Blog de Asdrúbal Oliveros

El nuevo Dicom: Ver bandas para creer; por Asdrúbal Oliveros y Jean-Paul Leidenz Font

El martes 23 de mayo de 2017 se decretó la puesta en marcha del “Nuevo Dicom”: un sistema de reparto de divisas cuya novedad resulta dudosa. Este anuncio se realiza en contexto de protestas de calle motivadas en buena medida por la debacle económica que vive Venezuela. Crisis que en 2016 generó una pérdida de bienestar

Por Asdrúbal Oliveros y Jean Paul Leidenz | 23 de mayo, 2017
Fotografía de Miguel Gutiérrez para EFE

Fotografía de Miguel Gutiérrez para EFE

El martes 23 de mayo de 2017 se decretó la puesta en marcha del “Nuevo Dicom”: un sistema de reparto de divisas cuya novedad resulta dudosa. Este anuncio se realiza en contexto de protestas de calle motivadas en buena medida por la debacle económica que vive Venezuela. Crisis que en 2016 generó una pérdida de bienestar resumible en 525,1% de inflación, un recorte de 50,7% en importaciones y una caída de 15,1% del Producto Interno Bruto en 2016, según nuestros estimados. Esta tendencia no parece mejorar en 2017.

Huelga señalar la importancia del sistema cambiario como uno de los factores causales de la crisis. Siendo la industria petrolera la principal fuente de divisas, al verse coartada en su capacidad de venderlas a un tipo de cambio competitivo, ha propiciado un crecimiento de la base monetaria de 227,0% en 2016 en forma de pagarés al Banco Central de Venezuela (BCV), con el fin de cubrir su flujo de caja en bolívares y contribuir de manera notable a la espiral inflacionaria. A esto habría que sumar las restricciones sobre importaciones y las distorsiones en su distribución debidas a un tipo de cambio muy por debajo del equilibrio de mercado. Sin duda, una reforma al sistema cambiario sería un paso esencial para ajustar la macroeconomía venezolana. Pero el “nuevo Dicom” parece distar mucho de esto.

A continuación, presentamos algunos puntos relevantes acerca de este “nuevo” mecanismo.

¿Quiénes lo controlan?

El encargado del nuevo sistema cambiario es Pedro Maldonado, cercano al Vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, quien además entra como director del BCV y sustituye a Franklin Méndez. Es un movimiento en dos direcciones: por un lado implica un mayor control del Vicepresidente sobre el régimen cambiario y por otro desplaza a dos actores claves dentro del chavismo-madurismo: Rodolfo Marco Torres (quien venía controlando las liquidaciones de divisas en el sistema Simadi/Dicom) y a Rafael Ramírez, pues Franklin Méndez era una ficha cercana a su entorno.

Sobre la oferta de divisas

Dado los problemas de flujo de caja que afronta el Ejecutivo, el nuevo esquema arranca en un entorno de restricción de divisas. Entre enero y abril, el sector privado recibió a través de Cencoex y el Simadi/Dicom el equivalente a 672 millones de dólares. Se estima que para el período junio-agosto se pudieran liquidar 1.250 millones de dólares, meses en los cuales el “nuevo Dicom” concentrará más del 50,0% de las liquidaciones.

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A partir de septiembre, y en vista de los compromisos de la deuda externa previstos para los meses de octubre y noviembre (3.434 millones de dólares), el Ejecutivo volverá a restringir significativamente las liquidaciones de divisas al sector privado.

Además, es importante tener en cuenta dos elementos: alrededor del 65,0% de las importaciones este año serán controladas por el sector público. Y dentro de esta proporción, el 75,3% se realizarán a tasa Dipro, que no ha sido eliminada. En el caso del sector privado estimamos que el esquema Simadi/Dicom/nuevo Dicom concentre el 40,7% de las importaciones.

Sobre las cotizaciones

Respecto al tipo de cambio, los técnicos se inclinan por bandas más depreciadas que las del Dicom actual, aunque no a los niveles del tipo de cambio paralelo, pues éste es considerado especulativo. Las discusiones apuntan a bandas que podrían moverse entre 2.000 bolívares por dólar y 3.000 bolívares por dólar. Pero no hay nada dicho, pues las mismas deben ser aprobadas por el Ejecutivo y anunciadas por el BCV.

En las primeras semanas de arranque del sistema, y si las bandas son elevadas y los niveles de liquidación altos, podría haber algún impacto sobre el tipo de cambio paralelo, estabilizándolo o incluso generando una muy leve presión a la baja momentáneamente.

Sin embargo, guiándonos por el comportamiento de los diferentes marcadores del tipo de cambio paralelo desde los primeros anuncios del “Nuevo Dicom” hasta el día de su oficialización, no parece haber confianza de parte de los agentes. En efecto, nada indica que los participantes del mercado paralelo esperen un cambio estructural del sistema cambiario. Esto se puede observar en la tendencia sostenida de depreciación desde el 23 de marzo, fecha del primer anuncio.

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Esta nula confianza ante los anuncios reduce la probabilidad de que el nuevo mecanismo pueda afectar al tipo de cambio paralelo (incluso a corto plazo). Quedaría en manos de las autoridades “sorprender” al mercado, estableciendo bandas más cercanas a las cotizaciones recientes del paralelo y depreciándolas a medida que aumente la inflación acumulada (si acaso desean que la medida tenga algún efecto).

A la fecha, los anuncios sugieren que serán permitidas cotizaciones mayores que las bandas establecidas, en cuyo caso se realizarán subastas contingentes (adicionales) los días viernes para intentar bajar el tipo de cambio de equilibrio por debajo de la banda superior. Si esto efectivamente se cumple, en conjunto con bandas realistas, podría ocurrir la “sorpresa” mencionada anteriormente. No obstante, desde la creación de Simadi en 2015 se ha prometido flotación del tipo de cambio de subastas y ya la historia es harto conocida y decepcionante.

Hablando de límites…

Motivadas por la restricción de divisas –y su dudosa voluntad para permitir flotación del tipo de cambio resultante–, las autoridades han establecido límites máximos a los volúmenes demandados mediante el “nuevo” mecanismo. Las personas jurídicas sólo podrán demandar hasta 30% de sus ingresos brutos declarados en el ISLR o 400.000 dólares mensuales, dependiendo cuál sea mayor. Las personas naturales enfrentarán un límite anual de 2.000 dólares y con un máximo trimestral de 500 dólares.

Además, las autoridades hicieron hincapié en la posibilidad de utilizar la cotización del nuevo Dicom para efectos de la estructura de costos de las empresas que recibieran adjudicaciones a dicho tipo de cambio.

Por otra parte, las personas jurídicas que deseen vender divisas a la tasa resultante, sin participar en las subastas, podrán hacerlo a través de operadores cambiarios. El límite por operación será de 10.000 dólares.

Incógnitas e inconvenientes adicionales

El sector privado petrolero sigue siendo una incógnita, pues, aunque los técnicos se inclinan a permitir su participación, la decisión pasa por la aprobación del Ejecutivo, que en el pasado ha impedido una participación libre de las empresas socias de Pdvsa en el esquema cambiario.

En caso de permitirse su participación como ofertantes, especialmente aquellas que poseen mejoradores de crudo como Petrocedeño, Petropiar, Petromonagas y Petroanzoátegui, esto podría aliviar considerablemente su flujo de caja en bolívares.

Una restricción preocupante en el funcionamiento del “nuevo” Dicom es la necesidad de poseer cuentas en divisas en la banca pública comercial (Banco Bicentenario, Banco de Venezuela y Banco del Tesoro), debido a la ausencia de bancos corresponsales en el extranjero para dichas entidades. Esto limitaría la posibilidad de realizar transferencias internacionales desde dichas cuentas, constituyendo un riesgo relevante para los demandantes de divisas quienes podrían verse imposibilitados de sacar dichos dólares del país.

Esperar y ver… Sin mucha esperanza

Para concluir, el “nuevo” Dicom no parece apuntar a un cambio estructural en el sistema cambiario venezolano. Ni la reacción del mercado ni los detalles sobre límites a los volúmenes demandados parecen dar razones para ser optimistas. Obedeciendo a la lógica política de los últimos años, es bastante probable que termine resultando en un segundo tipo de cambio fijo más depreciado que Dipro (10 bolívares por dólar) o la actual cotización del “viejo” Dicom.

Sin embargo, falta ver las decisiones que se tomen sobre las bandas a establecer. Si dichas bandas se aproximan a las cotizaciones del tipo de cambio paralelo, y se deprecian de manera cónsona con la inflación, podríamos estar ante otro escenario aunque esto sea muy poco probable.

En medio de las protestas: Una mirada a la crisis económica; por Asdrúbal Oliveros y Gorka Lalaguna

Semanas atrás, una fractura de importancia en las reglas de juego pareciera haber sacudido la arena política. En el marco de una situación cada vez más compleja donde la incertidumbre reina, los costos no han sido menores y la sensación de orden y normalidad parece difuminarse. Años atrás, autores como North, Summerhill & Weingast (1999)

Por Asdrúbal Oliveros | 16 de mayo, 2017
Fotografía de Marco Bello para Reuters

Fotografía de Marco Bello para Reuters

Semanas atrás, una fractura de importancia en las reglas de juego pareciera haber sacudido la arena política. En el marco de una situación cada vez más compleja donde la incertidumbre reina, los costos no han sido menores y la sensación de orden y normalidad parece difuminarse.

Años atrás, autores como North, Summerhill & Weingast (1999) catalogaban el orden político como un bien público, central en lo que es la dinámica económica. Sin embargo, surge una pregunta: ¿qué es el orden político y por qué es relevante?

Para North, Summerhill & Weingast (1999), el orden político es sinónimo de seguridad en tres frentes complementarios entre sí: seguridad personal, familiar y en términos del sustento de vida. Análogamente, un estado de desorden implica, necesariamente, la ausencia de estos tres elementos en el día a día de los individuos.

A pesar de que es argumentable el hecho de si Venezuela se encontraba o no en un estado de desorden antes del 4 de abril, coquetear con un escenario donde las expectativas de los agentes no contemplen un ambiente “seguro” implica asumir cierto nivel de incertidumbre sobre la estabilidad del contrato social vigente.

En definitiva, el comportamiento de los agentes económicos tiende a ser distinto en un contexto donde los mismos temen por su vida, la de sus familias y predomina un estado de incertidumbre generalizado, en comparación con un escenario donde se da por sentado la existencia de ciertos derechos y garantías.

Negar la relación hermana que mantienen la economía y la política es, cuando menos, miope. Es por esto que consideramos fundamental desglosar el fenómeno económico que subyace y acompaña las protestas y, con un énfasis particular, cómo estas pueden incidir en el devenir económico del país.

Enmarcando la crisis

Antes de insertar la dinámica de las protestas dentro del análisis, es importante destacar dos de los elementos que suelen mantener una incidencia central sobre la economía real venezolana.

Como hemos resaltado en artículos anteriores, el ejecutivo renuncia a ajustar los distintos precios relativos de la economía y tras la caída en los precios del crudo, gran parte del tránsito a un nuevo equilibrio (marcado por menores ingresos petroleros) se dio a costa de una contracción de la actividad económica (luego de un recorte notable en el nivel de importaciones) y una caída generalizada en el poder adquisitivo de los venezolanos.

Dicha contracción del rubro incide directamente en la actividad económica, tras varios años con una profunda apreciación del tipo de cambio real. Esto debido al peso creciente de las importaciones en la oferta interna de bienes.

Ahora, limitar el análisis hasta este punto implicaría dejar de lado un componente esencial: la dinámica del consumo. Al no contar con un mecanismo eficiente de indexación (en parte por la abrupta caída de la actividad económica) el proceso inflacionario ha derivado en una erosión de los salarios reales, contrayendo los niveles de consumo hasta niveles del 2006-2007, tras una caída del 15,0% en 2016 y de 22,6% entre 2012 y 2016.

Ahora, si a estos elementos añadimos una pérdida acelerada de distintos mecanismos institucionales y una destrucción generalizada del sistema de precios e insertamos una escalada en el número y en la intensidad de las protestas, es probable que la contracción económica exceda nuestro estimado vigente para 2017 (-4,3%).

¿Podemos estar peor?

Las protestas afectan a un sector productivo profundamente endeble. Entre 2012 y 2016, tomando como referencia el mes de diciembre, se registró una caída de 25,5% en términos per cápita. Este hecho, aunado a una caída de 22,9% en el consumo por habitante, así como un inflación acumulada del 6.925,3% y una distorsión generalizada en los diferentes precios relativos, ha llevado a Venezuela a experimentar su quinto desastre económico [1] desde el año 1920. [2]

Si tomamos como referencia una caída del 15,0% como requisito para estar en presencia de un desastre económico, observamos que solo diez sectores de la economía habían logrado eludirlo hasta el año 2015.

Ahora, cuando incluimos 2016 dentro del análisis, este número cae a tan solo seis, al considerar una caída promedio del 16,1% a lo largo del año entre los distintos sectores, 10,9 puntos porcentuales (pp) por encima de lo registrado en 2015.

El hecho de que un sector pierda, en promedio, 16,1% de su capacidad en tan solo 12 meses, habla de un deterioro importante de la actividad económica. Esto es inédito en nuestra historia reciente. Si ampliamos el período de la muestra, este porcentaje se expande: la contracción acumulada promedio en los distintos sectores asciende a 21,6% entre 2012 y 2016 y una gran proporción de los mismos ha caído por encima de 20,0% y 25,0%.

En este contexto el conflicto político se acelera. Es difícil que la actividad económica permanezca desafectada ante un juego marcado por altos niveles de incertidumbre: las autoridades venezolanas difícilmente garantizan, de manera creíble, ciertos derechos fundamentales como por ejemplo el derecho a la propiedad.

Entre los elementos que pudieran incidir en la dinámica productiva pudiéramos asumir:

1. La pérdida de capital físico e inventarios en un entorno recesivo y con restricciones en el acceso a divisas tenderían a complicar la dinámica operativa sectorial.

2. Ante una restricción parcial o total en el uso de las distintas vías de comunicación, son de esperar retrasos y mayores complicaciones en la distribución de bienes de consumo.

3. El punto anterior, de la mano con las diferentes convocatorias a manifestarse, también repercute en la dinámica de los distintos trabajadores, disminuyendo su productividad e imponiendo mayores restricciones al día a día de las firmas.

4. Este conjunto de elementos incide en el flujo de caja de las diferentes empresas (retrasos en los pagos, mayor dificultad para saldar cuentas por cobrar, entre otros). Una complicación no menor en un entorno altamente inflacionario y de elevada incertidumbre.

5. Por último, mientras se resuelve el juego político y la incertidumbre del momento, puede esperarse un retraso en las inversiones en capital físico y en los  inventarios. [3]

¿Y las importaciones y la inflación?

Sumado a lo que puede ser el camino de la actividad económica para el 2017, las restricciones de carácter externo y la inflación se asoman en el podio de los mayores retos (o problemas) que seguirá enfrentando la economía venezolana (al menos en el corto plazo).

Tras la caída en los precios del petróleo, la economía entró en una persistente carrera consigo mismo en la búsqueda de cubrir las necesidades de divisas que se presentaban año tras año incurriendo en costos cada vez más elevados.

En este sentido, llegar al año 2017 implicó: un recorte cercano al 50,7 en el nivel de importaciones, una caída del 63,4% en las liquidaciones de divisas al sector privado, liquidar un stock importante de activos, renegociar deudas antiguas e incurrir en nuevas.

Los actuales niveles de escasez, la dinámica inflacionaria y la fuerte caída del ingreso real de los venezolanos redujo de manera significativa el margen de maniobra del Gobierno en un entorno político cada vez más complejo. Este hecho, al menos a priori, invitaba a pensar acerca de la sostenibilidad de la estrategia adoptada hasta ahora por el gobierno para surfear la crisis. Sin embargo, ¿la estrategia cambió? Todo parece indicar que no es así.

1. Al mes de marzo, el nivel de importaciones ha caído cerca de un 26,5% (el nivel más bajo desde el año 1998).

2. Las liquidaciones de divisas al sector privado se ubican en mínimos históricos (8,4 millones de dólares en promedio), presentando una caída del 53,3% con respecto a 2016 y de 82,9% con respecto a 2014.

3. A pesar de un ingreso favorable debido al precio petrolero, el gobierno sigue acudiendo a la liquidación de activos y al endeudamiento sin un cambio significativo en las políticas económicas.

 

Asumiendo un recorte de 15,0% de las importaciones, estimamos que el déficit en divisas para este año será de 6.000 u 8.000 millones de dólares (dependiendo por supuesto de la dinámica del precio petrolero). Todo indica que cubrirlo no será un proceso libre de costos

Por su parte, la inflación pareciera no ceder: al mes de abril, la inflación acumulada se aproxima al 101,5%, registrando una variación interanual del 706,6% y una variación promedio mensual de 19,2% (7,4 pp por encima de lo promediado para el mismo período el año pasado).

Esperamos que una contracción en los ingresos reales del gobierno y un panorama político ajustado se traduzca en mayores presiones monetarias que incidan de manera incremental en la formación de precios y el tipo de cambio paralelo en un marco donde las expectativas y la demanda de dinero pueden jugar un papel central.

Además de los problemas directos que pueden surgir directamente a nivel de la economía real, es importante pasar a centrarnos en lo que pueden ser las expectativas de los agentes en un escenario de alta incertidumbre, violencia e inestabilidad política.

Las expectativas pesan

Uno de los elementos inherentes a escenarios donde la violencia juega un papel importante, es el cambio en el horizonte temporal de los agentes (Lorentzen et al., 2006).

En términos generales, es de esperar que un entorno de altos riesgos de corto plazo, la tasa de descuento temporal tenderá a ser superior a la utilizada por aquellos individuos sujetos a un contexto menos violento.

Esta suerte de reacomodo intertemporal de los agentes tiende a derivar en un comportamiento errático: mayor ponderación del consumo inmediato sobre la inversión y el ahorro, menor acumulación de capital humano, etc.

Adicionalmente, en escenarios donde el conflicto tiende a escalar y la confianza a ceder, es habitual entrar en un escenario “Equilibrio Oportunista” donde el entramado institucional (formal e informal) tiende a deteriorarse junto con los estándares éticos de la sociedad (Collier, 1999).

Esto se acentúa en un contexto donde las autoridades no pueden garantizar de manera creíble el derecho a la propiedad y la estrategia dominante de los agentes está más ligada a la persecución de rentas que a desempeñar actividades productivas.

¿Cómo pueden incidir?

A pesar de que las expectativas mantengan cierto efecto en múltiples aspectos del entramado económico, nos limitaremos a los elementos descritos anteriormente

En un escenario en el que las importaciones se contrajeron alrededor de 50,7%, el sector privado optó por una suerte de independencia (avalada parcialmente por el ejecutivo) y ejecutó cerca de 34,4% del total de sus importaciones (13,1% del total de la economía) por cuenta propia a través del mercado paralelo.

Pese a que el sector privado importase a dólar paralelo y esto ocasione que los precios aumenten, permitía un abastecimiento parcial del mercado local. De no haber operado de tal forma, la recesión y la escasez hubiesen sido mayores. Ahora, en un entorno donde la incertidumbre es considerablemente mayor y los riesgos aumentan: ¿Es esta estrategia replicable? ¿El sector privado puede mantener este esquema de operaciones? El tiempo lo dirá.

Sin embargo, si las importaciones se contraen en mayor medida (26,5% hasta el mes de marzo) debido a cierta cautela por parte del sector privado, las probabilidades asociadas a una mayor contracción de la actividad económica se incrementan. A la par con la incertidumbre, las profundas presiones recesivas que enfrenta la economía venezolana y el efecto precio asociado al alza del paralelo pudieran servir como restricciones adicionales, y de peso, en la readopción de esta estrategia por parte del sector privado.

Cabe destacar que las presiones políticas a las que se enfrenta el gobierno le restan grados de libertad para mantener las importaciones como variable de ajuste del flujo de divisas, incidiendo sobre la voluntad de pago de la deuda externa.

En segundo lugar, en un contexto donde la inestabilidad derive en una mayor pérdida de confianza sobre el bolívar y se valore más el consumo presente, se puede esperar que los agentes económicos busquen deshacerse de la moneda local en aras de adquirir una mayor cantidad de bienes durables y bienes de consumo de larga duración.

Este hecho, de la mano con mayores presiones monetarias por una fuerte caída de los ingresos reales del Gobierno, tendería a impulsar de manera enérgica el proceso inflacionario y el tipo de cambio paralelo.

Por último, el peligro de un equilibrio oportunista no es menor. La aceptación a nivel informal del pillaje y el asalto, sin derechos de propiedad bien definidos, nos llevaría a una suerte de estado de la naturaleza: un conflicto de todos contra todos donde la generación de riqueza quede relegada a un segundo plano.

Punto de inflexión

Limitar la causalidad de la crisis que actualmente enfrenta Venezuela a un fenómeno netamente político es, cuando menos, miope. Entender la relación bidireccional que une a ambas esferas, tanto política como economía, es fundamental para el proceso de diagnóstico y de reforma.

Los costos hundidos que involucra una dinámica de protesta no son menores. Sin embargo, la perpetuación del modelo que trajo a Venezuela al borde de un estado fallido es difícil de defender. El tiempo apremia.

***

[1] Robert Barro (2008) definió los “desastres” como aquellos episodios donde las economías presentan una contracción igual o superior al 15,0% en su nivel de ingreso (o producto) per cápita y/o en el nivel de consumo agregado por habitante

[2] Los demás episodios los componen los años 1929-1932 (23,3% de caída en el ingreso per cápita), 1941-1942 (23,0%), 1977-1985 (24,7%), 1998-2003 (23,3%) y 2012-2016 (26,9%).

[3] Cabe destacar que, en un entorno recesivo como el venezolano, la rotación de inventarios tendería ser menor, inclusive en un contexto de estabilidad a nivel político, hecho sobre el cual incide la dinámica del mercado paralelo al operar en un entorno con restricciones de acceso a divisas.

¿Qué está pasando con la economía venezolana?; por Asdrúbal Oliveros y Nayaurí Rivera

Culminan los primeros tres meses de 2017 y todavía no tenemos cifras oficiales sobre el desempeño de la economía. Al momento de escribir estas líneas solo se tiene una revisión de las cifras de cierre de 2015 publicadas en las estadísticas oficiales del país ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). Actualmente, Venezuela parece estar atrapada

Por Asdrúbal Oliveros | 5 de abril, 2017
Fotografía de George Castellanos para AFP

Fotografía de George Castellanos para AFP

Culminan los primeros tres meses de 2017 y todavía no tenemos cifras oficiales sobre el desempeño de la economía. Al momento de escribir estas líneas solo se tiene una revisión de las cifras de cierre de 2015 publicadas en las estadísticas oficiales del país ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). Actualmente, Venezuela parece estar atrapada en un contexto en el que nada cambia; el Gobierno del presidente Nicolás Maduro ha ganado cierta estabilidad, en términos relativos, a pesar de que la situación económica parece estar lejos de mejorar.

No muy lejos atrás quedó el año 2016, un año difícil, en el que la crisis económica y social, además de una situación política compleja, dejó cicatrices profundas en cada uno de los venezolanos, quienes cada día se enfrentan a nuevos retos impuestos por una situación país malograda y deteriorada. En el 2016 la economía venezolana enfrentó múltiples distorsiones y el costo fue la destrucción del aparato productivo y una crisis que es una de las de mayor gravedad en términos de Producto Interno Bruto (PIB) de la historia de América Latina. En términos sociales, la destrucción del poder de compra generó un choque de demanda que junto con el choque de oferta hizo de 2016 un año en el que las estrategias de cobertura y la resistencia en el sector privado fueron las principales medidas a tomar para sobrevivir un año tan difícil.

Los números que nos dejó 2016, según estimaciones de Ecoanalítica, reflejan una aguda crisis y pueden ser indicio de que, en caso de que no se apliquen los correctivos necesarios, 2017 y los años venideros no serán fáciles. Por su parte, dada la persistente opacidad de cifras, distintas consultoras han apostado por la estimación de cifras que, si bien son distintas a las nuestras, muestran, al igual que nosotros, un rayo de luz en medio de la oscuridad.

De manera que, en este apartado compararemos nuestras estimaciones con las valoraciones que promedia el Consensus Forecast de Focus Economics, organización que realiza un compendio mensual de distintas fuentes y construye un estimado en base a los datos que les proporcionan distintas consultoras, bancos, encuestadoras, organizaciones, entre otras, para de esta manera superar los riesgos asociados a los pronósticos de una sola fuente. Los pronósticos luego son corroborados y analizados por un equipo interno de economistas y complementados con breves comentarios sobre las últimas tendencias económicas.

2016, un año marcado en la historia

Desde mediados del año pasado en Ecoanalítica mantuvimos una estimación de contracción económica para 2016 de 11,3% y en diferentes informes explicábamos cómo esta cifra reflejaba el peor resultado de la actividad económica desde que se recogen datos para medir el desempeño de la economía venezolana. Ahora, la revisión de nuestras estimaciones resalta valores aún más preocupantes.

2016 cerró con la materialización de la crisis más severa que haya enfrentado el país. El PIB se desplomó en su totalidad y la actividad económica se redujo 16,7% en comparación con el tamaño ya reducido de 2015. En términos acumulados, en un período de tres años (2014-2016), la economía venezolana ha perdido 24,5% de su tamaño real. En otras palabras, Venezuela tiene una economía similar a la que tuvo en el año 2005. Por tanto, podemos afirmar que Venezuela desperdició el boom de precios del petróleo más extraordinario de la historia y totaliza once años perdidos.

En términos trimestrales, los resultados son aún más impresionantes. La actividad económica venezolana alcanza doce trimestres consecutivos de reducción de su tamaño y con estimaciones preliminares de que esta seguidilla se pudiese extender por el resto del año, si no ocurre un cambio de rumbo en el modelo económico.

Estos resultados son la combinación de sendas de decrecimiento de la actividad no petrolera y la petrolera. Por un lado, la actividad no petrolera se contrajo 18,6%, lo que implica una variación negativa acumulada de 25,6% en el período 2014-2016, mientras que la actividad petrolera retrocedió 12,5%, 11,6 puntos porcentuales (pp) más que en 2015 y 16,9% desde el año 2014.

Por su parte, las estimaciones de los panelistas que participan en el Consensus Forecast nos indican cifras no muy lejanas a las nuestras: para 2016 Focus Economics estima que el PIB cerró con una contracción de 12,2%, 6,5 puntos porcentuales (pp), más que lo estimado por ellos en 2015 y 4,5 pp más que el estimado por nosotros para el año pasado. Al tratarse de un promedio de distintas fuentes y resultando éste inferior a nuestro estimado, es fácil deducir que, en cierta medida, las estimaciones del Consensus Forecast puedan resultar un poco conservadoras, pero siempre, al igual que las nuestras, coherentes con la coyuntura que nos rodea.

Hay que entender que no es solo precios

Si bien ha habido un colapso en los precios del crudo, el desempeño actual del sector petrolero es consecuencia de decisiones tomadas en tiempos de bonanzas, pero que, justo ahora están pasando factura. La estatal petrolera durante la gestión del chavismo pasó de ser una empresa especializada en la extracción, producción y refinación del petróleo a ser una corporación asociada a múltiples actividades económicas y sociales que no son su especialidad. Como resultado, la producción petrolera ha venido en picada hasta alcanzar, al cierre de enero 2017, una caída de 948.000 barriles diarios (948 kb/d), desde su punto máximo de producción en septiembre de 2008.

El factor producción y el factor precios han traído como consecuencia que la actividad petrolera acumule tres años consecutivos de decrecimiento. Si la tendencia en cuanto a los niveles de producción no cambia, es posible que dicha senda se mantenga y el efecto precio se diluya.

El colapso de los precios del petróleo y la mala gestión económica por parte del Gobierno ha provocado una caída de la economía y ha sumido al país en una crisis política, económica y humanitaria sin precedentes. Los precios de la cesta petrolera venezolana se han estabilizado en torno a 45,0 dólares por barril, pero siguen siendo demasiado bajos para reactivar la actividad económica. Esto son malas noticias, ya que el calendario de reembolso de la deuda del país se aproxima rápidamente y un pago de casi 3.000 millones de dólares se vence en abril, con pagos adicionales de varios millones en el resto del año. Con reservas internacionales por debajo de 11.000 millones de dólares y un fuerte perfil de servicio de deuda retador, es muy posible que las dificultades económicas empeoren.

Para 2017 el promedio arrojado por Focus Economics en su Consensus Forecast ubican el precio de la cesta petrolera en 44,8 dólares por barril. No obstante, en Ecoanalítica estimamos que el precio de la cesta cierre en 42,7 dólares por barril.

El desempeño de la demanda agregada es cada vez peor

Al igual que lo ocurrido con el indicador de PIB, los resultados por el lado de la demanda agregada han sido revisados a la baja. Con una contracción real de 20,9% en 2016, la demanda agregada acumula cuatro años consecutivos de reducción con un decrecimiento total de 36,4% durante el período 2013-2016. Esto según nuestras estimaciones.

En cuanto al consumo, en Ecoanalítica estimamos que en 2016 el mismo reflejó un retroceso de 16,0% respecto a 2015, 9,3 pp más de lo que se contrajo en 2015. Al desagregarlo, el consumo público fue el más afectado al retroceder 18,0%, y respecto al consumo privado, calculamos que se contrajo 15,4%, 7,6 pp más que lo visto en 2015. En términos de valores acumulados, el consumo privado presenta 3 años consecutivos de contracción (24,6%), mientras que el público exhibe 2 años consecutivos (19,9%).

Asimismo, los resultados de la formación bruta de capital fijo muestran valores de contracción severa. En 2016 estimamos una reducción de la inversión de 41,5%, lo que refleja una disminución acumulada en 4 años de 63,5%. Por el lado de la inversión pública, la caída en 2016 resultó ser mayor (46,2%) que la observada en 2015 (14,4%); sin embargo, en cuatro años acumula una caída de 65,2%. Caso contrario ocurre con la inversión privada, que en 2016 (21,1%) llega al nivel de contracción segundo más alto de los últimos cuatro años, 2,1 pp por encima del promedio observado durante ese período (19,0%). En términos acumulados, la disminución alcanza 57,7%.

Por su parte, el Consensus Forecast indica que en 2016 el consumo público y privado se redujo 7,0% y 14,0%, respectivamente, esto respecto al año 2015. Asimismo, la formación bruta de capital fijo para los panelistas sufrió una contracción de 22,2%, 4,6 pp más contracción que en 2015 y 19,3 pp menos que nuestro estimado.

La inflación y sus peligrosos efectos

Focus Economics Consensus Forecast estima que la inflación saltó de 562,3% al final del tercer trimestre de 2016 a 690,3% al final de año. Los grandes aumentos de la oferta monetaria, la fuerte depreciación del bolívar en el mercado paralelo, el agotamiento de las reservas internacionales y el disfuncional sistema de control de precios en el país, que ha provocado una grave escasez de bienes de consumo en la economía, son algunos de los factores que están detrás de la espiral inflacionaria en la que actualmente nos encontramos.

Podemos afirmar con certeza que la dinámica inflacionaria ha pasado a mantener un rol protagónico en el desenvolvimiento cotidiano de los distintos agentes económicos, tanto a nivel individual como empresarial. No obstante, esto era predecible, ya que, quebrada la estabilidad monetaria mediante la destrucción institucional del Banco Central de Venezuela (BCV) es simple concluir que el desequilibrio monetario tendería a profundizarse y que esto sólo podría traducirse en mayores niveles de inflación. Era de la misma manera predecible, porque los controles de cambio nunca han impedido un proceso de altos niveles de inflación y menos teniendo como protagonista una economía rentista.

La inflación es, en definitiva, cruel con lo más pobres, quienes se ven obligados a dedicar todos sus recursos físicos y mentales para tratar de escapar de sus impactos. Desde hace algunos años, hemos visto como el alza constante de los precios se adueña de los días de los venezolanos y condiciona de forma implacable todas sus decisiones. La variación acumulada del Índice de Precios al Consumidor (INPC), desde 2008 hasta 2015 es más de 480,0%, esto sin contar la inflación presentada en 2016, la cual en Ecoanalítica estimamos cerró en 525,1% (utilizando las ponderaciones oficiales publicadas por el BCV en 2007). Teniendo en cuenta esta estimación, la variación sería de más de 1.500,0%.

El bolívar está en caída libre

El tipo de cambio y toda la dinámica que lo rodea, ha permanecido en el eje de la discusión político-económica los últimos 14 años; tras seis devaluaciones del tipo de cambio oficial y cuatro intentos fallidos en ofrecer una ventana alternativa en materia de asignación de divisas, la unificación cambiaria persiste como una ilusión, al menos en el corto plazo.

Aunque se han hecho algunas modificaciones puntuales en algunos convenios cambiarios, a la fecha, el sistema sigue funcionando con dos tasas y con mecanismos de asignación ineficientes que se mantienen como unas de las principales trabas para los productores y empresarios locales, ocasionando los graves niveles de desabastecimiento que se perciben diariamente. Esto, sumado a la creciente liquidez e incertidumbre económica, impulsó una importante alza del dólar del mercado negro en los últimos meses de 2016, el cual, en algunas oportunidades, parecía no tener techo.

En algo sí coincidimos

El año pasado cerró como uno de los años más difíciles tanto en lo económico como en lo social en la historia de Venezuela. Fue un año en el cual el país se vio envuelto en una serie de acontecimientos y conflictos, en su mayoría políticos, que determinaron el rumbo de las condiciones económicas.

Las estimaciones y proyecciones en una economía como la nuestra, en la que la incertidumbre es el único factor constante, es una pequeña luz que nos permite conocer sobre el desempeño de la misma. Si bien pueden haber cientos de estimaciones diferentes a las nuestras, realizadas con criterios distintos o utilizando otros métodos, en algo todos podemos estar de acuerdo: el deterioro de la economía venezolana es una realidad tácita en la que los ciudadanos de a pie diariamente ven mermadas sus posibilidades de superación y  cada día es más difícil enfrentar los retos que impone la actual coyuntura.

A grandes rasgos, la economía venezolana presenta elementos que hacen pensar que 2017 será un año similar a 2016, aunque la fragilidad es elevada y cualquier evento pudiese conducir a un entorno totalmente diferente. De nuevo, estamos en un punto donde la voluntad política será la clave para visualizar el futuro de la economía del país.

La decadencia de la economía venezolana nos deja en una situación de reflexión, pero no dejamos de considerar la existencia de un futuro promisorio; para poder retomar la senda de crecimiento es fundamental que se realice un programa de estabilización macroeconómico creíble y de alto impacto que genere confianza y credibilidad en la capacidad productiva del país y, de esta manera, elimine los cuellos de botella que ahogan la actividad empresarial. Las desventajas y amenazas con el trascurrir del tiempo y, sobre todo, con dedicación y aplicando los correctivos necesarios, pueden convertirse en oportunidades.

Casas de cambio en la frontera: una historia repetida; por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez

Finalmente tanto el Vicepresidente Ejecutivo, Tareck El Aissami, como el gobernador del estado Táchira, José Vielma Mora, dieron detalles sobre el puesto en funcionamiento de la nueva política cambiaria del Ejecutivo para el año 2017: la apertura de ocho casas de cambio en los estados fronterizos con Colombia, Zulia y Táchira. Sin embargo, en principio

Por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez | 17 de enero, 2017
Fotografía de Reuters

Fotografía de Reuters

Finalmente tanto el Vicepresidente Ejecutivo, Tareck El Aissami, como el gobernador del estado Táchira, José Vielma Mora, dieron detalles sobre el puesto en funcionamiento de la nueva política cambiaria del Ejecutivo para el año 2017: la apertura de ocho casas de cambio en los estados fronterizos con Colombia, Zulia y Táchira. Sin embargo, en principio pareciera que se repite la historia de lo ya vivido con el extinto Simadi y el rezagado Dicom.

En otras palabras, pensamos que estas Casas de cambio cuentan con ciertas debilidades y que por lo tanto terminarán siendo más de lo mismo. Ahora, cabe preguntarse: ¿cuáles son esas debilidades y cómo puede afectarse el mercado cambiario?

El tipo de cambio fijado no reconoce al mercado

De acuerdo a las declaraciones emitidas por diferentes miembros del Ejecutivo, el tipo de cambio al cual se podría cambiar pesos colombianos por bolívares sería de COP 4,0/VEF, es decir, con cuatro pesos colombianos se podrá adquirir un bolívar. Lo que es igual a decir que para adquirir un peso colombiano se necesitan 0,25 bolívares (VEF 0,25/COP). Por otro lado, según el Banco de la República (Banco Central de Colombia), el tipo de cambio al día de ayer entre el peso colombiano y el dólar americano se encuentra en COP 2.936,0/USD, lo que refleja un tipo de cambio de frontera de VEF 734,0/USD.

Si bien este tipo de cambio es superior al Dicom (VEF 677,2/USD), el mismo no reconoce las fuerzas de la oferta y demanda. De lo contrario, el tipo de cambio de frontera debería en primer lugar pegarse a la cotización del paralelo y luego ir descendiendo paulatinamente hasta encontrar un punto de equilibrio. Pensamos que esto no ocurrirá y que por tanto este marcador quedará como otro indicador más de tipo de cambio oficial y más que solventar los múltiples desequilibrios en el mercado cambiario los exacerba.

Falta de transparencia y de simplificación de trámites

Como hemos mencionado en múltiples artículos que hacen referencia al mercado cambiario venezolano, un factor fundamental para que cualquier mecanismo pueda solventar la crisis en la que se encuentra este mercado es la simplificación de los trámites para la compra y venta de divisas así como la transparencia en todo el proceso. Sin duda alguna, la fijación del tipo de cambio sin el reconocimiento del mercado y los requisitos publicados para poder comprar y/o vender divisas van en dirección contraria.

Topes en las cantidades a ser transadas

Al colocar límites en las transacciones nuevamente el Ejecutivo cae en el problema de que la demanda de divisas será superior a las posibilidades de adquisición de divisas. Además, si agregamos que a un tipo de cambio inferior al que refleja el mercado negro la demanda es infinita, resulta obvio que las necesidades de moneda extranjera no van a ser cubiertas.

Se mantienen las oportunidades de arbitraje

Dado que la demanda no será satisfecha por el nuevo sistema cambiario, el mercado negro de divisas seguirá vigente. Así, un agente tendrá todos los incentivos de hacer todo lo que está a su alcance para comprar divisas a través de las Casas de cambio y venderlo en el mercado paralelo, logrando así obtener rentas que deben ser consideradas como normales en un mercado donde los controles limitan la operatividad de los agentes económicos.

La interrogante de las personas jurídicas

No queda claro, por ahora, si las personas jurídicas podrán participar en el mercado o no. Por un lado, en las declaraciones de Vielma Mora se establece que será un mercado para las personas naturales. Por otro lado, el presidente Maduro declaró que “el acceso de estas operaciones financieras es para ciudadanos naturales y jurídicos, quienes pueden hacer uso de dicha plataforma financiera”. Históricamente desde que comenzó el control cambiario, las operaciones del mercado corporativo representaban alrededor de 80,0% del total. En este sentido, es importante resaltar que de no poder participar las personas jurídicas entonces estaríamos hablando de un mercado donde solo se realizarían operaciones de menudeo y, por tanto, no sería un indicador referencial para el mercado cambiario.

La falta de oferta en el mercado

Dadas las debilidades que comentamos, no existen incentivos para que un agente económico oferte sus divisas en estos mercados. Consecuentemente, la oferta dependerá casi en su totalidad del BCV y seguirá ocurriendo lo que ya sucedió con el Simadi y Dicom.

Conclusión: más de lo mismo y sin impacto en el paralelo

Para garantizar el éxito de un nuevo sistema cambiario y la materialización de sus beneficios en la economía, como la disminución de la inflación y la reducción de la cotización del dólar paralelo, se deben aplicar una serie de políticas que pasan por tres ámbitos, a saber: monetario, fiscal y del funcionamiento intrínseco del sistema.
En referencia a este último punto, es fundamental que el mecanismo sea transparente, la participación debe ser abierta y sin condicionamientos, existan reglas claras y se permita la participación del mayor número posible de actores (incluidas banca privada y casas de bolsa). Como describimos a lo largo de este artículo, ninguna de estas condiciones se cumplen, por lo que no esperamos observar beneficios en el corto, mediano o largo plazo de la apertura de estas nuevas Casas de cambio.

Y volviendo a la pregunta que todos se hacen: hasta que no se resuelvan los múltiples desequilibrios que afectan a la economía venezolana, no hay razones para pensar que el tipo de cambio paralelo entre en una senda sostenible de apreciación. Todo lo contrario, la presión al alza se mantiene.

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Canje de PDVSA: ¿cuál es el impacto?; por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez

Luego de que PDVSA publicara la oferta de canje de sus bonos, reflexionábamos sobre si sería exitoso el canje de bonos propuesto por PDVSA. Entre otros puntos, comentábamos que “el Gobierno venezolano se caracteriza por ser impredecible en estos temas y por eso cualquier cosa era posible, siempre dando mayor peso a lo político que a las

Por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez | 26 de octubre, 2016

Canje de PDVSA Cual es el impacto por A Oliveros y Carlos Miguel Alvarez

Luego de que PDVSA publicara la oferta de canje de sus bonos, reflexionábamos sobre si sería exitoso el canje de bonos propuesto por PDVSA. Entre otros puntos, comentábamos que “el Gobierno venezolano se caracteriza por ser impredecible en estos temas y por eso cualquier cosa era posible, siempre dando mayor peso a lo político que a las condiciones económicas”. Y, efectivamente, esto fue lo que sucedió. A continuación describiremos lo sucedido y analizaremos su impacto en el corto y mediano plazo para la economía venezolana.

¿Cuál fue la propuesta de canje definitiva?

PDVSA le ofertó —bajo la figura de “oferta complementaria”— a los tenedores de bonos que amortizan en el 2017 (4.100 millones de dólares del Pdvsa17N y 3.000 millones de dólares del Pdvsa17O) canjear sus bonos por un nuevo bono llamado Pdvsa20 y que ofrece un cupón de 8,5%, cuatro amortizaciones iguales a partir de 2017, el 50,1% de las acciones de Citgo en garantía y un ratio de canje en capital de 1,22:1 para el Pdvsa17N y de 1,17:1 para el Pdvsa17O.

Adicionalmente PDVSA se comprometió a recibir menos del 75,0% de los bonos a canjear, lo que establecería un techo de 5.325 millones de dólares de los bonos a ser canjeados y entre 6.346 y 6.455 millones de dólares del nuevo bono Pdvsa20, dependiendo de las proporciones de participación de cada uno de los bonos.

¿Cuál fue el resultado del canje?

Tras mejorar  de forma “sustancial” la oferta de canje y luego de tres extensiones que causaron mucho ruido y movimiento en los mercados, el día 24 de octubre PDVSA anunció los resultados de la propuesta. Del total de 3.000 millones de dólares en circulación del Pdvsa17O  31,4% ejerció el canje, por un total de 942 millones de dólares. Asimismo, de los 4.100 millones de dólares del Pdvsa17N, fue canjeado un 45,3% (1.857 millones de dólares). Por lo tanto, el total de bonos canjeados fue de 2.799 millones de dólares, lo que implica que el canje alcanzó el 39,4% del monto total en circulación con vencimientos en 2017 (7.100 millones de dólares). Sin embargo, del techo máximo a ser canjeado, el canje representa el 52,6%. En este canje no pudo participar el sector público por motivos legales, en vista de la posible ejecución de la garantía  por las acciones de Citgo.

¿Fue exitoso el canje?

Depende. Si el objetivo hubiese sido realizar el canje para generar cualquier tipo de alivio en el flujo de caja de PDVSA, sin importar el nivel de participación, entonces podríamos afirmar que el canje fue exitoso. No obstante, el objetivo planteado por PDVSA era obtener una participación en el canje de 60% y como mínimo de 50%. Por tanto, en vista de que la participación fue menor a los objetivos planteados, el canje no fue exitoso. Sin embargo, el canje fue ejecutado y representa una liberación en el flujo de caja de Pdvsa para 2016 y 2017. En otras palabras, por ahora Pdvsa elude el default.

¿Cuál es el impacto en la economía venezolana?

Tal como habíamos escrito en nuestro artículo anterior, “el impacto que puede tener dicha operación en la economía del país dependerá de la magnitud del éxito del canje.” En este sentido, considerando los niveles de participación, tenemos que entre 2016 y 2017 PDVSA estaría liberando de su flujo 1.775 millones de dólares, 929 millones de dólares en 2016 y 846 millones de dólares en 2017.

Por otro lado, el canje implica mayor endeudamiento para el período 2018-2020. Para ser más específicos estaríamos hablando de pagos de 1.057 millones de dólares en 2018, 985 millones de dólares en 2019 y 913 millones de dólares en 2020, lo que totaliza 2.955 millones de dólares para el período indicado. Consecuentemente, la operación de canje resulta en un endeudamiento neto de 1.180 millones de dólares. Pero la pregunta que viene al caso es ¿cómo afecta esto a la dinámica de la economía nacional?

Para responder a esta pregunta es necesario ver cómo quedaría el flujo externo de divisas, es decir, la brecha externa que refleja el total de ingresos en divisas menos el total de pagos que debe de realizar el país. Así, considerando los resultados del canje, para el año 2016 Venezuela se enfrentaría a un déficit de divisas de aproximadamente 13.000 millones de dólares, cifra que pareciera ya estar cubierta. Por otro lado, tomando como referencia un precio promedio de la cesta petrolera venezolana de 45 dólares por barril, el déficit externo en 2017 alcanzaría 9.500 millones de dólares en el mejor de los escenarios.

Si bien es cierto que dicha brecha se vio reducida como resultado del canje, sigue siendo elevada. En otras palabras, de cara al 2017 el canje ayuda, pero la posibilidad de que las importaciones puedan incrementarse considerablemente con respecto a lo que hemos visto este año es baja.  El canje no parece que resolverá el problema de fondo en un modelo económico pro-cíclico en cuanto al manejo de la economía y cuya variable de ajuste ha sido el nivel de importaciones con repercusiones en abastecimiento.

PDVSA logró evitar el default en el corto plazo, pero los beneficios en materia de importaciones, y por tanto abastecimiento, pareciera que no los veremos si se siguen implementando el actual modelo económico. Urge un cambio de modelo en Venezuela para solventar la actual crisis y no pareciera ser posible bajo el actual Gobierno.

El presupuesto nacional en Venezuela: un saludo a la bandera; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro

El ejercicio presupuestario se trata de un instrumento económico fundamental para saber hacia dónde apuntará la política fiscal del gobierno en la construcción del país. Es normalmente elaborado por el Ejecutivo y aprobado por el Legislativo, de modo que puede convertirse en el centro de álgidas discusiones dentro de las distintas facciones del Parlamento, al

Por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro | 17 de octubre, 2016

El presupuesto nacional en Venezuela un saludo a la bandera por Asdrubal Oliveros y Pilar Navarro 640

El ejercicio presupuestario se trata de un instrumento económico fundamental para saber hacia dónde apuntará la política fiscal del gobierno en la construcción del país. Es normalmente elaborado por el Ejecutivo y aprobado por el Legislativo, de modo que puede convertirse en el centro de álgidas discusiones dentro de las distintas facciones del Parlamento, al menos dentro de lo que sería el desempeño natural de la práctica democrática de un país.

En Venezuela, durante años la instancia parlamentaria estuvo dominada por la bancada oficialista, de modo que el presupuesto era aprobado sin el menor miramiento. Sin embargo, durante la última década, la elaboración del presupuesto nacional ha perdido su poder como herramienta de planificación económica.

Así llegamos a la aprobación del Presupuesto Nacional para 2017: se esperaba que, con una Asamblea Nacional de mayoría opositora, volviera aquella práctica de la discusión presupuestaria. Pero ante la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que aprobó que el presupuesto de la Nación sea presentado por el presidente Nicolás Maduro ante la Sala Constitucional, es de esperar que el documento de este año repitan las mismas fórmulas de años anteriores y que repasaremos a continucación.

¿Se acabó la subestimación?

Uno de los primeros puntos que se colocaban en la exposición de motivos del Proyecto de Ley de Presupuesto Nacional eran las premisas macroeconómicas para el año siguiente, unos datos que constituyen tanto la proyección como el objetivo al que apunta el Ejecutivo en su política fiscal. Entre ellas se encontraban el crecimiento real del PIB y el PIB corriente, la tasa de inflación, el tipo de cambio oficial, la producción petrolera (un dato que no se publica desde 2010) y la estimación del precio promedio de la cesta petrolera venezolana.

Desde hace años, estas premisas dejaron de tener importancia: ya no se publican el crecimiento del PIB ni la producción petrolera y durante años se estimó un precio petrolero sustancialmente inferior al verdadero.

Este año el precio del barril puede quedar incluso por debajo del proyectado en el presupuesto 2016, pues el promedio anual de la cesta venezolana se ubica en 33,4 dólares y el presupuesto se elaboró con base en 40 dólares por barril. Durante años el presupuesto se elaboró bajo lo que se denominaba “un escenario conservador”, una práctica que se extremó desde 2009, ya que servía de cobertura para dar mayor discrecionalidad al Ejecutivo en el uso de los recursos, asignando mediante de créditos adicionales los ingresos petroleros extraordinarios. Asimismo, a través de la subestimación del precio de la cesta petrolera se intentaba encubrir los problemas de producción que ha experimentado PDVSA.

La práctica de la subestimación del precio de la cesta petrolera local no es más que un artificio que permite subestimar los ingresos y los gastos para darle mayor discrecionalidad al Ejecutivo, algo que les ha permitido percibir recursos extraordinarios. La pregunta que surgió fue si ante un escenario de precios bajos y una Asamblea opositora el Ejecutivo apostaría nuevamente por la subestimación de la cesta.

Tin Marín: los créditos adicionales

La presentación del Proyecto de Ley de Presupuesto en Venezuela se convirtió, cada vez con más frecuencia, en una práctica insincera. En algunos casos las asignaciones presupuestarias ni siquiera alcanzaban para gastos de mantenimiento de infraestructura o el pago de la nómina. Se sabía que sólo se podían cubrir estas partidas mediante créditos adicionales. Esta práctica ha permitido que la asignación de créditos adicionales haya sido dirigida a aquellos sectores que ofrezcan mayores beneficios políticos, como las misiones y otros proyectos como la Gran Misión Vivienda Venezuela. Utilizando esta práctica se llegó a ampliar el presupuesto inicial hasta en 169,7%, pero las gobernaciones y las alcaldías quedaron por fuera de la fiesta del gasto.

Buscando nuevas maneras de gastar

Con la llegada de la nueva Asamblea Nacional con mayoría opositora y la expiración de la Ley Habilitante, el Ejecutivo vio limitada su capacidad para expandir el gasto a través de la figura de los créditos adicionales, que se habían convertido en un recurso clásico de la política fiscal. Y por eso ha surgido la figura de “recursos adicionales para cubrir insuficiencias” que, enmarcada en la “Emergencia Económica”, les ha permitido aumentar el gasto a través de decretos presidenciales.

Así, en lo que va de año, se han aprobado créditos adicionales, rectificaciones y recursos asignados para cubrir insuficiencias por un total de 1,76 billones de bolívares, una cifra que para el mes de junio representó el 131,0% del gasto ejecutado.

Se cambian las proporciones

Junto al Proyecto de Ley de Presupuesto Anual se presenta la Ley de Endeudamiento Anual. Desde el presupuesto de 2012 ha sido interesante el cambio en las proporciones de la participación del endeudamiento externo y el endeudamiento interno dentro de las necesidades de financiamiento.

El endeudamiento interno ha representado alrededor del 70% de la nueva deuda emitida por el Ejecutivo. Esto es una práctica que fue instituida por Jorge Giordani, quien fue Ministro de Finanzas durante muchos años de la administración del fallecido presidente Hugo Chávez. Giordani prescindió de las emisiones de deuda externa argumentando que era mucho más económico para la Nación financiarse internamente en vez de pagar altísimos cupones. Argumentabla que, llegado el momento, se podría diluir la deuda interna a través de una devaluación (lo que es, además, totalmente cierto).

La deuda se lleva la mayor tajada

A pesar de los inmensos ingresos fiscales, obtenidos con gracias a los altos los precios del petróleo, el país también aumentó su financiamiento. El servicio de la deuda pública es la agrupación que, por sí sola, ha venido absorbiendo más recursos, con un promedio de 19,3% del gasto durante los últimos siete años. En la gestión fiscal, el endeudamiento tan agresivo de los últimos años se ha sentido cada vez con más fuerza y, probablemente, en 2017 la proporción del servicio de la deuda alcanzará su nivel más alto desde 2009.

Al final, nada cambia

En la historia de Venezuela el presupuesto nacional se ha caracterizado por su alto grado de politización. Esta politización es una de las principales causas de los frecuentes retrasos para su aprobación y ejecución.

La politización en el proceso presupuestario proviene de las asignaciones presupuestarias destinadas a proporcionar beneficios sólo a ciertos grupos electorales en una región delimitada. Sin embargo, en el contexto actual, no parece probable que cambie esta forma de proceder. Al contrario. La sentencia del TSJ es una reiteración de lo que han sido los presupuestos nacionales de los últimos años: “un saludo a la bandera”.

Hay que llamar la atención sobre algunos factores ante la aprobación del nuevo presupuesto: que el importante crecimiento del peso del servicio de la deuda dentro del gasto total le roba espacio al gasto social, por no adentrarnos en el bajo nivel de recursos que recibe el gasto productivo, ni en nuestra alta dependencia de los ingresos petroleros ni en el ínfimo crecimiento de la producción petrolera, que ha generado una alta vulnerabilidad externa o el manejo discrecional de los recursos extraordinarios provenientes del diferencial de precios petroleros.

Todos estos factores hacen del presupuesto un ejercicio fútil y de poca credibilidad… y del gasto una variable tan impredecible como los cambios de humor del presidente.

¿Será exitoso el canje de bonos propuesto por PDVSA?; por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez

El pasado martes 13 de septiembre, durante el Consejo Nacional de Economía Productiva, el presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino, dio a conocer algunos detalles sobre la oferta de canje voluntario de bonos de PDVSA con vencimientos en 2016 y 2017 por 7.000 millones de dólares. Sin embargo, no fue sino hasta el viernes 16 de septiembre cuando

Por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez | 20 de septiembre, 2016

Sera exitoso el canje de bonos propuesto por Pdvsa por Asdrubal Oliveros y Carlos Miguel Alvarez

El pasado martes 13 de septiembre, durante el Consejo Nacional de Economía Productiva, el presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino, dio a conocer algunos detalles sobre la oferta de canje voluntario de bonos de PDVSA con vencimientos en 2016 y 2017 por 7.000 millones de dólares. Sin embargo, no fue sino hasta el viernes 16 de septiembre cuando fue publicada la oferta en su página web.

Así, fue posible constatar que la oferta sólo se refería al PDVSA17 con vencimiento por 3.000 millones de dólares en abril de 2017 y el PDVSA17N con vencimientos por 4.100 millones de dólares en noviembre de 2016 (2.050 millones de dólares) y noviembre del año 2017 (2.050 millones de dólares ).

En otras palabras: el PDVSA16 con vencimiento por 1.000 millones de dólares en octubre de 2016 quedó por fuera en la oferta. Bajo esta premisa, en este artículo queremos ofrecer un pequeño análisis sobre la oferta de canje voluntario propuesta por PDVSA y nuestra perspectiva sobre si será exitosa o no la operación. Esto sin dejar por fuera el impacto que puede tener en la economía venezolana.

¿Por qué quedó por fuera PDVSA16?

Existen dos motivos por los cuales no se incluye PDVSA16 en la oferta. En primer lugar, por el tiempo que se necesita para que la operación se ejecute y la cercanía de la fecha de vencimiento. Es decir, PDVSA realizó la oferta sin el tiempo necesario para que técnicamente se pudiese incluir el PDVSA16. En segundo lugar, el Estado ha venido realizando un proceso de recompra intensivo y ya posee más del 50% del vencimiento, por lo que la liberación en el flujo no sería tan importante y el costo de incluirlo superaría los posibles beneficios.

En este sentido, PDVSA ha venido ahorrado entre 300 y 400 millones de dólares mensuales desde inicio del año. Por tanto, consideramos que ya cuenta con los recursos para ejecutar dicho pago.

¿Esta oferta cumple con las expectativas del mercado?

Efectivamente se esperaba una mejor oferta por parte de PDVSA, bien sea por un mejor ratio de capital o un cupón mayor. Ahora, el Gobierno venezolano se caracteriza por ser impredecible en estos temas y, por eso, cualquier cosa era posible. Además, siempre han dando mayor peso a lo político que a las condiciones económicas. Por la reacción inicial del mercado pareciera que, al igual que nosotros, esperaban mejores condiciones, mas allá de la colocación Citgo (filial de PDVSA en los Estados Unidos) como garantía en la emisión de este nuevo bono con vencimiento en el 2020 y amortizaciones anuales a partir del mismo 2017.

¿Será exitoso el canje?

Desde nuestro punto de vista existen dos escenarios y su probabilidad de ocurrencia dependerá de las características de los propios tenedores de los bonos.

En primer lugar, si los tenedores son inversionistas cuyo objetivo es mantener la exposición en Venezuela (inversionistas cuyo portafolio les exige mantener una posición de alto riesgo y por tanto, rendimientos altos como lo que implica Venezuela/PDVSA), el canje puede resultar atractivo sobre todo si su posición es en PDVSA17 (vencimiento en abril que totalizan 3.000 millones de dólares). La razón es que, a pesar de que el valor presente neto (VPN) no mejora, el canje implicaría tener un bono con un cupón mayor y con la garantía de Citgo. Sería una forma de mantener la exposición en Venezuela pero con una mejor cobertura ante la posibilidad de un evento de default.

En el caso de poseer el PDVSA17N (vencimiento en noviembre de este año por 4.100 millones de dólares), la opción resulta menos atractiva porque el canje ofrece el mismo cupón (8,5%) y el VPN no mejora, aunque en este caso también aplica la cobertura, en vista de que una opción que pueden tener los inversionistas es cobrar al vencimiento y comprar el PDVSA21 cuyo cupón alcanza el 9,0% pero no tiene la garantía de Citgo. En este grupo también podríamos hablar de inversionistas locales con apetito al riesgo.

En segundo lugar, están los inversionistas más adversos al riesgo y que prefieren garantizar su pago o aquellos que poseen el Pdvsa17N. Dado que la oferta de canje posee el mismo cupón y la rentabilidad del bono es similar, entonces no ejecutarían su opción.

Como ya mencionamos, el mercado estaba esperando una oferta con una relación superior al 1:1 y una mejora sustancial en el cupón mas allá de la garantía, cosa que no ocurrió. Para el 19 de septiembre, primer día de reacción de los mercados, los bonos PDVSA17 y PDVSA17N cerraron con una caída de 1,61% y 2,42% respectivamente, por lo que pareciera que, en principio, el mercado no ve con buenos ojos la oferta. Esto nos hace pensar que el canje fue diseñado para inversionistas locales, tenedores del sector público y fondos buitres.

¿Incluir a Citgo hizo que la oferta fuese más atractiva?

Más allá de que haga la oferta más atractiva, lo que implica es que ejecutar la opción le permite al inversionista obtener un bono con cobertura y rendimiento similar a uno comparable. El problema con Citgo es que no hay un consenso entre los analistas sobre el valor de mercado de la empresa. Diferentes analistas hablan de entre 4.000 millones de dólares y 6.000 millones de dólares. Sin embargo, PDVSA dice que su valor es más cercano a  los 8.300 millones de dólares. Otro punto interesante a evaluar es que, mientras sea menor la cantidad de tenedores que ejecuten la opción, mayor será el valor garantizado para aquellos que sí la ejecuten. Al final, el valor que le asignen los inversionistas será lo que influirá en la operación y por tanto definirá este juego. Veremos si la teoría de juego es aplicada o no.

¿Cuáles son las implicaciones sobre la economía venezolana?

El impacto que puede tener dicha operación en la economía del país dependerá de la magnitud del éxito del canje. En este sentido, la proporción que sea ejecutada nos dirá cuánto puede ser la liberación de caja en el flujo de PDVSA para este año y el que viene.

A medida que la opción sea ejecutada por mayor cantidad de tenedores, mayor será la liberación de caja. Por tanto, se esperaría un mayor repunte en materia de importaciones, aunque con prioridad en las importaciones públicas. Mientras que si la opción es ejecutada por una pequeña parte de los tenedores, el impacto en el nivel de importaciones será limitado. Estimamos que, en un escenario pesimista, estaríamos hablando de 1.500 millones de dólares y, en uno optimista, de 4.000 millones de dólares entre éste y el año entrante. Cabe acotar que estos escenarios no incluyen la porción que ya se encuentra en manos del sector público, que estimamos alrededor de 25,0% del total de vencimientos.

Lo cierto es que la evaluación de la oferta propuesta por PDVSA es compleja y dependerá en gran medida de la característica de los inversionistas para tener una mejor perspectiva sobre si será exitosa la operación. No obstante, apena horas antes de publicar este post, Standard & Poor’s rebajó la calificación de riesgo de deuda emitida por PDVSA de CCC- a CC-, un factor más a considerar que puede llegar a tener un peso importante en la decisiones que tomen de los inversionistas sobre ejecutar su opción de canje o no.

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Riesgos y beneficios Todo lo que necesita saber sobre el canje de bonos de PDVSA; por Victor Silva-11

Lo que está detrás de la caída de la producción petrolera en Venezuela; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro

Desde hace aproximadamente un año el precio de los principales marcadores internacionales del petróleo empezó una senda declinante. Esto ha afectado el precio de la cesta petrolera venezolana (CPV) y las finanzas de la principal industria del país. No obstante, existen otros factores a los cuales se les debe prestar atención, pues también afectan los

Por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro | 16 de septiembre, 2016
Industria petrolera cada vez mas ahorcados por Asdrubal Oliveros y Pilar Navarro 640

Fotografía de Carlos García Rawlins. REUTERS.

Desde hace aproximadamente un año el precio de los principales marcadores internacionales del petróleo empezó una senda declinante. Esto ha afectado el precio de la cesta petrolera venezolana (CPV) y las finanzas de la principal industria del país. No obstante, existen otros factores a los cuales se les debe prestar atención, pues también afectan los ingresos en divisas de Venezuela.

No todo es el precio: también existe la producción

Si bien la producción petrolera venezolana ha mantenido una tendencia declinante desde hace algunos años, en 2016 la tendencia parece haberse acelerado. Según las cifras que PDVSA reporta a la OPEP, después de haber alcanzado un máximo de 3,20 millones de barriles diarios (mb/d) en septiembre de 2008, la producción de crudo empezó a declinar y ya para diciembre de 2015 había perdido 628.000 barriles diarios, cerrando el año pasado con un nivel de 2,57 mb/d. No obstante, desde ese punto, la producción ha perdido 242 kb/d en 2016 y en el mes de agosto cayó 27 kb/d, ubicándose en 2,33 mb/d.

 

 

Al observar la serie histórica, hay caídas intermensuales más drásticas. Por ejemplo: en agosto de 2009, la producción declinó 578 kb/d en un solo mes debido a los recortes de la OPEP, pero se recuperó totalmente al mes siguiente. Sin embargo, ésta que hemos referido es la caída intermensual continua más larga que se haya observado, pues acumula doce meses de contracción de la producción y su ritmo parece estarse acelerándose. Y, aunque el precio del crudo se ha recuperado después de los niveles mínimos de enero, nuestro país no ha podido beneficiarse de tal subida porque su efecto ha sido anulado por la disminución de la producción.

¿Cuáles son las razones?

Por primera vez, desde 2009, la producción de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) también parece estar disminuyendo. Según el informe de gestión de PDVSA de 2015, la producción de ese años de la FPO fue de 1,44 mb/d, prácticamente el mismo nivel de 2014 (1,43 mb/d). La producción de la FPO había venido aumentando sostenidamente, contrarrestando la caída natural en los bloques de Oriente y Occidente, pero en 2016 esto parece haber cambiado.

Según algunos analistas, la causa de la disminución de la producción es multifactorial. La falta de mantenimiento de los pozos, la mala gestión de la compresión de gas (que resulta en una presurización inadecuada), el aumento de la quema de gas, además de una mayor demanda de gas para producción termoeléctrica, han hecho que baje el nivel de gas reinyectado en los pozos y, por ende, de la productividad. Asimismo, la escasez de diluyente, fundamental para el petróleo extrapesado de la FPO, por las restricciones de flujo de caja de PDVSA y la disminución de la producción de crudos livianos de Occidente, han limitado la producción de la FPO. A eso se le suma la política de “no pago” a los proveedores de servicios de la industria, cuyo epítome fue la retirada de Schlumberger y Halliburton.

 

 

Cada vez más castigados

Otro factor a tener en cuenta es el diferencial entre el precio del crudo venezolano y el de los marcadores internacionales, como el Brent. Este descuento tiene dos formas de verse: una en valor absoluto (en dólares) y otra de manera proporcional (en porcentajes).

En lo que va de año, el descuento en términos absolutos de la CPV respecto al Brent promedia 10 dólares por barril, por encima del promedio de 9 dólares del año pasado. Y esta brecha ha llegado a ser de apenas 1 US$, como sucedió a finales de 2011 y a mitad de 2013. Entonces, ¿por qué, ahora que los precios están bajos, la brecha no es menor para así percibir los mayores ingresos posibles? Sucede que entre más liviano y de mejor calidad sea nuestro crudo, menor será el descuento con la cesta de referencia. No obstante, a medida que el precio baja la diferencia en términos absolutos amplía, lo que puede estar indicando que la calidad de nuestro crudo está disminuyendo.

Ahora bien, desde el punto de vista proporcional, el descuento del precio de la CPV está ampliándose mucho más. Resulta mucho mayor el peso del descuento de 10 dólares por barril a un precio de 40 que en uno de 100. Por eso Venezuela es castigada con mayor fuerza cada vez que el precio cae. Y este año el descuento sobre el Brent alcanzó 27,9%, el más alto desde 2010, y promedia 23,0%.

 

 

¿Cuánto hemos dejado de percibir?

Una breve revisión de las metas de producción del Plan Siembra Petrolera de PDVSA permite ver cuánto hemos dejado de percibir.

Tomemos el plan más reciente. No el de 2006 a 2012 (que decía que para 2012 debíamos estar montados en una producción de 5,80 mb/d), sino el que abarca desde 2014 hasta 2019, veremos que para 2014 la producción de crudo debió ser de 3,00 mb/d y que para 2016 se proyectaba una producción de 3,40 mb/d. Con esos números, se calculaba que las exportaciones iban a ubicarse en 2,46 mb/d y 2,54 mb/d, respectivamente. Todo esto quiere decir que sólo el año pasado, con una cesta que promedió 44,8 dólares por barril, Venezuela dejó de percibir 9.636 millones de dólares.

Si proyectamos la producción para los próximos años, según la tendencia actual, y la comparamos con la calculada en el Plan Siembra Petrolera, en promedio, la producción local está 747 kb/d por debajo de lo proyectado en los últimos años.

 

 

Si la caída en la producción implicara una caída de las exportaciones en igual proporción, significaría que PDVSA ha dejado de percibir 1.346 millones de dólares por concepto de ventas de petróleo durante los primeros ocho meses de 2016. Si hubiera mantenido su producción estable, se habría percibido por concepto de exportaciones 14.676 millones dólares y no sólo 13.329 millones, como estimamos.

Pero las caídas de la producción no se traducen en disminuciones idénticas de exportaciones generadoras de caja. En vista de que PDVSA está redirigiendo sus ventas a países con los cuales no tiene acuerdos en detrimento de los otros, las exportaciones generadoras de caja pueden mantenerse o incluso aumentar aunque la producción esté cayendo.

Se conoció que el Gobierno negoció con China un aplazamiento de los pagos que realiza con exportaciones de crudo para el pago del servicio de la deuda del Fondo Chino, en un intento por ampliar sus ingresos en divisas.

Algo hay que hacer

En su momento, la noticia de la designación de Eulogio Del Pino fue recibida como una señal positiva, puesto que durante años había sido el encargado de mantener el nivel de la producción petrolera para el exministro Rafael Ramírez. Sin embargo, desde su designación en agosto de 2015, la producción ha caído 318.000 barriles por día.

La industria nacional vive un momento muy difícil. Y si la situación de deterioro actual continúa, no habrá precio del petróleo que nos salve de la debacle, por muy elevado que este sea. Es imposible alcanzar las metas inverosímiles de los planes de siembra petrolera, pero podemos afirmar que es imperativo recuperar y estabilizar la producción de crudo.

Estimamos que el precio del crudo promedie este año los 34 dólares por barril y que la producción esté en torno a 2,58 mb/d, lo que configura unos ingresos de 32.018 millones de dólares. Sin embargo, si la situación empeora, es probable que este recorte resulte conservador.

¿Qué puede aprender Venezuela de América Latina sobre hiperinflación?; por A. Oliveros y P. Navarro

El aumento acelerado de los precios es una cuestión palpable en la actualidad venezolana y ante la rapidez con la que suben, la pregunta común a hacerse es: ¿ya estamos en hiperinflación? Responder esto es relativamente fácil; existen principalmente dos definiciones de hiperinflación: una implica que la variación intermensual de los precios sea superior a

Por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro | 30 de agosto, 2016

Hiperinflación las lecciones de América Latina; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro

El aumento acelerado de los precios es una cuestión palpable en la actualidad venezolana y ante la rapidez con la que suben, la pregunta común a hacerse es: ¿ya estamos en hiperinflación? Responder esto es relativamente fácil; existen principalmente dos definiciones de hiperinflación: una implica que la variación intermensual de los precios sea superior a 50,0% (Cagan, 1956) y la otra que la variación interanual de los mismos esté por encima de 500,0% (Reinhart y Rogoff, 2011). Bajo estos supuestos, podemos decir que no, aún no estamos en un proceso hiperinflacionario.

A pesar de no estar aún en hiperinflación, pareciera no haber dudas sobre la dirección en la que vamos si no se cambian las condiciones actuales, por lo que se nos plantean otras preguntas más complejas de responder como: una vez que entremos, ¿cómo salir de la hiperinflación?

Llegados a este punto podemos decir que, si no logramos aprender de las experiencias ajenas para cambiar el camino y así evitar la tan temida hiperinflación, por lo menos las experiencias de nuestros vecinos nos pueden servir para ver cómo lograron salir. En la historia reciente, varios países de Latinoamérica han tenido episodios hiperinflacionarios, por lo que vale la pena conocer qué hicieron esos países para salir de la crisis.

Argentina: La convertibilidad fue la clave

En Argentina, la década de los años ochenta marca el final de la dictadura y el inicio de la democracia, pero también un incremento acelerado de los precios que desembocó en un episodio hiperinflacionario al final del período.

Después del fracaso del Plan Austral aplicado en 1985  —en el cual se creó una nueva moneda, el austral, y se congelaron todos los precios de la economía, de los servicios públicos y de la moneda— la presión inflacionaria volvió a aparecer en 1986. Esto hizo que en 1987 apareciera el Plan Primavera, uno caracterizado por mayor apertura externa y privatizaciones, que tampoco logró rescatar a la economía del incremento de los precios alimentados por el crónico déficit fiscal.

La inflación se desbordó en 1989.  Mientras que durante febrero la variación mensual fue de 9,6%, en el mes mayo alcanzó 78,4% y cerró el año con un crecimiento interanual de 2.314,0%. En ese período se aplicaron varias políticas económicas, como un recorte fiscal drástico con una fuerte reducción del tamaño de sector público, la subida de las tarifas públicas y de los combustibles, y una fuerte devaluación del austral, todo con miras a disminuir tanto el déficit fiscal como el externo.

Finalmente, lo que pareció controlar la escalada hiperinflacionaria —aunque después se convertiría en la semilla del caos— fue la aplicación de la convertibilidad en abril de 1991. La Ley establecía un anclaje cambiario con respaldo de 100,0% en dólares, oro y títulos de la base monetaria, calmando así “la fiebre devaluatoria”. Con la convertibilidad se indujo a una devaluación más fuerte —a principios del año el tipo de cambio estaba en torno a 5.000 australes por dólar y con la convertibilidad llegó a 10.000 australes por dólar— y se pasó posteriormente del Austral al Peso convertible con cuatro ceros menos. Así los antiguos 10.000 australes equivalían a un peso de la nueva denominación. Este fue el origen del “1 a 1”.

Esto fue un elemento disuasivo ya que, como la moneda circulante estaba respaldada en reservas, lo que restringía la emisión monetaria. Si los tenedores de pesos salieran todos juntos a comprar dólares, el Banco Central argentino tendría las reservas suficientes para atender semejante demanda sin alterar la paridad cambiaria. De esta manera desde abril de 1991 los precios paulatinamente se estabilizaron en índices intermensuales de un dígito (2,8% en mayo y 0,6% en diciembre).

No obstante, estos ajustes implicaron shocks en la económica que involucraron fuertes subidas en las tasas de desempleo y pobreza. Además de que el mantenimiento de esta paridad artificial a lo largo de toda la década de los noventa incubó la crisis de la convertibilidad del año 2001.

Bolivia: entre el shock y el gradualismo

Bolivia se caracterizaba por ser uno de los países más pobres de América Latina y, en los años ochenta, después de décadas inestabilidad social y política, se vio además golpeada por un brutal episodio hiperinflacionario, en el que llegó registrar una variación interanual de 8.170,5% en 1985, una de las más altas a nivel mundial.

Este país contaba con el coctel habitual: un aumento acelerado del gasto público que generó aumento del déficit fiscal (en 1982 alcanzó 14,2% del PIB), aumento de salarios por decreto, indexación salarial, controles de precios y aumento desproporcionado del sector público, además de un rígido control de cambio que generó la aparición de un mercado paralelo de divisas.

El primer intento por controlar la crisis económica que Bolivia venía atravesando fue lo que desató la hiperinflación. La política intentó restablecer el nivel de vida de la población decretando aumentos salariares, aumentos de precios máximos para todos los bienes. Además, procuró mayores ingresos en divisas instaurando un rígido control de cambio, una paridad fija para la moneda y canalizando todo el comercio exterior a través del Banco Central.

No obstante, la política gradualista de hacer pequeños ajustes en los precios pero sin atacar el déficit fiscal ni satisfacer las demandas del exterior, llevó a la pérdida de control sobre la situación económica.

El déficit fiscal continuó aumentando, aunado a que las ventas de divisas por parte del Banco Central eran prácticamente inexistentes y eran muy pocas las divisas asignadas para importar, lo que afectó el aparato productivo interno y provocó desabastecimientos puntuales. Asimismo, la escasez de divisas generó que el dólar paralelo aumentase sin pausa.

Así en 1985 con nuevo Gobierno se inaugura la Nueva Política Económica (NPE). El principal debate que estaba en la mesa era si el ajuste debía hacerse de manera gradualista o de shock; esta última visión finalmente se impuso y se promulgaron las nuevas medidas que incluían:

—Régimen de cambio único y flexible, implementado por el Banco Central de Bolivia.
—Se autorizó al sistema bancario a operar con moneda extranjera.
—Liberalización de las tasas de interés.
—Eliminación de restricciones al comercio exterior.
—Eliminación de la inamovilidad laboral y liberación de los salarios en el sector privado.
—Liberación del control de precios.
—Aumento en el precio de los derivados del petróleo, llevándolos al nivel internacional.

De esta manera tenemos que el Gobierno de Bolivia, al eliminar el tipo de cambio dual y tomar medidas drásticas para controlar la emisión monetaria y reducir el déficit fiscal, logró que de manera rápida y perceptible se disminuyera la inflación, que pasó en una semana de 36,8% a 4,6% y a 0,8% durante las dos semanas sucesivas.

Brasil, a la octava va la vencida

En 1989 Brasil venía de la aplicación del Plan Cruzado con miras a controlar la escalada inflacionaria. Este plan estableció una reforma monetaria, el congelamiento de los precios y del tipo de cambio nominal. Aunque tuvo muy buenos resultados en el corto plazo, el Gobierno se vio obligado en poco tiempo a dejar flotar nuevamente al tipo de cambio, lo que generó el retorno de la inflación.

Dado el crecimiento del gasto público y del financiamiento monetario, la inflación alcanzó 82,4% en marzo de 1990. Después de siete planes fallidos, en 1993 se aplicó el Plan Real que fue organizado por etapas: la primera contemplaba conseguir en equilibrio de las cuentas públicas, como primera causa de la inflación brasileña. La segunda etapa incluyó una fase de transición entre monedas (del cruceiro al real) con la adopción de un “superindexador” —la Unidad Real de Valor (URV)—, atado a la cotización del dólar, al cual se debían convertir progresivamente todos los contratos.

El plan también vino acompañado de una política de apertura comercial y de privatizaciones, que logró para el segundo semestre de 1994 una fuerte disminución de la inflación y, finalmente, la salida de Brasil de una inercia inflacionaria que venía arrastrando desde hace 30 años.

¿Qué hicieron en Perú?

La década de los años 90 empezó bastante atribulada para las economías de la región. Perú no fue la excepción. Entre 1985 y 1990 el Gobierno de Alan García lanzó una serie de planes de estabilización heterodoxos que consistieron, entre otras cosas, en la implantación de un control de precios y tarifas públicas, de salarios, reducción de tasa de interés y de un tipo de cambio fijo. Además se cambió la moneda, que pasó de los soles al inti. No obstante, entre 1988 y 1990 la inflación anual pasó de 1.722,3% a 7.649,6%.

La nueva moneda no duró por mucho tiempo y fue relegada para su exhibición en los museos durante la siguiente etapa de estabilización del país. Fue reemplazada por el nuevo sol, dejando nueve ceros en el camino. El nuevo sol era igual a mil millones de los viejos.

La acción más inmediata fue la de eliminar los controles de precios para el sector privado y de los productos del sector público con la intención de restablecer el equilibrio financiero de las empresas públicas. Asimismo, estos ajustes significaron el control de la base monetaria, del gasto público, pero principalmente la instauración de un tipo de cambio flotante. Otros puntos del programa de ajuste fueron:

—Eliminación de los tipos de cambio múltiples vigentes.
—Reducción del subsidio a la gasolina.
—Ajuste fiscal vía incremento en ingresos mediante aumento en precios de servicios públicos.
—Disminución del déficit.
—Creación de impuestos de emergencia.
—Reinserción en mercados financieros internacionales.
—Liberación del sistema financiero.
—Declaración de situación de emergencia social e implantación de un programa para reducir el impacto del ajuste en los pobres.

Algunas lecciones

Aunque en algunos casos los resultados se observaron de forma más rápida que otros, en ninguno la solución fue inmediata. La hiperinflación constituye un proceso de destrucción de riqueza y pauperización de la sociedad muy fuerte del que no es fácil salir. Una lección importante es que gran parte del éxito de estos planes fue gracias a la recuperación de la credibilidad de los Gobiernos y de la confianza de los agentes en la política económica, a través de generación de consenso social.

Por otro lado, la mayoría de los ajustes pasaron por el restablecimiento del sistema de precios relativos a través del establecimiento de tipos de cambio flotantes (a excepción de Argentina que aplicó la famosa convertibilidad). Asimismo, este breve recuento también podría llamarse “el fracaso de los controles de precios para combatir la inflación”. Lo que realmente sorprende es que a pesar de toda la evidencia histórica, en la actualidad, Venezuela continúe ceñida a ellos en su política económica.

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3 gráficos que muestran la caída del salario real en Venezuela; por Anabella Abadi y Giorgio Cunto

#Venezuela: 10 datos económicos para entender lo que viene; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro

1. Caída de la producción petrolera. La producción petrolera venezolana ha mantenido una tendencia declinante desde hace algunos años, pero en 2016 la tendencia parece haberse acelerado. Según las cifras que PDVSA reporta a la OPEP, después de haber alcanzado un máximo de 3,20 millones de barriles diarios en septiembre de 2008, la producción de crudo

Por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro | 8 de agosto, 2016

10 datos de la economia venezolana en los ultimos meses por Asdrubal Oliveros y Pilar Navarro 640

1. Caída de la producción petrolera. La producción petrolera venezolana ha mantenido una tendencia declinante desde hace algunos años, pero en 2016 la tendencia parece haberse acelerado. Según las cifras que PDVSA reporta a la OPEP, después de haber alcanzado un máximo de 3,20 millones de barriles diarios en septiembre de 2008, la producción de crudo empezó a declinar y para diciembre de 2015 había perdido 628.000 barriles diarios, cerrando el año pasado con un nivel de 2,57 millones de barriles diarios. No obstante, desde ese punto la producción ha caído 206 mil barriles diarios y en el mes de junio de 2016 se ubicó en 2,36 millones de barriles diarios.

En su momento recibimos la noticia de la designación de Eulogio Del Pino como una señal positiva, puesto que durante años había sido el encargado de mantener el nivel de la producción petrolera para el exministro Rafael Ramírez. Sin embargo, desde su designación en agosto de 2015 la producción ha caído 282.000 barriles por día.

2. Depreciación del tipo de cambio alternativo. Desde el anuncio del Sistema Complementario de Divisas (Dicom), que hasta ese momento se conocía como Simadi, éste se ha venido depreciando de forma continua. Cuando salió la Gaceta Oficial del 9 de marzo de 2016, la cotización del Simadi/Dicom se encontraba en 206,8 bolívares por cada dólar. El pasado viernes 29 de julio la cotización cerró en 645,1 bolívares por dólar, lo que representa una depreciación de 67,9% en 142 días. Todo un récord, si tomamos en cuenta que el antiguo Simadi, desde que empezó y hasta quedarse estacionado en 199,9 bolívares por dólar, se depreció sólo 16,9% en tres meses.

3. Apreciación del dólar negro. Por otra parte, parece que el tipo de cambio no-oficial es el que se ha quedado estacionado. Incluso parece estar retrocediendo. Si lo ponemos en los mismos términos del Simadi/Dicom, tenemos que el pasado 9 de marzo, cuando este nuevo sistema “empezó”, la tasa del mercado no-oficial se encontraba en 1.184,9 bolívares por dólar, mientras que el pasado viernes 29 de julio la misma cerró en 1.005,7 bolívares por dólar, lo que representa una apreciación de 17,8%. Aunque hubo más acontecimientos entre esas dos fechas, sorprende que la tasa del tipo de cambio paralelo haya perdido 179,2 bolívares por dolar, tras una tendencia alcista que parecía imparable.

4. El precio del crudo no levanta cabeza. Durante la primera mitad del año los precios del crudo han tenido dos trayectorias distintas. Durante el primer trimestre de 2016 la caída fue continua, con un nivel mínimo de 21,6 dólares por barril alcanzado durante la tercera semana de enero. Sin embargo, desde principios de abril los precios de los marcadores internacionales comenzaron a ascender, ganando 19,9 dólares el barril en promedio desde sus cotizaciones mínimas. De esta manera tenemos que el precio de la cesta petrolera venezolana cerró el mes de junio con un precio de 39,8 dólares por barril y su precio promedio en lo que va de año es de 31,3 dólares el barril. Sin embargo, esta subida parece haber sido “alegría de tísico”, porque en el mes de julio las cotizaciones volvieron a descender cerrando el mes en 35 dólares por cada barril y con un promedio anual de 32,2 dólares el barril. De igual manera, ambas cifras se encuentran por debajo de los niveles de 2015.

5. Aumentos salariales: una batalla perdida. Durante 2016, en un intento por mantener el poder adquisitivo de los trabajadores, el Ejecutivo ha decretado dos aumentos del salario mínimo y del bono de alimentación sólo en el primer semestre, lo que representa un aumento nominal de 56% y 175,3%, respectivamente, en comparación con el cierre de 2015, que en términos reales, dadas nuestras estimaciones de inflación acumulada, representan una nueva caída de 31,7% en el salario mínimo de la mano con una ganancia del 20,5% en lo que al bono de alimentación respecta. Como vemos, el Ejecutivo también se cuida de los pasivos laborales, aumentando en mayor proporción el bono alimenticio, que por primera vez se encuentra por encima del salario mínimo.

Con los aumentos que ya se han llevado a cabo, más los que esperamos para lo que resta de 2016, este año será en el que se han realizado más incrementos salariales en la historia del país, aunque también es cierto que es el año en el que veremos la mayor escalada inflacionaria de nuestra historia, por lo que a pesar de los esfuerzos, los incrementos salariales seguirán quedando por debajo de la inflación. En pocas palabras, razón tiene el dicho que reza “mientras los sueldos suben por la escalera, la inflación lo hace por el ascensor”.

6. Inflación por los cielos. A pesar de la ausencia de cifras oficiales, para nadie es un secreto que en Venezuela la inflación está fuera de control. En lo que va de año el incremento de los precios ha venido acelerándose y pasamos de incrementos intermensuales de 9,2% a uno de 24,8%. De esta manera, en junio la inflación acumulada que estimamos se encontró en 128,6%, un poco menos del doble de lo que fue la inflación para todo 2014 (68,5%).  En términos interanuales, estamos hablando de un crecimiento de los precios por encima de 300,0% y no es muy difícil imaginarse el panorama de precios para lo que queda de año de seguir así.

7. Se acabó la fiesta. El sector monetario fue uno de los sectores que más se había visto favorecido por el crecimiento desmedido y descontrolado del gasto público a través del financiamiento monetario, sin embargo, al sector le ha llegado el momento de pagar las facturas. De acuerdo con el BCV, en los primeros seis meses del año la liquidez monetaria creció 30,9% en términos nominales, no obstante, en términos reales, según nuestros estimados de inflación, se ha contraído 40,9%. Asimismo, cuando se compara el crecimiento interanual por mes es de notar que en términos reales no se ha experimentado crecimiento.

8. Cartera de crédito aguantada. Como reseñamos en nuestro artículo La economía venezolana: ¿qué dicen los indicadores? uno de los principales motores del boom de consumo de la década anterior fue el crédito, impulsado por el crecimiento de la liquidez y del gasto público, propulsora del sistema bancario. Sin embargo, esto ya no es así. Después de cuatro años de expansión, desde el tercer trimestre del año pasado la cartera de crédito del sistema bancario ha venido decreciendo en términos reales y hasta junio de 2016 el crecimiento acumulado de la cartera fue de 42,0%, muy por debajo de la inflación. El crédito es el principal negocio del sector financiero, por lo que no es sorpresa que desde el año pasado este sector también se haya contraído, y no es de extrañar que se encuentre en apuros este año.

9. Importaciones: raspando la olla. Si hay alguna cifra que explique los niveles críticos de escasez que evidencia la economía local es la contracción de las importaciones. Según el BCV, las importaciones se contrajeron 22,3% en 2015, después de haber caído 13,6% en 2013 y 16,9% en 2014. Tres años de caídas después, estas disminuciones parecen haberse quedado cortas para lo que estamos viendo en 2016: aunque no se cuenta con data oficial, nuestro estimado de importaciones mensuales registra entre enero y mayo de 2016 las importaciones totales se han contraído 45,6 % interanual. Como vemos, el Ejecutivo, bajo un nivel ya deprimido, sigue apostando al recorte agresivo de las compras externas con el fin de liberar caja para hacer frente al servicio de la deuda externa.

10. Somos “buena paga”. En 2016 Venezuela se ha enfrentado a un perfil complicado de deuda, con vencimientos de los bonos PDVSA 2016 y Venezuela 2016, por lo que nos tocaba pagar en total este año, entre capital e intereses de otros bonos, 10.057 millones de dólares. En lo que va de año, se han realizado pagos de 3.057 millones de dólares por bonos de la deuda de la República y 1.218 millones de dólares de Pdvsa; la porción más pesada se canceló en el mes de febrero el bono Venezuela 2016, sin embargo, no importa lo grande del compromiso, el Ejecutivo siempre ha mantenido su voluntad de pago. Sin embargo, ya diferentes voceros del Gobierno han dado declaraciones sobre la posibilidad de un canje de deuda para 2017, lo que resta por ver es cómo se comportará el riesgo país luego de la salida abrupta de Miguel Pérez Abad del gabinete económico, después de que bajó de 4.145 puntos básicos (pb) en febrero a 2.589 pb a finales de julio.

La economía venezolana: ¿qué dicen los indicadores?; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro

Si bien en la mayoría de los países para esta fecha ya para el mes de julio se tendrían las cifras preliminares de los principales indicadores de la actividad económica correspondientes al primer trimestre del año, en Venezuela se ha vuelto costumbre el retraso, o incluso la ausencia, de la publicación de cifras por parte

Por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro | 5 de julio, 2016

La economía venezolana ¿Qué dicen los indicadores; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro 640

Si bien en la mayoría de los países para esta fecha ya para el mes de julio se tendrían las cifras preliminares de los principales indicadores de la actividad económica correspondientes al primer trimestre del año, en Venezuela se ha vuelto costumbre el retraso, o incluso la ausencia, de la publicación de cifras por parte del Banco Central de Venezuela (BCV) y las otras instituciones encargadas. Por eso en hemos echado mano de las pocas cifras publicadas hasta la fecha para hacer un recuento de cómo ha marchado la economía venezolana en lo que va de año.

De la recaudación y la demanda

Una variable que va de la mano con el desarrollo de la actividad económica es la recaudación de impuestos, la cual está estrechamente relacionada con el comportamiento de la demanda agregada global. Las cifras oficiales desagregadas publicadas por el Servicio Nacional Integrado de Administración Tributaria (Seniat) muestran que el ente recaudó en los primeros cuatro meses del año 764.991 millones de bolívares, lo que representa un incremento nominal de 174,6%, pero que —a pesar de toda la alharaca oficialista sobre el incremento de la recaudación— al deflactarlo por inflación nos da una caída real interanual de 7,7%. Al analizar el comportamiento por trimestre tenemos que la recaudación cayó 9,2% en términos reales durante el primer trimestre de 2016 con respecto al mismo período de 2015. Lo que esta cifra no dice es que a pesar de los esfuerzos del Gobierno por mantener el gasto, tanto el consumo público como el privado están lejos de reactivarse.

La economía venezolana Qué dicen los indicadores Grafico 1.emf

Los privados, los más golpeados

La aceleración del crecimiento de los precios ha afectado de manera importante el poder adquisitivo de los venezolanos, y por ende, el consumo privado. Durante los años del auge, el crecimiento de la economía venezolana estuvo impulsado principalmente por el consumo de los hogares; sin embargo, desde 2014 no fue así. Durante 2015 se estima que el consumo privado se contrajo 7,8% y parece que en 2016 la contracción será peor. Una variable que nos puede ayudar a estimar el comportamiento del consumo de los hogares es la variación real de la cartera de créditos, la cual tiene una correlación de 90,1% con éste.

De esta manera tenemos que la cartera de crédito es un indicador adelantado importante, pues desde el tercer trimetre de 2015 ha venido contrayendo en términos reales para cerrar el año con una caída de 18,4%. En 2016 se ha venido ampliando esta tendencia hasta registrar una contracción interanual de 25,7% durante el primer trimestre de 2016. Este comportamiento obedece a la menor expansión de la liquidez y la escalada de los precios, que han afectado tanto el crecimiento del sector financiero como el consumo de los hogares. En el pasado se vieron impulsados por un entorno líquido y de tasas de interés reales negativas, donde la expansión del crédito estaba a la orden del día. No obstante, las expansiones reales de 60,0% de la cartera de crédito y de 20,0% del consumo privado parecen haber quedado bastante atrás.

La economía venezolana Qué dicen los indicadores Grafico 2

El Gobierno sigue tensando la cuerda

En el ámbito externo tenemos nuestro estimado de importaciones mensuales, que cubren alrededor del 70,0% de las compras externas por país de origen. Gracias a esta cifra, podemos observar que el correlato del incremento generalizado de la escasez de productos en el mercado local no es otro que la fuerte caída de las importaciones.

Estimamos que después de cerrar 2015 con una caída de 22,3%, entre enero y marzo de 2016 las importaciones totales se han contraído a un ritmo de 42,9%, lo que contrasta con nuestro estimado para este año, que era de 28,1%. Como vemos, el Ejecutivo, bajo un nivel ya contraído, sigue apostando al recorte agresivo de las compras externas con el fin de liberar caja para hacer frente al servicio de la deuda externa. Por otro lado, bajo la luz de estas cifras, se nos plantea la necesidad de revisar a la baja nuestras proyecciones.

La economía venezolana Qué dicen los indicadores Grafico 3

Se cerró el chorro

Hoy en día las liquidaciones de divisas al sector privado por parte de mecanismos oficiales son prácticamente inexistentes. Según nuestros estimados, durante los primeros cinco meses de 2016 el promedio diario de liquidaciones es de 13,5 millones de dólares, que frente al promedio de 50,5 millones de dólares del mismo período del año pasado, nos da una caída de 73,4%. Más aún, en el mes de mayo las liquidaciones promedio diarias se ubicaron en torno a 12,2 millones de dólares, lo que representa una contracción de 67,9%. Como vemos, a pesar de la implementación de nuevos mecanismos cambiarios, el mercado oficial sigue seco, lo que configura la fuerte contracción de las importaciones privadas y la paralización técnica de la industria nacional.

La economía venezolana Qué dicen los indicadores Grafico 4

Mucho instalado y poco utilizado

Una de las actividades económicas más golpeadas en la actualidad es la manufactura. Según cifras preliminares del BCV, en 2015 la actividad manufacturera decreció 6,8%, impulsada principalmente por la caída de 7,4% de dicha actividad en el sector privado. Un factor que puede ejemplificar cómo ha venido decreciendo la productividad del aparato económico venezolano es el grado de utilización de la capacidad instalada.

En la Encuesta de Coyuntura Trimestral de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) que recoge las impresiones del sector industrial se publica una serie del grado de utilización de la capacidad instalada en la que se puede apreciar cómo desde el cuarto trimestre de 2012 éste ha bajado 15,6 puntos porcentuales, al pasar de 59,5% a 43,9% al cierre de 2015. La situación es más dramática si se analiza por tamaño de empresa, pues las industrias pequeñas parecen ser las más afectadas con un grado de utilización de sólo 36,4%.

Otro factor que cabe resaltar es que durante 2015 se dio una caída más acelerada del grado de utilización de la capacidad instalada, pues pasó de 48,3% en el segundo trimestre de 2015 a 43,9% al cuarto de 2015, porcentaje bastante por debajo del promedio de los últimos cinco años. Si tomamos en cuenta que las principales razones que los industriales señalaron como “factores restrictivos que impidieron el aumento de la producción” (incertidumbre política, escasez de materia prima, falta de divisas, controles de precios, racionamiento eléctrico, entre otros) son factores que, lejos de disiparse, se han potenciado este año (con una caída de 82,1% de las liquidaciones de divisas y una contracción de 42,9% de las importaciones), es de esperar que la disminución de la actividad sea aún mayor.

La economía venezolana Qué dicen los indicadores Grafico 5

Peor de lo esperado

Para 2016 todo nos indica que las cosas están peor de lo que esperábamos. Con una aceleración boyante de la inflación, el poder adquisitivo del bolívar es cada día menor, lo que golpea fuertemente al consumo y nos impone restricciones de demanda. No obstante, por el lado de la oferta el panorama no pinta mejor, ya que predomina el aumento de la capacidad ociosa, hay grandes restricciones para aumentar la producción (como el racionamiento eléctrico) e impera un clima económico, institucional y legal adverso. Es por esto que consideramos que la economía venezolana tiene todos los elementos para que la contracción económica en 2016 sea de dos dígitos.

La economía en Venezuela: ¿qué viene?; por Asdrúbal Oliveros

Durante los últimos meses el consenso entre la mayoría de los analistas económicos cuando se hablaba de la situación en Venezuela era caracterizarla como un país en recesión económica. Incluso, se ampliaba el concepto a estanflación, dada la problemática inflacionaria que nos acompaña desde hace algún tiempo. Sin embargo, dada la profundidad de los múltiples desequilibrios,

Por Asdrúbal Oliveros | 10 de junio, 2016

La economía en Venezuela ¿Que viene; por Asdrúbal Oliveros

Durante los últimos meses el consenso entre la mayoría de los analistas económicos cuando se hablaba de la situación en Venezuela era caracterizarla como un país en recesión económica. Incluso, se ampliaba el concepto a estanflación, dada la problemática inflacionaria que nos acompaña desde hace algún tiempo. Sin embargo, dada la profundidad de los múltiples desequilibrios, este término ya se quedó corto. Ahora lo que Venezuela experimenta es, sin duda, una depresión económica. Comparada con 2013, la economía venezolana habrá perdido en términos reales una cuarta parte de su tamaño al cierre de este 2016 y el PIB medido en dólares corrientes, tendrá una reducción de 47%. Estas cifras no tienen precedente en nuestra historia económica contemporánea.

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Desde la perspectiva social y laboral, el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos no tiene precedente alguno. Según las cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) la inflación de 2015 cerro en 180,9%. Nuestros estimados apuntan a que la inflación acumulada durante los primeros cinco meses del año se ubica en 83,2%. Con estos números es poco probable que los salarios se ajusten al incremento de los precios.

Con estos datos, el año pasado los venezolanos se hicieron 14,7% más pobres en promedio, incluso con los incrementos salariales obligatorios decretados desde el Ejecutivo Nacional. En 2016, sin duda, esta situación va empeorar. Asimismo, otro fenómeno que está acabando con los estándares de vida de los venezolanos es el fuerte recorte en las importaciones, los controles de precios y la burocracia en torno a la distribución de alimentos y medicinas. Estos son factores que impulsan la escasez desde principio de 2014. De hecho, los llamados bachaqueros (revendedores) han sabido usar estos desequilibrios para generar ingresos por encima del salario mínimo y poder surfear la crisis.

El sector privado, tras años de competir con el sector público, se ha quedado sin margen de maniobra. El monto de dólares asignados cada vez es menor, lo cual limita la importación de materia prima. La ley laboral complica la sinergia productiva y los controles de precio y margen de ganancia siguen estando presentes. Por otro lado, dada la deuda que mantiene el Ejecutivo con las empresas privadas, las empresas venezolanas no tienen acceso al crédito internacional, lo que eleva su dependencia a las divisas provenientes del Estado.

¿Qué ha hecho el Gobierno?

Ante esta situación uno pensaría que el Gobierno, en conjunto con el resto de los actores institucionales, buscaría solucionar la crisis lo antes posible, no obstante, lo único que ha hecho es correr la arruga anunciando medidas inconexas. Entre ellas destacan: el incremento del precio de la gasolina, la reformulación del sistema cambiario, el incremento en los impuestos, el impulso a los sectores productivos, entre otras, con alcance muy limitado.

Por otro lado, el Gobierno ha decido “pasar” por encima de la Asamblea Nacional (AN) demostrando una vez más que se juega bajo sus reglas y no con otras. Ante esta anulación institucional, la oposición se ha visto imposibilitada de al menos tratar de paliar la crisis. Por los momentos no hay posibilidad de entendimiento entre factores de gobierno y de oposición que permita superar la grave crisis económica y social que vive el país, a pesar de esfuerzos (especialmente venidos del exterior) para sentar en una misma mesa a los actores políticos involucrados.

En esta dinámica, los factores de oposición han ofrecido como salida la realización de un referendo para revocar el mandato del presidente Maduro. Este trámite tiene que cumplir varias etapas y también obstáculos, dado el control institucional que mantiene el chavismo. La meta es que el referendo revocatorio se realice este año, para que se pueda contar con un nuevo gobierno. Pero no es fácil. De algo sí hay que estar claro: mientras más tiempo se espere, más costoso será el ajuste tanto en términos económicos como sociales.

Lo peor está por venir…

Frente al segundo semestre de 2016 es claro que Venezuela tendrá una profundización de la crisis económica con presiones para el cambio político. El actual modelo es inviable y tendrá que cambiar ya sea con precios del petróleo altos o no. No obstante, es imposible predecir la velocidad del cambio. Asimismo, a priori no se puede saber si el cambio que vendrá es mejor o peor que el actual escenario. La incertidumbre parece apoderarse del panorama de mediano plazo en Venezuela.

Por el lado de la economía, mientras las distorsiones no se resuelvan, las variables claves de ajuste —es decir, las válvulas de escape— serán: la escasez, el incremento significativo de la inflación y el tipo de cambio no oficial (paralelo). Adicionalmente se avizora otro riesgo en el horizonte: dado el aumento en las presiones sociales y el incremento de la polarización política, Venezuela podría encaminarse a una crisis de gobernabilidad con consecuencias impredecibles.

Más allá de las medidas anunciadas, las cartas sobre el desempeño económico de 2016 están echadas para Venezuela. Estimamos una contracción de 10,5%, una inflación de 419,5% y una contracción de las importaciones de 35,5%. La clave está a mediano plazo. Hay que evaluar si efectivamente la situación política tiene algún tipo de solución para pensar en mecanismos de estabilización de la economía. La oposición apuesta por un cambio del Poder Ejecutivo que permita un cambio de modelo para comenzar la recuperación. Por el contrario, el chavismo apuesta llegar hasta 2017 para evitar un cambio que pase por una solución electoral.

En 2016 los riesgos —más allá de la posibilidad de que la conflictividad política derive en una crisis institucional— están en que la situación respecto a la inflación derive en una crisis hiperinflacionaria. De hecho, hasta mayo, la inflación subyacente ya escala hasta 807,2% en base interanual. En 2015, la inflación subyacente se ubicó en 383,1%, mientras que en los cinco primeros meses de 2016 ya escaló a 249,2%. El otro foco de tensión es el servicio de la deuda externa. Venezuela tiene un servicio de deuda externa (incluyendo a China) de 14.114 millones de dólares, lo que representa un 64,2% del total de los ingresos proyectados para este año.

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¿En transición?

Cuando se analiza la crisis económica, es difícil pensar que esta situación se pueda mantener por mucho más tiempo. incluso partidos allegados al Gobierno han sugerido realizar ajustes para tratar de minimizar los efectos negativos de la crisis. El Gobierno sabe que medirse en el campo electoral sería un error, especialmente cuando las próximas elecciones son para gobernaciones y alcaldías y las zonas que más han sido afectadas por la crisis son las del interior del país. Adicionalmente, las encuestas más serias muestran que de realizarse un referéndum revocatorio al mandatario de Nicolás Maduro, éste lo perdería.

Pensar en una transición de Gobierno no es descabellado, especialmente cuando se analizan los números. Sin embargo, no se puede saber si lo que viene será mejor o peor para el país y cuándo llegará. Lo que sí tenemos que tener claro es que venga quien venga, el ajuste será necesario y no libre de obstáculos. Si la oposición quiere hacerse con el poder, tendrá que saber jugar sus cartas sobre todo si no quiere ser visto como el culpable del malestar causado por los ajustes, en caso de hacerlos. Y el chavismo necesita reinventarse para asegurar su sobrevivencia política en el mediano y largo plazo. Desde los políticos, pasando por empresas, hasta los ciudadanos debemos tener presente que la economía necesitará un conjunto de medidas, algunas con bastante grado de complejidad, para resolver los múltiples desequilibrios. También es importante el diseño de estrategias para operar antes, durante y después de un período como éste. Para el sector privado será clave el manejo del flujo de caja, la revisión de las opciones de cobertura, las decisiones respecto a los ajustes de precios, la retención del talento y el cuidar la cuota de mercado. Frente a los cambios, la espera ha de ser activa.

¿Qué está pasando con el dólar paralelo?; por Asdrúbal Oliveros y Cristina Parilli

En octubre del año pasado escribimos el artículo “¿Es sostenible la baja del dólar paralelo?”. Y en días recientes hemos notado cómo el tipo de cambio no oficial ha retrocedido en su cotización, tal como ocurrió en aquel momento. Durante la última semana, el llamado dólar paralelo se ha apreciado 5,1%. Sin embargo, en lo

Por Asdrúbal Oliveros | 30 de mayo, 2016

se estabilizó el paralelo Por Asdrúbal Oliveros y Cristina Parilli 6402

En octubre del año pasado escribimos el artículo “¿Es sostenible la baja del dólar paralelo?”. Y en días recientes hemos notado cómo el tipo de cambio no oficial ha retrocedido en su cotización, tal como ocurrió en aquel momento. Durante la última semana, el llamado dólar paralelo se ha apreciado 5,1%. Sin embargo, en lo que va de año, alcanza una depreciación de 16,7% que contrasta con un nivel de depreciación más alto para el mismo periodo del año pasado, cuando se ubicó en 49,5%.

 

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El retroceso en el tipo de cambio paralelo ha dado pie a toda clase de especulaciones, pero la pregunta principal se centra en saber si este fenómeno es sostenible en el tiempo.

Lo primero que debemos tener en cuenta al hablar del tipo de cambio paralelo es que en él se unen tres fuerzas: el elemento fronterizo, los desequilibrios estructurales de la economía venezolana y la gran opacidad con la que opera. Es por esto que decimos que el dólar paralelo representa a un mercado donde la alta volatilidad es un factor central.

A su vez, al ser operado por pocos actores, el mercado paralelo es altamente sensible a cambios ligeros en la oferta y demanda de divisas, por lo que un aumento o una disminución de estos elementos pueden provocar mayores variaciones en los precios que en un mercado que opere sin restricciones.

Si queremos entender qué está pasando (y qué va a pasar) con el paralelo, es clave evaluar si (más allá de estos factores coyunturales que hemos mencionado) han ocurrido cambios en los elementos estructurales que impliquen un punto de inflexión en la cotización del tipo de cambio paralelo.

En nuestra opinión no es así, pero el Gobierno sí ha implementado un mecanismo bajo cuerda, tal como está pasando con la restricción en los niveles de liquidez actuales, y aunque consideramos que esto no será sostenible en el tiempo, sin embago, eso es lo que le ha permitido estabilizar en cierto modo el mercado paralelo.

Entre los motivos principales para pensar que el paralelo no se estabilizará pronto, en primer lugar tenemos que el déficit fiscal del sector público restringido se mantiene. Estimamos que este déficit se ubique en 17,6 puntos de PIB para 2016. Y no puede pensarse en una reducción de la brecha entre la tasa de cambio oficial y paralela en un contexto de indisciplina fiscal como el que vive Venezuela.

Por otro lado, es importante tomar en cuenta la evolución del Dicom. Desde su nacimiento, este tipo de cambio se ha depreciado 57,5%. Hasta el 27 de mayo, esta depreciación representa una pérdida de valor de la moneda de 1,6% diario. En términos de variación, el precio del Dicom ha crecido 135,4%. No obstante, hemos notado cómo la mayoría de las liquidaciones de divisas en el mes de abril aún se siguen haciendo vía la tasa oficial más baja, en este caso la Dipro, que se mantiene estática en Bs. 10,0/US$.

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El aumento en la depreciación de la tasa Dicom puede ser una buena señal, lo cual es uno de los factores de estabilización temporal del paralelo. Sin embargo, los niveles de liquidación aún se mantienen bajos y sin signos de aumentar. La clave, con respecto al futuro, es si el Ejecutivo va a permitir que el Dicom se deprecie hasta alcanzar el tipo de cambio paralelo y se flexibilice el esquema de entrega de divisas.

Otro elemento importante a resaltar es la restricción de liquidez actual que existe en nuestra economía: en marzo, al comparar con cifras del año pasado, se ha reducido 33,4% en términos reales. Por lo tanto, la capacidad de liquidez de la banca se encuentra limitada y esto influye directamente en la disponibilidad de efectivo en la economía a través de la caída en la capacidad de generación de crédito, conteniendo así una parte de la demanda de divisas en el mercado paralelo.

El factor de las expectativas también pesa. Los agentes económicos tienen una credibilidad muy baja sobre la gestión económica del Gobierno, además del nivel de incertidumbre frente a lo que será el escenario político y social en 2016-2017. Esto lleva a las empresas y particulares a intensificar la cobertura, donde la adquisición de divisas es el factor clave. Nosotros recomendamos, bajo estas circunstancias, mantener una posición larga en dólares y corta en bolívares; es decir, mantener inversiones y ahorros de largo plazo en dólares, y gastos de corto plazo en bolívares. Sin embargo, es recomendable mantener operaciones de cobertura activas.

De cara a las próximas semanas, se debe tener en cuenta un factor clave: la presencia de un entorno económico adverso, y la posible activación de un referendo revocatorio, lo que incluye altos niveles de movilización y confrontación social. Este aumento de tensión política y conflictividad pueden empeorar aún más las expectativas y producir que tanto las personas como las empresas se avoquen a un cambio de divisas acelerado.

Mientras el Ejecutivo no de señales de revertir la indisciplina fiscal, se socavará la confianza en la moneda y mantendrán elevadas las expectativas inflacionarias. Por eso nuestro estimado de inflación para el cierre de 2016 es de 319,3%, mientras que la variación interanual de nuestro indicador de inflación subyacente en abril superó el 700,0%. Y en este contexto es indispensable tener en cuenta que la presión sobre el mercado paralelo no va a desaparecer.

En el lado externo, con un barril promedio de US$30,9 para este 2016, el déficit de caja en divisas se ubica en US$ 26.980 millones. La respuesta del Gobierno ante esta situación ha sido anunciar un importante recorte de importaciones, hasta llegar a US$20.000 millones, lo que se traducirá en aún más escasez.

El Ejecutivo sólo está atendiendo los sectores prioritarios: alimentos, medicinas y cuidado personal, los cuales también experimentarán un recorte de divisas. De modo que la escasez de dólares se mantiene y esto presiona la demanda.

El nivel de incertidumbre es elevado por lo que, dado el precio actual del tipo de cambio no oficial y el Dicom con niveles de liquidación diaria promedio de US$2,1 millones en el mes de abril, se debe ser agresivo en la cobertura en los próximos meses.

Tres variables son claves de cara al futuro: ver si el Dicom sigue depreciándose aceleradamente los próximos meses, conocer sus niveles de liquidación y el escenario político para este 2016.

En la medida que el tema del Referendo Revocatorio se convierta en una amenaza real para el Gobierno, se verá en la tentación de aumentar el gasto público por medio de la impresión de dinero, algo que volverá a elevar los niveles de liquidez en la economía y, por consiguiente, podemos esperar que esto aumente la presión en la demanda de divisas en el mercado paralelo.

También es importante que resaltemos los últimos comentarios del Vicepresidente del Área Económica, Miguel Pérez Abad, quien hablo de la puesta en marcha del Dicom como un sistema que reconocería al mercado. Para que esto se pueda llevar a la realidad es necesaria la conjugación de factores operativos, monetarios y fiscales donde la oferta de divisas es clave. Todavía es prematuro hablar de una “liberación del dólar” en un entorno de alta incertidumbre, baja credibilidad y poca liquidez.

Tras analizar los factores del sector cambiario venezolano, podemos entonces volver a la pregunta inicial. Somos de la firme opinión de que no hay razones para pensar que el tipo de cambio paralelo entre en una senda sostenible de apreciación hasta que no se tenga la voluntad política para resolver los múltiples desequilibrios que afectan a nuestra economía. Sin embargo, dado el contexto de recesión económica que presenta Venezuela, no es descabellado pensar que el ritmo depreciación del paralelo será menor al observado en años anteriores.

¿Por qué no está funcionando el Dicom; por Víctor Salmerón 640X60

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¿Por qué la “zonificación” es una pésima idea contra la escasez y el bachaqueo?

Durante las últimas semanas hemos visto con mucha preocupación una matriz de opinión donde se establece la “zonificación” o venta de productos regulados sólo a aquellos individuos que estén registrados en la comunidad, como una medida para garantizar el acceso a la compra de estos productos. En este sentido, queremos dejar en claro que consideramos

Por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez | 18 de mayo, 2016
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De acuerdo con estimaciones de Ecoanalítica, la caída del poder adquisitivo de los venezolanos en el 2015 fue de 20,7% y para 2016 se proyecta que sea de 34,8%. Fotografía de Fernando Llano. AP Photo.

Durante las últimas semanas hemos visto con mucha preocupación una matriz de opinión donde se establece la “zonificación” o venta de productos regulados sólo a aquellos individuos que estén registrados en la comunidad, como una medida para garantizar el acceso a la compra de estos productos.

En este sentido, queremos dejar en claro que consideramos que la medida no es adecuada y que, antes que solventar el problema de fondo (el control de precios), más bien lo agravaría.

La ley de oferta y demanda

En Economía existen dos conceptos básicos que, si bien una buena parte de los estudiantes universitarios ven dentro de los cursos sociales en los primeros semestres, a veces parece que quedaran en el olvido a la hora de hacer un análisis sobre los problemas económicos del país.

La oferta y la demanda representan las herramientas fundamentales para la formación de precios y, por ende, saber cómo interactúan ambas nos permite entender la fuente de la escasez de productos y del fenómeno del bachaqueo (reventa de productos con precios regulados).

Decreto32Por el lado de la oferta tenemos que representa la relación entre la cantidad de bienes ofrecidos por los productores y el precio actual en el mercado. Un aumento o disminución de la oferta depende, entre otros factores, de los costos de producción de los bienes, de los impuestos y de la tecnología. En otras palabras: a medida que los costos disminuyan, los impuestos sean menores y la tecnología permita aumentar la productividad, tendremos una mayor cantidad y variedad de productos.

La demanda, por su parte, representa la cantidad de bienes que los consumidores están dispuestos a adquirir a los precios determinados. Su movilidad depende, entonces, del precio del bien, del ingreso o de la renta de los individuos, de los gustos o preferencias, del precio de los productos que puedan sustituir a dicho bien y del precio de un producto que sea complementario. En palabras más sencillas, la demanda de pan para perrocalientes dependerá de su precio, del salario, del gusto por el pan, del precio de otras marcas de pan y del precio de las salchichas, salsas, papitas y cualquier otro producto que como venezolanos nos inventamos a la hora de preparar perrocalientes.

El modelo de la oferta y la demanda describe la interacción en el mercado de un determinado bien entre los consumidores y los productores, en relación con el precio y las cantidades vendidas. Este modelo predice que, en un mercado libre y competitivo, el precio se establecerá en función de la cantidad demandada por los consumidores y la cantidad proveía por los productores, generando un punto de equilibrio en el cual los consumidores estarán dispuestos a adquirir todo lo que ofrecen los productores al precio marcado por dicho punto.

Bachaqueo: el origen y sus consecuencias…

En el momento en que el Gobierno decretó un control de precios para una gran variedad de productos, en ese mismo instante se originó el bachaqueo. Los controles de precios generan distorsiones en la oferta y la demanda, y a su vez incentivos para la creación de mercados negros. En Venezuela, el actual control de precios está vigente desde 2003 y abarca aproximadamente el 70,0% de la canasta utilizada por el Banco Central de Venezuela (BCV) para medir la tasa de inflación.

Viendo el problema desde el lado de la oferta, al fijar un precio “justo” para un bien el productor ve afectada su capacidad de ajuste de precio en función del aumento de sus costos de producción. Es decir: los costos de producir dicho bien en Venezuela se han venido incrementado en gran magnitud, incluyendo los numerosos aumentos salariales decretados por el Gobierno, y ante esto el productor no ha podido subir el precio para mantener la rentabilidad.

Además, la gran mayoría de los productos regulados tienen un componente importado, lo que implica que el productor necesita de divisas para poder mantener sus niveles de producción. Considerando que el precio “justo” toma como tipo de cambio el extinto VEF6,3/US$, al cual pocos tuvieron acceso, entonces no es descabellado ver que los niveles de oferta hayan caído abruptamente. Como productor, no tiene ningún sentido económico producir a un costo que es superior al fijado como precio de venta.

Ahora, por el lado de la demanda, si los venezolanos ven que un producto tiene un precio fijo, sus expectativas racionales son que ese producto va a escasear y por eso se vuelcan a comprar la mayor cantidad que puedan. Es decir, la demanda crece y lo hace por dos razones. Primero, ante las expectativas de escasez, los individuos piensan que es mejor acumular producto en los hogares para no verse afectados en un futuro. Y segundo, con una oferta reducida y con otros consumidores dispuestos a pagar un precio superior, se generan incentivos para adquirir el bien a un precio bajo y venderlo en los mercados negros a un precio mayor.

Si a lo anterior le agregamos el hecho de que la caída del poder adquisitivo de los venezolanos en el 2015 estimamos que fue de 20,7% y que para 2016 proyectamos que sea de 34,8%, entonces, aumenta la presión a la demanda de productos regulados considerando que cada vez hay más venezolanos a quienes se les imposibilita adquirirlos en los mercados no regulares.

En conclusión, el problema de la escasez y del bachaqueo es la consecuencia del control de precios y control de capitales decretado por la actual administración.

¿Cómo funciona el mercado negro y el bachaqueo?

Para entender el funcionamiento de los mercados no oficiales es vital revisar el impacto que los controles de precios tienen en el comportamiento de los agentes. En este sentido, podemos identificar cuatro tipos de individuos: los productores, los comercios formales, los revendedores y los consumidores finales.

Los productores, como ya hemos comentado, dejan de tener incentivos para seguir produciendo el bien regulado. El control de precios impacta en la rentabilidad y, en consecuencia, deja de ser atractivo para la industria mantener la producción: tenemos menos productos disponibles para la venta.

En cuanto a los comercios y canales formales de venta, la situación es delicada.

Mantener el producto en los anaqueles durante todos los días es prácticamente una tarea imposible. Al tener un precio por debajo del mercado, las ventas se multiplican, sólo que esto no se transforma en mayores ganancias. Todo lo contrario: las ganancias pasan a ser limitadas y fijas. Además, el tránsito de público en las instalaciones se multiplica y termina siendo un dolor de cabeza para los comercios ya que sus clientes habituales empiezan a dejar de ir a los establecimientos.

Los revendedores son quienes obtienen mayores beneficios, por no decir que son los únicos. Estos individuos empiezan a dedicar cada vez más tiempo a la adquisición de productos regulados a su precio “justo”, pero no para su consumo sino para la reventa a un precio de mercado superior al fijado. La ganancia en este caso sería la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta. En este punto es importante resaltar que el precio de venta es fijado por ellos individuos al considerar indirectamente cuál es el costo del tiempo dedicado a la actividad.

Finalmente, los más perjudicados terminan siendo los consumidores finales. Ante la dificultad para adquirir el producto regulado, terminan comprando a los revendedores a un precio al cual no tienen forma alguna de presionar a la baja. Adicionalmente, es este grupo el que sufre de una mayor caída en su poder adquisitivo siempre y cuando su salario no aumente al ritmo que lo haga la inflación.

Dentro de este esquema hay que incluir que, hoy en día, para el caso de Venezuela la existencia de los bachaqueros también pasa por el nivel de rezago que existe en los salarios. Un bachaquero puede llegar a tener un sueldo que, dependiendo del tiempo que dedique a esta actividad, supera en cinco veces el salario mínimo oficial.

¿Son los controles la solución a nuestros problemas?

Volviendo al título de este artículo, plantear la “zonificación” como medida para eliminar el bachaqueo y la escasez es lo mismo a proponer mayores controles. Y, si hemos sido claros, ya sabemos que los controles generan mayores distorsiones y mayor escasez, pero no soluciones. Si esta tesis no es convincente, veamos las medidas aplicadas por el Gobierno para “solventar” el problema.

En primer lugar, se estipuló una limitación en cuanto a las cantidades que se podían adquirir por personas. Como resultado, la demanda creció aun en mayor medida y ejerció presión en los precios de los mercados negros donde sin ningún problema se podía adquirir la cantidad que uno deseara.

Un segundo control fue la implementación del terminal de la cédula de identidad para indicar qué día podían comprar los venezolanos los productos que se encontraban ya más regulados. Considerando que, ante una oferta reducida, no todos los días llegaban productos a los establecimientos comerciales, era de esperarse que la demanda recibiera más presión y sin duda alguna mayores precios en los mercados no oficiales.

El tercer intento fue el captahuellas. De igual manera, como los controles anteriores, el resultado no ha sido otro diferente que una mayor demanda y por tanto un precio aún mayor. Entonces, si se implementa la zonificación como mecanismo de control el resultado no será diferente. Veremos mayores precios y menos productos.

Por último, el cierre de fronteras. Esta medida fue tomada para evitar la salida de productos regulados del país, sin embargo, sólo hace falta ir a las ciudades fronterizas para verificar que fuera de Venezuela se consiguen con gran facilidad los productos que los venezolanos no podemos acceder sin incurrir en mercados negros o dedicar un buen tiempo en una cola.

Como venezolanos tenemos que entender que la política de control de precios no tiene otra solución que no sea su eliminación. La exigencia debe estar dirigida en este sentido y no en el diseño de mayores controles que fuera de solucionar el problema generaran mayores distorsiones.

¿Qué pasaría si hubiese
mercados competitivos?

Como economistas, siempre hemos llamado al desmontaje del control de precios. Con su eliminación los beneficios llegarían a todos los sectores de la economía. Por un lado, los precios llegarían a un punto de equilibrio donde los consumidores podrían ir, como es normal en cualquier otro país, y adquirir la cantidad que necesitan sin el temor que en el momento que necesiten más no lo vayan a conseguir.

Los productores recuperarían los niveles de rentabilidad y consecuentemente no sólo aumentarían la producción, sino que también tendrían incentivos para llenar el mercado con diferentes presentaciones. Es decir: los anaqueles volverían a estar llenos y con una variedad de bienes que al día de hoy solamente pueden ser vistos por aquellos que tienen la oportunidad de viajar fuera del país.

Y sin duda alguna, seríamos los venezolanos quienes pasaríamos a tener una mayor calidad de vida donde no tendríamos que acudir a mercados informales y pasaríamos a poder adquirir el producto que deseamos, en el momento que nos apetezca y a un precio adecuado para los niveles de ingresos.

Un balance del Socialismo del siglo XXI en Venezuela (II); por Asdrúbal Oliveros y Carlos M. Álvarez

♦ Fin de la bonanza y desafíos para el modelo Durante la bonanza petrolera el chavismo logró construir un modelo que, sostenido por la expansión constante del gasto público, logró apoyos importantes en amplios sectores de la sociedad. Esta política le permitió estimular el crecimiento de la demanda agregada y del PIB, y generar artificialmente una

Por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez | 29 de abril, 2016

Un balance del Socialismo del siglo XXI en Venezuela (II); por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez

Un balance del Socialismo del siglo XXI en Venezuela (II); por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez 640x60

Fin de la bonanza y desafíos para el modelo

Durante la bonanza petrolera el chavismo logró construir un modelo que, sostenido por la expansión constante del gasto público, logró apoyos importantes en amplios sectores de la sociedad. Esta política le permitió estimular el crecimiento de la demanda agregada y del PIB, y generar artificialmente una situación de “bienestar”, que le ha servido como plataforma para mantener elevados sus niveles de popularidad dentro de la población.

Desde finales de 2012, el gasto público ya no tiene el fuelle para lograr sostener amplio apoyo y el chavismo parece haberse convertido en minoría, en medio de una crisis económica que ha minimizado los supuestos avances sociales obtenidos. El incremento del gasto ha terminado por generar un círculo vicioso para el Gobierno, pues la liquidez y la inflación hacen que el gasto vaya perdiendo efectividad a la hora de generar consumo y crecimiento económico, así como bienestar dentro de la población. A su vez, el gasto termina generando más inflación. La materialización de este planteamiento se observa cuando vemos cómo el pasado 6 de diciembre la oposición logró ganar de manera contundente las elecciones legislativas. La oposición obtuvo un total de 112 diputados de los 167 puestos.

El petróleo en un ciclo de precios bajos

El precio del petróleo está en parte determinado por la oferta y la demanda real, y en parte por la expectativa. La demanda de energía está estrechamente relacionada con la actividad económica. También se incrementa en el invierno en el hemisferio norte, y durante el verano en los países que utilizan aire acondicionado. La oferta puede verse afectada por el clima (que evita que los buques carguen) y por las turbulencias geopolíticas. Si los productores piensan que el precio permanecerá alto, invierten, lo que después de un rezago genera un aumento en la oferta. Del mismo modo, los precios bajos conducen a una sequía de inversión. Las decisiones de la OPEP dan forma a las expectativas: si se frena bruscamente la oferta, puede generar un aumento rápido de precios.

A finales de 2014, cuatro factores afectaron durante más de cinco años los precios del petróleo manteniéndolos altos. Primero, la demanda se desacelero debido a la debilidad de la actividad económica, el aumento de la eficiencia, y una migración cada vez mayor a energías renovables. En segundo lugar, la agitación en Irak y Libia —dos grandes productores de petróleo que, combinados, producen casi cuatro millones de barriles al día (mb/d)— no ha afectó a su producción. El mercado era más optimista sobre el riesgo geopolítico. En tercer lugar, Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor de petróleo del mundo. A pesar de que no exporta petróleo, ahora importa mucho menos, creando una sobreoferta importante. Por último, los sauditas y sus aliados del Golfo decidieron no sacrificar su propia cuota de mercado para restaurar el precio. Ellos podrían reducir la producción bruscamente, pero los principales beneficios de la reducción irían a parar a los países que adversan como Irán o Rusia. En consecuencia, comenzó la fuerte caída en el precio del petróleo.

Durante el mes de agosto de 2015 el precio de la Cesta Petrolera Venezolana se ubicó en 40,2 dólares por barril, una caída de 25,5% durante los primeros ocho meses del año. Pese a un leve repunte entre marzo y julio, los precios se vieron arrastrados a partir de agosto por las noticias sobre la desaceleración del sector industrial chino, la sostenida sobreoferta en el mercado mundial y un nivel de inventarios aun alto.

Los factores fundamentales del mercado apuntan a un ajuste gradual de los precios del crudo en 2016. En cuanto a la demanda mundial de crudo, los menores precios han impulsado el consumo de derivados y la acumulación de inventarios. Sin embargo, las perspectivas de menor crecimiento en China y en otros países emergentes cuyo principal mercado es el chino, han limitado y contendrán el despegue de la demanda en los próximos años. Sobre la oferta mundial de crudo, no vemos el recorte en producción que se vaticinaba tras una caída de casi 50,0% en los precios. Si bien la producción se ha reducido en los países no OPEP, dicha caída ha sido compensada por una producción OPEP que se mantiene en máximos históricos.

El escenario de continuidad en la sobreoferta (de alrededor de 1,6 mb/d de acuerdo con las principales agencias) y altos inventarios nos hace apostar por la estabilidad de los precios petroleros en el corto plazo. En el mediano plazo, vemos un escenario de bajo crecimiento en la demanda y expansión en la oferta, liderada por la reincorporación de Irán al mercado mundial en 2016, así como de una OPEP que quiere aprovechar el ciclo de precios bajos para recuperar espacios perdidos.

El mercado de divisas no oficial y su importancia

Un mercado que se ha visto afectado por la caída de los precios del petróleo ha sido el de divisas, uno fundamental y de vital importancia para el modelo económico del “Socialismo del Siglo XXI”. La consecuencia es que un país que dependía de las importaciones, no tiene dinero para cubrir sus necesidades.

Antes de que fuera decretada la ilegalidad del mercado paralelo, en 2010, éste mostraba un crecimiento vertiginoso, así como una fuerte volatilidad en su cotización, que sólo era reducida cuando el Ejecutivo le inyectaba liquidez. Con la caída de los precios petroleros en 2009, el Ejecutivo no pudo disponer de tantas divisas como en el pasado, y la tendencia del tipo de cambio no oficial fue al alza. Esto, junto con razones de reacomodo político dentro del gabinete económico, llevó al Ejecutivo a declarar ilegal estas operaciones y establecer un nuevo mercado oficial  —restringido por demás— que llamó Sitme.

El mercado paralelo proveía de divisas al segmento de grandes empresas y corporativos para hacer frente a las demoras de Cadivi y además para la cobertura cambiaria, por estar en un país con elevada inflación y tendencia crónica a devaluar para corregir los desequilibrios fiscales. La menor participación de las grandes empresas y corporativos en el mercado paralelo se debió al mayor riesgo reputacional y legal que desde 2010 asumen todos aquellos que recurren a él. Sin embargo, los mayores riesgos por el incumplimiento de la Ley de Ilícitos Cambiarios y por la incursión en operaciones en un mercado que no es del todo transparente han sido compensados paulatinamente por los mayores riesgos de devaluación, dada la persistencia de la inflación y en un entorno donde el crecimiento del gasto ha conducido a una mayor liquidez. Por eso, las grandes empresas han recuperado su participación en el mercado paralelo durante los últimos tres años.

Desde los últimos meses de 2012 se empezó a observar una alta volatilidad en el mercado paralelo. En ese periodo el tipo de cambio no oficial se depreció en 73,9%. La oferta del sector público, que fue estable y constante durante los primeros nueve meses del año, a partir de septiembre se redujo prácticamente a cero a raíz de la orden emitida por el Ministerio de Finanzas de detener la oferta desde el Ejecutivo al mercado no oficial. Adicionalmente, la oferta oficial entre Cadivi y Sitme se redujo 14,5% en comparación con el mismo período del año anterior. Estos dos factores impulsaron al alza el tipo de cambio no oficial.

Desde entonces, el mercado es muy volátil con tendencia al alza, y la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo se ha venido ampliando vertiginosamente. Más allá de los números, queda claro que:

1. Si desde el Ejecutivo no se restablece la oferta de divisas hacia este mercado, no se logrará estabilizar el precio y más bien se presionará al alza, y
2. que con mayor opacidad y escasa oferta, no se puede combatir esta cotización. Sin duda alguna, este mercado también ha impactado fuertemente en los precios. Esto genera un riesgo latente de que la economía venezolana caiga en una dinámica hiperinflacionaria, que no es otra cosa que una destrucción del poder adquisitivo de los ingresos.

La política económica ante un escenario de estrechez

En el último trimestre del 2015 Venezuela se encontró en medio de una profunda crisis que se manifestaba en múltiples desequilibrios. Adicionalmente, el precio del crudo venezolano cayó 54,2% en base interanual. El Ejecutivo decidió realizar un ajuste exclusivamente externo: reducción de las importaciones, liquidación de activos y endeudamiento. Esto le ha permitido cubrir el 61,3% del déficit externo, pero los desequilibrios más apremiantes en materia fiscal, monetaria y de precios relativos seguieron intactos y se agravaron día a día. Además, con la aceleración de la inflación, la caída del poder adquisitivo es grave: 33,9%.

En el mercado cambiario la situación se ha complicado desde mediados de 2014, en vista de la disminución de la Cesta Petrolera Venezolana, lo que ha generado que las liquidaciones a través de Cencoex y los mecanismos oficiales cayeran. Asimismo, se ha dado una migración de los sectores importadores hacia mecanismos con mayores tasas de cambio, como el Sicad y el Simadi, e incluso hacia el mercado no oficial.

Durante 2015 la situación se agravó. El desplome de los precios del petróleo, que significó una caída cercana al 50% de los ingresos en divisas de la nación, y la falta de opciones de financiamiento, provocaron que se debiese ajustar el gasto en divisas. La primera opción al momento de hacer recortes fueron las importaciones privadas. Paradójicamente, mientras el sector privado vio mermada de manera importante la asignación de divisas por parte del Gobierno, las importaciones totales se contrajeron apenas 9,2% durante los primeros siete meses del año, lo que implica que las importaciones del sector publico deben haber crecido en una proporción cercana a 21,3%.

Por otro lado, la baja liquidación de divisas hacia el sector privado, junto con la baja efectividad de las importaciones públicas ha llevado a una importante contracción en la oferta de bienes finales, y a que se incrementen las presiones inflacionarias de origen real. Además, la rápida depreciación del tipo de cambio paralelo y su peso en la estructura de costos de las empresas, hace que la presión inflacionaria de origen cambiario sea importante.

Durante años el crecimiento de la economía venezolana, las políticas fiscales estuvieron basadas en una gran expansión del gasto público corriente que impulsó el consumo de los trabajadores y la sensación de bienestar dentro de la población. Sin embargo, esta fórmula parece haberse agotado, ya que a pesar de la continua expansión del gasto en términos nominales, la escalada inflacionaria ha fracturado el poder adquisitivo de los trabajadores y la capacidad del gasto de generar consumo y crecimiento.

Desafíos para la sostenibilidad de los logros sociales

Para revertir los efectos que han producido las políticas de la actual administración, se debe suspender la transición al socialismo y reorientar la economía venezolana. Venezuela debe enfocarse en la producción de bienes y servicios transables, en la descentralización en la toma de decisiones, en la transparencia fiscal, en la diversificación de las oportunidades de inversión y en la disminución de la dependencia del petróleo. Al final, el país debe alcanzar altos niveles de modernización organizacional e innovación, en un ambiente donde se respeten los derechos de propiedad prudentemente regulados.

Las políticas deben ser más responsables. Se debe respetar la autonomía del Banco Central de Venezuela y frenar el financiamiento que éste otorga a Pdvsa y al Gobierno. La gestión fiscal debe ser más eficiente, de manera que los fondos parafiscales logren ser eliminados o integrados dentro de un presupuesto único que refleje todos los ingresos y gastos públicos. Sin embargo, aunque es necesario reorientar la gestión fiscal, este proceso se debe llevar a cabo de manera gradual y con mucha cautela, ya que el Gobierno ha atado al gasto público los ingresos de muchas familias venezolanas a través de las misiones y los programas sociales.

Por otra parte, tomando en cuenta que no corresponde al Estado ser el único proveedor de bienes y servicios, se debe promover el crecimiento de la actividad productiva privada, en un ambiente de seguridad jurídica y estabilidad económica propicio a la inversión, lo que eventualmente se traduciría en un aumento en la creación de empleo y en una mejora sustancial en la productividad de los venezolanos. Asimismo, tampoco corresponde al Estado fijar los precios a los que cada bien o servicio debe venderse,  por lo que se debe flexibilizar la actual política de control de precios de manera gradual, consensuada y contingente, reconociendo la existencia de presiones inflacionarias de origen fiscal y cambiario.

El control de cambios debe estar orientado a una futura unificación del mismo, ya que, en materia cambiaria, lo ideal es lograr un tipo de cambio simple y competitivo, que facilite a Venezuela vender sus productos a otros países y producir para consumo e inversión internos. A largo plazo, se debe eliminar este control, pero de manera paulatina, puesto que el buen resultado de esta medida requiere de la credibilidad y el éxito relativo de las políticas económicas y de la percepción de estabilidad de la economía.

De igual importancia es la solidez de las instituciones que protegerán al sistema económico de la volatilidad de los precios del petróleo, del uso prudente de las rentas que genere y del posible desarrollo de nuevas fuentes de energía.

Si consideramos que en los últimos 15 años Venezuela ha vivido el mayor boom petrolero de su historia, podemos afirmar que esto no se tradujo en bienestar ni en mejor calidad vida de la población. Por el contrario, hemos registrado aumentos considerables de variables como la inflación, que se ubicó durante 2014 en 68,5% y por encima de los tres dígitos en 2015, lo que ha minado el poder adquisitivo del venezolano.

Tras dos años de recesión económica (2014-2015) hemos visto retroceder lo que se había mejorado gracias al boom petrolero. Según el estudio “Pobreza y misiones”, la situación social actual, medida por los niveles de pobreza de ingresos, nos coloca en un nivel muy parecido al de nuestros peores años (1989, 1992 y 2003), teniendo en cuenta que en esos periodos no existía la combinación de estanflación, inseguridad, descontento social y alta polarización política.

Un balance del Socialismo del siglo XXI en Venezuela (II); por Asdrúbal Oliveros y Carlos Miguel Álvarez 640x60