó el Agora, es decir, el lugar en

Por Marcelino Bisbal | 17 de marzo, 2017
Ruinas del foro romano

Ruinas del foro romano

Del ciudadano y del republicanismo

La república no es ni más ni menos que una cosa pública. Le pertenece a todos, a los ciudadanos. No es propiedad de nadie en particular, es propiedad de todos. La república tiene mucho que ver con aquello que la sociedad griega denominó el Agora, es decir, el lugar en donde los ciudadanos se congregaban, se reunían con sus autoridades para escuchar y ser escuchados. En síntesis: república es una forma de gobierno y Agora, es el foro para dirimir e intercambiar ideas. Términos estrechamente  vinculados a los orígenes de la democracia, y esta significa igualdad para todos los ciudadanos, y esa igualdad tiene que ver con el tomar parte en la vida pública, es decir, en la república.

Este breve y muy sintético desarrollo viene a cuento para esclarecer, en la Venezuela de hoy, cómo la vida pública, nuestro participar en las cosas públicas, nuestro derecho a informar y ser informados… ha sido vulnerado a lo largo de todos estos años por una ¿revolución? más militar que nunca. ¿El resultado? Ruinas y escombros; desmoronamiento de la convivencia social; despojo de todo aquello que funciona; establecimiento e institucionalización del resentimiento social como forma de dirimir los problemas; resemantización de las palabras para significar cosas distintas a lo que ellas quieren expresar; la aparición del fundamentalismo, de la intolerancia y del rechazo ante el que piensa distinto al poder; destrucción del quehacer político y de la política como acción en la que los hombres, respetándose por lo que ellos son y por sus ideas, buscan conjuntamente su bien y el bien de los demás… y un largo etcétera que se nos ha venido imponiendo a lo largo de todos estos años. Ya lo escribía Colette Capriles hace unos años (2011):

Paradójico es que este cuerpo místico se construya sobre un relato de origen republicano que comienza y termina con la figura de Bolívar. Así que se tratará de destruir el republicanismo de Bolívar para convertir al prócer en un manojo de pasiones populares, en un brand de la utopía, apta para mercadear estas pasiones. Bolívar deforme, violado por la mediocridad y las ambiciones de sus secuestradores.

El declive de la ciudadanía

El ciudadano se hace en la medida que logra traspasar la acción del exigir por la de participar en la esfera de lo público. Esto quiere decir que el ciudadano debe interesarse no solo en la cosa política, sino que también debe de participar y se le debe dejar intervenir en el ámbito económico para convertirse en ciudadano económico. Es función del Estado hacer que este principio se cumpla por cuanto los ciudadanos son los primeros afectados por las decisiones económicas que toma el propio Estado y la empresa. Bien lo apunta la filósofa y escritora Adela Cortina cuando nos dice:

La distinción entre esfera privada y pública, y la adscripción de la primera al mundo empresarial y de la segunda al Estado, es una artimaña ideológica para eludir responsabilidades. Si queremos enfrentarnos a la realidad social tal como es, sin deformaciones ideológicas, queda patente que la sociedad civil tiene con sus actuaciones también repercusiones públicas y es capaz también de universalidad.

En ese sentido, la actuación del Gobierno, a lo largo de todos estos años, ha resultado irresponsable e incapaz de asumir los retos que ofrece, en el presente globalizado,  la economía moderna. Así, se ha venido creando, poco a poco y de manera sostenida, un megaestado. Un Estado que controla cada vez más todas las instancias de la economía. En estos 18 años se ha dado un crecimiento inusual dentro de las actividades del Estado. De tal forma, que este se hace presente ya no solo como regulador, sino como productor y empresario a la vez: en el transporte, en las telecomunicaciones, la manufactura, la electricidad, el petróleo, líneas aéreas , en el turismo, en la agricultura y ganadería, en las comunicaciones de masas, en la distribución de alimentos… ¿Resultado? El Estado ha sido incapaz de enfrentar los retos técnicos y sociales que entraña la economía. Los afectados hemos sido los ciudadanos y allí está la realidad del aquí y ahora.

Aforismos de la ciudadanía económica

Veamos algunos datos. En el año 2011, Ediciones IESA publica un libro que lleva por título Gestión en rojo. Evolución de desempeño de 16 empresas estatales y resultados generales del modelo productivo socialista (Richard K. Obuchi —coordinador— y las investigadoras Anabella Abadi y Bárbara S. Lira).  La investigación nos demuestra, al contrario de lo que han expresado los discursos y los planes gubernamentales, que esa muestra de 16 empresas que fueron intervenidas/expropiadas, confiscadas, nacionalizadas, compradas o que fueron creadas con naciones aliadas o simplemente creadas por el Gobierno han fracasado. Concluyen diciéndonos que “el control estatal de la producción y la planificación central suelen tropezar con algunas dificultades que conducen a problemas típicos de ineficiencia y escasez, como los que caracterizan a la economía venezolana actual”.

El resultado de este trabajo académico es contundente, más allá de las particularidades de cada caso, cuando nos expresan:

En definitiva, la producción nacional se ha mantenido en descenso, el costo de los bienes se ha incrementado constantemente, se han registrado episodios de escasez de productos y recientemente se han notado caídas en el empleo. Esta realidad contrasta con lo que cada una de las medidas de intervención del Estado en la economía teóricamente pretende lograr. De los resultados negativos, el gobierno nacional culpa enteramente a los sectores productivos privados, utilizando como argumentos las supuestas prácticas especulativas, de acaparamiento y boicot. Sin embargo, a pesar del fuerte control regulatorio, los problemas de la economía parecen agudizarse en una dirección semejante a la que han experimentado otras economías con políticas públicas similares a las de Venezuela

Después de 6 años de esa publicación, la situación es crítica. Cada vez lo es más. ¿Política de Estado? ¿Ineficiencia e incapacidad? ¿Corrupción y despilfarro? ¿Es el modelo? Creo que es una mezcla de todas ellas.

Pero vengamos ahora al presente. La ONG Transparencia Venezuela, en una investigación acerca del comportamiento económico de las empresas propiedad del Estado llega a parecidas conclusiones del estudio del IESA. Las cifras son demasiadas escandalosas: entre 2006 y 2010, en apenas cuatro años, 359 empresas fueron expropiadas, es decir 70% del total que ahora posee que son 511;  ese 70 por ciento, de las 511, tuvieron pérdidas de 1,29 billones de bolívares según datos oficiales y el monto de las pérdidas superó en 14% el gasto social orientado hacia educación, salud, vivienda y seguridad. A partir de esas cifras Transparencia Venezuela se pregunta: ¿Tiene sentido que el Ejecutivo Nacional deba compensar las pérdidas de las empresas en actividades que no le son propias y sacrifique la calidad y coberturas de los bienes públicos de carácter social?

El des-orden campea por todo el país como sentencia que rige nuestra realidad. Aquello que expresara Hans Magnus Enzensberger, en su más reciente libro Tumulto, podría servir para entender, aunque sea a medias, a este gente y sus acciones: “La ceguera ante las más elementales reglas básicas de la mecánica política es, al igual que la fe milagrera en las doctrinas ideológicas, indicio del carácter cuasi religioso de un movimiento que tiene algún paralelo en el primer socialismo del siglo XIX”.

La batalla electoral de Holanda; por Fernando Mires

Las elecciones son a la política lo que las batallas a la guerra. Momentos de definición, días en los cuales se enfrentan fuerzas contrarias y deciden la hegemonía política en sus naciones. Y así como hay batallas y batallas, hay elecciones y elecciones. Las hay sin importancia, encuentros que son simples escaramuzas, rituales en la

Por Fernando Mires | 17 de marzo, 2017
Fotografía de Peter Dejong para AP

Fotografía de Peter Dejong para AP

Las elecciones son a la política lo que las batallas a la guerra. Momentos de definición, días en los cuales se enfrentan fuerzas contrarias y deciden la hegemonía política en sus naciones. Y así como hay batallas y batallas, hay elecciones y elecciones. Las hay sin importancia, encuentros que son simples escaramuzas, rituales en la rotación del poder. Pero hay otras que alcanzan un nivel épico. Una de esas batallas electorales —y como tal será recordada— tuvo lugar el 15-M en Holanda.

El hecho de que en diversos países del mundo las elecciones holandesas —que en el pasado reciente no lograban interesar ni siquiera a los holandeses— fueran seguidas con extrema atención, muestra como la globalización se hace presente no solo en la economía sino, además, en la política. Lo que sucede en la política de una nación repercute en otras. Incluso enemigos acérrimos de la globalización y la UE, desde Trump a Wilders, pasando por Le Pen, Orban y Petry, hasta llegar a Putin, están articulados de un modo más global que sus enemigos.

Los resultados son conocidos. Los liberales demócratas de Mark Rutte (VVD) alcanzaron una clara e inobjetable victoria. Junto con los ecologistas de izquierda (GL) y los socialcristianos (CDA) —ambos obtuvieron una excelente votación— las condiciones están dadas para la formación de un sólido centro político de gobierno con una leve inclinación hacia la izquierda.

Después de Geert Wilders, los grandes perdedores fueron los socialistas. Para la mayoría de los expertos, una caída dramática (“una masacre” según el diario alemán Die Welt). Sin embargo, mirando con mesura, la gran bajada socialista no fue tan dramática. Drama es cuando los votos perdidos van a parar al polo contrario (por ejemplo, cuando los electores que votaban socialistas en Francia votan hoy Le Pen). Este no ha sido el caso en Holanda. Gran parte de los votos perdidos por el SP fueron a parar al redil de los ecologistas. En fin, en Holanda sucede lo mismo que en Alemania pero al revés. En Alemania, el declive de los ecologistas hace crecer a la SPD y en Holanda, el del SP hace crecer a los ecologistas. Eso no debe extrañar: ecologistas y socialistas comparten un mismo espacio de centro-izquierda. Y la centro-izquierda holandesa, pese —o quizás gracias— a la debacle de los socialistas, salió bien parada de las elecciones.

El vencedor, y con todos los honores, fue Mark Rutte y su partido “liberal-conservador” VVD . El perdedor, el gran derrotado, incluso al borde de la humillación —si se toma en cuenta lo que el mismo candidato esperaba— fue Geert Wilders y su PVD.

Cierto es que en vísperas de la elección las encuestas anotaban un leve repunte de Rutte. Pero una diferencia tan grande no la esperaba nadie. Ni siquiera Rutte. El triunfo fue, en gran parte, obra suya.

Rutte y Wilders disputaron sobre el mismo tema, el migratorio. Pero el que quiera ver en Rutte un defensor a todo precio de los extranjeros, se equivoca. Rutte, al igual que Wilders reconoce que las migraciones traen consigo problemas. Mas, a diferencias de Wilders quien frente a los islamistas levanta una doctrina, Rutte levanta un programa dentro del cual el tema migratorio es solo un capítulo. El llamado programa de Wilders, en cambio, cabía en una hoja D4.

No fueron pocos los que imaginaron que tres días antes de las elecciones, cuando el autócrata Erdogán cometió el desacato de enviar a sus ministros a hacer propaganda entre la población turca para su plebiscito, la derrota de Rutte ya estaba sellada. Miles de turcos avivando a un dictador extranjero habría sido el espectáculo que necesitaba Wilders para alcanzar la cima del poder. No contó Wilders, sin embargo, con la decisión de Rutte quien, sin dilaciones, impidió la entrada de los ministros turcos a Holanda. Así Rutte logró arrancar la bandera del nacionalismo a Wilders, pero a diferencias de este último, dentro del más estricto marco constitucional. Las invectivas desatadas desde Turquía por Erdogan solo lograron hacer crecer a la ola de solidaridad de la mayoría de la ciudadanía con su primer mandatario.

Rutte, como muchos holandeses, sabe que la masa de población islámica que llega a Europa huye de la guerra y de la miseria de sus países. También sabe que entre ellos se ocultan terroristas. Y no pasa por alto el hecho de que la convivencia intercultural implica asumir problemas que solo pueden ser superados con el paso de las generaciones. Máxime si se tiene en cuenta que dentro de la cultura islámica hay quienes creen que la ley religiosa se encuentra por sobre cualquiera constitución. No obstante, Rutte no metió su cabeza en la arena (como hacen las avestruces socialistas) y nombró a los problemas con su nombre. Además, planteó soluciones que no solo pueden provenir de Holanda, sino de un trabajo mancomunado con y dentro de la UE.

No sin razones el triunfo de Rutte fue celebrado como un triunfo de la UE. A su vez, los grandes perdedores fueron los enemigos de la UE. Al votar por Rutte, muchos holandeses votaron por la UE, institución que con todas sus limitaciones es parte de la política internacional holandesa. Pues Holanda no solo es la quinta potencia económica en la EU sino, además, uno de sus países fundadores.

“El primer triunfo de la democracia en contra del populismo de derecha” anotaron al día siguiente de las elecciones diversos periódicos. En esa frase hay, sin embargo, dos grandes errores.

El primero: el triunfo no fue en contra del populismo de derecha. Fue un triunfo de la derecha y del centro en contra del radicalismo ultranacionalista, en algunos casos, neofascista, vale decir, en contra de un partido que ha roto con el eje regulativo izquierda – derecha. El de Rutte debe ser visto más bien como un triunfo de la política (derecha-centro-izquierda) en contra de la antipolítica.

El segundo error revela la muy mala memoria de los periodistas. El primer triunfo en contra de la antipolítica —homo, euro y xenofóbica— no ocurrió en Holanda sino en Austria, en diciembre de 2016. En esa ocasión Alexander Van der Bellen, conservador y ex militante del Partido Verde, logró propinar una fuerte derrota al ultranacionalista Norbert Hofer y a su partido FPÖ cuyas divisas son exactamente las mismas del PVV de Wilders. No sabemos por supuesto si Rutte leyó la estrategia de Van der Bellen. Lo cierto es que ambos levantaron una política frontal en contra del adversario. Ambos demostraron, igualmente, que la democracia no tiene por qué ser ingenua y complaciente y, cuando no hay otra alternativa, debe pasar a la ofensiva.

Si quisiéramos hablar en términos futbolísticos, el de Van der Bellen fue un triunfo en los octavos de final y el de Rutte en los cuartos de final. La semifinal será disputada en Francia (abril y mayo) y la final en Alemania (septiembre). Se trata, claro está, de un campeonato europeo. Pero sus dimensiones son mundiales. Eso explica por qué los más grandes perdedores en las elecciones holandesas no solo hay que buscarlos en Holanda.

En Holanda fue derrotada en primer lugar una línea internacional que se extiende desde el Brexit hasta Trump. Es la línea del extremo nacionalismo económico y político, la que rechaza la existencia de organizaciones supranacionales, la que favorece a los acuerdos bilaterales entre estados. El mismo Wilders se declaró seguidor de la línea de Trump. Su consigna levantada en Münich “hoy los EE UU y después toda Europa” hizo recordar a la de Hitler: “hoy nos pertenece Alemania, mañana todo el mundo”.

La segunda gran derrota fue experimentada por el eje recientemente conformado por Rusia y Turquía. Tanto para Putin como para Erdogan, la UE y quienes la defienden, son obstáculos para los respectivos proyectos restaurativos de gran-nación. El de Putin busca restaurar la antigua Rusia imperial. El de Erdogan el esplendor del imperio otomano. Esa es la razón por la cual para ambos autócratas todo enemigo de Europa es a la vez un amigo de Rusia y de Turquía.

No se necesita mucha agudeza para percibir que las agresiones verbales provenientes desde Turquía a Holanda, precisamente en los momentos en que el segundo país vivía uno de los momentos más sensibles de la vida democrática, fue una acción concertada entre las autocracias rusa y turca para facilitar un triunfo de Wilders.

¿Wilders, un antiislamista, aliado del islamista Erdogan? En sentido explícito, no. En sentido tácito, sí. No es un misterio que en el proyecto destinado a desestabilizar a la política europea, Putin, Erdogan y los partidos ultranacionalistas y neofascistas, actúan con extrema sintonía y en perfecta convergencia. AfD y el FN, para nombrar a los dos más importantes, son abiertamente prorusos.

La tercera gran derrota fue, en consecuencia, la experimenetada por los neofascistas franceses y alemanes. Frauke Petry, la líder de AfD, al conocer los resultados declaró sentirse desilusionada del pueblo holandés. Marine Le Pen, más avezada, ha guardado sus opiniones. Pero ambas experimentaron la derrota de Wilders como si hubiera sido propia. Para las dos extremistas, un triunfo de Wilders habría tenido un enorme significado simbólico. Habría hecho creer que la ola ultranacionalista y neofascista es imparable. Austria y Holanda han enseñado, por el contrario, que detener a esa ola es perfectamente posible.

Al fin Europa ha comenzado a demostrar que sus reservas democráticas no son pocas. Otra batalla ha sido ganada para la democracia. 2017, ya se ve, será el año de una guerra política entre demócratas y antidemócratas. Sus consecuencias mundiales son por el momento imprevisibles.

¿Turquía contra Europa?; por Fernando Mires

Ya no hay dudas. Asistimos a un proceso de escalación en las relaciones políticas que se dan entre Turquía y Europa. Ese proceso es inducido desde la propia Ankara. Ya es evidente que el antiguo amor de Erdoğan por la UE ha expirado; y como todo amor despechado amenaza con convertirse en odio (en este

Por Fernando Mires | 14 de marzo, 2017
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Fotografía de EFE

Ya no hay dudas. Asistimos a un proceso de escalación en las relaciones políticas que se dan entre Turquía y Europa. Ese proceso es inducido desde la propia Ankara.

Ya es evidente que el antiguo amor de Erdoğan por la UE ha expirado; y como todo amor despechado amenaza con convertirse en odio (en este caso debido a la persistente negativa europea al ingreso de Turquía a la UE a pesar de ser miembro de la NATO y uno de los principales socios comerciales de Europa).

El punto de partida de los desencuentros entre Alemania y Turquía tuvo lugar hace un tiempo atrás. En descargo del agresivo Recep Tayyip Erdoğan, hay que consignar que el inicio de la actual enemistad fue incentivado desde la propia Alemania. Un supuesto, grotesco e insultante “poema” de un cabaretista al pueblo turco y una inusitada e innecesaria condena del parlamento alemán a los sucesos de Armenia ocurridos hace más de un siglo, fueron hechos que lograron desencadenar las iras de Erdoğan.

Después de reiteradas disculpas del gobierno alemán, parecía que las relaciones entre ambos países volverían a ser normales. Hasta que Erdoğan decidió cambiar nuevamente el curso de las cosas. La injustificada prisión del periodista Deniz Yücel impulsó una campaña de solidaridad en la prensa alemana. Y en lugar de acceder a las peticiones diplomáticas, la justicia gubernamental condenó a Yücel a cinco años de prisión, acusado de espía alemán (una mentira tan grande en la que no puede creer ni el mismo Erdoğan).

Como respuesta, en las ciudades alemanas de Gaggenau y Colonia, las autoridades locales decidieron negar los permisos para que el ministro de justicia turco, Bekir Bozdağ, realizara campaña electoral entre sectores de la población turca residente, a favor del plebiscito que tendrá lugar muy pronto en Turquía y cuyo objetivo es consagrar constitucionalmente a la autocracia de Erdoğan.

La respuesta de Gaggenau y Colonia fue la más adecuada. Ningún país puede ser utilizado como plataforma electoral por otro sin autorización de las autoridades correspondientes. Más todavía si ese mismo derecho es negado por Erdoğan a sus adversarios en la propia Turquía.

Lo que menos deseaba Ángela Merkel era un conflicto con Turquía. Las interconexiones económicas y financieras entre ambos países son numerosas y sólidas. Pero tampoco puede guardar silencio si Erdoğan acusa al actual gobierno alemán de nazi. Precisamente desde un país cuyo pasado no es un primor de democracia y cuyo presente es famoso por la violación sistemática de los derechos humanos.

La repuesta de Merkel fue moderada. Quizás demasiado moderada. Ella solo se limitó a afirmar que las declaraciones de Erdoğan estaban fuera de lugar. Por si fuera poco, su ministro del exterior, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, no vaciló en asumir una actitud sumisa frente a su equivalente turco al que le fue permitido, además, realizar actos electorales a favor de Erdoğan en Hamburgo. Pero nada de eso fue suficiente para el mandatario turco. En ningún momento ha intentado retirar sus injurias al gobierno de Alemania. ¿Cómo explicar actitud tan beligerante? Hay una sola posibilidad: Erdoğan desea provocar a Alemania y Europa. Sus objetivos, evidentemente, son dos. Uno de corto, otro de largo plazo. El primero obedece a razones de política interior. El segundo a razones de política exterior.

El primer objetivo está determinado por el plebiscito que tendrá lugar a mediados de abril en Turquía. Con ese plebiscito Erdoğan pretende transformar la constitución parlamentaria en una radicalmente presidencial y con ello asegurar la continuidad de su mandato autocrático. A fin de lograr ese objetivo, Erdoğan intenta tocar las fibras nacionalistas de Turquía y así erigirse como defensor simbólico de la patria mancillada por la arrogancia y prepotencia de Alemania y Europa.

El segundo objetivo es más ambicioso. Si Erdoğan gana el plebiscito –y hará lo imposible por ganarlo– llevará a cabo un gran viraje histórico: desconectar política, cultural y militarmente a Turquía de Europa para convertir a su gobierno en una suerte de vanguardia del mundo islámico. La reislamización que tiene lugar en todas las instituciones de Turquía ya es parte de ese proyecto.

Del mismo modo, las recientes e intensas relaciones establecidas por Erdoğan con el otro gran autócrata enemigo de la Europa Unida, Vladimir Putin, muestran que el gobernante turco parece estar plenamente decidido a emprender la que él considera su misión histórica. Sus delirios de grandeza son ese sentido muy similares a los de su colega ruso. Mientras Putin intenta restaurar el imperio de los zares, apoyado en la que fuera la iglesia zarista (ortodoxia cristiana), Erdoğan intentará restaurar el imperio otomano, apoyado en las más arcaicas tradiciones del Islam.

Ambos autócratas cuentan con fuerzas internas de apoyo apostadas en los propios países europeos. Erdoğan con una gran población turca e islámica repartida a lo largo de toda Europa. Putin con los partidos y movimientos neofascistas algunos de los cuales, como el encabezado por el FN de Marine Le Pen y el PVU de Geert Wilders, se encuentran muy cerca del poder.

Precisamente en Holanda ha sido abierto por Erdoğan un nuevo frente de guerra política. Ello ocurrió cuando el gobierno holandés negó el permiso al ministro del exterior turco, Mevlüt Çavuşoğlu, para que realizara demostraciones electorales a favor del plebiscito de Erdoğan en territorio holandés.

Desde el punto de vista de la política interna del país, el gobierno holandés no podía hacer otra cosa. Demostraciones políticas del gobierno turco en Holanda, a muy pocos días de las cruciales elecciones parlamentarias, habrían sido un gran obsequio a la propaganda electoral antiislámica de Wilders.

Dicho con seguridad: tanto Erdoğan como Putin apuestan a personajes como Le Pen y Wilders, para ellos piezas maestras destinadas a desequilibrar la unidad de Europa. Erdoğan, mostrando lo reducido de su repertorio, ha acusado al gobierno holandés de fascista.

Quizás recién los políticos europeos comienzan a entender la naturaleza de los dilemas que enfrenta la democracia occidental. Más allá de la persona de Erdoğan e incluso de la del mismo Putin, hay una línea demarcatoria frente a la que tarde o temprano todos los gobiernos europeos deberán posicionarse. Esa línea es la que separa a dos repúblicas. A un lado las repúblicas autoritarias y confesionales, sometidas a la voluntad implacable de líderes antiparlamentarios y mesiánicos. Al otro, las repúblicas liberales y democráticas, amenazadas ayer por los totalitarismos del siglo XX, hoy nuevamente amenazadas por las autocracias del siglo XXl.

Ayer Europa logró salvar a la democracia gracias a la protección de los EE. UU. Hoy, como consecuencia de la desgracia presidencial caída sobre los EE. UU, deberá hacerlo, con toda probabilidad, sola. Con su propia política y con sus propios medios.

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Las encrucijadas colombianas; por Carlos Malamud

[Infolatam].- Colombia, más allá de sus grandes dificultades, logró en los últimos años responder adecuadamente a la magnitud de los desafíos planteados. Sin estridencias y de forma gradual los colombianos y sus gobiernos han solido escoger lo mejor para su futuro. Pese a las grandes dificultades que enfrenta y ha enfrentado el proceso de paz

Por Carlos Malamud | 14 de marzo, 2017
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Fotografía de Al Cortés tomada de Flickr

[Infolatam].- Colombia, más allá de sus grandes dificultades, logró en los últimos años responder adecuadamente a la magnitud de los desafíos planteados. Sin estridencias y de forma gradual los colombianos y sus gobiernos han solido escoger lo mejor para su futuro. Pese a las grandes dificultades que enfrenta y ha enfrentado el proceso de paz con las FARC sigue su marcha. La economía tiene un comportamiento más sólido que el de sus vecinos aunque el precio de los hidrocarburos y minerales se haya hundido. La apuesta por la apertura comercial y su vinculación a la Alianza del Pacífico continúa dando frutos superando algunos vaticinios agoreros.

Sin embargo, el país afronta retos inconmensurables que deberá resolver en los próximos años, al estar en juego el futuro de Colombia como proyecto nacional y el porvenir de sus habitantes. Para comenzar, una seria crisis de corrupción afecta a todas las fuerzas políticas prácticamente por igual. El escándalo Odebrecth se ha hecho sentir y de momento se cobró la candidatura del uribista Óscar Iván Zuluaga. Las sospechas, por diferentes casos, también afectan a los diferentes niveles del gobierno, al igual que al Legislativo y al poder judicial. En 2016 Colombia ocupó el puesto 90 de 176 en el Índice de Transparencia Internacional sobre percepción de la corrupción, con una puntuación de 37 sobre 100. El país mantiene el mismo puntaje desde 2014.

En 2018 habrá elecciones legislativas y presidenciales donde se dirimirán una gran cantidad de cosas, comenzando por la identidad y filiación partidaria del próximo mandatario y también la composición del Parlamento. ¿Reconquistará el uribismo el poder? ¿Se mantendrá la amplia coalición electoral estructurada en torno a Juan Manuel Santos o será solo un recuerdo del pasado? ¿Qué papel le corresponderá a la izquierda? ¿Se aliará finalmente con las FARC y buscarán un candidato de convergencia, como Piedad Córdoba, o cada parte concurrirá a la elección con sus propios candidatos?

En alguna medida el futuro de la paz con las FARC dependerá de la identidad del nuevo inquilino de la Casa de Nariño y de su voluntad de seguir adelante con un proceso que sigue provocando demasiados resquemores. Ahora bien, ante la evolución de los acontecimientos después de la derrota por la mínima de las posiciones gubernamentales en el plebiscito de octubre pasado, es muy difícil una vuelta atrás. Lo será también para el próximo gobierno, que debería pagar un elevado precio político en caso de retomar las hostilidades,  salvo que se produzca un cambio radical en relación a lo que está ocurriendo en las últimas semanas.

También lo sería para las FARC, cuya cúpula está instalada desde hace meses en el territorio menos agreste de la política y cuyos cuadros medios y militantes de base han empezado a paladear las mieles de la calma y de la tregua. No en vano, por ejemplo, se ha producido una especie de baby boom dentro de las FARC, tras un cierto relajamiento de las políticas de control de la natalidad y de aborto voluntario (o forzoso) para las guerrilleras que quedaban embarazadas.

En las actuales circunstancias cada día sin guerra, cada día con avances en la desmovilización y el desarme, hace más complicada la vuelta al enfrentamiento armado. Es verdad que ya hay algunos problemas internos en las FARC, como las deserciones en algunos frentes, especialmente visibles en zonas de producción de coca, lo que da algún indicio de los verdaderos motivos de desafección con la línea oficial. Si bien en algunos casos la quiebra de la disciplina con la política de diálogo ordenada por la dirección se recubre de argumentos ideológicos (la traición a la lucha revolucionaria), lo que está en juego es la continuación de boyantes negocios e inclusive el reconocimiento social de unos guerrilleros que, llegado el momento de la paz, se convertirán en simples ciudadanos de a pie.

El narcotráfico y la minería ilegal de oro son dos de las actividades económicas más lucrativas impulsadas por las FARC en los últimos años y fuente de gran liquidez. Entre los sectores de dentro que quieren mantenerse en activo y los grupos de fuera (como el ELN o las bacrim -bandas criminales) que pretenden un pedazo de la tarta es fácil predecir fuertes tensiones en algunas zonas y un gran desafío para las fuerzas de orden público y para el propio aparato estatal.

El área cultivada de coca se ha extendido sin control entre 2012 y 2015. Prácticamente se ha duplicado, pasando de 48.000 a 96.000 hectáreas. Es tal la magnitud del desafío que Rafael Pardo, el ministro del Postconflicto, ha manifestado en Madrid que “la principal amenaza de la paz… es la coca”. No se trata solo de una amenaza a la paz, sino también a la relación con Estados Unidos, algo mucho más preocupante dadas las políticas erráticas de la administración Trump en América Latina.

Finalmente queda el reto económico. Hasta ahora Colombia ha eludido la recesión, en la que sí han caído otros países sudamericanos, como Argentina, Brasil, Ecuador o Venezuela. Y esto, pese a su excesiva dependencia de combustibles y minerales. El gran reto, desde este punto de vista es como diversificar la economía, como hacerla más productiva dotando de más valor añadido a sus exportaciones. La aprobación de la reforma fiscal tras el trauma del plebiscito fue un importante paso hacia adelante, pero no es suficiente. La paz, si se persiste en ese camino, y la construcción de infraestructuras son dos de sus mayores oportunidades para romper el techo de cristal que todavía atenaza su crecimiento. No deberían desaprovecharse.

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Las mujeres en el mapa de la pobreza en Venezuela; por Omar Zambrano

(A propósito del Día Internacional de la Mujer). Si las cifras que se manejan tras bastidores son ciertas, entre 2013 y 2016 Venezuela experimentó la mayor y más abrupta contracción económica de su historia moderna. Y que esto haya ocurrido en tiempos de paz y sin desastres naturales es una tragedia de grandes magnitudes. Para

Por Omar Zambrano | 13 de marzo, 2017
Fotografía de Andrés Kerese

Fotografía de Andrés Kerese

(A propósito del Día Internacional de la Mujer).

Si las cifras que se manejan tras bastidores son ciertas, entre 2013 y 2016 Venezuela experimentó la mayor y más abrupta contracción económica de su historia moderna. Y que esto haya ocurrido en tiempos de paz y sin desastres naturales es una tragedia de grandes magnitudes.

Para cualquiera que camine por las calles de alguna población venezolana resultan evidentes los efectos de esta debacle. La inflación, la escasez y el desempleo pulverizaron las condiciones materiales de vida, con el agravante de que esta caída ocurre en un momento de paralización total del aparato del Estado. En el mundo moderno, los estados proveen una red de protección social mínima para atajar a sus ciudadanos más vulnerables en caídas como ésta. En la Venezuela chavista, en cambio, el peor choque de la historia nos alcanza sin políticas compensatorias, sin instrumentos de mitigación para los más vulnerables, sin servicios sociales básicos: El “estado de bienestar” chavista, del que tanto se jactan los que mandan, se volvió polvo cósmico.

En ausencia de información oficial detallada, resulta difícil entender la verdadera magnitud y profundidad del daño ocasionado a las condiciones de vida de los venezolanos, sobre todo porque la pobreza tiene una dimensión territorial que escapa a los promedios nacionales. Recientemente lideré un grupo de investigación que logró estimar, a partir de datos oficiales, un perfil socio-económico de cada una de las unidades territoriales del país, incluyendo sus 24 estados, 335 municipios y 1125 parroquias. Se trata, en definitiva, de un mapa de la pobreza que nos permite estimar que existen más de 20 parroquias con tasas de pobreza del 100%, y que hay más de 3 millones de personas pobres en las 30 parroquias urbanas más pobladas del país. Por ejemplo, en la parroquia General Urdaneta del municipio Baralt, en el estado Zulia, se calcula que hay 9.788 personas pobres.

En cualquier caso, estas cifras abundan sobre la información aportada por otras fuentes: en Venezuela las tasas de pobreza y pobreza extrema se han disparado hasta niveles sin precedentes. Y a propósito de la celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, vale señalar que son las mujeres venezolanas las que están llevando la peor parte de esta tragedia.

Sepa usted, lector, que en Venezuela la tasa de pobreza femenina es más alta que la de los hombres. Nuestra estimación indica que existen aproximadamente 350.000 más mujeres pobres que hombres pobres, es decir, la pobreza no es igualitaria y afecta desproporcionadamente más a las mujeres. En Venezuela, 4 de cada 10 hogares tienen a una mujer como jefa, en su gran mayoría sin cónyuge o compañero. La tasa de pobreza en hogares comandados por mujeres es superior en 6 puntos al promedio del país, mientras que la diferencia se incrementa en hogares encabezados por mujeres solas con hijos pequeños.

El problema de la pobreza afecta desproporcionadamente más a las mujeres debido a inequidades de género, en particular, a las barreras que enfrentan para acceder a la generación de ingresos autónomos. Las mujeres en Venezuela (y en todas partes) participan menos en el mercado laboral, y cuando lo hacen, tienden a ganar salarios menores a los de los hombres por trabajos equivalentes. Según cifras oficiales del INE, la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral es casi 30 puntos menos que la de los hombres. Esta brecha es la mayor en el subcontinente, con el agravante que esa tasa ha caído desde el año 2003, como lo señala una investigación reciente de un economista venezolano[1].

El hecho de que la proporción de hogares comandados por mujeres sea tan alta agrava la existencia de brechas salariales y de su participación laboral. En Venezuela las mujeres son un factor indispensable en la provisión de ingresos para el hogar, que corresponde en promedio a más de 43% del ingreso total de las familias, a pesar de las desventajas que enfrentan para trabajar.

Y aquí el punto central de esta reflexión: en esta Venezuela depauperada, la lucha por la igualdad de salarios, la participación laboral, el empoderamiento y la autonomía de las mujeres es, hoy más que nunca, la lucha contra la pobreza y el envilecimiento de las condiciones de vida material de los hogares venezolanos. La persistencia de desigualdades de género hace más vulnerables a las mujeres al fenómeno de la pobreza, y a su vez empeora la pobreza en general.

Las desigualdades de género provienen de diferencias socialmente construidas, y por lo tanto son susceptibles a ser modificadas mediante políticas que propicien una distribución más igualitaria de recursos, condiciones laborales y acceso a oportunidades para las mujeres. Aprovechando el Día Internacional de la Mujer, vale recordar la intención de estas líneas: no existe solución al problema de la pobreza en Venezuela que no pase necesariamente por aplicar una perspectiva de género a las políticas públicas.

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[1] Bello, O. Y Rodríguez M. (2012). La Caída de la Tasa de Participación Laboral Femenina en Venezuela (2003-2010). Mimeo.

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¿Por qué la OPEP está condenada y qué significa para Venezuela?; por Andrés M. Guevara

Venezuela fue uno de los países fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). En 1960, Juan Pablo Pérez Alfonso, ministro de minas e hidrocarburos, desempeñó un papel clave alineándose con Irán, Irak, Kuwait y Arabia Saudita para crear una organización que controlaba más de 80% de las reservas de petróleo del mundo,

Por Andrés M. Guevara | 10 de marzo, 2017

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Venezuela fue uno de los países fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). En 1960, Juan Pablo Pérez Alfonso, ministro de minas e hidrocarburos, desempeñó un papel clave alineándose con Irán, Irak, Kuwait y Arabia Saudita para crear una organización que controlaba más de 80% de las reservas de petróleo del mundo, pero lo más importante, un tercio de su producción.

La organización (o cartel en este caso) basa su poder en los principios de la oferta y la demanda. La lógica es que si se posee una proporción importante de la oferta de un producto determinado y puede controlarse su producción, entonces puede controlarse el precio de ese producto para la ventaja del cartel.

Sin embargo, los miembros de todos los cárteles sufren de falta de disciplina para atenerse a los acuerdos y tienen una tendencia natural a hacer trampa después de un tiempo, lo que en última instancia resulta en el fracaso para mantener el precio del producto al nivel esperado. La cuestión fundamental radica en el hecho de que los cárteles no tienen una forma de hacer cumplir los acuerdos de suministro entre sus miembros. Por ejemplo, Venezuela puede estar de acuerdo con Arabia Saudita en reducir la producción, pero no puede obligar a Arabia Saudita a reducir su producción o viceversa. Así, por ejemplo, si todos los países acordaron reducir la oferta 10%, esperando que los precios aumentaran 20% como resultado, el precio aumenta cuando se hace el anuncio, pero después de un tiempo los mismos productores que abogaron por reducir la oferta pueden ser fuertemente tentados a producir más sin informar y así beneficiarse secretamente de los precios más altos. Finalmente, el “mercado”, una masa heterogénea formada por productores, consumidores, informantes, transportistas, Estados, etc., se da cuenta de que el corte de la oferta no fue tan profundo ni tan prolongado como se anunció y los precios, eventualmente, caen de nuevo.

Esta ha sido una característica constante de la OPEP en los últimos cincuenta años que ha dado forma a los precios históricos del petróleo. A pesar de la falla fundamental del cártel, es cierto que históricamente la OPEP ha influido efectivamente en el precio del petróleo durante ese período.

Sin embargo, en la última década la oferta cambió de forma estructural. Mientras una revolución estaba ocurriendo en Venezuela, otra completamente diferente se estaba desarrollando en los Estados Unidos (EEUU) a través de una combinación de tecnologías de petróleo y gas: las más importantes, la combinación de perforación de pozos horizontales con la fracturación hidráulica de yacimientos. Cientos de empresas privadas de todos los tamaños lideraron el camino de una revolución energética conocida como la Revolución del Shale o esquisto. Como resultado, EEUU ha incrementado significativamente las reservas y producción de petróleo (un aumento de 2.8 millones de barriles diarios entre 1998 y 2016) y gas. EEUU ahora exporta gas natural barato al mundo a través de gasoductos y gas natural licuado. También redujo considerablemente su dependencia de las importaciones de petróleo y comenzó a exportar crudos livianos, algunos de ellos a la República Bolivariana de Venezuela para mezclar con el crudo extra pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco “Hugo Chávez Frías”. Los consumidores estadounidenses ahora disfrutan de gasolina y gas natural barato que además de favorecer las ventas de Hummers ha hecho posible una ola reindustrializadora en ese país.

¿Cómo se explica este cambio fundamental?

La mejor manera de explicarlo es a través de una curva de oferta, la cual determina a qué precio una determinada cantidad de un producto puede ser producido rentablemente por los productores en el mercado.

Históricamente la curva de oferta del petróleo era tal que si la cantidad producida se reducía en una cantidad modesta, entonces el precio aumentaba desproporcionadamente en relación con la reducción de la oferta. En el contexto de la OPEP y de sus países miembros, el aumento del precio compensaba con creces la reducción de la producción, aumentando en general los ingresos petroleros de los países miembros.

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Pero la revolución de esquisto cambió la forma de la curva de oferta. La nueva curva de oferta, refleja el impacto de los avances tecnológicos que han desbloqueado los recursos naturales gigantes de esquisto que se pueden producir más económicamente que muchas otras fuentes de suministro de petróleo, como petróleo en aguas profundas en el ártico e incluso el crudo extra pesado como el que predomina en Venezuela.

La curva de oferta posrevolución de esquisto genera un pequeño aumento de precio a pesar de cortar la producción en la misma proporción que antes.

Nos damos cuenta de que estamos en un mundo donde el precio del petróleo se mantendrá relativamente bajo y por un buen tiempo. EEUU ha desbloqueado un recurso tan vasto y ha aumentado tanto la producción, fuera del control de la OPEP, que a pesar de los recortes de la producción de la OPEP o el conflicto y la inestabilidad en el Oriente Medio, los precios del petróleo no superan los 60 dólares por barril. Es relativamente seguro decir que no vamos a ver los días de 100 dólares por barril de petróleo de nuevo. Y a menos que el señor Trump prohíba el fracking hidráulico (que es extremadamente improbable, si no imposible) la curva de oferta continuará presionando el precio a la baja en la medida en que tecnología siga avanzando.

Las implicaciones de este cambio en la curva de oferta son profundas, y cuando se suma a esto que la demanda de petróleo podría alcanzar su pico histórico en la década de 2030 (o inclusive antes) y de ahí en adelante caer, comenzamos a notar cambios fundamentales en el comportamiento de los participantes del mercado.

Del lado de la OPEP la consigna solía ser la protección de precios y ahora se centra principalmente en la protección de la cuota de mercado —a pesar del reciente acuerdo para reducir la producción durante 6 meses—. Eso significa maximizar la producción y no perder cuota de mercado. En 2016 la producción de Arabia Saudita alcanzó récord máximos. Por otra parte, Arabia Saudita, que ha sido siempre muy reservada y cerrada sobre su industria petrolera, decidió abrirse vendiendo 5% de la empresa Saudi Aramco en la bolsa de valores. Es mejor tener efectivo en mano hoy que correr el riesgo de no tenerlo en un futuro no tan lejano. Por último, Arabia Saudita y  Emiratos Árabes Unidos han creado sendos fondos de inversión mil millonarios para diversificar sus economías petroleras de cara a un futuro sin petróleo.

¿Cómo leer todo esto? En los viejos tiempos, un barril que no se produjo hoy podría ser producido en el futuro. Actualmente, un barril que no se produce hoy podría permanecer bajo tierra para siempre. Otra forma de verlo es que cada barril que la OPEP recorte podría ser reemplazado por un barril de esquisto de EEUU.

Fuera de la OPEP, Rusia también produjo máximos récords en 2016 y los EEUU permitieron exportar petróleo nuevamente después de décadas de una ley que lo prohibía. Rosneft, la empresa rusa, también vendió 20% de sus acciones a inversionistas privados y México abrió su sector petrolero aguas arriba rompiendo el monopolio de Pemex de 75 años. Y en EEUU, cada vez que se da una señal de precio (bien sea porque la OPEP anuncia un nuevo recorte o por alguna interrupción geopolítica de la oferta) los cientos de productores de petróleo de esquisto reaccionan simplemente abriendo los pozos y produciendo mas crudo a ese precio mayor. El resultado es que el petróleo de esquisto estadounidense se ha convertido en un techo para los precios del petróleo mundial.

En general, la producción de petróleo de alto costo se ha vuelto poco competitiva y será desplazada lenta pero seguramente por el crudo de esquisto estadounidense que es más económico de producir. Lamentablemente, Venezuela en lugar de seguir a Arabia Saudita o Rusia ha hecho lo contrario. Su producción ha disminuido a alrededor de 2 millones de barriles por día, un nivel de producción visto por última vez en la década de 1970 antes de la nacionalización de la industria.

Las implicaciones para Venezuela y su sociedad en el mediano y largo plazo pueden ser enormes. De los casi 300 mil millones de barriles de reservas que poseemos, el tres cuartas partes es petróleo extra pesado que es costoso de producir, transportar y procesar. Es sólo cuestión de mirar al norte, a Canadá, que posee la segunda mayor reserva de petróleo pesado del mundo, para darse cuenta de cómo la inversión en petróleo pesado está cayendo rápidamente en beneficio de alternativas más competitivas como el petróleo de esquisto. Y no menciono la exploración del petróleo del ártico que se detuvo completamente.

Venezuela debe despertar a esta nueva realidad. Permanecer miembro de la OPEP o no es una cuestión irrelevante en esta etapa. El cártel perdió efectivamente su capacidad para controlar los precios del petróleo. Todavía se puede ser un miembro de este club para acceder a la información de mercado y tener una que otra palanca de política exterior que podrían ser útiles algún día.

#Perspectivas El gran potencial del gas natural y el condensado en Venezuela; por Andrés M. Guevara

Lo que realmente importa es que internalizamos el hecho de que hay nuevos competidores que nos obligan a reorientar nuestra industria de hidrocarburos hacia la maximización de la producción de manera competitiva. Por ejemplo, he repetido hasta el cansancio la idea de enfocar nuestra política energética hacia el gas natural. También será clave la revitalización de la exploración y producción de crudos convencionales de bajo costo (medianos y livianos en lugar de pesados). Podemos lograrlo definiendo términos fiscales y de participación atractivos que nos permitan competir en este nuevo mercado y desbloquear nuestro potencial. Al cambiar nuestro enfoque con rapidez y audacia tenemos la oportunidad de extraer algunos de los casi 300 mil millones de barriles de reservas que hacen de Venezuela el mayor poseedor de reservas en el planeta y con eso proporcionar las recursos financieros tan necesarios para nuestra sociedad.

Nota técnica:

La curva de oferta muestra a qué precio una determinada cantidad de un producto puede ser producido rentablemente por los productores en el mercado.

Históricamente, la curva de oferta del petróleo era tal que si la cantidad producida se reducía en una cantidad modesta (x), entonces el precio aumentaba desproporcionadamente (y) a esta reducción de la oferta. En el contexto de la OPEP y de sus países miembros, el aumento del precio compensaba con creces la reducción de la producción, aumentando en general los ingresos petroleros de los países miembros.

Esta lógica es válida porque la curva de oferta del petróleo era bastante inclinada. Con esta forma de curva de oferta tiene sentido cortar la producción para aumentar el precio. Los economistas dirían que esta curva de oferta es inelástica, ya que una pequeña reducción en la cantidad producida puede producir un gran aumento en el precio.

La revolución de esquisto cambió la forma de la curva de oferta al achatarla y desplazarla hacia la derecha. La nueva curva de oferta refleja el impacto de los avances tecnológicos que han desbloqueado los recursos naturales gigantes de esquisto. La curva de oferta posrevolución de esquisto genera un pequeño aumento de precio (y) a pesar de cortar la producción en la misma cantidad (x). Esto es lo que los economistas llaman una curva de oferta elástica en la que los cambios en la oferta no mueven casi el precio.

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¿Por qué Venezuela le preocupa a Amnistía Internacional?; por Andrés Cañizález

Recientemente la conocida organización Amnistía Internacional (AI) dio a conocer su informe 2016/2017, en el que hace un recuento sobre la situación de derechos humanos en el mundo. Entre los países de América Latina, Venezuela destacó negativamente. La falta de información oficial, junto a mecanismos de persecución política y la existencia de presos de conciencia

Por Andrés Cañizález | 9 de marzo, 2017
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Fotografía de EFE

Recientemente la conocida organización Amnistía Internacional (AI) dio a conocer su informe 2016/2017, en el que hace un recuento sobre la situación de derechos humanos en el mundo. Entre los países de América Latina, Venezuela destacó negativamente. La falta de información oficial, junto a mecanismos de persecución política y la existencia de presos de conciencia le otorgan condiciones de particularidad a la situación venezolana.

El capítulo referido a Venezuela fue presentado en Buenos Aires, el 22 de febrero. El hecho de que se haya escogido la capital de Argentina, para la presentación de la situación venezolana en derechos humanos, por un lado buscaba darle visibilidad regional en términos informativos y al mismo tiempo sirvió para tratar de obtener un compromiso del gobierno de Mauricio Macri. La cobertura que obtuvo esta presentación no fue masiva, pero encontró eco en algunos medios de impacto en sectores influyentes, tal es el caso de Ámbito Financiero.

Desde Buenos Aires, el director ejecutivo de Amnistía Venezuela, Marcos Gómez, llamaba por su parte a Mauricio Macri a ser “un campeón” en la defensa de los derechos humanos dentro de su país, para que ganara influencia y pudiera incidir sobre Venezuela. Según Gómez, la preocupación que ha manifestado en público el presidente argentino sobre el estado de la democracia en Venezuela constituye “una esperanza”.

Cuando se revisa el informe de AI sobre Venezuela resaltan varias preocupaciones. Desde mi punto de vista, el documento mantiene como línea transversal la necesidad de que el Estado venezolano en diferentes ámbitos provea cifras oficiales. La ausencia de estadísticas por parte de los organismos públicos ha sido resarcida parcialmente por el trabajo de documentación que llevan adelante organizaciones no gubernamentales y medios periodísticos, pero en todo caso esta generación alternativa de información no sustituye un problema de fondo que es la falta de data oficial.

“Las autoridades no proporcionaron información sobre los resultados de la aplicación del Plan Nacional de Derechos Humanos”, “seguía sin disponerse de datos oficiales recientes sobre el número de homicidios”,  “ante la falta de estadísticas oficiales”, son algunos de los ejemplos presentes en este informe, con lo cual AI enfatiza la falta de información pública como un asunto recurrente a la hora de evaluar  y documentar la situación de derechos humanos en Venezuela.

Cuando se revisa la cobertura de prensa sobre este informe de Amnistía Internacional, en el caso de Venezuela el país resalta por los mecanismos de persecución política y la existencia de presos de conciencia. Esto, de por sí preocupante, tiene como telón de fondo la desvinculación y/o desatención del gobierno de Nicolás Maduro sobre decisiones y recomendaciones del sistema internacional de derechos humanos.

AI, por ejemplo, recalca que Venezuela se retiró de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (decisión efectiva desde el 2013), y ello “continuó privando del acceso a la justicia, la verdad y la reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos y sus familias”. Pero, además, el Estado venezolano ha incumplido con las sentencias y órdenes dictadas por la Corte Interamericana sobre casos y situaciones anteriores a 2013. A eso se suma la política oficial de negar la visita de relatores especiales del sistema de derechos humanos de la ONU, asunto que igualmente recalca este reporte.

Todo ello conforma una trama que, a nuestro juicio, coloca a Venezuela en una condición de “Estado paria”, generando una situación adversa que impacta directa y negativamente a defensores y organizaciones de derechos humanos. Sobre esto, por cierto, se extiende la fundadora de Cofavic, Liliana Ortega, en entrevista publicada recientemente por Prodavinci.

Venezuela, junto con Cuba, constituye excepción en América Latina al mantenerse patrones de violaciones de derechos civiles y políticos. En el resto de países, según la documentación de la propia AI, son casos excepcionales la presencia de mecanismos de persecución política y la existencia de presos de conciencia. En Venezuela, como alerta Amnistía Internacional, son patrones cotidianos, que se agudizan por la impunidad y la falta de independencia del poder judicial, dos asuntos igualmente remarcados en el reporte 2016/2017.

Para la organización un caso emblemático sobre cómo se entrecruzan violaciones diversas a los derechos humanos, los constituyen las protestas del año 2014. AI saluda que se hayan establecido responsabilidades en los casos de las muertes de Bassil Da Costa y Geraldine Moreno, pero enfatiza que han sido “lentos  los avances para llevar ante la justicia a los presuntos responsables penales del homicidio de otras 41 personas —incluidos miembros de las fuerzas de seguridad— y de tortura y otros malos tratos a manifestantes durante las protestas”.

Otra cifra reveladora del estado de impunidad que reina en Venezuela fue extraída por AI de la presentación que hizo la Fiscalía General ante la Asamblea Nacional en 2015. Durante ese año el Ministerio Público conoció 11.000 denuncias de crímenes de derechos internacional y violaciones a los derechos humanos, pero apenas se iniciaron juicios en 77 casos.

Sin menoscabar la existencia de más de un centenar de presos políticos en Venezuela –para ello AI toma como válida la cifra del Foro Penal Venezolano–, Amnistía resalta el proceso judicial contra el dirigente político Leopoldo López como ejemplo del cercenamiento de derechos humanos en Venezuela, para quienes adversan al régimen.

En el informe 2016/2017 de AI por primera vez se incluye, si se compara con informes de años recientes dedicados a Venezuela como el de 2015/2016 y 2014/2015, la problemática social relacionada con la falta de medicinas y alimentos, en perspectiva de derechos humanos. Es sin duda un asunto llamativo, aunque no sea el eje de las preocupaciones de Amnistía Internacional sobre Venezuela.

A Amnistía Internacional le preocupan las violaciones a derechos civiles y políticos en Venezuela. Son aspectos en los que ha venido insistiendo en sus informes recientes. A nuestro juicio, un indicador es el número de páginas que se le dedican a un país en un informe global, en el que se revisa la situación de derechos humanos de 159 países. Sobre Venezuela aumentó la extensión dedicada al país en sus informes globales: de 4 páginas en 2014/2015 a 6 páginas en 2016/2017.

Este hecho tal vez sea una señal de cuán preocupada puede estar una organización internacional como Amnistía. Si se compara el volumen de información sobre Venezuela, ésta contrasta de forma notable con lo que dice el mismo reporte acerca de países cercanos al chavismo, en el terreno político-ideológico como Bolivia y Ecuador, a los que escasamente AI dedica una página (a cada uno) en su informe 2016/2017.

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¿Cuál es el origen histórico de la Memoria y Cuenta?; por Carlos García Soto

Conforme a la tradición del constitucionalismo venezolano, la Constitución de 1999 exige que el Presidente de la República y los Ministros rindan ante la Asamblea Nacional un informe que habitualmente se conoce como “Memoria y Cuenta”. Conforme al Artículo 237, cada año el Presidente debe dar cuenta a la Asamblea Nacional de los aspectos políticos,

Por Carlos García S. | 9 de marzo, 2017
Patio interno del Palacio Federal Legislativo. Caracas, circa 1885. Fotografía de Federico Lessmann. / Para ver la galería completa haga click en la imagen

Patio interno del Palacio Federal Legislativo. Caracas, circa 1885. Fotografía de Federico Lessmann. / Para ver la galería completa haga click en la imagen

Conforme a la tradición del constitucionalismo venezolano, la Constitución de 1999 exige que el Presidente de la República y los Ministros rindan ante la Asamblea Nacional un informe que habitualmente se conoce como “Memoria y Cuenta”.

Conforme al Artículo 237, cada año el Presidente debe dar cuenta a la Asamblea Nacional de los aspectos políticos, económicos, sociales y administrativos de su gestión durante el año anteriormente anterior. Por su parte, de acuerdo al Artículo 244 los Ministros deben presentar también anualmente ante la Asamblea Nacional una memoria razonada y suficiente sobre la gestión del despacho en el año inmediatamente anterior.

La fundamentación de este informe es sencilla: conforme al principio de separación de poderes, una de las funciones del Parlamento (Asamblea Nacional) es la de controlar la actividad del Poder Ejecutivo (Poder Ejecutivo y Ministros, entre otros funcionarios). Uno de los instrumentos para ese control será la exigencia constitucional al Presidente y Ministros para que acudan ante la sede del Parlamento Nacional para rendir un informe sobre su actuación en el año anterior.

¿Cuál es el origen histórico de esta práctica democrática?

El discurso del “Estado de la Unión” y su origen en la Constitución de Estados Unidos de 1787

Como en tantas otras instituciones de la democracia moderna, el origen de esta práctica se va a encontrar en la primera Constitución del mundo moderno, la de Estados Unidos de 1787.

En efecto, conforme a la Sección Tercera del Artículo 2 de esa Constitución, al regular al Poder Ejecutivo, se va a advertir:

“Periódicamente deberá proporcionar al Congreso informes sobre el estado de la Unión, recomendando a su consideración las medidas que estime necesarias y oportunas; en ocasiones de carácter extraordinario podrá convocar a ambas Cámaras o a cualquiera de ellas …”.

Es el discurso habitualmente como “Estado de la Unión”, y constituye una de las ceremonias más importantes del sistema político estadounidense.

“Una razón circunstanciada del Estado de la Nación …”: la Memoria y Cuenta
en la Constitución de Venezuela de 1811

Este informe también será exigido como una práctica democrática en la primera Constitución venezolana, de 1811. Aquí, como en otros aspectos, la Constitución norteamericana va a influir decisivamente en la redacción de nuestra primera Constitución. Con todo, la regulación del informe será más detallada en nuestra Constitución. Se partía de la base, como ha recordado José Ignacio Hernández sobre este mismo tema, de la necesidad de asegurar que ningún gobernante asumiera la voz del pueblo. En el Artículo 102, al regular los “Deberes del Poder Ejecutivo”, se va a señalar que el Poder Ejecutivo

“Todos los años presentará al Congreso, en sus dos Cámaras, una razón circunstanciada del Estado de la Nación en sus rentas, gastos y recursos, indicándole las reformas que deban hacerse en los ramos de la administración pública, y todo lo demás que en general deba tomarse en consideración por las Cámaras, sin presentarle nunca proyectos de Ley, formados o redactados como tales”.

De hecho, conforme al Artículo 103 de esa Constitución de 1811, la rendición de cuentas del Poder Ejecutivo al Parlamento no se restringía a ese mensaje anual. En efecto, advertía ese Artículo 103:

“En todo tiempo dará también a las Cámaras las cuentas, informes e ilustraciones que por ellas se le pidan, pudiendo reservar las que por entonces no sean de publicar, y en igual caso podrá reservar también del conocimiento de la Cámara de Representantes aquellas negociaciones o tratados secretos que hubiere entablado con aviso, consejo y consentimiento del Senado”.

Durante toda nuestra historia constitucional, hasta la propia Constitución de 1999, se ha mantenido esta tradición constitucional de someter al Parlamento la consideración de un informe anual del Poder Ejecutivo. Se trata, por ello, de uno de los instrumentos republicanos fundamentales para que la representación popular, expresada en los parlamentarios, examinen la actividad del Poder Ejecutivo, y le impongan los correctivos a que haya lugar.

Bipolaridad política; por Fernando Mires

Es solo un tema de proporciones. Los cambios de humor son una constante. Todo depende de su intensidad y frecuencia. Solo en casos extremos, cuando los cambios son súbitos e inesperados, los especialistas están facultados para hablar de trastornos bipolares. Quizás lo mismo ocurre en las relaciones sociales. En situaciones límites, durante, o como resultado

Por Fernando Mires | 9 de marzo, 2017
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De izquierda a derecha: Marine Le Pen y Emmanuel Macron

Es solo un tema de proporciones. Los cambios de humor son una constante. Todo depende de su intensidad y frecuencia. Solo en casos extremos, cuando los cambios son súbitos e inesperados, los especialistas están facultados para hablar de trastornos bipolares.

Quizás lo mismo ocurre en las relaciones sociales. En situaciones límites, durante, o como resultado de amenazas reales o imaginarias, suelen darse bipolaridades, no solo entre posiciones extremas, sino, además, en el grado de intensidad de sus manifestaciones.

Importante es destacar que tanto en los trastornos psíquicos como en los sociales la bipolaridad se caracteriza no solo por la polarización en sí, sino por su interdependencia. La alteración proviene, en efecto, de la imposibilidad de que se produzca lo que los filósofos llaman, unidad de los contrarios.

En sentido hegeliano la unidad de los contrarios —es decir, la mantención, no la supresión de una contradicción— surge de la síntesis entre la negación y la afirmación. Integrar posiciones contrarias —sin que dejen de ser contrarias— es por lo mismo, un signo de estabilidad y madurez. Hay, sin embargo, individuos y colectividades que no logran integrar (aceptar) sus contradicciones.

El tema de la interdependencia entre los polos merece ser tratado con atención. La depresión depende de la euforia. Al revés ocurre lo mismo. Mientras más alto es el grado de una, mayor será el de la otra.

Pues bien, no solo en formaciones individuales, también en las colectivas, suelen darse situaciones de bipolaridades interdependientes. Los extremos se tocan, es una frase usual en política. En un sentido geométrico es incorrecta. En uno político es correcta.

Para poner un ejemplo, quizás el más notorio: en las sociedades europeas se está dando hoy una polarización interdependiente entre dos fenómenos: el radicalismo islámico terrorista por un lado, el radicalismo neo-fascista por el otro. En gran medida entre ambos fenómenos existe interdependencia. Imposible es constatar cual polo apareció primero. Lo cierto es que antes de que interactuaran, ambos existían solo potencialmente. Mas, a partir del momento en el que se ha producido el enlace interactivo, ambos comienzan a crecer paralelamente. En términos biológicos suele hablarse en estos casos de procesos de retro-alimentación.

Escribo estas notas porque acabo de leer un comentario en un periódico en el cual su autor afirma que en Francia la situación política es tan inestable que bastaría un simple acontecimiento para que la balanza electoral se inclinara hacia uno u otro lado.  El autor afirma que, si por ejemplo en los días pre-electorales tiene lugar otro crimen terrorista cometido por alguna organización islamista, el triunfo de Marine Le Pen estaría cien por ciento garantizado. De tal modo, las fuerzas de Le Pen necesitan objetivamente de un acto terrorista del mismo modo como las fuerzas liberales necesitan que no pase nada.

Y bien, si el autor de ese comentario tiene razón, significaría simplemente que la sociedad francesa ya no cuenta con medios para procesar los acontecimientos de modo colectivo a través de la comunicación discursiva (Habermas).

Efectivamente, que el destino político de toda una nación pueda ser decidido por la acción o inacción de un grupo terrorista, hace pensar que el conjunto social carece de un aparato sintetizador que le permita integrar contradicciones y evitar así la desintegración interna.

Ese aparato (Freud) que sintetiza y arbitra en cada uno, se llama YO. En una nación, sociedad o cultura, ese aparato se llama NOSOTROS.

El músico de hoy, ¿artista o producto?; por Aquiles Báez

“El conocimiento es un tesoro, pero la práctica es la clave para ello” Lao Tse “El talento debe ser superior a la ambición” Daniel Barenboim Empiezo a escribir estas letras después de una conversación que sostuve con una persona de la industria de la música en la que me cuestionaba por ser demasiado, y abiertamente,

Por Aquiles Báez | 7 de marzo, 2017

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“El conocimiento es un tesoro, pero la práctica es la clave para ello”
Lao Tse

“El talento debe ser superior a la ambición”
Daniel Barenboim

Empiezo a escribir estas letras después de una conversación que sostuve con una persona de la industria de la música en la que me cuestionaba por ser demasiado, y abiertamente, crítico con cierta música comercial que se está haciendo en estos tiempos. Soy básicamente un pensador, vivo construyendo, abriendo ventanas para la música con sentido artístico desde mi trinchera como músico, y por creer en la música y los músicos de Venezuela llevo adelante una labor como gestor cultural a través de Guataca Producciones. Pienso que es la forma de crear un mejor futuro, no me quedo en las palabras ya que éstas se diluyen, pero esta conversación fue un llamado a botón, fue confirmar que hay una dictadura del mercado en el que no se permite ni siquiera ser crítico con la mediocridad. Para mí eso es sencillamente inaceptable.

Vivimos en tiempos de imitación y clonación, en los que pareciera que no hay mucho espacio para ser original y creativo. Es una época compleja en la que muchos cantantes que se hacen famosos son afinados electrónicamente con programas como melodine o auto tune que arreglan cualquier nota desentonada, que algunos letristas tienen errores de conjugación y de gramática elemental, que van desde el uso inapropiado de los tiempos verbales, hasta estructuras y palabras inventadas que no tienen ningún sentido, o acentuaciones mal puestas. Son tiempos en los que una buena cantidad de los músicos que se vuelven famosos conocen más de programación y mercadeo que de la música misma. Pareciera que lo importante es ser famoso más que ser profundo. Es una época en la que todo apunta a lo visual, con un alto contenido sexual y de antivalores, una burbuja llena de falsas imágenes.

Sin embargo hay otras realidades. Así como existen los artistas superficiales, hay quienes se esfuerzan y se preparan cada día para construir desde la música, para mí estos son los artistas verdaderos. Existe una nueva generación de músicos en el mundo, una suerte de niños índigos, que están haciendo unas cosas increíbles, pero carecen de la visibilidad que se merecen. Estos músicos de alto rendimiento son como los atletas, se preparan por años, se esfuerzan cada día por ser mejores, técnica e intelectualmente. Vivimos en una época en la que los héroes reales de la música de estos tiempos se mantienen anónimos, mientras que íconos de plástico que surgen a diario se mantienen como referentes contemporáneos. Entonces me pregunto: ¿por qué los músicos que admiro, de Venezuela y de muchas otras partes, no tienen el sitial que merecen? ¿Por qué la calidad no está presente en el discurso mediático contemporáneo, y cuando está es de una forma muy tímida o muy banal? Todo se dividió entre banalidad y arte.

Son tiempos en los que se avalan artistas que pudieran compararse con el esquiador venezolano Adrián Solano, quien fue al mundial de esquí de invierno y ni siquiera conocía la nieve. Hay muchos de estos “esquiadores” en la escena musical más masiva que no conocen realmente la música. Aunque ésta es una analogía, es la realidad que nos rodea. Quizás la gran diferencia es que no se les ridiculiza como mucha gente hizo con el esquiador, sino que se les aplaude y admira.

Tiene que existir una reflexión, hay que luchar por un mejor porvenir en la música. No nos podemos quedar con lo que dicta cierta parte de la industria. Hay que construir a partir de las ideas, cada quien desde su propia trinchera y desde su propia verdad. Me consterna esta realidad y hay que reaccionar ante ella. ¿Cómo sobrevivir a la enfermedad de estos tiempos y cómo no ser crítico ante algo que no me parece correcto? Es triste ver cómo hay muchos de estos jóvenes que se han dejado influenciar por la banalidad, a pesar de ser talentosos. Pudiendo ser ellos mismos, terminan siendo imitadores de otros que a su vez imitan a otros, un pasticho total en el que la esencia de la música no está presente y se termina cayendo en fórmulas reiterativas. No podemos seguir siendo cómplices de la mediocridad, hay que reinventar estos tiempos desde la autenticidad y la creación. El arte tiene que volver a ser arte.

Hay que luchar todos los días por cambiar este paradigma. ¿Cómo crear espacios para la música de calidad en estos tiempos? Es una época en la que a veces me siento como una suerte de Robín Hood cultural, robándole espacio a los mediocres para dárselo a los preparados. Mundo al revés, pero son nuestros tiempos, hay que asumirlos aunque uno se convierta en una voz incómoda, sin pretender ser el dueño de la verdad. Debemos buscar la verdad de nuestra era. Esto lo digo desde el amor más sincero que tengo, que es el amor por mis hijos y por todos los hijos. Hay que hacer todo el esfuerzo posible para gestar un mejor mañana.

Probablemente nunca me encuentre del lado de la acera en donde tenga millones de vistas en YouTube o que suene en todas las emisoras de radio o sencillamente que un video mío lo pasen por Htv, pero tengo la tranquilidad de ser un creador desde el espacio que genera la autenticidad de lo que soy, mi conciencia está tranquila, soy un artista, no un producto.

Por otro lado, cada vez que veo las cosas maravillosas que se están haciendo, me siento feliz de ser parte de estos tiempos y me hacen pensar, como diría Fito Páez: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Estos son algunos ejemplos de artistas menores de treinta años que deberían estar en un rol más protagónico, son solo algunos de estos milagros de estos tiempos a quienes admiro y quienes me hacen sentir desde la emoción, que existe un futuro. Les dejo algunos videos de jóvenes que están haciendo cosas maravillosas:

Brenda Rengel con Miguel Siso y Freddy Adrián

 

Carmela Ramírez y Gabriel Chakarji

 

Quintillo Ensamble

 

Yulitza Pinzón

 

Mafer Bandola con el proyecto “La Dama”

 

Jacob Collier

 

Nahuel Pennisi y Manuel Moreira

 

Carmela Ramírez y músicos venezolanos en Nueva York

 

Snarky Puppy

 

La Orquesta La Familia (Itiberê Zwarg con sus alumnos)

“Aquí amamos a Chávez”; por Carlos Malamud

[Infolatam].- El 5 de marzo de 2013 moría Hugo Chávez en medio del desconsuelo de sus seguidores. Su despedida, convertida en un funeral de estado, fue seguida por cientos de miles de venezolanos y numerosos mandatarios extranjeros. Cuatro años después las cosas han cambiado y es el gobierno bolivariano quien debe recordar a sus compatriotas

Por Carlos Malamud | 6 de marzo, 2017
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Fotografía de la serie Hasta en la sopa, de Diego Vallenilla. Haga click en la imagen para ver la fotogalería completa

[Infolatam].- El 5 de marzo de 2013 moría Hugo Chávez en medio del desconsuelo de sus seguidores. Su despedida, convertida en un funeral de estado, fue seguida por cientos de miles de venezolanos y numerosos mandatarios extranjeros. Cuatro años después las cosas han cambiado y es el gobierno bolivariano quien debe recordar a sus compatriotas la obligación de amarlo, probablemente por temer que ese sentimiento no aflore de forma espontánea.

Así se pone en marcha la maquinaria propagandística para rescatar su figura y, de paso, salvar al régimen de la debacle y la pérdida de prestigio en que se haya inmerso. En pocas semanas hemos pasado del “aquí no se habla mal de Chávez” para minimizar el impacto de la serie “El comandante”, al “aquí amamos a Chávez”. Ninguno de los dos casos es una sugerencia o invitación sino, más bien, una imposición que invade la esfera privada y los sentimientos.

Ante la falta de respaldo popular y argumentos convincentes, el chavismo ha entrado en un terreno resbaladizo e imprevisible. Al invocar a los “escuálidos” (opositores), Diosdado Cabello demuestra una vez más que la campaña de amar a Chávez no es una invitación cordial: “No nos van a sacar al comandante del corazón, escuálidos, ni hoy ni mañana ni nunca, dentro de 100 años seguiremos hablando de Chávez”.

Las encuestas confirman la orfandad del gobierno. Sólo el 17% de los venezolanos dice amar a Chávez y más del 50% ni lo ama ni lo odia. Y si bien Chávez mantiene un 50% de popularidad, cuatro años atrás tenía 71%. Maduro apenas es bien valorado por el 18% de los encuestados, en un declive constante de su imagen.

Uno de los retos del chavo-madurismo fue convertir el recuerdo de Hugo Chávez en mito religioso. Daniel Lozano cita en La Nación a Michele Ascencio, una antropóloga haitiana-venezolana ya fallecida: “El uso de las creencias religiosas del chavismo es una forma de hacer política. El reto es convertir al ciudadano en devoto”.

Es una nueva vuelta de tuerca a la religiosidad latinoamericana, no ajena a la fuerte expansión de las iglesias evangélicas. Esto explica la presencia del “amor” y del verbo “amar” en el discurso político regional. En su campaña electoral de 2002, el PT brasileño ganó por primera vez unas elecciones presidenciales con el lema “Lulinha, paz e amor”. Y en 2009, tras 10 años en el poder y en pleno fragor para lograr la reelección indefinida, el PSUV publicó un decálogo de razones por las que se debía votar que Sí en el referéndum. La primera: “Porque Chávez nos ama, y amor con amor se paga”.

Al margen de su mala gestión de gobierno, un gran obstáculo del chavo-madurismo para impulsar el enaltecimiento de su líder es que, a diferencia de Fidel Castro, carece de rasgos heroicos que puedan ser convenientemente exaltados. Su amor por los pobres, su servicio a la patria o sus logros en la gestión, hoy son insuficientes. Su hoja de servicios militar no incluye nada parecido a Sierra Maestra, ni ninguna entrada triunfal en La Habana. Sólo el mítico “por ahora” tras el fallido golpe de febrero de 1992. El intento de convertir el “por ahora” de entonces en el actual “Chávez para siempre” e instituir el 4 de febrero como “día de la dignidad nacional” no alcanza.

Chávez será recordado por sus buenas obras y no por mitificaciones. Sin embargo, el desgobierno de sus sucesores, comenzando por la cúpula gubernamental y la del partido político que la sustenta, está haciendo todo lo posible para enterrar el legado chavista. Siguiendo a Derrida se podría afirmar que la nueva campaña de “amar a Chávez” prosigue la deconstrucción de la “revolución” bolivariana.

Pese a todo se insiste en los tópicos tradicionales, comenzando por el del “espíritu inmortal”. Por eso se pretende redimensionar al “Gigante de América”, haciéndolo aún más grande. O se intenta que el maná que reparte el “Mesías de los Pobres” llegue a un mayor número de destinatarios y aumente el número de sus fieles y seguidores, aunque los recursos (materiales y de ideas) a disposición del proyecto bolivariano sean cada vez más escasos.

En definitiva, se busca que el “Chávez infinito” llegue más allá, que realmente no tenga límites nacionales, regionales o internacionales, pese a su creciente desprestigio. Por eso Maduro insiste: “Además de las actividades previstas en homenaje a nuestro Comandante Chávez, para conmemorar un año más de su partida física, hemos decidido lanzar la campaña ‘Aquí amamos a Chávez’ que tendrá su canción en varios idiomas, porque nuestro Comandante Chávez es un líder mundial que trascendió nuestras fronteras”.

En 2014, a 15 años de la llegada de Chávez al poder, Maduro afirmaba tajante: “La actividad de la vanguardia revolucionaria no está en la calma está en la actividad. Amar a Chávez y a la Patria es convertir el amor en acción” o “Todo el que se sienta patriota, que ame a esta Patria, el que ame a Chávez, el que se sienta bolivariano y bolivariana”. El hecho es trascender el amor platónico y pasar de las palabras a los hechos: “No basta con decir lo amo tanto que no puedo vivir. ¿Qué nos enseñó Chávez? La lucha todos los días, la acción, el compromiso, el trabajo permanente”.

La “Marcha peronista” es rotunda en lo referente a la valía del líder y al recuerdo que se debe cultivar: “Por ese gran argentino/que se supo conquistar/a la gran masa del pueblo/combatiendo al capital./Perón/Perón, que grande sos./Mi general, cuanto vales”. La duda que angustia a Maduro, Cabello y sus principales seguidores es si la gran masa del pueblo venezolano seguirá subyugada por la figura de Hugo Chávez o buscará nuevos referentes. De momento, y como no las tienen todas consigo, apelan al temor y así se pasa del “aquí no se habla mal de Chávez” al “aquí amamos a Chávez“. Así sea.

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Hay que defender a esa luz que vino de Atenas; por Fernando Mires

Muchos hablan de populismo para referirse a movimientos políticos que han signado a la política de América Latina durante los dos últimos decenios y a la de Europa de los tiempos actuales. Pero no hay populismo sin apellidos. Así lo aprendimos de Ernesto Laclau, teórico del populismo por excelencia. Laclau vio incluso en el fascismo

Por Fernando Mires | 3 de marzo, 2017
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Adolf Hitler posiciona sus tropas en el congreso del partido Nazi. Núremberg, Alemania. 10 de septiembre de 1935

Muchos hablan de populismo para referirse a movimientos políticos que han signado a la política de América Latina durante los dos últimos decenios y a la de Europa de los tiempos actuales. Pero no hay populismo sin apellidos. Así lo aprendimos de Ernesto Laclau, teórico del populismo por excelencia.

Laclau vio incluso en el fascismo una forma de populismo. Hay populismos democráticos y antidemocráticos, formuló hace un par de años Chantal Mouffe, apuntando en la misma dirección que Ernesto.

Esa es la razón por la cual algunos hemos decidido renunciar al uso exagerado del concepto populismo. Son en verdad muy diferentes las realidades a las que alude. Seguir denominando como populista a un movimiento fascista y a uno democrático a la vez, oscurece en lugar de aclarar.

Lo dicho vale para la Europa de 2017 donde estamos asistiendo al surgimiento de fenómenos de masas que portan consigo características similares a las de los movimientos fascistas y comunistas que hicieron su puesta en escena durante las décadas de los veinte y de los treinta del siglo pasado. Populistas, los llaman.

Neofascistas, he denominado sin vacilar a algunos de ellos en diferentes artículos. Y lo he hecho no para insultarlos sino porque en sus más diferentes versiones contienen tres elementos propios al fascismo originario:

1. Relación directa entre masa y líder (sin mediaciones interestatales)
2. Identificación de un enemigo común.
3. Revuelta en contra de la democracia liberal y sus instituciones.

Tanto Putin, Erdoğan, Trump, Orbán, Wilders, Le Pen y Petry, desde distintas naciones, gobiernos y partidos, coinciden en su enemistad declarada a la democracia liberal, a los valores que representa y a las instituciones que la sostienen. La política es concebida por ellos como una relación directa entre masa y líder. Todos se declaran enemigos de la división de los poderes, según ellos, un impedimento para el decisionismo del poder supremo. Por eso Putin, Orbán, Erdoğan, Trump, y en América Latina, Maduro, Morales y Ortega, gobiernan mediante decretos.

El objetivo común a todos esos autócratas y aprendices de autócratas, al igual que los defensores de los totalitarismos de ayer (comunistas y/o fascistas) es la destrucción del Estado democrático y su sustitución por uno autocrático. Steve Bannon, ideólogo de Trump, lo ha dicho de un modo radicalmente sincero: “Hay que destruir al Estado”.

La tesis de la destrucción del Estado —propia a los movimientos neofascistas de nuestro tiempo— no es nueva. Marx la adoptó de su amigo/enemigo, el anarquista Bakunin, e intentó darle, aunque sin éxito, un formato científico. Los liberales económicos y sus hijos, los neoliberales, mucho más cerca del anarquismo que del liberalismo político, imaginaron a su vez que la economía debía ocupar el lugar del Estado. Y así como Lenin, ordenó ¡todo el poder a los Sóviets! (sin parlamento y sin justicia) los neoliberales corearon después: ¡todo el poder a las empresas!

Para comunistas, fascistas y liberales económicos, es la gran paradoja, la tesis de la supresión del Estado fue elaborada no para suprimir el poder sino para fortalecerlo. Pues al Estado también pertenecen instituciones de contra-poder como son el parlamento y una justicia independiente, destinadas a contrarrestar y controlar al ejecutivo. Así se explica por qué algunos dictadores de nuestro tiempo, desde Putin, pasando por Erdoğan, hasta llegar a Maduro, orientan sus esfuerzos a destruir a los parlamentos y a la justicia, es decir, a la sustancia misma del estado democrático.

La utopía de las dictaduras ha sido y es la de crear gobiernos-estados: el poder librado a su más brutal expresión ejecutiva (y militar). Esa es la razón por la cual la tarea de los demócratas ha sido, es y será, la de defender al Estado. Pues sin Estado no puede haber política.

Defender al Estado y a sus instituciones es defender a la razón y al sentido de la política de sus enemigos. Sean ellos fascistas y comunistas como ayer, o putinistas, erdoganistas y maduristas como hoy. E incluso —si las cosas se dan en los EE.UU. de acuerdo a las palabras de Bennon— trumpistas.

La democracia de nuestro tiempo surgió, no hay que olvidarlo, de un pacto no firmado entre tres tendencias políticas de la modernidad: la democracia social, el liberalismo político (no confundirlo con el económico) y el conservativismo de inspiración cristiana. Sus representantes son hoy atacados y ridiculizados por los enemigos del Estado democrático. En cambio los líderes antiestablishment (antiestado) en su mayoría personajes incultos y brutales, son elevados como modelos frente a los políticos (“la élite” en el lenguaje neofascista) es decir, frente a los defensores del Estado y sus instituciones, caracterizados por ellos como complacientes, progres y buenistas.

Hoy como ayer asistimos a una rebelión antipolítica hecha en nombre de la política pero en contra de la política.

Hace ya muchos siglos la barbarie espartana logró destruir a la democracia, a la cultura y a las instituciones de los atenienses. Según Hannah Arendt, el ideal de la armonía que cultivaban los atenienses terminó por volverse en contra de Atenas. Hoy, sin embargo, los demócratas tenemos una segunda chance. Ha llegado la hora de pasar a la ofensiva, identificar a los enemigos de la democracia y combatirlos donde estén. Frente a ellos no se puede ser buenistas.

Se avecinan batallas políticas decisivas en Holanda, Francia y Alemania. De la suerte de las elecciones en esos tres países dependerá —creo que no exagero— el futuro de la democracia en Europa. Y tal vez en el mundo entero. Hay que salvar a la luz de Atenas frente a la oscuridad que avanza desde las Espartas del siglo XXl.

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