Blog de Luis Vicente León

¿Dónde está el piloto?; por Luis Vicente León

Llegué al aeropuerto para volar a Maracaibo. La bajada fue un thriller. Con la autopista y la cota mil cerradas, serpenteamos por avenidas, callecitas y caminos verdes, llenos de gente y cola, de protestas pacíficas, reprimidas brutalmente, pero también más adelante vimos saquear un camión y matraquear a los carros que intentaban pasar de un

Por Luis Vicente León | 28 de mayo, 2017
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Fotografía tomada por Gabriel Méndez durante la manifestación opositora del 24 de mayo

Llegué al aeropuerto para volar a Maracaibo. La bajada fue un thriller. Con la autopista y la cota mil cerradas, serpenteamos por avenidas, callecitas y caminos verdes, llenos de gente y cola, de protestas pacíficas, reprimidas brutalmente, pero también más adelante vimos saquear un camión y matraquear a los carros que intentaban pasar de un lado a otro. Finalmente, llegamos al otro lado del polvorín y, entonces, como si se tratara de una película en la que el protagonista cruza por un espejo encantado, nos encontramos con otra ciudad donde no pasaba absolutamente nada.

Resulta que hay tres ciudades distintas, pese a que las encuestas indican que 90% de la población cree que el país está mal y quiere un cambio. Una protesta pacíficamente. Otra que enloqueció con violencia y vandalismo y una tercera, donde parece que ni se han enterado.

Ya comentamos antes que las probabilidades de éxito de una protesta están vinculadas con su masificación. A que la población de todos los estratos participe en sus propias áreas de influencia. “Abajo cadenas gritaba el señor y el pobre en su choza libertad pidió”. ¿Adivinen en qué parte no estaba pasando nada?

Una condición clave para la masificación es evitar la violencia.Yo la rechazo por convicción. Pero para quienes no comparten este valor conmigo, tengo otro argumento más potente como el anterior. Resulta que la violencia espanta la participación. Que los actos violentos (espontáneos o provocados) son desarrollados por grupos muy específicos, pero la mayoría de la población regresa a casa atemorizada cuando la violencia se apodera de la ciudad. Puede que los actos de protesta violenta sean muy mediáticos, lo que no son es masivos.

Conozco los argumentos que se dan para justificar la violencia (soy inmune porque nunca la justifico), pero separando mi posición personal y llevándolo al plano netamente funcional, los argumentos usados para explicar la violencia no resuelven el problema central de que no funciona para lograr el objetivo planteado por la oposición.

Está claro que en esa ciudad que se violenta hay cuatro grupos perfectamente identificados: 1)Los colectivos armados, que se pavonean abiertamente con su violencia para atemorizar, especialmente a su vecinos y cohibirlos de participar, 2) los opositores radicalizados (claro que los hay), provocados por la represión y la injusticia y dispuestos a todo, bajo la tesis de que el gobierno no reaccionará a la negociación ni a la protesta en paz, 3) los infiltrados, que aunque son enviados por el mismo actor que los colectivos, tienen una diferencia fundamental. No desean que se sepa de dónde vienen. Se mimetizan con la oposición con un doble objetivo: encender la mecha (cortica) de algunos opositores sensibles y crear la imagen de insurrección armada y terrorismo opositor, que tanto le interesa a quien los mandó, y 4) un grupo auténtico y transparente. Los malandros de siempre. Esos que ven en la protesta popular y en la anarquía una oportunidad de oro para cometer sus delitos, como saquear negocios (que entenderán que es robar), cobrar peaje (que supongo que sabrán que es chantajear) o pedir plata a cambio de que no te pase nada (que espero entiendan que es cobrar vacuna) y con una franela adecuada y una consigna atractiva, por primera vez en su vida le harán odas a sus fechorías, confundiendo lucha con vandalismo.

Claro que es difícil controlar todo esto, pero de eso hablamos cuando les decía que las experiencias exitosas requieren de un líder influyente que guíe, motive y alínee. Sin eso, incluso los que acusan esta realidad mundial de caudillismo local, terminarán preguntándose, lo que yo me empiezo a preguntar: ¿dónde está el piloto?

Condiciones para el éxito; por Luis Vicente León

Consideremos algunas condiciones de éxito que la teoría y la historia nos enseñan sobre las transiciones políticas desde las autocracias hacia las democracias. La primera es que no existe una correlación demostrable entre las crisis económicas y los cambios políticos no electorales. El concepto de población tipo Hulk, que se rebela contra el poder y

Por Luis Vicente León | 21 de mayo, 2017
Fotografía de Verónica Aponte

Fotografía de Verónica Aponte

Consideremos algunas condiciones de éxito que la teoría y la historia nos enseñan sobre las transiciones políticas desde las autocracias hacia las democracias.

La primera es que no existe una correlación demostrable entre las crisis económicas y los cambios políticos no electorales. El concepto de población tipo Hulk, que se rebela contra el poder y lo saca por la fuerza por el deterioro dramático de la calidad de vida. Suena lógico, pero la historia no logra demostrar esa correlación. Si bien hay algunos casos puntuales, en la mayoría de los casos eso no es suficiente. China, Cuba, Zimbabue, Libia son ejemplos que grafican este tema. Las transiciones ocurren por procesos políticos y sociales y estos no suelen ser espontáneos.

El segundo elemento es que las transiciones se concretan a través de implosiones, es decir fracturas insalvables dentro del grupo de poder. La estrategia de la oposición es elevar el costo del gobierno por evitar las elecciones y reprimir, poniendo barreras, locales e internacionales, que hagan más difícil a los actores oficiales cruzar fronteras peligrosas, sin generar divisiones y deserciones. En el caso particular de Venezuela, este aspecto es el más prometedor, si consideramos que el desmarque de la Fiscal General podría significar sólo la punta del iceberg.

El tercer elemento es que una protesta exitosa debe integrar a todos los estratos. Pude ser iniciada por élites, pero sólo es efectiva si incorpora la participación de las masas populares, en sus propios espacios, logrando una presión homogénea que se convierte en inmanejable para los cuerpos represivos del Estado. Esta tarea, aunque con algunos trazos, está cruda.

La cuarta dimensión es quizás la más importante y la más difícil de lograr. La protesta efectiva es pacífica. Es un asunto estratégico. Hay una diferencia de fuerzas, armas y organización brutal entre el Estado y los voluntarios civiles, sin preparación, ni armamento sofisticado. Pero además, hay una relación inversa entre la violencia y la masificación de la protesta. Mientras más violencia se incorpore a la lucha (justificada o no) menos gente está dispuesta a participar. Son muchos los que pueden ir a una marcha o concentración pacífica, pero pocos los que están dispuestos a arriesgarse en actos de reacción violenta. Si esta se incorpora, se disminuye la participación y se encapsula la lucha en ghetos, haciendo más fácil al gobierno su control. La expresión común: la violencia la ejecuta y la promueve el gobierno, sólo confirma que es a él a quien le interesa y conviene que ocurra. Si caes en su juego, sueles perder.

Finalmente, las experiencias de transición exitosa tienen un líder concreto que resalta sobre todos, enamora a las masas y las conduce a la lucha pacífica. Les de orientación y sentido. Moviliza al pueblo base, pese a los riesgos de sus zonas y construye una esperanza de cambio concreta y de protección futura. Es obvio que sin una conducción adecuada, la respuesta natural a la violencia del gobierno es tratar de responder también con violencia. Pero es el líder el llamado a convencer a la población de que el peor enemigo del éxito son los radicales, pues ellos venden la violencia como solución, cuando la violencia es realmente el problema. Hay muchos líderes políticos en Venezuela, pero ese líder especial no esta todavía en la foto. Hay un vacío que la población quiere llenar y es precisamente en estos momentos donde alguno, conocido o por conocer, puede tomar ventaja y consolidarse como tal. Hay varios en la escena y ustedes los esta viendo. Son inteligentes, comprometidos, organizados, involucrados con la población más pobre y jóvenes. Las encuestas nos ayudarán en breve a entender cómo les va en los próximos meses.

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El pobre en su choza…; por Luis Vicente León

Hay una pregunta que se repite en todos los espacios en los que participo: ¿Es posible que la protesta opositora tenga éxito y logre producir los cambios que la mayoría de la población quiere? La respuesta es sí. La historia está llena de ejemplos en los que el pueblo mayoritario produce la transición de la

Por Luis Vicente León | 14 de mayo, 2017
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Fotografía tomada por Verónica Aponte durante la manifestación opositora del 10 de mayo

Hay una pregunta que se repite en todos los espacios en los que participo: ¿Es posible que la protesta opositora tenga éxito y logre producir los cambios que la mayoría de la población quiere?

La respuesta es sí. La historia está llena de ejemplos en los que el pueblo mayoritario produce la transición de la autocracia a la democracia. Pero ésta es una respuesta condicionada. No es suficiente el deseo de cambio. Es necesaria la conjunción de dos variables. La primera es la protesta pacífica, que suele convertirse en kriptonita para el gobierno. Pero no es fácil. La población que presiona los cambios pacíficamente se enfrenta a la resistencia violenta de su contendor. Conociendo su costo de salida infinito, el detentor de poder estará dispuesto a cualquier cosa para defenderse. Su estrategia comunicacional está cantada. Primero destruye la verdad como valor en el debate político. Después usa la vieja técnica de acusar de sus fechorías a la víctima. No importa que hayan muerto (asesinado) a 40 de sus adversarios, produce un gran alboroto por el rasguño de uno que pertenece a su lado.  En el medio de ese jaleo, como dice la Fiscal, es difícil culpar al agredido de radicalizarse para defenderse de la violación de sus derechos. Y entonces algunos grupos se desbordan. Pero ahí está el problema. La respuesta violenta a la violencia oficial es oro en polvo para el gobierno. No importa si está justificada, el resultado suele ser contraproducente y difícil de evitar. El éxito no se trata de que la protesta sea violenta, sino masiva. Justificar las acciones violentas por la violencia del gobierno no resuelve el problema de que no funciona, sólo explica cómo te llevan al terreno al que te quieren llevar.

El segundo tema es que no se gana con una protesta profunda e intensa sino con una protesta amplia y sostenida. El secreto está en el Himno Nacional. Dos partes de una estrofa principal: 1) Abajo cadenas gritaba el señor y 2) el pobre en su choza libertad pidió. Necesitas la suma de 1+2 para producir el cambio. La población más pobre desea y apoya ese cambio tanto como la clase media. Cerca de 80% de los venezolanos quiere y desea un cambio de modelo y de gobierno y esa mayoría ocurre, casi en la misma proporción, en la población más pobre. Pero la transformación de energía potencial a cinética de ese deseo de cambio ha sido mucho más baja en este estrato que en la clase media. Sí, ya sé que muchos de mis amigos tienen una historia de la gente pobre marchando con ellos, pero la realidad es que si quieres medir participación de la población más pobre no puedes identificarla en las marchas de TU zona, sino en las protestas de SU zona. Y más allá de los casos puntuales, ¿qué diferencian la protesta actual de la anterior?. No es verdad que la penetración de la protesta es similar en ambos grupos sociales.

No te quejes de que la población más pobre no te acompañe en las protestas de tu zona, si tú no la acompañas, ayudas o proteges en la de ella. Por mucho riesgo que asumas en tu protesta de clase media, jamás será comparable con el riesgo del estrato más pobre en su zona. Podemos recordar el terrible e infame número y el nombre de cada asesinado en la protesta opositora. Pero el número de quienes mueren a diario en los barrios populares es brutalmente mayor, aún sin protestar. Esto sin contar con el inmenso costo y peligro que representan para ellos los colectivos y la pérdida de los CLAP, algo que sólo viviendo ahí se puede entender.

La oposición tiene que resolver los bloqueadores del pobre en su choza, para complementar el importante, pero insuficiente, abajo cadenas que grita el señor.

Pregunta quién está trabajando en eso, porque ahí está el secreto del sí a tu pregunta crucial.

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Preguntas y respuestas sobre la Constituyente; por Luis Vicente León

¿Lo que convocó el presidente es una Asamblea Nacional Constituyente? Mas allá de los temas legales, que dejo en mano de los constitucionalistas, lo que el Presidente convoca es una Asamblea para reestructurar el Estado y redactar una nueva Constitución. Algunos expertos dicen, con base sólida,  que su forma de convocatoria, su estructura y el

Por Luis Vicente León | 7 de mayo, 2017
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Fotografía de AVN

¿Lo que convocó el presidente es una
Asamblea Nacional Constituyente?

Mas allá de los temas legales, que dejo en mano de los constitucionalistas, lo que el Presidente convoca es una Asamblea para reestructurar el Estado y redactar una nueva Constitución. Algunos expertos dicen, con base sólida,  que su forma de convocatoria, su estructura y el mecanismo con el que elegirán sus constituyentistas es ilegal, inconstitucional y antidemocrático, por lo que no debería llamarse Asamblea Nacional Constituyente (ANC), pero está claro que si esto no se para, va directo a reformar la Constitución y el Estado a la medida de lo que el chavismo necesita para preservar el poder, a pesar de ser minoría. Entonces, legal o ilegal, esa será la Constitución vigente una vez terminado el proceso convocado y será aplicada hasta que se rescate la legalidad.

¿Qué buscan con esa constituyente?

El gobierno sabe que su nivel de respaldo popular es minoritario. Su máxima expectativa de votación podría acercarse a 30%. Sus estrategias dilatorias de elecciones no pueden ser infinitas y se enfrentará al escollo más grave en la elección presidencial de 2018. Pensando en lo complejo que será evitar una derrota tratando de reducir la competitividad electoral, fracturar a la oposición e incluso pensar en la necesidad de cambiar el candidato por alguien más potable, el chavismo prefirió transitar una vía más expedita. La convocatoria a una constituyente le permite paralizar todos los procesos electorales pendientes, defenestrar los poderes constituidos que le hacen ruido, empezando por la Asamblea Nacional, pasando probablemente por la Fiscalía General y cambiar la Constitución del 99 que le obligaría a entregar el poder a la fuerza política mayoritaria del país, que evidentemente no es la revolución.

No hay que ser muy perspicaz para entender que la nueva Constitución que pretenden redactar cambiará su espíritu democrático convencional e incorporará el acomodaticio concepto de democracia “protagónica”, según el cual no se necesita tener mayoría a tu favor sino controlar subgrupos de la población, seleccionados y organizados por el mismo poder, para sustituir las decisiones de las mayorías.

¿Pero la oposición no puede participar en la Asamblea Nacional Constituyente
y evitar lo que el gobierno pretende?

La convocatoria a esta constituyente parte del concepto de “democracia protagónica”. Sin ninguna base legal, el Presidente cambia el espíritu de la Constitución y convoca a un proceso en el que los representantes constituyentistas serán elegidos con un método mixto, una parte en elecciones universales, directas y secretas (para que la gente sienta que vota como siempre y esconder su plan) y otra parte escogido por subgrupos manipulados de “trabajadores”, “mujeres”, “indígenas”, “discapacitados”, “pescadores”, etc, que el mismo gobierno selecciona, controla y financia. De nuevo, es muy fácil saber qué va a pasar. Los representantes “protagónicos” seleccionarán constituyentitas chavistas, con lo que una fuerza política minoritaria pasaría automáticamente a dominar una mayoría suficiente para redactar la Constitución a su antojo.

¿Pero al final, esa Constitución debería someterse a un
referendo aprobatorio y en ese momento perdería?

Utilizas correctamente el verbo: “debería”. En efecto, en democracia debería, pero si mi olfato no falla, la revolución, aprovechándose de una vacío en la Constitución que no establece explícitamente el paso del referendo aprobatorio para la Constituyente, dará por finalizado el proceso de redacción y aprobación de la nueva Constitución “protagónica”, por lo que cualquier participación opositora sólo validaría un proceso evidente de ruptura democrática en Venezuela.

El poder protagónico versus los estudiantes; por Luis Vicente León

Si redefinimos Democracia Protagónica en función de lo que está pasando hoy en Venezuela, podríamos decir que es un modelo de gobierno donde quien detenta el poder puede perder el respaldo popular y ser franca minoría, pero logra mantener ese poder como sea, incluso cambiando las reglas de juego de la democracia y escogiendo los

Por Luis Vicente León | 6 de mayo, 2017
Fotografía de Leo Álvarez

Fotografía de Leo Álvarez

Si redefinimos Democracia Protagónica en función de lo que está pasando hoy en Venezuela, podríamos decir que es un modelo de gobierno donde quien detenta el poder puede perder el respaldo popular y ser franca minoría, pero logra mantener ese poder como sea, incluso cambiando las reglas de juego de la democracia y escogiendo los grupos que pueden elegir, siempre y cuando lo elijan a él.

Si el pueblo ha elegido por contundente mayoría a los opositores como sus representantes en la casa del pueblo, es decir, la Asamblea Nacional, el gobierno protagónico puede desconocer a esa institución, bloquear sus funciones constitucionales e impedir su función legislativa y contralora, usurpando sus funciones con otra institución, en este caso TSJ, que controla.

Si la Fiscal General no cruza la frontera de ruptura del hilo constitucional ni actúa inconstitucionalmente contra aquellos que se rebelan frente a las violaciones de sus derechos humanos y políticos, entonces el poder usa la fiscalía militar y los tribunales militares incluso para procesar civiles y así defender al gobierno protagónico.

Si los gobernadores y alcaldes, elegidos por el pueblo, son opositores e irreverentes al poder, entonces se bloquean sus recursos y se crean instituciones paralelas para impedir su función, o en caso necesario, se apresan para nulificarlos.

Si la población ejerce su derecho constitucional a protestar, la democracia protagónica permite prohibirle la entrada a su ciudad y bombardearlos con inocentes lacrimógenas que, sólo por accidente, matan o permiten que los ataquen los protagónicos colectivos armados.

Y si la constitución se convierte en un escollo insalvable, porque es imposible cumplirla y mantenerse en el poder como sea, entonces te vas a una constituyente donde la selección sesgada de los constituyentistas te garantice mantener la mayoría y reescribir la constitución a tu antojo, aunque no representes más que el 25% de la población total. Y después de escribirla, claro, no es necesario someterla a un referéndum aprobatorio, porque después de todo, tu, el poder, eres el único protagonista.

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Fotografía de Iñaki Zugasti

Fotografía de Iñaki Zugasti

Los estudiantes tienen 76% de respaldo popular. 52 puntos porcentuales más que el presidente contra quien protestan. Son la fuerza propulsora y simbólica de la lucha por el cambio. Tienen sobre sus hombros la herencia de los grandes movimientos estudiantiles del mundo y de Venezuela, que han sido protagonistas de las grandes transformaciones políticas del mundo. La lucha entre un gobierno y los estudiantes es la lucha de la fuerza bruta contra la juventud, la esperanza, la irreverencia, los derechos, el futuro y la vida.

Pueden herir y matar estudiantes pero nunca, nunca ganarles en el corazón del pueblo. Ese será su drama.

Esos jóvenes deberían estar en sus salones de clase, con sus compañeros y profesores, formándose para construir su futuro y el del país.

Ellos deberían tener en sus manos cuadernos, libros y lápices.

Ellos deberían tener computadoras y conexión a internet para participar en la globalización del mundo.

Ellos deberían tener garantizadas las oportunidades de empleo a futuro. Tener como aspiración posible adquirir un carro, casarse y comprar una vivienda. Salir y divertirse en seguridad y paz. Pero no, ellos están en la calle, asumiendo graves riesgos, sin armas pero protegiéndose de quien los reprime por exigir pacíficamente sus derechos.

Ellos no están donde deberían estar en un país democrático y respetuoso de la constitución y las leyes. Pero sí están donde deben estar en un país que no lo es.

Al final, ellos decidieron que no quieren el país que esta revolución ha construido para ellos sino que quieren construir el país que todos merecemos, incluso los hijos de quienes hoy los reprimen.

La constituyente Frankenstein; por Luis Vicente León

El gobierno decidió huir hacia adelante convocando una Asamblea Nacional Constituyente en sus propios términos. El tema es que esta convocatoria rompe con la tradición democrática venezolana que plantea (como en todos los países democráticos) que las elecciones para escoger a los representantes, en este caso constituyentistas, sean elegidos en procesos universales (toda la población

Por Luis Vicente León | 2 de mayo, 2017
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Fotografía de Leo Álvarez tomada en las manifestaciones del primero de mayo de 2017

El gobierno decidió huir hacia adelante convocando una Asamblea Nacional Constituyente en sus propios términos. El tema es que esta convocatoria rompe con la tradición democrática venezolana que plantea (como en todos los países democráticos) que las elecciones para escoger a los representantes, en este caso constituyentistas, sean elegidos en procesos universales (toda la población participa sin sesgos ni segmentaciones, directos y secretos).

Es obvio que el gobierno del presidente Maduro no podría ganar una elección de este tipo y entonces hace una convocatoria tipo Frankenstein en la que se eligirá un número descomunal de 500 representantes, una parte en elecciones convencionales y otra seleccionada por los sectores que el chavismo decida (trabajadores, mujeres, indígenas, etc). Un proceso que, por supuesto, estará sesgado y tutelado, garantizando que el gobierno pueda obtener la mayoría que necesita para controlar a la Asamblea. Con esto intenta matar varios pájaros de un sólo tiro.

Primero, canalizando la energía hacia una “elección” que en realidad es una trampa cazabobos.

Segundo, dejando automáticamente desahuciados a los poderes constituidos, quienes por ley estarán supeditados a la nueva Asamblea Constituyente tan pronto sea convocada: un mecanismo para dejar sin efecto a la Asamblea Nacional y también, si lo desea, a la Fiscal, hoy irreverente.

Tercero, y más importante: redactando una nueva Carta Magna que sustituya la de 1999, que aunque hecha y promovida por Chávez, es una constitución democrática y liberal, que se ha convertido en un dolor de cabeza para que la revolución permanezca en el poder, estando como está sin respaldo popular mayoritario y en incapacidad absoluta de ganar cualquier elección medianamente transparente. Esa nueva constitución buscará, sin lugar a dudas, acomodarse a procesos sesgados de selección y elección que fulmine definitivamente la democracia electoral en Venezuela y permita a la revolución permanecer en poder, aunque la mayoría del pueblo la rechace y desee cambiarla.

Cuarto, mientras se convoca este proceso, quedan suspendidas las elecciones regionales, locales y presidenciales en el 2017 y 2018 con lo que el gobierno pretende conjurar su mayor peligro.

Finalmente, el proceso natural de una constituyente debería incluir una validación  por parte del pueblo en un referéndum aprobatorio del documento redactado, con condiciones convencionales de universalidad electoral. Proceso que el gobierno finalmente perdería. Algunos analistas creen que aun así habría comprado tiempo, evadido elecciones y organizado su grupo, lo que es suficientemente atractivo. Yo en cambio pienso que va más allá. El gobierno aprovechará un vacío constitucional en el que se deja implícita pero no explícita la obligación de validar esa nueva constitución con el pueblo. Lo más probable es que den por concluida la nueva constitución con la sola redacción y aprobación de la Asamblea Constituyente que ellos han conformado sesgadamente, escondidos en el concepto de democracia “directa”, que no es mas que una excusa para fulminar y controlar la democracia real. En pocas palabras, no van a convocar referéndum aprobatorio porque probablemente lo perderán .

Estas acciones del gobierno, van a tener reacciones opositoras. Lejos de rescatar equilibrios, la decisión constituyente acelera la crisis. Impide cualquier acuerdo o diálogo entre gobierno y oposición y obliga a los opositores a activar su lucha de calle con más fuerza. Es impensable que la oposición participe en esa convocatoria circense. Pese a sus múltiples divisiones, el gobierno logra con esto unificarla en criterios, reactivar y oxigenar su lucha por el rescate de la democracia, mientras consolida también el rechazo internacional a lo que a todas luces es una violación de derechos humanos y democráticos, y un intento de consolidar una autocracia encubierta en manipulaciones legales absolutamente impotables para cualquier demócrata en Venezuela y el mundo.

Mientras tanto, mantengo los escenarios que aquí he planteado. Nada que no sea una elección universal, directa y secreta ayudará a resolver la crisis. La convocatoria de ayer, solo puede agudizarla.

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¿Colorín colorado?; por Luis Vicente León

La semana pasada desarrollé un par de escenarios que creo son los de mayor probabilidad de ocurrencia en Venezuela. Hoy profundizo sobre este tema, entendiendo que las ciencias sociales son inexactas y que estas proyecciones son sólo hipótesis educadas. El primer escenario es en el que la presión por el cambio se enfrenta a una

Por Luis Vicente León | 30 de abril, 2017
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Fotografía tomada por Leo Álvarez durante la manifestación opositora del 26 de abril.

La semana pasada desarrollé un par de escenarios que creo son los de mayor probabilidad de ocurrencia en Venezuela. Hoy profundizo sobre este tema, entendiendo que las ciencias sociales son inexactas y que estas proyecciones son sólo hipótesis educadas.

El primer escenario es en el que la presión por el cambio se enfrenta a una determinación total del gobierno a evitarlo a toda costa con represión y bloqueo institucional. Mientras el gobierno crea (o sepa) que su salida lo dejaría vulnerable y sometido a la rabia y la venganza de la misma sociedad a la cual violó y abusó, la probabilidad de que entregue el poder sin luchar a muerte es muy baja. Considerando la fuerza que sigue teniendo en términos del control de recursos, medios, instituciones, armas y militares, no es descabellado pensar que luego del clímax de convulsión interna, la protesta comience a ceder fuerza y la apatía crezca en una buena parte de la población opositora, reduciendo los estímulos al sacrifico para provocar el cambio.Pero la diferencia de este escenario con el ocurrido en 2014, es que se quedan grupos de violencia focal que se niegan a abandonar su lucha. Se concentran, radicalizan y arman y dan pie a la guerrilla y la convulsión permanente.

El segundo escenario es la salida tutelada del gobierno. Se produce una situación extrema en la cual el gobierno pierde el control del país ante la masificación de la protesta popular y la incorporación de la misma a la vida cotidiana. Es la presión en la calle, en el trabajo, en el hospital, en la universidad. Es una población que se para frente al gobierno sin miedo, desde sus microáreas de influencia y hace al país ingobernable.La represión está presente y puede ser feroz, pero se convierte en un boomerang. Pueden reprimir muchas marchas, pero no al país entero. La saña con la que se usan los antimotines enardece. Los militares y las instituciones chavistas se fracturan y ocurre lo que siempre ha terminado con las revoluciones en el pasado. La implosión. Pero la fuerza del cambio impide una sustitución interna del chavismo sin elecciones. La comunidad internacional juega un papel fundamental y el sector militar, aliado con sectores chavistas moderados (o atemorizados), abre una etapa de negociación de salida, en la que los militares permiten una transición corta con elecciones en breve, preservando ellos el control de sus fuerzas armadas y garantizando la protección de los grupos fundamentales del gobierno y el chavismo. La salida de este escenario comienza en la fuerza, pero termina en la negociación, sólo que ahora es la oposición la que tiene la mayor fuerza.

Hay dos variantes extremas de estos escenarios base. Que no pase absolutamente nada. Que la oposición se repliegue a sus zonas de clase media poco a poco y que se termine por desinflar, en cuyo caso estaríamos en presencia de un 2014 “reloaded”. También está la posibilidad de que pase todo. El extremo de un golpe militar, donde estos actores, desconfiados y sin puentes con el sector opositor, sacan a Maduro del poder por la fuerza, pero para quedarse ellos o su bateador designado y, bajo la promesa de pacificar el país, ofrecen elecciones futuras… que tarden en llegar.

Algunos dirán que falta el escenario más deseado. Ante la presión interna e internacional y con la oposición unificada, Maduro, en un gesto tipo Emparan, se ve obligado a convocar elecciones adelantadas y respetar resultados.La oposición gana y castigan a los culpables, se reinstitucionaliza el país y se rescatan los equilibrios. Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero ese escenario no lo voy a desarrollar porque siendo bello y rosa, es, en mi opinión, un conjunto vacío.

¿Qué puede pasar ahora?; por Luis Vicente León

Escribir hoy, en el medio de grandes incertidumbres y con los acontecimientos pasando a mil por hora, es difícil y peligroso en términos de proyecciones. Aún así voy a tratar de responder esta pregunta con una simplificación de los múltiples escenarios posibles, tomando en cuenta sólo aquellos con mayor probabilidad de ocurrencia, de acuerdo con mi

Por Luis Vicente León | 23 de abril, 2017
Fotografía de Maura Morandi

Manifestantes opositores marchan hacia la sede de la Conferencia Episcopal. Caracas, 22 de abril de 2017. Fotografía de Maura Morandi

Escribir hoy, en el medio de grandes incertidumbres y con los acontecimientos pasando a mil por hora, es difícil y peligroso en términos de proyecciones. Aún así voy a tratar de responder esta pregunta con una simplificación de los múltiples escenarios posibles, tomando en cuenta sólo aquellos con mayor probabilidad de ocurrencia, de acuerdo con mi visión, también imperfecta, del tema.

Hay algunos elementos predeterminados que podemos dar por sentados en cualquier escenario. El primero es el deterioro económico. El 2017 estará signado por una crisis económica severa, producida por el modelo primitivo de intervención y amplificada por el deterioro de los ingresos petroleros y la convulsión política.

Lo segundo es que esa convulsión vino para quedarse. Está claro que la oposición enfrenta a un gobierno que controla los recursos económicos, las armas legales e ilegales, los medios y la mayoría de las instituciones. Estando en poder luchará como sea para preservarlo y si lo pierde, luchará también con todo para recuperarlo, frente a un potencial gobierno alternativo que estaría en graves problemas de estabilidad económica y política.

Tercero, la Comunidad Internacional estará atenta y activa sobre lo que pasa en Venezuela, lo que aumenta el costo de la represión, con los riesgos de sanciones actuales o potenciales, que generan presiones de división interna.

Finalmente tenemos el casi infinito costo de salida del gobierno, lo que lo convierte en un Kamikaze. Como condimento a este predeterminado, tenemos que la posibilidad de una negociación exitosa para bajar los costos de salida son muy bajas, debido a que la oposición tiene todavía dos tareas pendientes para poder llegar ahí: a) el poder de negociación, es decir algo que entregar, lo suficientemente fuerte como para que el gobierno acepte o esté obligado a salir del poder y b) un interlocutor válido, que tenga suficiente poder de control interno para comprometerse en acuerdos incómodos con un gobierno que ha violado explícitamente sus derechos. Con respecto a la primera carencia, la misma podría resolverse con la presión de calle, que más allá de una marcha “épica” se convierta en una manifestación imparable, en todo y de todo el país y que se traduzca en ingobernabilidad. Pero esto sigue dejando a la segunda variable sin respuesta: ¿quién negocia para bajar los costos de salida?

Con esto en mente, definimos los dos escenarios más probables:

1. Que la presión opositora continúe creciendo, pero el gobierno esté dispuesto a reprimir brutalmente y sin descanso, aún en el medio del repudio internacional y las sanciones, pues su alternativa es sólo una: que le corten la cabeza. Con un sector militar también comprometido, este escenario se puede prolongar por un tiempo impredecible, que lleva al país a la conformación de grupos paramilitares y guerrilleros que pasan a formar parte de la vida cotidiana del país, pero con el gobierno manteniendo el poder.

2. Que la presión opositora llegue al máximo nivel y fracture internamente al chavismo y al sector militar, frente al miedo de lo que podría ocurrirles en el futuro ante violaciones brutales y evidentes a los derechos humanos, con delitos imprescriptibles. En este caso, es probablemente que el sector militar sea quien decida buscar y coordinar la negociación para reducir y controlar los costos de salida. Esa negociación ocurriría con un líder opositor que haya logrado en el camino capitalizar la lucha y convertirse en el referente intocable del grupo que presiona el cambio.

Podemos escribir muchas más alternativas, pero en estas dos se concentran las mayores probabilidades de que se pare en ellas la bolita de esta ruleta rusa.

Unas elecciones que darán de que hablar; por Luis Vicente León

Ya no recuerdo la cantidad de veces que me han preguntado si lo que esta pasando en Venezuela es parte de un plan sofisticado  o es el resultado de la filosofía nacional: “mientras vaya viniendo vamos viendo”. A lo largo de estos años he cambiado de respuesta a esa pregunta. Primero pensaba que en el

Por Luis Vicente León | 16 de abril, 2017
 Fotografía de Iñaki Zugasti / Haga click en la imagen para ver la galería completa

Fotografía de Iñaki Zugasti / Haga click en la imagen para ver la galería completa

Ya no recuerdo la cantidad de veces que me han preguntado si lo que esta pasando en Venezuela es parte de un plan sofisticado  o es el resultado de la filosofía nacional: “mientras vaya viniendo vamos viendo”.

A lo largo de estos años he cambiado de respuesta a esa pregunta. Primero pensaba que en el chavismo no había nada muy sofisticado y que los resultados eran producto del ensayo y el error; bueno, más del error que del ensayo. Pero luego comencé a pensar que no. Que detrás de todo esto sí había un plan estructurado para concentrar y preservar el poder a toda costa, privilegiando primero la colonización de la democracia a través de la base de esta que es la elección. Siendo Chávez muy popular, las elecciones le permitían controlar y colonizar las instituciones de poder y bloquear todo el resto de los elementos democráticos, como la independencia de poderes, el respeto a la constitución, la alternancia y, si era necesario, el propio proceso electoral.

Pero si me lo preguntan hoy, tendría la tentación de responder: “todas las anteriores”.  Claro que hay un plan y una estrategia, pero la misma ha ido cambiando en el tiempo dependiendo de las circunstancias y, especialmente, de los múltiples errores cometidos. Me parece que el chavismo es lo más lejano a un reloj suizo, y los errores, que son muchos, han ido llevándolo por caminos que no necesariamente eran los que originalmente habían diseñado y buscado. Pero lo que si queda claro, es que su objetivo final sigue siendo el mismo: conservar el poder como sea, cambiando quizás la forma para hacerlo.

En este sentido, si tuviera que proyectar cuál será la próxima etapa en la estrategia política oficial, diría que esta será buscar una mega elección en diciembre del 2018.  Anunciarla con relativa anticipación, para canalizar la energía opositora hacia ahí, tratar de bajar la tensión interna e internacional y comenzar sus acciones tendientes a lograr que esa elección sea controlada por el chavismo, “como sea”.

Sí, ya sé que muchos de ustedes tiene en su cabeza la idea de que a estas alturas el gobierno no ganaría una elección de ninguna manera y que frente a esa realidad, el escenario base es que bloqueará también la elección presidencial y se declarará abiertamente dictadura, bajo cualquier excusa estrambótica de las que usan cotidianamente las autocracias. Pero creo que esa es una visión equivocada. No me mal interpreten. NO estoy diciendo que el gobierno estará dispuesto a ir a una elección convencional, honrar la democracia y salir del poder, si eso es lo que quiere el pueblo (que sin duda es lo que quiere). Lo que estoy diciendo es que el gobierno preferirá mantener las apariencias, aunque sea  a través de un evento electoral sesgado, opaco y no competitivo. Para el chavismo resulta infinitamente más inteligente tener una elección inválida y sesgada que bloquear totalmente el proceso electoral y quedar en total evidencia. Y entonces, si mi olfato no falla (y claro que puede fallar), vamos de cabeza a la elección, comprando casi dos años que restan constitucionalmente para “prepararla” en términos de ¿quién podrá y quién no podrá participar?, ¿quién puede y quién no puede votar?, ¿cuán secreto será el voto en ese proceso?, ¿cuántos candidatos no chavistas (distintos a opositores) se pueden colocar en la escena? y ¿qué líder chavista convendrá presentar en esa elección?

Los linealpensantes interpretan que si el gobierno no puede ganar una elección, simplemente no la hará. Les juego morisquetas o morocotas a que en este caso particular, tendremos elecciones. Sólo que serán unas elecciones que darán mucho, pero mucho que hablar.

¿Habrá una elección?; por Luis Vicente León

Y agreguemos si esa elección podría ser transparente y competitiva. La sola recurrencia de esta pregunta en las últimas semanas, indica que en el entorno hay una especie de esperanza de que este evento ocurra frente a los acontecimientos que se desarrollan en nuestro país. La respuesta más honesta a esta pregunta tiene que ser:

Por Luis Vicente León | 9 de abril, 2017
People gather outside a validation center during Venezuela’s CNE second phase of verifying signatures for a recall referendum against President Maduro, in Caracas, Venezuela, June 24, 2016. REUTERS/Mariana Bazo

Fotografía de Mariana Bazo para Reuters

Y agreguemos si esa elección podría ser transparente y competitiva. La sola recurrencia de esta pregunta en las últimas semanas, indica que en el entorno hay una especie de esperanza de que este evento ocurra frente a los acontecimientos que se desarrollan en nuestro país. La respuesta más honesta a esta pregunta tiene que ser: depende.

Dejemos el tiempo de lectura de este párrafo para que se desaten los monstruos de los radicales linealpensantes, que en este mismo momento ya estarán tuiteando sobre mi evidente “guabineo” al no dar una respuesta determinante a tan simple pregunta. Interesante, por cierto, sobre todo viniendo de quienes siempre responden con certeza y convicción total lo que ellos quieren que pase, sin que pase nunca. Esos que tumbaron a Chávez desde su primer año en poder. Ellos, cuya frase favorita hace más de 18 años es: “esto no aguanta más”. Los que daban por sentado que con la muerte de Chávez se moría el chavismo. Los que afirmaron que si el gobierno evitaba el referéndum, ardía Troya.  Los mismos que después han culpado a negociadores y Vaticano de nuestra incapacidad colectiva de atender y resolver el problema, frente a un gobierno concentrador de poder, recursos, medios y armas, como si ellos, por cierto, fueran dioses en el Olimpo, libres de todo pecado y error.  Ok. Una vez dado el espacio para que liberen su frustración y hagan lo que sí saben hacer, que es atacar a quienes piensan distinto a ellos desde la misma acera, ante su propia incapacidad de hacer algo inteligente contra el verdadero adversario común, seguimos.

Esa salida electoral o negociada, pacífica y estable, depende de dos variables claves, que dan o no racionalidad a la posibilidad de ocurrencia de ese hecho. Por una parte, el costo de salida del gobierno y por la otra, el costo oficial de bloquear la elección y reprimir.

Comenzando por la primera, no hay forma de imaginar una elección decente y transparente, que puede tener como resultado la cabeza del gobierno y los funcionarios llamados a convocarla. Es irrelevante si la mayoría de la población lo desea y lo vota o si ellos se lo merecen. Un gobierno que tiene costo infinito de salida, amenazado personalmente, grupalmente y familiarmente, se convierte en un kamikaze que estará dispuesto a todo para defenderse, bajo la premisa, por demás racional, de que es mejor perder la cabeza en una batalla que entregarla de seguro en una elección que sabes que perderías.

La segunda variable no es menos importante. Para imaginar una elección, es indispensable que el costo oficial de evitarla sea lo suficientemente elevado como para dificultar el bloqueo y la represión. Este costo se eleva en efecto con la ayuda de la comunidad internacional, pero sólo es realmente importante si la sociedad internamente decide participar y defender sus derechos integralmente y en todos sus espacios.

Pero el secreto del éxito no proviene sólo de elevar el costo de la represión sin modificar el costo de salida. Esa es la base de la propuesta radical, que busca la calle para cortar la cabeza del gobierno. El mejor resultado de esa combinación es una guerra, que aún ganando, dejará al país en una situación completamente inestable. Se trata de elevar el costo del bloqueo electoral, para usar esa fuerza como poder de negociación frente al gobierno para re-institucionalizar el país, combinado con una reducción de costos de salida, que abra la compuerta para una elección justa y transparente y un cambio pacífico a futuro. Si ambas variables no están en la mesa y se mueven en la dirección correcta, la posibilidad de éxito es un límite que tiende a cero y la frustración será de nuevo el resultado más probable.

La inhabilitación de Capriles y la estrategia de la división; por Luis Vicente León

La inhabilitación de Capriles forma parte de una estrategia del gobierno que busca matar dos pájaros de un tiro. Por una parte, es la forma convencional de reducir la competitividad en las elecciones potenciales futuras. El gobierno termina apuntando con rifle a los candidatos y líderes que considera más peligrosos y deja en el juego

Por Luis Vicente León | 7 de abril, 2017

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La inhabilitación de Capriles forma parte de una estrategia del gobierno que busca matar dos pájaros de un tiro. Por una parte, es la forma convencional de reducir la competitividad en las elecciones potenciales futuras. El gobierno termina apuntando con rifle a los candidatos y líderes que considera más peligrosos y deja en el juego sólo a quienes sean menos potentes en términos electorales o más abiertos a una negociación futura.

La inhabilitación de candidatos y partidos es un clásico de las autocracias modernas, las cuales necesitan validarse electoralmente para evadir el calificativo de dictadura (aunque lo sean de facto) y ganar una especie de legitimidad de origen electoral, aunque la elección sea “mala”.

Pero esas elecciones que requiere el gobierno no las puede ganar debido a su baja popularidad y falta de conexión en un evento transparente y sin sesgo, por lo que requiere construir una elección a la medida, en términos de candidatos, partidos, electores potenciales, fechas y control operativo del sistema electoral.

El segundo objetivo busca provocar divisiones dentro de la oposición para reducir su capacidad de triunfo, incluso frente a elecciones no competitivas. La situación más probable, una vez que el gobierno inhabilita a los favoritos, es que estos no reconozcan la decisión y luchen por mantenerse como los líderes y candidatos de la fuerza opositora, o llamen a una lucha cuyo objetivo primario no sea una elección donde no se les permite participar.

Mientras tanto, los líderes opositores que sí están habilitados para participar, plantearán que es necesario asumir el sacrificio (de los inhabilitados, por supuesto) para no perder la oportunidad de concentrar el voto opositor en un candidato que tenga la opción legal de inscribirse, confiando que ganará y rescatará las instituciones y la democracia.

Esta es la primera fractura. Pero en adición, al obrar sobre los actores que pueden o no participar en una elección, el gobierno manipula la propia elección primaria o los acuerdos políticos posibles de su adversario, provocando tensiones internas para resolver el dilema de selección sobre líderes que no son necesariamente los preferidos de la población opositora.

Esta estrategia, en el caso venezolano, es menos poderosa que en Nicaragua, pues la realidad numérica del soporte del presidente Maduro lo ubica por debajo de 25% del soporte popular, con una concentración de rechazo enorme, que no tenía Ortega en el momento de sus acciones equivalentes.

Cualquier candidato que la oposición presente de manera unitaria, sería un favorito contundente para ganar. Algo que no ocurría en el caso nicaragüense. No obstante, si la oposición se fractura sobre el hecho de si debe o no asistir a una elección sesgada –el evento puede ocurrir con ella fracturada o sin ella por completo–, aun no siendo unos comicios competitivos o representativos, ayudarían al gobierno a tener una excusa de legitimidad electoral, pese a las acusaciones de fraude y manipulación que puedan presentarse. Los casos de Nicaragua y Rusia aquí si nos enseñan mucho al respecto.

Cierro con un mensaje de rechazo contundente a la inhabilitación, persecución y apresamiento de líderes opositores que entorpecen la búsqueda de soluciones democráticas en Venezuela, y envío a Henrique Capriles, como lo he hecho antes con todos los afectados, mi palabra de solidaridad, respeto y estima.

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Asamblea Nacional vs TSJ: A fuego lento o se arrebata; por Luis Vicente León

Es difícil hacer, por ahora, una interpretación sofisticada sobre la decisión del TSJ de “suplantar” explícitamente las funciones de la Asamblea Nacional bajo la tesis de que esta se encuentra en “desacato”. No podemos descartar la posibilidad de que estemos en presencia de un error de cálculo y que el gobierno no haya estimado los

Por Luis Vicente León | 2 de abril, 2017

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Es difícil hacer, por ahora, una interpretación sofisticada sobre la decisión del TSJ de “suplantar” explícitamente las funciones de la Asamblea Nacional bajo la tesis de que esta se encuentra en “desacato”.

No podemos descartar la posibilidad de que estemos en presencia de un error de cálculo y que el gobierno no haya estimado los costos reales de esta insólita medida y que ahora se le vienen encima. Los errores en política son comunes y este gobierno ha cometido muchos de ellos. Pero siendo sincero, dudo que este sea el caso, incluso considerando los últimos acontecimientos que podrían dar la apariencia de recule no planificado. Mi primera impresión es que el gobierno ha planteado una estrategia deliberada de tira y encoje, pero que está preparado y dispuesto a la radicalización total si no logra bajar la tensión política manipulando a la oposición.

Las dramáticas consecuencias de una medida de este tipo: estrambótica, ilegítima y  claramente antidemocrática, tenían que ser evidentes hasta para sus propulsores internos más irracionales. Y la única forma de que ellos se quisieran meter en esa sampablera, partiendo de una situación en la que no parecían estar en riesgo, frente a una oposición mayoritaria pero fracturada y débil, es que supieran algo que los llevara a necesitar radicalizarse y elevar la temperatura antes de tiempo, incluso considerando la posibilidad de cruzar una frontera prohibida momentáneamente, para dar luego unos pasos atrás, elevando el precio de aquello que podrían entregar a la oposición para calmarla, como por ejemplo el reconocimiento de la Asamblea y aparentar un juego institucional típico de un país con división, independencia y respeto de poderes, sin arriesgarse ellos mismos a lo que definitivamente es imposible que entreguen: la elección.

Una hipótesis que podría justificar este juego adelantado es que lo hiciera para salirle al paso a algunas fracturas internas en el chavismo. Las declaraciones de la fiscal son un ejemplo de este riesgo y no sabemos que más hay por detrás. En ese caso, es posible que el gobierno pensara que era vital abrir el juego y tener más claro el mapa de amigos y enemigos internos, para luego actuar, hacer limpieza y negociar. Si este es el caso, es normal que su juego sea de ensayo y error.

Los costos internacionales de esta acción son elevados y lo saben, pero la verdad es que ya eran altísimos y difíciles de parar. Es una situación muy incómoda y peligrosa, pero la pregunta es: ¿para evitar el riesgo de que le corten la cabeza, estará dispuesto el gobierno a entregar su cabeza en una elección?  La respuesta racional es NO. Siempre será menos malo que lo aíslen y no ir a una elección que los sacaría del poder como corcho de limonada, con costos de salida infinitos, que los pulverizaría política y personalmente.

La otra hipótesis es que esto tenga que ver con lo económico. Con la necesidad de validar los acuerdos de la faja y los nuevos endeudamiento externos, algo que se complica con la negativa de la Asamblea a hacerlo. Podría el gobierno, con esta decisión, intentar darle más institucionalidad a las aprobaciones del TSJ ante una AN inhabilitada,  pero la verdad sea dicha, difícilmente los inversionistas verán con menos riesgo una decisión como ésta, rechazada explícitamente por el mundo entero.  Esto no les traería beneficios y la protección futura de tercero de buena fe queda pulverizada. También está la posibilidad que detrás de todo esto haya una decisión de no pagar la deuda externa. A 10 días de un pago importante, el timing suena adecuado para usar la emergencia política como excusa para el default. Es una hipótesis que no puede descartarse, más si se escuchan rumores de que el gobierno podría estar ahora más proclive que antes a analizar una reestructuración de deuda como solución a su crisis de flujo de caja.  Sin embargo, parece descabellado pensar que el gobierno, con una crisis económica severa y una conflictividad política en ascenso, esté dispuesto a entrar a la caja negra de un default  y aceptar los potenciales costos de un bloqueo económico, seguro y demoledor, con el país desindustrializado y dependiente de divisas para importar, que en este caso es igual a comida y medicinas.  Si mi olfato no me falla (y claro que puede fallar) estamos más bien frente al juego de las autocracias modernas: radicalización política y posible permeabilización económica para liberar tensión.

La primera parte de esa ecuación parece estar ejecutándose y aunque tendrá costos elevados, debemos volver a recordar que la otra opción para ellos es una elección que perderían sin duda, con costos descomunales.

La crisis económicas no sacan gobiernos fácilmente, como algunos suelen plantear como sí un cambio de gobierno es la consecuencia directa de un descalabro económico. Lo vimos en China, en Cuba, en Zimbabwe y en muchos otros países africanos donde hoy mismo sale la gente despavorida por la crisis, pero no los gobiernos.

Pero lo que si traen la crisis económicas es presión para flexibilizar y comprar oxígeno. Todavía esta segunda parte de la ecuación no se ve en Venezuela. Las decisiones cambiarias recientes son tan primitivas como siempre. Pero si bien muchos de mis colegas ven un desenlace político inmediato y un aumento insostenible de la presión de cambio de gobierno, yo veo más bien un tejemaneje complejo y largo que no sabemos donde va a terminar en lo político, mientras en lo económico, hay una mayor presión para la implementación de estrategias más abiertas para rescatar equilibrios. Esto me resulta contradictorio con hacer default. Y sé que esta opinión va a contrapelo al comportamiento del mercado de deuda venezolana en Wall Street esta semana. El riesgo siempre existe, pero sigo pensando que el gobierno hará lo indecible para evitarlo. La imagen de un país embargado y sin nada que comer no me resulta potable para el gobierno. (Si les parece que esto es lo que está pasando ahora mismo y que no puede ser peor, créanme que no están entendiendo nada de las consecuencias de un default).

En lo político, queda claro que las tensiones aumentarán. Que el gobierno querrá dar dos pasos adelante y uno hacia atrás. Y si no tiene más remedio, tenderá a radicalizarse y aislarse, lo cual lo hace más peligroso a él que a sus adversarios.

Pero el riesgo para el chavismo también esta ahí y no es despreciable. Ahora no sólo debe temer a la oposición y a la comunidad internacional sino a sus propias fracturas internas, que están vivitas y coleando. Esto me recuerda un axioma clásico del análisis de las revoluciones: estas son más proclives a colapsar por implosión que por acción deliberada del enemigo externo, pero esto, como los buenos platos, se cocina a fuego lento…o se arrebata.

Mugabe: A propósito de las panaderías; por Luis Vicente León

Este artículo lo referí hace tiempo, pero su vigencia es perfecta. Lo recordamos a propósito de la intervención de panaderías. Algunos piensan que la embarazosa historia de los controles de precios de los griegos, analizada impecablemente por Ángel Alayón en Prodavinci hace varios años, debía haber sido suficiente como para que el mundo entendiera lo

Por Luis Vicente León | 26 de marzo, 2017
Fotografía de Juan Barreto para AFP

Fotografía de Juan Barreto para AFP

Este artículo lo referí hace tiempo, pero su vigencia es perfecta. Lo recordamos a propósito de la intervención de panaderías.

Algunos piensan que la embarazosa historia de los controles de precios de los griegos, analizada impecablemente por Ángel Alayón en Prodavinci hace varios años, debía haber sido suficiente como para que el mundo entendiera lo inadecuado e inútil de esa medida. Pero la historia nos ha mostrado que el error se ha repetido una y otra vez, pese a que el resultado siempre ha sido desastroso.

Volvamos a ver la historia que Ángel nos cuenta, ahora desplazados a Zimbabwe en el siglo 21.

“Imagine una economía en la que los precios se duplican diariamente. A ese endemoniado ritmo llegó a crecer la inflación en Zimbabwe. La cifra oficial durante el 2008 alcanzó la ilegible cifra de doscientos treinta y un millón por ciento anual (231.000.000.000%). El dinero no valía nada y los ciudadanos sobrevivían en medio de uno de los fenómenos económico más temidos: la hiperinflación. Pero regresemos la película de Zimbabwe ocho años y vayamos hasta el 2000”.

Desde principios del 2000, Zimbabwe sufría las consecuencias de la desinversión que implicó la confiscación de las tierras de los hacendados blancos y de una política monetaria expansiva. Los precios comenzaron a subir, al principio con cierta timidez, alcanzando para el año 2000 un 54%. Cinco años después, los precios crecían a un 585,4% anual y ya para el 2006 los precios rompieron la barrera de los mil.

Robert Mugabe se enfrentó a un dilema y decidió perseguir a los comerciantes culpándolos del proceso inflacionario. En diciembre de 2006, Burombo Mudumo y Lemmy Chikomo, de Lobels Bakery, fueron sentenciados a cuatro meses de prisión por vender el pan por encima de los precios regulados. El magistrado que dictó sentencia dijo que “el encarcelamiento debería servir de advertencia a otros potenciales violadores de la Ley”. Los panaderos, ahora presos, argumentaron en su defensa que habían enviado cartas a los ministerios encargados de la regulación de precios advirtiéndoles que si vendían a los precios establecidos se verían obligados a parar la producción. Nunca recibieron respuesta y, ante el dilema, decidieron producir y vender. No creían que serían castigados con la pérdida de su libertad, pero entre rejas se vieron.

Los precios aceleraron su ascenso, así que Mugabe decidió tomar cartas en el asunto y decidió prohibir la inflación. Sí, leyó bien: prohibir la inflación. Emitió un decreto que obligaba a disminuir de forma inmediata en un cincuenta por ciento (50%) todos los precios de la economía y, luego de esa extraordinaria reducción de precios, nadie podría subirlos nuevamente.

La política de Mugabe tuvo consecuencias inmediatas: en solo un fin de semana los consumidores agotaron todas las existencias de alimentos y electrodomésticos. En la mañana del lunes los comercios amanecieron vacíos y unos cuantos comerciantes despertaron tras las rejas por presunta especulación y acaparamiento. A partir de ese momento era prácticamente imposible conseguir carne, sal, azúcar, pan, leche o aceite. Zimbabwe. Los economistas desistieron de la idea de medir la inflación por una razón: los precios eran irrelevantes pues no había productos.

La situación en Zimbabwe ha mejorado desde el 2009. Mugabe aceptó el uso de moneda extranjera como medio de pago y comenzó un proceso de liberación de los precios. Incluso ha dado señales de permitir el retorno de los antiguos hacendados a sus tierras. “Zimbabwe es un país que continúa errando en un complicado laberinto político y económico, pero, paradójicamente, ahora lo transita tomado de la mano del Fondo Monetario Internacional, su antiguo enemigo”.

Sin comentarios.

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Vuelta a Caracas; por Luis Vicente León

Después de un viaje espectacular a San Cristóbal llegamos al aeropuerto de Santo Domingo para regresar a Caracas. Ya con el boarding en mano, sólo quedaba desayunar pastelitos y comprar pan andino (bueno, no había pan, pero es igual). A la hora indicada avisaron que el vuelo estaba retrasado y seis horas después lo cancelaron.

Por Luis Vicente León | 19 de marzo, 2017
Fotografía de Diego Vallenilla / Haga click en la imagen para ver la galería completa

Fotografía de Diego Vallenilla / Haga click en la imagen para ver la galería completa

Después de un viaje espectacular a San Cristóbal llegamos al aeropuerto de Santo Domingo para regresar a Caracas. Ya con el boarding en mano, sólo quedaba desayunar pastelitos y comprar pan andino (bueno, no había pan, pero es igual). A la hora indicada avisaron que el vuelo estaba retrasado y seis horas después lo cancelaron. Es una escena natural hoy en Venezuela, con un sistema aéreo deteriorado, sin divisas y con precios regulados.

Ya no había vuelos en El Vigía, La Fría o Barinas, reducidos a su mínima expresión. Todo indicaba que había que quedarse, pero para mí esa no era una opción. Tenía la presentación de Escenarios Datanálisis la mañana siguiente y una conferencia sobre mi visita a Japón organizado por la embajada.

Sin tiempo que perder conseguí un taxi y salí sin pestañar con un estimado de 12 horas de odisea. Tan pronto entramos en la carretera el taxista mencionó que debía cargar gasolina. En Táchira los obligan a tener un chip para poner máximo 30 litros por día. Las primeras bombas estaban cerradas y cuando finalmente llegamos a una con gasolina, la cola suponía al menos dos horas de espera. Decidimos seguir, pero la situación se tornó crítica. En el próximo pueblo nos paramos a preguntar a un viejito dónde se conseguía gasolina. Él mismo ofreció diez litros a 400 bolos cada uno. Hecho el “deal” necesitaba ir al baño pero todo estaba cerrado. Regresé sin cumplir mi cometido y le pregunté dónde podía conseguir uno. Me miró como quien mira a un bobo y preguntó por qué no me iba a la matica. Seguimos sin resolver el problema. En el camino, el taxista me preguntó qué hacia yo en San Cristóbal. “Tuve varias presentaciones”, respondí. “Ah, ¿usted es cantante?”. Me reí y sólo dije: “¿con esta voz?”.  Muchos pueblos y muchas bombas después: gasolina. La cola era feroz pero no había opción. Dejé al taxista en su puesto y me fui a buscar el baño y al verlo entendí la sabiduría del viejito anterior. Al regresar, el taxi estaba a dos puestos de echar gasolina delante de un camión. ¿Cómo llegó ahí? Supuse que le había pagado al camionero para colarse. Cuando le fui a reclamar, el camionero me reconoció: “el señor de Globovisión”. “No, vale, de Datanálisis”, respondí para no usurpar funciones. Pidió una foto y me manifestó su preocupación por los grados de corrupción a los que hemos llegado en el país. Tenía un ataque de moralidad bachaquera.

Regresado el taxista a regañadientes al puesto de atrás, el resto del viaje fue un poema. Había 12 alcabalas en la autopista José Félix Ribas. Nos pararon en 8, y de esas 5 fueron consecutivas, con diferencia de menos de 3 kilómetros entre cada una. En la cuarta se me ocurrió hacer un chiste: “Esta debe ser la autopista más segura del mundo”. No se los recomiendo. El policía me ordenó llevar mi maleta al otro lado de la autopista y en una mesita de plástico inmunda chequeó artículo por artículo, con saña y placer.

Llegando a Valencia: Gasolina otra vez. No hubo bomba abierta en la vía y cuando el carro ya estaba echándose explosiones, apareció una bomba del otro lado de la autopista a la que recurrimos tirándonos prácticamente por un barranco para girar.

Ahora sí, rumbo a Caracas. Ya no puede pasar nada más. Bueno, sólo que estaban haciendo mantenimiento al túnel de Los Ocumitos y la cola parecía una panadería antes de la militarización. Ahora ya no hay colas… porque tampoco hay pan.

Fue una odisea. Pero llegué, cumplí mi responsabilidad con éxito y ratifiqué lo que he pensado siempre respecto a nuestro país. El camino puede ser largo, difícil y peligroso, pero hay momentos en la vida cuando hay hacer lo que se deba hacer pese a las trabas, la adversidad y el miedo.

¿Qué va a hacer el gobierno?; por Luis Vicente León

No tengo información privilegiada sobre este tema por lo que cualquier cosa que diga aquí forma parte de mis hipótesis personales y, como tales, pueden cumplirse o no. Sólo el futuro lo dirá. Lo primero es entender que el gobierno sabe que con su respaldo actual no podría ganar una elección. También sabe que controla

Por Luis Vicente León | 12 de marzo, 2017
Fotografía de Will Riera / Para ver la fotogalería completa haga click en la imagen

Fotografía de Will Riera / Para ver la fotogalería completa haga click en la imagen

No tengo información privilegiada sobre este tema por lo que cualquier cosa que diga aquí forma parte de mis hipótesis personales y, como tales, pueden cumplirse o no. Sólo el futuro lo dirá.

Lo primero es entender que el gobierno sabe que con su respaldo actual no podría ganar una elección. También sabe que controla las instituciones de poder, con excepción de la Asamblea Nacional, y que las decisiones de esas instituciones no van a retar, por ahora, los deseos y necesidades de la revolución.  El gobierno entiende que la oposición tiene problemas de articulación y que eso la debilita para defender sus intereses y derechos. Finalmente, esta claro para ellos que su estrategia ha sido la colonización de la democracia con la base de la democracia que es la elección. Saben como moverse en esa realidad, pero cambiar de ahí a una dictadura clásica, que preserve el poder por la fuerza y sin elecciones, los colocaría frente a una caja negra que no saben como funciona.

Con esto en mente, me atrevería a decir que el gobierno tiene un dilema. Necesita y prefiere validarse en un proceso electoral (algo confortable para ellos), pero no puede correr el riesgo de perderlo (porque sería demoledor). Eso nos deja dos escenarios en escalera: 1) una elección controlada (su opción preferida y conocida) o 2) una radicalización política total (si no les queda más remedio).

¿Cómo es eso de la elección controlada?  Si el gobierno no ganaría las elecciones, parece que su juego ganador es retrasarlas y ubicarlas en una macro elección a finales del 2018. En ese tiempo, el gobierno podría tratar tres acciones concretas. La primera es prepararse para una reducción severa de la competitividad electoral. En dos platos, lograr que la elección no sea justa, equilibrada ni transparente. Pero no me refiero a las condiciones de ventajismo que ya han caracterizado obviamente las elecciones pasadas. Me refiero a que el gobierno decida y logre hacer algo más estrambótico. Eso de lo que tantas veces la ha acusado la oposición de haber hecho, pero que ahora podría decidir hacer de verdad en todo su esplendor. Por cierto, que después de haber sido acusado de tantas cosas tiene una ventaja a su favor: no van a acusarlo de nada que no lo hayan acusado antes, sin costos para él. Pero con la brecha actual entre oposición y gobierno, esto no sería suficiente. La segunda estrategia sería llegar a esa elección con una oposición fracturada. Pero no me refiero a las fracturas naturales actuales, que luego la oposición suele resolver en primarias para la elección de sus candidatos, sino a la posibilidad de que la oposición tenga un candidato único, pero que se enfrente, no sólo a un chavista, sino a una candidato independiente, también contrario a Maduro, pero que no se someta a una primaria opositora (donde no podría ganar) y logra, sin embargo, aglutinar una masa relevante (mayoritaria o no) a su alrededor, disminuyendo la potencia opositora. En tercer nivel, queda la posibilidad de que el chavismo, entendiendo que el presidente tiene un grave peso en el ala, decida cambiar el caballo y apelar por una oferta alternativa y fresca, que tenga la capacidad de elevar, aunque sea de manera restringida, la conexión de la gente con el legado de Chávez, mucho más fuerte y popular que el presidente Maduro.

¿Ganaría el gobierno con esta estrategia?  Ni idea. Sigue siendo peliagudo, pero no tiene muchas opciones. Lo que si queda claro es que si llegando a esa elección descubre que ni con magia gana, entonces les queda el segundo escenario. El riesgo es alto, pero será siempre menor que perder seguro en el primero. De todo esto hablaremos el miércoles en nuestros “Escenarios Datanálisis”.

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