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El martes 13 en “Los verdes” de El Paraíso; por Marcy Rangel // #EnPrimeraPersona

1 El estruendo fue corto, suficiente para entender que habían llegado. “Recuerda los tips”, fue lo último que leí en el Whatsapp antes de guardar el teléfono. Estábamos refugiados en el cuarto más distante a la entrada para alejarnos de cualquier realidad que, literalmente, nos tocara la puerta. Al abrir, dos hombres de 1.75 metros

Por Marcy Alejandra Rangel | 14 de junio, 2017
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Fotografía de Marcy Rangel

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El estruendo fue corto, suficiente para entender que habían llegado. “Recuerda los tips”, fue lo último que leí en el Whatsapp antes de guardar el teléfono. Estábamos refugiados en el cuarto más distante a la entrada para alejarnos de cualquier realidad que, literalmente, nos tocara la puerta. Al abrir, dos hombres de 1.75 metros cubiertos de negro hasta los ojos saludaban en tono “amable” a los tres apartamentos que abrieron a la vez:

—Buenas noches, mi gente.

(Temblor).

—Vamos a revisar un momento los apartamentos.

—¿Traen alguna orden? –alcancé a decir.

—No, pero esto va a ser muy rápido –asintió.

Abrimos la reja y, sin mirarnos, cada vecino entró a su casa para custodiar lo que hacían los funcionarios. Era la primera vez, en dos horas, que prendíamos alguna de las luces del apartamento, que habíamos apagado para dejar el menor rastro posible de habitantes. Solo veíamos, de vez en cuando, la luz del celular.

Cada funcionario portaba un arma que se extendía desde el hombro hasta la rodilla. No apuntaban, solo caminaban en esa posición incómoda. Veía fijamente la cantidad de municiones que tenían en el pecho, como si pudieran ser a la vez kamikazes de guerra. Entraron a uno solo de los tres cuartos, sin ver más que la cama y apenas el baño interno, con el casco puesto y sin identificación.

—¿De cuál organismo vienen?

—Policía Nacional-titubeó uno.

—Estamos blindados y somos del operativo–le tapó el otro.

—No le abran la puerta a más nadie, porque ya encontramos un señor de 70 años secuestrado en el piso 14. Si alguien les toca la puerta, les dicen que no.

—¿Y cómo hacemos si viene alguien más con un arma larga?

—Nosotros estamos asignados por edificio y no salimos menos de 100 funcionarios juntos. Así que no te van a volver a tocar-intentó tranquilizarnos.

Ambos resultaron educados y cuidaron sus palabras con cierta simpatía. No les éramos atractivos. En nuestro piso solo viven parejas de personas adultas, dos abuelas, una señora en cama con sus cuidadoras. La intuición nos dijo que sabían a quiénes y dónde buscar. Por eso, antes de seguir, se sumaron a los otros cuatro funcionarios que estaban en el apartamento contiguo. Le pidieron agua a la vecina y aprovecharon de tomarse una pastilla para el dolor de cabeza. El único signo de humanidad que tuvieron esta noche.

Los funcionarios fueron por cada apartamento de los 12 edificios que conforman el Conjunto Residencial El Paraíso, conocidos por su color verde, que se divisa inconfundible desde la autopista. Todo un universo que contiene, al menos, 1200 familias y 5000 personas que no se han salvado del terror en dos meses de protesta continua que lleva la oposición en contra del régimen de Nicolás Maduro, en Venezuela.

La señora Luisa, por ejemplo, es sobreviviente de cáncer y celebraba su cumpleaños con 15 personas incluidos tres de sus nietos que no pasan de los 3 años. Desde las ocho de la mañana escuchó las primeras detonaciones y, como su ventana no da hacia la autopista, no podía ver qué pasaba en el transcurso del día. Cuando divisaron a una tanqueta negra del Comando Nacional de Antiextorsión y Secuestro derribar de un soplo el portón del estacionamiento de visitantes, resguardaron a los niños en el baño. Pero casi no dio tiempo. Sonó el teléfono: “Están en el pasillo” dijo la vecina. Y, con el miedo de que pudieran llevarse a sus hijos varones, sacó la torta de la nevera y puso la mesa para cantar cumpleaños. En eso tocaron la puerta: “No me preguntes qué me dijeron, porque de los nervios me puse sorda. Yo abrí y les dije ‘pasen adelante’”.

Pero tampoco hicieron nada allí, más que amedrentar. En cambio, a uno de los señores de la tercera etapa, le robaron sus ahorros: “Mis hijos me habían mandado mil dólares para que me fuera a Chile con ellos. Ya estaba por dejar el país” dijo.

Las redes se movían al mismo ritmo de las bombas lacrimógenas que no pararon hasta bien entrada la noche. Decían que no había luz, que disparaban en las cerraduras de los vecinos que no abrieran la puerta, que les habían disparado a las mascotas, que se habían llevado a unos muchachos presos, que había un grupo de personas que filtraba la información a los cuerpos de seguridad. Al ángulo perpendicular de mi ventana llegaron unas camionetas pickup blancas que sacaron grupos de ocho muchachos con las manos atadas y la franela de capucha. El procedimiento se repitió al menos cuatro veces: eran de “La Resistencia”.

A medianoche llovía en El Paraíso. A esa hora se fueron y ésta no parecía una metáfora casual.

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El Conjunto Residencial El Paraíso fue concebido a finales de los años 70 a semejanza de los superbloques que le hacían juego a la modernidad por la que apostaba el país. Además de los 12 edificios, la planta baja aún está llena de negocios que comprenden desde frigoríficos y farmacias, clínicas, bancos, una oficina del seguro social y hasta un preescolar. Su parque, un área común que otrora albergaba a niños en bicicleta y otros en columpio, fue mutando hasta convertirse en una plaza con pocas atracciones. Esta razón, aunada a la inseguridad, fue mermando la cantidad de niños que visitaban las áreas comunes en cualquier tarde a la semana.

Sin embargo, este año las cosas cambiaron. El 19 de abril de 2017 fue la primera vez que –en esta jornada de protestas– una marcha de la oposición fue convocada con un punto de salida a cuatro cuadras del conjunto, a pesar de que El Paraíso ha sido una parroquia opositora por tradición. En las elecciones de 2015 logró su máximo porcentaje de votos, con 70% a favor de la Mesa de la Unidad Democrática.

Desde esa marcha, que también ha significado el punto de no retorno para quienes manifiestan en las demás calles de Venezuela, los Guardias Nacionales Bolivarianos establecieron unos nuevos piquetes en el Puente 9 de Diciembre, que están permanentemente en la salida de la residencia.

Los vecinos, en respuesta, amarraron con cadenas todos los portones que daban acceso a los carros y se restringió el paso peatonal, entre 5:30 am y 9:00 pm. Esto ha significado menor clientela y mercancía en los negocios, mayor control y seguridad interna y el espacio de reunión de vecinos por las tardes en los estacionamientos de visitantes que ahora se utilizan como áreas comunes. Hay abuelos que pasean con sus nietos, adolescentes sin clases que juegan en esa nueva gran cancha de fútbol asfaltada, mujeres que hacen pancartas o pintan paredes con mensajes en contra del gobierno y un grupo de muchachos de más o menos 20 años de edad que, preocupados por la creciente dictadura, se enfrenta a los piquetes de la guardia que, especialmente, ataca con gases lacrimógenos contra los edificios.

Su estrategia es la misma de otros grupos similares que operan de manera espontánea desde 2014: torso descubierto, rostro tapado con una franela, escudo de cartón y un depósito de objetos que incluyen desde electrodomésticos hasta troncos de árboles para formar barricadas y objetos contundentes para lanzarle a la policía. En dos meses la dinámica se ha vuelto una rutina: el encendido de la barricada provoca una ira desmedida en los guardias que hace que cada vez repriman más cerca del conjunto, incluso desde la madrugada y hasta la noche del día siguiente.

Los vecinos siempre tuvieron miedo de que ese enfrentamiento pudiera darse dentro de la residencia. Así la comunidad se ha reencontrado en la zozobra.

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En la tarde de un martes 13 lo lograron. Fue un día entero de primeras veces: la primera vez que el grupo de “La Resistencia” llegó a más de 100; la primera vez que el combate ocupó un tramo de la autopista en sentido este y la primera vez que el Puente 9 de Diciembre lo ocupaban tantos cuerpos de seguridad a la vez, una similitud sospechosa con los Operativos de Liberación y Protección del Pueblo (OLP) que se dan en los barrios populares de Caracas.

Estos operativos son redadas en las comunidades populares, donde participan las fuerzas de seguridad que incluyen a la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional Bolivariana, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas y las policías estatales, con el fin de combatir bandas criminales que han contribuido a aumentar los niveles de violencia desmedida en Venezuela. Sin embargo, “algunos funcionarios se han referido a la OLP en términos más bien políticos, señalando que forma parte de un esfuerzo por liberar al país de grupos armados que, según ha sostenido el gobierno, mantienen vínculos con ‘paramilitares’ colombianos y políticos de derecha”. (Human Rights Watch, 2016)

Dos tanquetas blancas, dos negras del CONAS y una ballena subieron por el elevado que está en dirección opuesta hacia la autopista y se encontraron de frente con los portones encadenados que habían cuidado los vecinos con tanto celo. Lo hicieron con una precisión tal que tumbaron las barricadas y los portones en segundos, como si fuesen piedras de dominó.

Los pocos negocios que estaban abiertos pese al gas, tuvieron que bajar su santamaría y resguardarse; otros subieron por las escaleras tocándoles el timbre a los vecinos para que les dieran refugio. Mientras tanto, en los edificios que están más cerca de las áreas verdes entraron los efectivos rompiendo todos los vidrios a su paso, incluyendo carteleras, salones de fiesta y espejos de ascensores. Incluso llegaron hasta los primeros dos sótanos y partieron los vidrios de la mayoría de los carros de esa zona, arrancándoles retrovisores, faros, equipos de sonido, baterías y cauchos. Pero eso no fue suficiente.

El paso en la autopista seguía interrumpido. De a poco dejaban atravesar el puente a quienes llegaban de sus trabajos. Pero los detenían a la mitad y unos civiles con chaleco negro conversaban con ellos, les tomaban fotos, los grababan. Los tweets de Vladimir Padrino confirmaban a 23 jóvenes detenidos, mientras seguían robando celulares, dinero, tabletas, computadoras en algunos apartamentos. Destrozaron las puertas de las escaleras de emergencia con disparos, al igual que desencajaron las puertas de varios de los ascensores, el techo de las áreas comunes, las cámaras de seguridad y la bomba que racionaba el agua en una de las etapas.

Las cacerolas sonaron tímidas después de la barbarie. Algunos gritos de medianoche acusaban a vecinos de haber dicho con exactitud los apartamentos en los que se resguardaban los manifestantes. Pero ganó la banda sonora de la indignación. Aun en la mañana siguiente, la lluvia mostraba sus rastros. No era casual.

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La zozobra suena en los grillos que arropan la noche, en la tos que expulsa los restos del gas acumulado en el día, en la valeriana que intenta calmar los nervios, en los tweets de quienes se preguntan qué puede venir ahora. En las lágrimas.

Un perro ladra de vez en cuando y alguna puerta se cierra con el golpe de un ventarrón.

¿Podrían ser ellos? Pueden volver.

Pueden volver.

Cuando la salud de un país espera al teléfono: del 0800-SALUD-YA a #FarmaRumbaCCS; por Marcy Rangel

1 En Caracas, en el Bulevar de Sabana Grande, existe una réplica del neoyorquino Radio City que fue inaugurada en 1953. Su diseño mezclaba las molduras y ribetes rococó que servían de referencia a los teatros de los años treinta con las formas geométricas del art decó. Este edificio fue expropiado en 2005 y desde entonces

Por Marcy Alejandra Rangel | 30 de agosto, 2016
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Fotografía de Mauricio López Chollett

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En Caracas, en el Bulevar de Sabana Grande, existe una réplica del neoyorquino Radio City que fue inaugurada en 1953. Su diseño mezclaba las molduras y ribetes rococó que servían de referencia a los teatros de los años treinta con las formas geométricas del art decó. Este edificio fue expropiado en 2005 y desde entonces ha sido un centro de apuestas legales, la central telefónica del servicio de emergencias del 171 conocido como Centro de Respuesta al Soberano y la sede de uno de los operativos policiales del Ministerio de Interior y Justicia: el Dispositivo Bicentenario de Seguridad, que todavía funciona en la planta baja. Ahora también es la sede del 0800-SALUD-YA.

Afuera, en la fachada que da al bulevar, sigue la misma escultura de una figura femenina sobre un ave enorme y mítica. Adentro, en las paredes de esta oficinas que alguna vez fueron camerinos hay frases de la Madre Teresa de Calcuta junto a imágenes del Che Guevara, Simón Bolívar y Hugo Chávez. En el recorrido que conduce hacia lo que fueron las salas de cine hay vitrinas llenas de libros de biografías del presidente fallecido, una suerte de altar dedicado a su memoria con un retablo y una foto enmarcada en papel crepé, así como un busto de más de un metro que reposa sobre la recepción y un retrato aparentemente pintado al doble de su medida, pues ocupa toda la altura de la pared de entrada.

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Fotografía de Mauricio López Chollett

Hoy en lo que fueron las salas del Radio City hay escritorios en lugar de butacas y desde ahí los operadores atienden las líneas telefónicas. Donde pudo haber estado ocupado por una suerte de palco presidencial ahora se encuentran los monitores que dejan ver las tomas de cada cámara de seguridad que custodia las parroquias más peligrosas del Municipio Libertador, el núcleo de la capital venezolana. Apenas una cartulina las identifica: Cota 905, La Bandera, El Valle, Catia. Quienes trabajan frente a los monitores son los espectadores de la ciudad más violenta del mundo. Al final, en las salas del Radio City hay quienes siguen viendo hacia la pantalla, aunque busquen la manera de escaparse al WhatsApp que les tienen prohibido.

Fue encima de este escenario, durante una improvisada conmemoración del 27 de febrero que tuvo lugar el mismo día cuando la Asamblea Nacional declaró emergencia en el sector salud y propuso un decreto de crisis humanitaria, Jorge Arreaza (en calidad del recién inventado cargo de Vicepresidente del Área Social) escuchó al presidente Nicolás Maduro anunciar la creación de un plan llamado “100% Cobertura” para centralizar la búsqueda de medicamentos e insumos en hospitales y farmacias del Estado. Sin advertirlo, la Ministra de Salud tuvo que concebir un equipo de trabajo, una sede, una central telefónica y un almacén de medicinas, al mismo tiempo que negaba que en Venezuela hubiese desabastecimiento del 85% de los medicamentos. Así fue como el 0800-Salud-Ya llegó a este edificio: la improvisación los trajo hasta esta sede adscrita al Ministerio de Interior y Justicia, que alguna vez fue la moderna réplica de un centro cultural capaz de llevar turistas a Nueva York: el Radio City.

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Planeta FM es una emisora de radio que funciona en Colinas de los Caobos, justo entre la sede de Venevisión y la quinta Miss Venezuela. Forma parte de un circuito de alcance nacional llamado Rumba, cuyo contenido oscila entre el entretenimiento, lo lúdico y mucha música. Sin embargo, entre las seis y las nueve de la mañana sucede otra cosa: El Bandón, un programa con reportes del tráfico y saludos de los oyentes que compite en la franja horaria contra los más escuchados en Venezuela, pero con algo que los diferencia: la posibilidad real de encontrar una solución. En esta cabina de radio se consiguen medicinas. De verdad.

FarmaRumba es una sección dentro de El Bandón que le permite a los oyentes solicitar medicamentos que no se encuentran en ninguna farmacia y han llegado hasta la emisora por medio de donaciones. Los productores de El Bandón van registrando en una pizarra acrílica las congestiones del tráfico en Caracas al tiempo que escuchan notas de voz que llegan a los teléfonos corporativos para filtrar aquellas que saldrán al aire. Marcan la cantidad de llamadas que atienden mientras la luz de unos bombillos rojos aumenta su intensidad a medida que avanza el tiempo y son las siete, las siete y media, las ocho de la mañana. Mientras más luces se enciendan, más personas están intentando comunicarse.

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Fotografía de Giovanna Mascetti

Suena la salsa de Ronald Borjas, luego una canción de Rihanna que está pegadísima y más tarde algo del reguetonero Gustavo Elís. Ninguna canción es cónsona con la emergencia de quienes ven en riesgo la vida de sus familiares por falta de medicinas y tienen la esperanza de conseguir parte de su tratamiento gratis, siempre que persistan en sus maneras de alimentar el raiting.

El locutor principal de El Bandón es Gonzalo Fernández de Córdoba, el mismo que tiene veintitrés años haciendo La Soda de la Noche. Su voz es la de un entusiasta que se quiebra y se sobrepone al aire, de acuerdo con las historias de quienes se pueden comunicar.

— Buen día, bandido, ¿en qué podemos ayudarle?

— Soy Hilda Celeste Barrios y estoy necesitando Carbamazepina de 200 miligramos y Fenobarbital de 100 miligramos.

— Puede venir a buscarlos hoy hasta el mediodía…

La instrucción se la da otro de los locutores, en un tono que mezcla la voz estándar de los programas de concursos y una auténtica compasión. Los anticonvulsivos son algunos de los medicamentos más difíciles de encontrar. Hoy en la radio tienen catorce cajas.

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Fotografía de Giovanna Mascetti

 

“¡Que Dios les dé salud!”, dice Hilda antes de trancar. Gonzalo se quita los audífonos, inhala fuerte y suelta un “Yo no estoy preparado para estas cosas”. Transcurren apenas unos segundos entre la petición al aire del medicamento y la respuesta. Se atienden unas cuarenta llamadas diarias durante hora y media. Apenas se escuchó que tenían esos medicamentos, los bombillos rojos se dispararon en intermitencia.

“Se hace un poco amena la tragedia”, dice Gonzalo. “Aunque hubo un momento en que tuve que llamar al director de la emisora y decirle que era un problema tener tres horas de puros medicamentos, porque somos un programa de radio… no la recepción de una farmacia”. Sucede que FarmaRumba no suena sólo en Caracas: es una sección creada para el programa La Tropa, que desde hace diez años se escucha en todas las emisoras regionales del circuito y sirve para el asunto de donar medicinas. No se oía en Caracas sino hasta hace apenas un año, sólo que en la capital el programa se llama El Bandón y no La Tropa, para evitar confusiones con los trending topic oficialistas.

Tanto los locutores como los productores pueden ver toda una base de datos elaborada por ellos mismos. Ahí pueden ver cuáles son los medicamentos que hay en stock, gracias a un monitor gigante. Funciona así: cuando el productor atiende la llamada, introduce el número de cédula del oyente y con ese dato pueden saber si está registrado como “bandido” para reportar el tránsito o si ha pedido alguna medicina antes (incluso cuántas cajas y con cuánta frecuencia). También dice si ha donado algún medicamento. En esa misma pantalla se puede ver cómo al introducir el nombre de la medicina de una vez aparece el resultado: si está o no en el depósito y cuántas cajas quedan.

El lugar donde guardan las medicinas en la radio es una oficina con tres estantes. Están en cajas de zapatos marcadas con la letra inicial del nombre de los medicamentos que contienen. A simple vista parece un depósito en desorden, pero los productores ya saben de memoria marcas, principios activos, y miligramos. Incluso saben cuáles cajas están a punto de vencerse y viven con el nervio de que no las soliciten a tiempo. “Ha sido un boom. Tenemos un enlace con las emisoras del interior para enviarles algunos medicamentos que necesiten más que nosotros”, dice Gonzalo mientras señala una nevera donde se separan el nivel para los almuerzos de los empleados y el de los medicamentos oncológicos.

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Fotografía de Giovanna Mascetti

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En el 0800-Salud-Ya las cosas se hacen de una manera diferente. Hay 350 operadores repartidos en la sede de Cantv Movilnet de Ejido, en el estado Mérida, la sede de Los Cortijos y la del Sistema de Protección Popular para la Paz (SP3), en Caracas. Son 50 operadores por turno que cambian cada seis horas y, además de operar para el Servicio de Atención al Cliente de la compañía telefónica estatal, brindan información sobre la ubicación de las medicinas, principalmente en Farmapatria y el Sefar, el laboratorio de genéricos del Estado.

Estos operadores tienen acceso a una computadora donde mantienen abiertas las páginas web de las redes de farmacias privadas más conocidas y, mientras el paciente espera, buscan manualmente en cada una el nombre del medicamento en alguna sede cercana a su domicilio. Quienes llaman quizás no saben que los operadores del 0800-Salud-Ya están haciendo el mismo procedimiento que ellos ya superaron: el peregrinaje virtual con resultados fallidos.

Según cifras oficiales, en 48% de las veces los operadores no dan con la medicina en la primera llamada. Así que toman los datos del usuario y prometen llamarlo de vuelta. Consultan con los auxiliares de farmacia cuál medicamento alternativo o genérico sirve para sustituirlo y, en caso de que lo consigan, contactan al usuario para preguntarle si puede tomar esa otra opción, previa consulta a su médico y emisión de un nuevo récipe.

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Fotografía de Mauricio López Chollett

A pesar de haber cincuenta operadores por cada turno, todos dispuestos a atender los casi treinta millones de habitantes, los trabajadores del 0800-Salud-Ya tienen tiempo libre: no reciben una llamada tras otra y el teléfono no repica con mucha frecuencia, algo que les permite ir y volver a sus WhatsApp. Sin embargo, hay congestión en la línea y una voz grabada que dice que los operadores están ocupados. Según sus cálculos (cálculos estimados, no oficiales), dicen que cada operador contesta unas veinte llamadas al día. La página del servicio en Facebook tiene menos de doscientos seguidores y la cuenta en Twitter @saludya0800 alcanza apenas dos mil. Hay dos community managers que reciben las solicitudes, pero tienen prohibido responder por la red: el contacto debe hacerse por teléfono. También hay personal del Instituto Venezolano de Seguros Sociales para asistir las solicitudes de medicinas de alto costo. Cuando el usuario da el nombre comercial del medicamento, los auxiliares buscan en Google el nombre del principio activo para buscarlo en el inventario. Este proceso puede durar hasta 48 horas.

En caso de que consigan la medicina, le hacen una encuesta de satisfacción al usuario y la mayoría escoge la calificación “indiferente”. También piden que coloquen un mensaje en las redes sociales recomendando el servicio, pero en el 2.0 los usuarios que los mencionan se quejan de que no los atienden. Y cuando no consiguen la medicina, hacen un reporte al ministerio. Ese mismo ministerio que hace un mes negó la escasez de medicinas.

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Marielsi Lanza tiene 35 años y acaba de montarse en una moto desde El Valle hasta Colinas de Los Caobos para buscar unas medicinas. Ella es agente del CICPC, pero está de reposo porque acaba de dar a luz. Su mamá tiene 63 años y convulsiona desde hace treinta. Hay dos medicamentos que no puede dejar de tomar y, debido al desabastecimiento, han aumentado la frecuencia de las convulsiones. Marielsi explica:

“Te podrás imaginar que la situación de nosotros es cada vez peor. Tener que decirle: ‘No, mamá. No hay’ es desesperante, porque tú no quieres ver a tu familiar convulsionando a cada ratico. Se le deteriora el cerebro y vas viendo cómo se les rompen los dientes por la fuerza que hacen. Es algo bastante doloroso. Mi mamá ha decaído”

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Fotografía de Giovanna Mascetti

Tiene una semana sin seguir el tratamiento. Hoy lo consiguió gracias a #FarmaRumbaCCS.

“La mamá de mi cuñado está registrada aquí. Ella dona medicamentos y la auxiliaron una vez con el Tegretol. Me dijo que iba a llamar a la emisora porque podía ser que lo tuvieran y yo le dije ‘Está bien, señora Hilda. Las esperanzas son lo último que se pierden’”

Quienes llegan a la emisora a buscar los medicamentos lucen cansados y tristes. Algunos incluso llegan escépticos ante la donación. Sandra Raudes es docente de Castellano y Latín en un colegio de Chacao. Cada día después de dictar clases en séptimo y octavo grado, más el Diversificado de Humanidades, la profesora camina hasta Plaza Venezuela (tres estaciones de metro al oeste) entrando en cada farmacia en busca de Euthyrox y Aprovel. Son para su mamá, quien sufre de la tiroides y es diabética. “Me queda poquito. La idea es que no se acabe y nos queda para menos de quince días. La ruta que hago hacia mi casa la hago en farmacias buscando lo que se consiga. Vivo en El Paraíso y uso metro”. En agradecimiento, llevó a la radio unas muestra médicas de amoxicilina pediátrica y un blíster de un antialérgico. Aquí aceptan hasta donaciones de blíster empezados: una pastilla puede hacer la diferencia.

“Nos llegan mucho los medicamentos que llamamos de ángeles: se te murió tu papá, tu mamá… y tenías un poco de medicamentos y los traes. Lo que decimos al aire es qué bueno que aunque ya no estés todavía puedas donar y salvar la vida de otros”, dice Gonzalo y recuerda un caso reciente: “Nos llamó un chamo, el nieto de una abuelita que le explotó el horno en la casa y tenía 90% del cuerpo quemado y necesitaban simplemente solución fisiológica para hidratarla y centros de cama. Al día siguiente nos empezaron a llegar cajas con soluciones fisiológicas, pero a las siete de la mañana había llamado el chamo para decir que la señora se había muerto. Cuando una de las muchachas vino con una caja para la señora, le dije que habían llamado para decir que se murió. Y la muchacha se puso a llorar sin conocerla. Nos involucramos demasiado en los casos”.

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Fotografía de Giovanna Mascetti

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Hoy es un miércoles en el que llegar a cualquier lugar de Caracas será complicado. La oposición ha convocado una concentración para reclamar la fecha de validación de las firmas para activar un referendo revocatorio que podría sacar de la presidencia a Nicolás Maduro a mitad de su periodo. El Tribunal Supremo de Justicia ha aprobado un amparo para considerar la zona donde queda el Consejo Nacional Electoral como zona de seguridad, impidiendo que se hagan concentraciones en ese sitio. La oposición debe reunirse en una avenida del este de Caraca para al menos poder entregar el documento al Tribunal Segundo de Juicio. Y mientras se anuncia el cambio de lugar por las redes sociales, el centro de Caracas se llena de policías, tanquetas y militares. El tráfico generado también atrapó a quienes trabajan en el 0800-Salud-Ya, como a María Eugenia Pineda, directora de todo el dispositivo de atención telefónica. Ella indica:

“La idea es que tengamos el control de todos los medicamentos e insumos. Si hay un accidente en la autopista, yo sé qué hospital tiene los insumos necesarios para atender esa contingencia. Eso es lo que quiere el presidente, eso es lo que vamos a lograr. La meta es que la gente no se ruletee por los hospitales. La meta es que quien tenga una contingencia nos llame y le digamos quién lo va a recibir. Entonces nosotros llamamos al hospital y les informamos. En otros países la gente va al médico y le dan su medicamento inmediatamente. Eso es lo que queremos. La gente cree que lo mejor es el privado, que si no pago no es bueno, aunque igual me vaya a morir. Entonces se les agota la póliza en la clínica, ¿y dónde terminan muriendo? En el hospital público”.

Pineda explica que desde el 0800-Salud-Ya intentan centralizar el sector en una línea telefónica. El plan es que los pacientes se vean obligados a ir a una consulta en el CDI (los consultorios populares del Estado, atendidos en convenio por médicos cubanos) para obtener un récipe para cada dolencia y así conseguir una medicina, incluso para malestares pasajeros como un dolor de cabeza o una indigestión. Ella sabe que existe #FarmaRumbaCCS, oye el programa:

“Veníamos escuchando el programa y pedían Salbutamol, para el asma. Hay cualquier cantidad de Salbutamol y hay cualquier cantidad de gente que no lo consigue. Pero los artículos 83 y 84 de la Constitución nos dicen que el Estado es garante de la salud y eso es lo que estamos cumpliendo con esta medida”

Pineda incluso ofreció poner a una operadora del centro de llamadas cada día en el estudio y así ella pueda decir cuáles medicamentos están en la sede del Sefar y enviarlos a la radio para que más gente pueda beneficiarse. Esta operadora tendría que trabajar de memoria (o quizás vía WhatsApp con alguno de sus compañeros), porque el sistema que diseñaron no es competente con los tiempos de la radio. Pineda considera que:

“No podemos desvirtuar lo que dijo la ministra: el problema de la escasez es simplemente porque  los laboratorios no están trabajando, pero sí hay medicamentos. Dime, ¿qué no hay? Hace poco vi al presidente de una unidad de cardiología privada decir que no había medicamentos: que me diga un solo medicamento que no haya. ¿Losartán? Nosotros tenemos pa’ tirar pa’l techo. ¡Ah, que si me dicen Hyzaar Plus! Eso no lo tenemos, pero Losartán más Hidrocortisona hay tanto que si abro las gavetas van a rebotar. Hay medicamentos, pero por los convenios que tiene el Estado, por la producción nacional. Esos son los que tenemos”

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Fotografía de Mauricio López Chollett

Pineda asegura que en el Sefar se producen 367 medicamentos esenciales que garantizan la salud de los venezolanos. Así que la teoría de María Eugenia Pineda es que el problema de las medicinas tiene que ver con la cantidad que compran los pacientes en las farmacias y no con los retrasos y deudas que hay en torno a la liquidación de divisas por parte del gobierno a los laboratorios farmacéuticos, algo que ha disminuido en 41% la fuerza de venta del sector durante el último año. La directora señala:

“Tú misma puedes observar qué es lo que está pasando: ¡la gente tiene farmacias en su casa! ¿Cómo es que alguien puede llevar a la radio un medicamento como Lírica en donación? ¿Eso quiere decir que compré cuántas Lírica? Esa flexibilización en la norma para adquirir medicamentos que tiene el venezolano ha creado consumismo. La Ministra de Salud dijo que la gente compra muchos y la gente le cayó encima, ¿pero cómo pueden tener un cuarto de una emisora de radio lleno de medicamentos? ¿Por qué? Porque la gente consume y no hay controles. A nosotros nos sabotean, porque mandamos a la gente a Locatel o a Farmatodo, donde tenemos empleados, y cuando vemos que hay disponibilidad y llegan a comprar, les preguntan si son del 0800 y entonces les dicen que no hay. Hemos dejado traza de todo. ¿A qué están jugando? Con la salud no se juega”

Con ese argumento le reclama a las farmacias privadas que no tengan las medicinas que solicitan los pacientes. Sin embargo, en julio de 2016, el Presidente de la República denunció en cadena nacional que los bachaqueros habían utilizado récipes falsos para conseguir medicinas a través del 0800-Salud-Ya. Pineda dice que el 0800-Salud-Ya intenta enviar medicinas desde Caracas a usuarios que han llamado de otras ciudades. “Nos unimos con el Ministerio de Prisiones y cuando hay un medicamento que sólo está disponible en Caracas lo mandamos al lugar. Ellos tienen la permisología para hacer traslado de medicamentos hasta los CDI o los penales para que los busquen ahí”.

“Yo entiendo que puedan decir que hay un problema de distribución, porque no podemos entubar todas las solicitudes en un solo espacio. Pero yo siento que el problema de Venezuela es la falta de valores. No hay una creencia de ‘Si estoy enfermo voy al médico’. Por ejemplo: si yo voy a usar una pastilla anticonceptiva, yo no puedo usar la pastilla anticonceptiva que usa mi amiga. No puedo vender un medicamento como si fuera Harina Pan. Si tú vas a Manuelita (el Farmapatria que queda en Chacaíto) hay pastillas anticonceptivas, pero no te la van a dar si no vas con un récipe. Su distribución debe tener un responsable: el Ministerio de Salud y todos los médicos que hacen vida”

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En la emisión del día de hoy de El Bandón hubo 42 llamadas atendidas, 62 notas de voz que se transmitieron desde WhatsApp y la celebración del bandido número 2000, una especie de registro que cuenta cuántas personas están inscritas para reportar el tránsito.

María Isabel Domínguez llegó después de dos horas en el tráfico desde el Centro hasta Maripérez, el mismo trayecto que hace a diario para dejar a los niños en el colegio. Durante la tranca se le ocurrió llamar a #FarmaRumbaCCS para preguntar si había Aprovel, la medicina para la hipertensión que toma su mamá. “Empezamos a marcar porque en esa cola, sin hacer nada… bueno, marcamos, marcamos y nos cayó la llamada. Yo tenía el celular, pero mis chamos no sabían que mi voz se iba a escuchar en el programa y venían súper contentos”. Cuenta cómo la complicación cardiológica de su mamá la obligó a ponerse un marcapasos. “Yo llamé a la cardiólogo ayer y me dijo que ya no hay Aprovel en el país, que tomara otro complemento que es Losartán Potásico, porque ya tengo año y medio lidiando con las medicinas”.

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Fotografía de Giovanna Mascetti

Domínguez es psicopedagoga y un desnivel entre la silla y el escritorio de su trabajo le lesionaron el brazo. “Trabajo en una escuela del Distrito Capital y la mala ubicación en el escritorio me produjo esto” dice mientras muestra la venda. Su hijo, a quien dejó en el colegio antes de pasar por las medicinas, sufre de epilepsia y en la radio escuchó que habían donado Oxicodal:

“Mi mamá está en la casa porque se robaron la tarjeta lógica nueva del ascensor que colocaron en el edificio y te podrás imaginar que con el problema del medicamento ella no puede estar subiendo y bajando cinco pisos. De hecho le acabamos de hacer una muestra de sangre en el laboratorio, porque no podemos estar arriesgándonos a que se altere. Todos los días buscamos medicamentos. Estamos de emergencia. Yo cargo siempre en la cartera el informe del récipe pero hoy no tenía el de mi hijo”

Siguen llegando más personas a buscar medicamentos. Yaddith y Argénida recuerdan cómo hicieron una cola de ocho horas el lunes para comprar leche y llegaron a su casa con las manos vacías porque su cédula no terminaba en 4 o en 5. La anécdota la interrumpe Carmen Gravito, una señora de 63 años que viajó desde San Cristóbal a Caracas en autobús para buscar medicinas para la osteoporosis.

“He ido a Los Teques, La Candelaria, Chacao y no he encontrado nada. Me voy porque me duele la columna y tengo los ojos secos, pero no encuentro tampoco las gotas para echarme”

Las cámaras de los medios continúan enfocando el rostro de Capriles. Al mediodía la concentración de la oposición es escueta. En la avenida Tamanaco de El Rosal, esta vez desde la tarima, se puede divisar apenas media cuadra de ciudadanos. Henrique Capriles Radonski habla de los chavistas que pueden almorzar a esa hora en un restaurante, mientras el pueblo prefiere hacer cola para comprar comida en vez de protestar. “Ni empanadas comemos”, grita uno de los asistentes, mientras otras dos señoras se esconden de una cámara de televisión:

“Los miércoles nos toca hacer la cola y en nuestro trabajo nos dan permiso en la mañana o en la tarde, pero hoy estábamos tan molestas por no tener nada en la cocina que preferimos venir a marchar”

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Durante la primera emisión de El Bandón no había medicinas. Gonzalo Fernández de Córdoba recuerda que llamaron pidiendo Glucofage, un medicamento para tratar el hiperinsulinismo, y no tenían. Pero llegó gente a donarlo. Una vez llegó al depósito de la radio una prótesis talla 32 para un pie derecho y se la donaron a un perrocalentero que usaba una vencida.

“Cuando se la probó dijo: ‘¡Oye, ésta es de las arrechas!’. Era de un tipo que tenía diabetes. Le habían amputado la pierna y luego se murió. Era una pierna sin usar, prácticamente. También han venido en muletas a buscar otras y se han entregado. Hemos tenido camas de hospitales y camas clínicas que no han podido dejar aquí, pero con el récipe médico los hemos puesto en contacto con quienes nos las han ofrecido”

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Fotografía de Giovanna Mascetti

Todo esto lo cuenta Gonzalo mientras Manuel Martínez va a la recepción de la radio a buscar el Euthyrox que le prometieron por teléfono para tratar la tiroides de su sobrina. Tiene quince años y vive en Margarita, pero allá tampoco se consiguen las medicinas.

“Le han mandado hasta pastillas anticonceptivas para regular todo el sistema, pero no las conseguimos. Buscaré la manera de enviarle una ropa y por ahí se lo meto para que le llegue, porque llevo dos meses buscando el medicamento. Hemos viajado a Puerto La Cruz y Maturín, a las farmacias de Valencia y Maracay a ver si lo conseguimos pero qué va… es muy difícil”

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No sólo se espera por teléfono. En la recepción del Caracas Radio City aguardan dos muchachas vestidas con short y vestido. “Ninguna puede pasar”, les informa la persona que atiende en la recepción mientras acomoda una bolsa con harina de maíz artesanal en su escritorio. “Ni que vengan en leggins pueden entrar. Esto es un organismo de seguridad”, replica el portero. Ambas muchachas son damnificadas y quieren una respuesta. En las mismas salas del cine de otrora también atienden a quienes esperan por una de las casas que Hugo Chávez dejó prometidas antes de morir. Llega un bachiller y pregunta cómo puede apostillar su título, a pesar de que el trámite se realiza en otro ministerio. La mamá de uno de los trabajadores del 0800-Salud-Ya espera una constancia de trabajo que lo saque de la cárcel, donde cayó por una redada. “Hay que ayudarlo”, susurra la recepcionista, manipulando la harina artesanal que compra porque la precocida no se consigue.

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Mientras los productores se quedan entregando medicamentos hasta el mediodía, Gonzalo Fernández de Córdova se va de la radio al terminar el programa.

“Yo no me siento muy bien porque no soy farmaceuta. Estuve muy deprimido. Me llegan señoras llorando diciéndome: ‘Yo no sé qué es esto, a mí me dijeron que ustedes me iban a ayudar a resolverme el problema de mi hijo que está convulsionando’. Nosotros no necesitamos ese tipo de medicamentos y no sabemos lo que sufre una persona que no tiene carro, que no tiene un celular para andar llamando a farmacias o que no puede buscar en Internet”

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Fotografía de Giovanna Mascetti

Pineda llega a su trabajo con 18 récipes en la mano. Todos son de #FarmaRumbaCCS, porque en la reunión acordaron una alianza que permitirá ayudar a más oyentes, sobre todo con medicamentos del Sefar. Su hermana también estuvo buscando medicamentos. Consiguió unas medicinas en el Farmapatria de Chacaíto, pero huyó de un robo antes de poder comprarlas y no quiso volver a intentarlo.

“No volvió porque el venezolano no está acostumbrado, no es gente de crisis. ¿No ves que de todo saca un chiste? Evade. El venezolano no afronta, no es serio. No es un defecto, pero creamos el caos y tenemos la solución: que nos den lo regalado para después atendernos en la clínica privada”

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Es miércoles de colas para las cédulas que terminan en 4 y 5. Sigue la concentración de la oposición todavía con menos de una cuadra de gente. Hay tanquetas en el centro de Caracas. Una noticia se filtra en las redes sociales: un niño acaba de morir de cáncer y hace poco estuvo protestando contra las complicaciones para conseguir sus medicinas. En las noticias advierten que en Venezuela han muerto mil pacientes de VIH durante el último año por falta de medicamentos. Luisana Melo, Ministra de Salud, declara ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que la salud en el país está garantizada, que ha aumentado la calidad de vida del venezolano y que se redujo el hambre, el desempleo e incluso la tasa de mortalidad infantil. Mientras tanto, un circuito de radio intenta ayudar a los pacientes que escuchan sus programas a través de donaciones anónimas y sin pretensiones políticas. Pineda, en una oficina que antes era un cine y hoy es tantas cosas a la vez, se pregunta: “Si el Estado está trabajando para que tú tengas, para que seamos realmente independientes, ¿por qué decir que no hay?”.

Subir El Calvario sin miedo para celebrar a Caracas; por Marcy Rangel

Son las 12:50 de una tarde de sábado que Caracas aprovecha para celebrar su cumpleaños por adelantado. Algunos vagones del metro no tienen aire y, como en casi cualquier tarde capitalina, el sol está inclemente. En la estación El Silencio, con varias de sus salidas cerradas, aguarda un grupo de 50 personas con atavíos de

Por Marcy Alejandra Rangel | 25 de julio, 2016

Subir El Calvario sin miedo para celebrar a Caracas por Marcy Rangel

Son las 12:50 de una tarde de sábado que Caracas aprovecha para celebrar su cumpleaños por adelantado. Algunos vagones del metro no tienen aire y, como en casi cualquier tarde capitalina, el sol está inclemente. En la estación El Silencio, con varias de sus salidas cerradas, aguarda un grupo de 50 personas con atavíos de turistas: gorras, bolsos, termos con agua. Se presentan mientras llega el guía. El comentario que se repite es que llevan años queriendo subir las escaleras del Parque El Calvario, pero no se atreven. Les da miedo.

El miedo es el referente inmediato en la ciudad más violenta del mundo. Pero Caracas, que alguna vez fue emblema de modernidad, acoge en sus lugares históricos a transeúntes que siguen caminando (con cuidado), porque el encierro no les parece una opción para construir el país que quieren.

El Calvario es un parque que fue construido en el siglo XIX con estructuras ornamentales en combinación con jardineras a la usanza europea, pero durante 30 años fue un lugar tomado por delincuentes. La historia cuenta que ese parque resume el ego de dos presidentes, Guzmán y Crespo, quienes invirtieron dinero para construir cada mitad del parque. Guzmán, incluso, decretó la presencia de una plaza con su nombre en cada estado de Venezuela, junto con la de Bolívar, y erigió una estatua de sí mismo que tenía 16 metros de altura en la cima de El Calvario, con la excusa de que el pueblo se sintiese custodiado. El parque fue restaurado en 2010, un siglo después de haber tumbado aquella estatua. En la base ahora reposan las mantas de quienes hacen picnic. En las escalinatas de la entrada, como una analogía histórica, está pintada ahora la mirada del nuevo custodio: un presidente fallecido.

Mientras el recorrido pasa por un acueducto público, una fuente con palomar dorado, un salón de eventos y una iglesia abandonada, desde la cima de El Calvario se ven la parada de autobuses que bajan al Litoral Central, varios puestos que aún venden chicha a pesar de la escasez de leche, los edificios que construyó el gobierno en lugares que contrarían todas las normas de urbanidad y las entradas a los barrios de Catia, el palacio presidencial, la infinita avenida San Martín llena de comercios, el Centro Simón Bolívar reconocido internacionalmente. La velocidad de los automóviles y el ruido de las bocinas. Una ciudad que no se detiene.

La mayoría dice que vive en Quinta Crespo, Altagracia, San Juan, El Paraíso. Parroquias contiguas desde donde, con esfuerzo, se puede llegar a pie. Casi ninguno había desafiado la subida de los 87 escalones seguidos para descansar en uno de los miradores. Pero El Calvario tiene cuatro pisos de lugares para sentarse y mirar el oeste que alguna vez fue el límite de la ciudad. Hay personas trotando, niños jugando en el parque, adultos conversando. Sólo una señora vende limonada y lleva una jarra de dos litros cada día, incluyendo algunas botellas con agua. Se sorprende cuando llega el grupo sediento a comprarle la mercancía.

—Yo sólo traje esto porque los sábados no viene tanta gente.
—Pero tú sabes que este fin de semana se celebra el día de Caracas y hay muchas actividades­— apunta el guía.

Hay tantos recorridos gratuitos por la ciudad como gente interesada en aprovecharlos. Mientras estamos frente al Arco de la Federación esculpido con mujeres desnudas como símbolo de libertad, hay rutas organizadas en la Plaza El Venezolano, el Parque La Paz, la Plaza Bolívar, El Hatillo. Hay recorridos a pie, en bicicleta, poesía. Inicia el Festival Caracas en Contratiempo y los asistentes se sienten parte de una lección de civismo. Es sábado en la Caracas de las largas colas para comprar comida, pero también es un día en el que respirar es sinónimo de sonreírle al paisaje.

Alguien pregunta si es conveniente guardar las cámaras y no tomar fotos. Pero el guía responde que en la medida en que tomemos los espacios públicos así, en grupo, nadie puede atentar contra la voluntad de quien conserva el patrimonio. Un muchacho que viene de Barinas, saca la cámara del bolso mientras cuenta que hace apenas cuatro meses conoce la capital y que por eso quiso subir hoy El Calvario. Otro recuerda que ahí se han hecho eventos políticos, festivales de danza, fiestas privadas y dan clases de yoga. Hay motos que pasan inadvertidas y generan alarma, a pesar de la tregua de hoy. Una señora está visitando Caracas desde Bogotá y dice que vale la pena tomar más seguido los espacios públicos; que nos miremos en la historia de su país.

Las miradas del grupo se encuentran y surge la confianza para volver. El regalo que le dan hoy a su ciudad es caminarla juntos y sin miedo.

Jaime Abello Banfi: el periodismo independiente es una actitud de valores; por Marcy Alejandra Rangel

Jaime Abello Banfi aún habla de Gabriel García Márquez en presente. Ambos son costeños, signos de agua, estudiaron derecho, les apasiona el cine, la música popular colombiana y se dedicaron a la comunicación. “No soy escritor, pero amo la literatura; tengo capacidades para escribir, aunque no lo haga”, dice. Abello, amigo personal de Gabo y

Por Marcy Alejandra Rangel | 2 de abril, 2016
Jaime Abello Banfi el periodismo independiente es una actitud de valores; por Marcy Alejandra Rangel

Jaime Abello Banfi retratado por Roberto Mata

Jaime Abello Banfi aún habla de Gabriel García Márquez en presente. Ambos son costeños, signos de agua, estudiaron derecho, les apasiona el cine, la música popular colombiana y se dedicaron a la comunicación. “No soy escritor, pero amo la literatura; tengo capacidades para escribir, aunque no lo haga”, dice. Abello, amigo personal de Gabo y Director General de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, se ha convertido en el grado de separación de muchos de los periodistas que no conocieron al Nobel de Literatura en persona, pero siguen su legado a través de los talleres que imparte la institución en los países de habla hispana y portuguesa, desde hace 21 años.

Abello conoció a García Márquez cuando trabajaba al frente de la Cámara de Comercio de Barranquilla, cargo que le permitió hacer gestión en el cine y pertenecer a la junta directiva de la Asociación Colombiana de Cinematografistas y la Cámara Colombiana de la Industria Cinematográfica. “Desde esos trabajos conocí a Gabo, primero como personalidad representativa del cine en el país, luego cuando fui director de Telecaribe (uno de los primeros canales de televisión pública regional en Colombia). Ese fue mi primer acercamiento al periodismo, hasta que Gabo me buscó en el año 90, cuando se dio cuenta que necesitaba crear una institución que facilitara unos talleres para periodistas en Colombia”.

Desde entonces, el trabajo de Abello se ha concentrado en construir un tejido de alianzas que busca recaudar dinero para seguir promoviendo los talleres en cada vez más lugares y no sólo en Cartagena de Indias, donde tiene sede la institución. Hasta diciembre de 2015, la FNPI había organizado 886 actividades en las que han participado 60.646 periodistas, según sus propios registros. Este es el tercer año consecutivo que se promueve el Premio Gabriel García Márquez y el cuarto del Premio Roche de Periodismo en Salud, que buscan premiar investigaciones independientes en distintas áreas y formatos. Periodistas de Venezuela han sido ganadores en ambas ediciones, lo que ha llamado la atención de los organizadores: a pesar de la crisis de medios que existe en el país, de las continuas denuncias de censura y compra encubierta de medios, los periodistas han buscado la manera de profundizar en los datos. Abello señala:

“Cuando hay condiciones tan adversas hay que ir con cuidado. Gabo decía que lo importante es estar vivo, pero lo importante no es solo eso, sino poder dialogar con el público, producir la información y hacérsela llegar a la gente. Si el contexto es muy negativo, hay que tratar de decir las cosas hasta el punto que ese riesgo sea compatible con el ejercicio periodístico”.

El Director General de la FNPI visitó Caracas recientemente junto con los periodistas María Jimena Duzán y Alberto Salcedo Ramos para presentar la edición venezolana de Gabo Periodista, un libro homenaje que recopila crónicas, reportajes y columnas escritas por Gabriel García Márquez y seleccionadas por los más importantes periodistas del continente. Abello también viajó a Venezuela para establecer alianzas que pudieran ayudar a los periodistas a tener acceso a los talleres de la institución que dirige. En este sentido, anunció la creación de un fondo de becas para quienes ejerzan el oficio de manera independiente en el país.

Ya en 2009, Abello avizoraba un cuestionamiento profundo del modelo de negocios de los medios tradicionales con la aparición de las redes sociales y la necesidad de educar a los ciudadanos sobre el consumo en esos nuevos medios digitales. La evolución de la conducta de consumo de las audiencias y el traslado del periodismo a las plataformas que ofrece internet continúa siendo el principal reto del periodismo en América Latina en el siglo XXI:

“Los periodistas de espíritu independiente que han visto que se han ido cerrando los medios tradicionales, han optado por un periodismo basado en las estrategias digitales y ahí hay muchos proyectos periodísticos, hay mucha gente trabajando su marca personal. Todo esto nos parece valioso”.

La búsqueda de un periodismo independiente, enfatiza, no tiene que ver con los medios de comunicación, sino con los valores con los que está formado el periodista:

“Nosotros estimulamos, promovemos, informamos. Lo que tratamos es de fortalecer a los periodistas en su perspectiva para que den la batalla que tengan que dar. Las batallas no son solo contra los gobiernos, sino también contra el propietario del medio o contra el jefe. Y la independencia no tiene que ver con un medio sino con una actitud de valores, de práctica cotidiana, búsqueda personal. Ese es un debate ético en el que el periodista tiene que desconfiar hasta de sus propios sesgos, porque también la independencia está ligada a la disponibilidad de recursos para no ser coartado, que van desde dinero para moverse, hasta tiempo y acceso a la fuente de información”.

La FNPI recibió en marzo de 2016 el premio español iRedes por su labor de formación a periodistas de Iberoamérica, “utilizando las redes como canales de actualización y permanente creación de comunidad”. En el discurso de entrega, la institución destacó el rol de las redes sociales en el mundo periodístico actual:

“En medio de discusiones acaloradas, de campañas de propaganda y desprestigio, de opiniones impulsivas, de matoneo e irrespeto, de la facilidad de gritar con un simple tuit, el verdadero desafío está en el autocontrol, en la serenidad para administrar la fuerza casi ilimitada que nos dan las redes. En tiempos donde abunda el ruido, creemos que la diferencia la marca quien aun pudiendo gritar opta por la pausa, por el sosiego que permite aclarar la mente y la voz antes de hablar”.

Luego de 21 años de trayectoria de la FNPI, lo más relevante para la formación de un periodista del legado de García Márquez ha sido la promoción del buen periodismo como un valor, en conjunto con la defensa del idioma, la investigación, verificación de datos y la innovación, destaca Abello, quien explica:

“Nosotros tratamos de seguir con la línea de nuestro fundador. Tratamos de promover un periodismo ético, investigativo, que respete a las audiencias. Podemos poner en discusión las prácticas periodísticas y estimular las mejores. Por eso tenemos dos premios que nos permiten establecer una referencia. Un valor fundamental es que todo esto se deriva de una práctica, y es en la práctica donde se encuentran las respuestas de los retos éticos y profesionales. Pensamos en ver cuáles son las nuevas oportunidades que se están abriendo para quienes tienen la vocación de ser periodistas”.

La misión de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano ha estado enfocada en trabajar con los periodistas, desde el periodismo y para los periodistas. Sin embargo, el futuro de la institución apunta hacia nuevos campos:

“Somos conscientes de que tenemos una responsabilidad con el legado de Gabo y tenemos que convertirlo en un legado en movimiento, en acción educativa y cultural que trabaja con públicos diferentes al periodismo. Queremos aprovechar el oficio y transmitirles esos aprendizajes a otros sectores: a jóvenes, a grupos sociales que necesiten apoyo para salir adelante. Queremos trabajar progresivamente con la idea de que contar historias es un poder que está al alcance de mucha gente y facilitarles las técnicas narrativas y la ética necesaria para que puedan compartirlas por todas las plataformas que ofrece internet”.

Abello concluye: “Yo francamente creo que lo que vienen son buenas épocas”.

Manual de cuatro #1 y la posibilidad de tocar al país; por Marcy Alejandra Rangel

Carlos tiene un cuatro en su casa desde hace dos años. Lo compró porque cree que es importante el maridaje entre ser venezolano y saber tocar el instrumento, pero jamás lo ha sacado del estuche. Es domingo en la mañana y, a su edad, bien podría estar recuperándose de una fiesta o con planes de

Por Marcy Alejandra Rangel | 23 de marzo, 2016

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Carlos tiene un cuatro en su casa desde hace dos años. Lo compró porque cree que es importante el maridaje entre ser venezolano y saber tocar el instrumento, pero jamás lo ha sacado del estuche. Es domingo en la mañana y, a su edad, bien podría estar recuperándose de una fiesta o con planes de ir a la playa, pero decidió levantarse temprano y, por primera vez, desenfundar el instrumento. Hoy Carlos tiene la posibilidad de aprender a tocar las melodías tradicionales que más se parecen al sonido del país.

Manual de Cuatro #1 es una idea de Marianne Malí, una cantante venezolana con una propuesta retro, que ideó un cancionero de 18 temas fáciles de aprender a tocar, extraídos de los manuales de cuatro de Oscar de Lepiani y García Abreu. Este concierto, en el que también participa Solo Ensamble, recrea el formato interactivo de una clase principiante de música en el ciclo Noches de Guataca que, aunque tiene seis años mostrando a los más diestros de la música venezolana, esta vez decidió asomar la posibilidad del aprendizaje. Hay casi 100 personas curiosas y al menos 30 con el instrumento. Carlos es uno de ellos.

La clase es en una sala de teatro experimental con un ensamble en vivo. Hay cuatros, maracas, percusión y bajo, como en un concierto formal de música venezolana contemporánea. Esta vez, hay una pantalla que proyecta la partitura de las canciones tradicionales más conocidas y fáciles de tocar en cuatro: “Ansiedad”, “Las Brumas del Mar”, “Fiesta en Elorza”, “Gabán”. Todas suenan con la técnica del vals, la primera que aprendió a tocar Carlos esta mañana: pasa los dedos por todas las cuerdas una vez hacia abajo, dos hacia arriba, otra vez hacia abajo. La señora que está al lado se apura a anotarle los movimientos con flechas a la vez que piden acelerar el ritmo. Ella cuenta que su abuela le enseñó a tocar cuatro y que, desde siempre, ha tenido el instrumento en casa para amenizar las reuniones familiares. “Pero no se me ocurrió traerlo, aunque tenía curiosidad por venir a ver cómo era esta actividad”, se lamenta. A Carlos le cuesta mantener el ritmo más que a los niños de siete u ocho años que andan por ahí, al otro lado de la sala. En ellos se fija cada vez que interpretan una canción, al unísono, para probar los conocimientos del día con ensamble y voz.

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Uno de esos niños es Omar Pulgar, quien tiene un año en la orquesta Alma Llanera de Apure. Sabe tocar joropo, “Gabán”, “Manizales” y, por supuesto, “Alma Llanera”. Tuvo un concierto el viernes, el mismo día que viajó a Caracas para pasar la Semana Santa con su papá, quien tiene varios instrumentos en casa para que Omar pueda divertirse. “Yo quiero tocar arpa, pero en la escuela todavía no tienen una para que yo aprenda”, dice.

Como Omar está Bernarda. No llega a los seis años y tampoco estudia música. Pero apenas invitaron a alguien al escenario saltó con el instrumento a una de las sillas y se hizo sentir parte de la banda. De un ensamble de música venezolana que, aunque ella no lo sabe, toca las canciones con la que sus abuelos se enamoraron. “Ustedes no saben el efecto que tiene en los chamos que uno los pueda mantener en contacto con la música” les cuenta Malí a todos los demás espectadores.

“To-ca-me-ren-gue” repite la cantante varias veces con la voz mientras el público lo intenta con la mano. Este es el segundo género que enseña Malí en la clase. “Compadre Pancho”, “Carmen y la Pulga” y “El Piojo” fueron algunas de las canciones que el público se sorprendió tocando. Porque la dinámica es esa: una vez aprendido el ritmo, los músicos se pasean por varias canciones y velocidades que tengan los mismos acordes, en la voz de Malí y de quienes, además de tocar el cuatro, pudieran cantar sin equivocarse en la coordinación.

Manual de cuatro #1 y la posibilidad de tocar al país; por Marcy Alejandra Rangel

El cuatro, generalmente, se agarra por el diapasón con la mano izquierda y los dedos hacen acrobacias para cambiar de nota cada vez que la canción lo requiere, sin alterar el ritmo base que se hace con la derecha. Esa era la técnica que estaba practicando Danny, a la salida del concierto, con el cuatro todavía en posición de tocar. En su casa hay cuatro, guitarra y maracas, pero es la primera vez que saca alguno de los instrumentos de su casa. Sin embargo, su hija Daniela, de 11 años, hace tres que practica y hoy vino a enseñarle a su papá lo que ya sabía hacer.

“Me dio rabia tener el cuatro desafinado en la clase. Voy a seguir estudiando” dijo la señora Carmen sentada en uno de los muebles del Trasnocho Cultural, a la salida del concierto. Hace cuatro años que su instrumento estaba llevando polvo en casa, pero hoy decidió practicar mientras se grababa con el celular. Recibió clases de piano a los seis años y, aunque nunca se profesionalizó, a lo largo de su vida ha hecho varios intentos por formalizar su relación con la música en conservatorios.

Manual de Cuatro #1 sirvió para que el domingo empezara reunido en torno a la música tradicional venezolana. Había abuelos que cantaban, señoras que miraban, jóvenes que aprendían, niños que ya sabían y, sobre todo, música. Ese sonido que acerca las fronteras entre las generaciones, la lejanía entre los que ya no viven cerca y aflora el recuerdo de quienes ya no están, que se potencia si tenemos la oportunidad de crearlo nosotros mismos y no verlo tocado por otros en un video; que invita a la posibilidad de sentir que el país está cerca sin importar la latitud desde donde se toque el instrumento más cercano a la identificación de nuestras raíces.

¿Apagón cultural? Venezuela y el racionamiento eléctrico en cines y teatros; por Marcy Rangel

Centros comerciales y hoteles deben autogenerar luz a partir de las 7:00 pm durante tres meses lo que, además de atentar contra cines, restaurantes y teatros, genera mayor inseguridad

Por Marcy Alejandra Rangel | 20 de febrero, 2016
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Fotografía de Gabriel Osorio.

La rutina de quienes hacen vida en los centros comerciales de Venezuela se ha visto alterada desde hace una semana debido la improvisación en la medida de ahorro energético que impuso el Gobierno de Venezuela para contrarrestar la sequía que ha producido el fenómeno climático El Niño.

Los primeros tres días de aplicación de la medida, los trabajadores tuvieron que abandonar sus puestos de trabajo entre la una y las tres de la tarde, pero tenían que cerrar antes del siguiente corte, que se producía entre las siete y las nueve de la noche. Bajaban las santamarías eléctricas de los negocios y se iban con sus luncheras a las ferias de comida, a los pasillos con donde pudieran hacer una siesta en algún mueble, e incluso a los rincones donde los cestos de basura sirvieron de soporte a las partidas de dominó.

Una semana después, el Ministerio de Energía Eléctrica consideró la propuesta que le hiciera la Cámara Venezolana de Centros Comerciales, Comercios y Afines, y flexibilizaron la medida. A partir del martes 16 de febrero, los centros comerciales que no posean plantas generadoras de electricidad podrán trabajar en horario corrido, desde el mediodía y hasta las siete de la noche. Sin embargo, en un nuevo comunicado, el ministro enfatizó que los hoteles también deben generar su propia energía durante cuatro horas diarias.

Desde que se nacionalizó la industria eléctrica en 2007, ésta es la segunda vez que el gobierno intenta un racionamiento por la misma causa: los embalses están en estado crítico y, además de no prever la crisis, el ministerio tampoco hizo mantenimiento ni construyó formas alternativas de obtención de energía eléctrica para satisfacer la demanda. En enero de 2010, pocos días después de ordenar la primera medida (que afectaba a todos los sectores productivos y no sólo a los comercios y hoteles, como ahora), el presidente Hugo Chávez Frías tuvo que suspenderla en Caracas y destituir al ministro de entonces.

En aquel momento, los centros comerciales lograron disminuir su consumo en 10% y todavía se mantienen en ese nivel.

Sector cultural

El miércoles 10 de febrero, cuando apenas se retomaba la rutina en Venezuela luego del asueto de Carnaval, el corte de luz tomó por sorpresa a todos los trabajadores de Teatrex, una de las cuatro salas de teatro caraqueñas que se encuentran dentro de centros comerciales y la primera que se vio afectada por la medida.

Corina Perera estaba en camerino preparando al elenco de El cumpleaños de Fulanito cuando se enteró de que la tercera de las ocho funciones programadas del show que dirige no se presentaría. Su obra de teatro es un espectáculo de improvisación que puede adaptarse a cualquier espacio y, aprovechando ese recurso, decidieron presentarse en una de las plazas contiguas como forma de protesta:

“Decidimos hacerlo a la gorra, porque nosotros comemos de esto y una función a nosotros nos duele en el bolsillo. Convocamos por redes a partir de la una de la tarde y como a las siete ya había más de cien personas en la plaza. No podía irme a mi casa a dormir como si nada hubiera pasado. Preferí presentarme en un lugar en el que podía no ganar ni un bolívar, pero me voy tranquila porque hice algo: lo único que sé hacer”

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Fotografía de Gabriel Osorio.

Con la nueva posibilidad que tienen los centros comerciales de operar entre las doce del mediodía y las siete de la noche se ahorrará 20% más energía, pero seguirá impidiendo que las actividades de recreación en teatros, cines y restaurantes puedan desarrollarse en el horario habitual.

Ya en 2015 los horarios de las funciones se redujeron a causa de la inseguridad. En Teatrex las funciones de las diez de la noche se eliminaron y ahora tendrían que eliminar también las que están programadas para las ocho y las nueve. Susana Baserva, gerente de los 55 empleados que laboran allí, es de quienes no creen posible que el recinto vuelva a su actividad regular mientras exista el racionamiento:

“¿A quién sacas de su casa después de las nueve de la noche, cuando vuelvas a encender electricidad? Esa posibilidad no existe. Esta medida va en detrimento de la actividad productiva y el desarrollo personal que significa la cultura”

Para que un teatro pueda operar a partir de las nueve de la noche, cuando se acaba el racionamiento diario, la directiva debe comprometer, además de la luz y la seguridad de los transeúntes, una cantidad de personal encargado de encender y trabajar con santamarías, llaves de seguridad, portones eléctricos, taquillas de pago, bombas de agua, aires acondicionados y entradas y salidas de los estacionamientos, entre otros empleados más.

El jueves inmediato al inicio del racionamiento había una función de Laureano Márquez en el Teatro Premium del Centro Comercial Los Naranjos. Ya habían logrado vender todos los boletos. Los encargados de programación pactaron con el centro comercial encender las luces de nuevo a las nueve de la noche, en vez de cerrar definitivamente con el corte de las siete. Los espectadores llenaron los pasillos a oscuras, a su riesgo, y la función de Sit Down se dio. Sin embargo, Érika Lander, la programadora del teatro, señaló:

“Pero el viernes no podíamos comprometer a todo el personal de nuevo. Tuvimos que suspender las dos funciones del viernes y tres de las cinco que tenemos los sábados porque la gente pensó que la medida también se aplicaba los fines de semana”

La Cámara Venezolana de Centros Comerciales, Comercios y Afines asegura que sólo el 1% de los centros comerciales del país tienen una planta eléctrica capaz de proveer energía durante cuatro horas diarias a todo el recinto. Trasnocho es de los principales centros culturales de Caracas y el único de los afectados que, además de las funciones de teatro, también tiene cines, librería, bares, restaurantes, un centro de yoga, sala de exposiciones y otras tiendas que deberían estar abiertas durante el horario de los cortes. Sin embargo, la nómina de 250 trabajadores (sin contar a los elencos de las obras y sus equipos de producción) ha tenido que apegarse a un estricto horario de ahorro propio, eliminando todas las actividades hasta las dos de la tarde.

Trasnocho es uno de los centros que, además, impulsa varios programas de apoyo a la comunidad cultural de Caracas. Uno de ellos es el Festival de Jóvenes Directores, dentro del cual seis nóveles creadores presentan sus propuestas con el fin de lograr una temporada completa en el recinto. También cada viernes se presenta Educine, un programa de proyección de películas infantiles para los estudiantes de primaria de las escuelas públicas, en la que expertos en valores discuten con los niños el aprendizaje de cada sesión. Educine es la única de las actividades matutinas que se ha mantenido, aun con el racionamiento, por ahora. Solveig Hoogesteijn, coordinadora general, dijo:

“Estamos viendo cuál es nuestro consumo, con un estudio técnico que demora dos semanas. Mientras tanto, el centro comercial tiene una planta de emergencia que nos ha permitido funcionar y, a pesar de no haber detenido la programación, vimos una disminución de público en los días de semana”

El cine también ha disminuido su cantidad de proyecciones. Andry Franco es estudiante de Publicidad y Mercadeo y trabaja desde hace tres años como operaria en Cinex de El Recreo, uno de los complejos de salas más céntricos de la capital. Trabaja para poder pagar sus estudios. Su horario va de diez de la mañana a las siete de la noche, pero desde el miércoles la cadena de cines sólo proyecta dos funciones por película al día y la última es a las cinco de la tarde. A esa hora se apagan automáticamente pantallas de taquillas, máquinas de servicio y proyectores digitales sin uso. Los vigilantes están atentos para no dejar que suban más clientes.

“Generalmente vendemos dos mil entradas diarias, pero hoy a lo sumo se vendieron trescientas”, señaló Franco el primer día del ahorro. Andry todavía no sabe si tendrá una disminución en su sueldo por la reducción del horario ni si la empresa decidirá eliminar algún turno laboral. El comunicado más reciente de la Asociación Venezolana de Exhibidores de Películas afirma que se están reduciendo en 50% las proyecciones en los días de semana y dos de los tres turnos laborales, sin contar otros perjuicios directos para los espectadores y la crítica, como la posibilidad de acceder a los estrenos que ya estaban coordinados en conjunto con otros países de la región.

La inseguridad

La Cámara Venezolana de Centros Comerciales, Comercios y Afines registra 400 centros comerciales afectados que le dan empleo aproximadamente a 580 mil trabajadores, además de la posibilidad de compras, recreación y esparcimiento a dos millones y medio de visitantes diarios. Muchos de estos tienen farmacias y supermercados que forman parte del peregrinaje para encontrar insumos básicos a diario, en un país donde el desabastecimiento alcanza el 80%. Este tipo de establecimientos, al igual que los bancos, pueden operar en horario normal: además de que algunos de esos productos deben estar refrigerados, existe una condición legal que impide su cierre. Sin embargo, que un centro comercial de 500 negocios (como el Sambil Caracas, por ejemplo) esté abierto desde la mañana sólo por un par de horas hace a los empleados de esas tiendas abiertas más propensos a la inseguridad.

Leonardo Martínez vende golosinas y cigarrillos en un tarantín improvisado. Trabaja desde hace doce años frente al centro comercial desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche y sus ingresos diarios promedian cuatro mil bolívares. Desde el miércoles, no pasan de dos mil. Desde ese día trabaja hasta las siete… o hasta que la calle solitaria lo mueva de sitio.

Fotografía de Gabriel Osorio.

Fotografía de Gabriel Osorio.

Lo mismo sucede con puestos de trabajos que se encuentran en las zonas aledañas a los centros comerciales y hoteles, como paradas de taxis, mototaxis, kioscos y vendedores ambulantes. Alirio Gallardo es uno de los socios fundadores de la Asociación de Conductores de Taxis del Centro Comercial El Recreo, con dieciocho años de servicio en esa parada. Hasta diciembre, Gallardo hacía hasta diez recorridos diarios, pero desde el miércoles sólo ha hecho cuatro en el mismo espacio de tiempo. No trabaja de noche, porque mientras más solas están las calles los oficios como el suyo están más propensos a la inseguridad. Desde el secuestro de uno de los conductores, la línea de taxis decidió fotografiar a cada cliente antes de abordar la unidad: “El pasajero debe tener buen aspecto, no ir a lugares peligrosos, ser féminas de preferencia y dejarse tomar la foto antes de montarse”. Gallardo no sólo toma en cuenta la inseguridad de la zona, sino el bolsillo: “Si la gente sale temprano del trabajo, prefiere irse en metro porque todavía está claro”. Recordemos que una ruta promedio en taxi puede costar mil bolívares, una parte importante del salario mínimo de un trabajador.

Lo que viene

Seis años después del primer racionamiento, el país está sumergido en una crisis que va en detrimento de la calidad de vida del venezolano. Además de los cortes de luz, los habitantes padecen un racionamiento de agua desde hace dos años que se ha recrudecido en los últimos meses. Además, recientemente el Consejo de Seguridad, Justicia y Paz de México nombró a Caracas como la ciudad con más muertes violentas en el mundo e incluyó a otras cinco ciudades de Venezuela en el ranking. Como si esto fuera poco, el Índice Nacional de Precios al Consumidor reporta la inflación más alta del mundo, según el Fondo Monetario Internacional. Todo esto se suma al desabastecimiento en casi todos los rubros básicos, la falta de producción y el control cambiario. Cada uno de estos argumentos influyen en la necesidad que tiene el venezolano de distraerse, la necesidad que tiene la empresa privada de producir y también la imposibilidad de hacerlo, ante el miedo y la falta de poder adquisitivo.

Solveig Hoogesteijn ve el panorama desolador:

“Estos no son problemas ni de creencias, ni de opciones políticas, sino problemas técnicos que hay que abordar con experticia. En lugar de tener un respeto hacia la ciudadanía y concertar acciones ante una emergencia climática, que es un proceso que ya se venía anunciando, se nos cae un país que irónicamente tiene las mayores reservas de materia prima, pero en el cual el factor humano es lo que decide. Una vez que se instituye la ineficiencia, nada puede ser temporal”

Fotografía de Gabriel Osorio.

Fotografía de Gabriel Osorio.

La ‘New Cool Guaracha’ de La @PaganaTrinidad; por Marcy Alejandra Rangel

Cuando Luis María Frómeta llegó a Caracas de Santo Domingo para armar la Billo’s Happy Boys quizás no imaginaba que la guaracha conformaría el repertorio musical venezolano del resto de su siglo y del que vendría. Mucho menos que la influencia de ese género, pegajoso desde la sola pronunciación del nombre, llegaría a los oídos

Por Marcy Alejandra Rangel | 27 de noviembre, 2015
#LaNewCoolGuaracha de La Pagana Trinidad; por Marcy Alejandra Rangel

Fotografía de Nicola Rocco

Cuando Luis María Frómeta llegó a Caracas de Santo Domingo para armar la Billo’s Happy Boys quizás no imaginaba que la guaracha conformaría el repertorio musical venezolano del resto de su siglo y del que vendría. Mucho menos que la influencia de ese género, pegajoso desde la sola pronunciación del nombre, llegaría a los oídos de un trío de muchachos, nietos de aquella primera generación de las orquestas bailables en el país.

Desde 2014, Alessandra Abate, Armando Lovera y Fernando Bosch se hacen llamar La Pagana Trinidad, un trío de veinteañeros que hacen una licuadora de sonidos que han denominado “La New Cool Guaracha” y mezcla swing, jazz, cumbia, guaracha, son, bossa, salsa y merengue. Abate es la pelirroja líder del grupo. Con palabras, intenta definir el sonido de la batería, la guitarra, el cuatro y la percusión menor que está detrás de su voz:

“La new cool guaracha es una suerte de juguito sabroso donde nosotros metemos todo lo que nos provoque. Es producto yo creo que de la honestidad y evidentemente nuestra generación está influenciada por demasiados géneros musicales. Somos al mismo tiempo seres caribeños, por lo cual tenemos esa sensación de calentura muy presente. El término nos lo dieron Diego Álvarez y Gustavo Casas en un ensayo porque no sabíamos qué era esto que hacíamos y nos gustó mucho, es una manera de definirnos sin tener que encasillarnos en una categoría que probablemente no se adapta realmente a lo que nosotros hacemos”

#LaNewCoolGuaracha de La Pagana Trinidad; por Marcy Alejandra Rangel a

Fotografía de Nicola Rocco

El año 2015 ha servido para subir escalones. Concursaron en el Festival Nuevas Bandas, lo que les permitió codearse con un circuito que está acostumbrado a escuchar rock y que, por tradición, ha sido la plataforma inicial de las agrupaciones nacionales como Viniloversus y La Vida Bohéme. Fueron nominados en tres categorías de los Premios Pepsi Music, donde compitieron con artistas como Léster Paredes y Goyo Reyna, y ganaron las tres estatuillas con solo un tema promocional rotando en radios y todavía ningún disco físico en el mercado (aunque esperan que esté listo antes de julio de 2016).

“Nunca quisimos reconocimiento en la palestra musical venezolana, nunca nos preguntamos por un mercado. Era básicamente hacer música porque la pasábamos bien. La Pagana Trinidad ha cobrado vida propia y se ha vuelto nuestra prioridad. Armando, Fernando y Alessandra nos dedicamos exclusivamente a la música y creo que hemos alcanzado algún tipo de identidad sonora, lo que nos ha hecho crecer de manera exponencial”

Otro de los logros de este primer año de la agrupación ha sido tocar en el Homenaje a Simón Díaz que organizó la Alcaldía de Chacao cuando se cumplió un año de la muerte del Tío. Allí compartieron tarima con artistas como Soledad Bravo y, fuera de los bares que conforman el circuito habitual de los espectadores de bandas nacionales, han presentado su propio repertorio en salas como el Teatro de Petare y el Trasnocho Cultural, en el cierre del quinto año consecutivo de Noches de Guataca.

Como todas las bandas, La Pagana Trinidad rinde tributos. Pero esos homenajes los hacen con hibridaciones entre las ideas de los autores y su reinterpretación desde la música.  “La Avispa” es la unión de la melodía de “El Ratón” de Cheo Feliciano, con La fábula de la avispa ahogada de Aquiles Nazoa; “El señor Valery” es una especie de canción-narracuento, inspirada en la obra homónima del escritor portugués Gonçalo Tavares.  Incluso hay espacio para la protesta con “De donde vengo”, una canción irónica en la que denuncian que Caracas usa las pistolas como juguete y dicen: “Si supiera Alí Primera que aún hay techos de cartón”.

El concierto de La Pagana Trinidad en Noches de Guataca permitió que la agrupación hiciera uso de una sala con capacidad para 300 personas y se diera la oportunidad de tener por primera vez la idea de agregar elementos de producción a su propio show. Elaboraron unos visuales en los que se ven muy marcadas las influencias de géneros musicales e incluso artistas como Carmen Miranda, La Lupe, Willa Mae Ricker o Norma Miller, “La Reina del Swing”.

El canal de Youtube de la agrupación se estrenó con una trilogía de videos que grabaron en la azotea de un edificio y que titularon Cuando el trío suena:

Nos pasamos por un montón de nombres y nos encanta remitirnos al saber popular y a los proverbios porque es una especie de guiño con lo nuestro. Lo que traemos lo decide la gente, pero lo interesante es que con ese concepto bautizamos la primera gira nacional de la que hicimos siete ciudades (Maracay, Caracas, Valencia, Puerto Ordaz, Maturín, Mérida y Margarita) que esperamos que siga el año que viene”

La new cool guaracha es un pretexto para acercar en tiempos donde la gente está desacostumbrada a bailar y a sonreír

Unos sinvergüenzas que tocan música venezolana (y, Caramba, una adenda); por Marcy Rangel

El Carabobeño es un periódico con sede en Valencia que fue fundado por Eladio Alemán Sucre en 1933. Sus paredes conservan las primeras planas de gran formato que han reseñado las noticias más importantes de estos 82 años: las visitas del Papa, los tres Premios Nacionales de Periodismo que han ganado, la caída de la

Por Marcy Alejandra Rangel | 14 de noviembre, 2015

El Carabobeño es un periódico con sede en Valencia que fue fundado por Eladio Alemán Sucre en 1933. Sus paredes conservan las primeras planas de gran formato que han reseñado las noticias más importantes de estos 82 años: las visitas del Papa, los tres Premios Nacionales de Periodismo que han ganado, la caída de la dictadura. Al final del pasillo de las portadas está el auditorio del edificio, que lleva el mismo nombre del fundador. Es ahí donde se presentan desde febrero las “Noches de Guataca” una vez al mes. Y hoy les toca a Los Sinvergüenzas cerrar el ciclo de este año.

Los Sinvergüenzas son una agrupación de música venezolana contemporánea que nació en Mérida hace quince años. Tienen sede en Caracas y está conformada por Raimundo Pineda en la flauta transversa, Héctor Molina en el cuatro, Edwin Arellano en la mandolina y en la guitarra, además de Heriberto Rojas en el contrabajo.

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Antes de comenzar el concierto, cada uno está en un punto del recinto resolviendo otros asuntos, otros proyectos. Por ejemplo: el DVD que pronto sacará C4Trío por sus diez años ocupa a Héctor, mientras Edwin se ocupa de las variaciones que le harán al repertorio ese día y hasta la vestimenta, que está condicionada por el calor. En la sala no hay aire acondicionado desde hace un tiempo porque no se han conseguido los repuestos para arreglarlo, pero lo convierten en una excusa para bromear con el público sobre la calidez de un concierto que evocará géneros desde el jazz tradicional hasta la contradanza zuliana.

El domingo anterior los quinceañeros reunieron a Cecilia Todd, El Cuarteto, C4Trío, Guillermo Carrasco, Manuel Alejandro Rangel y César Gómez para celebrar en el Centro Cultural BOD. Ya en febrero lo habían hecho con el violinista Eddy Marcano en el Centro de Acción Social por la Música. Ambos shows fueron en Caracas. Hoy lo hacen con su propio repertorio en una sala llena de espectadores que no son habituales: ésta es la primera vez del ensamble en Valencia.

Aunque en el verbo solear no esté la acepción de tocar un instrumento en solitario, como dicen los músicos, Edwin Arellano es el primero que entra al escenario para hacerlo. Mientras se dispone a empezar, suena un celular. Un teléfono que le pertenece a alguien que no es muy diestro en su intento de callarlo de inmediato. El músico mira al público, espera pacientemente y, cuando al fin se ha ido el ruido, comienzan los primeros acordes de “María Isabella”. Edwin tiene fiebre, pero se mantendrá durante doce temas más junto a sus compañeros, quienes suben al escenario para continuar con “De Cotiza a Legazpi”, una composición de Héctor en clave de onda nueva que, junto con “Amalgamados”, completan esa parte del repertorio inspirada en el género que ideó Aldemaro Romero en los años setenta para modernizar el sonido de la música tradicional venezolana con una orquestación diferente, más familiarizada con el jazz.

El CD más reciente de Los Sinvergüenzas es un homenaje a Raíces de Venezuela, una agrupación que comenzó a tocar en Mérida en 1976 y es de las pocas de música instrumental con tal antigüedad en nuestro país. De allí tocaron “Señorial”, de Pedro Camacaro, y “El Mocho”, de Domingo Moret, una contradanza zuliana y otra onda nueva que precedieron a “Sin embargo, joropo”, una composición del guitarrista Pedro Colombet (ahora Director del Centro Nacional del Disco) que ha sido la canción que más han tocado en recitales durante estos quince años. “Es un tema que compuso por un largo despecho, pero en vez de un bolero le salió un joropo”, prologó Molina.

Los Sinvergüenzas que tocan música venezolana; por Marcy Rangel 640A

La música venezolana también tiene espacio para reinterpretar la literatura. Edwin compuso una melodía para “El silencio de las sirenas”, uno de los cuentos mitológicos de Franz Kafka que habla de la creencia que tenía Ulises de poder evitar el canto de estos personajes. “Pote”, de Héctor, fue casi la última de las piezas que tocaron, “porque antes uno le decía pote a la música que sonaba hecha como con potes. ¿Se acuerdan de cuando existían los potes de leche?” dijo para recibir del público un sonido parecido al recuerdo.

Palmarito es un pueblo del estado Mérida que limita con el Zulia. Su singularidad es que es uno de los que más desarrolla la gaita como género en todo el país, así que los merideños se despidieron con una gaita de tambora titulada “Caramelito de Papelón”, para luego decir que “necesitamos que crezca el público y es importante que nos convirtamos en multiplicadores de estas experiencias para ser una mejor sociedad”.

Y antes de cerrar, como para evitar confusiones, Héctor Molina contestó una pregunta que le había hecho un espectador por los lados del camerino acerca del nombre de la agrupación: “Nosotros somos unos sin-vergüenza porque no nos da pena tocar la música venezolana”.

Los Sinvergüenzas que tocan música venezolana; por Marcy Rangel 640B

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ADENDA: En Caracas hay más actividades sucediendo de las que sus habitantes imaginan. La semana anterior a la presentación de Los Sinvergüenzas en Valencia se presentó en Caracas el Ensamble Caramba, una agrupación de danza popular que ya tiene once años ensayando las tradiciones de todos los estados de Venezuela en la Escuela de Arte Popular Otilio Galíndez. Su labor es reproducir la tradición con música y explicarle al público cada una de las tradiciones que van pasando por el escenario.

A su recital/concierto no asistieron más de diez personas. Aún así, los 16 artistas tocaron una Salve Mayor, parte del tamunangue típico del día de San Antonio que se celebra en el estado Lara. También sonó un golpe de El Tocuyo, un joropo con estribillo y una gaita de tambora en homenaje a San Benito para la que escenificaron una pelea entre el chimbangle y la gaita, en la que el ganador se queda con el tamborito.

Luego esas mismas bailarinas tradicionales envolvieron sus rizos en unos turbantes y dejaron su abdomen moreno al descubierto para tocar música de las costas venezolanas: tambores de leva, fulías, sangueos y golpes sonaron en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural con un noble propósito: que a todos los que estábamos ahí y no distinguíamos entre una tradición y otra, entre un son y el otro, pudiéramos entender que en los diferentes pueblos de nuestro país hay sonidos centenarios que también nos pertenecen, como otro montón de cosas importantes que tienen menos público que ésas que sólo logran distraernos.

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Aquiles Báez y los afectos; por Marcy Rangel

El referente de Aquiles Báez está en la memoria del caraqueño por muchas más razones que solamente la música. Su disposición a ser plataforma para que músicos venezolanos anónimos tengan un espacio dónde presentarse se ha convertido en una de las gestiones culturales más sólidas de la empresa privada en el país durante la década

Por Marcy Alejandra Rangel | 28 de octubre, 2015

Aquiles Báez y los afectos; por Marcy Rangel 640

El referente de Aquiles Báez está en la memoria del caraqueño por muchas más razones que solamente la música. Su disposición a ser plataforma para que músicos venezolanos anónimos tengan un espacio dónde presentarse se ha convertido en una de las gestiones culturales más sólidas de la empresa privada en el país durante la década que corre, aun en medio de la agudización de la crisis. Esta labor, casi altruista, sumada a las muchas invitaciones que recibe para ser director musical o instrumentista en espectáculos que llevan su música, son parte de la agenda que no permite disfrutar a los espectadores más veces de la complicidad de la guitarra en vivo, en acústico, sólo con ella en el escenario.

Es por eso que existen conciertos como “Solamente guitarra”Una silla en medio de una sala experimental sirve para que Báez –el maestro– maneje la velocidad de sus dedos a su antojo, con la excusa de recibir a los afectos. Porque este es un concierto con el amor como leit motiv. La única escenografía son cuatro velas (anaranjada, fucsia, amarilla y verde) que anuncian la calidez de lo que viene. Este es un concierto para emocionarse con la ejecución de un instrumento a solas, sin más acompañantes que las 50 personas que escasamente ocuparon la nave central del lugar.

Prioridad la Música desde el corazón; por Aquiles Báez 640X60

Aquiles Báez acaba de llegar a Caracas de esa ciudad mágica que es Cartagena. El II Festival de Guitarra lo escogió para hacer un par de conciertos y cerrar el ciclo una semana antes de presentarse en el Espacio Plural. En Caracas, el último tema que tocó fue un tributo a la cumbia, a esos tambores que hacen sonar el ritmo caribeño de la costa colombiana todas las tardes en la Plaza Bolívar de la ciudad amurallada. En su guitarra sonaron la tambora, el llamador, el alegre y la guasa sin necesidad de utilizar algún otro artificio que sus manos. Pero antes de llegar ahí, a Colombia, Aquiles Báez hizo guiños a la identidad latinoamericana en otros géneros musicales durante el mismo concierto.

En cada lugar visitado, al menos una anécdota. Beth Carvalho es una de las exponentes más importantes de la samba brasilera y “Samba para una reina” es una ofrenda para esta artista que visitó Venezuela en 2014 y a la que Báez acompañó en sus conciertos. Pero además, el tema es un tributo a la bossa nova, el choro, el bahiao y todos los ritmos de ese país que han marcado su carrera como músico. Lo mismo sucede con el afecto por Argentina. Es poco probable que un artista contemporáneo del continente ofrezca un concierto sin referirse a Astor Piazzolla. El compositor estuvo presente en el imaginario de Báez para escribir “Palastro”, una canción mitad zamba argentina y mitad milonga que continuó a la interpretación de “Zamba de la luna violeta”, dedicada a Juan Quintero.

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En la intimidad cada acorde cuenta. Aquiles Báez se cuida en no soltar el acorde final de cada tema, cuando es apenas vibración, antes de que se confunda con los aplausos. Llega un momento en que la velocidad con la que el maestro recorre las notas más distantes del mástil casi se une con el arpegio. Desde atrás, quien no puede ver la ejecución, se imagina de todas maneras la dificultad técnica: suenan todos los instrumentos que hacen falta en un mismo momento. Y no hay otra cosa que una guitarra conectada a un amplificador y un atril, uno que recuerda poemas.

De pronto, al descender de una hondonada,
«¡Caracas, allí está!», dice el auriga,
y súbito el espíritu despierta
ante la dicha cierta
de ver la tierra amiga.
¡Caracas allí está; sus techos rojos,
su blanca torre, sus azules lomas,
y sus bandas de tímidas palomas
hacen nublar de lágrimas mis ojos!
Caracas allí está; vedla tendida
a las faldas del Ávila empinado,
Odalisca rendida
a los pies del Sultán enamorado.

La lectura de Vuelta a la patria, de Juan Antonio Pérez Bonalde, ha sido uno de los momentos más emotivos del concierto porque, aunque “La Montaña” es un tema que compuso Báez a raíz de su estadía fuera de Venezuela, los versos y la armonía en la guitarra hicieron que ese tiempo diferente se sintiera como actual. “Solamente guitarra” es un concierto que sirve para interpretar un repertorio de canciones que no han sido grabadas, pero que ofrecen un panorama de momentos imborrables en la vida del músico. Y uno de ellos es recordar al Ávila como uno de los más importantes paisajes que conectan a cualquier persona que esté fuera del país con lo suyo, en un momento en el que casi dos millones de personas ya no despiertan a diario en él.

El Aquiles Báez que recuerda a Caracas es el mismo que compone canciones en un ritmo siete por ocho que emulen el sonido de las campanas de un monasterio de Austria; el que hace sonar su guitarra como los “Aguaceros de mayo” que mueven la tierra, y el que hace versos pegajosos para que el público interactúe. El que recuerda a la madre, “Ana María”, al hijo “Michi”, y a la esposa “Para ella”, también dentro de la lista de afectos que reúne el concierto. “Solamente guitarra” ha sido un recital para descifrar lo que tiene un compositor para decir, pero también las posibilidades de un instrumento para permitirse sentir.

Cuando gana la música venezolana: desde el público en los #PremiosPepsiMusic; por Marcy Rangel

1 La noche de la cuarta edición de los Premios Pepsi Music comienza con un corto circuito que quema un pedazo de la carpa donde están los periodistas que cubren la alfombra azul. Mientras los vigilantes utilizan el extintor y otros asistentes toman fotos para las redes sociales, los ciento cincuenta productores del show están

Por Marcy Alejandra Rangel | 14 de septiembre, 2015
Alfombra Azul PPM

Fotografías de William Marrero

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La noche de la cuarta edición de los Premios Pepsi Music comienza con un corto circuito que quema un pedazo de la carpa donde están los periodistas que cubren la alfombra azul. Mientras los vigilantes utilizan el extintor y otros asistentes toman fotos para las redes sociales, los ciento cincuenta productores del show están en su rol y sin inmutarse, lo que convierte el incidente en un detalle menor. Ellos reciben los instrumentos de los músicos que llegan, organizan las pruebas de sonido, acreditan a los invitados, entregan refrigerios, prueban las visuales.Producen.

A las siete de la noche Ramón Castro entra a un escenario de 45 metros de largo que promete ser una reunión de amigos y una conjunción de géneros. Saluda a los reguetoneros de Los Cadillac’s y Arán de las Casas, a quienes les agradeció que estuvieran ahí después de un accidente aéreo. También les envía condolencias a Eric y Chipi Chacón, dos de los emblemas del jazz venezolano y destacados músicos de El Sistema, quienes perdieron a su mamá hace menos de una semana. Recuerda el primer concierto que compartió con el rapero Apache, “cuando nadie lo conocía”, e invita al escenario a un drone que graba tomas aéreas de apoyo que servirán para la transmisión televisada (en diferido).

[Fotogalería] #PremiosPepsiMusic 2015 a través del lente de Luis Cantillo640x60

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Premios Pepsi Music es la única ceremonia que se transmite por señal abierta para premiar la música hecha en Venezuela. En 2012 nació la idea de Ramón Castro y Xuyen Zambrano junto a Libero Iaizzo, mánager y productor musical a quien secuestraron y asesinaron meses antes de la primera edición. El lamentable hecho fue el impulso para dedicarle la transmisión a la no violencia y para que artistas como Caramelos de Cianuro, Desorden Público y Yordano ofrecieran discursos de apoyo. Pero en aquella oportunidad Venevisión no transmitió ninguna palabra que tuviera que ver con ese mensaje. Desde entonces, la señal la tiene Televen y es raro ver a un artista del staff de Venevisión asistir a la gala.

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Un telespectador podría imaginar que el set es tal como lo ve en la pantalla, pero aquí hay más de mil personas sentadas frente a la tarima vigilando todos los detalles y, teléfono en mano, dejan ver que harán un tweet sobre cualquier incidente que puedan informar antes de que sea transmitido el viernes siguiente. Hay una terraza sólo con cámaras: en esta edición el ancho del escenario permite que, mientras se graba en un lugar, otras dos locaciones puedan acondicionarse para lo que será enfocado en breve.

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Fotografías de William Marrero

Así, mientras Ramón Castro presenta la gala, los ejecutantes de la Movida Acústica Urbana afinan los instrumentos en sus lugares esperando la señal para arrancar el opening. Y en el extremo izquierdo se ubican los músicos de Goyo Reyna, quienes interpretarán en flamenco la “Tonada de Luna Llena” de Simón Díaz, luego de que Rebeca Moreno y Sarah Coello premien a Desorden Público como Mejor Agrupación de Ska y manden a comerciales. Todo ese movimiento sucede en conjunto con las butacas: un equipo de cámaras móviles debe correr de un lado a otro para enfocar a los nominados en cada categoría, esperando captar las emociones de cuando resulten ganadores (o no, como en los Premios Oscar) y otros son los encargados de llevar a backstage a los presentadores de las siguientes categorías y también de regresar a sus puestos a quienes ya terminaron su tarea asignada.

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La música que se hace en Venezuela ha entrado en el negocio internacional por distintos caminos. Hagamos un repaso: para diciembre de 2014, el Record Report, la cartelera comercial de la radio, anunciaba en sus listas que “De Vuelta a tu Corazón” (de Guaco), “Solo Contigo” (de Omar Acedo), “Te Encontraré” (de Ronald Borjas), “Tú Me Quemas” (de Chino & Nacho) y “Perdóname” (de Sixto Rein) eran los temas más sonados en la radio venezolana, en competencia con otros proyectos apoyados por grandes disqueras internacionales, como Ilegales, Alkilados, Maluma y Carlos Vives. Todos fueron nominados en esta edición de los Premios Pepsi Music y cada uno fue ganador en su respectiva categoría. Premios internacionales como los Grammy nominaron a Viajero frecuente, el álbum de Ricardo Montaner, como Mejor Álbum Pop Latino, y Repeat after me de Los Amigos Invisibles compitió con artistas como Café Tacvba o Robi Draco Rosa. Ese mismo año, Linda Briceño fue nominada como Mejor Álbum Vocal Pop Tradicional junto con Andrea Bocelli, Marco Antonio Solís y Fonseca. También estuvo nominada a Mejor Artista Nuevo, una categoría que compartió con Mariana Vega, quien resultó ganadora (y además fue nominada a Mejor Álbum Vocal Pop Contemporáneo, compitiendo con artistas como Santana, Rosario y la banda Camila). La banda Luz Verde fue nominado a Mejor Álbum de Rock junto a proyectos como Molotov. Jorge Luis Chacín compitió con Carlos Vives y Prince Royce al Mejor Álbum Tropical Contemporáneo. Ronald Borjas fue nominado a Mejor Canción Tropical con “Te Doy Mi Voz” y Jorge Luis Chacín y Fernando Osorio con “Regalo”, peleando el premio con la canción de Marc Anthony y Carlos Vives y la de Prince Royce y Enrique Iglesias. C4 Trío y Rafael “Pollo” Brito, los ganadores absolutos de los Pemios Pepsi Music 2014 con 7 galardones, fueron nominados a Mejor Álbum Folclórico y además ganaron en Mejor Ingeniería de Grabación por De repente. Luisito Quintero tuvo Mejor Álbum de Jazz Latino con 3rd Element. Y el Mejor Video Musical Versión Corta resultó para “Flamingo”, un tema de La Vida Bohéme, ganándole a Calle 13 y Babasónicos. Así ha sonado la música hecha acá.

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La premisa de esta ceremonia, en común con los resultados de las otras premiaciones internacionales, es que la popularidad y la calidad pueden convivir en diferentes categorías dentro de un mismo premio. Y en que eso depende de quién vote. Ahí es donde entra la Academia.

Laura Guevara se sumó a Guaco, Desorden Público y Sixto Rein como los máximos ganadores, cada uno con cuatro premios. “Espero que la música siga siendo un lugar de encuentro y que siga tendiendo puentes”, dijo Laura Guevara mientras que los miembros de La Pagana Trinidad (proyecto ganador de tres premios­) completaba el discurso: “Sigamos haciendo, desde el contenido y la música, un mejor país”.

La Academia está conformada por músicos, mánagers, periodistas, ingenieros de sonido, productores y promotores. Este año está presidida por Álvaro Paiva y John Fabio Bermúdez. Cerca de 80 personas califican los trabajos que se postulan y en 2015 incorporaron nuevos géneros musicales dentro de la premiación, como Clásico, Música del Mundo, Música Llanera y Música Original de Película, sumándose a los géneros Electrónico, Gaita, Hip Hop, Jazz, Música Tradicional Venezolana, Pop, Reggae, Rock, Ska, Salsa, Fusión Tropical y Urbano.

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Fotografías de William Marrero

En 2015 se postularon 80 artistas, 60% más que en 2014. En total son 61 categorías: 53 específicas y ocho generales. Pero la principal característica fue que sólo la Academia votara por discos y temas, mientras que el público votara por los artistas más populares que hicieron nuevos trabajos entre diciembre de 2013 y 2014. La Movida Acústica Urbana ganó en tres categorías, además de un reconocimiento a Javier Casas y Germán Landaeta por la ingeniería de sonido del CD Rock & MAU 2), al igual que el trompetista Chipi Chacón. La MAU obtuvo el mismo número de premios que artistas como Chino & Nacho y Rummy Olivo, pero también como Charliepapa y La Pagana Trinidad.

 

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Los entretiempos son esos cortes comerciales que sirven a los presentes para hidratarse, conversar y ver en tarima a artistas emergentes en un show breve. Goyo Reyna, Sixto Rein, Marianne Malí, Karen Martello, La Pagana Trinidad, Alejandro Zavala, José Alejandro Delgado y Octavio Suñé fueron los elegidos para este año.

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Fotografías de William Marrero

Rock & MAU, Jonathan Molly, Nelson Arrieta, Apache, el Nigga Sibilino, Johabeat, DJ Rafa Ávila, Gaélica y un cuadro llanero de Rummy Olivo y Reynaldo Armas que puso de pie a todo el recinto se presentaron en vivo. “No hay nada más rock que Reynaldo Armas”, dijo un integrante de Charliepapa cuando recibió el premio a Mejor Artista Rock, todavía con la emoción contenida. Si desea ver un resumen de las presentaciones, haga click aquí.

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C4 Trío sube a la tarima con Rafael “Pollo” Brito para presentar a quienes les sucederán en la categoría Artista del Año. Los nominados son Laura Guevara, Caibo, Charliepapa, Ronald Borjas y Edward Ramírez, ganador de un Latin Grammy y siete Premios Pepsi Music 2014 precisamente con C4 y el Pollo. Y fue él quien resultó ganador este año. Este año destacó su trabajo como solista con un proyecto afincado en su cuatro con cuerdas de metal capaz de traducir el sonido del arpa del joropo tuyero. “Este premio va dedicado a todos esos maestros que no tienen la oportunidad de estar aquí pero que todos los días trabajan por sacar adelante nuestra música”. Y entonces los C4 se abrazan y bajan al backing donde todos los ganadores posan para el retrato del triunfo.

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Ahora la cámara enfoca un acústico de Omar Acedo y Omar Enrique, pero en el extremo derecho de la tarima se ve desde el público a una gimnasta vestida con una malla con estampado animal-print de tigre haciendo acrobacias. Adolfo Cubas aparece con un sombrero largo y látigo, interpretando a un domador. Las visuales son una imagen animada de un circo con luces intermitentes como de marquesina. Todos cantan una versión corta de “Solo Contigo” para cerrar el evento.

Ramón Castro y Daniela Kosán, los animadores principales, llaman a todo el equipo de producción para agradecer. Los invitados se levantan de sus asientos y comienzan los beats de David Rondón junto a una lluvia de selfies y flashes con artistas y desconocidos. Uno de los más fotografiados es Lorenzo Mendoza, a quien no le hablan de música sino de política y productos escasos. Sonríe para la foto. Otros prefieren abordar a Norkys Batista, conseguir una entrevista con Daniela Kosán o hacer el brindis con Norelys Rodríguez.

Mientras tanto, el equipo de producción hace una reunión de cierre y los técnicos comienzan el desmontaje. Pronto estará editado el material que 48 horas después debe salir en televisión abierta para todo el país. Los invitados abandonan el sitio y, ahora sí, cada uno de los géneros están reunidos. Y es una reunión de quienes conforman el espectáculo en Venezuela, quienes siguen en el país, creyendo en su talento y en la posibilidad de competir al mismo nivel con otro artista internacional, quienes desean evitar que la diáspora se lleve, también, los escenarios.

Y ésa será nuestra ganancia.

Bailando por la libertad + Un manifiesto por la danza; por Marcy Rangel

Afshin Ghaffarian pasa casi desapercibido en Twitter, con apenas 192 seguidores y una frecuencia de actualización de sus redes sociales bastante laxa, a pesar de sus 28 años de edad. Sin embargo, su vida fue la inspiración de una película que lleva como bandera la libertad. Vive en París, pero el punto clímax de su

Por Marcy Alejandra Rangel | 2 de mayo, 2015

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Afshin Ghaffarian pasa casi desapercibido en Twitter, con apenas 192 seguidores y una frecuencia de actualización de sus redes sociales bastante laxa, a pesar de sus 28 años de edad. Sin embargo, su vida fue la inspiración de una película que lleva como bandera la libertad. Vive en París, pero el punto clímax de su vida se remonta seis años atrás, esos años que cuenta esta historia: el inicio de su asilo en la ciudad de la luz luego de haber vivido en la oscuridad de su país natal, Irán.

Ahora tiene una compañía de danza contemporánea que llama Reformances, la unión de las palabras “reforma” y “performance” y funciona como una suerte de oxímoron, en la que crea nuevos significados a partir del material físico y vocal que emerja a la hora de montar una puesta en escena. Tiene como base la ejecución de piezas que hablen del arte en la sociedad y en la vida particular de cada intérprete. Y es eso lo que hace a un bailarín. Más que huir de una ciudad que no lo acoge como artista, Ghaffarian descubre su inclinación histriónica en medio de la prohibición. Es su cuerpo el que funciona como territorio de la rebeldía, en palabras de Julie Barnsley, y que además idea una nueva manera de contar su vida y las trabas políticas, sociales y anímicas que enfrenta a través del movimiento.

Es una historia real la que cuenta la película Bailando por la libertad, que fue traducida con ese título para Venezuela y otros países de Latinoamérica aunque su nombre original en inglés sea Desert Dancer. Mencionar la palabra libertad dentro de la danza, e incluso dentro de Venezuela es establecer imaginariamente los límites de esos permisos que se otorgan los bailarines, y los artistas en general, al tener la oportunidad de ocupar un espacio, presentar un material y proponer un tema para una discusión íntima. En la película, el protagonista no solo descubre lo que significa bailar dentro de un país en el que se prohíbe todo hecho creativo y de análisis sino que además la tecnología es la responsable de desarrollar en él todo un instinto de supervivencia a través del movimiento. Sus referencias infantiles que comienzan nada menos que con Rudolf Nuréyev, el bailarín ruso que es considerado por muchos críticos como el mejor del siglo XX, se fusionan con el gusto de la música pop de Michael Jackson, también de los mejores en su género y su generación.

A través del Youtube, Ghaffarian aprueba esa intuición que lo lleva a moverse con videos que le recuerdan las influencias que aprendió en las clases de actuación que lograron dar pinceladas definitivas en su infancia, pero también utiliza a sus amigos como puente para desarrollar sus anhelos más profundos y llevarlos a la vez al riesgo y a la emoción.

En 2009 Afshin Ghaffarian huye de Teherán. En 2010 funda Reformances —que actualmente cuenta con 11 artistas en el elenco— y se convierte en bailarín de la Compañía Nacional de Francia, luego de recibir asilo. En 2014 se presenta esta película de Richard Raymond en el Festival de Cine de Santa Bárbara, dos semanas después del ataque terrorista a la redacción de la revista Charlie Hebdo. En Bailando por la libertad el coreógrafo es Akram Khan, responsable de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y actúa Freida Pinto, la actriz que obtuvo un Oscar por su trabajo en Slumdog Millionare.

En un testimonio que se publicó en la revista Arcadia, de Colombia, Ghaffarian cuenta que, luego de salir de Teherán, un periódico radical de Irán escribió negativamente sobre su condición de fugitivo en contra del régimen. Allí refiere que su trabajo se concentra en la posibilidad de hacer lo mejor que esté en sus manos para aportar algo al país que le cerró tantas puertas, pero que no deja de ser su primer hogar. En el marco de esas reflexiones que mueven no sólo el cuerpo, sino también el espíritu cabría preguntarse cuál es la consciencia que estamos teniendo de nuestros movimientos, si somos capaces de pensar en las consecuencias de las palabras que pronunciamos, el lenguaje corporal para expresarlas y, sobre todo, qué movimiento, qué plan, qué alcance está teniendo nuestra obra —llámese trabajo, estudio, ganas de perseverar— en el país que nos ha acogido durante todos los años que hayamos permanecido aquí.

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Mensaje del Día Internacional de la Danza. El 29 de abril es Día Internacional de la Danza y como todos los años desde que la UNESCO tuvo la consideración en 1982, celebramos el movimiento. Este año el bailaor flamenco Israel Galván fue escogido para anunciar el mensaje oficial. No es casualidad que, en el marco de esta conversación sobre Bailando por la libertad y los tiempos turbios que zigzaguean entre la postmodernidad y los conflictos sociopolíticos de cada región del planeta, haya un innovador que hable de Carmen Amaya a la vez que de El Rey del Pop. A continuación el mensaje de Israel Galván:

“Carmen Amaya, Valeska Gert, Suzushi Hanayagi, Michael Jackson…danza inclasificable. Yo no podría descifrar sus estilos de baile… los veo como turbinas generadoras de energía y esto me hace pensar en la importancia de la coreografía sobre esa misma energía del que baila. Seguramente lo importante no es la coreografía, sino precisamente esa energía, el torbellino que provoca.

Imagino una bobina tesla atrayéndolos a todos y emitiendo un rayo sanador y provocando una metamorfosis en los cuerpos: Pina Bausch como mantis religiosa, Raimund Hoghe convertido en escarabajo pelotero, Vicente Escudero en insecto palo y hasta Bruce Lee en escolopendra.

Bailé mi primer dúo con mi madre, embarazada de 7 meses. Puede parecer una exageración. Aunque casi siempre bailo solo, imagino que me acompañan fantasmas que hacen que abandone mi papel de “bailaor de soledades”. No querría decir Didi-Huberman: de soleares.

De pequeño no me gustaba el baile, pero era algo que salía de mí de una forma natural y fácil. Casi instintiva. Con el tiempo me di cuenta que el baile curaba, me hacía efecto, casi medicinal, me ayudó a no ser tan introvertido y a abrirme a otras personas. He visto la imagen de un niño enfermo de ébola curándose a través de la danza. Sé que es una superstición, pero, ¿sería eso posible?

Después, el baile, acaba convirtiéndose en una obsesión que consume mis horas y que hace que baile hasta cuando me quedo quieto, inmóvil, apartándome así de la realidad de las cosas. No sé si esto es bueno, malo o necesario pero… así es. Mi hija Milena, cuando estoy quieto en el sofá, pensando en mis cosas, con mi propio runrún, me dice: “Papi, no bailes”.

Y es que veo a la gente moviéndose al andar por la calle, al pedir un taxi, al moverse con sus diferentes formas, estilos y deformidades. ¡Todos están bailando! ¡No lo saben pero todos están bailando! Me gustaría gritarles: ¡hay gente que todavía no lo sabe! ¡Todos estamos bailando! ¡Los que no bailan no tienen suerte, están muertos, ni sienten ni padecen!

Me gusta la palabra fusión. No como palabra de marketing, confusión para vender un determinado estilo, una marca. Mejor fisión, una mezcla atómica: una coctelera con los pies clavados en el suelo de Juan Belmonte, los brazos aéreos de Isadora Duncan y el medio cimbreo de barriga de Jeff Cohen en Los Goonies. Y con todos estos ingredientes hacer una bebida agradable e intensa, que esté rica o amarga o se te suba a la cabeza. Nuestra tradición también es esa mezcla, venimos de un coctel y los ortodoxos quieren esconder su fórmula secreta. Pero no, razas y religiones y credos políticos, ¡todo se mezcla! ¡Todos pueden bailar juntos! Quizás no agarrados, pero sí unos al lado de los otros.

Hay un antiguo proverbio chino que dice así: el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. Cuando una mosca levanta el vuelo en Japón, un tifón sacude las aguas del Caribe. Pedro G Romero , después de un aplastante baile por sevillanas, dice: el mismo día que cayó la bomba en Hiroshima, Nijinsky repitió su gran salto en un bosque de Austria. Y yo sigo imaginando: un latigazo de Savion Glover hace girar a Mikhail Baryshnikov. En ese momento, Kazuo Ono se queda quieto y provoca una cierta electricidad en María Muñoz que piensa en Vonrad Veidt y obliga a que Akram Khan provoque un terremoto en su camerino: se mueven sus cascabeles y el suelo se tiñe con las gotas cansadas de su sudor.

Me gustaría poder dedicar este Día Internacional de la Danza y estas palabras a una persona cualquiera que en el mundo esté bailando en este justo momento. Pero, permítanme una broma y un deseo: bailarinas, músicos, productores, críticos, programadores, demos un fin de fiesta, bailemos todos, como lo hacía Béjart, bailemos a lo grande, bailemos el Bolero de Ravel, bailémoslo juntos.”

Danza: comunicación, lenguaje y libertad; por Marcy Rangel

Este texto fue leído durante la charla Danza, participación y resemantización del espacio público y privado realizada el 19 de febrero de 2015 en la Librería Lugar Común. /// La danza es comunicación. Comunicación íntima del bailarín que necesita expresarse a través del movimiento, y comunicación con su entorno, como un todo colectivo y social,

Por Marcy Alejandra Rangel | 8 de marzo, 2015

Este texto fue leído durante la charla Danza, participación y resemantización del espacio público y privado realizada el 19 de febrero de 2015 en la Librería Lugar Común.

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La danza es comunicación. Comunicación íntima del bailarín que necesita expresarse a través del movimiento, y comunicación con su entorno, como un todo colectivo y social, tomando en cuenta también los pueblos en los que la cultura está soportada por el movimiento y desde allí transmiten valores éticos y estéticos. Desde el que se forma para bailar en un escenario, hasta el que –teniendo una sociedad mayoritariamente urbana– baila en una fiesta, una discoteca o un acto popular, “está continuando la vieja necesidad que ha tenido la humanidad desde sus comienzos de expresarse y participar en la vida social por medio del movimiento” (Fuentes, 2007).

La danza teatral contemporánea, dice Ana Inés Lazzaro (2011), impone nuevos significados cuando se trata como un fenómeno comunicativo porque no se basa en la palabra-texto como la comunicación tradicional. Por eso, propone a los espectadores a significaciones abiertas a partir de una experiencia sensorial.

Para que la danza tenga importancia, debe tener trascendencia. Por eso, el que un bailarín sea producto de un momento social, político y económico, contribuye a crear y transformar ese contexto. Dice María Elena Ramos en La cultura bajo acoso: “El lenguaje no es cualquier instrumento sino uno que define –y que también va construyendo– al hombre que lo expresa” (2012: 13). En ese sentido, el bailarín es una construcción cultural que contribuye a formar una serie de características que la sociedad valora como útiles. Por ejemplo: contribuye con el desarrollo emocional y educativo de los niños, forma parte del patrimonio de los pueblos, puede contribuir al crecimiento económico de la industria cultural de un país y se fomenta el interés en la formulación de proyectos para agregar valor a la danza y beneficiar a la comunidad.

Pero así como la danza es comunicación, también es lenguaje. Lenguaje que actúa mediante un diálogo que, recurriendo de nuevo a Ramos para completar la idea:

Implica un decir y un escuchar, que conlleva un preguntar y un responder en libertad. El diálogo es dialógico: necesita dos. En su vaivén va tejiendo espacio especulativo entre dos diferentes, que comparten afinidades y enfrentan divergencias. El lenguaje se forma con lo que al diálogo van aportando uno y otro, haciéndolo avanzar. Aun manteniendo cada uno sus ideas esenciales, una buena interlocución redimensiona el pensamiento y la tolerancia. (2012:18)

El lenguaje en el arte no solo tiene que ver con la obra, sino además con la utilización inteligente de ese talento para permear lugares deshabitados. En el apartado sobre el “Contexto cultural de la danza” que propone la española Sylvia Fuentes en su libro Gestión y danza, se hace énfasis al capítulo de la promoción en la obra de arte. Cómo “muchos profesionales voluntariosos han experimentado la frustración de no lograr el objetivo de interesar al público o incluso a las autoridades culturales y agentes económicos”, por lo complicado que es saber cuál estrategia va a funcionar y por el poco presupuesto que tienen las compañías (y lo costoso que resulta una campaña publicitaria formal). Incluso, continúa Fuentes, “muchas veces esta publicidad consiste en atraer a amantes de la danza (es decir, un público que ya se tiene de antemano) a los teatro y escenarios formales” lo que deja de lado a ese espectador incrédulo que no se acerca a la danza contemporánea o al ballet y eso le da rienda suelta al bailarín o coreógrafo que realiza su obra, muchas veces, sin detenerse a transgredir al espectador, lo que produce rechazo y desentendimiento o en el mejor de los casos motivación, logro, reincidencia.

La formación de públicos en torno a la danza es una tarea pendiente para los gobiernos locales y nacionales, quienes la toman como una de las artes que menor espacio tiene dentro de sus programaciones, tanto políticas como artísticas, sin contar el deslindamiento que debe haber de todas las artes de propósitos políticos y polarizadores; sin contar con la revisión de la gestión que debe dignificar al bailarín y al coreógrafo como un profesional más, con salarios, beneficios, lugares de residencia artística, espacios para el intercambio, subsidios para las compañías. También debe ser motivo de reflexión para los medios de comunicación social que, si bien tienen su propia lucha por la sobrevivencia de los impresos y la migración a lo digital, también es cierto que pocas veces en toda su historia le han dedicado espacios fijos semanales a esta rama del arte y a promover la danza no como una actividad elitista, extracurricular y de ocasión, sino como una profesión que tiene sus diferentes aristas y problemas. Por último, la gestión de la danza debe mirarse desde una perspectiva académica –que casi no existe, al menos en Venezuela– que permita registrar y teorizar los procesos, sus avances, sus retrasos, su historia.

La danza es, sobre todo, libertad en tanto permite expresar algo a través de la conjunción entre el cuerpo y la subjetividad; entre el movimiento, el pensamiento y el sentimiento, pero sobre todo la unión de la comunicación, utilizando el lenguaje, expuesto de una manera absolutamente creativa. En palabras de María Elena Ramos (2012):

Para el individuo, una cultura de la libertad conlleva autonomía en el pensar, en el decir, un actuar en acuerdo con los valores de su conciencia, un uso de su albedrío para participar sin temor a represalias, una capacidad de elegir desde el propio criterio, una independencia en la producción de la obra (y en la autenticidad al elegir los temas y formas que constituirán esa obra)” (p.22).

La libertad entonces, no es algo que el artista consigue, sino todo aquello que lo mueve; que une diferentes caracteres creadores en distintas circunstancias para expresar sus diferencias y proponer nuevas preguntas en torno al tema que les llama la atención en ese momento. Pero el escenario de un artista que promueve la libertad en su diálogo con el otro, con el espectador, debe ser también construir un mundo en el que le sea posible ser libre. De no ser así se toparía con sus propios límites al encontrarse con una realidad donde es la palabra y no el movimiento lo que abarca casi todos los lugares de expresión. Por eso es tan importante el diálogo del coreógrafo y el bailarín con el espectador, con el periodista, con el político, con la comunidad, incluso el mismo diálogo interno. “Sin diálogo pierde el lenguaje, pierde la cultura y pierde la democracia. La libertad pierde” (Ramos, 2012: 19).

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Referencias
Fuentes, S. (2007). Gestión y danza. Bilbao: Asociación Cultural Danza Getxo.
Lazzaro, A. (2011). Cuerpos imaginados: danza, transformación y autonomía. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba.
Ramos, M. (2012). La cultura bajo acoso. Caracas: Cedice.

Los Amigos Invisibles: el ejercicio incuestionable de la gozadera; por Marcy Rangel

Hay quienes los 21 de diciembre esperan, en onda reflexiva, que el espíritu que entra por la ventana les ofrezca mandarinas para la prosperidad. Este año hay otros que aguardan, boleto en mano, por los 24 Cañonazos Bailables de Los Amigos Invisibles, la banda venezolana que se ha atrevido a darle significado y leit motiv

Por Marcy Alejandra Rangel | 23 de diciembre, 2014
La gozadera de Los Amigos Invisibles; por Marcy Alejandra Rangel 640

Julio Briceño. Fotografía de Víctor Amaya

Hay quienes los 21 de diciembre esperan, en onda reflexiva, que el espíritu que entra por la ventana les ofrezca mandarinas para la prosperidad. Este año hay otros que aguardan, boleto en mano, por los 24 Cañonazos Bailables de Los Amigos Invisibles, la banda venezolana que se ha atrevido a darle significado y leit motiv a la palabra “gozadera”.

A diferencia de los 23 años anteriores, ésta es la primera vez que Los Amigos Invisibles se presentan en Venezuela sin dos de sus integrantes: Armandito y DJ Afro. Las vallas publicitarias en ATL y web muestran sólo a cuatro de los seis rostros tradicionales, pero algo le dice a la gente del Centro Cultural BOD que la van a seguir pasando muy bien.

La gozadera es esa pócima secreta que se inventaron Los Amigos Invisibles para tener un éxito indiscutible, que pueden avalar con un Grammy Latino, 3 nominaciones a ese premio y otra más al Grammy Awards. Pero la gozadera, además, incluye en todas sus aristas a la idiosincrasia venezolana: desparpajo, sabor, irreverencia, sensualidad, rumba, humor. Incluso en el mismísimo nombre de la banda se evoca al Arturo Uslar Pietri de “Valores Humanos” en la televisión.

Con todo eso puesto, Julio Briceño, su vocalista, puede atreverse a salir con todas las ganas al escenario a exigir que el público salte con él desde la primera canción: “¡Sabroso, Caracas, carajo!”.

El set list de la agrupación parece estar dividido en actos antes que en canciones. Desde que arranca el show, los 12 focos de luz no descansan sino después que pasa media hora y por apenas unos segundos. Todo se contagia: ritmos, baile, coros. “La que me gusta”; “Corazón tatú”; “Amor”; “Mujer policía”; “Ultrafunk”; “Sex Appeal”. Se enciende la tribuna mientras la ropa de Julio va empañándose de calor.

La fórmula sigue funcionando. Aunque la banda no esté radicada en Venezuela desde hace más de una década, siguen apostando a los sonidos de aquí. Agustín Espina, integrante de Guaco durante años, es el nuevo tecladista y Daniel Saa, el graduado en Berklee, pulsa los pedales de su guitarra eléctrica en ese mismo escenario. Ambos, con estilos diferentes, son parte de esta gozadera.

La gozadera de Los Amigos Invisibles; por Marcy Alejandra Rangel 640C

Daniel Saa y Edward Ramírez. Fotografía de Víctor Amaya

“Cuchi cuchi” sirvió para presentar a los nuevos integrantes, pero además para que Julio anunciara un mantra al ritmo del merengue: “Siempre serán nuestros todos, los de aquí, los de allá… lo que importa es el cariño”. Y entonces la oración sirvió para que desfilaran por el escenario un montón de invitados que reafirmaron que todos los géneros musicales, aunque parezcan heterogéneos, son una conexión indisoluble.

Edward Ramírez, de C4Trío, interpretó “All day today” con un interludio del “Gloria al bravo pueblo” en el que todos los integrantes intercambiaron sus instrumentos: Maurimix pasó a la batería, Edward a la campana, Julio a la guitarra, el Catire a la percusión, Mamel al bajo, Daniel a los teclados y Agustín a la charrasca. “¡Qué fino, pana, tocar en Caracas!” decía Julio mientras la concentración era máxima para mantener la gozadera desde afuera de la zona de confort.

Tunacka Música y Só Sambistas entraron para interpretar “Ponerte en cuatro” y una versión bien particular del “Gonna Make You Sweat: Everybody dance now” de los noventa y “Gangnam Style”, el video más visto en Youtube. Para “El disco anal” subió a escena Diego “El Negro” Álvarez y luego, en “Esto es lo que hay”, Álvaro Paiva Bimbo completó las referencias de la Movida Acústica Urbana.

La gozadera de Los Amigos Invisibles; por Marcy Alejandra Rangel 640D

Mauricio Arcas y Diego “El Negro” Álvarez. Fotografía de Víctor Amaya

Dentro de la fórmula de la gozadera no hay espacio para el silencios. Pero el nuevo formato de Los Amigos Invisibles, en acústico, promete un DVD con los éxitos de la banda en géneros un poco más relajados y en la amplia comodidad de un sofá. En el momento en el que presentaban “Viviré para ti” en bossa, la Alcaldía de Chacao volvió a interrumpir un concierto en el municipio, el segundo en un mes. Los decibeles del volumen dentro del recinto eran más altos de lo permitido. A las 8:37 pm se instalaron con medidores para verificar que pudieran continuar. “Nos están diciendo que bajemos el volumen, pero el permiso es hasta las diez de la noche. No deberíamos tener problema”, decía Briceño mientras la gente eufórica gritaba: “¡Fuera!” en dirección hacia la cónsola. “La idea no es ponernos violentos sino pasarla bien”, agregó el vocalista al mismo tiempo que siguieron Paiva, El Negro y “Chipi” Chacón en el escenario para interpretar “Óyeme nena”. Después tocaron “Stay”, “¡Qué rico!” y “La Vecina” con una versión de “Could You Be Loved” de Bob Marley.

El inconveniente sólo logró que el público le subiera a la euforia.

Cuando se despidieron eran las nueve y cuarto y el público creyó que era otro un corte repentino, pero salieron, para el bis, interpretaron varias de las canciones más pachangueras del concierto: “Cachete a Cachete” (con “Chipi” Chacón), “Playa Azul” que originalmente fue dedicada a Cuyagua (con Iván y Pedro Isea, de Só Sambistas), “El Diablo” (con Álvaro Paiva) y “El Sobón” con todos los invitados en el escenario. Como regalo de Navidad: una versión de “Niño Lindo”, el aguinaldo en merengue veloz.

Gozadera es el nombre del sello discográfico que Los Amigos Invisibles se inventaron para creer en sí mismos y en su música. Gozadera es un estilo de vida que admite todo tipo de alegrías. Gozadera, en Venezuela, llega abrazando al Niño Jesús con 24 Cañonazos Bailables antes del año nuevo.

La gozadera de Los Amigos Invisibles; por Marcy Alejandra Rangel 640B

Julio Briceño. Fotografía de Víctor Amaya

El corazón (más) profundo de Carlos Vives; por Marcy Alejandra Rangel

Carlos Vives parece un tipo sin artificios. Sale al escenario con un jean descolorido, ceñido al cuerpo, y una franela sencilla que minutos después absorberá el sudor de toda la energía de sus canciones. La sonrisa nunca se detiene y por eso el repertorio, aunque tenga letras de desamor, le canta a la vida desde la

Por Marcy Alejandra Rangel | 22 de diciembre, 2014
El corazón (más) profundo de Carlos Vives; por Marcy Alejandra Rangel 640

Fotografía de Daniel Lara

Carlos Vives parece un tipo sin artificios. Sale al escenario con un jean descolorido, ceñido al cuerpo, y una franela sencilla que minutos después absorberá el sudor de toda la energía de sus canciones. La sonrisa nunca se detiene y por eso el repertorio, aunque tenga letras de desamor, le canta a la vida desde la vibra contagiosa de los costeños, sin una sola canción que contradigan las ganas de pasarla bien.

El colombiano llegó a Venezuela hace un año para presentar el CD Corazón Profundo y volvió 12 meses después para cantar los éxitos –algunos ya parte de sus clásicos, a pesar de la brevedad– de Más Corazón Profundo. “Esta gente encerró todo su amor y me lo entrega en ese cuadrito que yo me llevo para mi casa”, dijo en algún momento cuando, en una de las cinco pantallas del Poliedro de Caracas, se proyectó el Disco de Oro que le entregaron antes de subir al escenario.

Las coristas, emblema del mestizaje del Caribe, no paran de bailar durante todo el show. Mayte Montero, líder de “La Provincia” –agrupación que acompaña a Vives– toca flauta dulce, maracas, armónica, pandero. Y salta, salta durante todo el show. Mientras tanto, el cantante juega fútbol amateur en el escenario. Se equivoca en el drible, vuelve a dominar y, cuando llega al clímax de la canción, lanza al público, que hace las veces de portero. Así otra vez hasta que se acerca a cantar en los polos de la tarima y se detiene cuando les pasan CD o franelas de la selección oficial colombiana para que las firme. “¡Pronto me van a confundir con Falcao!”, dice. Lo hace con dedicación y el público ya sabe que en ese momento es su hora de acompañarlo en los coros. Y así pasan las dos horas, en complicidad: esta es una fiesta entre amigos.

El colombiano salió al escenario del Poliedro de Caracas a las 11:05 pm del jueves 18 de diciembre, pero no fue sino una hora después cuando saludó:

“¿Cómo está mi Venezuela? Estamos para agradecer tanto cariño. No me gusta diferenciar entre colombianos y venezolanos porque somos la misma familia”.

“El mar de sus ojos” con la agrupación colombiana de hip hop ChocQuibTown en un video interactivo fue la primera de las sorpresas. Siguieron “Cómo le gusta a tu cuerpo”, “Bailar contigo”, “Ella es mi fiesta”, “La Gota Fría”, “Fruta Fresca”, “Volví a Nacer” y “Déjame entrar”. Antes de cerrar con un set vallenato de Clásicos de la Provincia, de Luis Enrique Martínez, “Carito” y “La fantástica”, una canción dedicada a Cartagena, en el bis.

Carlos Vives tiene reservada su página en la historia de la música colombiana desde que se atrevió a unir la cumbia y el vallenato con los géneros más ambiciosos: pop y rock. Desde entonces, lo saben sus fans, el cantante presenta con orgullo los géneros de su país como El rock de mi pueblo, título que le dio a uno de sus CD, en 2004. Esta vez lo presentó junto con su acordeonista desde hace 21 años, Egidio Cuadrado con una interpretación veloz de un homenaje a personalidades como Leandro Díaz, Julio de la Ossa, Sergio Moya, Adolfo Pacheco, Carlos Huertas, Alejo Durán, Gustavo Gutiérrez, Fernando Meneses, Luis Enrique Martínez y Rubén Darío Salcedo.

Mientras decía que era el rey del vallenato en una de sus letras, aunque últimamente no haya grabado más clásicos de la provincia, Vives hizo énfasis en la hermandad de Venezuela y Colombia:

“Nuestra historia tiene que ver con lo que somos. Nuestras ciudades son la urbe, el rock & roll, la posibilidad de ser infinitamente ricos y de unir muchas culturas. Está en nosotros lograrlo”.

El corazón (más) profundo de Carlos Vives; por Marcy Alejandra Rangel 640A

Fotografía de Daniel Lara

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El pasado jueves 20 de noviembre C4Trío ganó un Grammy Latino como Mejor Ingeniería de Grabación por el disco De repente, que grabaron junto a Rafael “Pollo” Brito. Pero antes de recibir la estatuilla, antes de que supieran que habían ganado, esos cinco genios de la música venezolana interpretaron un performance en la ceremonia no televisada de la entrega. Cuando salieron al escenario, lo primero que vieron fueron las sonrisas de Rubén Blades y Carlos Vives sorprendidas por su virtuosismo. Luego, el público de pie. Más tarde, Calle 13 los mencionó cuando subió a recibir uno de los galardones y, en esa extensión de la realidad que es el teléfono móvil, Carlos Vives les había dedicado dos tweets en los que hizo referencia al talento que se veía, sobre todo, en el pretelecast.

El corazón (más) profundo de Carlos Vives; por Marcy Alejandra Rangel 640

Fue luego de ese descubrimiento que la música venezolana se ganó un espacio en el concierto de Carlos Vives en Caracas. En blackout, cerca de la mitad del show, los cuatros de Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez impresionaron al público de un Poliedro de Caracas que hasta las 11:00 pm. lucía completamente desolado pero, de pronto se llenó hasta más de la mitad, cuando el colombiano apareció entre las cinco pantallas que mostraban los visuales de las ciudades más emblemáticas de Colombia.

“A raíz de que él tuvo ese detalle tan chévere por Twitter, nos pusimos en contacto y estábamos pendientes de conocerlo, tener un momento dónde conversar y él nos puso a hablar con una persona que estaba coordinando sus cosas acá y dos días antes nos dijo que no solamente lo íbamos a conocer, sino que Carlos Vives quería que tocáramos en su concierto en Caracas”, cuenta Edward Ramírez.

Pero los venezolanos, en compañía de Gustavo Márquez en el bajo, no supieron qué tenían que hacer hasta que llegaron a la prueba de sonido. Fue ahí cuando decidieron que tocarían “Zumbacumlaude”, un zumba que zumba del folclor que les permitió demostrar el sonido recio que tiene el cuatro y, además, dejar espacio para que cada uno de los integrantes pudiera improvisar. De pronto, apareció Carlos Vives entre los músicos interpretando “La Tierra del Olvido” con C4Trío de fondo.

Justo antes de terminar el concierto, Rodner Padilla, el cuarto integrante, se dejaba ver en las visuales de “Cuando nos volvamos a encontrar”, tema que originalmente Vives interpreta con Marc Anthony y que esta vez cantó con Omar Acedo, quien hizo la compensación nacional. “La felicidad es escuchar ese sonido incomparable. No se vayan nunca, toquen siempre aquí” Carlos Vives

La Oreja de Van Gogh en Caracas y el concierto que no terminó; por Marcy Rangel

El concierto de La Oreja de Van Gogh en Caracas tenía fecha: 13 de noviembre de 2014. Iba a ser el reencuentro entre una agrupación de pop español y su público venezolano, una generación que ya no está en la pubertad. Hacía ya diez años que vinieron por última vez, en una de las últimas presentaciones que dio

Por Marcy Alejandra Rangel | 17 de noviembre, 2014

oreja de van gogh 640

El concierto de La Oreja de Van Gogh en Caracas tenía fecha: 13 de noviembre de 2014. Iba a ser el reencuentro entre una agrupación de pop español y su público venezolano, una generación que ya no está en la pubertad. Hacía ya diez años que vinieron por última vez, en una de las últimas presentaciones que dio Amaia Montero como vocalista de la banda. Ahora la vocalista es Leire Martínez y fue ella a quien le tocó decir en más de una ocasión que éste era uno de los conciertos más accidentados que había dado en toda su trayectoria.

Un productor de espectáculos es alguien que trabaja bajo presión. Necesita varias habilidades: trabajar en equipo, atender más de una cosa a la vez y vivir subidones que implica buscar soluciones rápidas y eficaces. Sus temores deben ser pocos, pero también forman parte del show. Nunca deben fallar el sonido, ni las luces, ni la taquilla ni la banda. Y en este concierto falló casi todo.

Quizás el primer tropiezo fue la fecha inicial del concierto: iba a ser el 5 de marzo de 2014, pero ellos mismos consideraron una “frivolidad” presentarse en Venezuela en medio de las protestas que hubo desde febrero hasta mediados de abril. Por eso dedicaron sus primeras palabras a pedir disculpas por la espera.

Empezó la música hasta que, durante el tema “Pérdida” (el séptimo del set-list) el sonido se detuvo y la agrupación siguió actuando como si nada. Uno a uno los instrumentos (guitarra, bajo, teclado y batería) fueron dejando de escucharse. Todo fue dominado por un ruido que aturdió a los asistentes por más de un minuto.

La canción terminó y los músicos corrieron al backstage. A la cónsola llegaron los técnicos con cables nuevos mientras por radio se comunicaban con quienes estaban en los monitores. A pesar de intercambiar canales e intentar arrancar de nuevo los aparatos, hubo que esperar 15 minutos más.

“Va a empezar sonando muy mal, porque éste es otro equipo y con éste no hemos probado sonido”. decía el ingeniero de La Oreja de Van Gogh a una de las encargadas de ACNUR, el ente perteneciente a Naciones Unidas dedicado a los refugiados, a beneficio de la cual se estaba realizando la función.

“¡Móntame a la banda ya!”, repetía una productora por los canales de radio. Lo hicieron, pero apenas empezaron a cantar “París” todo el Anfiteatro del Centro Sambil en Caracas fue bañado por un aguacero que hizo que muchos de los asistentes salieran del lugar para resguardarse. Otros, peligrosamente, se ubicaron debajo de las gradas (sobrevendidas) que soportaban el peso de quienes coreaban las canciones sin miedo a mojarse. Mientras tanto, el toldo que resguardaba el control del sonido cedía por la cantidad de agua que soportaba y, cada vez que los operadores intentaban retirar el exceso, algunas gotas caían sobre los equipos y otro tanto mojaba a la gente que pasaba.

“Yo le dije: ¡Dame ese paraguas! Y el seguridad me preguntó: ¿Estás seguro de que ése es el tuyo? Y yo ¡Claro que no es el mío, pero pa’ lante!”. Eso contaba uno de los asistentes que agarró uno de los muchos paraguas que no permitieron pasar al venue y que luego dejaron en exhibición para que sus dueños pudiesen encontrarlos, en medio de la molestia con la lluvia y el sonido. Es decir: muchos se quedaban sin sus pertenencias, que antes de que se acabara el concierto encontraron otros dueños. Pero “La Playa”, “María” y “Deseos de cosas imposibles” devolvieron la tranquilidad. Ya nadie podía sentarse, pero de a poco fueron saliendo los asistentes de sus escondites y guardaron los paraguas.

La canción “11 de marzo” fue la que terminó de devolverle la atención del público a la banda. Es una balada dedicada a las víctimas de los atentados terroristas que recibieron las estaciones de Madrid en 2004 y que dejaron 192 muertos y 1800 heridos.

Antes de cantar “Una y Otra Vez”, Leire volvió a hablar:

“Yo creo que va a ser el concierto más inolvidable de todos los que hemos tenido. Yo creo que no nos hemos topado con un público tan agradecido. No ha importado que lloviera, no ha importado nada, lo habéis cantado todo y con la mayor de las pasiones. De verdad que vosotros le dáis sentido a lo que nosotros hacemos. ¡Gracias!”

A esa canción le siguieron “El vestido azul”, “La reina del pop” y “La niña que llora en tus fiestas”, cuando se apagaron las luces. A pesar de que muchos creyeron que se trataba de otra falla con la cónsola, se trataba de funcionarios del Municipio de Chacao decidieron terminar con el concierto, a 2 minutos de terminar el último tema, porque la productora excedió el tiempo del permiso que habían solicitado a la Alcaldía. Ya habían pasado diez minutos después de las 10:30 pm, hora en que supuestamente finalizaría. La agrupación, sin explicarse lo que pasó, saludó al público mientras la ovacionaba.

No hubo kioscos de comida dentro del lugar y tampoco se respondió por la cantidad de objetos perdidos. La decepción del público era igual a la euforia por las canciones de los españoles. Ninguna de las dos emociones podía opacarse y el 2.0 lo puso en evidencia.

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No fue el mejor día para los conciertos. A Daniel Martín, ex-integrante de la también española El Canto del Loco, le sucedió algo similar en el Teatro del Colegio Santa Rosa de Lima. Ambos conciertos fueron pautados para el mismo jueves 13 de noviembre, a pesar de tener públicos similares. Allí también falló el sonido, algo que obligó a suspender el concierto durante unos minutos. Horas más tarde, las bandas compartieron en el mismo hotel las pericias de haberse presentado en Venezuela durante un año en el cual la mayoría de los eventos masivos han sido reprogramados para los últimos tres meses. Termina el 2014 y la cartelera musical intenta cumplir con la mayoría de los compromisos que tenía pautados para sobrevivir.