Perspectivas

El dilema de las elecciones regionales; por Ramón Escovar León

“Eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí yelmo de mambrino, y a otro le parecerá otra cosa”, le dice don Quijote a Sancho en el capítulo XXV de la primera parte del Quijote. Este pasaje destaca que la verdad es relativa, cada cual tiene la suya, y a partir de

Por Ramón Escovar León | 15 de agosto, 2017

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“Eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí yelmo de mambrino, y a otro le parecerá otra cosa”, le dice don Quijote a Sancho en el capítulo XXV de la primera parte del Quijote. Este pasaje destaca que la verdad es relativa, cada cual tiene la suya, y a partir de lo que entiende como su realidad dirige su conducta. En el caso del Caballero de la Triste Figura, su verdad se debe a las ficciones que tiene registradas en su mente, debido a las excesivas lecturas de los libros de caballería.

Cuando se discute sobre la posibilidad de que la oposición participe o no en las elecciones regionales, brota esa relatividad de la verdad a la que se refiere Cervantes, pues cada cual tiene la suya y la defiende con autoridad y, en algunos casos, con adjetivos calificativos y argumentos ad hominem, a veces injuriosos. Esto es, desde luego, algo normal y hasta necesario en la vida en sociedad, que cada cual tenga su propio criterio y se desenvuelva dentro de sus circunstancias. Pero como esta participación en las regionales es un hecho político de trascendencia para los demócratas venezolanos, es conveniente una reflexión serena para llegar a ponderar la opción que resulta más beneficiosa. Quien asume una posición debe tolerar la visión contraria y estar dispuesto a aceptar que puede estar equivocado, si hay suficientes argumentos que privilegien la visión opuesta a la suya.

En el caso de la participación de la oposición en procesos electorales, conducidos por un Consejo Nacional Electoral (CNE) parcializado, y ayudado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), tenemos dos experiencias recientes que vale la pena recordar: la abstención en las elecciones parlamentarias del año 2005 y la participación del año 2015. En el primer caso se cometió un error que nadie discute; y el segundo caso fue un acierto

De estos hechos es fácil deducir que se recomienda la participación en las elecciones regionales previstas para este año. Quienes no están de acuerdo sostienen que la oposición perderá tanto si participa como si no lo hace, porque el CNE hará “lo que sea” para favorecer los intereses electorales del gobierno. Esto nos coloca ante una situación complicada, que los griegos denominaron dilema porque, cualquiera que sea la decisión que se tome, el desenlace conducirá irremediablemente al mismo resultado. Se argumenta también que la participación no arrojará ninguna ventaja, aunque la oposición arrase en las elecciones,porque el gobierno a través del CNE y el TSJ puede repetir el estratagema utilizado contra la Asamblea Nacional (AN), y valerse de las instituciones que controla para despojar a los gobernadores opositores de todas sus facultades.

Como ejemplo para apuntalar lo señalado, tenemos lo que ocurrió en las elecciones del año 2015, pues luego del triunfo arrollador de la oposición, el TSJ se encargó de despojar, sin detenerse en formalidades, a la AN de sus facultades constitucionales. De manera que el haber participado en el proceso electoral, en apariencia, no cambió el poder totalitario que ejerce el gobierno. Incluso lo agravó, pues inició un proceso cuyo último capítulo es la asamblea constituyente que se realiza sin haberse consultado al pueblo. Ello, sin embargo, ha servido para desenmascarar al gobierno de su supuesto carácter democrático y verificar su verdadero talante dictatorial.

Así, la participación en las elecciones del año 2015 arrojó unos resultados distintos a los del año 2005 cuando la oposición no participó y dejó en manos del chavismo todo el espacio parlamentario. Como no participó una de las opciones electorales no fue posible determinar la correlación de fuerzas para ese momento. Además, lo ocurrido en el año 2015 permitió demostrar varias cosas: en primer lugar, lo obvio, que la mayoría del país rechaza al gobierno; en segundo lugar, la intolerancia del régimen con una AN opositora (el manejo de las instituciones con fines dictatoriales quedó evidenciado a nivel internacional); y, en tercer lugar, que el gobierno carece de respaldo electoral y solo goza del apoyo militar y del Poder Judicial que controla. De no haber participado en las elecciones parlamentarias del año 2015, la revelación de esta realidad no habría sido posible.

A lo anterior se suma la experiencia vivida en nuestra historia pasada. En el año 1952, Jóvito Villalba y Rafael Caldera (y sus partidos URD y Copei) decidieron enfrentar al dictador en el amañado proceso electoral de ese año. Acción Democrática (AD) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV) estaban inhabilitados pero los militantes de AD fueron instruidos por Rómulo Betancourt y Leonardo Ruiz Pineda de sufragar en contra del dictador, tal como lo ha explicado con lucidez Américo Martín en un audio que circula en las redes sociales. Los resultados manipulados por el organismo electoral de la época obviamente controlado por el gobierno corroboraron el carácter tiránico del gobierno de Pérez Jiménez y esto marcó el rostro de esa consulta electoral (Villalba fue expulsado ipso facto del país). La participación pese a los obstáculos, fue un acierto político.

Igualmente, se ha señalado que, si la oposición participa, no habrá elecciones; y si no participa, sí las habrá. Este truco es conocido por los abogados litigantes. Recuerdo la anécdota que me contó una vez uno de mis profesores sobre un abogado recién graduado que trabajaba de asistente con su padre, viejo zorro conocedor de la psicología del venezolano. Padre e hijo sabían que el juez estaba parcializado con la contraparte y difería constantemente una audiencia en la cual el joven debía contestar la demanda. Si no asistía, corría el riesgo de no poder formular sus alegatos oportunamente y perder el juicio. Por eso estaba obligado asistir. El juez, apelando al cansancio del demandado, seguía difiriendo de manera abusiva la audiencia que debía celebrarse. Ante esto, el hijo consultó a su padre sobre si pensaba que la audiencia se celebraría o no. El padre le respondió: “si no asistes, ese día se celebrará la audiencia; mientras asistas será más difícil tenderte la emboscada”. Igual ocurre con el proceso electoral: si la oposición no participa, posiblemente el proceso electoral se celebrará con toda tranquilidad y el madurismo obtendrá, sin esfuerzo, todas las gobernaciones. Si se inscriben, hay posibilidad de que se cambie su fecha o que no se realicen, pero, como en el caso del joven abogado, la oposición no tiene otra opción que seguir el juego buscando sortear los obstáculos hasta vencer. De no hacerlo, perderá todos los espacios.

Si la oposición vence y el gobierno lo niega, impide u obstaculiza la elección, estará exponiendo en vitrina al mundo, una vez más, el control totalitario del Psuv y la imposición implacable del neototalitarismo del siglo XXI en Venezuela. Aquí se resuelve el dilema porque quien perderá más será la revolución bolivariana: un totalitarismo comunista en la región perjudicará a todos en el hemisferio con las consecuencias de inestabilidad que genera este tipo de sistemas.

Se trata de una situación anómala, que no es propia de una democracia civilizada, pero no se puede perder la oportunidad de doblegar a la dictadura electoralmente. Como en el caso del yelmo de mambrino que presenta el diálogo entre Sancho Panza y don Quijote, así es como veo la situación y otros la verán de manera diferente. Opinar en asuntos políticos complejos cuando las pasiones están encendidas ofrece sus riesgos. Ya lo explicaba Aristóteles en su Retórica al referirse a la sacerdotisa que no permitía a su hijo dirigir arengas al pueblo: “Porque si hablas con justicia, te odiarán los hombres; y si con injusticia, los dioses”.

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Venezuela: política, instintos e intestinos; por Freddy Javier Guevara

Hambre Desde hace ya un par de años, Venezuela sufre un brutal desabastecimiento de alimentos. El 74,3% de los venezolanos perdieron 8,7 kilos de su peso, según la encuesta de condiciones de vida, Encovi. Ya el hambre no nos es ajena. Cuando aparece el instinto del hambre sin posibilidad de saciarlo, como contraparte se hace

Por Freddy Javier Guevara | 13 de agosto, 2017
Fotografía de Iván Lugo

Fotografía de Iván Lugo

Hambre

Desde hace ya un par de años, Venezuela sufre un brutal desabastecimiento de alimentos. El 74,3% de los venezolanos perdieron 8,7 kilos de su peso, según la encuesta de condiciones de vida, Encovi. Ya el hambre no nos es ajena.

Cuando aparece el instinto del hambre sin posibilidad de saciarlo, como contraparte se hace presente su trastorno: por hambre se puede hacer cualquier cosa. Al ser un impulso ciego, su espectro puede ampliarse. En el tránsito de la boca al ano, la invidencia del hambre acumula el espectro de sus vicios: gula, avaricia, codicia. Hay que agregar que cuando se manipula ese instinto, aparecen enfermedades muy destructivas.

Las personas con vivir psíquico sujeto a los intestinos, se interesan por las cosas terrenales, por lo inmediato, y se las obliga a aproximarse con pobreza emocional a las contradicciones de las pasiones de las cuales somos todos rehenes. Podría hacerse un paralelismo con los primeros estadios de la consciencia del Homo Sapiens.

Excrementos

Hace ya unas semanas, en el marco de las protestas, un grupo de manifestantes inventaron defenderse del ataque de la guardia nacional y de la policía, con bombas de excrementos a las que denominaron “puputov”. Al poco tiempo, el abogado de Foro Penal, Luis Betancourt, denunció que, en Valencia, a los detenidos se les había hecho comer espaguetis con heces.

En su sadismo, los funcionarios que obligaban a ingerir excremento a las víctimas, los forzaban, según James Hillman, a ingerir el alimento del inframundo, contentivo de las emociones y los hechos más oscuros del alma del país.

“Indeed, those artists and writers who dare to taste culture’s excrement are gourmands of shit… But Hillman’s view excrement is not just repressed; it is the food of the underworld”. Thomas Moore, Dark Eros The Imagination of Sadism

Así, el que ejerce el poder, somete al cautivo a los desperdicios de la putrefacción que él mismo vierte: corrupción, crimen, crueldad. Su dominio lo encarnan los deshechos de la civilidad. Las instituciones de las que se hizo son los intestinos, por donde transita el estado más primario de la vida concreta.

Bautismo

Durante esos días, en mitad de la feroz represión y en su huida, los manifestantes entraron al Guaire, el río pútrido que cruza Caracas. El Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, difundió un meme empleando la foto de los opositores que atravesaban el río con el siguiente texto encima: “A Dios lo que es de Dios. Al César lo que es del César. Al Guaire lo que es Guaire” [sic]. Luego usaron un hashtag para corregir la falta: #AlGuaireLoQueEsDelGuaire.

La respuesta de la oposición fue: “Salimos del Guaire limpios de consciencia”. Lo que confirmaba una suerte de bautismo simbólico en las aguas putrefactas –y a la vez trasformadoras–, a la espera de algo mejor.

En mitología, los arroyos del inframundo suelen estar colmados de excrementos. Por su parte, la coincidencia no es azar. Los hechos apuntan a que desde hace largo tiempo, Venezuela camina por las veredas de un submundo criminal. Pero es posible que ese bautismo –repetimos, simbólicamente– haya propiciado el renacimiento de una actitud diferente en la población.

Lo que es arriba es abajo, y viceversa

Unas cuantas décadas atrás, la consciencia del venezolano se hallaba en un extremo bastante primario: el de la extravagancia del dinero fácil. La horrísona expresión “Ta barato dame dos”, era la frase más conspicua de una realidad trastocada por la abundancia y la inconsciencia.

El dinero es el instrumento con que se mide la función de realidad en el hombre contemporáneo. En aquella Venezuela, su uso estaba ligado a lo inmediato, a lo sin límites, al gasto sin previsión. La venezolana era una sociedad dispendiosa sin consciencia social ni ecológica alguna.

En este trato tan ligero de la realidad, nunca se estimó que oscilaríamos hacia el otro polo, no menos primario. Desde hace dieciocho años, con la imposición de otros patrones, la psique colectiva ha mutado. En la actualidad existe la enorme tensión de los opuestos. Un sector de la población, anestesiado, subsiste en la reedición de una suerte de paleolítico superior, circunscrito a la penuria del amplio espectro de lo concreto: colas para proveerse de lo esencial, sin alimentos, sin medicinas, sobreviviendo con miedo, trabajando con desespero para lograr a duras penas algo para la ingesta diaria, aprovechando cualquier circunstancia para no sucumbir en la penuria. El resultado: el auspicio de la criminalidad. Un existir primario atrapado en la colectivización y hundido en emociones como el resentimiento, la envidia y la venganza, la cuales suelen ser ciegas y colectivas.

Esa misma población estuvo dispuesta a vivir la vida del otro, el líder, y necesitó sentirse tribu o clan. Por eso se somete al condicionamiento de las dádivas materiales. La propaganda y la promesa irregular del alimento son suficientes para tocar su consciencia.

Hay otra parte de la sociedad que aspira a la ciudadanía perdida o nunca alcanzada. A una organización social con fines comunes, con preservación de la vida privada y estructuras que permitan la reconstrucción de un ecosistema donde cada cual tenga su lugar, y lo asuma reconociéndolo y atribuyéndole valor.

Aspirar viene del aire, etéreo, intangible, como las ideas, los ideales, las creencias.

Los dos grupos poblacionales son aspectos psíquicos extremos que se hallan dentro de todos los ciudadanos que habitamos este país, pero de un modo escindido. Las actitudes de los dos sectores frente a los retos de la realidad han sido auspiciadas y mantenidas por la renta petrolera, antes y ahora. Solo que ahora, por ineptitud e inconsciencia de sus administradores, esta no alcanza.

Tratando de retener la imagen que nos viene de las teorías de Freud, pareciera que desde una visión del colectivo estuviéramos anclados a la fase anal. Nos columpiamos entre la excesiva gratificación y la recompensa que no llega. Entre la desorganización extrema y el intento desesperado de una organización parcelada de la sociedad. Es discutible, pero ahí está el reflejo que se desprende de esa observación.

Los contrarios

Al haber escasa conjunción de opuestos en la psique de la misma ciudadanía, nos hallamos en circunstancias complejas. Arrastrar a una masa de individuos atrapada en la cotidianidad del instinto del hambre no es nada fácil. Tampoco lo es que los ciudadanos entiendan que las aspiraciones e ideales se sustentan en cosas muy concretas, como lo es la distribución y el almacenamiento de los alimentos, la salud, el empleo, la seguridad, y la distribución de las riquezas.

De los tantos resultados de estas realidades extremas proviene la indiferencia que hasta hace poco ha producido el desconocimiento del otro y el desprecio mutuo.

El vacío entre las dos realidades extremas de Venezuela es aparente. Ambas son el reflejo de su opuesto, pertenecen a lo mismo. Al principio, en 1999, fueron unidas por la oscuridad del poder. Ahora están unidos por las carencias. Las dos tienen necesidad, para las dos existe la ananké, la madre de las Moiras, la personificación de la necesidad y la inevitabilidad.

Hijos de la tensión

Cuando hay tensión extrema entre dos grupos sociales con psique colectiva radicalmente contraria, surge un tercer grupo de camuflaje. Son muy pocos, pero tienen que existir. Son filibusteros. De culto exagerado por el dinero, especialistas en encontrarlo. Buscan financiarse una vida de ficción que los haga escapar de su realidad concreta. Están en todas las funciones, públicas y privadas, en todas las profesiones. Traspasan todos los estratos de la sociedad. Son los oportunistas, los “vivos” de nuestra picaresca.

Aunque parezca indigno para muchos, son estos individuos quienes hacen la conexión entre ambos extremos, atrapan la oscuridad de la sociedad y liberan el paso de las corrientes.

Chakras

Siguiendo las reflexiones de Carl Gustav Jung, la conciencia del hombre occidental va de abajo hacia arriba, a diferencia del hombre oriental que lo hace de manera opuesta.

Situándonos en Venezuela, la mayoría de la población venezolana se encuentra entre el mûlâdhâra y el svâdhisthâna, estratos de consciencia colectivos, inconscientes, primitivos y proyectivos. La realidad sucede sin que se tenga consciencia de ella. Las acciones de los individuos parecen pertenecer a los otros. Se vive en tercera persona. No existe la responsabilidad con el sí-mismo. Por eso se hace tan fácil la criminalidad: siempre será responsabilidad del otro.

En esta atmosfera psíquica, la realidad transita entre lo terreno, lo concreto, lo sólido; es decir, los alimentos, la supervivencia, la indiferencia, y vacila entre emociones y pasiones contrarias. Todo esto a niveles inconscientes. La sociedad no conoce su sombra, por eso la intolerancia y el desconocimiento del otro, que es el enemigo a vencer.

La ciudadanía pretende entrar en manipura-anâhata, pasar del ombligo al diafragma, donde mora el aire y palpita el corazón. No es simple trascender de la emoción de las pasiones opuestas a la responsabilidad consigo mismo. Es el reflejo que produce el conocimiento del sí-mismo ante la anticipación en la consciencia: saber que la verdad del otro está dentro de la psique personal, y que aun cuando se pertenezca a un colectivo, se reconozca diferente.

Evolución

Decía Heráclito que la guerra era el origen de todo. Quizá la atmósfera de muerte que ronda a Venezuela sea el pegamento de una sociedad fracturada. El reto de esa sociedad es el reconocimiento del otro. Solo así es posible despolarizar.

Las emociones sustentan el proceder del hombre. El ser humano sabe lo que está bien o mal porque lo siente en su carne, en su cuerpo emocional; no porque exista una ley que le diga cómo debe comportarse. Allí reside la humanidad.

Si la valoración de lo emocional es despreciada, se corre el peligro de que las aspiraciones del hombre, sus ideales, no tengan como base la estructura de la biología emocional ni de los instintos. Resulta una consecuencia no poco peligrosa: los ideales se convierten en ideologías donde la lógica del partido está por encima del hombre, o en formas transaccionales donde solo el dinero tiene lugar y los hombres creen estar por encima de las leyes de la naturaleza. Así desciende la conciencia colectiva e individual a niveles primitivos en sociedades pretendidamente modernas.

Al trabarse el ascenso en la consciencia en las personas y en las sociedades, el colectivo deambula en laberintos que parecen no tener salida psíquica, es decir, humana, como sucede en Venezuela. Algunos dirigentes jóvenes se han dado cuenta de que el trabajo es con alma. Con cultura, educación y sin ideología política.

La ciencia

Una de las investigaciones más fascinantes en el mundo de la medicina viene de las bacterias que pueblan el intestino (Hoban, A. E., et al. 2016. Regulation of prefrontal cortex myelination by the microbiota). Un sitio del cuerpo donde se absorben los nutrientes necesarios y se desechan los que luego formarán el bolo fecal.

Los científicos sugieren que el intestino y sus bacterias influyen en la estructura y función cerebral de una manera más directa por medio de la regulación de la mielinización. Es así como ejercen influencia sutil en los pensamientos, los afectos y la conducta. Según estos hallazgos, en un futuro será posible tratar enfermedades desmielinizantes o incluso trastornos psiquiátricos, alterando la composición de la flora bacteriana. Como es abajo es arriba. Tal parece que los excrementos y sus bacterias, a fin de cuentas, sirven para algo.

Venezuela es un país que lucha por la democracia, por la civilidad. Derecha o izquierda no parecen ser ya el asunto de fondo. En su más profunda esencia, el ciudadano aspira a un ascenso en su nivel de consciencia. Algo que algunos asocian al concepto de ciudadanía. Una verdadera proeza, a juzgar por la situación. No obstante, aunque los tiempos se prolonguen, ese parece ser el reto.

Una segunda oportunidad para el Museo Marino de Margarita; por Ysabel Viloria

La exhibición de colecciones marinas en la península de Macanao reabrió sus puertas después de nueve meses de cierre, el único período en el que han interrumpido actividades desde su inauguración en 1994

Por Ysabel Viloria | 11 de agosto, 2017
Fotografía de Efraín Vivas

Fotografía de Efraín Vivas

Tres tiburones gata y dos tortugas nadan en el acuario de entrada del Museo Marino de Boca de Río, en el estado Nueva Esparta. Al fondo está el esqueleto de la famosa ballena sardinera Balaenoptera edeni, que da paso a dos pisos con 1000 metros cuadrados de salas que exhiben corales, invertebrados, peces, mamíferos marinos, implementos de pesca artesanal y perlas, barcos, fauna y flora de la Laguna de La Restinga, la isla de Cubagua y un acuario virtual. En 2016, este espacio cerró sus puertas luego de 22 años de actividad ininterrumpida por la crisis económica que atraviesa Venezuela.

La caída abrupta del turismo en la isla de Margarita tumbó las visitas que recibía el museo y financiaba sus actividades. El 1 de noviembre pegaron un cartel en las puertas que anunciaba el cierre “hasta nuevo aviso”. Solo alimentaban a los animales, limpiaban las instalaciones y recibían visitas de escolares como parte del programa El museo va a la escuela. Durante 8 meses trazaron estrategias para reabrir a mediados de julio de 2017, pero las protestas contra el Gobierno lo impidieron. Lograron reiniciar actividades el sábado 5 de agosto.

En 2007 el museo recibió casi 110.000 visitantes. En 2015 cayó 69% la venta de entradas. Un año después la situación se agravó y la afluencia disminuyó 60%. Al cierre del tercer trimestre de 2016, las 31.250 ventas de taquilla resultaron insuficientes para mantener abierta la exhibición. En ese escenario la Junta Directiva y el Consejo Consultivo ejecutaron un “cierre técnico”, el primero en la historia del museo.

La icónica parada turística margariteña se reinventó. Redujeron personal, disminuyeron gastos y buscaron nuevas fuentes de financiamiento. “Abrimos las puertas bajo perfil. No hicimos mucha promoción en medio de toda la situación política y económica que nos envuelve. Sin embargo, el primer fin de semana recibimos alrededor de 150 visitantes, después de todo el tiempo que estuvimos cerrados”, explica Pablo Rodríguez, curador y taxónomo del Museo Marino desde que el espacio solo era una idea que maduraba en la década de los 90.

Fotografía de Efraín Vivas

Fotografía de Efraín Vivas

Los primeros pasos del Museo Marino

El biólogo español Fernando Cervigón llegó a Punta de Piedras, en la isla de Margarita, hacia los años 60. Su encomienda era clara: hacer el registro científico de las especies marinas en las costas de Venezuela. “Vino contratado por Fundación La Salle. Comenzó a hacer sus estudios sobre los peces y se trasladó a la isla de Cubagua donde contactó a las personas más idóneas que son los pescadores. Hizo su muestreo y nació entre ellos una gran relación de amistad y compadrazgo. En el transcurso de esas investigaciones, los pescadores le regalaron animales, conchas, caracoles, le indicaron sitios de varamiento de mamíferos marinos”, recuerda Rodríguez, quien fue pupilo del fundador del museo desde los 14 años de edad.

El tránsito desde el concepto del museo hasta su construcción fue complejo. Un montón de especies, regalos, hallazgos, fósiles y demás piezas que hoy se exhiben en Boca de Río permanecieron durante años arrumadas en cajas y sin cuidados.

Pablo Rodríguez le siguió la pista a la idea desde el comienzo:

“En un principio Cervigón pensó que podía exhibir la colección en una universidad, pero no caló. En 1981, ya con la idea del museo, se pone en contacto con personalidades representativas del estado Nueva Esparta y crea la figura jurídica Fundación Museo del Mar, que patrocina al Museo Marino. Después de muchos fracasos, en 1990 Lagoven, filial de PDVSA, acoge el proyecto y nos hace la planta física donde está la sede”.

Pablo Rodríguez retratado por Efraín Vivas

Pablo Rodríguez retratado por Efraín Vivas

En esa época Rodríguez trabajaba en la Fundación Científica Los Roques, dedicada al estudio del ecosistema marino del archipiélago, pero su mentor lo reclutó para que se encargara de la colección de Margarita. “Me trajo prestado y aquí me quedé. La idea era que organizara ese montón de cajas. Aquí he hecho muchas actividades: supervisor, administrador, coordinador. Soy uno de los encargados del proyecto educativo, soy una especie de vigilante de mantenimiento. Hasta que Cervigón me nombró curador oficial desde 2006 y taxónomo desde que inició el museo”.

Cervigón fundó el Instituto de Investigaciones de la Universidad de Oriente (UDO), pionera en el desarrollo de la ictiología, e impulsó la creación de la Escuela de Ciencias Aplicadas del Mar de la UDO en Boca de Río, hacia finales de los 70.

Fotografía de Efraín Vivas

Fotografía de Efraín Vivas

La reapertura

“El museo siempre fue tan exitoso que nunca recurrimos a subsidio público ni privado. Nunca imaginamos que el país iba a estar quebrado ni que el turismo, en una isla tan próspera, sería presa de este fenómeno económico”, opina Miguel Yabrudes, documentalista y artista gráfico y visual, encargado de la Sala Isla de Cubagua. “Nuestro Museo Marino es el único que está a la orilla del mar. Es pequeño pero con una gran envergadura”.

El fundador del Museo Marino no supo de su cierre. “Fernando venía de varias operaciones. En agosto de 2015 asistió a su último directorio. Su capacidad física y cognitiva comenzó a caer. Murió el 17 de mayo de este año”, cuenta Pablo Rodríguez.

Fotografía de Efraín Vivas

Fotografía de Efraín Vivas

María Salazar tenía tres meses de embarazo cuando decidió renunciar al Museo Marino por el cierre inminente. A diferencia de cinco empleados que demandaron a la institución, ella se retiró. “Nos avisaron que debían cerrar el museo y que no podían seguir pagándonos. Me ofrecí como colaboradora porque vivo muy cerca y desde abril de 2017 volví a atender las visitas de los niños”.

La Fundación Grupo Leiros, que cobija varias empresas de Margarita, aportó los fondos para garantizar el funcionamiento de un trimestre. Carlos Leiros, presidente de la institución, insiste en que la idea es crear una alianza de empresas locales que sustenten la operatividad del Museo Marino para que no dependa de una única fuente de ingresos. También planifican lanzar una página en Internet para recaudar fondos.

La Gobernación de Nueva Esparta prometió financiar las obras que faltan para concluir la Sala de Cuarentena, donde transcurre el período de adaptación de las especies que llegan al museo antes de su exhibición. “Ese espacio está avanzado en 80%”, explica el curador del lugar.

Los planes del Museo Marino no se limitan a sobrevivir a la crisis económica que los llevó al cierre. Para el 19 de noviembre de 2017, aniversario de su fundación, está planificada la inauguración de la sala sobre su creador Fernando Cervigón, en la que presentarán su obra científica, literaria y reconocimientos académicos y profesionales.

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Sobre “El pensamiento jurídico venezolano en el derecho de los hidrocarburos”; por Carlos Bellorin

Esta reseña es una versión de la publicada en inglés en el Journal of World Energy Law & Business publicado por Oxford University Press y la International Association of Petroleum Negotiators (AIPN).

Por Carlos Bellorin | 9 de agosto, 2017
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Fotografía de Reuters

“…esforzarse, buscar, encontrar y no ceder”. Ulysses. Alfred Tennyson.

El libro está dividido en tres capítulos. Los dos primeros analizan cada uno de los pensamientos jurídicos que han prevalecido históricamente en el país en relación con los hidrocarburos. El primero es el pensamiento “propietarista”, anclado en la propiedad de Estado sobre los yacimientos de los hidrocarburos y la consolidación de la figura de la concesión; y el segundo, es el pensamiento “estatista”, anclado en la figura de la reserva, entendida esta última en la cual el estado se reserva para sí la actividad petrolera e industrias conexas. El tercer capítulo es un llamado a dar paso a un nuevo pensamiento jurídico que busque recalibrar la relación entre el Estado, petróleo y sociedad.

El primer capítulo explica cómo el pensamiento “propietarista” estuvo basado en el principio de la propiedad del Estado sobre los yacimientos de hidrocarburos permitiendo, a la vez, que las actividades para su aprovechamiento fueran llevadas a cabo por entes privados sin intervención directa del Estado.

Después de algunas consideraciones históricas, el autor hace un ejercicio comparativo y comenta sobre la evolución de las figuras de la “concesión” y el “contrato”. Dentro de estas consideraciones explica que la concesión de manera general fue de concepción civilista y considerada como un contrato mixto, gobernada por el Código Civil con una parte regulada por el Derecho Público. Desde el punto de vista de los hidrocarburos, el tratamiento de estas dos figuras fue un asunto importante para los legisladores de la época, que pretendieron unificarlas en varias oportunidades hasta que la Ley de Hidrocarburos de 1922 lo hizo finalmente en la figura de la concesión.

Este capítulo también describe los primeros pasos para la ampliación de la intervención administrativa en las actividades de hidrocarburos, pasando la administración a jugar un papel relativamente pasivo a uno más activo. El autor identifica tres de los primeros pasos o “hitos” para este fin. El primero fue el establecimiento de controles administrativos creados en 1913 que incluye la creación de la Inspectoría General de Minas y la Sala Técnica de Minas; el segundo, el reconocimiento por la ley de 1918 de la iniciativa pública directa en el sector de hidrocarburos; y el tercero, la designación de Gumersindo Torres como ministro de Fomento en 1917, quien asumió el incremento del control estatal en el sector de hidrocarburos como política de Estado.

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El autor explica que el resultado de todos estos procesos fue la aprobación en 1920 de la primera Ley de Hidrocarburos en el país, separándola como materia especial de la actividad de minería. Esta ley acogía el sistema regalista que duraría muy poco ya que se volvería al sistema dominial en la Ley de Hidrocarburos de 1922 que, como dijimos anteriormente,afirmaría los principios civilistas de la concesión. Destaca el autor la efímera Ley de Hidrocarburos de 1935, que aunque no significó un cambio substancial al modelo introducido por la ley del 22 y las sucesivas leyes de hidrocarburos del periodo (la de 1925 y la de 1928), marcaría la última Ley de Hidrocarburos de la etapa gomecista y el corolario del gran debate político que se abriría poco después entre la relación del Estado y el petróleo.

Entra el autor entonces a explicar la transición definitiva del pensamiento “propietarista” al pensamiento “estatista”. Este asunto está muy bien documentado en el libro que identifica dos puntos de inflexión en dos reformas legales.

El primero de estos puntos de inflexión se vio recogido en la Ley de Hidrocarburos de 1936 que, entre otras cosas, introdujo el concepto de la “caducidad administrativa” en las concesiones petroleras. Antes de esta reforma, cualquier rescisión o terminación anticipada de una concesión debía ser declarada mediante sentencia y después de un proceso judicial. Esgrime el autor que remover esta facultad del poder judicial y otorgársela a la administración, significó una importante ruptura de la tradición legal liberal y civilista vigente al momento. Resulta interesante que la figura de la “caducidad administrativa” ha sido reciente y extensamente debatida en el marco de la Reforma Energética Mexicana de 2013 y las rondas de licitación llevadas a cabo a partir de 2014 hasta el presente. El segundo de estos puntos de inflexión fue la reforma de la Ley de Hidrocarburos de 1938, que reconoció expresamente la iniciativa pública directa del Estado de llevar cabo actividades petroleras a través de empresas estatales. Este hecho marcó la cimentación del “Estado empresario” nacido tímidamente a finales de la etapa gomecista. Este capítulo termina con unos comentarios a la Ley de Hidrocarburos de 1943, la cual es identificada por el autor como una consecuencia del cambio de pensamiento que había comenzado en 1939. Esta ley, que es considerada una de las más influyentes del siglo XX en Venezuela, se alineó como la estrategia imperante de venezolanización del petróleo en un contexto más amplio de una política integral que buscaba una mayor intervención del Estado en la economía. Afirma el autor que esta ley actuó como una “ley bisagra” para la definitiva transición entre ambos pensamientos jurídicos abriendo una nueva etapa no solo para la economía sino también para el país entero.

El segundo capítulo comienza por analizar la influencia de la Ley de Hidrocarburos de 1943 y el progresivo abandono del régimen liberal “propietarista” con acciones cada vez más concretas. La primera de estas acciones se articuló a través de la política de “no más concesiones” de 1945-1948, que como su nombre indica, fue diseñada para reducir la participación privada a favor de una participación más amplia del Estado en el sector de los hidrocarburos. Acota el autor que esta política tuvo un breve interludio con la dictadura de 1948-1958, teniendo como consecuencia que la última concesión se otorgaría en 1957. El autor repasa las más importantes medidas “estatistas” tomadas en los años siguientes, incluyendo aquellas que buscaron el incremento del Estado en la renta petrolera como el histórico “fifty-fifty” de 1948 y la reforma de la Ley de Impuesto Sobre la Renta de 1958, que incrementó la participación del Estado en la renta petrolera a un 60%. También analiza cómo la transformación del modelo económico del Estado fue ideado para expandir aún más su participación en la economía y es concretada con hechos tales como la creación de la OPEP, la política sectorial de nacionalizaciones, los procesos de “reversión” iniciados en 1971 y la “nacionalización petrolera” de 1975 incluida la creación de Petróleos de Venezuela, S.A (PDVSA) con una muy especial naturaleza jurídica.

Después de discutir un ciclo entero de acciones proestatistas, el autor explora dos intentos de “atemperar” la política estatista que buscaron más participación privada en el sector. El primero fue la “apertura petrolera” de los años 90; y el segundo, colectivamente enmarcado en la Ley de Hidrocarburos Gaseosos de 1999, la Constitución de 1999 y la Ley de Hidrocarburos de 2001 (después reformada en 2006). Expone el autor que estos intentos, o “tercera vía regulatoria”, empezaron su final con el paro petrolero de 2002-2003, quedando definitivamente abandonados en 2003 con la vuelta al “modelo estatista” por el entonces presidente Hugo Chávez. Este “modelo estatista” mutaría en 2006 hacia el “modelo socialista” como medio para llegar al “Estado comunal”.

Escribe el autor que este nuevo “modelo” tuvo un impacto dramático en la política petrolera venezolana y en PDVSA, que empezó a ser usada abiertamente como un medio para un fin político. Este capítulo finaliza con unos breves comentarios sobre la denominada “renacionalización” de la industria petrolera de 2006-2007 y cómo su último propósito fue realmente apalancar los recursos de dicha industria en pro de la creación del “Estado comunal”.

Como conclusión, el tercer capítulo contiene algunas ponderaciones en las que el autor propone el cambio de un pensamiento jurídico centrado en el Estado y su visión estatista de desarrollo a uno centrado en el ciudadano y en la expansión de sus libertades. El autor afirma que esta nueva visión o pensamiento no puede ser alcanzada si el país mantiene su visión “estatista” en el sector de los hidrocarburos.

Reflexiones

Este libro publicado en marzo del 2016 es un logro desde todo punto de vista, no solo por lo informativo y lo actual del contenido sino por lo bien que está escrito. El texto, rico en referencias históricas, tiene un arco narrativo que lo invita a leerse como una crónica. Su autor, José Ignacio Hernández, es una presencia permanente aquí en Prodavinci en donde, con una impresionante rapidez, descifra, decodifica y condensa desarrollos legales y judiciales para el lector común. La vasta cantidad de artículos que ha escrito han analizado, entre otras cosas, las más importantes sentencias del abiertamente progobierno Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Estos análisis incluyen uno sobre la sentencia número 156, del 29 de marzo de 2017, en la que el TSJ reiteró la tesis de que la Asamblea Nacional estaba en desacato y por lo tanto asumía sus funciones en cuanto al control de la misma en el proceso de aprobación de empresas mixtas petroleras. Esta sentencia también marcó el comienzo del actual ciclo de protestas en Venezuela, que al momento de escribir estas líneas llevaba 100 días ininterrumpidos y sin señales de amainar. Quizás el país se encuentre en otro proceso de transición bajo la sombra de una abiertamente inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente convocada el 1 de mayo de este año, no solo como sociedad en sí misma sino también con su relación con la industria petrolera y el control de su renta. Entender este hecho, sus consecuencias y alternativas es imperativo. Es por esto que este libro es importante para toda persona de cualquier país indistintamente interesada en derecho, hidrocarburos, política y entender el por qué los gobiernos fallan.

En lo personal y de-construyendo a Friedman, creo que hemos llegado al punto en el que lo que se considerada políticamente imposible hasta hace poco se está haciendo políticamente inevitable desde el punto de vista de nuestro pensamiento y relación con los hidrocarburos, no solo en lo legal y jurídico, sino también en lo social.

Revolución y fracaso; por Ramón Escovar León

“Un espectro se cierne sobre Europa: el fantasma del comunismo”, es la frase de inicio del Manifiesto del Partido Comunista. Cuando Karl Marx y Federico Engels escribieron este texto no podían imaginar lo que significaría luego el comunismo. Para explicar lo que ha sido esta doctrina política es de gran utilidad el libro Archie Brown,

Por Ramón Escovar León | 8 de agosto, 2017

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“Un espectro se cierne sobre Europa: el fantasma del comunismo”, es la frase de inicio del Manifiesto del Partido Comunista. Cuando Karl Marx y Federico Engels escribieron este texto no podían imaginar lo que significaría luego el comunismo. Para explicar lo que ha sido esta doctrina política es de gran utilidad el libro Archie Brown, The Rise and Fall of Comunism (New York, Harper Collins, 2009). Según el profesor británico, el comunismo fue establecido predominantemente en sociedades campesinas como la Rusia imperial y la atrasada China. El autor se ocupa de explicar cómo este sistema se expandió en Europa y cómo se derrumbó. Hoy hay que recordarlo en estos momentos aciagos de nuestra historia.

La conquista del poder por parte de los comunistas fue con bayonetas, represión y muerte. Se hizo, además, en nombre del partido. En muchos casos no se siguió fielmente la doctrina de Marx, sino que la misma fue distorsionada según los intereses de cada cual. El poder se obtuvo y mantuvo a fuerza de represión y balas, nunca debido al voto libre y no manipulado.

Archie Brown presta particular atención al modelo comunista caribeño, representado por Cuba. A diferencia de la experiencia europea y asiática, el comunismo no llegó en nombre del partido. Fidel Castro se alzó con apoyo popular contra una dictadura desprestigiada en nombre de la libertad, y fue una vez instaurado y consolidado en el poder que se declaró comunista. El caso cubano demuestra que la otra manera de que el comunismo llegue al poder es mediante el engaño. Solo por la fuerza de las armas o de la astucia y la mentira es como, en definitiva, puede imponerse.

Antes de la llegada al poder del castrismo, el sistema de gobierno cubano era tiránico. En este sentido, Brown equipara el régimen de Fulgencio Batista al caso de Checoslovaquia, pero con mucha corrupción. Uno de los símbolos de la degradación que marcó al gobierno de Batista lo representó Meyer Lansky, quien poseía en la isla un imperio entre prostíbulos, hoteles, casinos y clubs. Se estima que la revolución le confiscó más de cien millones de dólares en inversiones de esta naturaleza.

Además de la diferencia entre las fórmulas utilizadas para hacerse con el poder, los modelos del comunismo europeo y cubano utilizaron métodos distintos para ejercer el totalitarismo. Cuando en Europa los gobiernos títeres y satélites de la Unión Soviética eran repudiados por la población, los tanques del ejército rojo se encargaban de poner orden en casa. Así ocurrió en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en 1968. En Cuba, en cambio, y en vista de la dificultad del traslado de tanques de su aliado soviético, el castrismo se ocupó de militarizar la sociedad. De esa manera se crearon los mecanismos que han podido garantizar la sobrevivencia del comunismo.

La combinación del poder militar con el control de la economía permitió someter a la población. En ambos casos el comunismo ha sido un fracaso desde el punto de vista económico, social y humano. No hay respeto por los valores de la democracia: derechos humanos, separación de poderes, elecciones libres y libertad de expresión.

Sin embargo, la revolución cubana tiene un logro que merece ser reconocido: haber sobrevivido a la caída del muro de Berlín. Esto se debe a que la isla pudo vivir del turismo canadiense -y de otros países europeos como Alemania, España, Italia, Reino Unido y Francia- y así resistió padeciendo hambre y dolor hasta que se produjo el milagro: el petróleo venezolano proveniente de la inocultable idolatría de Chávez hacia Fidel Castro. (Para adentrarse literariamente en lo que ha significado el modelo castrista, conviene disfrutar de la novela de Leonardo Padura, El hombre que amaba los perros).

El comunismo cubano es esencialmente estalinista, creó una burocracia partidista de enormes dimensiones que terminó sustituyendo o devorando al Estado. En lo que atañe a los derechos humanos, el castrismo es un ejemplo de lo que significa su irrespeto: cualquier discrepancia puede significar una visita al paredón. En relación con los derechos humanos, Marx fue ambiguo, pero Lenin fue muy claro: en la fase de transición al socialismo solo se puede hablar de la imposición de una clase sobre la otra y esto justifica la más violenta represión militar, así lo declaró en su libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky. Es esta la máxima que sigue la dictadura castrista, ya que los intereses de la revolución se sobreponen a los derechos humanos.

La posición de Lenin sobre la fuerza de las mayorías fue refutada por Karl Kautsky (marxista ortodoxo) quien justificaba la dictadura del proletariado si -y solo si- el proletariado era mayoría. Para Lenin este asunto de las mayorías era irrelevante porque de lo que se trata es de que la minoría imponga su voluntad al costo que sea: “Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria posible; es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte con fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios”, sigue Lenin desarrollando su tesis mediante la burla a los valores de la democracia que interpretaba Kautsky. Se impuso, desde luego, la visión leninista de la violencia. Todos los modelos comunistas se guían por esta regla.

En el caso venezolano actual, más allá de que la ANC amenaza los valores republicanos de nuestra tradición histórica, implica la imposición de una minoría sectaria sobre la mayoría al amparo de la fuerza y el control de la economía. Ese espectro comunista que se cierne sobre el país viene cargado con esta tesis leninista y representa una seria amenaza a la libertad y la paz. El dolor lacerante que esto genera ya lo han padecido los venezolanos de manera ininterrumpida desde hace dieciocho años. No hay duda sobre el fracaso del modelo económico comunista, como lo evidencia el caso cubano que hoy se pretende imitar por la revolución bolivariana.

A pesar de la penosa situación de pobreza que vive Venezuela, que se hunde en una inflación sin precedentes, el país no renuncia al suministro de petróleo a su aliada Cuba. Así mantiene el modelo cubano de pie, a costa de nuestra propia miseria. La principal causa del fracaso del “socialismo del siglo XXI” es su incapacidad para diseñar una política económica exitosa, libre de dogmas ideológicos. El fracaso de la economía es la derrota de la revolución y ninguna constituyente podrá llevarlos a crear riqueza ni crecimiento económico sostenido. La constituyente no es una solución a esta crisis sino una herramienta para empeorarla aún más, sin elecciones y sin libertad.

El modelo económico de expropiaciones y controles no ha funcionado en ninguna parte. Un gobierno fracasa si no está en capacidad de diseñar un modelo económico que cree prosperidad o, al menos, su propia sustentabilidad. Ya lo advirtió León Trosky en su libro Literatura y revolución: “Si en el curso de los próximos años la dictadura del proletariado se mostrase incapaz de organizar la economía y de asegurar a la población por lo menos un mínimo vital de bienes materiales, el régimen proletario estaría entonces realmente llamado a desaparecer. Por eso la economía es en la hora presente el problema de los problemas”.

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Ucrania: lo que vino después de ‘Winter on Fire’; por Andrés Cañizález

El cine y la televisión tienen un poderoso efecto sobre nuestra manera de ver el mundo. En los últimos tiempos me he encontrado a muchos entusiastas de lo que fue la batalla en Ucrania, hace tres años, que llevó a la caída de Víktor Yanukóvich, y abrió paso al establecimiento de un gobierno prooccidental en

Por Andrés Cañizález | 5 de agosto, 2017
Fotografía de Netflix

Fotografía de Netflix

El cine y la televisión tienen un poderoso efecto sobre nuestra manera de ver el mundo. En los últimos tiempos me he encontrado a muchos entusiastas de lo que fue la batalla en Ucrania, hace tres años, que llevó a la caída de Víktor Yanukóvich, y abrió paso al establecimiento de un gobierno prooccidental en el cabal sentido de ese término.

No pocos jóvenes de la llamada resistencia claman, con anuencia de unas cuantas voces ya más curtidas, a favor de seguir en Venezuela la vía ucraniana para desalojar del poder al régimen de Nicolás Maduro. El documental Winter on Fir, producido por Netflix, es la base principal para el entusiasmo de no pocos, convencidos a esta hora de que al madurismo ya no se le podrá sacar ni con votos, ni por vía pacífica. Ya sería harina de otro costal discutir por qué hemos llegado a este punto en Venezuela, en este 2017.

Confieso que sabía poco o nada de Ucrania hasta este año. Estuve como jurado internacional en el festival de cine documental One World en Praga, República Checa, y allí coincidí con Tetiana Pechonchyk, quien también formaba parte del jurado. Tetiana es una valiente defensora de derechos humanos y me ayudó a entender que Ucrania está lejos, muy lejos, de haber encontrado una solución al conflicto político-institucional que le atraviesa.

La batalla de 2014 abrió paso, efectivamente, a un cambio de envergadura porque puso fin al régimen antieuropeo de Víktor Yanukóvich, pero la violencia que se desencadenó en 2014 no volvió a su cauce, como suele suceder cuando se abre ese dique. Más de 10.000 personas han muerto por armas de fuego desde 2014 y un millón de ucranianos están desplazados dentro de su país, pero dejando atrás sus hogares y poblaciones de origen.

Si usted lee hoy –por ejemplo– el más reciente informe de Amnistía Internacional sobre Ucrania queda en evidencia que las violaciones, desmanes y abusos las cometen en mayor medida los actores armados a favor de Rusia, pero muy a la par se ubican los excesos de las fuerzas que buscan defender la vigencia de Ucrania como Estado soberano y parte de Europa.

Todos actúan dentro de territorio ucraniano y enfocan sus acciones contra los que consideran el bando contrario, actuando abiertamente contra civiles. Ucrania, después de toda la polvareda mediática y política que levantó en 2014-2015, siendo un foco de las preocupaciones de diversos países y entidades como la Unión Europea, vive hoy una guerra civil de baja intensidad que ha sido olvidada por esa misma comunidad internacional.

El factor Putin, sin duda alguna, le da unas connotaciones específicas al conflicto irresoluto de Ucrania. Rusia en 2014 se anexó el territorio de Crimea, en medio de la batalla civil que se vivía en Kiev. En este mes de julio las autoproclamadas “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk (que eran provincias de Ucrania) avanzaron en su “independencia” para pasar a ser una suerte de satélites de Moscú. Este desmembramiento efectivo del territorio ucraniano no ha podido ser detenido por las declaraciones, amenazas y sanciones de la comunidad internacional contra Rusia (que mueve los hilos detrás del telón).

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La llegada de Donald Trump al poder hizo que de nuevo tímidamente se volviera la mirada al conflicto latente en Ucrania. La abierta simpatía de Trump con Putin obviamente le restó un piso de apoyo importante que tuvo el gobierno de Kiev durante la administración Obama.

Al colocar la mirada en lo que ha ocurrido en Ucrania, lejos de lo que puntualmente narra Winter on Fire (hecha en 2015), no pretendo para nada descalificar la lucha que dieron los ucranianos hace tres años. Sí quiero poner el acento en la inviabilidad de pensar en el trasplante mecánico de modos de transición, siendo contextos tan diferentes, como han pretendido muchos promoviendo como ejemplo lo que cuenta el documental.

Ni Venezuela es Ucrania ni Maduro es Yanukóvich.

Se trata, en todo caso, de pensar con cabeza propia sobre cómo debe alcanzarse un cambio democrático en Venezuela, respondiendo a la naturaleza del régimen autoritario que existe en el país y también interpretando adecuadamente claves históricas de nuestro país, sin hacer maniqueas comparaciones.

Si algo deberíamos aprender de Ucrania es el tema de la violencia armada. Una vez desbordada, no ha podido ser contenida en estos tres años, afectando obviamente todos los espacios de la vida cotidiana. Un caso emblemático, contado por periodistas, es la fábrica de coque de Avdiivka, la más grande de toda Europa, la cual sigue funcionando pese a quedar atrapada en la línea de fuego: desde 2014, un total de 9 de sus trabajadores fueron muertos por las balas de uno u otro bando y más de 50 han resultados heridos.

Me parece necesario insistir en el caso de Venezuela que tan importante es el objetivo (el fin de la dictadura) como el método que se use para alcanzar dicho fin. Si de algo sirve el fervor que ha causado –entre muchos de nosotros– la lucha por poner fin al autoritarismo de Yanukóvich en Ucrania, ese mismo entusiasmo debe emplearse en ampliar el rango de visión. Las acciones generan consecuencia, siempre.

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Fuentes

Amnistía Internacional. Informe 2016/2017. En: https://www.amnesty.org/es/countries/europe-and-central-asia/ukraine/report-ukraine/

BBC Mundo. Los testimonios de los que viven en Ucrania en medio de un conflicto del que el mundo se olvidó. http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-40641124

Bonet, Pilar. Relato de la vida cotidiana en el frente ucranio a través de una planta de carbón. En: https://elpais.com/internacional/2017/03/20/actualidad/1490029493_653408.html

El País. Desmembración de Ucrania. En: https://elpais.com/elpais/2017/07/21/opinion/1500656604_785557.html

Poroshenko, Petró. La revolución de la dignidad. En: https://elpais.com/internacional/2016/11/24/actualidad/1479985727_926761.html

 

Breve guía para entender la locura del dólar paralelo; por Omar Zambrano

Tiendo a desconfiar de los que pontifican sobre el excepcionalismo venezolano. Esos que postulan que la economía de estas tierras tiene características tan únicas e irrepetibles que el conocimiento acumulado por la disciplina económica en 230 años no es capaz de explicar lo que sucede por estos lares. Lo que está pasando con el dólar

Por Omar Zambrano | 4 de agosto, 2017

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Tiendo a desconfiar de los que pontifican sobre el excepcionalismo venezolano. Esos que postulan que la economía de estas tierras tiene características tan únicas e irrepetibles que el conocimiento acumulado por la disciplina económica en 230 años no es capaz de explicar lo que sucede por estos lares. Lo que está pasando con el dólar paralelo es un buen ejemplo. En realidad, siempre ha pasado lo mismo en todas partes: políticas económicas equivocadas, producen resultados económicos catastróficos. En el caso de Venezuela, el conjunto de políticas económicas chavistas están produciendo un cuadro de extrema inestabilidad y, peor aún, de miseria generalizada. No hay nada inesperado en ello. Era predecible y, en efecto, fue más que predicho.

Piense por un momento en la moneda de un país como si fuera un bien o producto cualquiera. Piense que esa moneda, como cualquier bien o producto, tiene gente que la desea (el público) y gente que la produce (el Banco Central). Bajo este esquema, podemos pensar en un “mercado” para el dinero.

La gente y las empresas quieren mantener una moneda en sus bolsillos porque les sirve, porque les es útil. Y puede ser útil por tres razones: para hacer transacciones de compra y venta; para ahorrar, pues la moneda puede preservar valor en el tiempo; o puede servir para tenerla guardada en caso de emergencias futuras.

Esto es el postulado básico de lo que se conoce como la demanda de dinero: Mientras las razones anteriores se mantengan, la gente estará dispuesta a conservar, por lo menos una parte de sus activos, en la moneda de un país.

Ahora pensemos en la economía venezolana: El chavismo, en particular desde 2005, ha sido un máquina productora de políticas suicidas con un poder destructivo que ha demolido sistemáticamente, una a una, las razones que pueden tener los venezolanos para mantener bolívares en sus bolsillos. El Bolívar sirve cada vez menos para transacciones (pues cada vez hay menos que comprar). Tampoco sirve para ahorrar o para guardarlo para emergencias, pues la inflación lo volvió polvo cósmico. Es decir, en Venezuela, las razones que soportan la demanda de dinero son cada vez más débiles, o lo que es lo mismo, el público está cada día menos dispuesto a mantener bolívares en sus bolsillos.

A lo anterior hay que agregar que el Banco Central, único productor de la moneda, ha desplegado en los últimos tiempos un ataque brutal, expandiendo inorgánicamente la cantidad de dinero hasta límites nunca antes conocidos en nuestro país. El dinero ha crecido en el último mes a una tasa superior al diez por ciento semanal. Para que tengamos una referencia: esa es la misma tasa de crecimiento del dinero en Perú, pero en un año. No importa que el chamán del analfabetismo económico español que asesora a Maduro lo repita hasta el cansancio: la inflación es siempre, y en todas partes, un fenómeno principalmente de naturaleza monetaria.

Sumemos a todo esto el nefasto efecto que tiene sobre las expectativas económicas la deriva autoritaria del gobierno. El avance dictatorial de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente no hace sino poner una nube negra sobre el futuro del manejo de la economía y las libertades económicas del país entero, incluyendo su moneda.

Hay un momento en que la gente que demanda la moneda de un país se cansa y, de manera abrupta y repentina, dice no más, y decide que ya no quiere más esa moneda. En ese momento, la gente está dispuesta a pagar cualquier precio. Y cuando digo cualquiera me refiero a eso: la gente está dispuesta a pagar cualquier precio por hacerse de una moneda sustituta (el dólar, por ejemplo), que le sirva para satisfacer las razones de tener dinero en el bolsillo.

Cuando un episodio como este ocurre, el precio de la moneda sustituta o lo que se denomina comúnmente tipo de cambio, se dispara, y puede llegar a cualquier nivel . En este momento se desata un proceso hiperinflacionario abierto.

Piense en esto cuando analice lo que está pasando estos días, pues podrían ser los síntomas inequívocos del colapso de la demanda de bolívares. Podríamos estar asistiendo al inicio del primer proceso hiperinflacionario en Venezuela.

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La constituyente de Vladimir Ilich Lenin; por Ramón Escovar León

“En nuestra revolución se convoca la Asamblea Constituyente con arreglo a las listas presentadas a mediados de octubre de 1917, en condiciones que excluyen la posibilidad de que las elecciones a esa Asamblea Constituyente sean una expresión exacta de la voluntad del pueblo, en general, y de las masas trabajadoras, en particular”, son palabras de

Por Ramón Escovar León | 1 de agosto, 2017

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“En nuestra revolución se convoca la Asamblea Constituyente con arreglo a las listas presentadas a mediados de octubre de 1917, en condiciones que excluyen la posibilidad de que las elecciones a esa Asamblea Constituyente sean una expresión exacta de la voluntad del pueblo, en general, y de las masas trabajadoras, en particular”, son palabras de Vladimir Ilich Lenin en su libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky.

En el anexo I de esta obra, el revolucionario ruso expone sus reflexiones sobre la asamblea constituyente y señala que una constituyente revolucionaria no puede ser “expresión exacta de la voluntad del pueblo”. También agrega: “Por eso, incluso desde el punto de vista formal, la composición de los elegidos a la Asamblea Constituyente no corresponde, ni puede corresponder, a la voluntad de la masa de electores”; es decir, no puede responder a la voluntad de los electores sino a los ideales “superiores” de la revolución.

Para Lenin lo importante en una asamblea constituyente es que esta sea sometida al poder de los “Soviets”. Por eso dice: “Hoy está claro por completo para el pueblo entero que la Asamblea Constituyente quedaría condenada inevitablemente a la muerte política si se divorciase del Poder los Soviets”.

En el mensaje leninista no escapa la invocación a la paz como “objetivo” de la constituyente: “El problema de la paz es uno de los más candentes de la vida del pueblo. En Rusia se ha emprendido una lucha verdaderamente revolucionaria por la paz sólo después de triunfar la revolución del 25 de octubre”. En el pensamiento de Lenin para que haya paz debe triunfar la revolución. Entonces la “paz” como objetivo revolucionario justificó los hechos sangrientos acontecidos con posterioridad.

Lenin pone un énfasis en la necesaria represión: “Sólo una implacable represión militar de esa insurrección de esclavistas [los burgueses y terratenientes] puede garantizar de verdad el triunfo de la revolución proletaria y campesina”. Esta es, para el legendario padre de la Revolución bolchevique, un instrumento fundamental y justificado en la lucha, cuando se trata de que una minoría someta a una mayoría.

Cuatro elementos destacan del ensayo de Lenin. En primer lugar, la lista de electores no debe representar la voluntad general del pueblo sino los intereses de los soviets. En segundo lugar, el triunfo de la constituyente depende de los soviets y no del pueblo. En tercer lugar, la revolución se debe ocupar de la paz, una vez haya triunfado. Y, en cuarto lugar, las discrepancias de los burgueses y terratenientes justifican una “implacable represión militar”.

Lo que vino después es una historia conocida, pues el pueblo ruso fue sometido a una férrea dictadura -con represión, campos de concentración y millones de muertes- que Stalin desarrolló con gran crueldad. Esta experiencia concluyó con la caída del muro de Berlín. La cronología histórica del auge y caída de la Unión Soviética evidenció el fracaso del modelo marxista-leninista. Para ello es recomendable leer dos libros fundamentales:  David Remnick, La tumba de Lenin y Archie Brown, The rise and fall of communism, que demuestran inequívocamente que el marxismo-leninismo no es viable y solo se sostiene por el uso desbordado de la violencia.

La explicación de la inconstitucional asamblea constituyente que se impone a fuerza de bayonetas encuentra explicación en la visión de Lenin. Tanto el modelo leninista como el que amenaza a Venezuela, comparten un objetivo político concreto: darle permanencia a una dictadura. El soviético se hizo para sustituir el modelo zarista por el comunista; el venezolano pretende fulminar el sistema republicano y sustituirlo por el Estado comunal.

La versión venezolana de la constituyente comunal está condenada al fracaso, no solo por la falta de credibilidad de las cifras anunciadas por el Consejo Nacional Electoral, sino porque pretende acabar con nuestra esencia republicana. Y esta es, justamente, la conquista de nuestra independencia, que, además, se ha mantenido de manera uniforme en nuestras 25 constituciones. A esto se suma que la constituyente lo que pretende es evadir una confrontación electoral con árbitros confiables y fulminar cualquier vestigio de valor democrático que pudiese quedar.

No es posible cambiar la república por un Estado comunal sin ir contra nuestra cultura política. Es la tradición republicana la que se busca proteger con el artículo 350 de la Constitución, porque es el modelo de Estado plasmado en nuestra acta de nacimiento. La república significa la libertad del ser humano y el libre desenvolvimiento de su personalidad. El Estado comunal, al contrario, supone el control del ciudadano y la imposibilidad de que cada cual desarrolle las cualidades que configuran su manera de ser y le diferencia de los demás. La comuna no es una forma de participación ciudadana sino una conducta impuesta por el gobierno: es una negación de la democracia.

La Constitución del año 1999, al contrario de lo que se propone con la constituyente, es una reafirmación de la democracia participativa. Pero ahora lo que se pretende es buscar las formas para controlar la sociedad. De nuevo aparece Lenin con su proclama: “Todo el poder para los Soviets”. Como diría un socialista del siglo XXI: “todo el poder para las comunas”. No hay originalidad sino un trasplante de esquemas fracasados.

El ambiente que ha precedido la votación por la constituyente es de amenazas, como aquella según la cual “lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas”, que es una manera de decir que están dispuestos a usar la violencia desbordada para defender su fracasada revolución y mantenerse en el poder, como lo proclamaba Lenin. Una manifestación de esta violencia, es amenazar con usar la cuestionada Asamblea Constituyente para encarcelar a los dirigentes opositores. No es, entonces, la paz lo que se ofrece sino más represión y más intolerancia. La nueva detención de Leopoldo López y de Antonio Ledezma son muestras de ello.

A lo señalado se le debe añadir la presión y las amenazas contra funcionarios públicos para que fueran a sufragar. Si el derecho al voto es el ejercicio de la libertad, lo que ocurrió fue la negación de la libertad. Y aquí vuelve a aparecer Lenin, quien repudiaba los derechos humanos, porque para él no había obstáculo que debiera impedir la revolución. Asimismo, se burlaba de que la asamblea nacional constituyente fuese la máxima expresión de la democracia y, por eso, había que manipularla para convertirla en un instrumento de la revolución y de la lucha de clases en la Rusia de la época. La constituyente del Psuv no es más que una mala copia del pensamiento leninista. Toda la institucionalidad en Venezuela dejó de funcionar y la constituyente amenaza con empeorar la situación aún más.

Por todo lo anterior, de lo que se trata es de buscar una solución que logre la convivencia entre los venezolanos y garantice el porvenir a las nuevas generaciones. La respuesta no es la confrontación permanente sino la libertad para todos. Para ello es fundamental que los líderes del Psuv vean la realidad y busquen con la oposición un proceso de negociación que permita que Venezuela mantenga su tradición y pueda vivir en una República.

Con más presos, más hambre, más miseria y con el aumento de la ingobernabilidad no se resuelven los graves problemas que gravitan sobre los venezolanos. Superar este cuadro no sería difícil si hubiese voluntad y humildad. Ojalá que la presión internacional sea una contribución eficaz en ese sentido, porque los venezolanos merecen vivir en paz y en libertad. La constituyente leninista no es una contribución en esa dirección.

3 lecciones que Venezuela debe aprender de la dictadura de Mugabe; por Andrés Cañizález

El presidente Nicolás Maduro reparte réplicas de la espada de Simón Bolívar, como se dice popularmente, a diestra y siniestra. El acto de este 26 de julio fue una buena muestra de esa política manirrota de repartir réplicas de una espada que otrora estuvo reservada para ocasiones realmente especiales. Viendo este acto recordé la primera

Por Andrés Cañizález | 28 de julio, 2017
Fotografía de Reuters

Fotografía de Reuters

El presidente Nicolás Maduro reparte réplicas de la espada de Simón Bolívar, como se dice popularmente, a diestra y siniestra. El acto de este 26 de julio fue una buena muestra de esa política manirrota de repartir réplicas de una espada que otrora estuvo reservada para ocasiones realmente especiales. Viendo este acto recordé la primera vez que hubo una polémica seria: Hugo Chávez le dio una de esas réplicas al dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, en el año 2000.

La dictadura de Mugabe, aunque lejana en el plano geográfico, debe ser vista con detenimiento desde Venezuela. Mugabe celebró en febrero, con una fiesta fastuosa, sus 93 años de los cuales 37 ha estado en el poder. El viejo Bob, como se le suele llamar en Zimbabue (antigua Rodesia), ha anunciado que en 2018 será nuevamente candidato para un período de 5 años. No se cree inmortal, y ya ha apuntalado a su esposa Grace, de 52, como heredera.

Zimbabue, desde que surgió como república en 1980, no ha conocido otro mandatario distinto a Mugabe. Al viejo Bob se le adjudican claramente dos grandes etapas. La primera, en la que se convirtió en el héroe nacional: salió de la cárcel para impulsar el surgimiento de la nación, puso fin al apartheid y le dio un empuje a la vida económica. En 1990 Mugabe deja en claro que su objetivo es permanecer en el poder, a cualquier precio. Se declara Mugabe como marxista, se instaura el partido único y se aprueba una reforma constitucional; Zimbabue pasa a conocer las violaciones masivas de derechos humanos (si bien ya existían precedentes desde los 80), se destroza la economía nacional y cunde la pobreza.

De la dictadura de Mugabe sintetizo tres mensajes que pueden tener eco en la Venezuela de hoy.

1. La cooptación del liderazgo opositor

Hace poco menos de una década, cuando Zimbabue atravesaba el punto más álgido de la crisis económica, y en buena medida producto de la mediación internacional, se logró un “gobierno de unidad nacional”. Quien era el líder y rostro emblemático de la oposición, Morgan Tsvangirai, del Movimiento Cambio Democrático, ganó las elecciones pese al fraude. Mugabe, con el respaldo de las fuerzas armadas, no reconoció el triunfo opositor y construyó el modelo de “transición”, como se le conocía entonces. Mugabe seguiría actuando como presidente y Tsvangirai como primer ministro, además de incorporar a otros opositores a algunas dependencias del Estado.

Si bien en aquel momento aquello parecía una salida razonable a la crisis, para evitar un derramamiento de sangre, aquel “gobierno de unidad nacional” fue en realidad una ficción. Los hilos del poder siguieron controlados por Mugabe y su partido Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico(ZAPU-PF), junto con los militares y milicias armadas al servicio del dictador. El paso por el cargo de primer ministro de Tsvangirai no implicó una transición democrática, sino una cooptación de los factores democráticos por la dictadura.

En ese período 2008-2013, el gobierno Mugabe-Tsvangirai llevó adelante además un ajuste económico, con el que el régimen compartió con la oposición el costo político por el desastre económico que en realidad había generado la dictadura previamente. De cara a las elecciones de 2013, Tsvangirai estaba tan desacreditado que se le expulsó de su partido y la oposición acudió divida a las elecciones, en las que nuevamente se impuso Mugabe para el período actual (2013-2018).

2. Una crisis económica por sí sola
no acaba con una dictadura

Zimbabue es posiblemente el mejor ejemplo reciente de cómo un régimen dictatorial puede sobrevivir a una aguda crisis económica. El país africano llegó a tener una hiperinflación que se contabilizó en trillones (los precios se duplicaban cada 24 horas), en una escalada que se extendió por algunos años. En 2007, el Banco Central de Zimbabue declaró “ilegal” a la inflación y el régimen encarceló a comerciantes y empresarios. La moneda más alta, en aquel momento, era un billete de 10 millones de dólares zimbabuenses y equivalía apenas a 4 dólares estadounidenses.

Abundan de aquel período los relatos periodísticos que mostraban cómo una taza de té, en un café de Harare, duplicaba su precio de la mañana al final de la tarde del mismo día, o de cómo los empleados públicos acudían con carretillas al banco para retirar sus pagos. Eran bultos de billetes que no les salvaban de la pobreza. Se calcula que un tercio de la población de Zimbabue emigró a países vecinos, especialmente a Sudáfrica. Emigró una clase media negra que se había formado precisamente en la primera década de esplendor de Mugabe.

Los más pobres pasaron a sobrevivir gracias a las remesas de los familiares que emigraron y a la ayuda internacional que incluso se lanzaba desde aviones de organismos internacionales ante el rechazo de la dictadura de aceptar tales donaciones de alimentos básicos. El “gobierno de unidad nacional” tomó medidas pragmáticas en materia económica. Si bien Zimbabue ya no es la potencia económica que fue en los 80, se revirtió en parte la expansión de la pobreza y se adoptó una cesta de monedas extranjeras (dólares, libra, yen) con circulación dentro del país.

El dólar de Zimbabue se remata hoy en subastas on line, los montones de ceros de esos billetes son el símbolo de un fracaso económico, pero al mismo tiempo dejan en evidencia la capacidad de una dictadura para reinventarse.

3. La comunidad internacional tiene sus prioridades y las reordena

Hace una década Zimbabue era, como hoy Venezuela, el foco de la atención internacional, tanto de la prensa como de organismos internacionales, en particular de la Unión Europea. Se combinaban la crisis económica y humanitaria, la lucha de la oposición democrática que parecía muy cerca de alcanzar el poder y se veía a un Mugabe en declive, acosado por varios frentes.

El esquema de transición que acompañó la comunidad internacional para Zimbabue, con el “gobierno de unidad nacional” al que nos hemos referido, hizo que descendiera de forma notable la mirada externa sobre la dictadura de Mugabe. Los países occidentales, incluso los más comprometidos con la causa democrática, han aprendido a convivir con el viejo Bob.

La reinserción de Zimbabue en la comunidad internacional, que termina aceptando sin aspavientos a Mugabe, tuvo un punto clímax en 2015 cuando el viejo dictador fue electo-por fin- como presidente de la Unión Africana (UA) por el resto de Estados del continente africano.

Ya a nadie parece importarle, al menos no lo dicen públicamente, que Zimbabue siga gobernada por un dictador.

***

Fuentes

Carlin, John. “Robert Mugabe, un tirano con seis carreras”. https://elpais.com/internacional/2012/08/10/actualidad/1344603465_466175.html

CIDOB. “Biografía de Morgan Tsvangirai”. https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/africa/zimbabwe/morgan_tsvangirai

Grill, Bartholomäus.“El déspota de la mano fría”. https://elpais.com/internacional/2016/03/02/actualidad/1456929242_298929.html

Moreno, Gonzalo. “El legado de Mugabe”. https://elpais.com/elpais/2013/07/29/africa_no_es_un_pais/1375077600_137507.html

Naranjo, José. “Mugabe elegido presidente de la Unión Africana”. https://elpais.com/internacional/2015/01/30/actualidad/1422623226_842208.html

Naranjo, José. “Grace Mugabe ya ensombrece al camarada Bob”. https://elpais.com/internacional/2017/03/03/actualidad/1488536397_558987.html

Telesur. “Zimbabue asume la presidencia de la Unión Africana”. http://www.telesurtv.net/news/Zimbabwe-asume-la-presidencia-de-la-Union-Africana-20150130-0048.html

Wikipedia. “Biografía de Robert Mugabe”. https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Mugabe

Los que inventaron otra vez la política; por Marcelino Bisbal

* A los jóvenes y estudiantes de este tiempo. Ellos que volvieron a inventar la política en todos los sentidos 1. No nos vamos a referir a quienes acuñaron el término política, que proviene de la palabra griega polis. Con este vocablo los griegos querían nombrar a la ciudad y a lo civil, a lo

Por Marcelino Bisbal | 27 de julio, 2017
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Fotografía de Verónica Aponte

* A los jóvenes y estudiantes de este tiempo. Ellos que volvieron a inventar la política en todos los sentidos

1. No nos vamos a referir a quienes acuñaron el término política, que proviene de la palabra griega polis. Con este vocablo los griegos querían nombrar a la ciudad y a lo civil, a lo público, a lo social. Fue la irrupción de la ciudadanía en el mundo de lo social y su conformación como sociedad civil. Desde ahí vamos a partir en este escrito.

2. Sirva el epígrafe de dedicatoria como punto de partida para reflexionar sobre lo que nos acontece en estos días. Es decir, la convocatoria a una inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente en la que el poder ha depositado toda su confianza para afianzarse, con más fuerza aún que la que tiene, con todas sus energías con y en el propósito de convertir a la República en una suerte de gobierno absolutista en donde solamente ellos sean los que determinen lo que los venezolanos debemos de ser, querer y sentir…

Los caracteres aquí ofrecidos quieren servir de reconocimiento a los jóvenes, muchos de ellos o casi todos estudiantes, quienes han salido a la palestra de la calle y a distintos espacios para discutir y hablar de política, de democracia, de libertad, de futuro, de historia y para recordarnos, como decía Asdrúbal Baptista, que lo político y lo histórico han de entenderse como inseparables.

3. Volvamos la mirada hacia el pasado. Hagamos una analogía en el tiempo y en distintos momentos de nuestra historia reciente. Dejemos, por un momento nada más, lo circunstancial que nos preocupa e incluso nos agobia.

Nos ubicamos en 1928 y los acontecimientos que allí se dieron. Un grupo de jóvenes universitarios de la Universidad Central de Venezuela (no traspasaban los veinte años) y que a propósito de la elección de una reina de carnaval, salían a la calle en lo que era la Semana del Estudiante. Allí comienzan sus discursos y proclamas, que poco a poco, se van cargando de política en contra de la dictadura gomecista.

Manuel Caballero nos dirá que 1928 cambia el panorama de la lucha política y social en Venezuela. Nos repetirá, en diversas publicaciones sobre el tema, que 1928 será el ingreso del país a la modernidad no solo porque el petróleo comenzará a dibujarnos como país con otra fisonomía más urbana y menos rural, sino porque los hechos de ese año “van a dar tono a la política hasta el final del siglo XX”. De ahí que Caballero interrelacione tres conceptos que para él son inseparables dentro del contexto nuestro: política, democracia y modernidad. Será el mismo historiador el que nos diga entusiastamente que esa generación será la que invente la política en Venezuela y será también, con sus acciones y discursos-proclamas abiertamente políticas, los que se opongan al personalismo caudillista.

Así, podemos citar a Manuel Caballero que nos ayuda a entender literalmente la reflexión anterior:

“En Venezuela, ellos inventaron la política; y esto, en todos los sentidos.

En primer lugar, representan la Venezuela que se había bajado del caballo en 1903, con el fin de las guerras civiles. Son los primeros actores que se muestran en el recién estrenado teatro de las luchas sociales: la ciudad.

En segundo lugar, se alzan contra la potestà assoluta, o sea la tiranía, que en el lenguaje maquiavélico es lo opuesto del vivere político, es la negación de la política. Tres, son dirigentes civiles: serán, entre otras cosas, los fundadores del poder civil en Venezuela: antes de ellos, solo habían existido pálidos retoños mostrándose indecisos bajo la tutela militar.

Son, y esto sea dicho en cuarto lugar, ciudadanos ellos mismos y creadores de ciudadanía. A su acción se deberá en primer lugar la extensión del voto y sobre todo, la fundación de los partidos políticos modernos, y de las demás formas de participación popular. Serán así los verdaderos fundadores de la democracia representativa, y los creadores de la sociedad civil en Venezuela”.

Por su parte, otro historiador como Ramón J. Velásquez nos expresa una idea semejante al decirnos que

“Con una velada literaria, la coronación de una reina y la lectura de un poema empieza la historia de una generación que durante medio siglo logra mantenerse vigente por su condición de adelantados en la hora de los grandes cambios de nuestro siglo XX”.

4. Volvamos ahora al presente. Ya vimos como los jóvenes de la autodenominada generación del 28 irrumpen en la práctica política de aquel momento y con su actuar dejan atrás las guerras civiles, la tutela militar y se desenvuelven, con apenas sus veinte años, como ciudadanos. Serán los principales protagonistas de la creación de los partidos políticos en nuestra comarca. Serán el germen de la idea y práctica de la democracia y con ellos irrumpirá, años más tarde, la realidad de la democracia representativa.

Doce años después Mariano Picón Salas en su libro Cinco discursos sobre pasado y presente de la nación venezolana (1940) nos hará un balance de lo que dejó esa generación:

“1941 será el último año de un apasionado lustro en que después del silencio tiránico de casi cuatro décadas surgió en Venezuela una vocación de libertad y de democracia; se palparon y descubrieron graves problemas del país; se fue restableciendo un perdido estilo de convivencia jurídica; varias generaciones y grupos pospuestos y preteridos reclamaron su anhelo de incorporarse a la política nacional”.

Volvamos nuevamente a Manuel Caballero. Nos dice que si 1928 fue el inicio de la moderna política en el país, la década de los ochenta será el momento en que hace irrupción la denominada antipolítica que traerá consigo esta aguas en las que hoy nos vamos ahogando. Con ella hace su aparición el autoritarismo y su cara más cruenta que es la dictadura.

Esa década de los ochenta es la década de la agonía de la política. Ese abandono de la política nos trajo hasta aquí. Primero, desde 1998 la presencia, otra vez, de un militar y hoy la de un civil que ha impuesto, en apenas tres años, un régimen de corte militarista.

5. A partir del 2007 la política vuelve a tocar las puertas del país. Los jóvenes universitarios de ese momento salen a las calles de toda Venezuela. Ya se había anunciado que el 27 de mayo, antes de medianoche, Radio Caracas Televisión (RCTV) cesaría en sus funciones. Dejaba de transmitir el Canal 2, que para aquel momento era la televisora de señal abierta con más audiencia, penetración y la de mayor trayectoria en la historia de la televisión en Venezuela.

Las protestas estudiantiles tuvieron como detonante ese cierre, pero a medida que transcurrían los días el reclamo ya no se centraba en la salida del aire de RCTV y lo que significaba para la libertad de expresión. Hay un giro en la protestas y ahora el eje de ellas tiene que ver con la propuesta de reforma constitucional que proponía el Gobierno. Ya no son solo los estudiantes, es la misma sociedad civil la que reclama también.

La propuesta se votaba a finales de 2007 y será la primera derrota electoral que sufría el régimen. Fue otro momento de invención de la política. Muchos jóvenes de ese 2007 se enamoran del juego político y entienden que su vocación es la vida política. Aquí están hoy convertidos en diputados, alcaldes, dirigentes en los principales partidos y grupos de opinión… La influencia de ese 2007 llega hasta nuestros días. Podemos así referir, otra vez, la cita de Asdrúbal Baptista que nos dice que “lo político y lo histórico han de entenderse como inseparables”.

6. Situémonos ahora en lo más coyuntural. Nuestra situación actual tiene que ver con el intento desde el Gobierno, avalado por sentencias del TSJ, de modificar la República tal como la venimos conociendo, darle otra fisonomía al sistema de gobierno, romper definitivamente el equilibrio de los poderes, terminar de desmantelar al Estado y darle vida al modelo de Estado que Hugo Chávez nos proponía en el año 2007 y que se dibuja de manera más clara en el llamado Plan de la Patria.

Para el momento en que este escrito vea la luz, faltarán apenas unos días para el 30 de julio. ¿Se terminará de dar el proceso de elección convocado? ¿Llegaremos hasta allí? Han sido ya un poco más de tres meses de protestas contra el empeño de Nicolás Maduro de imponernos una nueva Constitución. Hemos tenido un centenar de fallecidos. Muchos de ellos jóvenes liceístas y universitarios, algunos profesionales y trabajadores. Es que los jóvenes retornaron a la calle a manifestar, a protestar pacíficamente. Volvió a brotar la política. Esta vez se trata de una generación que ha crecido viendo solamente esta Venezuela desordenada por el llamado chavismo. Se ven en un país y en una realidad muy diferente a la que vivieron y vieron sus padres. Como nos dice Laureano Márquez: “Quien tiene 17 años no ha conocido otra Venezuela, creció en este despropósito y sin embargo su alma ansía lo diferente, barrunta la democracia que no ha vivido porque fue amamantado por un corazón que no conoció la libertad”. A esta juventud, tal como lo revela un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello (ENJUVE 2013), les ha tocado vivir una situación política de intensa confrontación y polarización.

Así, la actuación de estos jóvenes-hoy se puede explicar a través de los datos que nos refleja el ENJUVE 2013-UCAB:

-Casi el 80% de los jóvenes tiene algún interés en la política.

-Más de la mitad de los jóvenes consideran que el Gobierno hace poco o muy poco en lo que respecta al manejo de la economía (68%), el ataque a la corrupción(64%) y la mejora de la seguridad ciudadana(60%).

-El 78% de la población joven expresó que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.

-Ese apoyo expresado a la democracia es mayor a medida que tienen más edad, pertenecen a estratos sociales más desfavorables.

-El 69% se encuentra nada satisfecho o no muy satisfecho por la forma de funcionamiento de la democracia en el país.

-La realización de elecciones, regulares, transparentes y limpias es una de las características esenciales de la democracia más reconocida por la población joven. La encuesta también revela que una mayoría abrumadora (más del 90%) comparte la valoración del voto como instrumento democrático y de cambio.

-Es sorprendente encontrar que el 77% de los encuestados admite que es importante participar en las elecciones para escoger a los representantes.

7. Esos datos nos sirven para explicar como los jóvenes-hoy vuelven a inventar la política frente a las actuaciones extremas que van desde la violencia hasta la convocatoria, otra vez, de lo militar como forma de dirimir nuestros asuntos. Estos jóvenes de hoy lo han venido diciendo en todos los escenarios donde se presentan: “nuestra protesta es pacífica y constitucional”.

Estamos convencidos que de darse la elección de los constituyentistas este domingo y luego de formularse una nueva Constitución, las protestas no cesarán. Los jóvenes seguirán en la calle hasta… El futuro es de ellos y se les niega con políticas que van en sentido opuesto a los cambios que el país necesita y que el 80% de la sociedad reclama. Leamos las encuestas y apreciaremos como está ,en los actuales momentos, el clima de opinión pública.

Los jóvenes han irrumpido otra vez arrastrando a la sociedad civil. No aceptan este desorden que se ha extendido a todos los ámbitos de nuestras vidas. Los jóvenes reclaman para-sí y para la República no el orden y la paz que quiere imponer la dictadura. Por eso, como nos dice Mariano Picón Salas:

“Toda gran política necesita para realizarse la organización de una minoría responsable en la que se interprete y delegue­ el querer–a veces confuso, de la mayoría–. No habrá lógica y desenvolvimiento de un país, si ella falta en el grupo gobernante; y la incógnita que hasta ahora plantea(…) es precisamente la de que la nación encuentre para aquel instante sus intérpretes y ejecutores”.

¡Ojalá que así sea!

Los jueces de la libertad; por Ramón Escovar León

Luego de la caída de la Bastilla nace el principio de separación de poderes y la figura del juez independiente. Se separa el Poder Judicial de la administración y del Legislativo sobre la base de las enseñanzas de Montesquieu. Tal valor democrático se proyectó sobre la primera Constitución venezolana de 1811, la cual fue de

Por Ramón Escovar León | 25 de julio, 2017
Fotografía de Juan Barreto para AFP

Fotografía de Juan Barreto para AFP

Luego de la caída de la Bastilla nace el principio de separación de poderes y la figura del juez independiente. Se separa el Poder Judicial de la administración y del Legislativo sobre la base de las enseñanzas de Montesquieu. Tal valor democrático se proyectó sobre la primera Constitución venezolana de 1811, la cual fue de corta duración. Luego se inició un largo e indetenible proceso de producción de nuevos textos constitucionales, lo que evidencia el conflicto entre Constitución y realidad. La democracia supone un límite al poder que se logra con instituciones independientes que cumplan con su rol de contrapeso, para evitar su concentración en pocas manos.

La detención arbitraria del profesor Ángel Zerpa ocurrida el pasado 22 de julio pone nuevamente en evidencia la falta de independencia judicial y la manera como la magistratura puede transformarse en un arma política dispuesta a “lo que sea”. Esta aprehensión fue precedida por la sentencia número 545/20.07.17 de la Sala Constitucional, la cual anunció que los venezolanos que estaban por ser elegidos magistrados cometían el delito de usurpación de funciones; y al mismo tiempo ratificó el supuesto desacato de la Asamblea Nacional (AN). La elección de los nuevos magistrados se llevó a cabo el 20 de julio, el mismo día que se dictó la referida sentencia 545.

Apenas se materializó la elección, la Sala Constitucional (SC), en una rueda de prensa con su presidente como vocero, dio a conocer el contenido de la mencionada sentencia y “reiteró la advertencia”: quienes “se pretendan investir de magistrados o magistradas” incurren en “usurpación de funciones” y “traición a la patria”, este último enjuiciable en la jurisdicción militar. Señaló igualmente que “corresponde a las autoridades competentes, civiles y militares, ejecutar las acciones de corrección pertinentes a fin de mantener la paz y seguridad nacional”.

Luego de la rueda de prensa, y en menos de 24 horas, la policía política ejecutó la orden y “detuvo” al profesor y magistrado Ángel Zerpa sin que se le hubiese seguido un proceso judicial y sin haber ejercido su derecho a la defensa. Tampoco hubo la necesaria participación del Ministerio Público en su “detención”. Al contrario, se le sigue un juicio militar —pese a ser civil— y se ordenó su privación de libertad sin garantías al derecho a la defensa. Es sabido que los juicios militares contra civiles solo operan en dictaduras. No se está juzgando al profesor y magistrado por su juez natural, lo que hace aún más grave la violación a sus derechos fundamentales. Tal arbitrariedad es muestra de que los derechos constitucionales no existen para los opositores al régimen, puesto que son calificados como “traidores a la patria”, “agentes del imperio” y expresiones semejantes para condenarlos sin pruebas. Disentir equivale a “traición a la patria” para esta peculiar manera de ver la confrontación política.

La Sala Constitucional en su decisión 545 afirma que en el proceso de elección de los nuevos magistrados se cometieron vicios que constituyen violación a los “principios de legalidad, seguridad jurídica y orden público constitucional”, y que además, la oportunidad para la elección había precluido en diciembre de 2015. Sin embargo, la decisión fue suscrita por cuatro “magistrados”exprés que tenían interés en el asunto porque fueron removidos por la AN y ellos son la causa de la disputa (llama la atención que Gladys Gutiérrez no firma sino un suplente, también exprés). Estos “magistrados” exprés han debido inhibirse de conocer el caso y al no hacerlo vician la sentencia que dictaron.

El proceso de elección de aquellos magistrados tuvo lugar el 23 de diciembre de 2015, y se realizó arbitrariamente en violación de la Constitución y la ley. Lo primero que destaca es lo dispuesto en el artículo 263 de la Constitución que señala los requisitos necesarios para ser magistrado: “haber ejercido la abogacía durante un mínimo de quince años y tener título universitario de postgrado en materia jurídica”. A estos requisitos se añaden el haber sido profesor universitario por un tiempo no inferior a quince años o haber sido juez por el mismo tiempo o haber sido juez superior en la especialidad de la materia de la sala para la cual se postula, amén que se exige disfrutar de prestigio “en el desempeño de sus funciones”; tener la categoría de titular, y ser reconocido por una buena reputación.

Del baremo que se elaboró al evaluar a los exprés, se podrá advertir que no cumplen con las señaladas exigencias constitucionales. Es necesario que se publique el baremo usado en 2015 y el actual para que puedan contrastarse los méritos y credenciales de las personas elegidas. Así Venezuela y el mundo podrá apreciar las diferencias que existen.

En la elección del año 2015 no se acataron las disposiciones previstas en la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, en el Reglamento del Comité de Postulaciones ni en el Reglamento Interior y de Debates de la Asamblea Nacional. Este hecho lo denunciamos un grupo de abogados en un escrito presentado en la Asamblea Nacional en diciembre del 2015. Entre las violaciones cometidas a las que se refiere dicho texto están: la extemporaneidad de la convocatoria, la violación en la publicación de los postulados, la falta de indicación del lapso de impugnación, la omisión en la sustanciación de las impugnaciones, la falta de información sobre el baremo para la preselección, y la omisión de la consulta al Poder Ciudadano. Todo esto requería que la Asamblea Nacional, en ejercicio del principio de la autotutela, corrigiera los vicios y anulara la elección.

A todo lo señalado se añade que el artículo 256 de la Constitución Nacional prohíbe a los funcionarios judiciales el activismo político, lo cual es obvio pues se requiere que los magistrados sean imparciales en el ejercicio de su investidura. Sin embargo, en las designaciones realizadas el 23 de diciembre de 2015 —y en las anteriores— fueron elegidos activistas del partido oficialista e incluso parlamentarios del Psuv que, de forma ficticia y aparente, “renunciaron” a su militancia partidista pocos días antes de la elección. Como señalé antes, esto fue objeto de impugnación por un grupo de abogados ante el Comité de Postulaciones el día 18 de diciembre de 2015, las cuales nunca fueron tramitadas, lo que demuestra que el procedimiento está viciado de nulidad absoluta.

En Venezuela estamos viendo un enloquecimiento del poder que se ha acicateado por la falta de controles institucionales y por la ausencia de la separación de poderes. El más protuberante es la falta de independencia del Poder Judicial por su sumisión al gobierno. El juez servil al Ejecutivo es propio de las dictaduras y de los regímenes tiránicos. Esta falta de independencia repotencia el conflicto de intereses cuando jueces deciden por causas políticas a favor del grupo al que pertenecen, o incluso, a favor de sí mismos. El juez sumiso es una burla a la justicia y lo que hace es perturbar la paz, como en efecto lo estamos constatando los venezolanos. El “magistrado” que así actúa lo hace porque no conoce ni le interesan los modales republicanos ni los protocolos de la justicia. Su misión es defender el ideal revolucionario que de manera dogmática le imponen sus jefes, a quienes realmente representa.

Con la elección del penalista Ángel Zerpa y de los restantes 32 abogados, la AN pretende ir incorporando a la Magistratura judicial a un grupo de jueces calificados que puedan ofrecer, en la materia de su especialidad, una justicia independiente que garantice los valores democráticos. Ellos están llamados a ser los jueces de la libertad, necesarios para garantizar los valores republicanos y la dignidad de la magistratura. (Es necesario que la AN en el futuro elija a los jueces según sus especialidades. El penalista Zerpa habría sido mejor en la Sala Penal que en la Político Administrativa).

Solo es posible recuperar la libertad con jueces independientes. Como dice Eduardo Couture en uno de sus mandamientos del abogado:

“Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz”.

4 cosas que debemos aprender de la Guerra Civil Española; por Andrés Cañizález

Durante las últimas semanas, en medio de las protestas y represión que ha sacudido a Venezuela, intenté abrir un espacio a la lectura y reflexión. Finalmente pude leer la totalidad de La República española y la guerra civil (1931-1939), del estadounidense Gabriel Jackson. Ha sido una lectura interesada la mía. Revisando lo ocurrido en España,

Por Andrés Cañizález | 20 de julio, 2017
Fotografía de Robert Capa

Fotografía de Robert Capa

Durante las últimas semanas, en medio de las protestas y represión que ha sacudido a Venezuela, intenté abrir un espacio a la lectura y reflexión. Finalmente pude leer la totalidad de La República española y la guerra civil (1931-1939), del estadounidense Gabriel Jackson. Ha sido una lectura interesada la mía. Revisando lo ocurrido en España, que minuciosamente este historiador describe, encontré algunos temas palpitantes conectados con nuestro aquí y ahora.

Mi acercamiento previo a la Guerra Civil Española había sido más bien de carácter cinematográfico. Entre los filmes que marcaron mi juventud siempre recuerdo Las bicicletas son para el verano, una entrañable historia de cómo se vivió el asedio de Madrid, de Jaime Chavarri (1984). Vi muchos otras películas ambientadas en aquellos años como La Vaquilla, de Luis García Berlanga (1984), Si te dicen que caí, de Vicente Aranda (1989), Ay, Carmela, de Carlos Saura (1990), Tierra y libertad, de Ken Loach (1995) y La niña de tus ojos, de Fernando Trueba (1998).

El libro de Jackson lo he tenido conmigo, como asignatura pendiente, desde hace un par de décadas. Sin duda, era éste el tiempo oportuno de leerlo. No escribo una reseña, tampoco es un resumen del libro de Jackson, simplemente comparto los asuntos que me parecieron medulares leyendo aquellos sucesos desde Venezuela, en julio de 2017.

La anarquía y fragmentación como antesala de la guerra

Tal vez lo más importante del estudio de Jackson lo constituye en la recreación del escenario político, social, económico y sindical de España en los años previos a la guerra civil. Es un país tensionado entre el anhelo modernizador de la clase media urbana, la tradición monárquica que se resiste al cambio, el poder feudal en las zonas rurales, junto con la más variopinta expresión política.

La imagen que queda de aquel período es de un país que no tiene un liderazgo modernizador sólido y cohesionado. En el terreno netamente político-partidista, la España previa a la guerra está signada por la construcción de alianzas circunstanciales, algunas francamente débiles. Tales alianzas, por su propia debilidad, no tenían la capacidad de controlar todas las acciones de sus integrantes, con lo cual en realidad lo que existía era una notable fragmentación política, tanto en la derecha como en la izquierda (signos ideológicos que tenían un peso determinante en aquel momento histórico). Tal segmentación en no pocos casos desembocaba en acciones anárquicas que sencillamente obstaculizaban decisiones y políticas públicas que en el plano macro-político se habían acordado.

Las elecciones no garantizan democracia

La guerra civil en España tiene lugar luego de reiterados procesos electorales, algunos de ellos con una masiva participación ciudadana. La realización de elecciones, por sí solas, no terminan siendo garantía de que habrá democracia en un país. Junto con las elecciones, y eso lo evidencia el caso español, tenía que haberse dado un estricto apego de los actores políticos, sindicales y militares (que eran claves en España) al resultado de las elecciones.

El propio sistema político-institucional, que vivía una transición posmonárquica, necesitaba reinventarse con la generación de nuevos pactos de gobernabilidad. No todos los actores lo entendieron y algunos de ellos (tanto desde la izquierda como desde la derecha) jugaron al “suma-cero”. La debilidad que cada actor tenía en el período prebélico hizo imposible que pudiera establecerse una agenda única para la transición que claramente había emanado de las urnas.

En los años previos a la Guerra Civil Española podría decirse que hubo un desgaste, acelerado en algunos casos, de la fe en las soluciones políticas a la crisis. La acción anárquica y desordenada de algunos actores cimentó esa falta de fe en que la política podría ser el camino para generar un nuevo pacto democrático. La complicación política-institucional, en el caso de España, tenía factores adicionales en los ámbitos culturales y territoriales, añadiendo un nivel de complejidad dada la voluntad de no desmembrar al país, que tenían los factores centrales de poder, junto con el avance autonomista que impulsaban Cataluña o el País Vasco, en aquel contexto.

La violencia es una espiral

Las acciones francamente bélicas en España, que incluyeron la participación de equipamiento y hombres de Alemania, Italia y la Unión Soviética, no comenzaron por arte de magia. En realidad, la guerra civil fue incubándose durante los años previos y, en eso, el libro de Jackson resulta aleccionador. El autor retrata la irresolución de la crisis política, la anarquía de los actores (acompañada de la violencia) y el progresivo convencimiento de que sólo con un enfrentamiento armado España encontraría la paz (por más contradictorio que esto parezca).

La España previa a la guerra civil se fue “acostumbrando” a una espiral de violencia que progresivamente subía de escala. Hubo inicialmente escándalo por el asesinato de dirigentes políticos y sindicales connotados, pero luego se fue naturalizando esa violencia. El clima desembocó en matanzas en pueblos por razones netamente políticas, los civiles paulatinamente se armaron (con lo que tuvieran a su alcance) y la dirigencia política (de izquierda y derecha) ciegamente sólo veía la paja en el ojo ajeno. La violencia era condenada por aquellos dirigentes cuando los muertos eran de su bando político.

La falta de una condena enérgica del liderazgo político hacia la violencia en general (sin distinguir afinidades políticas) es tal vez el signo más preocupante en el clima español que desemboca luego en la guerra civil. La voz de los intelectuales –que en su momento a partir de la proclamación de la república (en 1931) había tenido fuerte eco– se fue desvaneciendo en el fragor de una lucha política que se hizo visceral.

La venganza como herramienta del vencedor

La violencia que efectivamente también protagonizaron los republicanos, tuvo una clara revancha por parte del nacionalismo vencedor con el generalísimo Franco a la cabeza. Hay tres acciones que ahondaron las heridas que han acompañado a la sociedad española: 1. La falta de una política conciliatoria e integradora para los vencidos; 2. la imposición de una política de aniquilamiento en aquellos territorios que ya se habían rendido; 3. el cobro con retroactivo de posiciones políticas anteriores a la guerra civil de adversarios que incluso no habían empuñado armas.

De acuerdo con estudios dedicados exclusivamente al exilio español, posterior a la guerra civil, a Venezuela llegaron casi 3.000 exiliados españoles. En Francia hubo unos 200.000 y a México arribaron 25.000 incluyendo a figuras políticas relevantes republicanas que debieron exiliarse. La diáspora republicana se extendió por dos docenas de países.

Mito y política; por Freddy Javier Guevara

No hay venezolano que en una mirada retrospectiva no quede atónito ante el vértigo mutante de la realidad que le circunda, ante el acertijo de cómo el país se desbarrancó. En una entrevista a Manuel Llorens publicada aquí en Prodavinci, surgió una señal. El sugerente encabezado de la conversación era el siguiente: “No hay símbolo que aglutine el descontento”.

Por Freddy Javier Guevara | 19 de julio, 2017
Leyenda Zeus arrojando un rayo a Tifón. Detalle de una vasija de agua. 530 A.C.

Leyenda Zeus arrojando un rayo a Tifón. Detalle de una vasija de agua. 530 a.C.

No hay venezolano que en una mirada retrospectiva no quede atónito ante el vértigo mutante de la realidad que le circunda, ante el acertijo de cómo el país se desbarrancó. En una entrevista a Manuel Llorens publicada aquí en Prodavinci, surgió una señal. El sugerente encabezado de la conversación era el siguiente: “No hay símbolo que aglutine el descontento”.

Se refería, por supuesto, al atolladero y la desesperación de una sociedad que no ve el final del túnel. La proposición del título aludía, de manera tangencial a la necesidad hallar un rastro perdido.

El símbolo

Cuando en lenguaje coloquial decimos que algo es un “símbolo”, o que es “simbólico”, implica que algo más allá de los límites racionales abarca nuestro entendimiento. Algo tácito rodea su figura como una nebulosa, fuera de lo concreto del contenido literal. Así se confiere una imagen latente, no explícita, a aquello que nuestra consciencia quiere expresar con palabras. Y es así como su influencia penetra el ámbito de lo inconsciente.

La cultura es simbólica: la religión, los rituales, el arte y la poesía son simbólicos. Los sueños también lo son. La forma como hacemos las cosas es simbólica y está respaldada por configuraciones inconscientes que son arquetipales, tienen un significado y han evolucionado con la cultura del hombre. Por esa razón, cada pueblo tiene sus tradiciones.

Pensar en forma simbólica solo se le es atribuido al ser humano, pues la proposición requiere de complejidad en el lenguaje y de una aproximación a la imaginación, posible solo en el homo sapiens.

Lo importante del símbolo es que es de utilidad para propiciar la imaginación y crear realidades paralelas como el mito. Todas las civilizaciones, sin excepción, crean sus propios mitos.

Alan Barnard2, profesor de Antropología de África meridional de la Universidad de Edimburgo, refiere:

“Una vez que el pensamiento simbólico ocurre, influencia el lenguaje, rituales, música, arte y creencias, y un desarrollo más completo del lenguaje. Y de estas formas culturales eventualmente brotará la complejidad lingüística que se requiere para el pensamiento mitológico”.

La observación de Barnard sugiere que la generación del mito comienza con el pensamiento simbólico, tiene un carácter evolutivo y hunde sus raíces en las profundidades psíquicas de nuestros ancestros. Está atado a lo más hondo de nuestros orígenes y forma parte del inconsciente colectivo*.

Jung3 decía:

“Como hay innumerables cosas más allá del entendimiento humano, usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico o imágenes”.

Se puede agregar que todas las ideologías se benefician del lenguaje simbólico. También las organizaciones sociales. Así configuran argumentos particulares que se apoyan, generalmente, de forma no explícita en un mito de creación. Las analogías y metáforas que colman el lenguaje, propician lo simbólico. Aportan profundidad a la expresión verbal, más allá del espacio de lo inteligible que se le atribuye a la realidad concreta.

Borges4 afirma que las metáforas “son la unión de dos cosas distintas”. Si digo que el azul del mar habita tus ojos, es una metáfora de la inmensidad, de la profundidad alrededor de tus pupilas. Si digo que su voz tiene la fuerza del trueno, le confiero un aspecto sobrenatural a la persona a quien atribuyo una alocución o un discurso.

Lo que alude J.L. Borges, no es cosa menuda, pues si los mitos están compuestos de metáforas simbólicas, lo opuesto entre dos cosas, por ejemplo, fuego y agua, combinados dentro de las imágenes de las metáforas, prefiguran lo mítico; es decir, lo contradictorio entre ficción y realidad deja de ser un problema a resolver por la razón.

De esta manera se crean en la arenga de la gente, de boca en boca, donde el contrasentido de las asombrosas analogías o metáforas que hacemos sobre personas, o sobre la realidad son, en parte, lo que las transforma en ficciones con vida propia, asumiendo así un rango sobrenatural.

El mito

El mito en toda sociedad moderna siempre está allí presente, en los estratos más o menos educados de un colectivo de individuos, o más allá, en todos los ciudadanos que componen una nación. El propio García-Pelayo6 argumenta que “la formación de una teoría política destinada a su entendimiento y, en general, una racionalización de la ‘cultura política’…, sólo aparecieron por primera vez en la Grecia del iv siglo a.C. Hasta entonces, la realidad política, al igual que toda realidad, fue interpretada en términos míticos”.

Con respecto al título de la entrevista hecha a Llorens, cuando se observa una sociedad que abriga con desespero el anhelo de organizarse en torno a una figura que represente o simbolice sus valores como un líder, se tiene certeza de que aspectos regresivos han anidado en el inconsciente de la estructura de esa psique colectiva. Se ha devuelto al mito cosmológico. Esa sociedad retrocede a lugares primigenios en los cuales las organizaciones tribales lidiaron para constituirse en una comunidad amalgamada. Las tribus necesitaban reprimir ciertos aspectos sociales, individuales y psíquicos para obtener un fin común y “conveniente” para el grupo.

Los jefes tribales estaban investidos con aspectos simbólicos y atributos sobrenaturales para guiar a su gente. Existe identificación en una especie participación mística** del pueblo con el jefe tribal. A veces, ostentaban un nombre de ficción compuesto por el carácter de ciertos animales, quizá un tótem de la tribu: Toro sentado, arañero, etc. Algunos gobernantes o reyes que han dirigido en tiempos difíciles se les acuñan apodos similares. A Winston Churchill se lo elogió con el apodo del león británico, a lo que él respondió: “El león británico fue el pueblo, yo solo di el rugido”.

El adversario o enemigo externo, real o imaginario, es una condición psíquica para las tribus, pues de esta forma se cohesionan mejor. A partir de la perversión de esta característica tribal, existe la posibilidad de que yazca aquí el origen de los populismos, pues no es casual que estas formas políticas se apoyen en mitos folclóricos en los que el enemigo es fundamental.

En el populismo que ha existido en Venezuela, el Gobierno siempre tiene un enemigo interno a vencer: la derecha apátrida, los escuálidos, la oligarquía, los terroristas; o externo: el imperio. Y la forma como el Gobierno es atacado, siempre es una ficción compuesta de realidad y fantasía delirante: La CIA nos espía desde los aparatos de televisión de nuestras casas. Este tipo de gobierno cuasi tribal, que necesita a muerte la identificación con un jefe, favorece la psicosis de masa, inconsciente y destructiva, pues todo un pueblo está en manos del líder y sus apetitos.

Siguiendo con el mito, Manuel García-Pelayo7 acota:

“Hay una diferencia fundamental con épocas anteriores, consistente en que a partir de ahora existe la consciencia de una tensión entre el mito y la razón… Pero en todos los momentos críticos de la vida social del hombre, las fuerzas racionales que resisten al resurgimiento de las viejas concepciones míticas pierden la confianza en sí mismas. En esos momentos se presenta de nuevo la ocasión del mito”.

El mito vive entre nosotros como una sustancia proteica y vigorizadora: tiene existencia propia. Razón y mito conviven en complacencia en las sociedades contemporáneas, y no son excluyentes. Así también cohabita lo racional y lo irracional en nosotros; sin embargo, como se ha observado en los estudios modernos de psicología, lo irracional es desconocido, inmenso, profundo e imponderable: la razón está atada a los límites de la consciencia. Al contrario de lo que se piensa, el hombre es un ser irracional domesticado por la cultura.

El balance entre estos opuestos se pierde cuando la realidad, tal cual es, pierde su “sentido y significado” y se intercambia por espejismos: “hagamos la revolución”, “pa’ lante, comandante”, “make America great again”, etc. Slogans vacíos de contenido que atizan la fantasía del mito.

Así los complejos autónomos de un colectivo, de los que no se tenía una consciencia real, adquieren una energía inusual. Por ejemplo, en el caso de Venezuela: “la deuda social”, la pobreza, la emoción de envidia tan vigente en la sociedad venezolana, la ficción de la riqueza petrolera, y al final, el mito originario de los héroes de la nación. Habría que agregar que la energía de estos complejos autónomos se alzó en Venezuela sobre la histérica puerilidad de la psique de su colectivo.

Los espejismos que inducen el desbalance entre realidad y mito suceden cuando existen fallas tectónicas psíquicas en las estructuras de una comunidad, a las cuales les podemos dar el nombre de heridas en el alma de una sociedad. Ya en el ámbito del mito no se necesitan los conceptos que nos aproximen a la razón. Mentiras y verdades tienen el mismo valor. Las contradicciones más bien aúpan la imaginación que favorece la mitología original.

Se ha observado cómo en algunas campañas electorales, en el pasado y en la actualidad mundial, en las que se combinan populismo, fanatismo, psique colectiva tribal y mito, lo falso y lo verídico van de la mano y adquieren a misma estima para el público que no discierne.

La elección de Trump en los Estados Unidos, por ejemplo, no es una sorpresa. Se hizo realidad gracias a que su campaña se fundamentó en el mito singular de esa nación, que entre otras cosas incluye: el sueño americano, la supremacía del hombre blanco, el racismo acérrimo que nunca ha sido sanado en realidad, la tenencia de armas por cualquier individuo, independientemente de su condición mental, la consideración del género femenino como inferior. Y la estupidez de lo “políticamente correcto”.

Lo impresionante es que haya sucedido luego de que ese país tuvo el primer presidente negro de su historia, y que con frecuencia existan matanzas de personas inocentes por individuos armados y desequilibrados, creando dolor y duelo en las familias de los ciudadanos estadounidenses. Además, lo peor, la ley encarnada en la policía decide si mata a alguien o no, por el color de piel. Este hecho delata que en ese país todavía no hay una compensación de opuestos, ni equilibrio en la balanza. Y posiblemente estos elementos sean los que desaten su decadencia.

Si las tradiciones fracasan en asimilar las nuevas ideas y los proyectos, al final los logros y alcances conquistados por las propuestas novedosas se desvalorizan. Surge así el vacío. La colectividad se hunde en la ansiedad y el miedo por lo incierto del destino. Se desequilibran los opuestos: razón y mito, y al tener preponderancia lo irracional en el hombre, el colectivo opta por la seguridad que emana de la energía del mito. Como consecuencia, hay una regresión y lo mítico adquiere el brío de la realidad.

Al desembocar las nuevas proposiciones, ideas, reflexiones y emociones en el delta del mito, por no haber sido asimiladas por las viejas creencias, pierden lo humano que en éstas existía y son devoradas por lo sagrado de lo mítico. Ya no serán las reflexiones novedosas que pudieran guiar un colectivo. Se asimilarán al dogma del momento que puede ser político, religioso, teórico o ideológico, y se harán parte de la estructura del mecanismo que las ha pervertido: fascismo, comunismo, nazismo, castrismo, chavismo, estado islámico, o trumpismo.

El problema se suscita debido a que el símbolo, y las redes del mito que lo rodean, al ser una polaridad se lo tragan todo e incrementan en sí lo destructivo y sombrío del polo opuesto: lo racional. Habría que pensar en este instante en la Alemania nazi y, por qué no decirlo, el mal que en la actualidad se ha ido sembrando en la sonrisa de los gobernantes de Venezuela, quienes gota a gota, y por detalles, han ido regando de inseguridad, muerte, inflación invivible, enfermedad, desastre en los servicios públicos, convirtiendo el país en un gran campo de concentración y a sus inquilinos poco a poco en desalmados.

Ya dentro del mito, es así como aparecen estos cuentos que lucen absurdos, pero no lo son: cuando alguien que representa un cargo preponderante en una nación dice que en una capilla de una iglesia oyó un pajarito que cantaba, y por el canto, supo que era el recién muerto presidente. Persona muy importante en el imaginario colectivo popular nacional. Y el funcionario inmediatamente le responde con un silbido y ambos establecen comunicación. Está apelando (no se sabe si de forma consciente) al mito cosmológico y, por qué no, incluso, al mito de la Trinidad y el Espíritu Santo.

El pájaro que habla representa lo de arriba, lo sobrenatural. El lugar escogido es perfecto, la iglesia, un espacio sagrado, y quien lo escucha, asume que es su elegido sobre La Tierra, supuestamente investido por la divinidad.

Los signos, símbolos y los mitos sirven para conservar unida a una nación, o la ideología de un Estado en contra de su destrucción. Eso es claro, pero la cultura suaviza su significado y la influencia que tienen en el colectivo de sus ciudadanos.

Las regresiones

La evolución de la humanidad se ha hecho, entre otras cosas, a punta de regresiones, y en el estudio de la historia se observa que los humanos tenemos cierta afición por éstas.

Al presentarse circunstancias adversas en la realidad, a veces se precisa de las fuerzas primordiales para adaptarse, sin embargo es un azar el pretender que las regresiones sean una garantía para retomar el camino extraviado. Encontrar el hilo de Ariadna no es fácil, pues entre las características de lo regresivo está el perderse, o quedar anegado en las arenas movedizas de lo ancestral.

Al adentrarnos en el ámbito de las fuerzas primarias de la evolución, las leyes se desvanecen. Es el mismo terreno que pisan los titanes. Allí todo es permitido, hasta devorar a los hijos. La violencia de la barbarie es la única norma.

Se pueden detectar algunos aspectos regresivos en la psique colectiva de una nación, cuando por un lado, a un individuo se le atribuyen rasgos mesiánicos y religiosos, y por el otro, esa misma persona ostenta los poderes terrenales de un gobierno. Es decir, que simbolice la providencia de un país como si estuviese iluminado por fuerzas “divinas”, y a la vez detente en sus manos todas las fuerzas institucionales y coercitivas que componen un Estado.

Con la aparición del cristianismo en las tierras del imperio romano con su: “Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, se produce la escisión primigenia entre lo terreno y lo divino. Que será ampliada a través de la historia, teniendo como expresión extraordinaria la Revolución Francesa. Con ello el laicismo, adquiere anuencia de ciudadanía. La huella de esta escisión tiene una referencia en el colectivo de las repúblicas del mundo occidental. Cada quien es responsable de su creencia y la ejerce de manera que no coarte la libertad de los otros o, por lo menos, debería ser así.

En el Occidente, católico o protestante, el Dios todopoderoso, con su sapiencia espiritual y terrenal, sólo lo ha sido encarnado por un hombre: Jesucristo. Para observar las manipulaciones del mito cristiano por los políticos, por ejemplo, hay una reciente. Cuando Lula Da Silva fue sometido al escarnio público con su juicio, dijo: “En popularidad, solo me gana Jesucristo”, también hizo alusiones a la vida de Cristo comparándola con la suya. Allí demostró, de forma clara, un encubrimiento tras el mito y, por qué no decirlo, su hybris***.

A nuestro pesar, la historia siempre es paradójica. Y cada cierto tiempo, aparecen esas figuras que pueden ser presidentes, líderes carismáticos, dictadores, héroes nacionales, vengadores con ideologías sociales, salvadores de la patria, millonarios con fórmulas mágicas para mejorar la economía de un país y paremos de contar.

La figura sólo debe tener un atributo: representar algo simbólico, un “mesías”, un “rey”, o alguien visionario, dotado de una “sabiduría” fuera de lo común, al cual se le atribuyen casi los rasgos de un semidiós y, como consecuencia, debe detentar el poder “per saecula saeculorum”. Luego de su muerte, sus ideas deben ser compartidas, reverenciadas, seguidas por el colectivo, sin desviación y así formar parte del mito de una tribu, una nación, incluso un continente.

En América Latina hay un ejemplar: Fidel Castro. A pesar del exceso de los aspectos oscuros de su figura, sus seguidores van y vienen y se cambian de vestimenta, pero él sigue allí. Ahora más, luego de que ha muerto y su mito se extiende como una onda tóxica y fantasmal.

En realidad las ficciones de los líderes mesiánicos y megalómanos del mundo son siempre las mismas: perdurar en el imaginario colectivo de quienes representan. Aunque, al final, se transformen en un espectro como la momia de Lenin, en Moscú. En Rusia, por ejemplo, siempre habrá el fantasma de la búsqueda de líderes carismáticos que representen el poder hegemónico, e “indestructible”, como el que una vez ostentaron los zares y luego imitó el imperio soviético. Un símbolo entre tantos es la momia de Lenin, so pena de padecer lo que le sucedió a Mijaíl Gorbachov.

El que orienta los caminos de una sociedad en el mundo democrático occidental, es habitualmente un presidente, o un primer ministro. Él representa el lugar de arriba, pero no interpreta un símbolo sino un espacio desde donde dirige de forma transitoria los pasos de una nación. Está investido del máximo poder y autoridad, ceñido a las leyes que rigen la estructura social de un Estado, sin embargo, es un poder terrenal, con límite de tiempo y con funciones ajustadas por las asambleas o congresos, elegidos por sufragio. Esas instituciones son las que deberían ostentar lo simbólico en una nación moderna.

Hay una dinámica en el inconsciente colectivo que trasforma las sociedades. Lo podríamos llamar espíritu de los tiempos y es independiente de la voluntad de sus líderes; claro está, a menos que se petrifiquen, como es el caso de Cuba o Corea del Norte, por ejemplo.

Lo perverso está en que se obligue con la ortopedia del poder a imponer un sistema político como el comunismo a una sociedad que lo rechaza por no tener tradición de esa forma desprestigiada de vivir.

C.G. Jung8 señala que “el significado de los símbolos depende enteramente del estado de consciencia del individuo”.

En Venezuela, en 1999, hubo alguien que aglutinó el descontento. Representó un símbolo y las propuestas que requería el país para darle una respuesta al reto de modernizarse fueron sustituidas por autoritarismo. Luego de su muerte, el símbolo se perdió y se quebró. Sus seguidores tratan de sostener el símbolo. Se le llama galáctico, eterno, buscando lo divino. Y rinden culto a un mito que ya no existe.

Al perderse el símbolo aparece el caos porque dicha pérdida induce desintegración de todo orden construido sobre falsas estructuras. Desaparecido el mito, sucede la degeneración y surge el mal. Hoy la ciudadanía venezolana sufre y lucha por liberarse de tal escogencia.

***

Referencias

* Inconsciente colectivo: término acuñado por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, quien postuló la existencia de un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón.

** Participación mística: término acuñado por el antropólogo francés Lévy-Bruhl, indicando ausencia de límites, una sensación de fusión entre el organismo humano y su medio ambiente.

*** Hybris: es un concepto griego que puede traducirse como “desmesura”. Un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales terrenales.

[1] Hugo Prieto. Abril 2016. “No hay símbolo que aglutine el descontento”. Entrevista a Manuel Llorens. Prodavinci.

[2] Aland Barnard. 2012. Genesis of Symbolic Thought. Cambridge University Press, P 147.

[3] C. Jung. El Hombre y sus símbolos, 1995. Paidos. P 21.

[4] Jorge Luis Borges. 2001. Arte poética, Seis conferencias. La Metáfora. Crítica Letras de la Humanidad. P 37.

[5] Manuel García-Pelayo. 1981. Los Mitos políticos. Alianza Editorial. P16-17.

[6] Manuel García-Pelayo. 1981. Los Mitos políticos. Alianza Editorial. P 12.

[7] Manuel García-Pelayo. 1981. Los Mitos políticos. Alianza Editorial. P 19.

[8] G. Jung. 1932. La psicología del yoga Kundalini. Editorial Trotta. P141.

La consulta del 16J desde la mirada de Gallegos; por Ramón Escovar León

Las imágenes de los venezolanos votando civilizadamente en la consulta popular del pasado domingo, evidencia que la dictadura militarista-populista que tiene atenazada a Venezuela ha recibido una clara señal de repudio. Esta expresión de la voluntad popular debe llevar al gobierno a retirar su constituyente fraudulenta. Difícilmente Venezuela haya visto un gobierno con tanto rechazo

Por Ramón Escovar León | 18 de julio, 2017
Fotografía de Maura Morandi

Fotografía tomada por Maura Morandi durante la Consulta Popular organizada por la Mesa de la Unidad Democrática el 16 de julio

Las imágenes de los venezolanos votando civilizadamente en la consulta popular del pasado domingo, evidencia que la dictadura militarista-populista que tiene atenazada a Venezuela ha recibido una clara señal de repudio. Esta expresión de la voluntad popular debe llevar al gobierno a retirar su constituyente fraudulenta. Difícilmente Venezuela haya visto un gobierno con tanto rechazo interno y desprestigio internacional. ¿Cómo ha sido esto posible? Hay varias razones pero la más evidente es el intento de implantar a troche y moche un modelo —el comunista— al estilo cubano que solo puede garantizar su propio fracaso. El pueblo mayoritario asocia al régimen y su modelo con miseria, represión, corrupción, hampa y hambre en un ambiente de intolerancia en el que los jerarcas hablan, se mofan, amenazan y ofrecen, sin parar y sin conocer sus límites, lo que no pueden cumplir.

Para explicar lo antes señalado, tomaré como referencia un bastión de nuestra cultura literaria y política: Doña Bárbara del gran Rómulo Gallegos. Entre las muchas reflexiones que esta obra ofrece hay dos que merecen especial comentario. En primer lugar, el capítulo 10, que tiene un pasaje que nos enseña que a veces el éxito está garantizado para quienes hablan sin parar de lo que no saben. Se trata de lo que Lorenzo Barquero le dice a Santos Luzardo: “Sabía que todo aquello que los demás admiraban en mí era mentira. Lo descubrí a raíz de uno de los triunfos más celebrados de mi vida de estudiante: un examen para el cual no me había preparado bien. Me tocó desarrollar un tema que ignoraba por completo, pero empecé a hablar, y las palabras, puras palabras, lo hicieron todo. No solamente fui bien calificado, sino hasta aplaudido por los mismos profesores que me examinaban. ¡Bribones! Desde entonces comencé a observar que mi inteligencia, lo que todos llamaban mi gran talento, no funcionaba sino mientras estuviera hablando; en cuanto me callaba se desvanecía el espejismo y no entendía nada de nada. Sentí la mentira de mi inteligencia y de mi sinceridad”. Este es sin duda uno de los momentos de mayor esplendor de esta obra, cuya capacidad de leer y recrear nuestros arquetipos vernáculos es, en mi opinión, su mayor logro.

El pasaje citado describe a quien habla sin parar de lo que no sabe y con eso pretende deslumbrar a sus oyentes, que serían más ignorantes que el propio parlanchín. Es lo que ha sucedido en los últimos dieciocho años, con una dirigencia que habla sin acompañar con hechos sus dichos y que, en consecuencia, cada día cuenta con menos seguidores. Primero fue Chávez, quien podía lanzar jerigonzas interminables sin decir nada concreto, salvo ofrecer planes cuya ejecución echaron las vigas maestras del régimen que ha convertido a Venezuela en una auténtica pesadilla. Y luego Maduro, que, tratando de imitar a su mentor, construye un discurso que termina siendo pobre y torpe. Esa habladera sin sustancia —salvo amenazas e insultos— corresponde con lo que le narra Barquero a Luzardo, pues su “inteligencia” solo funcionaba “mientras estuviera hablando”. En otras palabras, algunos únicamente funcionan mientras asocian palabras vacías de contenido, como lo haría Cantinflas. Esta es una de las enseñanzas que nos deja el capítulo de Doña Bárbara antes señalado.

En segundo lugar, hay que destacar la situación que se genera debido a la indefinición de los linderos entre los fundos Altamira y La Barquereña. Esta falta de definición es el porqué de pleitos y desavenencias: “la causa de la discordia que destruyó a los Luzardos”. Esto surge porque en la obra, en el documento de partición con el cual había que definir los linderos se plasmó una expresión ambigua: “hasta el palmar de La Chusmita”. La imprecisión produjo unos efectos determinantes entre ambas familias. En efecto, debido a ello comienza la lucha entre los herederos, con pleitos y diferencias permanentes, pues hay una falta de claridad en los límites de cada uno. Es lo que algunos pretenden encontrar en la Constitución nacional, al subrayar en ella cláusulas ambiguas que les darían el derecho a usurpar funciones y destruir límites que permiten guardar distancia en una sociedad civilizada, tal como lo “entendió” la Sala Constitucional (en adelante SC) al interpretar las reglas de una fraudulenta asamblea constituyente.

Aquí cabe preguntarse entonces: ¿por qué Gallegos, que planifica toda su novela, dejó sin definir el asunto de los linderos? Probablemente porque quiso potenciar la imagen de la falta de límites que caracterizaba la Venezuela de la época; y que sigue caracterizándola como se evidencia en lo que estamos padeciendo los venezolanos en los años recientes. Por el contrario, una cláusula abierta en una Constitución es para que el intérprete, amparado en las más sanas reglas de interpretación, le dé sentido y alcance, siempre expandiendo derechos, en un contexto adecuado. Lo otro, es decir, el atropello a la armonía del sentido común, genera situaciones de conflicto, tal como ocurrió entre los Barquero y los Luzardos.

En cuanto al abuso de los funcionarios que ejercen el poder sin límites tenemos el ejemplo del amanuense del jefe civil que está hecho de la misma tela de su jefe y que, convertido en un rábula, diseña emboscadas legales para obtener sus ilegales ventajas. Siempre están presentes los excesos de poder como el caso del chafarote encargado de resguardar la seguridad de la Asamblea Nacional cuando empuja al presidente de la institución: estamos ante el conflicto de civilización y barbarie, que se niega a sucumbir.

La limitación a los poderes es esencial en el Estado constitucional. Para eso existe el balance institucional para evitar el abuso de unos sobre otros. Es lo que sucede en Venezuela con lo que hace el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Así ha ocurrido, entre otros casos, contra la Asamblea Nacional al pretender despojarla de sus facultades y atribuciones. Desde las sentencias 155 y 156 de la SC se ha proferido una cadena de decisiones que representan la barbarie judicial. Pero como todo es “perfectamente empeorable”, como decía Juan de Mairena a sus alumnos, esta ráfaga de decisiones no tiene límites: cada semana el TSJ nos sorprende con una decisión que hace olvidar la anterior.

Ahora le llegó el turno a la Fiscal General de la República con el juicio que se le ha montado. En ese marco, la SC ha designado una “vicefiscal” que pretende usurpar las funciones del designado para ese cargo por la Fiscal y que fue ratificado por la Asamblea Nacional. Aunque en principio la designación hecha por la SC podría ser motivo de risa, no es así porque constituye una amenaza adicional a la paz de Venezuela e impide dejar de lado la pesadumbre en la que nos ha sumido el régimen. A esto se añade que se le han atribuido al Defensor del Pueblo, arbitraria e inconstitucionalmente, las facultades que la Constitución confiere al Ministerio Público (artículo 285), a sabiendas de que es un funcionario al servicio del Psuv y que, por tanto, no es imparcial. Esto para despojar al Ministerio Público de sus facultades, como han hecho con la Asamblea Nacional. Las dictaduras al estilo cubano, no creen en la ética del poder.

El Consejo Nacional Electoral no escapa a este irrespeto a las fronteras del poder. Muchos son los ejemplos que pueden mencionarse. Pero hay uno que no puede pasar inadvertido: el llamado de la presidenta del Consejo Nacional Electoral para hacer el mismo día de la consulta popular convocada por los demócratas un “simulacro” electoral para la “asamblea nacional constituyente”, el cual resultó en un estruendoso fracaso. Se trata de una muestra adicional de una funcionaria que desprecia el protocolo democrático -inviolable en este caso en que ella se atreve a pisotearlo con una conducta pasiva agresiva- y carece de la necesaria prudencia que debe orientar a los conductores del Estado. En este caso se aprecia claramente el desbordamiento de sus facultades, así como el deseo de perturbar la libre manifestación de voluntad de los venezolanos que participaron en la entusiasta y ejemplar consulta popular del 16J. Pero el pueblo puso las cosas en su sitio: total indiferencia con el simulacro y masiva participación en el plebiscito.

Por si fuera poco, se impone, además, una censura a la libertad de expresión: se prohibió a los medios de comunicación de radio y televisión informar sobre la consulta popular, tal como lo denunció el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP). Esta orden habría sido dada en forma oral, bajo la modalidad de amenaza. (En un canal privado se comenzó a transmitir la rueda de prensa de los expresidentes y de repente la transmisión no continuó).

La votación del pasado domingo 16J, con participación de 7.535.259 de venezolanos (con 99.01% de votos escrutados), es otra etapa de este movimiento opositor basado en el artículo 350 de la Constitución que consagra el derecho a la desobediencia civil pacífica, y que lleva más de 100 días exigiendo libertad. Y no hay conducta más civilizada y democrática que la del voto.

La exitosa jornada del pasado domingo 16 de julio demostró que el modelo cubano que se ha aferrado al poder, carece de apoyo popular. Solo se sostiene a punta de represión militar y “decisiones” judiciales. Esto demuestra que el gran Rómulo Gallegos sigue presente, no solo por la calidad de su literatura, sino por la energía simbólica con la que expone el lado inocultable de la barbarie venezolana de la época —lamentablemente no superada— y de qué manera se enfrenta a la civilización. La consulta del 16J es el ejemplo del lado civilizado de la sociedad venezolana que literariamente destacó nuestro gran escritor.

En horas cruciales; por Carmen Beatriz Fernández

El domingo la oposición venezolana logró una consulta popular de gran visibilidad nacional e internacional. Fue un proceso admirable que demostró capacidad logística, compromiso democrático, y una valentía ciudadana que raya en el heroísmo. Se convocó y organizó en menos de un mes y participaron 7,5 millones de venezolanos, incluyendo unos 700 mil ubicados en

Por Carmen Beatriz Fernández | 18 de julio, 2017
Fotografía de Verónica Aponte

Manifestantes opositores durante la consulta popular del 16 de julio de 2017. Fotografía de Verónica Aponte

El domingo la oposición venezolana logró una consulta popular de gran visibilidad nacional e internacional. Fue un proceso admirable que demostró capacidad logística, compromiso democrático, y una valentía ciudadana que raya en el heroísmo. Se convocó y organizó en menos de un mes y participaron 7,5 millones de venezolanos, incluyendo unos 700 mil ubicados en el exterior. Sin tiempo, sin recursos, sin apenas medios de comunicación. No contó con el arbitraje y capacidad organizativa de la institución electoral ni tampoco con la custodia de la Fuerzas Armadas Nacionales, aspecto éste que demuestra que ambas son prescindibles en la organización de un evento electoral nacional. Tampoco fue una elección propiamente dicha, y hacía visible para quienes participaron, que el ser opositor al régimen, en Venezuela entraña riesgos.

Es claro que el gobierno trató de obstaculizar e invisibilizar la convocatoria, y que una vez ocurrida viene tratando de desprestigiarla e invalidarla. Sin embargo, la consulta tuvo un enorme valor simbólico y los símbolos en política son los elementos más poderosos, los grandes articuladores de la narrativa política.

Y en esa competencia entre narrativas el gobierno ha perdido: millones de venezolanos salieron a expresar su protesta pacífica y democráticamente. El domingo hubo un acto de desobediencia ciudadana que clamó y visibilizó las demandas por el retorno a la democracia. El relato que se ha tratado de articular desde el gobierno desde que iniciaron las protestas hace más de 100 días, es el de definirlas como violentas y focalizadas, minoritarias y alejadas del sentir mayoritario de la población. Esa narrativa cuenta con el apoyo de toda la batería comunicacional al servicio del gobierno, incluyendo en los planos internacionales la de TeleSur y Rusia Today. Ese relato busca categorizar a quienes protestan como terroristas y allanar caminos para un desenlace a lo Siria.

El relato alternativo de la oposición es que la protesta es pacífica, constitucional y clama por un desenlace electoral. Esa ha sido la clara línea de la Unidad, y ha contado a su favor con la visibilización de las muchas demostraciones de protestas pacíficas, así como las más amplias y variadas manifestaciones musicales y culturales en general. En Venezuela están dadas todas las condiciones para la rebelión social y si ella hasta la fecha no ha sido más violenta es sólo por el carácter profundamente democrático de un pueblo que ha vivido bajo democracia durante más de dos generaciones.

Siempre se ha pensado que quien tiene necesidades de existencia no puede darse el lujo de tener necesidades existenciales. Sin embargo en los más de 100 días de protesta que van en Venezuela coinciden ambas cosas. La rebelión popular que se vive en el país tiene que ver con la lucha por la propia existencia, pero también con la lucha por los valores democráticos y el régimen de libertades que el gobierno de Nicolás Maduro ha venido confiscando día a día. La lucha por la existencia es literal: en el país hubo 70 homicidios por cada cien mil habitantes el año pasado (el promedio del mundo es de 7 y el de las Américas, como un todo, de 15). Pero además una hiperinflación que es récord mundial, y que ya va por su quinto año consecutivo siéndolo, alcanza el 700% anual, y el desabastecimiento en fármacos básicos alcanza el 85% del mercado. Son sólo tres de los indicadores que hablan de la dura lucha por la existencia que libran a diario los venezolanos.

Erica Chenoweth, académica de la Universidad de Denver, lleva un registro histórico de la resistencia civil en el siglo XX y es activista de la lucha no violenta en el siglo XXI. Identifica como un patrón la “regla del 3,5%”, la noción según la cual ningún gobierno ha podido soportar un desafío de más del 3,5% de su población movilizada sin acometer cambios profundos o desintegrarse. Pues bien, se calcula que en las protestas venezolanas más de 4 millones de venezolanos han salido a las calles a protestar en estos 100 días, representando casi un 20% de la población (Datanálisis, junio 2017). Y en el acto de este pasado domingo la protesta casi se duplicó, cuantitativamente hablando.

¿Qué pasará a partir de aquí? Está por verse. En gran medida el desenlace dependerá de lo que ocurra en el plano internacional. La comunidad internacional parece haber entendido la oportunidad del momento. La tiranización de Venezuela, por un régimen forajido sentado sobre las reservas de crudo más grandes del planeta, implica un riesgo geopolítico global real.

Venezuela está sentada sobre una bomba de tiempo, unas condiciones de vida infrahumanas afectan a más del 80% de su población, y está un default económico en puertas. La situación humanitaria puede aún empeorar. El vecino colombiano Juan Manuel Santos así lo ha entendido, y teme al impacto que ello tendrá sobre su propio país, pues una frontera viva de 2.200 kilómetros hace imparable una migración muy masiva si no aparecen soluciones urgentes. Ayer hizo un llamado a detener la convocatoria de Maduro a la Constituyente. Lo hizo, además, apenas regresando de un viaje a Cuba donde se habría encontrado con Raúl Castro. Por su parte, también ayer, Donald Trump amenazó con sanciones de proseguir el camino de la constituyente. Y la Unión Europea hizo lo propio.

Enrique Krauze ha propuesto una “salida sin precedentes” con la intervención de la comunidad internacional, inspirada en la llamada doctrina Betancourt formulada en 1959:

“Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranicen con respaldo de las políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”.

Plantea una alianza entre Europa, América Latina y El Vaticano que permita una intervención en la situación venezolana. “Un cordón sanitario –diplomático, financiero, comercial, político– al régimen forajido de Maduro, persuadir al papa Francisco de ser más agresivo en este esfuerzo y presionar juntos a Raúl Castro para aceptar la salida democrática: cese a la represión, elecciones inmediatas, respeto a las instituciones, libertad a los presos políticos”.

Por su parte el presidente peruano Pedro Pablo Kuczysnki ha planteado una solución más americanista, con la mediación del presidente canadiente Justin Trudeau como fiel de la balanza y un trío de países escogido por cada una de las partes, que apunte a una negociación que arroje un desenlace electoral.

Contra todo pronóstico Nicolás Maduro y su gobierno vienen aguantando y podrían seguir empecinados en la convocatoria “constituyente”, aún a sangre y fuego. Se aferran a la represión como instrumento de sobrevivencia. Lo que hay detrás de este apego al poder es la convicción de no tener salidas alternativas. Varios altos cargos gubernamentales tienen serias cuentas pendientes en materia de narcotráfico y derechos humanos. La tiranización de la sociedad es en parte consecuencia de la construcción de un Estado forajido. Si bien es cierto que la represión aún no alcanza niveles masivos ni tan desmedidos como los de otras dictaduras de la historia, el régimen va claramente encaminado a ello. Con más de 90 muertos en las protestas, más de 400 presos políticos y más de 3000 procesos legales abiertos contra opositores, podríamos decir que se aplica aún la “represión al por menor”; sin embargo, el gobierno avanza hacia la hechura de una Constitución a la medida, prevista a través de un fraudulento “proceso constituyente” que secuestra el derecho a voto universal y directo, y que planea avanzar en la confiscación de libertades fundamentales. El proceso plebiscitario del domingo ha dejado al desnudo el carácter conflictivo e impopular de esa “Constituyente”, que merece ir entre comillas porque cualquier constitución implica un arreglo mínimo de convivencia y consenso social, del que ésta carece.

En el zigzagueante camino hacia la dictadura constitucional, Leopoldo López, el preso político más emblemático, ha sido beneficiado con una medida de “casa por cárcel”. La medida apunta a aligerar presiones nacionales e internacionales, y también a agrietar la unidad opositora. No debe confundirse con una señal de renovado afecto humanitario por parte del gobierno, pues se contabilizan 15 nuevos presos políticos, que han entrado a prisión desde que López fuera liberado la semana pasada, en lo que activistas de derechos humanos han denominado “la puerta giratoria de la represión”.

En Venezuela se juegan los valores democráticos del continente americano y son las próximas horas muy relevantes para escribir el futuro.

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