Blog de Luis Vicente León

¿Qué va a pasar ahora?; por Luis Vicente León

Si vamos a ser sinceros, la única respuesta certera a esa pregunta es que puede pasar cualquier cosa, desde lo que más deseas hasta lo que más temes. Pero, aunque esa sentencia es cierta, nos sirve poco para la toma de decisiones. Entonces voy a hacer algo riesgoso: describir lo que creo mas probable, aunque

Por Luis Vicente León | 17 de septiembre, 2017
Fotografía de Mariana Bezo para Reuters

Fotografía de Mariana Bezo para Reuters

Si vamos a ser sinceros, la única respuesta certera a esa pregunta es que puede pasar cualquier cosa, desde lo que más deseas hasta lo que más temes.

Pero, aunque esa sentencia es cierta, nos sirve poco para la toma de decisiones. Entonces voy a hacer algo riesgoso: describir lo que creo mas probable, aunque sea sólo uno de los muchos escenarios posibles.

A diferencia de la visión de mis amigos, que piensan que la agudización de la crisis, condimentada por sanciones y aislamiento internacional, generará las condiciones de salida del gobierno, mi opinión es que mientras más fuerte sea ese deterioro, más primitiva sea la economía y más autocrático se vuelva el gobierno, la probabilidad de su permanencia en el poder se amplifica.

Pero, ¿cómo es posible que debilitando económicamente al gobierno, pueda más bien afianzarse? Veamos.

La primitivización del país, producida por un modelo intervencionista y controlador, se ve amplificada por la aplicación de sanciones. No me refiero a las sanciones personales, que afectan sólo a sus destinatarios. Se trata de las sanciones financieras y económicas al país, que si bien no son la razón de la crisis, sin duda la amplifica. Es un absurdo decir que restringir las operaciones financieras de PDVSA y el financiamiento del país no tiene impacto en la gente. No me tienen que explicar qué buscan esas medidas. Obviamente lo se. Lo que si me deben explicar es por qué esas mismas acciones no funcionaron para sacar a los gobiernos sujetos a sanción en prácticamente ningún país donde han sido utilizadas. ¿Te suena Cuba, Rusia, Corea, Zimbabue, Siria, incluso Irán?

Ahora, si reconocemos que el objetivo de esas medidas es aislar a esos gobiernos (que permanecerán en poder) y debilitarlos económicamente para que no se conviertan en un riesgo a la región y de carambola le den una ayudadita de popularidad a algunos líderes de los países donde se originan las sanciones, entonces estamos siendo más sinceros y podría acordar que las mismas les funcionan perfectamente. El tema es que para quienes vivimos en Venezuela sólo sirven para complicarnos la vida y empobrecernos más, como si el gobierno venezolano ya no fuera suficiente karma para nosotros.

La tesis de que retar mas al pueblo tiene el efecto equivalente a las banderillas en un toro y finalmente la gente se rebelará para sacar por las mechas al gobierno, además de chocar contra la evidencia empírica de los países sujetos a sanciones, donde nada de eso ha pasado, parece olvidar un tema central del comportamiento humano. Bloquear al gobierno por supuesto lo empobrece a él y a los suyos. El problema es que también empobrece aún más al resto de la gente y ahora con un nuevo culpable para explicar porque estamos tan mal (probablemente olvidando que ya lo estábamos).

Resulta que en esa primitivización, el gobierno afectado es, de todas maneras, el único capaz de conseguir algo de oxígeno, por ejemplo en Rusia o en China. Y es además el único que tendrá algo que vender, aunque sean migajas. Es decir, seguirá siendo el único repartidor de algo y puede convertirse en el Big Brother del charquero en el que ya estamos.

¿Puede ser distinta esta historia? Claro. Si la acción internacional se convierte más bien en una fuerza que eleva el poder de negociación de la oposición y obliga al gobierno a buscar mecanismos de negociación política, que no comprometen su cabeza, pero si le presionan a abrir espacios para el rescate de la democracia a futuro y se plantean claramente  los mecanismos de reducción del costo de salida de ese gobierno, cuando corresponda, entonces, y sólo entonces, podríamos ver una luz al final del túnel.

¿Confundidos?; por Luis Vicente León

No está nada fácil proyectar lo que viene en Venezuela, luego de un proceso electoral que en vez de representar una validación y legitimación del ganador, logró exactamente lo contrario. Las variables principales que debemos revisar para construir escenarios futuros son: 1) la capacidad del Gobierno de consolidar su Asamblea Constituyente y 2) el riesgo

Por Luis Vicente León | 6 de agosto, 2017
Fotografía de AFP

Fotografía de Juan Barreto para AFP

No está nada fácil proyectar lo que viene en Venezuela, luego de un proceso electoral que en vez de representar una validación y legitimación del ganador, logró exactamente lo contrario.

Las variables principales que debemos revisar para construir escenarios futuros son: 1) la capacidad del Gobierno de consolidar su Asamblea Constituyente y 2) el riesgo real de aplicación de sanciones unilaterales generales y el impacto que esas sanciones pueden tener sobre los diferentes actores políticos y económicos del país.

Uno podría estar tentado a pensar que la probabilidad de aplicación de sanciones sectoriales, al menos las de corte financiero, es alta y que el impacto económico y operativo de esas sanciones será muy costoso, no sólo para el Gobierno sino para todo el país, lo que sumado a la agudización de la conflictividad social, que seguirá creciendo ante la incapacidad cantada del Gobierno para atender la demoledora crisis económica que vive el país y la radicalización de sus acciones sociopolíticas para tratar de controlar a la población por miedo, harán finalmente imposible consolidar su ANC ante el desconocimiento de su legitimidad por parte de la  mayoría del país y de la comunidad internacional. Las fracturas o implosiones dentro del chavismo debilitarán a la revolución irremediablemente y la hará cada vez más inestable. Bajo este esquema, sería previsible el cambio de gobierno o del gobierno, aunque no esté del todo claro si ese cambio será hacia una transición democrática o a una forma distinta de concentración de poder.

Este es, sin duda, un escenario posible y el que seguramente intentará presionar la oposición y la comunidad internacional. Pero no es el único escenario.

Comparto con ustedes mi peor pesadilla pesimista, pero considerando que algunos piensan que los pesimistas son optimistas bien informados, les juro que aquí sólo se trata de mi temor personal, más educado que informado.

El gobierno, sabiéndose aislado y amenazado de sanciones que podrían afectar dramáticamente su desenvolvimiento económico y político, patea definitivamente cualquier intento de aparentar lo que no es. Ya no tiene que mostrarse ni ficticiamente democrático, ni respetuoso de los derechos humanos. Llega el momento de la radicalización total para unificarse.

Algunos pueden pensar que esa estrategia es insostenible, pero cuando te lo digan, pregúntales como es que lo han logrado tantos otros países aislados y sancionados en el mundo, sin que se hayan producido cambios de gobierno. Recuérdales a quienes te indican que está clara la salida, luego de la emoción que les produjo que Estados Unidos incorporara al presidente Maduro en la lista de presidentes indeseables del mundo, que los otros tres de esa lista, presidentes o dictadores de Zimbabue, Siria y Corea, permanecen actualmente en sus cargos, algunos después de varios años de sanción, y lo único que ha ocurrido es que sus pueblos se han primitivizado políticamente y los gobiernos son más autocráticos, represivos y feroces (aunque con bemoles en materia económica). Diles que te expliquen cómo es que los embargos comerciales han deteriorado más la vida de los pueblos que a los gobiernos castigados, sin que los culpables del problema hayan salido del poder en la mayoría de los casos.

¡Hey! Mira que yo también creo que el primer escenario es posible, por lo que me meto en el grupo de quienes hay que retar, sólo que mi subgrupo es el de quienes lo creen posible, pero no están seguros de qué vaya a pasar.

¿Están ahora más confundidos? Bueno, a eso se refería Sócrates cuando dijo:

“Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras no sabe nada. Por otra parte, yo, que igualmente no sé nada, tampoco creo saber algo”.

Smartmatic, CNE y manipulación de resultados; por Luis Vicente León

Siempre he respetado profesionalmente a Smartmatic. Cuando la empresa fue atacada la defendí públicamente y expliqué hasta el cansancio que el problema con la manipulación de resultados electorales no estaba en el sistema automatizado. Y que las sombras de los procesos electorales no se encontraban en la posibilidad de fraude en el procesamiento de data

Por Luis Vicente León | 2 de agosto, 2017
Tibisay Lucena informa a la prensa el primer informe de las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente. Domingo 30 de julio de 2017. Fotografía de Cristian Hernández para EFE

Tibisay Lucena informa a la prensa el primer informe de las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente. Domingo 30 de julio de 2017. Fotografía de Cristian Hernández para EFE

Siempre he respetado profesionalmente a Smartmatic. Cuando la empresa fue atacada la defendí públicamente y expliqué hasta el cansancio que el problema con la manipulación de resultados electorales no estaba en el sistema automatizado. Y que las sombras de los procesos electorales no se encontraban en la posibilidad de fraude en el procesamiento de data por parte de las máquinas. Las elecciones podían tener problemas de muchos tipos, empezando por los sesgos en las reglas y en el abuso de poder, o en la ausencias de testigos alrededor de las máquinas, pero no había posibilidad de que ocurriera un fraude electoral convencional.

Hoy ratifico la seriedad técnica de Smarmatic y celebro su valentía de no permitir que, en función de su análisis y auditoria, se altere su data por primera vez sin rechazarlo, y sin dimensionar el problema que encontraron al no encontrar respaldo en al menos un millón de votos. Sin duda este es el pronunciamiento más demoledor para la credibilidad del CNE que se ha hecho hasta ahora, pues ningún proveedor haría una denuncia de este tipo sin tener la absoluta seguridad de lo que dice. Y es una denuncia cónsona con los códigos de ética de una empresa de este tipo, quien no es dueño de la data pero si el responsable y garante de la transparencia antes de la totalización.

Hay que aclarar, sin embargo, que esta alteración de data que señala Smarmatic hubiera sido imposible si las elecciones hubieran contado con sus sistemas de seguridad convencionales de huella, tinta y centro específico y si estuviéramos frente a una elección universal, directa y secreta y si hubieran estado presentes los testigos opositores, que contarían con las actas originales del proceso. Regresar a las elecciones democráticas (sin sesgos corporativistas antidemocráticos), con todos los sistemas de garantía electoral que hacían del venezolano un proceso creíble y auditable (pese a los empeños del CNE de bloquear su revisión por parte de la oposición), implica permitir un proceso de auditoría independiente con técnicos creíbles nacionales e internacionales a la votación de la Constituyente que atienda las denuncias concretas y creíbles de fraude electoral para identificar a los responsables y a los problemas que hubiere en el sistema.

Es urgente nombrar un nuevo CNE como producto de una negociación política entre todas las partes. Esto es ya un paso indispensable para rescatar la confianza en los procesos electorales venezolanos. Sin eso muere la vía electoral como solución pacífica a la crisis actual.

***

LEA TAMBIÉN:

mapa-interactivo-portada

¿Constituyente?; por Luis Vicente León

El país va hoy a las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente. Presenciamos una votación inédita en Venezuela. La mayoría de la población indica que no está de acuerdo con ella. Pero la población no fue consultada ni lo está siendo hoy. Los mecanismos de elección de los constituyentistas son “distintos” a la tradición electoral

Por Luis Vicente León | 30 de julio, 2017
maduro-y-tiby-640

Fotografía de Prensa Presidencial

El país va hoy a las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente. Presenciamos una votación inédita en Venezuela. La mayoría de la población indica que no está de acuerdo con ella. Pero la población no fue consultada ni lo está siendo hoy. Los mecanismos de elección de los constituyentistas son “distintos” a la tradición electoral democrática venezolana y mundial, y la fuerza opositora se abstuvo y rechazó el evento, denunciándolo de inconstitucional.

Queda entonces una elección sin participación opositora. Esto deja a la Asamblea Nacional Constituyente, independientemente de la votación que haya, en manos de una sola fuerza política: el chavismo, encargada nada más y nada menos que de reestructurar el Estado y redactar el nuevo Pacto Social de la Nación, que es su Constitución. No hay que hacer una explicación sofisticada para entender que es imposible darle legitimidad a un Pacto Social, en el que no participa la otra parte, fundamental, del país. Y es que si fuera al revés, y se tratara de la ausencia de una minoría, tampoco funcionaría, pues se trata precisamente de un pacto que intenta garantizar la convivencia, la integración, el respeto a la disidencia y organizar la vida en sociedad de personas que no tiene por qué pensar igual.

Convocar una constituyente y anunciar que será usada como arma contra el adversario, para defenestrar instituciones que difieren de los planes y estrategias de la revolución, apresar adversarios políticos, incluyendo líderes, gobernadores, alcaldes, diputados elegidos por el pueblo (acusados de traidores a la patria) no es lo que uno podría llamar precisamente el camino a un nuevo Pacto Social.

Sin acuerdos previos para resolver este problema, y con una elección nariceada, vamos directo a un drama, que tendrá que ser atendido por acuerdos y negociaciones posteriores, que siempre son más difíciles e impredecibles. El problema no es sólo para una de las partes, sino para todo el país. Está cantada la radicalización política y económica posconstituyente.

Para el Gobierno, obligarla en contra de la oposición y la mayoría de la comunidad internacional moderna es ir a la batalla final del kamikaze. Puede que tenga SU constituyente y SU Constitución pero el resto del país y el mundo va a hacer todo lo que esté a su alcance por desconocerla y elevar at infinitum su costo, con la garantía de conflicto a futuro.

Para la oposición, arranca el momento de probar si es verdad que ser mayoría, pero sin armas, ni organización, ni recursos y sin un liderazgo unificado, es suficiente para enfrentar la batida radical de un gobierno dispuesto a todo para preservarse.

Y, finalmente, para el pueblo en general y los empresarios e inversionistas, representa la incertidumbre de vivir en un país bloqueado, radicalizado, destruido, empobrecido y sin horizonte claro para la crisis.

El tiempo posconstituyente está amenazado por una crisis política signada por la radicalización de ambas partes. En lo social, por la conflictividad, el empobrecimiento y la emigración; y en lo económico, por el destape del iceberg de la crisis, del cual hoy sólo estamos viendo la puntica.

Aquí estamos pues. En el escenario “perfecto” de quienes creen que no es necesario negociar. Que su fuerza es suficiente para destruir a su adversario. Veremos ahora si los radicales de ambos lados son tan fuertes como dicen.

Mi opinión es que después de todos los errores previos, veremos un país mucho más débil, primitivo y peligroso, que terminará haciendo después lo que antes hubiera evitado mucho dolor: negociar, pero en peores condiciones.

¿Constituyente? No, Desconstituyente.

¿La hora cero?; por Luis Vicente León

La oposición intenta usar la fuerza de su clara mayoría para ponerse frente a un gobierno que parece venir sin freno a la consecución de su Constituyente. Así, el país se queda preso de dos fuerzas que sienten que ese evento es vital o mortal. El gobierno cree que sin Constituyente está acabado, pues su posición

Por Luis Vicente León | 23 de julio, 2017
Autopista de Prados del Este, Caracas. 20 de julio de 2017. Fotografía de Andrés Kerese

Autopista de Prados del Este, Caracas, el 20 de julio de 2017, día en el que la oposición llamó a un paro cívico de 24 horas. Fotografía de Andrés Kerese

La oposición intenta usar la fuerza de su clara mayoría para ponerse frente a un gobierno que parece venir sin freno a la consecución de su Constituyente.

Así, el país se queda preso de dos fuerzas que sienten que ese evento es vital o mortal. El gobierno cree que sin Constituyente está acabado, pues su posición de respaldo popular es minoritaria y le sería imposible ganar una elección democrática convencional. También sabe que perder y salir del poder tiene un costo adicional infinito. Actúa en consecuencia y está dispuesto a todo por obtener una especie de Sóviet Supremo, sin límites, ni reglas, ni tiempos, que le permitirá destruir a sus adversarios y gobernar con poder total.

Usando esa Asamblea Nacional Constituyente, amenaza a la oposición con destruirla al obtener ese poder, que en realidad ya ejerce a través de su control institucional, pero que necesita limpiar, quitando de él las sombras que genera la Constitución de 1999 y que indica a todas luces que lo que está haciendo es inconstitucional e ilegítimo.

Para preservar ese Sóviet por el tiempo que quiera y para cambiar la forma de elección a futuro y permitir que la minoría pueda mantenerse en poder, necesita su Constituyente, sin aprobación previa del pueblo y con un sistema electoral corporativista.

Pero sabiendo que ese evento es vital para la revolución, la oposición también se convierte en un kamikaze dispuesto a lo que sea para pararlo. La cosa se complica cuando debe responder ¿cómo?, frente a un poder desatado, concentrado y sin barreras de contención. La oposición también tiene múltiples divisiones internas y se muestra sin lineamientos claros, ni liderazgo unificado y convive con presiones anárquicas ante la llegada inminente del “día final”.

Ha convocado una hora cero. ¿Pero qué es eso? Ella tampoco lo sabe a ciencia cierta. Intenta estructurarlo bajo los instrumentos de la protesta pacífica. Consultas, un paro, que luego escalará, trancones más largos, más calle y presión internacional. Esos son los instrumentos naturales de su lucha y ha avanzado en ese camino. El problema es que se mezcla, sin quererlo, con acciones violentas y de dibujo libre de actores que creen que no se debe seguir al liderazgo formal y que se hacen incontrolables. Así, las acciones pacíficas se descontrolan y radicalizan y se presentan las dudas naturales. Una cosa es la participación voluntaria y otra la obligada. ¿Qué hay de diferente entre un gobierno que obliga a un empleado público a votar (aunque no quiera) y una oposición que obliga a una panadería a cerrar (aunque tampoco quiera)?

Mientras tanto, algunos barrios se introducen a la protesta, pero poco a poco, porque tienen miedo de perder subsidios o de ser atacados por un “colectivo”. El paro de esta semana fue muy exitoso porque era de un día, pero podría animar a un paro permanente en un país petrolero donde el gobierno controla la producción y plantea un pulso de fuerza entre un empresariado y una población pauperizada y un gobierno, también quebrado, pero que controla los pocos recursos del país. Y se suma la amenaza de sanciones unilaterales, que si son generales, añadirán picante malo a la sopa.

En mi opinión esto nos está llevando a más pobreza, primitivismo y fractura. Y hasta que las partes no entiendan que hay que negociar para convivir y rescatar equilibrios, el futuro es oscuro.

Es verdad que en casos extremos hay salidas no negociadas. Son guerras, conflictos armados, invasiones. Pero eso requiere varias condiciones. Armas, líderes, plata, organización y militares. Pero sobre todo disposición a que te maten a ti y a tus hijos en esa guerra y la claridad de que aun ganándola, el desequilibrio, la inestabilidad, la violencia y el empobrecimiento durarán por años.

¿Plebiscito y Constituyente?; por Luis Vicente León

Pongámoslo de esta manera. El gobierno cree que está muerto políticamente si no logra pasar su constituyente. Y digo su constituyente porque numéricamente es exactamente así, sólo él la quiere, la promueve y la motoriza contra viento y marea. Pero a la misma vez, la oposición siente que esa constituyente representa su muerte y también

Por Luis Vicente León | 16 de julio, 2017

borges-maduro-plebiscito-constituyente

Pongámoslo de esta manera. El gobierno cree que está muerto políticamente si no logra pasar su constituyente. Y digo su constituyente porque numéricamente es exactamente así, sólo él la quiere, la promueve y la motoriza contra viento y marea. Pero a la misma vez, la oposición siente que esa constituyente representa su muerte y también la de la democracia, la República, los derechos humanos y económicos y las posibilidades de rescatar la paz. Por cierto, es normal esta apreciación, pues toda la venta hecha por el gobierno está orientada a contar cómo es que el chavismo va a destruir a todos sus adversarios, basado en esa especie de Soviet Supremo, conformado por puros revolucionarios dispuestos a todo para arrasar a la oposición de la faz de la tierra.

El gobierno avanza entonces hacia su constituyente a trocha y mocha. Sus esfuerzos se focalizan en evitar los bloqueos por parte de la oposición (amenazando, apresando y reprimiendo) y preparándose para mover la mayor cantidad de empleados públicos y beneficiarios de subsidios para que voten a juro en un evento, ya que de otra manera estarían más sólos que la una. Es obvio que la movilización le será difícil. Ni siquiera la base del chavismo se entusiasma con esto, pero no les quepa la menor duda de que la presión y la amenaza será brutal y al gobierno le tiene sin cuidado por quién vote la gente o si le da la gana de marcar nulo. El triunfo de sus candidatos claves está garantizado y blindado con un solo voto, el objetivo es poner más masa a la mazamorra. Para eso lo que hay que hacer es llevar gente como sea. Y queda el tema de cómo se desplegará la información de participación. Después de todo, siempre habrá una excusa de “Interés Nacional” para preservar en secreto algunos datos que “no vale la pena compartir”, como por ejemplo cuánta gente votó o, más interesante aún, ¿cuánta no lo hizo?

Por su parte, la oposición está haciendo todo lo posible por parar esa constituyente. El problema es que esto parece atado a un evento mayor. A estas alturas, parar la constituyente es igual a parar al gobierno, que en estas condiciones sería igual a sacarlo del poder. Las marchas, los plantones, la lucha de calle y hoy el plebiscito en contra del presidente Maduro intentan ese objetivo.

Se ha discutido sobre este evento en particular y algunos de mis más respetados analistas, abogados y amigos le han dado un nivel de legalidad y vínculo al plebiscito, atada al derecho a la consulta y derivada de la ilegalidad en la que se encuentra el país. Creo entender que estos expertos indican que algunas cosas que usualmente no parecerían legales, ahora podrían serlo, porque nada es totalmente legal ni totalmente ilegal ya en Venezuela, o ¿debo decir mejor que algunos indican que todo es legal contra un gobierno que no lo es? Bueno, dejando de lado este trabalenguas que me estresa, en mi opinión (y no es una opinión legal), la legalidad o no del plebiscito no es lo importante ni lo que lo motiva, pues lo que realmente clave es si el plebiscito es capaz de movilizar a la gente de manera contundente y además dejarla ahí plantada, pacíficamente, en la defensa de sus derechos, en todo el país y en todas los espacios. Y así, convertir el plebiscito en el disparador de la masificación real de la protesta y lograr fracturar al adversario, lo que podría presionar una negociación política que lleve a una oportunidad pacífica de cambio. Ese creo que es el objetivo real del plebiscito. Lo de la legalidad, claro que es importante, pero ese debate me imagino que no fue lo que privó en la independencia. Después de todo, supongo que a Napoleón y a Fernando VII, aunque en diferentes momentos, les pareció ilegal, de toda ilegalidad.

A propósito de la casa por cárcel de Leopoldo López; por Luis Vicente León

Leopoldo López está en su casa y eso es algo que debe celebrarse, a pesar de que aún no tenga libertad plena. También es importante notar que fue enviado allí, a su casa, por el gobierno que lo había encarcelado en Ramo Verde, lo cual sin duda es una mejora notable con respecto a la

Por Luis Vicente León | 8 de julio, 2017
Fotografía de Helena Carpio

Fotografía de Helena Carpio

Leopoldo López está en su casa y eso es algo que debe celebrarse, a pesar de que aún no tenga libertad plena. También es importante notar que fue enviado allí, a su casa, por el gobierno que lo había encarcelado en Ramo Verde, lo cual sin duda es una mejora notable con respecto a la condición en la que ha estado durante su larga etapa de prisionero político.  

Ojalá esto represente una oportunidad para abrir las puertas a una negociación que permita mejorar las expectativas de solución pacífica a este conflicto que amenaza aún más la estabilidad del país y su deteriorada economía. Sin embargo, es muy temprano todavía para estar claros sobre las razones e impactos futuros de esta decisión, que es muy distinta a otorgar la libertad plena, como demuestran los casos de Iván Simonovis y Antonio Ledezma, recluidos en sus casas desde hace varios años.

Mi primera reacción es que resulta evidente que el gobierno quiere transmitir un mensaje y que está respondiendo a la presión de las protestas y de algunos negociadores internacionales, que tomaron como bandera la liberación de Leopoldo para facilitar acuerdos futuros. Pero esta semana no sólo hemos visto este mensaje de posible apertura no convencional. También vimos la actitud del TSJ de demorar su decisión sobre el antejuicio de mérito en contra de la Fiscal General y la declaración de Henrique Capriles, abriéndose a una potencial negociación política bajo condiciones favorables. Es obvio que algo distinto está pasando.

Si tuviera que apostar (sin tener información privilegiada) diría que hay un movimiento estratégico del gobierno para bajar la presión, quizás como consecuencia de los eventos absolutamente violentos y primitivos que sucedieron en el asalto a la Asamblea Nacional y que fueron demoledores en términos de imagen, para un gobierno ya bastante maltrecho en ese sentido. Puede que eso haya sido demasiado hasta para el chavismo, especialmente el racional, que se plantea un futuro político.

Nada de esto cambia mi opinión sobre los escenarios base que hemos discutido previamente. Puede que se alteren algunos porcentajes de probabilidad, pero no más. Las negociaciones a las que puede estar dispuesto el gobierno están muy lejos de lo que aspira la oposición (salida de Maduro) y especialmente la que espera como triunfo la base opositora, que actúa con sobreexpectativas, como si ya hubiera ganado, y siente que cualquier cosa que se le entregue a Maduro y el chavismo es una traición, pues “ya está contra las cuerdas y ahora hay que cobrar”. Esa es una interpretación basada en deseos, en mi opinión, errónea.

El gobierno puede estar interesado en bajar la tensión porque: la situación política actual representa riesgos para él, pero nadie ofrece su cabeza de forma voluntaria, y menos si no siente que está boqueando o que ya perdió. No existe ninguna posibilidad de que renuncie ni se vaya, ni ofrezca ahora mismo unas elecciones universales, directas y secretas anticipadas debido a los costos de salida infinitos. Tampoco la oposición tiene la capacidad fáctica para sacarlo por la fuerza, ni la unidad estructural para negociar, al menos por ahora, aunque todo pueda caminar después hacia ese escenario, principalmente si el sector militar juega en ese sentido.

La casa por cárcel de Leopoldo no parará la Constituyente, a menos que se abra una negociación nacional, lo que requiere unidad en el chavismo y en la oposición. Un bien extremadamente escaso. Por su lado, los líderes opositores temen la reacción negativa de sus bases si ellos van a una negociación pública, y es difícil que se abran en ese sentido. Pero además, enfrentarán a los líderes más radicales que los acusarán de traidores. Coincido con los moderados. Plantearse una batalla final, sin organización, ni armas, ni líder específico, es un suicidio más que una guerra.

Por otra parte, si el gobierno se ve obligado a detener a la oposición en batalla, la mortandad sería terrible y el impacto en el propio Maduro sería considerablemente negativo, aunque preserve momentáneamente el poder y evite ser destruido en el corto plazo por sus adversarios. Con su imagen en el piso, y grupos militares y paramilitares activados de manera anárquica, sus riesgos se potencian. Más aún cuando el país atraviesa una crisis económica y financiera que tiende a empeorar.

El gobierno no parece temer perder la batalla de calle, pero sí le teme a desestabilizarse y que se produzca una fractura en el sector militar. Tratará entonces de bajar la presión; ése es su objetivo. Parte de la oposición también prefiere bajarla porque sabe que va al suicidio en una situación de perder-perder, y el objetivo de la oposición no es morir en el intento, sino recuperar la institucionalidad democrática.

Hay, sin duda, una oportunidad para la negociación, pero una negociación que no es popular en ninguno de los extremos y que implica concesiones. Me refiero a una negociación donde se reconocen las partes y se abren espacios, sin plantear un conflicto existencial, pero que permita al país retomar a la constitución como brújula necesaria. Una negociación que camine hacia la coexistencia política en un país sin presos políticos y con plenas libertades y con un horizonte claro y aceptado por todas las partes de elecciones libres, transparentes y con voto universal, directo y secreto.

De eso se trata la posibilidad de la democracia.

¿Qué va a pasar?; por Luis Vicente León

Diría que hay tres escenarios. El primero es que el Gobierno logre preservar el poder, aunque el país siga por el barranco. En este escenario, la crisis y la convulsión social continúan, pero el Gobierno está dispuesto a hacer lo que sea por mantenerse en pie. La represión se acentúa e incluso puede incorporar otros

Por Luis Vicente León | 2 de julio, 2017
vero-aponte

Fotografía de Verónica Aponte

Diría que hay tres escenarios. El primero es que el Gobierno logre preservar el poder, aunque el país siga por el barranco. En este escenario, la crisis y la convulsión social continúan, pero el Gobierno está dispuesto a hacer lo que sea por mantenerse en pie. La represión se acentúa e incluso puede incorporar otros componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) con un llamado a luchar contra lo que calificarán como insurgencia armada. Este sector militar, pese al estrés de tener que actuar contra el pueblo, logra sostener una relativa unidad. El tiempo deteriora la economía pero también desgasta a la oposición, que se muestra confundida y agotada, encerrada en una batalla focalizada que pierde a diario y, sin embargo, repite una y otra vez en el mismo lugar y de la misma forma. Sin liderazgo concreto y visible, la protesta no termina de masificarse. El Gobierno atraviesa el vendaval y pasa la constituyente, usándola para defenestrar a las instituciones que se le enfrentan y modifican los métodos de elección de autoridades, para garantizar que la minoría revolucionaria se quede en poder per secula seculorum.

El segundo escenario es la implosión con negociación tutelada. Hay tres condiciones para elevar la probabilidad de cambio. La primera es que se destaque un liderazgo que supere a los demás. Toma decisiones, articula acciones, genera esperanzas y canaliza la energía hacia la masificación de la protesta. Esa masificación es la segunda condición. Que el país completo se muestre irreverente al poder y entonces no hay tanquetas, ni lacrimógenas ni colectivos, ni fusiles suficientes. Se genera la ingobernabilidad por protesta pacífica y eso conduce a la tercera condición: la fractura del chavismo. A diferencia de la propuesta ilusa de “sacar al pueblo a la calle, detrás de Juana de Arco desnuda por la calle, extasiada por un pueblo que la adora y la sigue a Miraflores aunque muera a su paso”, esta acción pacífica si entra en Miraflores y en la Defensoría y en el Tribunal Supremo de Justicia y en los cuarteles, pero no físicamente, sino a través de la división interna que aflora disidentes que luchan ahora desde adentro. Entonces se produce la dinámica de un cambio negociado. Los militares presionan el cambio para rescatar la estabilidad. Las negociaciones de salida se dan para preservar la integridad de los actores salientes. Se negocia la reestructuración de las instituciones, pero se preservan cuotas de poder chavista y militar para cohabitar de manera integrada. Y se decanta la negociación por un gobierno de transición en el que no veremos a los líderes convencionales de la oposición, aunque se les abra la oportunidad en el futuro.

Al primer escenario le otorgo un 45% de probabilidad de ocurrencia y al segundo un 40% más. Ninguno de estos números es bajo e indica el nivel de incertidumbre en el que estamos. Y usted dirá, pero ¿dónde está el otro 15%? Esa es la probabilidad de que en el medio de todo este desastre que está viviendo el país, con un gobierno que no responde a las necesidades del pueblo y una oposición formal que a veces se muestra perdida y sin claridad sobre su propio objetivo y forma de lucha, se concrete alguno de los movimientos conspiradores que suponemos (porque no sabemos) existen en el entorno militar venezolano. Y entonces, para poner la guinda a la torta del primitivismo en el que nos hemos sumido, se produce una ruptura y un cambio, pero por la vía de un golpe de Estado militar, sin negociación ni contemplación.

Algunos dicen que tal como está la cosa, cualquier cambio es positivo. Son por cierto los mismos que decían en el pasado que no había nada peor que los adecos, que los copeyanos y después, obviamente que Chávez.

¿Y qué haces tú para surfear la crisis?; por Luis Vicente León

El resto del año 2017 va a ser económicamente peor que la primera mitad. No se han aplicado estrategias económicas de cambio. La confianza está en el piso. La convulsión sociopolítica deteriora el ambiente económico. La capacidad de endeudamiento es nula, la producción petrolera se contrae, las inversiones se desploman y el precio del petróleo

Por Luis Vicente León | 25 de junio, 2017
mercado-afp-640

Fotografía de Federico Parra para AFP

El resto del año 2017 va a ser económicamente peor que la primera mitad. No se han aplicado estrategias económicas de cambio. La confianza está en el piso. La convulsión sociopolítica deteriora el ambiente económico. La capacidad de endeudamiento es nula, la producción petrolera se contrae, las inversiones se desploman y el precio del petróleo se porta peor de lo esperado.

¿Y qué haces tú para protegerte? Comencemos por decir que no hay forma de evitar el empobrecimiento de la población. La caída del ingreso real apunta a una cifra cercana a 20%. La inflación se acercará a 1.000%. La producción de bienes se desploma, caen las importaciones y se reduce el empleo. Somos y seremos mucho más pobres.

Esto quiere decir que un primer paso lógico para las familias es ordenar y planificar la reducción de su consumo. Debemos jerarquizar los gastos y escoger cuáles podemos reducir con el menor costo posible sobre la calidad de vida. En el caso de los estratos D y E, no hay forma de evitar una reestructuración del consumo alimentario, considerando que casi 65% del presupuesto familiar se dedica a esta partida, habrá que revisar cómo reducir el gasto. Manteniendo en la medida de lo posible la carga nutricional, la idea es combinar las proteínas, carbohidratos y vegetales más económicos. Reducir el consumo de productos fritos y empacados y aumentar el consumo de agua. Los gastos de transporte deben ser racionalizados, acortando en la medida de lo posible los desplazamientos. Y, finalmente, es importante intentar generar ingresos adicionales, que incluyen actividades complementarias en quienes ya trabajan e incorporar nuevos miembros de la familia a la generación de ingresos, incluso desde el hogar.

En el estrato medio, la estrategia de ahorro es conceptualmente igual. Las holguras de consumo en este estrato son evidentemente mayores y es ahí donde debe enfocarse el ahorro. Se tienen que reducir las “indulgencias”. El menú familiar debe estar planificado y deben evitarse los consumos fuera del plan. El hogar es el mejor lugar para consumir y la búsqueda de lugares más económicos para hacer el mercado debe ser permanente. Cada bolívar de ahorro cuenta y es clave meterle este concepto a toda la familia. Prefiera, en la medida de lo posible, productos nacionales, que tendrán un mejor precio y esté dispuesto a probar nuevas opciones y empaques.

Elimine los gastos superfluos, incluso aquellos que puede pagar. El ahorro de hoy será vital mañana para adquirir productos esenciales en una economía brutalmente inflacionaria. Adelante las compras que pueda financiar y preservar en el tiempo. Todo lo que compre hoy será mucho más barato que mañana y eso incluye alimentos no perecederos. Endéudese incluso por encima de su aparente capacidad de pago.

Deje que el límite lo pongan los bancos, no usted. Cada bolívar que le presten es un regalo que le cae del cielo. Con una tasa de interés inferior a 30% y una inflación estimada de 1.000%, en un abrir y cerrar de ojos su cuota a pagar será ridícula. Sólo garantice que ese dinero del préstamo se convierta en activos fijos, monedas de reserva de valor o inventario para consumo a futuro.

No mantenga activos improductivos que se conviertan en centros de costos. Salga de todo lo que esta vacío, varado o inútil.

Y finalmente, haga todo el esfuerzo posible por incrementar sus ingresos con actividades alternativas o nuevas y trate de generar moneda extranjera. Eso podría cambiar dramáticamente su posición actual. Y esto incluye trabajo e inversiones financieras.

A los ricos no puedo recomendarles nada. Seguramente están mucho más claros que todos nosotros.

¿Cómo las empresas pueden surfear la crisis?; por Luis Vicente León

La crisis económica de Venezuela parece haber sobrepasado todas nuestras expectativas negativas, por lo que muchos empresarios se han enfrentado al siguiente dilema: ¿termino de cerrar la “santamaría” e intento liquidar activos para recuperar una partecita de mi inversión? o ¿me preparo para seguir aguantando la pela por un tiempo, manteniendo mi presencia en un

Por Luis Vicente León | 18 de junio, 2017
miguel-gutierrez-efe

Fotografía de Miguel Gutiérrez para EFE

La crisis económica de Venezuela parece haber sobrepasado todas nuestras expectativas negativas, por lo que muchos empresarios se han enfrentado al siguiente dilema: ¿termino de cerrar la “santamaría” e intento liquidar activos para recuperar una partecita de mi inversión? o ¿me preparo para seguir aguantando la pela por un tiempo, manteniendo mi presencia en un mercado que en algún momento debería repuntar?

Se trata de una decisión fundamental, pues tendrá repercusiones no sólo sobre los accionistas, sino que afectará a trabajadores y clientes. Dado que me ubico en el grupo de quienes nos preocupamos por la salud de las empresas que hacen un esfuerzo gigante por mantenerse en el país contra todas las adversidades y sirven de soporte al empleo y abastecimiento de los venezolanos, quisiera compartir algunas recomendaciones que podrían ser de ayuda para “surfear” esta crisis no convencional.

Algo que deben tener claro es que esta crisis se combate desde dos frentes. El primero tiene que ver con la adaptación de la estructura y los procesos, y el segundo con la atención de los clientes.

En el primer campo tenemos que el mercado se ha reducido significativamente. Se debe extremar el ahorro, concentrando los gastos en las actividades medulares de la operación, entrando en una especie de “modo hibernación”. La estructura debe hacerse lo más ligera y flexible posible, pues los cambios en el entorno ocurren cada vez más rápido. Ya no se trata de quitar grasa y quedarse con el lomito, sino de reducir también el tamaño del lomito. Una vez se ajusten las dimensiones, se debe cuidar al máximo los recursos que quedaron (tanto el capital humano como la maquinaria e infraestructura). A los trabajadores se les debe motivar, haciéndoles entender lo importantes que son para la organización y demostrándoles estar comprometidos con ellos. De igual modo, también se deben preservar las máquinas y equipos. Es un error ahorrar en mantenimiento, porque podrían dañarse y conseguir repuestos o sustituir equipos es difícil e impagable. Por los momentos no deben contemplarse ampliaciones de plantas o instalaciones, a menos que estén atadas a un proyecto de venta garantizada. Se pueden comprar activos si se encuentra una oferta sensacional, pero no como parte de las operaciones de la compañía sino como una inversión de oportunidad, siempre en bolívares, mejor con crédito interno y si es en moneda extranjera, con aporte de capital de los accionistas.

El segundo frente se orienta a la búsqueda de ingresos, conociendo las realidades de los clientes. Así como la crisis te golpeó a ti y a tu negocio, también ha afectado a los consumidores y competidores. Por esa razón es clave entender cómo cambiaron las necesidades y hábitos de los clientes, para ofrecerles los atributos que buscan.

La estrategia de ventas debe orientarse a segmentar los clientes, dejando en el portafolio aquellos productos que tengan alta demanda en cada uno de los diferentes segmentos. Muy probablemente se deban realizar modificaciones que hagan más asequible el bien o servicio, dado que actualmente el precio es uno de los principales limitantes para la compra. Estas acciones deben llevarse a cabo junto a una comunicación efectiva con los consumidores, de manera que estos se sientan acompañados y tu marca pueda ubicase de primera en su mente.

Sólo aquellas empresas que sean flexibles y se adapten a los cambios tienen posibilidad de salir ilesas, encontrándose en una posición de ventaja cuando Venezuela vuelva a la senda del crecimiento y progreso económico, que si bien no podemos proyectar en tiempo ni sabemos cuánto costará, ya es inevitable que ocurra.

El niño muerto; por Luis Vicente León

Comenzaba a escribir mi artículo cuando, en uno de esos chats que me enloquecen a diario, recibí el video en el que al final se ve al niño muerto. Los gritos de quienes grababan el video eran desgarradores: “¿Qué hace ahí?”. Y a los segundos: “¡Lo mataron, lo mataron!”. Trato de ser objetivo en todos

Por Luis Vicente León | 11 de junio, 2017
leo-neomar-640

Fotografía tomada por Leo Álvarez durante la “Marcha por los caídos” del 8 de junio. Haga click acá para ver la fotogalería completa

Comenzaba a escribir mi artículo cuando, en uno de esos chats que me enloquecen a diario, recibí el video en el que al final se ve al niño muerto. Los gritos de quienes grababan el video eran desgarradores: “¿Qué hace ahí?”. Y a los segundos: “¡Lo mataron, lo mataron!”.

Trato de ser objetivo en todos los aspectos de mi vida. No es algo que siempre logro. Es quizás la parte más difícil de lo que hago. Pero esa noche se me encendió la rabia, la frustración y la ira, sin saber cuál más grande, más triste o más dolorosa.Y no eran los gritos, ni las acusaciones, ni el ping pong de responsabilidades, porque en ese mismo momento, todo era irrelevante para mí. Sólo una cosa llenaba mi mente: el niño muerto. No importa cuántos muertos haya y cómo algunos se desensibilicen sobre esas muertes. La muerte, y en especial la de un niño, de un sute de 17, es una desgracia, un desastre, una tragedia y no puedo entender cómo alguien no lo siente así o lo ve como un evento frío, normal en una lucha o una guerra. Nunca lo ven así los padres del niño muerto, quizás eso explica por qué tantos padres y madres de Venezuela tampoco podemos.

Y entonces no pude hacer más nada. Qué me importaba ya lo que estaba escribiendo, luego de ver al niño muerto. Porque me daba igual quién es el niño, lo que hacía, lo que tenía en mente, en su corazón o en su mano. Porque quien fuera o lo que hiciera no cambiaba mi sentimiento. Era también mi niño… y estaba muerto.

No se ve en el video la secuencia de los hechos. No sé qué hacía el niño ahí y tampoco se ve el momento en el que muere, sólo se ve cuando ya está muerto.

Y no me importa si tenía un mortero o un cohete, o si en realidad lo que tenía era un juguete, porque lo único que a mí me importa es que era un niño venezolano, que sólo tenía 17.

Y cuando se tienen 17 se tienen todas las estrellas en la cabeza y el corazón incandescente. Y las ilusiones. Y las esperanzas. Y el deseo de un futuro prominente. Y la vida cerca y los ideales frescos y la muerte tiene que estar muy lejos, cuando se tienen 17.

Cuando se tienen 17 se tiene el futuro entero y todo el presente. Pero si ese presente es feo, difícil y duro. Si tu libertad está comprometida. Si abusan de ti y de tu gente. Si no te puedes expresar a través de los mecanismos democráticos que nos da la Constitución y las leyes, pues no es de extrañar la disposición de luchar por el cambio y por el futuro que mereces. A veces en una lucha buena, otras mala y algunas veces inteligente.

La violencia no resuelve ningún problema. Es el problema. Y los resultados están ahí, tendidos en el piso, como el niño muerto.

Y mientras todo esto está pasando por mi mente, en otro de mis chats anuncian que llegó su mamá a la clínica y volví a llorar sin parar, sólo de imaginar lo que lloraría yo, ahí, al ver mi niño muerto. ¿Qué puedes sentir sino la tristeza más profunda, indescriptible, insoportable, que absolutamente nada en el mundo puede compensar o aliviar?

Ya van más de 60 muertos, muchos de ellos tan niños como este niño muerto. Nuestros niños muertos. ¿Sabes cuántas ilusiones se fueron con ellos? ¿Sabes cuántas lágrimas de dolor sincero? ¿Sabes cuántas familias destruidas y cuántas historias que nunca contaremos?

En la Venezuela que quiero, en la que merecemos, no puede haber niños muertos, porque no se construye la vida, la felicidad y el futuro sino con niños vivos, que no podemos perder bajo ningún concepto.

Que Dios reciba a todos nuestros muertos y consuele a sus padres, familiares, amigos y a todo un país entero, que hoy sólo tiene duelo, pero que esperamos que muy pronto tenga libertad, felicidad y consuelo.

Algunas reflexiones sobre esta crisis; por Luis Vicente León

Esta semana recibí la visita del nuevo corresponsal de la BBC en Venezuela, Daniel García, un estupendo entrevistador que me ayudó a estructurar algunas ideas sobre la crisis. Aprovecho su trabajo para hacer un resumen que quiero compartir con ustedes. ¿Cómo termina esta situación que atraviesa Venezuela? Los procesos de transición no son obvios. (Obvio

Por Luis Vicente León | 4 de junio, 2017
Fotografía de Leo Álvarez

Fotografía de Leo Álvarez

Esta semana recibí la visita del nuevo corresponsal de la BBC en Venezuela, Daniel García, un estupendo entrevistador que me ayudó a estructurar algunas ideas sobre la crisis. Aprovecho su trabajo para hacer un resumen que quiero compartir con ustedes.

¿Cómo termina esta situación que atraviesa Venezuela?

Los procesos de transición no son obvios. (Obvio que la oposición puede ganar, pero…). Hay un escenario que no conduce a la oposición al éxito. Lo que introduzco es una palabra clave: negociación. A nadie le gusta hablar de eso. El Gobierno se muestra prepotente y cree que no necesita una negociación. Ni la oposición, porque cree que es una traición y tiene que lidiar con sus propios radicales. La gente está en una lucha y ya actúa como si hubiera ganado. Y cree que el triunfo es inevitable. Ninguna de las dos cosas es verdad: ni ya tienes el éxito ni necesariamente es inevitable. El elemento central de esto pasa sin duda por una negociación. Y antes de eso pasa por una fractura o implosión dentro del chavismo. Luego, en la segunda etapa, viene la negociación.

Ya son dos meses de protestas, ¿van a durar mucho más?

La gente lo ve como ahora o nunca. Si esto no ocurre, entonces tenemos una dictadura per saecula saeculorum. Eso es falso. Ahora tienes al pueblo que se rebela contra una Asamblea Nacional Constituyente que se convoca sin consultar. Después se rebelarán cuando vean los resultados de una elección ficticia, corporativista que no le permite a la mayoría expresarse. Y luego, el jaleo cuando esa Asamblea diga que no va a consultar al pueblo. Cada uno de esos eventos es un dolor de cabeza para el Gobierno. No podemos predecir que esto dura un mes, o 15 días o 2 años. El Gobierno está en los mismos aprietos que la oposición, por lo que las condiciones para una negociación futura podrían estar planteados.

Habla de implosión en el chavismo. ¿La rebelión de la Fiscal General es una señal de que el oficialismo se está fracturando?

La oposición tiene en la implosión un factor de éxito potencial. Si le damos una probabilidad relevante de ocurrencia al escenario de cambio es precisamente por la potencial implosión. Cuando la oposición reta al gobierno y se mantiene en posición firme está poniendo a prueba la unidad interna del chavismo.

Y ahí entra la fiscal Luisa Ortega…

No sé si ella es un gran pedazo de hielo o si es la punta de un iceberg. La oposición debe actuar como si hay un iceberg. La Fiscal es el riesgo más grande del Gobierno, el disparador de la implosión más importante y la mejor oportunidad de la oposición.

Decía que a la oposición le falta un líder, ¿por qué lo necesita?

En Venezuela no es que no hay líder, es que hay muchos. En la oposición hay una división intrínseca. Te puedes poner de acuerdo para cosas básicas, pero no en el fondo del asunto, y entonces tus posibilidades están limitadas. Hay que tener a alguien capaz de controlar. Y luego, ¿cómo va a salir la gente en los barrios asumiendo un riesgo personal si no tiene a alguien de quien se enamore?

¿Un caudillo?

Al final el liderazgo motiva. Y es el que va a poder negociar. Si el Gobierno quisiera negociar, ¿con quién?

Al final la oposición mayoritaria se concentra en una coalición de partidos con fines electorales. ¿Habrá que esperar entonces a unas elecciones para verlo?

Yo creo que el líder se genera cuando hay demanda. El vacío se llena cuando la gente necesita seguir a alguien. Creo que vamos a ver un líder antes de la solución del problema, antes del final de esta historia. La población empieza a mirar actores de cambio. Cuando la gente grita cambio, la oposición lee cambio de Maduro, pero va mucho más allá. Hay una demanda, están buscando a alguien nuevo.

***

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

¿Dónde está el piloto?; por Luis Vicente León

Llegué al aeropuerto para volar a Maracaibo. La bajada fue un thriller. Con la autopista y la cota mil cerradas, serpenteamos por avenidas, callecitas y caminos verdes, llenos de gente y cola, de protestas pacíficas, reprimidas brutalmente, pero también más adelante vimos saquear un camión y matraquear a los carros que intentaban pasar de un

Por Luis Vicente León | 28 de mayo, 2017
gabriel-mendez-3-640

Fotografía tomada por Gabriel Méndez durante la manifestación opositora del 24 de mayo

Llegué al aeropuerto para volar a Maracaibo. La bajada fue un thriller. Con la autopista y la cota mil cerradas, serpenteamos por avenidas, callecitas y caminos verdes, llenos de gente y cola, de protestas pacíficas, reprimidas brutalmente, pero también más adelante vimos saquear un camión y matraquear a los carros que intentaban pasar de un lado a otro. Finalmente, llegamos al otro lado del polvorín y, entonces, como si se tratara de una película en la que el protagonista cruza por un espejo encantado, nos encontramos con otra ciudad donde no pasaba absolutamente nada.

Resulta que hay tres ciudades distintas, pese a que las encuestas indican que 90% de la población cree que el país está mal y quiere un cambio. Una protesta pacíficamente. Otra que enloqueció con violencia y vandalismo y una tercera, donde parece que ni se han enterado.

Ya comentamos antes que las probabilidades de éxito de una protesta están vinculadas con su masificación. A que la población de todos los estratos participe en sus propias áreas de influencia. “Abajo cadenas gritaba el señor y el pobre en su choza libertad pidió”. ¿Adivinen en qué parte no estaba pasando nada?

Una condición clave para la masificación es evitar la violencia.Yo la rechazo por convicción. Pero para quienes no comparten este valor conmigo, tengo otro argumento más potente como el anterior. Resulta que la violencia espanta la participación. Que los actos violentos (espontáneos o provocados) son desarrollados por grupos muy específicos, pero la mayoría de la población regresa a casa atemorizada cuando la violencia se apodera de la ciudad. Puede que los actos de protesta violenta sean muy mediáticos, lo que no son es masivos.

Conozco los argumentos que se dan para justificar la violencia (soy inmune porque nunca la justifico), pero separando mi posición personal y llevándolo al plano netamente funcional, los argumentos usados para explicar la violencia no resuelven el problema central de que no funciona para lograr el objetivo planteado por la oposición.

Está claro que en esa ciudad que se violenta hay cuatro grupos perfectamente identificados: 1)Los colectivos armados, que se pavonean abiertamente con su violencia para atemorizar, especialmente a su vecinos y cohibirlos de participar, 2) los opositores radicalizados (claro que los hay), provocados por la represión y la injusticia y dispuestos a todo, bajo la tesis de que el gobierno no reaccionará a la negociación ni a la protesta en paz, 3) los infiltrados, que aunque son enviados por el mismo actor que los colectivos, tienen una diferencia fundamental. No desean que se sepa de dónde vienen. Se mimetizan con la oposición con un doble objetivo: encender la mecha (cortica) de algunos opositores sensibles y crear la imagen de insurrección armada y terrorismo opositor, que tanto le interesa a quien los mandó, y 4) un grupo auténtico y transparente. Los malandros de siempre. Esos que ven en la protesta popular y en la anarquía una oportunidad de oro para cometer sus delitos, como saquear negocios (que entenderán que es robar), cobrar peaje (que supongo que sabrán que es chantajear) o pedir plata a cambio de que no te pase nada (que espero entiendan que es cobrar vacuna) y con una franela adecuada y una consigna atractiva, por primera vez en su vida le harán odas a sus fechorías, confundiendo lucha con vandalismo.

Claro que es difícil controlar todo esto, pero de eso hablamos cuando les decía que las experiencias exitosas requieren de un líder influyente que guíe, motive y alínee. Sin eso, incluso los que acusan esta realidad mundial de caudillismo local, terminarán preguntándose, lo que yo me empiezo a preguntar: ¿dónde está el piloto?

Condiciones para el éxito; por Luis Vicente León

Consideremos algunas condiciones de éxito que la teoría y la historia nos enseñan sobre las transiciones políticas desde las autocracias hacia las democracias. La primera es que no existe una correlación demostrable entre las crisis económicas y los cambios políticos no electorales. El concepto de población tipo Hulk, que se rebela contra el poder y

Por Luis Vicente León | 21 de mayo, 2017
Fotografía de Verónica Aponte

Fotografía de Verónica Aponte

Consideremos algunas condiciones de éxito que la teoría y la historia nos enseñan sobre las transiciones políticas desde las autocracias hacia las democracias.

La primera es que no existe una correlación demostrable entre las crisis económicas y los cambios políticos no electorales. El concepto de población tipo Hulk, que se rebela contra el poder y lo saca por la fuerza por el deterioro dramático de la calidad de vida. Suena lógico, pero la historia no logra demostrar esa correlación. Si bien hay algunos casos puntuales, en la mayoría de los casos eso no es suficiente. China, Cuba, Zimbabue, Libia son ejemplos que grafican este tema. Las transiciones ocurren por procesos políticos y sociales y estos no suelen ser espontáneos.

El segundo elemento es que las transiciones se concretan a través de implosiones, es decir fracturas insalvables dentro del grupo de poder. La estrategia de la oposición es elevar el costo del gobierno por evitar las elecciones y reprimir, poniendo barreras, locales e internacionales, que hagan más difícil a los actores oficiales cruzar fronteras peligrosas, sin generar divisiones y deserciones. En el caso particular de Venezuela, este aspecto es el más prometedor, si consideramos que el desmarque de la Fiscal General podría significar sólo la punta del iceberg.

El tercer elemento es que una protesta exitosa debe integrar a todos los estratos. Pude ser iniciada por élites, pero sólo es efectiva si incorpora la participación de las masas populares, en sus propios espacios, logrando una presión homogénea que se convierte en inmanejable para los cuerpos represivos del Estado. Esta tarea, aunque con algunos trazos, está cruda.

La cuarta dimensión es quizás la más importante y la más difícil de lograr. La protesta efectiva es pacífica. Es un asunto estratégico. Hay una diferencia de fuerzas, armas y organización brutal entre el Estado y los voluntarios civiles, sin preparación, ni armamento sofisticado. Pero además, hay una relación inversa entre la violencia y la masificación de la protesta. Mientras más violencia se incorpore a la lucha (justificada o no) menos gente está dispuesta a participar. Son muchos los que pueden ir a una marcha o concentración pacífica, pero pocos los que están dispuestos a arriesgarse en actos de reacción violenta. Si esta se incorpora, se disminuye la participación y se encapsula la lucha en ghetos, haciendo más fácil al gobierno su control. La expresión común: la violencia la ejecuta y la promueve el gobierno, sólo confirma que es a él a quien le interesa y conviene que ocurra. Si caes en su juego, sueles perder.

Finalmente, las experiencias de transición exitosa tienen un líder concreto que resalta sobre todos, enamora a las masas y las conduce a la lucha pacífica. Les de orientación y sentido. Moviliza al pueblo base, pese a los riesgos de sus zonas y construye una esperanza de cambio concreta y de protección futura. Es obvio que sin una conducción adecuada, la respuesta natural a la violencia del gobierno es tratar de responder también con violencia. Pero es el líder el llamado a convencer a la población de que el peor enemigo del éxito son los radicales, pues ellos venden la violencia como solución, cuando la violencia es realmente el problema. Hay muchos líderes políticos en Venezuela, pero ese líder especial no esta todavía en la foto. Hay un vacío que la población quiere llenar y es precisamente en estos momentos donde alguno, conocido o por conocer, puede tomar ventaja y consolidarse como tal. Hay varios en la escena y ustedes los esta viendo. Son inteligentes, comprometidos, organizados, involucrados con la población más pobre y jóvenes. Las encuestas nos ayudarán en breve a entender cómo les va en los próximos meses.

***

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí

El pobre en su choza…; por Luis Vicente León

Hay una pregunta que se repite en todos los espacios en los que participo: ¿Es posible que la protesta opositora tenga éxito y logre producir los cambios que la mayoría de la población quiere? La respuesta es sí. La historia está llena de ejemplos en los que el pueblo mayoritario produce la transición de la

Por Luis Vicente León | 14 de mayo, 2017
veronica-aponte-marcha-2-640

Fotografía tomada por Verónica Aponte durante la manifestación opositora del 10 de mayo

Hay una pregunta que se repite en todos los espacios en los que participo: ¿Es posible que la protesta opositora tenga éxito y logre producir los cambios que la mayoría de la población quiere?

La respuesta es sí. La historia está llena de ejemplos en los que el pueblo mayoritario produce la transición de la autocracia a la democracia. Pero ésta es una respuesta condicionada. No es suficiente el deseo de cambio. Es necesaria la conjunción de dos variables. La primera es la protesta pacífica, que suele convertirse en kriptonita para el gobierno. Pero no es fácil. La población que presiona los cambios pacíficamente se enfrenta a la resistencia violenta de su contendor. Conociendo su costo de salida infinito, el detentor de poder estará dispuesto a cualquier cosa para defenderse. Su estrategia comunicacional está cantada. Primero destruye la verdad como valor en el debate político. Después usa la vieja técnica de acusar de sus fechorías a la víctima. No importa que hayan muerto (asesinado) a 40 de sus adversarios, produce un gran alboroto por el rasguño de uno que pertenece a su lado.  En el medio de ese jaleo, como dice la Fiscal, es difícil culpar al agredido de radicalizarse para defenderse de la violación de sus derechos. Y entonces algunos grupos se desbordan. Pero ahí está el problema. La respuesta violenta a la violencia oficial es oro en polvo para el gobierno. No importa si está justificada, el resultado suele ser contraproducente y difícil de evitar. El éxito no se trata de que la protesta sea violenta, sino masiva. Justificar las acciones violentas por la violencia del gobierno no resuelve el problema de que no funciona, sólo explica cómo te llevan al terreno al que te quieren llevar.

El segundo tema es que no se gana con una protesta profunda e intensa sino con una protesta amplia y sostenida. El secreto está en el Himno Nacional. Dos partes de una estrofa principal: 1) Abajo cadenas gritaba el señor y 2) el pobre en su choza libertad pidió. Necesitas la suma de 1+2 para producir el cambio. La población más pobre desea y apoya ese cambio tanto como la clase media. Cerca de 80% de los venezolanos quiere y desea un cambio de modelo y de gobierno y esa mayoría ocurre, casi en la misma proporción, en la población más pobre. Pero la transformación de energía potencial a cinética de ese deseo de cambio ha sido mucho más baja en este estrato que en la clase media. Sí, ya sé que muchos de mis amigos tienen una historia de la gente pobre marchando con ellos, pero la realidad es que si quieres medir participación de la población más pobre no puedes identificarla en las marchas de TU zona, sino en las protestas de SU zona. Y más allá de los casos puntuales, ¿qué diferencian la protesta actual de la anterior?. No es verdad que la penetración de la protesta es similar en ambos grupos sociales.

No te quejes de que la población más pobre no te acompañe en las protestas de tu zona, si tú no la acompañas, ayudas o proteges en la de ella. Por mucho riesgo que asumas en tu protesta de clase media, jamás será comparable con el riesgo del estrato más pobre en su zona. Podemos recordar el terrible e infame número y el nombre de cada asesinado en la protesta opositora. Pero el número de quienes mueren a diario en los barrios populares es brutalmente mayor, aún sin protestar. Esto sin contar con el inmenso costo y peligro que representan para ellos los colectivos y la pérdida de los CLAP, algo que sólo viviendo ahí se puede entender.

La oposición tiene que resolver los bloqueadores del pobre en su choza, para complementar el importante, pero insuficiente, abajo cadenas que grita el señor.

Pregunta quién está trabajando en eso, porque ahí está el secreto del sí a tu pregunta crucial.

***

Lea también: Miguel Pizarro: “Los muros van a caer”; por Hugo Prieto

miguelpizarroxrobertomata-496