Blog de Willy Mckey

Niños que matan; por Willy McKey

Alguna vez nos prometieron que en Venezuela no habría más niños en condición de calle. Hoy tenemos niños que matan. El saldo es feroz. Dos menores de edad, uno de 10 años y una de 15, asesinaron a dos sargentos del Ejército. No es una conjetura. No es una versión de los hechos. Según el

Por Willy McKey | 21 de marzo, 2017
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Fotografía de Mari Matouk

Alguna vez nos prometieron que en Venezuela no habría más niños en condición de calle. Hoy tenemos niños que matan.

El saldo es feroz.

Dos menores de edad, uno de 10 años y una de 15, asesinaron a dos sargentos del Ejército. No es una conjetura. No es una versión de los hechos. Según el informe policial fueron aprehendidos en flagrancia: un niño y una quinceañera mataron a puñaladas a dos soldados, aparentemente entrenados para todas las guerras excepto para ésta.

La imagen de dos soldados apuñalados por dos niños en situación de calle (o dos “hijos de la Patria”, como pidió el Poder que nos refiriéramos a este grupo vulnerable) es el síntoma extremo de la violencia como hábitat único.

Sucedió en el municipio Libertador, ese cantón de paz donde la autoridad ha prohibido manifestar con el fin de evitar la violencia. Sucedió en Sabana Grande, la zona cuyo eje es un bulevar que fue intervenido por el Poder con la finalidad de hacerlo habitable y seguro. Sucedió de madrugada: niños con armas blancas atravesando soldados, como en una pesadilla de Dickens.

Mientras hay grupos armados de las fuerzas públicas que intervienen en las comunidades con máscaras de calaveras, fingiendo ser la Muerte, dos niños se colocan por encima de su disfraz, por encima de su simulacro, por encima de su farsa.

¿A quién podrán asustar cuando, en mitad de la madrugada caraqueña, dos soldados del Ejército son asesinados por niños que no necesitan máscara alguna para acabar con sus vidas?

Alguna vez nos prometieron que en Venezuela no habría más niños en condición de calle. Alguna vez nos dijeron que si después de un año seguíamos viendo a menores de edad mendigando, sin techo y expuestos a lo más cruel de los hombres, el presidente se cambiaría el nombre. Alguna vez habría resultado imposible imaginar a los Hijos de la Patria convertidos en un enemigo letal de ese mismo Ejército donde hizo carrera aquel que prometió cambiarse el nombre y no lo hizo.

Los niños de la calle, por decreto, pasaron a ser los Hijos de la Patria.

¿Volverán hoy a cambiarles el nombre?

¿Cómo se explica uno el futuro cuando la violencia del presente nos ha puesto delante a niños que matan?

¿Dónde se pone uno este miedo?

Quizás el presidente Hugo Chávez Frías no se cambió el nombre, pero lo cierto es que todos hemos ido perdiendo nuestra capacidad para nombrar. Porque, ¿cómo podríamos llamarnos a nosotros mismos después de saber que tenemos niños que matan?

***

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A propósito de la muerte de Sofía Ímber; por Willy McKey

  a Diego Arroyo Podría parecer agendada. La noticia de la muerte de Sofía Ímber consiguió espacio un lunes, un día que insiste en empezar una semana mientras la mayoría de los museos cierran. Podría parecer meditada. La noticia de la muerte de Sofía Ímber no puso a correr a ningún periodista cultural en su

Por Willy McKey | 20 de febrero, 2017
sofia-imber-1

 

a Diego Arroyo

Podría parecer agendada. La noticia de la muerte de Sofía Ímber consiguió espacio un lunes, un día que insiste en empezar una semana mientras la mayoría de los museos cierran. Podría parecer meditada. La noticia de la muerte de Sofía Ímber no puso a correr a ningún periodista cultural en su guardia de domingo, pero les exigió que llegaran temprano a las redacciones la primera mañana de trabajo. Podría parecer prevista.

El funeral de Sofía Ímber será en días laborales y no festivos.

Su obra no tiene la corporeidad que tiene cualquier retrospectiva de los artistas que puso cerca de nuestros ojos. La única manera de articularla en una sala de museos sería la construcción de un diorama, absurdo como todos los dioramas, donde las escenas más privadas de un museo terminaran haciéndose visibles: compras, negociaciones, regateos, conquistas, uso del poder.

Y nunca hubo un posible texto de sala para ese imposible parque temático sino hasta que el periodista Diego Arroyo Gil publicó en forma de libro esa larga conversación, dónde ambos hurgaron a drede en su memoria.

Ahí, en su conversación con Diego, se pone en evidencia que las singularidades de un personaje como Sofía Ímber reside en lo caleidoscópico, en sus múltiples aristas. Y todos esos recovecos no suelen aparecer durante el duelo. Por ejemplo: llegar a la vida de Sofía Ímber desde la Literatura obliga a verla al menos unos instantes como la villana biográfica en la ficha de Guillermo Meneses, pero llegar desde el periodismo la perfila como una entrevistadora punzante con una audiencia que la vio enviudar al aire y seguir preguntando sin piedad. Y si el camino elegido es el que viene desde el territorio incómodo del arte contemporáneo, se mostrará como una institucionalizadora de cánones que contentaba a quienes entraban e incomodaba a quienes no.

Sin embargo, cuando repaso en mi memoria singular y puedo ir del “¡Buenos días con Sofía!” a ver cuadros de Picasso en el MACSI, saltar de la Suite Vollard a las entrevistas de medianoche en el canal 4, #LaSeñoraÍmber, me reconozco como espectador de uno de esos caleidoscopios biográficos que no sólo están determinados por la experiencia personal sino también por quienes han mediado nuestra aproximación a esa figura.

Quizás por eso prefiero llevar el duelo de hoy desde un área de acceso a la figura de Sofía Ímber que me resulta todavía más fascinante: lo mediado, lo popular.

Quienes pertenecemos a generaciones que vivieron aquellas coordenadas temporales donde la televisión abierta conseguía instaurar voces autorizadas que conectaban sin miedo el rating con la cultura, hoy contamos con una ventaja. Ahí, en esos espacios sinceros y honestos llenos de tías que veían televisión, madres que llevaban a sus hijos a los museos los domingos y señores que saben citar de memoria fechas y autores, Sofía Ímber resume la idea de una mujer de éxito, inteligente y orgullosa de sus piernas, capaz de triunfar por mérito propio y sin la muleta masculina que intoxicó tantas biografías femeninas de los sesenta y los setenta.

La impresión de que el pragmatismo es visto con recelo en el mundo cultural tiene mucho que ver con el apasionado ejercicio vocacional de los creadores. La sangre fría y la capacidad de conseguir en acciones prácticas beneficios duraderos puede parecer mezquino y desalmado cuando se está tan cerca de los artistas. Sin embargo, el pragmatismo es un talento incuestionable en la carrera de Sofía Ímber como hacedora cultural, como productora, como gestora y como curadora acusiosa de importantes espacios de la historia contemporánea del arte venezolano.

Hago esta salvedad porque muchos de quienes hoy lamentan honestamente la muerte de Sofía Ímber jamás la conocieron. Hago esta salvedad porque el duelo de esas personas es posible porque apenas fueron testigos de unas dinámicas que hoy nos resultan ajenas, como la televisión abierta o la vida en torno a la agenda de los museos independientes. Hago esta salvedad porque, en medio de esta orfandad de figuras culturales en el black-mirror, a Sofía Ímber no le hizo falta ser simpática para convertirse en referencial. Fue pragmática. Y en el Caribe su pragmatismo ruso resultó, además de exótico, necesario.

El funeral de Sofía Ímber no pondrá a correr a las autoridades del gobierno nacional para hacerle los honores necesarios. No pasó con Simón Díaz hace tres años. No pasará con ella. En su memoria de brevedad anecdótica, la burocracia la registrará como aquella funcionaria cultural que fue despedida de su puesto de trabajo en vivo y directo por el líder amadísimo.

Por eso es que en los novenarios habrá que tener cuidado con la nostalgia. No creo que este duelo se trate de extrañar un país que fuimos, sino de preguntarnos por qué nos cuesta tanto aprender de nuestra memoria para alcanzar a ser el país que podríamos. Así de condicional. Así de espejismo. Y cada vez con menos gente a bordo.

Ya habrá momentos para lo justo. Por ahora sólo podemos desear paz a sus restos y honesta curaduría a nuestro duelo. Así es como esta mañana laboral en duelo podría parecer agendada, podría parecer meditada, podría parecer prevista.

Aunque en vida molestara a tantos, a la señora Ímber no le gustaba molestar. Y hoy es lunes, un día que insiste en empezar una semana mientras la mayoría de los museos cierran.

Toca descansar.

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Maduro vs. Dulbi (o “El fracaso de la burocracia un domingo por la tarde”); por Willy McKey

Dulbi Tabarquino tiene 16 años. Todavía no ha tenido oportunidad de votar. No parece una agente infiltrada por alguna estrategia opositora, sino una adolescente que estudia en Guarenas y que podría graduarse de bachiller este año. Forma parte de los invitados a esta emisión del programa dominical que ocupa los fines de semana del presidente.

Por Willy McKey | 8 de febrero, 2017
Fotografía de VTV

Fotografía de VTV

Dulbi Tabarquino tiene 16 años. Todavía no ha tenido oportunidad de votar. No parece una agente infiltrada por alguna estrategia opositora, sino una adolescente que estudia en Guarenas y que podría graduarse de bachiller este año. Forma parte de los invitados a esta emisión del programa dominical que ocupa los fines de semana del presidente. Está nerviosa. Se nota porque comienza diciendo “Buenos días” cuando ya ha pasado el tiempo en su silla como para tener que decir “Buenas tardes”. El presidente hace una pequeña broma. Se esfuerza por mostrarse jovial, cercano. Dentro de la retórica de las últimas dos décadas, es lo que debe intentar parecer un presidente. Sin embargo, Dulbi Tabarquino no puede parecer sino ella misma: una adolescente que estudia en el Liceo Benito Canónico.

Debió prevenir que algo se le pondría en contra cuando la jovencita dijo que su asignatura preferida era Matemáticas. Alguien que sabe sacar cuentas también sabe despejar incógnitas y consigue la manera de resolver problemas. Una vez más no lo vio venir: a su orden de “Pásenle un micrófono a Dulbi”, Nicolás Maduro empezó una batalla de la cual no podría salvarlo ningún escapulario retórico.

—Presidente, el [liceo] Bénito Canónico necesita mucha ayuda de usted y del gobierno bolivariano y revolucionario de Venezuela, ya que tenemos problemas con la infraestructura, nos han robado muchas veces, ahorita no tenemos portón…

El presidente intenta interrumpirla. Alza la voz. Su micrófono está apagado y la única voz que se oye en directo es la de la joven Tabarquino. Es necesario interrumpir la denuncia, pero no se oye lo que dice el presidente, al menos hasta que el micrófono recoge el audio de ambiente y se escucha la pregunta interruptora: “¿Dónde queda ese liceo?”.

Y toda pregunta que no se hace por una duda legítima siempre puede volverse en contra cuando la respuesta es poderosa:

—Aquí abajito… aquí abajito.

La respuesta pone en evidencia la candidez de Dulbi. Será imposible adjudicar esto a una maniobra de imperio o la politización de una tragedia. Era una niña aprovechando la oportunidad de hablar con el hombre que hoy representa a ese Estado que no los escucha ni los acompaña. Su respuesta “Aquí abajito” puso en evidencia que quienes han desplegado todo el aparataje comunicacional que hizo posible emitir una transmisión en vivo desde Guarenas no conocen los problemas de la comunidad, no saben dónde están parados.

Y a veces en la política ése es el único requisito: saber dónde estás parado.

Los aplausos de los presentes intentan distraer la denuncia, convertirse en un salvavidas y disolverla en el ruido. No lo logran. Menos cuando el hambre hace su aparición en la voz de Dulbi:

—También necesitamos nuestro comedor, porque tenemos cuatrocientos cincuenta estudiantes que no tenemos ni desayuno ni almuerzo en el liceo.

La dinámica que ha llevado esta conversación se transforma en un balde de culpa que está a punto de volcarse encima de él. De nuevo se nota en el presidente la urgencia por interrumpir. Y una vez más prefiere el riesgoso recurso de la pregunta hueca:

—¿Pero por qué no lo tienen?

De pronto, a través del canal del Estado, acabamos de ver que el Presidente de la República le devuelve una pregunta a una adolescente, como si la denuncia le pasara por encima. Sin embargo, esa falla grave en el sistema público educativo que testimonia el fracaso del modelo a apenas unas calles de ahí está a punto de mutar (nuevamente) en respuesta poderosa:

—Porque nos suspendieron el sistema hace como dos años. Nos suspendieron el sistema del comedor.

La tercera pregunta hueca (es decir: que espera una reacción específica y no proviene de una duda legítima) ya resulta en una estrategia retórica que pretende sacudirse la culpa, hasta el extremo de hacerle creer a la víctima que es culpable de su desdicha:

—¿Y ustedes qué han hecho?

—Hemos hecho las solicitudes, pero no hemos tenido respuesta.

—No se pueden quedar en la solicitud. Ustedes se tienen que movilizar. Ir a la calle. Que se sienta su palabra, ¿me entiendes? Y conquistar su derecho…

Movilizarse. Ir a la calle. Conquistar su derecho. Eso dijo.

El Presidente de la República acaba de decirle a una niña que seguir los canales regulares es inútil. Acaba de decirle que su gran error fue no poner en evidencia, mediante alguna manifestación en la calle, las fallas del gobierno que él preside. Acaba de reconocer el fracaso de la burocracia revolucionaria un domingo por la tarde.

Luego intenta reparar su extravío hablando de autogestión, de conucos, de espejismos. No sabe reaccionar cuando una nueva respuesta confirma que Dulbi y sus compañeros ya hicieron su tarea. Que son ellos quienes han fallado. Que aquí ya todos han hecho lo que les tocaba, menos ellos, menos los suyos. Sin embargo, hubo una pregunta hueca más:

—¿Qué le hace falta a la infraestructura, además de pintura?

—La azotea se está cayendo. Una parte del techo tiene un hueco y se está cayendo.

—Eso es una tarea para el viceministro Carlos Vieira. Váyase en este mismo momento con los estudiantes y con la directora de la unidad educativa y me traen un informe ahorita mismo, ya, antes de terminar el programa.

Ante lo inútil del mandato, por lo menos que parezca que alguien manda. Nicolás Maduro intenta arrancar un nuevo simulacro: que parezca que algo pasa, para que no pase nada. Asigna una tarea. Escoge al indicado. Pretende. Intenta. Parece. Y ahí fue cuando Dulbi Tabarquino hirió de muerte al espejismo de la eficacia revolucionaria.

—Ya entregamos el informe donde decimos lo que necesitamos en el liceo. También necesitamos luces, necesitamos pupitres porque a veces somos muchos los estudiantes y no tenemos suficientes pupitres. Necesitamos el comedor, de verdad, porque eso nos ayuda. Ya muchos estudiantes se nos han desmayado en el liceo. ¡La seguridad! Que es muy importante que no sólo ayuda al Benito Canónico sino a las personas de Rosa Mística, a la comunidad y a los diferentes liceos que están cercanos también…

Ella sabe dónde está parada. Y no iba a desaprovecharlo.

Dulbi Tabarquino no trataba de ridiculizar al Gobierno. En sus palabras es evidente que cree que podrían hacer algo. Ha hecho todo esto para darles una oportunidad. Otra oportunidad. Sin embargo, con apenas esta última intervención y antes de que le retiraran el micrófono, ha logrado resumir cada uno de los fracasos del modelo que le quedan cerca de su vida.

Y entonces la confesión final del fracaso:

—Yo lo que lamento de esto es que haya tenido que venir para acá para yo saber esa verdad.

¿Cuál es la verdad que desconocía Nicolás Maduro, el principal vocero de la revolución, de todas cuantas le hizo saber Dulbi? ¿No sabía que hay niños desmayándose de hambre en los planteles? Pues ahora será imposible esconderlo y ya llegó hasta su plató televisivo. ¿No sabía que desde hace dos años un liceo en Guarenas no tenía comedor? Debe haber algunos otros, de modo que lo que sigue a enterarse es sencillo: se busca al responsable y se le exige que ponga el cargo a la orden. ¿No sabía que la matrícula escolar es un número por encima del inventario de pupitres? Pues que preste más atención: Dulbi le dijo que eso pasa sólo a veces. Es probable que esos días en que los pupitres sí alcanzan es porque sus compañeros están en colas por comida. ¿No sabía que el país entero está oscuro apenas el sol se va? ¿Desde cuándo no sale de su círculo privadísimo de informes y reportes aparentemente llenos de vacíos?

Hay que tener cuidado con estas preguntas, porque también podríamos estar ante un calco retórico. Hugo Chávez Frías, su antecesor, logró durante mucho tiempo evadir la culpa y lanzarla río abajo, donde viceministros y directores se encargan de esconder los fracasos de las políticas.

Sin embargo, en ese último lamento presidencial hay una falacia evidente: no tenía que llegar hasta esa niña de Guarenas para “saber esa verdad”. Tenía que haber gobernado para evitar que una catástrofe se convirtiera en la única verdad alrededor de Dulbi Tabarquino, una niña de 16 años que nunca ha votado en ninguna de las elecciones que forman parte de su biografía, pero que empieza a tener razones para movilizarse, ir a la calle, conquistar sus derechos. En fin: seguir el consejo que le dio el presidente un domingo en la tarde, cuando reconoció el fracaso de todo, de tanto.

Un análisis del discurso de Julio Borges como nuevo Presidente de la AN; por Willy McKey

El jueves 5 de enero la Asamblea Nacional de Venezuela instaló el período de sesiones correspondiente al año 2017, justo el día después de que Nicolás Maduro anunciara un cambio en su gabinete ministerial que sacó de sus curules a algunos diputados electos en la elección del 6 de diciembre de 2015, la más importante

Por Willy McKey | 5 de enero, 2017
Fotografía de la Asamblea Nacional

Fotografía de la Asamblea Nacional

El jueves 5 de enero la Asamblea Nacional de Venezuela instaló el período de sesiones correspondiente al año 2017, justo el día después de que Nicolás Maduro anunciara un cambio en su gabinete ministerial que sacó de sus curules a algunos diputados electos en la elección del 6 de diciembre de 2015, la más importante derrota electoral del oficialismo en 18 años.

Con Henry Ramos Allup como director del debate y la diputada Marialbert Barrios como Secretaria Accidental, Julio Borges fue electo por los diputados de su bancada como nuevo Presidente de la Asamblea Nacional. Asume este cargo en un contexto cuya característica principal es el conflicto entre el Poder Legislativo y el Poder Judicial, incluyendo el hecho de que hasta los diputados que representan al oficialismo considera que se encuentran en desacato, según una sentencia emanada por la Sala Constitucional.

Fue relevante que justo antes de que Borges empezara su discurso, el Ejecutivo Nacional lanzó una cadena de radio y televisión que impidió que la instalación del nuevo período de sesiones se transmitiera en señal abierta.

¿Qué fue lo que dijo Julio Borges en su discurso? ¿Por qué lo dijo? ¿Cuál podría ser el elemento diferenciador de su gestión? ¿Qué cosas dejó por fuera? Aquí una aproximación a esas preguntas, apenas a minutos de transmitido el discurso.

1. ¿Qué fue lo que dijo?

Si bien una buena parte del mensaje tuvo como destinatario a Nicolás Maduro y otra se enfocó en hablarle al sector militar como pocas veces lo había atrevido un líder opositor, después de revisar las reacciones inmediatas que ahora se ponen en evidencia gracias a las redes sociales, el momento del discurso que se convirtió en epicentro de las palabras de Julio Borges fue cuando dijo que:

“La Asamblea Nacional abre las puertas para que en Venezuela haya elecciones generales en todos los niveles y ramas del Poder Público. Gobernadores, alcaldes, Presidente de la República y, ¿por qué no?, la Asamblea Nacional. ¡Que sea el pueblo el que decida!”

Es importante subrayar ese compromiso expuesto en el discurso de Borges porque opera desde un lugar que había sido ocupado durante mucho tiempo por el oficialismo: la certeza de tener el voto popular a su favor. Y por eso Borges les recuerda que éste será un año electoral. Es evidente, en especial para su militancia, que los años de gobierno de Nicolás Maduro han desteñido aquel argumento del Chávez invicto capaz de generar condiciones para ir a elecciones cada vez que quería, incluido un referendo revocatorio solicitado por la oposición de 2004.

La reactivación del proceso del juicio por responsabilidad política a Nicolás Maduro y fijar la reivindicación de la pelea legislativa saboteada por el TSJ que dieron los diputados durante 2016 fueron marcas de respeto a la continuidad de los proyectos, pero aquí la mayoría de los cartuchos estaba puesta en otra cosa. Hablar desde una Asamblea Nacional electa hace un año, a pesar de lo sucedido con los tres diputados de Amazonas, le permite a Borges evidenciar el severo riesgo que significaría para el PSUV someterse a cualquier versión de los procesos electorales por venir.

De modo que la propuesta de unas elecciones generales (en las cuales la oposición estaría dispuesta incluso a repetir las elecciones legislativas) sería la principal candidata para titulares y resúmenes. Eso en caso de que no sea el tema militar lo que se imponga en la agenda de los analistas, antes por morbo que por su peso semántico en el discurso.

2. ¿Cómo lo dijo?

Fue importante el peso que tuvieron los referentes históricos en el discurso de Borges, sobre todo porque fueron el pivote que le permitió abordar temas espinosos a partir de elementos retóricos interesantes.

Quizás el ejemplo más claro estuvo en recordar las transformaciones agenciadas por militares históricos como Juan Crisóstomo Falcón después de la Guerra Federal o Eleazar López Contreras tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez. Luego de dar estos dos ejemplos, parecía una falla no mencionar a Wolfgang Larrazábal. Sin embargo, el momento en el cual se refirió a los sucesos de 1958 y el fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez tuvo una nueva carga narrativa. Casi se podría decir que sorpresiva.

La audiencia política venezolana está acostumbrada a que los hechos recordados se limiten al 23 de Enero y a todo el imaginario fundacional de la democracia. Y aquí la variable: antes que la revuelta popular de 1958 —y quizás para aprovechar el número redondo, a sesenta años del hecho—, Borges prefirió recordar el plebiscito de 1957 que Marco Pérez Jiménez manipuló:

“Cuentan que ya no se trataba de tendencias políticas. Era un país entero, incluyendo a los militares honestos, decidido a recuperar el derecho a elegir su futuro”

Al revivir ese episodio histórico, pero desde una nueva percepción narrativa, cualquier espectador atento podría traducir el escenario al presente de la Mesa de la Unidad Democrática, a su eficacia electoral y a las dificultades que siempre aparecen a la hora de la articulación política.

En un giro retórico, apoyando sus argumentos en la historia contemporánea y los días que siguieron a aquel fraude, el discurso de Julio Borges planteó el escenario de 1957 como un mapa posible del territorio político del presente, posicionando una idea importante para que juegue a su favor: explicar que no fue ni la revuelta popular ni la rebelión militar lo que conquistó la democracia, sino la unión de fuerzas civiles y políticas de distintas tendencias que llevaron a cabo unas elecciones presidenciales. Y esta idea calza a la perfección con el eje político del discurso, porque le afirma a quien lo escucha que ya en otras oportunidades de nuestra historia común ha sido necesario rescatar el derecho a elegir y que aquellas metas (y las transiciones) se han podido conquistar mediante el accionar político.

3. ¿A quién se lo dijo?

El discurso apelativo tiene una fuerza que resulta muy eficaz cuando se administra con sensatez. Una de las marcas más claras de este discurso fue la singularización del destinatario de cada una de las críticas dirigidas al gobierno: Nicolás Maduro.

Y la temperatura que adquirieron estos momentos apelativos fue sintomática.

Haber comparado sus años de gobierno con una maldición fue una idea poderosa que pasó desapercibida para los presentes, pero calza a la perfección con la percepción que tienen los ciudadanos de la caída en la calidad de vida durante estos tres años. No debemos olvidar que justo el día anterior el propio Nicolás Maduro se había referido a Julio Borges —también con intención apelativa—, adelantándose a algunos de los anuncios posibles con la pretensión (ya antes lograda) de posicionar una versión oficialista de aquello que Borges pudiera anunciar:

“Dicen que tienen la intención de nombrar a mi otro amigo, Julio Andrés Borges, presidente de la Asamblea Nacional. […] Julio Borges se comprometió de palabra conmigo a acatar al Tribunal Supremo de Justicia y, en segundo lugar, a participar en todas las iniciativas de diálogo. […] Mañana habrá un debate interesante en el hemiciclo de la Asamblea Nacional. […] Por el camino que van, van rumbo a la autodisolución y a la convocatoria a nuevas elecciones. No lo propongo yo: sólo es una realidad”

Con este ejercicio retórico, Nicolás Maduro intenta que una propuesta que ya había resonado en la aparentemente extinta Mesa de Diálogo parezca producto de un análisis emitido desde sus filas. Esto con la intención de vulnerar la posible (y ahora confirmada) propuesta de unas elecciones generales. Por lo tanto, después de este discurso de instalación, es responsabilidad de la bancada opositora posicionar el proceso como un rescate del derecho a elegir pues el oficialismo ya ha empezado a sembrar en la opinión pública la idea de una autodisolución.

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Sin embargo, hay otra razón estratégica para que Nicolás Maduro sea un destinatario singular de cada acusación: al estar a punto de iniciar un proceso de juicio de responsabilidad política en su contra, esta fórmula permite capitalizar parte del descontento y las decepciones que haya dentro de la propia militancia del PSUV e incluso conectar (aunque solapadamente) con el posible antimadurismo que haya dentro de la misma bancada oficialista.

El otro destinatario destacado en el discurso de Borges fue el sector militar. Pero en este caso la pregunta no es a quién se dirigía sino por qué hacerlo así y ahora.

4. ¿Por qué lo dijo?

En la historia democrática latinoamericana existe una máxima: los militares son los garantes de la soberanía y la Constitución, pero esa soberanía y esa Constitución están amparadas en el voto popular. De modo que, en un discurso que pretende recuperar la confianza del pueblo en el derecho a elegir y la posibilidad de recuperarlo durante este año electoral, apelar a los militares era un ítem inevitable.

Y para eso también prefirió la fórmula retórica apelativa y las referencias históricas utilizadas como pivotes argumentativos, pues la verosimilitud que hay en los hechos que cuenta la historia oficial pocas veces tienen baches en la credibilidad discursiva.

Al referir la historia militar venezolana, el discurso explora un amplio espectro que va desde los años de la Independencia hasta la misma fundación del chavismo. Y de alguna manera pretende colar, antes que en los cuarteles, en una estructura de poder donde los militares hoy ocupan muchos espacios decisivos.

Además, decir en la Asamblea Nacional que “permanecer en actitud complaciente frente a la tiranía es negar su historia y su razón de ser” el mensaje también funciona como una suerte de escapulario contra posibles ataques que pudieran tildar de colaboracionista a las nuevas autoridades de la Cámara, después de la alocución de Nicolás Maduro que ya ha sido citada, advirtiendo cualquier ataque posible que se llevara adelante durante la cadena de radio y televisión que impidió ver y oír el discurso por señal abierta, y a 24 horas después de reordenar su gabinete ejecutivo.

5. ¿Qué fue lo que no se dijo?

Este discurso inaugural fue más cauteloso que el anterior, al menos en cuanto a las expectativas que puede generar una Asamblea Nacional que asume un nuevo período de sesiones en un contexto político como éste.

En conocimiento de que buena parte del electorado que los votó en 2015 sigue decepcionado por la frustración de las vías del Referendo Revocatorio y la Mesa de Diálogo, el objetivo de devolver la fe en el voto puede explicar que esas dificultades estructurales que enfrentó la Mesa de la Unidad Democrática durante 2016 no hayan sido abordadas durante el discurso.

Tampoco se hizo referencia durante el discurso al actual estatus de los tres diputados de Amazonas ni al proceso de ratificación en el cargo de las rectoras del CNE que hizo el Tribunal Supremo de Justicia, saltando el proceso constitucional que dicta que esos cargos sean nombrados desde el Poder Legislativo.

6. ¿Por qué no se dijo?

Si se hace un repaso de los cargos ejercidos por representantes del partido Primero Justicia durante las últimas dos décadas, la Presidencia de la Asamblea Nacional es el puesto más importante que ha ocupado alguno de sus militantes.

Al suceder a un representante de un partido como Acción Democrática, quizás el ejercicio de los detalles del contexto pierden relevancia ante la necesidad de demostrar, con un mismo discurso, que se dará a la continuidad a las iniciativas de la alternativa democrática, pero con un redireccionamiento producto del contexto.

Mantener centrado el discurso en articular la reactivación del juicio de responsabilidad política contra Nicolás Maduro con una estrategia que conduzca hacia unas elecciones generales requería una argumentación que permitiera ver unas posibilidades de cambio del gobierno nacional distintas, sin correr con el costo político de la frustración que todavía se mantiene latente y que puede resultar un lastre durante un año que ya tiene determinado un calendario electoral.

Ésta también puede ser la razón para que no se haya hecho referencia a que el Ejecutivo Nacional tomó la decisión de lanzar una cadena de radio y televisión durante el discurso. Sin embargo, esta decisión sin duda enloda todavía más la reputación de Nicolás Maduro y la pretendida defensa del manejo de los espacios de expresión por parte del gobierno.

7. ¿Qué queda por ver?

De acuerdo con las expectativas generadas por el discurso de instalación de Julio Borges, este año legislativo tendrá un impulso en rescatar el derecho a elegir, enmarcado dentro de una lucha política y social a partir de los proyectos de leyes heredados de la gestión anterior, que aparentemente serán retomados, a pesar de los obstáculos que ha puesto el TSJ.

Sin embargo, hay un factor que puede resultar relevante en 2017: la propuesta de sesionar en los espacios donde “la gente está sufriendo”. Este nuevo lugar de enunciación de la legislatura propuesto durante este discurso comprometería la posibilidad de defender un modelo político cuyo fracaso se refleja, precisamente, en esos espacios donde ahora pretenden ir a sesionar.

Si Borges logra que éste sea el elemento diferenciador de su gestión, frente al escenario de conflicto entre poderes que caracterizó al 2016, y aprovecha el despliegue operativo de su partido y lo enriquece con la coalición unitaria, el ejercicio parlamentario en hospitales, mercados, escuelas, cárceles, fábricas y comunidades vulnerables resultaría muy útil para poner en evidencia la incapacidad del Ejecutivo Nacional. Y, sobre todo, confrontaría a los diputados del PSUV con una realidad distinta a la expuesta en sus discursos, una estrategia contundente en el caso de que se consiga ir a elecciones.

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Merentes el matemático (o “¿Por qué hablar de los nuevos billetes y no de los viejos?”); por Willy McKey

Nelson Merentes, en su condición de presidente del Banco Central de Venezuela, presentó el nuevo cono monetario. Lo hizo mediante una estrategia comunicacional feroz. Casi cruel. Merentes habló de cada efigie, de cada prócer, de cada animal y de cada paisaje como si aparecieran por primera vez en los billetes. Haber elegido esta estrategia comunicacional

Por Willy McKey | 7 de diciembre, 2016

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Nelson Merentes, en su condición de presidente del Banco Central de Venezuela, presentó el nuevo cono monetario. Lo hizo mediante una estrategia comunicacional feroz. Casi cruel. Merentes habló de cada efigie, de cada prócer, de cada animal y de cada paisaje como si aparecieran por primera vez en los billetes.

Haber elegido esta estrategia comunicacional sólo puede tener dos motivaciones. Y ambas son estrictamente políticas. La primera es cándida: ser una especie de Adán en las bóvedas del Paraíso, encargado de nombrar para el resto de los hombres una moneda como si nos resultara desconocida. La segunda es simple: evitar los territorios de la reminiscencia.

Una de las teorías del conocimiento más importantes que derivan del pensamiento de Platón se conoce como Teoría de la Reminiscencia. Y su postulado es simple: conocer es recordar.

La torpeza semántica (y con eso política) del nuevo cono monetario venezolano ha puesto en los seis billetes a los mismos próceres, animales y paisajes que estaban en los billetes que actualmente circulan en la economía venezolana, enormemente devaluados. ¿Y cuál es la consecuencia reminiscente de esto? Pues que a partir del 15 de diciembre el papel moneda nos recordará rotundamente que para aquello que en 2008 necesitábamos un billete de 2 bolívares, hoy necesitamos uno de 500. Y los principales testigos de eso serán la misma cara de Francisco de Miranda que estaba en el billete de 2, la misma tonina, el mismo fracaso.

Y aunque el calco de los próceres es evidente y penoso, durante su rueda de prensa Nelson Merentes es capaz de repasar cada batalla, cada país y cada monumento donde aparece Francisco de Miranda… excepto el hoy inútil billete de dos. Y hace lo mismo con Pedro Camejo en el de 5 y ahora en el de 1.000, con Guaicaipuro en el de 10 y en el de 2.000, con Luisa Cáceres de Arismendi en el de 20 y en el de 5.000, con Simón Rodríguez en el de 50 y en el de 10.000 y con Simón Bolívar en el de 100 y en el de 20.000.

Nuestro billete de más alta denominación ha pasado de 100 a 20.000 bolívares y el presidente del Banco Central de Venezuela no nos explica nada. Tan solo repasa anécdotas biográficas y zoológicas de una iconología repetida.

Merentes no quiere recordar. Merentes no quiere conocer. Merentes no quiere reconocer.

El único argumento que dejó colar en su alocución para justificar el uso de los mismos íconos fue un premio (de diseño, no de economía) que obtuvo la serie de ilustraciones cuando exhibían menos ceros. De ahí en adelante, prefirió evocar elementos como la locomoción del cachicamo o el talento para la música de Miranda. Tampoco recordó aquella enorme campaña comunicacional que se hizo para presentar al Bolívar Fuerte, que hoy contrasta con esta breve y austera rueda de prensa. Ignoró de manera campante, y en nuestras narices, que aquella proeza revolucionaria que en 2008 nos convenció de que a los billetes había que restarle ceros hoy ha sido transformada en una operación de multiplicación delirante, consecuencia de unas políticas económicas de las cuales él también es responsable.

La profesión para la cual se formó Nelson Merentes es la Matemática. Si bien la teoría de la reminiscencia entiende que aunque todo lo que vemos, oímos y sentimos puede considerarse como un conocimiento, también reconoce que su veracidad es imposible de comprobar porque no todos percibimos el mundo de la misma forma. Y por eso para Platón era un problema basar esta teoría sólo en sensaciones. ¿Y saben dónde consiguió la posibilidad de hacerlo? Justamente en las matemáticas. Explicaba el filósofo que, al estar desprovistas de emociones, las matemáticas le permitían al hombre llegar a resultados verdaderos que parecían salir de él mismo.

Y así entendió el platonismo que la verdad no surge del mundo exterior, sino de la razón.

Y es precisamente eso lo que hace que las ganas de hacernos olvidar que parece tener la estrategia comunicacional de Nelson Merentes y sus nuevos billetes se vengan abajo: la reminiscencia.

Una explosiva combinación de la memoria emocional y la frialdad de las matemáticas.

Al haber decidido calcar los rostros devaluados de nuestros próceres, el único éxito rotundo de este nuevo cono monetario reside en su capacidad para explicarnos que para aquello que alguna vez necesitábamos un billete de 100 hoy nos urge uno de 20.000. Y eso no surge del mundo exterior, sino de la razón.

Así de platónico. Así de patético. Así de simple.

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La MUD y el error de quemarnos la lengua; por Willy McKey

En política es posible renunciar a algunas cosas para lograr algunos fines, pero a lo único que no debes renunciar es a tu lenguaje. Cuando en medio de un conflicto permites que tu contrincante te convenza de nombrar el universo desde su punto de vista, ya estás perdido. El comunicado conjunto, firmado ayer por la

Por Willy McKey | 13 de noviembre, 2016
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Fotografía de AVN

En política es posible renunciar a algunas cosas para lograr algunos fines, pero a lo único que no debes renunciar es a tu lenguaje.

Cuando en medio de un conflicto permites que tu contrincante te convenza de nombrar el universo desde su punto de vista, ya estás perdido.

El comunicado conjunto, firmado ayer por la MUD, el PSUV y la representación de El Vaticano, no está escrito desde un lugar de enunciación diplomático. Ni siquiera plural. El idioma en el cual decidieron levantar las palabras de ese acuerdo están sacadas del neolenguaje del Poder, como si el salón del hotel donde decidieron reunirse hubiera servido como un exitoso experimento de catequización.

La excusa retórica es sencilla de predecir: irá desde “En algo había que ceder para que aceptaran nuestros puntos” hasta el “Esto es lo de menos: hay que enfocarse en lo que conquistamos”, con los consabidos matices de “Las negociaciones son así”.

Y ahí es donde está el problema: las negociaciones no son así.

Así son las conquistas.

En una negociación un término como “presos políticos” no se sustituye por “personas detenidas” por corrección diplomática. En una negociación no existe alquimia capaz de transformar consecuencias de unas pésimas políticas económicas en sabotaje. En una negociación no es ganancia que la Asamblea Nacional escoja rectores del CNE, porque eso ya los constituyentes lo dejaron por escrito en 1999. En una negociación no se celebra la posibilidad de elegir a dos de esos rectores, mientras se acepta repetir un proceso electoral en Amazonas al tiempo que se le niega a la gente el derecho a revocar al presidente. En una negociación no se habla de paz de ambos bandos cuando las armas están sólo de un lado y el miedo del otro.

Ya el problema de la supervivencia política de la MUD no es sólo su flaco ejercicio de la narrativa: ahora han decidido hablar en el idioma del contrincante y, todavía más grave, creer en su universo mitológico.

La guerra económica. El fraude electoral. El desacato de la Asamblea Nacional. El sabotaje. Todos esos animales mitológicos que protagonizaron las fábulas que el gobierno le contaba a su militancia antes de dormir terminaron mordiendo la mano de un liderazgo opositor que decidió darles de comer.

Si ayer creíamos que no tenían narrativa, hoy nos despertamos con la noticia de que entregaron nuestro lenguaje en sacrificio.

A este ritmo, mañana nos sorprenderemos hablando entre nosotros la engañosa lengua de quien nos robó el aliento. Siendo así, habrá que ir practicando. Quizás cerrar este post con algo como: “Combatientes representantes de la Mesa de la Unidad Democrática, le juro en nombre de la Patria y de los Padres Libertadores que mi confianza no cederá ante el sabotaje que los enemigos de nuestra lucha hacen circular en torno a la idea de que el comunicado conjunto ha sido un error, pretendiendo ignorar las importantes conquistas que han hecho ustedes en la Mesa”.

Pero no. Al menos todavía cuesta hacerlo.

Se supone que a los demócratas debería bastarle con tener el apoyo popular para tomar las decisiones políticas que lo conduzcan a llevar adelante su proyecto.

Es lo único que necesitan. Y ustedes lo tienen.

Todavía.

No pretendan obligarnos a hacer coincidir nuestro silencio con sus errores, porque de eso no se trata la confianza. Al contrario: de eso se han tratado estos 17 años.

No nos pidan justificarlos con la triste y lavada metáfora de que esto es ir “a paso de vencedores”.

No nos quemen la lengua.

Eso, además de perder, sería perdernos.

Y somos lo único que les queda.

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Maduro en salsa; por Willy McKey

Mientras la Asamblea Nacional decidía si el contexto político y social era el indicado para iniciar un juicio de responsabilidad política en contra de Nicolás Maduro, que tendría como consecuencia una marcha opositora hacia el Palacio de Miraflores en dos días, el Presidente de la República hacía un programa de radio en la señal pública.

Por Willy McKey | 1 de noviembre, 2016
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Fotografía compartida en Twitter por Ernesto Villegas, Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información

Mientras la Asamblea Nacional decidía si el contexto político y social era el indicado para iniciar un juicio de responsabilidad política en contra de Nicolás Maduro, que tendría como consecuencia una marcha opositora hacia el Palacio de Miraflores en dos días, el Presidente de la República hacía un programa de radio en la señal pública. Un programa sobre salsa en Radio Miraflores.

No hila contenido, no confiesa experticia, no comenta más allá de ese breve anecdotario que le proporciona la memoria a cualquier individuo nacido en el Caribe. Sin embargo, tiene la temeridad de enunciar algunas afirmaciones. Decir, por ejemplo, que La Dimensión Latina equivaldría a The Rolling Stones en la salsa, para luego confesar que olvidó el nombre de los vocalistas.

Su coanimador, Javier Eli, lo trata de usted. También usa Señor Presidente como una de las múltiples fórmulas de tratamiento para dirigirse a él, para ayudarlo, para servirle de ancla y, a la vez, de pivote. Le hace saber que Vladimir Lozano todavía canta en el mismo registro y, casi en un ejercicio de candidez, Nicolás le pregunta a Javier Eli si sabe cómo hace para conservar así la voz.

Afuera de la cabina radial, más allá de la evasión hertziana, hay un país cuyo discurso oficial lleva meses confesándose en una guerra económica. Incluso estamos a milímetros de la vigencia de un Decreto de Emergencia Económica que ha sido extendido a conveniencia por el Ejecutivo Nacional. Sin embargo, hoy el primer mandatario quiere adivinar los trucos de un vocalista para vencer al fantasma de la afonía.

También dedica canciones al aire. Le dedica a Henry Ramos Allup una versión de “Quítate la máscara” ejecutada por la Orquesta Latinocaribeña.

Dedica un rato a hablar de Alí Primera. Y cuando llega a “Tin Marín” empieza a repasar la historia del Grupo Madera. Fue predecible. Habla de San Agustín, de El Afinque de Marín, de las visitas de la Sonora Matancera, de Tito Rodríguez, de Benny Moré. Habla de los Quintero y consigue las excusas para darle play a “Compañero”, esa canción cuyo estribillo repite hasta el infinito “Trabajo y tierra” como si se tratara de un reclamo. Recuerda a Carlos Daniel Palacios y uno se pregunta si no mencionará a Fidias Escalona en toda La Hora de la Salsa.

El repertorio musical cerró con “Canción con todos”, otra del Grupo Madera. Es ésa que dice “Si eres blanco, si eres negro/ y sientes ese clamor/ sólo has de vibrar ahora/ y compartir tu dolor/ y también tus alegrías/ al fuerte son del tambor”.

Durante una hora, Nicolás Maduro defendió a la salsa como si se tratara de un territorio en pugna, producto de un mestizaje que “jamás entenderá la oligarquía”. Quizás si hubiese dedicado el mismo empeño al Esequibo cuando era canciller otro gallo cantaría. Es imposible no preguntarse qué entenderá por mestizaje mientras habla de la Madre África y se la niega a los hijos de cualquier otra orilla. Nuestra radio (y nuestra salsa) deviene en un ejercicio tan poscolonial y subalterno que incomodaría al mismísimo John Beverley.

Consideremos que tiene en el patio a El Vaticano, Unasur y a tres mediadores más vigilando si la cosa está como para ponerse a bailar. Debe mostrarse seguro de sí y nada mejor que bailar. Así sea bailar solo. La Primera Combatiente espera a que le pongan ésa que dice “Y tú loco, loco/ pero yo tranquilo” para acompañarlo. Todo en él da la impresión de que hace un esfuerzo enorme por transmitir algo de calma. Algo de sosiego. Algo de gobernabilidad. Algo.

En un futuro no muy lejano alguien nos preguntará qué pasó el 1 de noviembre de 2016.

Habrá que responderle que, mientras la Asamblea Nacional deshojaba la margarita en torno a la posibilidad de usar en contra del presidente de la República el argumento de “abandono del cargo”, Nicolás Maduro terminaba la primera emisión de su programa radial sobre salsa.

La próxima será sobre Maelo. Ecuajey.

Sólo en los infiernos ponen perros en la puerta; por Willy McKey

1 En el imaginario de lo humano, las entradas a los paraísos suelen estar vigiladas por arcángeles, mientras que sólo en los infiernos ponen perros en la puerta. Los primeros vigilan que nadie se cuele, los segundos que nadie se salga. 2 Dicen que William Benbow, un obrero británico del siglo XIX, fue el primero

Por Willy McKey | 28 de octubre, 2016
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Detalla de la portada del No. 28 del cómic Justice League of America. Si desea verla completa, haga click.

1

En el imaginario de lo humano, las entradas a los paraísos suelen estar vigiladas por arcángeles, mientras que sólo en los infiernos ponen perros en la puerta.

Los primeros vigilan que nadie se cuele, los segundos que nadie se salga.

2

Dicen que William Benbow, un obrero británico del siglo XIX, fue el primero en hablar de algo parecido a una huelga general. En un texto publicado en 1832 bautiza su idea como “Gran National Holiday”. Muchos han traducido el término como gran vacación nacional pero gracias a los juegos del idioma también podría leerse como gran día sagrado de la Nación.

El punto es que de ahí en adelante la huelga general se convirtió en una herramienta del movimiento obrero de Europa. Incluso, en los movimientos de izquierda fundacionales se creyó firmemente que la huelga general sería la vía hacia la gran revolución social. Y el poder lo sabía, así que estaba penada y era castigada con fiera represión.

3

Dicen que George Sorel fue un conservador monárquico hasta que descubrió el mundo de las ideas de Karl Marx. Y que fue un marxista ortodoxo hasta que aquello le pareció en exceso utópico y poco revolucionario. Y que leyó a Nietzsche y a Bergson y a Tocqueville. Y que, sumando a otras lecturas su desprecio por la socialdemocracia, ensambló su bienintencionado y rebelde Frankestein teórico: el sindicalismo revolucionario.

Una de sus ideas más populares (y que más se repite en los manuales de las juventudes sindicalistas) viene de su libro Réflexions sur la violence: les illusions du progrès: la huelga general refuerza la solidaridad, la conciencia de clase y el espíritu revolucionario de los trabajadores.

Solidaridad, conciencia y revolución.

Cualquier Poder sin apoyo popular debería temerle a aquello: se pondría en evidencia que su fuerza depende enormemente de la fuerza que el otro ha decidido detener por un instante.

4

Hoy en Venezuela un gobierno que se autodefine como obrero vigila en las afueras de las fábricas y en las puertas de las casas de los patronos que nadie se sume a una huelga general (o “paro cívico nacional”, como también se le llamó) de apenas doce horas como mecanismo de protesta.

Una paradoja.

Es como si, en el camino inverso de Sorel, un obrero que estuvo sindicalizado se haya desencantado de la socialdemocracia y (luego de oír hablar de Marx y de Bergson y de Nietzsche) terminara creyendo en que lo mejor para gobernar son las fórmulas autocráticas de una monarquía, en la que siempre vendrá bien hablar más del rey anterior que del actual.

5

El último de los trabajos que Hércules fue capturar al Can Cerbero, el perro de tres cabezas que cuida las puertas del infierno. Una de las versiones más hermosas del mito dice que, al llegar exhausto a las puertas del Hades, Hércules decidió tratar al enorme animal con respeto y afecto.

Era la primera vez que alguien lo trataba así y eso bastó para que el más fiero de los perros que ha imaginado el hombre se fue dócil detrás de Hércules.

Sin embargo, la visión del Hades siempre será la de un infierno infranqueable porque un perro eterno se mantiene vigilando sus puertas.

6

Las huelgas y los paros fueron considerados como delito durante toda la Revolución Industrial.

A principios del siglo XX fuerzas globales de la socialdemocracia y otros factores de la izquierda lograron instaurarla como un derecho reconocido internacionalmente y parte fundamental de las libertades del obrero.

Sin embargo, muchos gobiernos se han opuesto al libre ejercicio de la huelga y muchas de las consecuencias han sido atroces.

La persecución a los sindicatos durante el gobierno militar de Augusto Pinochet en Chile. El desmantelamiento de los sindicatos argentinos y la desaparición de sus líderes en tiempos de Videla. La represión contra los participantes del “Brazos cruzados, máquinas paradas” brasilero.

Tres ejemplos de dictaduras militares que veían en toda huelga una conspiración.

7

Doce horas que no fueron ninguna amenaza. El país no se paró, pero tampoco marchó a su velocidad habitual. Algo pasó y ya los factores políticos sabrán cómo sacarle punta.

La noticia fue otra. La noticia no tuvo que ver con héroes, ni con sindicatos ni patrones.

La noticia fueron los guardianes en las puertas.

Ya vigilan los portones de las fábricas, para ver quiénes van a trabajar y quiénes no.

Ya vigilan las plantas que quieren detenerse y amenazan con echarles mano.

También vigilan las residencias de los patrones.

¿Cuánto falta para que empiecen a vigilar las puertas de nuestras casas?

¿Cuánto más para que cualquier lugar empiece a parecer un infierno porque algún poder ha puesto un perro a vigilarnos?

Crónica de aquella vez que en Venezuela se inició un juicio contra Nicolás Maduro; por Willy McKey

1. Los barrotes y esa otra cosa invisible Desde la esquina de San Francisco resulta fácil contar más de cuatro decenas de guardias: bastaría con mirar alrededor desde La Ceiba para dar con las primeras tres decenas. El bloqueo de los corredores peatonales por las barandas antidisturbios desplaza el tránsito de la gente hacia la

Por Willy McKey | 26 de octubre, 2016
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Fotografía de Gabriel Méndez. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

1. Los barrotes y esa otra cosa invisible

Desde la esquina de San Francisco resulta fácil contar más de cuatro decenas de guardias: bastaría con mirar alrededor desde La Ceiba para dar con las primeras tres decenas. El bloqueo de los corredores peatonales por las barandas antidisturbios desplaza el tránsito de la gente hacia la esquina de La Bolsa y los lados de San Jacinto, de modo que la cantidad de efectivos en el acceso más oriental del Palacio Legislativo dan la impresión de que en esa cuadra de dimensiones coloniales hay más militares que civiles.

Y es un espejismo eficaz.

En medio de ese cuadro costumbrista verde militar con urbanismo de Guzmán Blanco al fondo y una escena más del alcalde Jorge Rodríguez transcurrió la sesión legislativa que será recordada como aquella vez que en Venezuela los diputados iniciaron un juicio de responsabilidad política contra Nicolás Maduro.

Hay un grupo tempranero que conversa en medio del patio del Palacio Federal Legislativo. Algunos no sabían que el principal encargado de esta obra era hijo de Rafael Urdaneta n ique cuando se terminó, en 1877, hubo una polémica que hoy puede resultar cándida: en lugar de los casi 43.000 bolívares de la época que se habían presupuestado para la obra, el monto sobrepasó los 170.000.

“¿En cuánto tiempo lo habrán hecho?” pregunta una de las tertuliantes antes de acudir a Wikipedia desde su teléfono y volver con la respuesta: “Carajo: se construyó en cuatro años”. El dato basta para devolver la conversación a este siglo: “Pensar que la Torre Este de Parque Central se quemó hace doce años y esta gente todavía no la termina de habilitar”.

Es probable que esos minutos de iluminación e infraestructura hayan sido los únicos que no dedicaron a conversar sobre el episodio del secretario ejecutivo de la MUD del día anterior y un supuesto diálogo con el gobierno agenciado por El Vaticano. El humor echa mano de que muchos líderes dijeron haberse enterado por la televisión. En cada grupo de gente que suena aparecen teorías y desenlaces posibles (o de los otros).

El temor mayor es que se haya desmovilizado a quienes quieren protestar. “Esto que va a pasar hoy aquí no tiene ningún sentido si mañana no llenamos la calle”. Pero cambian rápido los tópicos de las conversaciones: a medida que se acerca la hora de la sesión dejan de aparecer con tanta relevancia las palabras “calle”, “diálogo” o “referendo” ceden su protagonismo a otra noción que algunos diputados van ayudando a colocar: “juicio de responsabilidad política”.

En lo que las teorías empiezan a repetirse, aparece la tentación de ver si el acceso al Palacio por donde entró la breve turba el domingo fue dotado con más seguridad. Y no. La media docena de efectivos deslucía frente al operativo desplegado del otro lado, al menos durante estas horas de entrada.

Esta estructura no es una reja capaz de detener a cualquiera que goce de la salud suficiente para escalarla. Los endebles y pretendidamente decimonónicos barrotes se confiesan vulnerables. Este tipo de edificios necesita de algo más para que la gente los respete. Algo invisible pero poderoso, capaz de representar simbólicamente una barda más alta que estos escasos tres metros.

Algo que lleva tiempo agrietándose y que, como todo lo invisible, es muy difícil de reparar.

2. La dilación de un prólogo

En la planta alta del edificio está la Biblioteca Luis Beltrán Prieto Figueroa. Se llega hasta ella por una angosta escalera de madera que pone en evidencia cuánto puede envejecer un edificio cuando las escalas del futuro pretenden medirle su eficacia. Y aunque algunos parecen habituados al asunto, quienes más sufren con los pocos espacios de maniobra en las escaleras y recovecos son los camarógrafos y sus asistentes.

La premura siempre es cruel con quienes deben llevar consigo vocaciones tan pesadas que requieren de un trípode y muchos cables.

El apuro se debe a que el diputado Julio Borges va a dar algunos anuncios previos a la sesión. Basta ver la naturalidad con la cual usan el espacio para entender que desde hace rato la biblioteca ha pasado a ser una suerte de bullpen para los oradores del día. Mientras tanto, en la antesala ya está dispuesto el rosario de micrófonos de los medios que llegaron y el muro conformado por las cámaras de más canales de Internet que de televisión abierta.

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Fotografía de Gabriel Méndez. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Ya son las diez y media de la mañana. Un grupo representativo de las distintas toldas políticas que conforman la Unidad se distribuyen dentro del tiro de cámara. Consiguen maneras de quedar por encima de la altura calculada de los oradores sirviéndose de sillas y taburetes de plástico. Hay quienes, movidos por el afán de aparecer, se atreven a encaramarse en muebles patrimoniales y reciben de inmediato el regaño de los diputados más jóvenes que forman parte de un backing humano dónde quizás son demasiados aquellos que quieren aparecer.

En apenas unos veinticuatro metros cuadrados se concentra una buena parte de la mayoría parlamentaria. Casi la mitad afina los detalles para unas declaraciones que servirán de prólogo al resto del día. El resto forma parte de un diorama donde pueden verse representados los arquetipos de esa singular fauna que es “la fuente política”.

Julio Borges pregunta si se sabe algo de Freddy Guevara y es así como el bullpen confirma su pítcher abridor y anuncia el relevo en la declaración. Los periodistas, la mayoría mujeres, se distribuyen estratégicamente: quienes cuentan con la confianza de los voceros intentan ubicarse “donde siempre” mientras que aquellos que pretenden descolocar varian su lugar de abordaje.

Es algo que toma tiempo. Y quizás el arranque de este prólogo está tardando demasiado.

3. Los ritos de entrada de la otra esquina

Los diputados oficialistas suelen llegar justo antes de la sesión, podría pensarse que con la intención de comprometer el quórum. El líder del rito de entrada es el diputado Francisco Torrealba, encargado de revisar el clima antes de que llegue el resto de la bancada.

No le faltan edificios cercanos para poder reunirse sin exponerse a los medios ni apretujarse en una biblioteca.

Sin embargo, hoy algunos diputados del llamado Bloque de la Patria llegaron antes. Están en el umbral del Salón Francisco de Miranda, ubicado en la planta baja del Palacio. Ven en la pantalla de un smart-phone la transmisión de la rueda de prensa que dan Borges y Guevara. Ignoran que ya han empezado a dar acceso al Hemiciclo, pues la mayoría de los medios está en la biblioteca y Henry Ramos Allup no habitúa comenzar la sesión hasta que los periodistas estén activados en la transmisión y registro.

Sin embargo, a veces basta cambiar una jugada de rutina para cambiar todo el juego.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Los síntomas más claros de que no esperarán a los ausentes se ven en un par de pantallas que fueron instaladas para transmitir el debate a quienes no tengan posibilidad de entrar. A todo esto hay que sumarle otra rareza: repartieron unos tickets con un número y una firma para asegurarse de que sólo pasen los medios registrados por la secretaría encargada. Algunos de los periodistas habituales se toman la novedad como una broma, pero igual atesoran el papaelito con las rayas de tinta azul que les aseguran el acceso al palco de prensa.

“¡Esta vaina ya empezó!”. Aparecen el empujón, la viveza, el bochinche. Los pasillos y accesos del Palacio Legislativo vuelven a poner en evidencia que la arquitectura del siglo XIX nunca previno tanto apetito por entrar, mucho menos con un ritmo que estuviera marcado por la angustia de quedarse con una cobertura incompleta.

Francisco Torrealba también luce acelerado. La parte de los diputados de la fracción del PSUV que no ha llegado a sus curules pasó del retraso estratégico a la misma urgencia, retando a los encargados del acceso a la hora de separar los autorizados de los espontáneos.

Una brevísima puerta debe soportar las ganas de entrar de una masa de entusiasmo político, trípodes y papelitos que son expuestos como banderines y salvoconductos.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

4. Como si el tiempo fuera propio

Minutos antes, en la biblioteca, Tomás Guanipa invitaba a los medios a la antesala donde ya se habían instalado las cámaras. Ubicarse se transforma en un tropiezo. Julio Borges comienza y echa mano del recuerdo para revivir aquella “hoja de ruta” anunciada hace meses para afirmar que sigue en curso. Todo le resulta útil para poner en contexto lo que será el eje de la sesión de hoy: activar los primeros pasos para un juicio de responsabilidad política contra Nicolás Maduro y, al mismo tiempo, el estudio del caso que les permitiría aludir a la bancada opositora el “abandono de cargo” como argumento legal contra el Presidente de la República.

Los periodistas lo oyen, pero en cada silencio le disparan dudas sobre el supuesto diálogo en Margarita. Las preguntas se amontonan en los oídos de los presentes pero sólo sobrevive aquella que haya logrado superar la confusión. Es ésa la que Borges intentará responder antes de darle la palabra a Freddy Guevara. La respuesta del jefe de la fracción opositora es que las acciones de calle anunciadas para los días 26, 27 y 28 de octubre se mantienen… aunque le hayan preguntado otra cosa.

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Fotografía de Gabriel Méndez. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Cuando le toca a Guevara, empieza por aclarar que puertas adentro de la Unidad hay muchas cosas por decidir y acordar, pero que entienden que hay que generar las condiciones para que ese diálogo “que en algún momento será real” al menos parezca posible. Borges lo complementa afirmando que “en Venezuela no hay democracia y nosotros tenemos el compromiso de rescatar el hilo constitucional y hacer que la democracia sea gobierno”.

Cuando empiezan a explicar que ven como una conquista política de la Unidad que el Papa haya enviado a alguien para conocer la situación en Venezuela, “pues es algo que nosotros mismos hemos solicitado”, la diputada Adriana D’ Elía revisa su teléfono y les hace saber que la sesión está a punto de iniciar. Era necesario estar presentes antes del conteo habitual para el quórum y puede que ya no les dé tiempo.

Sesión parlamentaria de Venezuela. 25 de octubre de 2016. Fotografía Diego Vallenilla

Fotografía de Diego Vallenilla. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Todo se agita. Miguel Pizarro y Freddy Guevara repasan un par de ideas y forman parte de los sorprendidos junto a varios periodistas de la fuente. Por primera vez en mucho tiempo se da inicio a la sesión sin que estén la mayoría de los medios presentes.

En las manos vuelven a aparecer los pequeños tickets como escapularios que pretenden detener el tiempo. Para cuando pudo entrar el último de los periodistas acreditados, ya el diputado Juan Miguel Matheus estaba haciendo uso de la tribuna de oradores.

5. El Debate I: Héctor Rodríguez

Antes que repasar en lo que dijo cada quien, algo que las coberturas en vivo que terminan convertidas en videos en YouTube resguardan mejor que la crónica, la visión cenital del Hemiciclo permite atender al papel de cada diputado en este enrarecido ecosistema que convive debajo de la cúpula del Capitolio.

Mientras Juan Miguel Matheus abría el debate sobre el juicio de responsabilidad política a Nicolás Maduro, yendo desde la revisión del escenario político actual hasta dirigirse directamente a las Fuerzas Armadas, en la fracción del PSUV escuchan con atención a Héctor Rodríguez. No fue sino hasta que se dirigió al pueblo militante del chavismo que algunas cabezas decidieron virarse hacia la tribuna de oradores: “Esto no fue lo que se les prometió. La lucha democrática es para que todos vivamos mejor”.

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Fotografía de Gabriel Méndez. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Si hubiera que utilizar alguna alegoría deportiva capaz de resumir el papel de Héctor Rodríguez, sería la del un coach de primera base en béisbol. Mientras otros diputados inscritos en el orden de intervenciones (como Julio Chávez o Pedro Carreño) no le prestan mayor atención a las palabras de la bancada contraria, a Rodríguez parece que le hubieran encomendado estar atento a cuanto sucede para poder prever líneas de oratoria capaces de recolocar el mensaje.

Cuando Matheus citó al Papa Francisco y se refirió a quienes ejercen el poder desde el partido de gobierno como “una casta de pan sucio”, fue Rodríguez quien se acercó a Julio Chávez, el primero de los suyos en intervenir. Hizo lo mismo con Pedro Carreño después de que consignaran el proyecto de acuerdo que contiene la activación del juicio de responsabilidad política contra Nicolás Maduro y cuando Omar Barboza se refirió a los “jueces de rocola, que suenan según lo que les metan”. También Edwin Rojas conversó con él, luego de que Carlos Berrizbeitia cerrara su participación.

En lo que va de año legislativo, en los debates la oposición se ha decantado por el ethos mientras el oficialismo se atrinchera en el pathos. Rodríguez, en cambio, apela por la singularidad del logos. La retórica siempre ofrece estos tres caminos y a muy pocos se les da bien el tercero. Resulta paradójico que sean él y Henry Ramos Allup quienes compartan esa condición, aunque eso sirva para explicar que sean una constante en cada debate.

Rodríguez soporta la dinámica impuesta por los representantes de la oposición, quienes retoman lo que ha dicho su contrincante anterior para usarlo a favor. Pero, en detrimento de ese talento, tanto a Julio Chávez como a Pedro Carreño (en featured con un video de Hugo Chávez que terminó jugando en contra) y a Edwin Rojas se les hace imposible descubrir el secreto de estos giros. Quizás tenga que ver con que atender al otro es imprescindible para poder apuntarse alguna victoria en cualquier debate.

El desdén por la palabra ajena impide alcanzar esa cuota de dinamismo vital para que el piquete del intercambio alcance a dolerle un poco al contrario.

Cuando le tocó a Rodríguez, en efecto, pudo devolverle un par de ideas a William Dávila, posiblemente gracias a los apuntes que tomaba mientras lo escuchaba repetir su frase álgida: “El pueblo no conspira, ¡el pueblo revoca!”. Sin embargo, ya la fracción estaba lacerada por los descuidos previos. Cuando decidió enunciar que “Nosotros no somos una coyuntura electoral: somos una fuerza histórica y politica” y luego reconoció a la oposición como otra fuerza política ganó espacio y atención. Cuando le recriminó a la oposición que “Tienen que dejar de hacer política prestándole atención a las redes sociales” supo dónde dar. Pero confiado en la táctica cometió un error estratégico al decidir que el punto que atacaría de la intervención de Dávila sería Rómulo Betancourt.

Apenas empezó a hacerlo, la sonrisa iluminó el semblante de Henry Ramos Allup. Era como si sintiera que Héctor Rodríguez había caminado derechito hasta su patio.

6. Motofobia

La curva de una escalera de madera es la que permite el acceso a ese primer piso que es el palco destinado para la prensa. Justo en medio, a la altura del sexto escalón, se puede ver a través de un ventanal la fachada del Palacio de las Academias. Sólo quienes suben o bajan concentrados en sus teléfonos logran evadirlo.

Desde que Juan Andrés Mejías hablaba hasta que le tocó a Américo De Grazia, cada cinco minutos se decía que había militantes oficialistas concentrándose en las afueras. La reacción sólo es notoria cuando dicen que están en la puerta oeste, pero era un mismo mensaje cumpliendo ciclos de rumor, saliendo y volviendo a las mismas pantallas que volvían a difundir una foto que mostraba a un grupo de motorizados que quienes estaban en el ventanal vieron pasar hace casi dos horas.

Nos hemos esforzado para convertir la imagen de las motocicletas en nuestros jinetes endógenos del Apocalipsis.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Cuando le toca al diputado Pedro Carreño una buena parte de los presentes prefiere visitar el ventanal de la escalera. Cualquier cosa antes que escucharlo hablar del Plan Cóndor. El tránsito de los automóviles se mantiene en condiciones regulares y el rumor cambia: de vez en cuando pasan breves oleadas de la marcha oficialista con dirección a la concentración en Miraflores.

No hay nada sino eso: pueblo que camina hoy hacia donde fueron convocados, sólo porque otra parte del pueblo va a caminar mañana.

7. El Debate II: Henry Ramos Allup

La intervención de Juan Andrés Mejías pudo anclarse en los excesos referenciales de Julio Chávez: antes que referirse a sucesos de hace cuarenta, prefirió hablar de los presos políticos de hoy, el derecho a la salud, la situación de los pueblos indígenas, el crimen ambiental que significa el Arco Minero y, directamente, el intento de “la instalación de la dictadura de Nicolás Maduro”, sin dejar por fuera la destitución de alcaldes y diputados.

Edwin Rojas llegó al la tribuna de oradores con un solo objetivo: afirmar que en Venezuela no cabe la figura de la responsabilidad política del presidente, porque el sistema es presidencialista y no parlamentarista, soltando un “Nosotros no somos Brasil” que le atajó Américo De Grazia. “Es verdad no estamos en Brasil, porque aquí la salida posible era el Referendo Revocatorio y esa salida ustedes la bloquearon” fue la primera, aunque no dejó sin riposta a Julio Chávez, quien había colgado en el ambiente la idea de que en la MUD sólo había una pelea por las candidaturas regionales: “¡Allá ustedes que no tienen candidatos para las elecciones regionales!”

Mientras todo esto sucede, Henry Ramos Allup entra y sale del Hemiciclo, quizás poniéndose al tanto de lo que sucede en la puerta oeste. Un fotógrafo que salió a fumar vuelve a los ocho minutos: “Sí hay gente, pero son unos poquitos. ¿Todavía no ha hablado Henry?” Lo mandan a callar. Ramos Allup anota, apunta, sonríe. Cuando avisa que será él quien cerrará el debate, le devuelve al murmullo de la bancada oficialista un “¿Tienen miedito?”. El tono es socarrón y libre de cualquier solemnidad.

Hay un derecho de palabra para Julio Borges, quien pidió que al terminar el debate se sometiera a votación formal el inicio del procedimiento contra Nicolás Maduro y pedir que se le notificara al propio presidente que compareciera ante la Cámara para responder a las acusaciones allí descritas. También quería dejar constancia de la posibilidad de abrir un expediente para llevar a juicio a Nicolás Maduro, con la consideración relativa del abandono del cargo. Ramos Allup lo aprueba y afuera, quienes no han podido entrar al Hemiciclo y miran las pantallas, oyen y aplauden la decisión.

Quizás fue ahí cuando decidió cambiar por segunda vez una jugada de rutina.

8. Final de Partida

En retórica, una mudanza del logos al pathos puede generar efectos diversos en la audiencia cuando se hace de manera inesperada.

Sobre todo quebrantar al contrincante.

Luego de aprovechar los espacios que había dejado abiertos Héctor Rodríguez y felicitarlo irónicamente por estar estudiando a Rómulo Betancourt, Ramos Allup describió el contexto de aquel primer gobierno posterior a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Así llegó a las estrategias de la memoria, donde la juventud suele jugar en contra, para explicarle que aquella situación de guerrillas y grupos armados no podía compararse con las crisis actual.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

Y estando resuelto aquello desde el logos, tal como es su costumbre, Ramos Allup viró el tono: había decidido dirigirse a Padrino López, el Ministro de la Defensa, quien de ahí en adelante fue el destinatario único de su intervención. Usando como punto de partida el comunicado que se había hecho público el día anterior, le soltó dardos como “Responda, Ministro. Usted que sólo tiene palabras para defender a un gobierno que se cae”. Incluso llegó a retarlo a un debate público, “a ver si ronca como ronca cuando está armado y en el seno de un cuartel”.

Una vez más el sujeto político se convirtió en esclavo del sujeto que recuerda. La evidencia estuvo en el remate: “Si quieren organicen otro asalto a la Asamblea como el del domingo, porque ustedes no creen el el voto sino en que destrozando las instituciones se atornillan más”.

El diputado Ramos Allup que había hecho referencia a las posibilidades de determinar la responsabilidad política de Nicolás Maduro mediante las atribuciones de la Asamblea Nacional y había explicado las consecuencias posibles en caso de que resultara el abandono de cargo o algún indicio en responsabilidades civiles, penales y administrativas había sido raptado momentáneamente por el pathos. Y Héctor Rodríguez, en lugar de resguardarse y monopolizar el efecto diferenciador del logos, se dejó arrastrar por fuerzas que son más poderosas que la razón en el uso de su derecho a réplica, cuando retó a Ramos Allup diciéndole que que no tenía “ni la fuerza ni los cojones para defender lo que dijo”.

La altisonancia desató una gresca que no llegó a mayores. Sin embargo, mientras la tensión vaciaba las bancas, el Presidente de la Asamblea Nacional parecía haber logrado el efecto esperado y dirimía la tensión llamando a los diputados a votar: hizo el camino de vuelta al logos sonriente, a sabiendas de que el efecto en el debate había resultado a su favor.

Justo en ese momento una cadena de radio y televisión ocupó las señales abiertas con la noticia de que Nicolás Maduro ya estaba en el país.

9. Caracaos y el rédito de ser visto

El conato de violencia duró apenas unos segundos. El proceso de votación fue rápido y se hizo con la señal de costumbre. Cuanto siguió no fue otra cosa que la convocatoria a las acciones que la MUD planea para el día siguiente y una tensa solemnidad que hizo que el himno nacional contrastara con la música que las cornetas ubicadas afuera imponían como coordenada del resto del día.

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Fotografía de Diego Vallenilla. Para ver la fotogalería completa, haga click en la imagen.

La llegada de Nicolás Maduro al país, después de una breve gira, todavía no había podido comprobar otro éxito que la concentración madurista en Miraflores que comenzaría en minutos.

De nuevo en la esquina de San Francisco, seis horas después, el alcalde Jorge Rodríguez aparece en una pequeña concentración que reúne a unas doscientas personas. Sólo han pasado quince minutos desde que se terminara la sesión que dio inicio a un juicio de responsabilidad política contra Nicolás Maduro en la Asamblea Nacional.

No hay mucha gente y puede que para ninguno esto sea noticia.

Hace casi 48 horas el alcalde estaba en la misma manzana, sólo que del lado oeste, intentando poner orden en la turba que invadió los jardines del Palacio Legislativo, aprovechando una aparente ausencia de la Guardia Nacional Bolivariana, encargada de la custodia de las instalaciones. Hoy le toca conducir una concentración frente al palacio presidencial.

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Fotografía de Willy McKey

Un casco que está colocado sobre el tanque de la moto que lo lleva deviene sintomático. Desde hace una par de días la imagen del alcalde y ex-rector del Consejo Nacional Electoral representa algo más que un hombre a quien no multarán por una infracción menor como la de ir de parrillero sin proteger su cráneo. ¿Pero cuál podría ser el motivo para que un alcalde decida ir de parrillero, en medio de un acto político a cielo abierto, sin casco?

¿Ser reconocido con facilidad por los manifestantes, quizás?

El gesto sólo tendría sentido si arroja algo de rédito político o, al menos, un poco de fuerza a la militancia.

Habrá quien crea que una contundente acción de calle podría sacar del foco central la noticia de esta primera mitad del día: en Venezuela ha comenzado un juicio de responsabilidad política contra el presidente Nicolás Maduro, al tiempo que las fuerzas políticas de la oposición hacen un llamado a manifestar en las calles.

Hoy, al menos, quienes pueden se muestran sonrientes y optimistas.

Tenemos el humano derecho a evadir por un momento todo cuanto nos recuerde que hay cosas que alguna vez se nos escaparon de las manos.

Mientras tanto, camino al metro, vuelve a aparecer la misma frase: “Esto que va a pasar hoy aquí no tiene ningún sentido si mañana no llenamos la calle”.

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El asalto a la AN (o “Cuando el hombre del saco ya no asusta a nadie”); por Willy McKey

Muchos venezolanos no pudieron ver lo que sucedió. El bochornoso espectáculo se reservó para esos pocos con conexión a Internet. En una imagen sin audio, la brevísima turba y la aparición señalada del alcalde Jorge Rodríguez, sin agentes de seguridad ni los antimotines que uno suele ver en otras manifestaciones políticas. Incluso: no poder escuchar

Por Willy McKey | 24 de octubre, 2016
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Fotografía de Andrés Kerese. Si quiere ver toda la fotogalería de la sesión de la Asamblea Nacional del #23OCT haga click en la imagen.

Muchos venezolanos no pudieron ver lo que sucedió. El bochornoso espectáculo se reservó para esos pocos con conexión a Internet. En una imagen sin audio, la brevísima turba y la aparición señalada del alcalde Jorge Rodríguez, sin agentes de seguridad ni los antimotines que uno suele ver en otras manifestaciones políticas. Incluso: no poder escuchar los gritos ni las consignas le daban al alcalde cierto carácter similar al de un pastor a quien se le ha escapado sus ovejas, pero logra reconducirlas al redil con apenas unos toques de su bastón y algunos silbidos.

Todas las entradas y salidas al Palacio Legislativo son custodiadas por la Guardia Nacional Bolivariana. Todas. Nadie puede entrar al edificio sin su permiso o, al menos, sin su complicidad. Esos guardias son responsables de que nada amenazante cruce el patio ni pise la grama donde algunos militantes arrechos incluso tuvieron tiempo para abrazarse mientras obedecían a los silbidos. Sin embargo, el tono bucólico de la escena era exclusivo de los jardines. Adentro del edificio, según testimonian los periodistas y las heridas, ya estaban los lobos que pudieron cruzar las cercas, quizás disfrazados de ovejas del mismo rebaño.

En el análisis, el performance comunicacional puede despertar la suspicacia de muchos, a partir de preguntas que surgen de manera natural. Por ejemplo: la duda “¿Cómo cuestionar al alcalde, cuando se asegura de que lo vean intentando resolver la contingencia?” va de la mano con “¿Aquellos que entraron armados a agredir a varios de los presentes no son de la misma gente que afuera es devuelta al juicio por el alcalde?” Otra dupla de dudas podría ser “¿Cómo hicieron para superar la vigilancia de la Guardia Nacional Bolivariana?” junto a “¿Por qué es el alcalde en solitario y no en compañía de la GNB quien saca de esa zona de seguridad a los irruptores?” Más allá: “¿Cómo es que no hay ningún detenido, si estaban el alcalde y la GNB  y esos mismos funcionarios pudieron identificar a los irruptores?” junto a “¿Quiénes fueron los encargados de desalojar a los agresores del Hemiciclo?”.

Aunque todas parecen conducir hacia una misma pregunta: “¿Fue una acción espontánea o una demostración performática de activación política?”.

¿Vimos un rebaño de ovejas descarriadas o la acción política de una manada de lobos?

Puesto en contexto, si se tratara de una acción política, es evidente que ésta habría sido mucho más eficaz tras la intervención de Henry Ramos Allup, convirtiéndose en el cierre del día. Una acción como ésta, después de intervenciones como la del diputado y joven ex-ministro Héctor Rodríguez y antes de la tibia oratoría de Elías Jaua, genera un efecto que resulta tóxico para el madurismo: su amenaza fue aplacada por el orden, la sesión continuó y fue cerrada por el orador más aventajado de la oposición, y las consecuencias del hecho le permiten a la opinión pública suponer que (por inacción o por complicidad) el comportamiento de la Guardia Nacional Bolivariana fue pusilánime.

De no ser así, el gobierno también le quedaría debiendo a la opinión pública algo que explique el comportamiento del alcalde, de la GNB y de los diputados de la bancada madurista. Algo. Lo que sea. Un chivo expiatorio, al menos, que pueda darle verosimilitud a la acción y no la confiese como una farsa.

Porque la sesión no se interrumpió y el acuerdo que se pretendía aprobar tuvo su versión final.

La política, nos guste o no, siguió andando.

En las redes sociales muchos hicieron referencia a los Tonton-Macoute, violentos simpatizantes enmascarados que el dictador haitiano Papa Doc usaba para amedrentar a cualquier fuerza opositora o individuo que contara con algún apoyo popular. El nombre del sangriento colectivo podría traducirse al español como “el hombre del saco”, ese personaje sombrío que lleva a cuestas una bolsa de tela llena con los objetos inservibles que va recogiendo y que servía (¿o sirve?) de amenaza contra los niños que no son obedientes y se portan mal, a quienes le hacen creer que se los va a llevar “el hombre del saco”. Aquellos mercenarios ocultaban sus rostros y usaban torturas, armas de fuego y machetes contra sus víctimas, y se encargaban de lucir monstruosos con el fin de amedrentar a cualquiera que pretendiera oponerse al Poder. Fue una estrategia que le permitió a los Duvalier mantenerse durante bastante tiempo en el poder.

Y tiene algo de sentido la comparación, salvo por un atenuante: en el Haití de Papa Doc se decía que el jefe del clan Duvalier era el mismísmo Barón Samedi, El Señor de los muertos, hecho hombre. Hoy Nicolás Maduro se parece más a un dictador que sale del país cuando todo se nubla, escondido detrás de las togas de algunos jueces de provincia para no medirse electoralmente.

Nadie que proyecte una imagen con tantos temblores puede asustar.

Los mismos ciudadanos, periodistas y diputados que años atrás se habrían aterrado con el asalto a la Asamblea Nacional, hoy se preguntan indignados cómo es posible que esa pequeña turba que no ocupaba ni la mitad del patio haya entrado y salido del Palacio de esta manera. Y ver que el terror empiece a generar indignación antes que miedo puede resultar sintomático.

¿Y qué sucede cuando un niño ve que dentro de la bolsa que lleva El Hombre del Saco lo único que hay son objetos inservibles, desechos de algo que otro ya utilizó, limosnas en forma de chatarra o ropa vieja? ¿Qué pasa cuando ese niño entiende que si se atrevieran a meterlo dentro del saco de ese pobre hombre amenazante su propio peso le impediría seguir avanzando?

¿Qué pasa cuando el hombre del saco deja de dar miedo?

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La MUD y su flaco ejercicio de la narrativa; por Willy McKey

1 Según Aristóteles, la retórica debe verse como el arte de descubrir los medios y las estrategias necesarias para poder persuadir al otro. Y para eso es imprescindible contar con su confianza. O al menos con algo de credibilidad. En política, para la opinión pública resulta completamente prescindible la verdad: siempre se impondrá lo-que-parece-que-pasó por

Por Willy McKey | 14 de septiembre, 2016
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[© Fotografía de Gabriel Osorio / Orinoquiaphoto]

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Según Aristóteles, la retórica debe verse como el arte de descubrir los medios y las estrategias necesarias para poder persuadir al otro. Y para eso es imprescindible contar con su confianza. O al menos con algo de credibilidad.

En política, para la opinión pública resulta completamente prescindible la verdad: siempre se impondrá lo-que-parece-que-pasó por encima de lo-que-pasó-en-verdad.

A la verdad le toma demasiado tiempo aparecer. Así que, mientras aparece, todo el peso recae en la capacidad de persuadir y de ganar confianza.

Por eso es que siempre tendrá mayores probabilidades de éxito político quien controle qué-se-cuenta de lo-que-pasó.

Y la MUD se ha extraviado en el control de su narrativa, incluso ahora cuando ha logrado convencer a propios y extraños de ser absoluta mayoría.

2

Horas antes de la manifestación del #1S se publicó una carta de Manuel Rosales cuyos objetivos se siguen leyendo, por usar un término sensato, difusos. Sin embargo, el eje era exhortar a que no hubiera violencia durante la manifestación, una violencia que sólo había aparecido referenciada en el discurso oficial. Luego de eso, el presidente del partido Un Nuevo Tiempo, Enrique Márquez, dejó colar en una entrevista al diario Panorama que había unos diálogos de los cuales habían salido “cosas interesantes”, aunque consideraba que éste no es momento para hablar de eso.

Es curioso: en apenas dos movidas, desde UNT la opinión pública se entera de que hay unos diálogos que llevan rato, pero aún no-estamos-preparados para saber de que van ni quiénes están en eso. En paralelo, el vicepresidente Aristóbulo Istúriz le dice a José Vicente Rangel que si el #1S no pasó nada fue porque hubo conversaciones entre ambos bandos políticos. Al rato, desde su vocería como Presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup afirma que hay conversaciones con el gobierno que asegurarán las condiciones para que el Referendo Revocatorio sea en 2016, aunque al poco tiempo Diosdado Cabello lo desmintiera.

Ya es conocido aquel tuit de María Corina Machado: “Conmigo no cuenten si se acuerda el Referendo Revocatorio para el 2017”. Pues bien: en literatura existe una figura retórica llamada “percontatio” y sirve para generar un diálogo ficticio. Se utiliza cuando el autor quiere hablarle a un interlocutor determinado, pero juega a mostrarlo ausente, sin cuerpo… aunque da los elementos necesarios para que las indirectas lo describan. Es inevitable preguntarse, a estas alturas, quiénes son los destinatarios del percontatio de Machado, cuenten o no con ella en un futuro.

Es así como llegamos a Jorge Rodríguez y a esa estrategia retórica que se conoce como argumento ad ignorantiam (que muchos resumen como “la ausencia de pruebas no es prueba de ninguna ausencia”).

Cuando desde la oposición se admite que hubo reuniones, puede intuirse que alguno de los involucrados ha trasgredido posibles acuerdos de confidencialidad. Es cuando Rodríguez se encarga de posicionar lo que le conviene a su partido en cuanto a lo-que-parece-que-pasó, pues sabe que (al reaccionar tan tarde y torpemente) la MUD estará demasiado ocupada justificándose y no tendrá ocasión de narrar lo-que-pasó-en-verdad.

De ahí en adelante, olviden cualquier cosa que dijera Nicolás Maduro en medio del frenesí de las masas, porque fue apenas un colofón innecesario. El daño estaba hecho mucho antes.

3

Cuando una alianza opositora se mete en conversaciones con un gobierno como el venezolano, que tiene el control de las instituciones y puede declarar lo que desee cuando lo desee, antes de poner un pie camino a cualquier reunión debe tener medidos varios asuntos. El impacto político del hecho de reunirse. El daño que podría ocasionar la posible traición a la confidencialidad, tanto de la otra parte como de las propias filas. El estudio de cada escenario posible. Las reacciones y vocerías inmediatas ante esos escenarios. Las estrategias de control de daños en caso de que se revelen las conversaciones. Incluso de las maneras de filtrar esa información por canales que aseguren que aquello que se posicione en la opinión pública juegue a favor de la causa política.

Ninguna estrategia política de diálogo con el contrario está completa si falta alguno de estas previsiones. Y la reacción de la MUD ante la polémica de los diálogos pone en evidencia que nada de eso se hizo, pero además pone en evidencia que subestiman el poder comunicacional del contrincante. Cuando la realidad ha apaciguado a la militancia, cuando se depende del 2.0 y de Internet para declarar en un país con la conexión más lenta del mundo, cuando se depende de los periodistas que deseen entrevistar a los voceros, equivocarse en la narrativa puede ser demasiado costoso.

4

Durante años el PSUV ha sembrado la falsa idea de que la democracia se trata de hacer lo que diga la mayoría, cuando la democracia en realidad consiste en un constante esfuerzo por dirimir el disenso. Cometer errores estratégicos y pretender justificarlos con el argumento de la mayoría es una estrategia que sólo tiene sentido en el ámbito electoral.

¿Tienen razón aquellos que dicen que la MUD sólo sabe operar en circunstancias electorales? Porque, de ser así, entonces corremos el riesgo de terminar atrapados entre dos demagogias mutantes, incapaces de tomar medidas impopulares aunque acertadas, por el miedo a asumir sus riesgos y comunicarle a la militancia su pertinencia con argumentos.

En política es necesario ser cuidadoso con aquello que le exige al contrario: puede resultar catastrófico darse cuenta (por las malas) de que no es tan sencillo estar a la altura de lo que se ha exigido. Por eso es que (al menos desde la retórica) se considera que uno de los errores más corrosivos con las carreras políticas es creerse imprescindible… eso y hablar como si jamás se hubieran cometido errores.

Ningún político resiste la presión que pone sobre sí mismo la idea de venderse como una figura inmaculada.

Si no tiene baches en el pasado, entonces el futuro se encargará de obligarlo a negociar y su soberbia lo habrá vuelto vulnerable.

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¿A nadie de la MUD le importa controlar la narrativa? ¿Han confiado demasiado en su capacidad para volverse noticia? ¿Tanto como para que ya no les interese ser influyentes, porque hasta los accidentes les aseguran cobertura y derechos a réplica?

¿Y si se hubiera atendido esta crisis desde la estrategia política y no desde el letargo comunicacional? Es probable que el tema del momento fuera el PSUV estuvo negociando su salida, en lugar de la MUD pudo haber estado negociando el revocatorio. Ambas ideas tienen la misma composición fáctica. Ambas permiten el uso del tramposo argumento ad ignorantiam: no sabemos nada de esas reuniones y sólo pueden dar testimonio de ellas quienes allí estuvieron.

Sin embargo, la reacción de la MUD es un comunicado acéfalo, tardío y sin nombres, donde toda esta maraña se mezcla con un cambio de fecha en la convocatoria del 14 de septiembre, como si hubieran aprovechado el espacio vacío que quedaba en un documento para calzar una excusa.

6

Uno de los argumentos esgrimidos por la MUD para lo sucedido es que 90% de los venezolanos quiere diálogo, pero en la historia de la política las estadísticas jamás han servido como excusa de los errores estratégicos.

No se trata sólo de complacer a la gente, sino de hacer lo que la política demanda hacer. Si vamos a dejarnos llevar por un liderazgo que le hace más caso a los porcentajes de aprobación de un escenario que a las acciones políticas concretas que demanda el contexto, entonces demos gracias por no vivir en la Alemania de 1938.

Cuando lo único que puede catalogarse “verdadero” es que hubo reuniones, negarlas es una torpeza política. Pero no tener en cuenta alguna acción estratégica para posicionar las razones de esas reuniones y así capitalizar los signos de debilidad evidentes en el PSUV es todavía peor.

¿Alguien dudaría que si los del gobierno se sentaron a dialogar es porque algo ocupa sus angustias? Espero me permitan la licencia futbolística: la MUD luce como Venezuela contra Argentina, teniendo una ventaja histórica de dos goles contra quienes ya no cuentan con su figura estelar pero sin saber cómo es que se debe jugar cuando se va ganando.

7

Es cierto: la MUD pudo habernos puesto a decir que “el PSUV está negociando su salida” y no lo hizo. ¿Pero era eso lo que debía haber hecho?

Sólo si fuera verdad.

Construir una narrativa política cuya base sean mentiras (o verdades contadas a medias) carcome cualquier posibilidad de gobernabilidad.

Para narrar resulta fundamental ser los dueños de lo que sucede en el cuento. Es irresponsable dejarlo en manos de los testigos, como si las narrativas políticas fueran evangelios que ya registrarán rigurosos apóstoles.

Es necesario que la gente sepa cuál es el país que viene y que quienes van a hacerse cargo sabrán qué hacer al respecto. Es necesario que la gente vuelva a confiar en una dirigencia capaz de darle sentido a todo esto.

El PSUV todavía consigue en su narrativa argumentos y capital simbólico para mantener el control sobre el poder, las excusas y el dinero. Construir esa estrategia comunicacional para un órgano plural como la MUD es complejo, más en un contexto tan adverso, pero eso tampoco funciona como excusa.

Si en la MUD siguen creyendo en la candidez de las comunicaciones no habrá sino más retrasos y extravíos. Al menos hasta que se crean el cuento de que toca hacer política con todo lo que eso implica. Incluyendo hablar con el otro sin poner en la guillotina el cuello propio.

Al menos mientras la verdad aparece.

Soy de una generación que no llora en los funerales; por Willy McKey

Soy de una generación que no llora en los funerales. En lugar de eso nos angustiamos. Delante de los féretros de los maestros, por ejemplo, nos preguntamos cosas que tienen que ver con el futuro. No estoy hablando de literatura. Tampoco de política. Estoy hablando de algo más simple. Hablo de pertenecer a una generación

Por Willy McKey | 24 de agosto, 2016
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Fotografía de la serie “Tan lejos, tan cerca” de Leo Álvarez. Haga click en la imagen para ver la galería.

Soy de una generación que no llora en los funerales. En lugar de eso nos angustiamos.

Delante de los féretros de los maestros, por ejemplo, nos preguntamos cosas que tienen que ver con el futuro. No estoy hablando de literatura. Tampoco de política. Estoy hablando de algo más simple. Hablo de pertenecer a una generación que ha desarrollado cierta incapacidad para el duelo, por culpa de las enormes angustias que nos genera la orfandad. Llegamos temprano al duelo y tarde a la paciencia.

La muerte de Luis Christiansen, por ejemplo, es la muerte de alguien que nos enseñó mucho a todos aquellos que trabajamos junto a él, pero también es la muerte de un buen tipo contra una enfermedad canalla. Un buen tipo, Luis. Alguien que supo leer esta rareza sociológica en la que nos hemos convertidos, carcomidos por resentimientos que cambian de mano. Podría dolernos el contraste entre sus brevísimas frases en sus largas conversaciones. Podríamos echar de menos su capacidad infinita para explicar una idea a públicos diversos. Podría ser otra la nostalgia, pero la tentación de mirar hacia los lados y preguntarnos a quién le va a tocar ocuparse de cuanto él ocupaba es inmediata. Egoísta e inmediata, que es como somos ahora.

Soy de una generación que mal lleva la angustia del relevo.

La muerte de Mercedes Pulido de Briceño, por ejemplo, es la muerte de alguien que nos enseñó a hacer preguntas basadas en cosas que muchos dan por sentadas pero que desde hace tiempo nadie responde. Una buena tipa, Mercedes. Alguien que supo aprovechar cada segundo para transformarlo en una lección posible, convirtiéndose en el proyecto biográfico de alguien destinado a enseñar una y otra vez aquella cantidad de cosas que nos hemos negado a aprender. Podría dolernos el contraste entre su humor punzante y su tino político. Podríamos echar de menos su presencia imponente capaz de hacer que un ascensor se transformara en un aula. Podría ser otra la nostalgia, pero la tentación de aferrarnos al desamparo y sentir que hay ímpetus irrepetibles es inmediata. Egoísta e inmediata, que es como somos aquí.

Soy de una generación que mal lleva lo inevitable que es llegar al momento de hacerse cargo.

Soy de una generación que no pudo “formarse afuera”. Soy de una generación que no supo qué hacer contra el poder militar. Soy de una generación que tuvo la oportunidad irrepetible de convertirse en discípulos de quienes supieron sobrevivir al perejimenismo y de aquellos que en los tiempos de las vacas gordas pudieron aprender de los mejores. Hoy estamos apaciguados, angustiándonos delante de los féretros en lugar de llorar desconsoladamente, que es lo que debe hacer aquel que despide a quien nos puso delante todo cuanto aprendió para que no repitiéramos sus errores.

Soy de una generación que no llora en los funerales por lo abrumador que es la inatrapable tristeza de sentirnos indefensos.

Gracias, Luis. Gracias, Mercedes. Ojalá hayamos aprendido. Ojalá este novenario prolongado no pueda nublar lo único sólido que tendremos cuando nos toque hacernos cargo. Que eso no pase. Que eso no nos pase.

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VIDEO Mercedes Pulido de Briceno en La economia y la politica cuales son los escenarios 640236-1

Mercedes Pulido Aquí nadie disfruta de lo logrado, por Hugo Prieto

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¿Quién está leyendo a Marx en el PSUV?; por Willy McKey

El 18 Brumario de Luis Bonaparte es ese texto de Karl Marx que empieza parodiando a Hegel, diciendo aquello de que es cierto que la historia ocurre dos veces, sólo que la primera como tragedia y la segunda como farsa. Más allá de la manida frase (y tratándose de Marx) quizás sea útil revisar las

Por Willy McKey | 18 de agosto, 2016
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Algunas caricaturas en contra de Napoleón III, sobrino de Napoleón I y objeto del cuadernillo El 18 Brumario de Luis Bonaparte, escrito por Karl Marx

El 18 Brumario de Luis Bonaparte es ese texto de Karl Marx que empieza parodiando a Hegel, diciendo aquello de que es cierto que la historia ocurre dos veces, sólo que la primera como tragedia y la segunda como farsa.

Más allá de la manida frase (y tratándose de Marx) quizás sea útil revisar las circunstancias históricas en las cuales se escribió. Cuando un amigo de Karl Marx quiso sacar un semanario político en Nueva York, le pidió que lo ayudara contando la historia del golpe de Estado que acababa de dar Luis Bonaparte en París el 2 de diciembre de 1852. Marx aceptó. Fue entregándole un artículo semanal (con cierta clave de crónica). La publicación que querían llevar adelante no prosperó, pero el esfuerzo derivó en la revista Die Revolution. Y ahí fue donde se publicó por primera vez ese cuadernillo conocido como El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

En diciembre de 1851 el presidente de Francia era Luis Napoleón Bonaparte. Si uno se guía por los cronistas, tenía un evidente deseo de mantenerse en el poder. Sin embargo, empezó desde el voto popular: había sido electo el 10 de diciembre de 1848 con más de cinco millones de votos, ganándole a Louis-Eugène Cavaignac. Su eslogan “No más impuestos, abajo los ricos, abajo la República, larga vida al Emperador” tenía, usando términos contemporáneos, mucho punch. Sobre todo porque al mismo tiempo en la campaña prometía rescatar los valores tradicionales y proteger a la Iglesia Católica de la amenaza liberal. Además, era el sobrino de Napoleón I, quien ya estaba en la memoria de los franceses como un héroe.

Al año siguiente de su elección a los franceses les correspondía elegir a sus representantes en la Asamblea. Ganaron los monárquicos. Ya en 1850, aquella Asamblea eliminó el sufragio universal (sólo ejercido por los hombres) y se vuelve a la figura del voto censitario: ahora no escoge el pueblo, sino la Asamblea. Y ahí empieza un estira y encoge: Luis Napoleón presiona para aumentar la duración del mandato y la Asamblea se le opone. Hasta apuestan por lo simbólico, al declarar el 15 de agosto como fiesta nacional en Francia, el día del cumpleaños del tío Napoleón. Y así llegamos a lo que cuenta Marx y se considera la decisión que condenó a Napoleón III: meterse con la Asamblea.

El Emperador decide disolver el Poder Legislativo e instalarse como dictador. Luego se hizo un plebiscito para establecer el Segundo Imperio Francés y, superada la crisis, de ahí en adelante la represión violenta contra cualquier fuerza opositora fue la característica más relevante del ahora llamado Napoleón III. Es decir: al mandatario no le quedó otra que asumir la figura de un régimen autoritario y sus apoyos más importantes eran la Iglesia, el ejército y el nuevo orden social que se había establecido. Tanto el ejército como esta burguesía estaban bastante acomodados, gracias a las prebendas obtenidas por la cercanía al poder.

Napoleón III no tuvo el más mínimo problema para mandar: tenía al ejército de su lado, había logrado que las pocas voces opositoras se callaran y a la economía le estaba yendo bastante bien. Cabe acotar que esa fortuna fue empleada con mucho tino en política exterior y relaciones. Pero eso fue hasta 1860. Cuando las cosas empezaron a fallar, en buena medida por la corrupción y los cambios en la economía, la Iglesia se retiró de su lado y (como si les dijera “Podéis ir en paz”) se llevó consigo a los burgueses. Y entonces, al menos según cuenta Marx, así ya era muy difícil mantener las apariencias de modo que el poder de Napoleón III viró un poquito hacia la izquierda y en 1861 decidió que las Cámaras empezaran a manejar los presupuestos y en 1864 aparecieron el derecho de los trabajadores para asociarse y a la huelga.

Y entonces algo salió mal en la política exterior, porque algo salió mal en la economía y sin aquella fortuna era muy difícil mantener las apariencias fronteras afuera y el orden fronteras adentro. ¡Y además se perdió México! Ahí Napoleón III intenta recular en cuanto al origen del desastre.

Ya para 1868 lo que durante años se llamaba “oposición” empezó a resultar la única opción. Esto sucedió justo cuando dejaron de creer que con la simple sustitución del Emperador se resolvía todo (principalmente porque cada fracción tenía su manera ideal para salir del emperador). Decidieron articular una idea de proyecto común que se sometió a plebiscito en 1870. Y ganaron.

Robos de bancos. Reuniones nocturnas y clandestinas. Discursos memorables. Peleas internas en el Poder. Peleas internas en la oposición. Hay de todo en el auge y caída de Napoleón III. Sin embargo, lo memorable terminó siendo su gran error: irrespetar a un congreso que terminó convirtiéndolo en el objeto de cada acción política respaldada por el poder popular. Y con eso sólo consiguió anular políticamente su visión y la de sus seguidores. Murió en el exilio, tres años después de aquel plebiscito.

El germen de toda esa historia está en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, ese mismo texto que empieza parodiando a Hegel y dice aquello de que la historia ocurre dos veces y que la primera es una tragedia y la segunda una farsa. Si usted desea leer ese cuadernillo marxista, puede descargar el archivo PDF de la web de formación del PSUV, el partido de gobierno en Venezuela desde hace diecisiete años. Tengo la sospecha de que más de uno en el partido lo está leyendo aunque, quizás confundidos por alguna desviación pequeño burguesa, se han dejado llevar por el hábito de seguir instrucciones y obviaron algo importante: este texto de Marx es un trabajo histórico, no un manual.

Y cuando se comete una omisión de ese tipo existe un peligro enorme: creer que estás haciendo historia y olvidar que la paradoja de leer Marx a destiempo te convierte en el autor de una farsa, pero sobre todo en su primera víctima.

Día 8. Un canto a Aldemaro Romero y su declaración de principios; por Willy McKey / @EnContratiempo_

♦♦♦ Cuando Aldemaro Romero tenía nueve años tocaba la guitarra en un programa de radio para público infantil que se transmitía por La Voz de Carabobo. Era 1937. Ya había aprendido los rudimentos de la música con su viejo, director de la banda del estado Yaracuy, en una casa donde su familia recibía a discípulos

Por Willy McKey | 5 de agosto, 2016

Un canto para Aldemaro

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Cuando Aldemaro Romero tenía nueve años tocaba la guitarra en un programa de radio para público infantil que se transmitía por La Voz de Carabobo. Era 1937. Ya había aprendido los rudimentos de la música con su viejo, director de la banda del estado Yaracuy, en una casa donde su familia recibía a discípulos y amigos.

Sus biógrafos se contradicen sobre la edad que tenía cuando le regalaron la pianola que fue capaz de distraerlo de los estudios. Digamos que tendría entre doce y catorce años. El hecho es que las teclas fueron suficientes como para darse de baja de los pupitres al aprobar el sexto grado de la educación básica.

Su papá, el mismo hombre que lo inició en la música, intentó persuadir al adolescente de formarse en alguna carrera técnica. No pudo.

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Fotografía del Archivo de la Fundación Aldemaro Romero

Aldemaro vivió 29.041 días. Vivió sonando. Compuso con una versatilidad que ningún otro ha podido exhibir en el mismo patio. Murió en 2007, con 79 años y medio. Han pasado 8 años, 10 meses y 15 días. Hoy es sábado 30 de julio y en el Teatro Chacao van a interpretar dieciocho de las canciones de Aldemaro Romero, sin contar algún bis. Los arreglos son de Gustavo Carucí y él mismo dirigirá al maestro Alberto Lazo al piano, a Miguel Siso en el cuatro, a Eric Chacón en flauta y el saxo soprano y tenor, más Abelardo Bolaño en la batería. También son de Carucí los arreglos que oiremos a Vera Linares, Biella Da Costa, Eddy Marcano (el único que no pretende cantar), Constanza Liz, el maestro Cheo Hurtado, Mariaca Semprún, Williams Mora, Kiara y Rafael “El Pollo” Brito. Cantarán, en ese orden, dos temas cada uno.

Set List en backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Carucí ha decidido arrancar el concierto con “Carretera”. Esa canción fue la última del Lado A en Dinner in Caracas Vol. II, la quinta del Lado A de La Onda Máxima (1971), la primera del Lado A en el disco instrumental de 1973. Está en cuanta compilación haya de los éxitos de Aldemaro Romero. Es dos platos: “Carretera” es un palo y la gente se la sabe, algo que se traduce en una gran responsabilidad para la encargada de abrir este concierto, Vera Linares.

Es la primera vez que Vera participa en Caracas En Contratiempo y le toca abrir uno de los eventos más importantes. Además de ser la front-woman del proyecto Majarete Sound Machine, es una actriz formada en el mítico TET caraqueño y conoce este escenario muy bien, pues formó parte del elenco de la segunda temporada del montaje de Casi normal dirigido por Marcel Rasquin. Y es verdad: eso provee un montón de herramientas, pero en segundos le toca abrir con una de las canciones que todo el público está esperando y eso pondría tenso a cualquiera.

Quizás por eso se aparta del camerino que comparte con el resto de las cantantes, sube a la pata del escenario y se acomoda en una silla para concentrarse. Respira. Vocaliza. Repasa. Son las cinco de la tarde. Vera hoy es el rock y el rock es un asunto de la noche, como el cabaret y buena parte de la música del maestro Aldemaro.

Vera Linares en backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Vera Linares en el backstage del Teatro Chacao, minutos antes de Un canto a Aldemaro en la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo

[“A mí me han dicho de todo, incluyendo ‘maestro’, pero eso está fuera de todo contexto. Me han dicho ‘cabaretero’. Me han dicho ‘detritus de cabaret’. Así me puso un crítico musical porque, cuando se acabó la Filarmónica, un señor publicó en el periódico una carta diciendo que yo era un cabaretero y no tenía derecho a haber ganado cincuenta mil bolívares mensuales, que era lo que ganaba yo con la Filarmónica por ser director del conservatorio, director de la orquesta, administrador… yo hacía de todo. Bueno y él firmaba: ‘Fulano de tal, trombón de vara’ e insistía ‘Yo que soy uno que toca trombón de vara’ o ‘No sé qué más, trombón de vara’ y toda la carta estaba basada en la fuerza del trombón de vara. Entonces yo, que leí la carta, le contesté al día siguiente que simpatizaba mucho con su causa, pero que siendo yo un maestro de música estaba acostumbrado a instruir a los músicos sobre qué hacer con su instrumento… y que, si él tenía tiempo, yo con mucho gusto le podía aconsejar lo que podía hacer con la vara de su trombón”]

(En 29.041 días de una vida como la de Aldemaro Romero caben muchas canciones, muchos alumnos, muchos finales y muchos principios. Hablemos de algunas canciones, hablemos de algunos principios. Estuve persiguiendo una canción de Aldemaro Romero durante siete años. Mi abuelo y él fueron buenos amigos, pero yo nunca lo conocí. Murió cuatro días después de que yo cumpliera 27 años. Fue en ese cumpleaños que alguien comentó la letra de una canción que era una defensa del artista de la noche, ése raro animal de la cultura que prefiere trabajar antes que vivir de las subvenciones del Estado. No recordaban el nombre de la canción ni en cuál disco estaba. Fue muy difícil dar con ella. En 2014 pude escucharla por primera vez en casa de Garcilaso Pumar, también festejando mi cumpleaños. No creo que forme parte del programa, pero llego al teatro con la ilusión de que alguien me hable de ella. Debe ser una canción muy rara: no fue sino hasta hace dos meses que alguien la subió a YouTube con el título que aparece en el archivo de la Fundación Aldemaro Romero: “Declaración de principios”)

Vera Linares desde el backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Vera Linares canta “Quién” en Un canto a Aldemaro, durante la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo [30/07/2016]

Desde el backstage la única sorpresa posible reside en la reacción del público. Todo cuanto va a suceder está confesado en el set-list que está pegado en las paredes, estratégicamente colocado a los pies de los músicos y como talismán en los teléfonos de los productores. Ahí dice que “Carretera” y “Quién” son los dos temas interpretados por Vera Linares. Una combinación perfecta: empezar cantando con los espectadores una pieza referencial para luego seducirlos con el imaginario del piano bar, con los sonidos de esa medianoche bailable y secreta que toda Caracas echa de menos.

Y la versatilidad de Vera y los arreglos de Carucí consiguen el avance. Caracas En Contratiempo permite la maravilla de los públicos cruzados, eso que hará que más de una pareja de mediana edad, al salir de acá, googlee el nombre de una mujer que tiene rato en el iPod de alguno de sus muchachos. Siempre conviene tener un poquito más de música.

Al salir Vera de la escena, una orden de Carucí hace que Abelardo Bolaño arranque en su batería la inconfudible secuencia de un culo ‘e puya. La voz de Biella Da Costa se monta en los versos de “El Catire” y resuena un arreglo que ya tiene un par de décadas y que desplaza la Onda Nueva originaria, evolucionada a partir del jazzeo del joropo, hasta los tambores de la costa. No pasa desapercibido el humor musical del arreglo de Carucí: “El Catire” sonando en uno de los más populares de los ritmos afrovenezolanos. Y Biella puede cantar lo que le dé la gana. No tiene un color de voz: su aparato fonador es una carpeta de pantones capaz de entintar cualquier reto que le pongan por delante. Lo demuestra completando su presentación con la complejidad de “Sueño de una niña grande”.

Las primeras cuatro canciones ya representan todo el espectro de este homenaje y lo hacen en dos voces femeninas de dos generaciones separadas lo suficiente como para tener a Aldemaro Romero entre los referentes inevitables y entre los amigos memorables. Se trata de un homenaje a su música y a su biografía. Sólo en muy pocos artistas ambos registros se parecen tanto. Se requiere demasiada honestidad para que tal asunto se conjure.

[“Damas y caballeros que me escuchan,/ con gusto yo les doy la bienvenida./ Pretendo aquí, después de tantas luchas,/ declarar los principios de mi vida.// Artículo primero: soy honesto/ y tengo bien escrito en mi cuaderno/ que, como disciplina, no me presto/ a exprimirle las ubres al gobierno“]

(¿Dónde fue publicada esa carta remitida por aquel anónimo ejecutante del trombón de vara a quien Aldemaro respondió con tamaño albur, según cuenta en la introducción a “Declaración de principios”? Todavía no lo sé. Ninguno de los consultados lo sabe. Tampoco conocen el nombre del trombonista. Empiezo a dudar. No de Aldemaro. De todo. De todos. Hasta de mí. Me pregunto si estoy ante uno de esos protagonistas de leyendas que contribuyen con ella aumentándola. Los proyectos biográficos toleran un poco de ficción bien intencionada, ¿no? Toda buena canción también es literatura)

En un escenario no sirven las referencias naturales de derecha e izquierda, pues siempre es complicado definir si se refieren a la lateralidad de quien actúa o la de quien observa. Así es como cada teatro consigue sus maneras de definir los lados de la escena. En el Teatro Chacao llaman Lado Café al costado que colinda con el cafetín y la sala experimental y Lado Carga al que da hacia la zona de los depósitos y la entrada de los servicios.

Es en el Lado Carga donde se ocultan los técnicos de la microfonía, mientras que en el Lado Café (por su cercanía con los camerinos) es donde se aglomeran los artistas que intentan ver la presentación de sus compañeros. Los maestros Eddy Marcano y Cheo Hurtado conversan segundos antes de que al primero le corresponda entrar con “De Conde a Principal” y la gaiteada “Tonta, gafa y boba”. Y es justamente quien no iba a cantar el hombre que convence al público de acompañar su ejecución con un coral y onomatopéyico cuchá-cuchuchá cuchuchá-cuchuchá que pone a percutir a la audiencia antes de la promesa de “…y te voy a enamorar, y te voy a conquistar”.

Eddy Marcano desde el backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Eddy Marcano y la banda dirigida por Gustavo Carucí durante la ejecución de “Tonta, gafa y boba” en Un canto a Aldemaro, durante la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo [30/07/2016]

Mientras Eddy toca, le pregunto al maestro Cheo Hurtado sobre una canción de Aldemaro llamada “Declaración de principios”. Repasa el sabor de la bebida ya avanzada en el vaso y reconoce los versos. Completa una de las estrofas y de pronto nos resulta imposible seguir hablando. Algo pasa. Algo nuevo. Constanza Liz, la más joven del cartel de este homenaje, salió con su violín a interpretar “Tema de amor”. Ella es ese algo. Constanza está cantando.

El silencio en las butacas es tan parejo que emociona. Desde las patas del Lado Café se asoman Williams Mora, Eddy Marcano, Cheo Hurtado y Vera Linares, quien no se ha perdido ningún performance desde que salió de escena. Mariaca Semprún la oye desde el Lado Carga, junto a los técnicos. Algunos exceden la prudencia y se asoman demasiado, tanto como para merecer un regaño desde los radios del equipo de producción. “Tema de amor” no es una de las letras más conocidas de Aldemaro, así que además del talento de Constanza los espectadores escuchan la canción, la atienden, le hacen un lugar hasta el último verso.

Constanza Liz desde backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Constanza Liz canta “Tema de amor” en Un canto a Aldemaro, durante la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo [30/07/2016]

Ha sido un momento hipnótico que culminó en un aplauso enorme, tremendo. Tanto que obligó al maestro Carucí a anunciar en voz alta a la dueña de la voz: “¡Constanza Liz!”, dice y muchos se llevan puesto ese nombre. Ella da las gracias y arranca con “Así eres tú”. Baila. Sonríe. Canta. La estrategia de Carucí sigue funcionando y muchos se irán a casa sorprendidos por la experiencia de una voz nueva. Al menos no tan difundida como otras.

[“Artículo segundo: soy artista,/ caballero de lanza y armadura,/ bailo en la cuerda floja, equilibrista,/ pues me niego a vivir de la cultura./ ¿Por qué vendría un gusano mentiroso,/ megalómano, ruin y pantallero,/ a ofenderme con su aire culturoso/ y a decirme ‘¡Usted es un cabaretero!’?“]

(“¿Y qué fue de tus sueños y de tu emoción? / ¿Y qué fue de tu amor y mi amor?”. Susan Sontag escribió, en una novela llamada In America donde narra la emigración de una familia de artistas polacos, que “el pasado es el mayor de todos los países”. Lo dice en un intento ficcional de conseguir las razones por las cuales nos empeñamos en que casi todas las cosas buenas quedan en esa región: el pasado: “Siento nostalgia por todas y cada una de las épocas anteriores a mi nacimiento […] y a veces me siento absolutamente avergonzada del tiempo en que vivo”. Ya la obsesión por “Declaración de principios” no es tan fuerte como las ganas de saber qué acaba de suceder en este teatro. ¿Es nostalgia o sorpresa? ¿Estamos echando de menos las superproducciones capaces de darle una hora de televisión abierta a Aldemaro Romero para tocar su música? ¿O acaba de entusiasmarnos saber que alguien como ella sigue cantando sus canciones así, descubriendo matices en palabras que se nos han ido olvidando?)

Es el turno de Cheo Hurtado. Entra a escena sin su cuatro y va a cantar “Esta casa”, uno de los boleros de Aldemaro. Fueron tantos y tan exitosos que en una entrevista que Napoleón Bravo le hizo a Aldemaro Romero y Alfredo Sadel (a la vez y sentados ante el mismo piano) para su programa Dimensión humana se puede ver cómo el tenor, uno de sus grandes amigos, se entera de que hay un bolero que conoce y no sabía que había sido compuesto él: “No necesito de ti”.

Cheo va a cantar dos: “Esta casa” y “Una mujer como usted”. Aprovechando la nueva temperatura, se sirve de una anécdota que con el tiempo ha ido mutando a chiste para advertir el cambio de tercio y llevarse el concierto hacia el Caribe: van en un carro Susana Duijm, Alfredo Sadel, Alfonso “Chico” Carrasquel y Aldemaro Romero y cometen una infracción, yendo a tomarse unos tragos. Un fiscal de tránsito los detiene y pretende multarlos, algo que despierta la agudeza de Aldemaro para exortar al fiscal: “¿Cómo nos va a multar, maestro? ¿No ve que aquí va la mujer más bella del mundo, el mejor pelotero del mundo y el mejor tenor del mundo?” Entraron al local y al salir tenían en el parabrisas una multa: iba firmada por “el mejor fiscal del mundo”.

Cheo Hurtado desde el backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Cheo Hurtado canta “Esta casa” en Un canto a Aldemaro, durante la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo [30/07/2016]

Ambos boleros son interpretados con una soltura que sólo permite creer en ellos. “Esta casa” suelta un puñado de soledad en la sala. También hacen falta las canciones tristes. “Una mujer como usted”, en cambio, es el pórtico hacia el universo de lo femenino como uno de los objetos constantes en la obra de Aldemaro, así que Cheo ha dejado esa puerta abierta para que entre a cantar Mariaca Semprún.

Carucí ha pensado en todo.

Segundos antes, Miguel Siso y Mariaca han establecido una de esas bonitas complicidades previas a una interpretación tan íntima como la que viene: una versión del vals “Poco a poco” acompañada por el cuatro de Siso y nada más. La sencillez de un sonido que es capaz de resumirnos de una manera tan eficaz como el del cuatro sostiene una interpretación que por íntima no deja de ser rotunda. Mientras eso sucede, Alberto Lazo no quita las manos de las teclas: si bien Carucí, Eric y Abelardo aprovechan el breve descanso para escuchar a Mariaca, Alberto es seducido por la idea de mover los dedos sin pulsar las notas pero atajándolas. Mariaca está cantando sin saber que un piano no ha resisitido las ganas de acompañarla. El aplauso es lo único que saca del piano las manos del maestro. Le ha gustado la interpretación. Mucho.

Mariaca Semprún desde el backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Mariaca Semprún canta “Poco a poco” en Un canto a Aldemaro, durante la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo [30/07/2016]

Tener ganado a Lazo es un asunto conveniente. La canción que sigue es “Como lo haces tú” y el pacto con el piano será fundamental, pues Carucí le ha sacudido eso de blues que en los noventa tuvo la versión de María Rivas y ha decidido aprovechar la energía de Mariaca y así volver el teatro una fiesta. La ocasión permite las descargas de cada músico, superado el reposo. Mariaca puede bailar a sus anchas. Hasta aquí nos trajeron todas las canciones. No nos hemos movido del Caribe ni de la noche.

En un gesto elegante y distinguido, después de haber despertado los pies de tantos, Mariaca presenta al artista que viene: Williams Mora. La voz de Williams, su timbre, sus registros. La voz de Williams reconcilia con la tierra. Tiene esos matices de la radio que acompaña los oficios. Es una voz que acompaña y se ha paseado por varios géneros e idiomas en el calendario de Guataca.

Willy McKey

Ahora empieza por “Hablaré catalán” y deja para después el chascarrillo varonil de una letra como la de “Esa mujer” para relajar el ánimo y empezar a acostumbrarnos a que empezamos a cantar las últimas del concierto. Williams tiene la gracia para que escuchen las rimas como quien oye un relato: “Me la volví a encontrar/ la otra noche en casa de un amigo./ Tremendo escote profundo hasta el ombligo/ y minifalda de ésas que dan que hablar./ Apenas llegué yo/ me lanzó un dardo de fuego envenenado/ como diciendo ‘Ven, siéntate aquí a mi lado,/ quiero que hoy mismo volvamos al amor’/ Una voz interior me dijo:/ ‘¡Mosca, muchacho, mucho guillo!/ Esa mujer te vuelve papelillo/ y no hay vacuna que cure ese dolor’/ Y la voz insitió:/ ‘Mucho cuidado, no vuelvas a ese infierno/ que ésa es la misma que te llenó de cuernos/ y barrió el suelo contigo y con tu amor'”.

Versos bien acentuados y cargados de humor, pero a la vez confesionales y puestos sobre una melodía irrebatible. Deben haberse ido al pasado, a ese país mayor, Sontag dixit.

[“Permítanme seguir enumerando las reglas de este juego irreverente. Artículo tercero: no me ablando, soy de una integridad intransigente. Porque personalmente yo no creo que deba, por haber nacido artista, meterme a contertulio de ateneo y menos a izquierdoso o comunista. ¿Por qué voy a vivir como un bandido, profesional de pillo y petardista? ¡Para eso me inscribo en el partido o me meto a vulgar sindicalista!”]

Sigue Kiara. Viene a cantar el primero de todos los boleros que escribió Aldemaro Romero. Tenía apenas 17 años. No es “otro bolero”. Es más bien una plegaria. El despecho también comulga por primera vez. El piano de Lazo convertido en altar y piedra de sacrificio.

“Señor, yo vengo a pedirte que no me castigues por haber querido con toda mi alma. Piedad hoy quiero que tengas hasta del ingrato que por un pecado mi alma destrozó. Sufrir será mi castigo, ahora que comprendo que hasta en sus caricias me estaba mintiendo. Señor, me queda el consuelo de saber que nunca lo querrán lo mucho que lo quise yo”.

(¿Qué podría hacer alguien de 17 años esta noche con su despecho? ¿Quién nos robó todos los pianobares? ¿Dónde va a poder ir a bailar aquella pareja? ¿Cómo es que al salir de acá será tan difícil conseguir una mesa donde unos enamorados tengan su Dinner in Caracas? ¿Cómo fueron secuestrados por una noche tan distinta, sin brillo? ¿Cómo es que la extravagancia del tuxedo se nos transformó en el miedo como único traje formal?)

Giselle Brito canta, tiene 23 años y está en el backstage. Desde la segunda canción de Cheo Hurtado mira el concierto desde la primera pata del Lado Carga. Antes que mirar, escucha. Sólo presta la especial atención de la vista a las interpretaciones de Mariaca y de Kiara. Se emociona con ambas. Apunta los elementos del histrión, la puesta en escena, las ventajas que se mudan a la voz desde aquella máxima de “un actor se presenta”. Mira. Atiende. Aprende.

Kiara y Pollo desde el backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Kiara y Rafael “El Pollo” Brito en Un canto a Aldemaro, durante la cuarta edición del Festival Caracas En Contratiempo [30/07/2016]

Cuando Kiara empieza a cantar “Lo que pasa contigo” se empieza a acomodar todo el backstage. Sólo queda por cantar Rafael “El Pollo” Brito. La complicidad que han alcanzado Kiara y “El Pollo”, entre la radio y la televisión, traen el elemento que faltaba a este piano-bar con más de quinientas sillas: el secreto de la noche y los amigos. Quienes presenciaron lo que allí sucedió escucharon claramente cuando Kiara dijo “Dejen de grabar, porque esto de aquí en adelante queda entre nosotros”. No sería caballeroso que el cronista registrara el divertido performance donde la danza y un beat nos permitieron saber qué sucede con Kiara después de un trago de vodka, después de dos e incluso después de tres vodkas. Quedó entre nosotros y las risas colectivas, ésas que suelen ser un prefacio de las despedidas en reuniones como éstas. El concierto ya está terminando.

[“Así que estoy aquí, echando el resto, basándome en un hecho verdadero: nadie me quitará mi presupuesto mientras yo sea un feliz cabaretero”]

(Según Ebert J. Lira, alguna vez conversó con Aldemaro sobre las ventajas de ir a un teatro y ver el show de algún amigo “tras bambalinas”. Me lo cuenta por teléfono, después de regañarme por preferir la palabra backstage. Aquí, en el backstage, los secretos generan una hermandad distinta: no tiene sentido contar aquello que alguien que pudo pagar una mejor butaca vio o escuchó mejor que cualquiera de nosotros. “Las buenas historias están en aquello que el público no ve, pero desea imaginar”. Sin embargo, no siempre es necesario creerle a las canciones, aunque sí a sus efectos. Son artefactos pensados para conmover haciendo delirar al idioma y poniéndolo a sonar distinto. Durante todos los eventos vinculados con la memoria y la obra de Aldemaro ha estado presente Elizabeth Rossi, la viuda de Aldemaro. Por cada cosa que ha dicho, aquella “Declaración de principios” vuelta canción parece rigurosa. Da la impresión de que no habría sido necesario que un ejecutante de trombón de vara provocara al maestro para saber que creía firmemente en lo que allí declaraba. Ver la franca alegría de Elizabeth con el homenaje es creer en “Declaración de principios” y un par de canciones más. Por ejemplo: “Esta noche me voy a emborrachar con mi mujer”)

Cheo y Pollo desde el backstae byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

El amor y el placer anhelados. La canción como plegaria y como conjuro. La noche y sus acomodos. Eso han sido las canciones de hoy. Cuando Rafael Brito se queda solo en la escena, Cheo Hurtado se acomoda en la segunda pata del Lado Café. Es lo más cerca que ha estado del proscenio como espectador de sus compañeros de esta noche. Es natural: vienen dos boleros que también forman parte de su repertorio Cheo cuenta boleros. Miguel Siso ha salido de escena, también por el Lado Café, y desde el lugar que antes ocupaba Cheo intenta adivinar lo que viene y acierta. “El Pollo” llama a Cheo Hurtado a escena y cantan al alimón una versión de “Amiga mía” que el público agradece. A Brito le toca cerrar con “Esta noche me voy a emborrachar con mi mujer”. Que la esposa de “El Pollo”, la actriz y locutora Ana María Simón, esté en el público lo ayuda a singularizar la canción poniéndole destinataria precisa. Y se pone en evidencia lo que quizás sea más valioso de esta letra: que el sujeto lírico logra adivinar a la mujer que se ama gracias a cuánto la conoce y no al poder que tiene sobre sus afectos.

[“Cabaretero, cabaretero, viva la gloria sin el dinero. Cabaretero, cabaretero, viva mi mundo, lo que más quiero”]

(Durante esta edición del festival Caracas en Contratiempo se ha mencionado mucho a Renny Ottolina. Más de lo que acostumbra nuestra nostalgia. ¿Saben cuál fue la frase que pronunció Renny Ottolinna para despedirse de la televisión venezolana en 1973? Quizás convenga antes recordar un fragmento de aquel monumental speech sobre la industria de la televisión:

“Todos en la vida necesitamos un estímulo para todo. Hasta para ser venezolanos. ¿Por qué no, si es así? Necesitamos un estímulo, caramba… si yo puedo hacer estas cosas en pocos minutos, durante hora y media cada día, ¿qué no puede hacer una estación de televisión en 18 horas al día? ¿Qué no podría hacer? De ahí mi llamado a esta industria para que, por favor, hagan algo. Y para hacer algo tienen que cambiar el concepto de para qué sirve esto por donde yo estoy hablando. En esto se puede ganar mucho dinero. Yo lo he hecho. Y yo lo he hecho mientras estaciones han perdido dinero. Luego, quien tiene razón soy yo… si es que vamos a medirlo por la mera, digamos, cara del dinero. Pero se puede ganar dinero cuando se comprende que esto es un servicio público, primero que nada, que si se hace bien hecho, caramba, yo diría que casi irremisiblemente trae su recompensa y se gana dinero. Pero cuando se interpreta como un mero negocio están equivocados. ¡Porque no es un mero negocio y no lo entienden! No es un mero negocio. Yo me angustio porque es una cuestión conceptual, una cuestión intelectual, pues. No es un negocio. El que quiera meterse en televisión por negocio está listo, está equivocado. Puede que hasta gane plata, pero no creo que jamás esté orgulloso de ella”

Eran los setenta. Mucha gente estaba intentando poner la televisión y su renovación de la idea masiva del espectáculo al servicio de la cultura. Sin embargo, ganaron aquellos que se propusieron la tarea de convertirla en un negocio. Luego vino aquella mítica interpretación de “Cuando un amigo se va”, cantada por María de Lourdes Devonish. Renny la oye fumando un largo cigarrillo. Disimular en televisión siempre ha sido muy difícil. Así que Renny se muestra visiblemente conmovido. Un pequeño corte y, al volver, sólo puede hacer que sacude el escritorio y decir, casi sin aire: “¿Qué puedo decir sino gracias? Así.. eh… de repente”.

Ésa fue la frase que pronunció Renny para despedirse de la televisión: “De repente”)

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Rafael “El Pollo” Brito y C4 Trío grabaron juntos un disco cuyos pasos finales junto a Guataca se decidieron en una arepera de Las Mercedes: El Solar del Este. Héctor Molina fue a buscar a Ernesto Rangel en su carro, mientras quienes estuvimos en el ensayo de ese día esperábamos entre batidos y reinas pepiadas. Fui testigo de esa conversación y la atesoro porque aquel álbum, De repente, se convirtió en una referencia de cuánto puede hacerse con nuestra música. No ha pasado tanto tiempo, pero las cifras del país que nos tocó han cambiado mucho. Si alguien quería tener el disco, debía tener el cupón que salía en el diario El Nacional y , además, pagar 80 bolívares. Sólo 80 bolívares. Aquello fue en 2013, el año del primer Festival Caracas en Contratiempo: el festival fue en julio y el disco salió en noviembre. Ninguno de los dos proyectos se hizo para hacer dinero, pero ambos tienen la convicción de que haciendo buena música, “irremisiblemente”, vienen las recompensas.

De repente byn UN CANTO A ALDEMARO Caracas en contratiempo

Hoy, con las tres cifras de inflación que nos definen, Rafael “El Pollo” Brito lidera la canción final: “De repente”, de Aldemaro Romero. Cantan todos. Cantan los músico. Canta el público. Se cierra el telón.

Es el penúltimo día de la cuarta edición de Caracas en Contratiempo. ¿Pero cómo se puede calcular la edad de los festivales? El Festival Onda Nueva, otra de esas ideas de Aldemaro para exponer la vanguardia y lo popular, tuvo apenas tres ediciones. Ya este festival tiene una más. ¿Y si nos preguntamos qué es la vanguardia ahora? ¿Y lo popular? Pretendo dar con alguien que pueda responderme y diga que la vanguardia ha empezado a ser simplemente hacer música y entender que no es un mero negocio. Hacernos entender eso. Entendernos y afinar nuestra declaración de principios. Así. De repente.

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REPERTORIO // Vera Linares: 1. Carretera  / 2. Quién || Biella Da Costa: 3. El Catire / 4. Sueño de una niña grande || Eddy Marcano: 5. De Conde a Principal / 6. Tonta, gafa y boba || Constanza Liz: 7. Tema de amor / 8. Así eres tú || Cheo Hurtado: 9. Esta casa / 10. Una mujer como usted ||Mariaca Semprún: 11. Poco a poco / 12. Como lo haces tú || Williams Mora: 13. Hablaré catalán 14. Esa mujer || Kiara: 15. Me queda el consuelo / 16. Lo que pasa contigo || Rafael “El Pollo” Brito: 17. Amiga mía / 18. Esta noche me voy a emborrachar con mi mujer || TODOS 19. De repente

Día 6. Aldemaro, una Orquesta Juvenil y música para camaleones; por Willy McKey // @EnContratiempo_

  0 “¿Cómo pueden tocar así, si son tan jóvenes?”. Al salir del Teatro Chacao, a las ocho y cuarto de la noche del jueves 28 de julio de 2016, una mujer de 46 años, casada con un músico a quien vino a acompañar a lo que parecía un concierto más, se le repite una

Por Willy McKey | 30 de julio, 2016
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Fotografía de Nicola Rocco para Festival Caracas en Contratiempo

 

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“¿Cómo pueden tocar así, si son tan jóvenes?”. Al salir del Teatro Chacao, a las ocho y cuarto de la noche del jueves 28 de julio de 2016, una mujer de 46 años, casada con un músico a quien vino a acompañar a lo que parecía un concierto más, se le repite una pregunta en la cabeza: “¿Cómo pueden tocar así, si son tan jóvenes? ¿Cómo?”

La Orquesta Juvenil de Chacao acababa de tocar cinco piezas de Aldemaro Romero. Tres de esas cinco piezas sonaban por primera vez en Caracas. Y fueron tocadas en la cuarta edición de Caracas en Contratiempo, durante el primer concierto de orquesta en la historia del festival.

¿Cómo pueden tocar así, si son tan jóvenes?

Truman Capote, alguien que supo mezclar muy bien su vida con la ficción, cuenta en el prólogo de uno de sus libros más fascinantes que empezó a escribir cuando tenía ocho años. Este dato se conecta con una anécdota sobre una de las primeras entrevistas que le hicieron como escritor. El periodista le preguntó al veinteañero Truman algo vinculado con la idea de qué se sentía haber tenido éxito siendo tan joven. No sabía que hablaba con alguien que tenía más de doce años escribiendo.

El prólogo de Capote es de Música para camaleones, aquél que termina con: “Cuando Dios te da un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse”

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¿Ha ido usted alguna tarde de semana al Centro Cultural Chacao? Entonces, minutos antes de las siete de la noche de este día, no le habría parecido extraño ver los espacios abiertos de la sala experimental habitados por muchachos haciendo sonar esos instrumentos musicales que los distinguen del público que viene al concierto.

Hace apenas unos minutos en este mismo lugar estaban hablando sobre Aldemaro Romero algunos personajes protagónicos de la Onda Nueva, como el maestro Alí Agüero y la cantante Zenaida Riera, sumados a la memoria filial de Bettsimar Díaz y al cercano testimonio vital de Elizabeth Rosi, viuda de Aldemaro. Sin embargo, ahora reclaman su espacio de siempre, el de cada tarde. Son los muchachos de Florentino Mendoza, esos que forman parte de algo que hemos aprendido a llamar “El Sistema” y que se han empeñado en afinar para la historia nuestro tropezado comienzo de siglo.

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Fotografías de Nicola Rocco para Festival Caracas en Contratiempo

Hoy en lugar de fragmentos de Consagración de la Primavera, un violín atina a hacer que alguien más cante “Carretera, acórtate carretera”, mientras entre señoritas se arreglan las trenzas del cabello. Hoy en vez de tomar un riesgo de Shostakovich, algunos metales se atreven con “De repente”, al tiempo que completan la merienda repartida sobe las bobinas y estibas que todo teatro esconde, pero aquí son las mesas compartidas. Hoy no es Mozart lo que preocupa a la jovencita de la trenza, porque su flauta lo que repasa es “Tonta, gafa y boba”.

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Desde las cinco y media de la tarde en el backstage se podían leer las cinco piezas que iban a tocar. La primera era “Joropo a millón”, una pieza que estaba a minutos de ser estrenada en Caracas y que obligaría a que el homenaje de hoy arranque con cuatro y maracas. Andrés Nali, el maraquero, es el primer encuentro que tendrá el público con la percusión y la juventud en ejercicio que desde ya fascina a varios.

índiceLa segunda en la lista era “El Merengazo”, una pieza con la cual el teclado donde tomo estos apuntes pudo experimentar cierto orgullo digital, después de escuchar a Elizabeth Rosi contar que una biblioteca de la Universidad de Miami conserva una memoria que, al parecer, a ninguna de nuestras instituciones le interesó custodiar. Vívalo: haga click acá y vea las 148 páginas de una partitura que ahora está a la mano de cualquier músico del mundo, así como una buena parte del Archivo Aldemaro Romero, con la firme intención de contagiar a la globósfera el interés por este hombre que respetaba el saber académico tanto como la guataca nocturna, pues supo protagonizar los episodios de nuestra historia sonora, esos que van desde la Orquesta Filarmónica hasta el Hotel Ávila en carnaval.

La Fuga con Pajarillo de Aldemaro pertenece al repertorio obligatorio de “El Sistema”. Es decir: cada criatura que pasa por esa escuela formadora de hombres y mujeres capaces de romper el silencio para embellecerlo la conocen. Cada uno de esos jovencitos que hasta hace nada mitigaban el hambre con palitos horneados de maíz con queso y espejismos de jugo de naranja sabe a lo que va después del par de piezas de arranque.

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Luismar Rattia (cello), Sabrina Jaimes (clarinete), Rolando Padrón (violín), Arly Rivero (violín), Dieter Barrios (corno), Raúl Rodríguez (clarinete), Valdemar Capriles (clarinete), Samuel Rodríguez (trompeta) y Nicole Aguilar (trompeta)

A esas alturas del concierto no habrá converse-shoes ni jeans desgastados: se verán como una manada hermosa, vibrante y formal, con la etiqueta blanquinegra que su oficio demanda en ocasiones como éstas. Con la modorra de la tarde que termina, hacen fila quienes todavía no se han cambiado y se mezcla con aquellos que ya están listos. No hablan de música entre ellos: en ocasiones la edad se trepa por encima de la vocación. Bromean. Coquetean. Viven. Y con ese ritmo propio van llenando las entrañas del teatro donde pronto estarán marcado el contratiempo que nos define como nación atravesada y melódica a la vez.

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En segundos esta misma manada dará el primer concierto de orquesta del festival que le ha devuelto la música y la esperanza a Caracas. Es la fuerza de Dinner in Caracas mutando en #DinnerInCCS justo delante de nuestros oídos. Por eso, con el teatro todavía vacío, cabe preguntarse cómo habrá sido para Florentino Mendoza, el director de la Orquesta y en buena medida responsable del concierto que está por comenzar, haber escuchado a Aldemaro cuando tenía la edad y todas las virtudes y defectos de estos muchachos que ahora conduce.

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“Mi relación con la música de Aldemaro empieza en los años setenta, pero ahí mismo empecé a conocer su trabajo anterior: Dinner in Caracas, música de vanguardia, lo que hizo cuando dirigía big-bands en Nueva York. Música muy bien elaborada y muy interesante, pero sobre todo muy sencilla de escuchar. Porque el problema es que varios compositores de música de vanguardia piensan que debe ser compleja, difícil y que impere el virtuosismo por encima de todo, sacrificando en ocasiones la calidad musical. No es así con Aldemaro Romero: es por encima de todo muy melódico y, aunque ha compuesto con cierta complejidad rítmica, gran parte de su composición se dedicó a rescatar nuestros ritmos y orquestarlos. Y, por supuesto, creó la Onda Nueva que marcó un ícono en la música contemporánea de Venezuela. Yo era muy joven cuando escuché por primera vez la Onda Nueva. No la entendí. Pero a medida que iba creciendo entendía la importancia de esta obra y, ya como músico, como cellista, experimenté la riqueza del contenido de sus obras.

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En el lado derecho de los espectadores se diferencian los atriles del Trío Aldemaro Romero. Son parte de las añadiduras que aumentan el valor de la experiencia. Además, como parte importante del programa está la participación de tres jóvenes maestros, todos ejecutantes destacados que se han formado durante estos años en los cuales la música ha demostrado que Venezuela es algo más que ruido. Se trata de Miguel Siso en el cuatro, Edwin Arellano en el bajo y Eduardo Betancourt en el arpa. Ellos tres, junto al ya mencionado Andrés Nali, serán el centro de la escena a la hora de tocar la Fuga con Pajarillo ensayada para hoy. Sumen al pianista Edison Bolívar y a Dionisio Segado en la batería y saquen las cuentas. Habrá cinco generaciones de músicos tocando juntos una pieza de repertorio firmada por el homenajeado Aldemaro Romero. ¿Siempre ha sido así? ¿O deberíamos sorprendernos de cuánto se ha conquistado durante estos años, así como alguien puede sorprenderse  de cuán jóvenes son los músicos? Volvamos al director, a Florentino y su memoria: ¿era así a sus 18 años? ¿A sus 28? ¿Y a sus 38?

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“Yo me fui de Venezuela a los 13 años. Me fui a estudiar música a Europa y, cuando regresé a Venezuela, quería tocar en la única orquesta que había aquí: la Orquesta Sinfónica Venezuela. Ni siquiera me dejaron audicionar porque yo era venezolano. Simplemente por eso: no podía tocar en la Sinfónica Venezuela porque era venezolano. El presidente de la orquesta me dijo personalmente que ellos prefería tener músicos con experiencia… es decir: canas. Las canas testimoniaban la experiencia. De modo que yo,un joven de 18 años, no podía interpretar Beethoven como lo haría un italiano. Así llegaron a ser las cosas para algunos músicos acá en Venezuela, hasta que el maestro José Antonio Abreu decide desarrollar el talento venezolano, seguro de que podíamos crecer en este aspecto. Además del trabajo social que se ha hecho, ya puedes oír el resultado de orquestas enteras formadas por venezolanos tocando las obras de los grandes maestros en los escenarios más importantes del mundo. Te estoy hablando de muchachos que tocan juntos desde que tenían ocho años de edad y hoy siguen tocando juntos”

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Dejemos testimonio del primer concierto de orquesta de este tipo en la historia de Caracas en Contratiempo. Las maderas desnudas replantean la experiencia de la escena. El concertino Alexis Ramos permite que la Orquesta dé con el La mayor que luego a él se le pierde y lo ayudan a recuperar. Entra el director y tocan un impecable “Joropo a millón” que hace que detrás de los resonadores se asome Miguel Siso como quien desea ver por sí mismo de dónde sale esto que entra por primera vez en el pecho del público.

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Fotografía de Nicola Rocco para Festival Caracas en Contratiempo

Al terminar la pieza el aplauso es inmediato y, al mismo tiempo, difícil de explicar. La crisis del papel lleva a que Javier Vidal, desde el público, pregunte en voz alta qué es lo que acabamos de escuchar. El director se gira ante la entrenada proyección vocal de la demanda y permite que aquellos que lo oyeron por primera vez hagan suyo el nombre: Joropo a millón. De una vez dice que viene El Merengazo y arrancan. Ernesto Rangel y Aquiles Báez confabulan un intermedio para repasar la agenda de lo que viene y el asunto sigue: entran desde la derecha de los espectadores Edwin Arellano, Miguel Siso y Eduardo Betancourt escoltando la inocultable arpa. Ahora es Aquiles Báez quien se asoma detrás de los módulos acústicos para servir de testigo.

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Fotografía de Nicola Rocco para Festival Caracas en Contratiempo

La ejecución es impecable. Ahora el director explica que viene un inédito Carnaval llanero que sorprende al público con un final sin la rotundidad acostumbrada por Aldemaro, pero con todo el contagio de lo melódico. Así se llega indefectiblemente a Suite Onda Nueva y toda la Orquesta Juvenil de Chacao se vuelve responsable de que en las bocas de los asistentes a esta circunstancia irrepetible tarareen.

La alegría a veces puede ser un lugar al cual se le llega desde los costados del duelo. Hay quien atiende el ánimo de Elizabeth Rosi y, filas más arriba, de Alí Agüero. Terminan la Suite y el aplauso es tal que deben repetirla para el encore. La mitad del Teatro Chacao vuelve a aplaudir de pie. Hay quienes lloran emocionados. Otros registran con la cámara de sus teléfonos haberse conmovido con un selfie complejo y tembloroso. Un rosario de manos jóvenes ha tocado cosas nuevas de Aldemaro Romero. Sí. Esto que está pasando es importante. Muy importante. Conecta emociones. Vincula los ánimos. Plantea preguntas. Por ejemplo: “¿Cómo es que tocan así, si son tan jóvenes?”

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Todos esos muchachos que están ahí ya entienden una Venezuela nueva y con nuevos apetitos. Crecerán y nosotros no podremos hacer nada al respecto.

¿Usted también se pregunta cómo es que pueden tocar así, si son tan jóvenes?

Tocan así porque llevan años tocando juntos, yendo en una dirección común sin que eso implique imponérsela a los demás. Tocan así porque han decidido que la música es su camino y respetan su vocación lo suficiente como para atreverse a cumplir sus metas. Tocan así porque la exigencia y el buen desempeño les resulta natural, cotidiano, de modo que al tener asimilado el esfuerzo honesto como la única manera de alcanzar las metas, ya incluso se divierten esforzándose. Tocan así porque se reconocen en sus virtudes y tienen consciencia de que incluso el más virtuoso no sería nada sin el apoyo del resto.

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Fotografía de Nicola Rocco para Festival Caracas en Contratiempo

Tocan así porque están tocando junto desde los ocho años, algo que transforma a un adolescente de 13 años en alguien con una carrera musical de cinco años.

Tocan así porque ha entendido que si es verdad que cuando Dios te da un don, también le da un látigo, ese látigo autoflagelador también puede servir para defender a la eficacia por encima de la calma tónica de la mediocridad.

Tocan así porque no han tenido miedo de crecer juntos.

Nuestro país ha tenido el ejemplo a seguir en las narices, pero hemos preferido el ruido antes que la melodía.

El asunto es que si hay algo indetenible, eso es el futuro. Y Aldemaro ha puesto el suyo en buenas manos.

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