Blog de Angel Alayón

A propósito de la “guerra contra las colas”, por Ángel Alayón

El lenguaje bélico tiene consecuencias inesperadas. El nuevo Superintendente de Precios, Andrés Eloy Méndez, anunció que el gobierno le declaró “la guerra a las colas”. Sí: la guerra. Supone uno entonces que vendrán batallas, nuevas ofensivas, otros despliegues tácticos. Y caídos. Aunque nunca nadie haya visto una cola morir. Ya, incluso, hay ataques. El establecimiento […]

Por Angel Alayón | 17 de Agosto, 2014

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El lenguaje bélico tiene consecuencias inesperadas. El nuevo Superintendente de Precios, Andrés Eloy Méndez, anunció que el gobierno le declaró “la guerra a las colas”. Sí: la guerra. Supone uno entonces que vendrán batallas, nuevas ofensivas, otros despliegues tácticos. Y caídos. Aunque nunca nadie haya visto una cola morir.

Ya, incluso, hay ataques. El establecimiento estatal Supermercado Bicentenario de Plaza Venezuela fue sancionado debido a que sólo estaban en funcionamiento 26 cajas en lugar de 60. Y había gente en cola para pagar detrás de los mostradores. Es interesante que un funcionario público haya decidido sancionar a una empresa estatal. Si no es un acto inédito durante los últimos años, al menos así suena.

Sin embargo, más allá de lo simbólico, una sanción de este tipo apunta los cañones en la dirección incorrecta y más bien atenta directamente en contra de la autonomía gerencial de las empresas, una dimensión de la propiedad privada necesaria para la inversión y maltratada por tantas regulaciones implementadas por este gobierno.

No sabemos cuál es la situación financiera de los “abastos” Bicentenario ni las de otras empresas que podrían ser sancionadas por la ausencia de cajeros, pero cabe preguntarse si la empresa tiene capacidad para contratar a 34 personas más para mantener activas todas las cajas.

Las regulaciones pueden poner en riesgo la viabilidad de cualquier empresa. Incluso quebrarla.

En una economía funcional, las colas frente a los cajeros de los supermercados son una de las dimensiones del servicio que se resolverían a través de la competencia, no desde la regulación. Si en un establecimiento hay mucha cola o mal servicio, los consumidores irían a otro. Pero la economía venezolana no es una economía funcional. Y el verdadero problema en Venezuela no es la cola frente a los cajeros sino aquella que miles de venezolanos están haciendo incluso antes de que abran las puertas de los abastos y supermercados. Una cola que tiene su origen en la escasez que se vive en Venezuela.

El racionamiento es inevitable cuando la oferta disponible no puede satisfacer la demanda y los precios están regulados. Y la cola ha sido, hasta ahora, el principal método de racionamiento en Venezuela. Esos venezolanos que hacen fila a las puertas de un supermercado son víctimas de la escasez. Son la prueba de un fracaso.

[Muchas veces además de racionar por tiempo -la cola-, también se racionan las cantidades que puede comprar una persona. Adicionalmente, debido al diferencial del precio regulado con el precio en el mercado informal, hay que advertir que algunas personas hacen la cola por negocio, para arbitrar entre los dos mercados, una distorsión adicional de los controles].

En las colas se paga con una moneda distinta al dinero: el tiempo. No sería exagerado decir que cada vez que alguien hace una cola deja en ella una parte de su vida. Pudiera establecerse que el precio de un producto racionado es el precio que se paga en bolívares más las horas de de vida que se entregan haciendo fila. En una economía de escasez no requieren sólo tu dinero: requieren de tu tiempo, el último de los recursos escasos.

Las colas son visibles y generan ruido (y hasta violencia). Además, en las colas se habla, algo inconveniente desde el punto de vista político cuando hay insatisfacción. Por eso la tentación de sustituirlas por otros métodos de racionamiento siempre estará presente.

El Ministro de Alimentación, General García Plaza, contó a través de su cuenta de twitter que pronto se implementará el sistema biométrico de abastecimiento que fue creado en el primer trimestre para evitar la extracción de productos básicos y su reventa en el mercado informal.

En otras palabras: la tarjeta de racionamiento.

Cuando se habla de formalizar un sistema de racionamiento sólo puede significar una cosa: el gobierno considera que no puede resolver el problema de la escasez en el corto plazo. Otros pueden creer también que la escasez y el racionamiento ya ha sido incorporado como método de control político.

La formalización del racionamiento nos hace viajar en el tiempo a los viejos y conocidos resultados del llamado socialismo clásico del siglo XX: un kilo de arroz al mes en Polonia, 460 gramos de pollo en Cuba, medio kilo de harina de trigo en Rumania, 700 gramos de azúcar en Vietnam. Cifras que aterran.

¿Es el racionamiento una característica del socialismo del siglo XXI, como lo fue en el socialismo clásico del siglo XX? La pregunta es retórica.

Ahora, ¿está dispuesto el gobierno a deslastrarse de las políticas que hacen que muchos venezolanos peregrinen de madrugada a los supermercados con la esperanza de poder comprar los productos escasos?

No hace falta una “guerra contra las colas”: hace falta una reforma económica que nos aleje de los viejos fantasmas del socialismo del siglo XX.

El precio de la gasolina: una guía para el debate; por Ángel Alayón

  La gasolina no es sólo un combustible: es un fantasma. El presidente Nicolás Maduro convocó a un debate nacional sobre el aumento del precio de la gasolina, un tema que desde el sacudón de febrero de 1989 se considera delicado por sus posibles consecuencias sociales. Quienes están en el gobierno se han autodenominado “hijos […]

Por Angel Alayón | 1 de Agosto, 2014

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La gasolina no es sólo un combustible: es un fantasma. El presidente Nicolás Maduro convocó a un debate nacional sobre el aumento del precio de la gasolina, un tema que desde el sacudón de febrero de 1989 se considera delicado por sus posibles consecuencias sociales.

Quienes están en el gobierno se han autodenominado “hijos de El Caracazo” y muchas veces aquel trágico evento se ha asociado con la reacción de la gente a unas medidas económicas dictadas desde el Ejecutivo Nacional y que incluyeron el aumento del precio de la gasolina.

Ya sabemos que la gasolina en Venezuela es la más barata del mundo. Pero ese dato por sí solo no es una prescripción para el aumento del precio. El gobierno debe demostrar en ese debate que el aumento del precio de la gasolina generará más beneficios que costos a la sociedad venezolana. Porque una decisión de este tipo siempre tiene beneficios y costos.

El precio subsidiado de la gasolina genera cuantiosas pérdidas a PDVSA y al fisco nacional: los cálculos oficiales las estiman en 12.500 millones de dólares al año, producto de un subsidio que beneficia principalmente a los venezolanos que se movilizan en vehículos particulares, que son minoría y además tienen un ingreso superior al promedio. En consecuencia, el subsidio de la gasolina es regresivo. Es decir: beneficia a los que más tienen en perjuicio del resto de la sociedad. Por esta razón, en principio, el aumento del precio de la gasolina combatiría la desigualdad. Y ése es un argumento que escucharemos muchas veces en las próximas semanas.

Sin embargo, el beneficio de los que “menos tienen” depende del uso que se le dé a los recursos que genere el aumento del precio de la gasolina. Los dueños de vehículos pagarán más por cada litro de combustible, mientras que a PDVSA y al fisco le entrarán más recursos. ¿Se utilizará ese dinero producto del aumento del precio de la gasolina para beneficiar a quienes hay que beneficiar? En este torno a las respuestas a esta pregunta se centrará buena parte del debate. Muchos dirán que sí aceptan el aumento del precio de la gasolina, pero que debe discutirse sobre el uso de los fondos.

Nicolás Maduro, anticipándose a esta discusión, propuso una fórmula de distribución:

 “Propongo que todo el dinero que venga vaya a un Fondo Social centrado en el país y en sus necesidades”, señaló. La distribución será la siguiente: 20% para la Gran Misión Vivienda Venezuela, 20% para becas del sistema universitario, otro 20% para la Misión el  Amor Mayor, otro para Patria Segura  y un último 20% para vialidad y servicios”.

Se trata de un viejo recurso para darle viabilidad política a lo incómodo: marcar el destino de los fondos que se recaudan con nuevos impuestos o, en este caso, con el incremento del precio de un producto subsidiado a programas inapelables. Sin embargo, la propuesta de Maduro está lejos de agotar la discusión.

El dinero es fungible. El Estado venezolano ya gasta recursos en la Misión Vivienda, en becas para el sistema universitario, en la Misión en Mayor, en Patria Segura y en la vialidad. Si lo que se le asignaría a cada uno de estos programas es una cantidad menor a los que ya se gasta, no hay ninguna garantía de que habrá un incremento en los servicios prestados como consecuencia de lo recaudado por la gasolina.

El gobierno puede utilizar recursos que estaban anteriormente destinados a estos programas y dedicarlos a otras actividades de gastos. Otro aspecto de la discusión será si se justifica la asignación de recursos adicionales a estos programas. Lamentablemente, no hay información disponible sobre el costo-efectividad de los programas sociales implementados por el gobierno. En muchas áreas de inversión del Estado venezolano, el problema no es sólo de recursos, sino de modelo organizativo y de gestión. Es el caso de la viabilidad, por poner un ejemplo.

Conviene advertir que, debido a la fungibilidad del dinero, la discusión no se centrará sólo sobre la efectividad del gasto en las misiones, sino en el manejo de todos los recursos del Estado venezolano.

Tamaña discusión.

Y sin información detallada sobre el uso de los recursos, el debate sobre la gasolina no se podrá llevar a cabo alejado de los eslóganes, consignas y catecismos. ¿Pero pondrá el Gobierno al alcance de los venezolanos la información necesaria para el debate?

Quizás la propuesta de Maduro hubiera sido más efectiva desde el punto de vista comunicacional si hubiera planteado inversiones concretas. Por ejemplo: plantear la construcción de los 1.000 liceos necesarios para cerrar la brecha de estudiantes que no tienen acceso al bachillerato.

Una alternativa a la propuesta de Maduro sobre la que se discutirá bastante es la posibilidad de entregar directamente a los ciudadanos una porción importante de lo recaudado por la gasolina. Autores como Pedro Luis Rodríguez, o Douglas Barrios y José Ramón Morales, han trabajado a profundidad sobre este tipo de propuesta, en parte inspiradas por la exitosa experiencia iraní.

PDVSA también estará en el centro del debate. Una empresa cuya producción ha caído al mismo tiempo que ha visto triplicar su nómina debe preocupar a los venezolanos. La pérdida que produce la gasolina es un problema importante para su flujo de caja, pero no el único. La petrolera ha sido utilizada también como una organización que, lejos de sus funciones petroleras, financia e implementa programas sociales y realiza actividades productivas distintas a las energéticas, complicando la operación y comprometiendo la eficiencia de la principal empresa en Venezuela.

El aumento del precio de la gasolina ocasionará cambios en las conductas de los consumidores, muchos de los cuales se venderán como favorables (y con razón). Se racionalizaría el uso de la gasolina. Aumentaría la presión ciudadana para mejorar el transporte público. Habría una disminución de la congestión. Habría menos contaminación. Habría mejor servicio en las gasolineras.  También se hablará del impacto en los costos de sectores donde el uso de combustibles es intensivo, como el transporte.

No podemos olvidar que la disminución (o eliminación) del gigantesco subsidio a la gasolina desestimularía el contrabando, un problema grave y de raíces profundas, como nos los cuenta Sinar Alvarado infiltrado en una de tantas caravanas de contrabando que cruzan a diario con la venia de no pocas autoridades. Por supuesto, esto dependerá del tamaño del incremento y del grado de sobrevaluación del bolívar.

En un país petrolero y con precios distorsionados, la gasolina debería servir para discutir prácticamente todos los aspectos relevantes del funcionamiento institucional del Estado y de la política económica.

Ojalá pueda plantearse la discusión… o los fantasmas seguirán acechando.

4 notas sobre el control de cambio y la declaración de Aristóbulo Istúriz; por Ángel Alayón

0. La declaración. Este lunes 14 de julio, el Gobernador Aristóbulo Istúriz y dirigente del PSUV afirmó en un evento transmitido por Venezolana de Televisión: “El control de cambio en Venezuela no es una medida económica: el control de cambio en Venezuela, mis queridos compatriotas escua,  es una medida política. Porque si nosotros quitamos el control […]

Por Angel Alayón | 15 de Julio, 2014

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0. La declaración. Este lunes 14 de julio, el Gobernador Aristóbulo Istúriz y dirigente del PSUV afirmó en un evento transmitido por Venezolana de Televisión:

“El control de cambio en Venezuela no es una medida económica: el control de cambio en Venezuela, mis queridos compatriotas escua,  es una medida política. Porque si nosotros quitamos el control de cambio, ustedes sacan los dólares y nos tumban. Mientras gobernemos tendremos que tener control de cambio. [...] Y tendremos que amoldarnos, con control de cambio, a  manejar la economía”

1. La confesión: “El control de cambio en Venezuela no es una medida económica, es una medida política”. La declaración de Istúriz contradice lo que desde el alto gobierno se nos había dicho desde que se instaló el control de cambio en 2003: que era una medida económica clave para el desarrollo del país. O lo dicho a partir del 2005: que el control era parte de la estrategia de desarrollo socialista.

Ahora nos dicen la verdad: que se trata de control político. La declaración de Aristóbulo Istúriz valida los supuestos más duros propuestos por la teoría de la elección pública para el análisis de la conducta política: lo que importa es el poder.

2. La confianza: “Si nosotros quitamos el control de cambio, ustedes sacan los dólares y nos tumban”. El Gobernador pronostica que, ante una eventual liberación cambiaria, una gran fuga de capitales haría inviable al gobierno. Habría que recordar que los controles de cambio no detienen la fuga de capitales. Sólo entre 2003 y 2010 salieron de Venezuela 116.240 millones de dólares.

Nelson Merentes, Presidente del Banco Central de Venezuela, decía hace más de un año que todavía la revolución no había tenido éxito económico. La inflación y la escasez nos los recuerdan a diario. La declaración de Istúriz confirma una gran desconfianza en la capacidad que tiene el gobierno de articular una modelo económico que sea compatible con un tipo de cambio libre. Además de una confesión, es un diagnóstico: los venezolanos están prestos a sacar su dinero de aquí y lo que los detiene parcialmente es el control.

No deja de ser paradójico que aliados de Venezuela como Brasil, Nicaragua o Ecuador no requieran del control de cambios para mantenerse en el poder. No le temen a que sus ciudadanos compren o vendan libremente dólares.

El desmantelamiento del aparato productivo nacional ha sido otro mecanismo para que el funcionamiento de la economía dependa, cada vez más, de las divisas. Además, la corrupción es otra forma de dilapidar los dólares de las reservas, como fue denunciado por los ex ministros Edmeé Betancourt y Jorge Giordani. La corrupción tumba gobiernos y el control de cambios la alimenta. Es darle de comer al tigre que morderá tu mano. El control de cambio ya es un síntoma, no sólo la causa. La procesión cambiaria va por dentro.

3. De la crisis económica a la crisis política. Bruce Bueno de Mesquita y Alstair Smith proponen una hipótesis sobre cómo las crisis económicas se transforman en crisis políticas:

“Aunque casi todos consideramos la quiebra de un Estado como una crisis financiera, si la contemplamos desde la perspectiva de la supervivencia política se hace evidente que en realidad equivale a una crisis política. Cuando la deuda supera la capacidad de pago, para un dirigente el problema no es tanto que haya que recortar buenas obras públicas, sino que el titular no disponga de los recursos necesarios para comprar la lealtad política de sus seguidores claves. Los malos tiempos económicos en una democracia significan poco dinero para financiar costosos proyectos pork barrel, concebidos para comprar la popularidad política. Para los cleptócratas, esto significa perderse grandes cantidades de dinero, y tal vez incluso ver que sus cuentas bancarias secretas menguan con la lealtad de sus mal pagados secuaces”

4. La verdad. La película Bulworth [1998] se anunciaba con un eslogan que era un breve tratado de política: “¡Cuidado! Un político está punto de decir la verdad”. En el film de Warren Betty, el senador Bulworth se cansa de una vida de mentiras públicas y decide hacer política diciendo lo que piensa. Las consecuencias de su honestidad política son inesperadas y están cargadas de un optimismo cínico. La película es, precisamente, una denuncia sobre las mentiras que necesita el poder y los intereses para autopreservarse.

Una política económica que permita el desarrollo de Venezuela requiere que se desmonte la retórica que ha permitido que muchos entiendan, como positivas, algunas medidas que están perjudicando con fuerza el bienestar de los venezolanos. Hay que agradecer que Aristóbulo Istúriz haya dicho lo que dijo sobre el control de cambio: la verdad.

***

#Apuntes / La dictadura sentimental, los aeropuertos y las salas de emergencias; por Ángel Alayón

1. La dictadura sentimental. La última de las victorias del estado totalitario es el control de las emociones. El premio mayor de quien domina al otro no es conductual: es sentimental. Corea del Norte lo ha pretendido desde hace más de 66 años: dictar los sentimientos de los coreanos. Cada 8 de julio se conmemora la muerte […]

Por Angel Alayón | 13 de Julio, 2014

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1. La dictadura sentimental. La última de las victorias del estado totalitario es el control de las emociones. El premio mayor de quien domina al otro no es conductual: es sentimental. Corea del Norte lo ha pretendido desde hace más de 66 años: dictar los sentimientos de los coreanos.

Cada 8 de julio se conmemora la muerte del Kim Il Sung, el Presidente Eterno, el hombre que controló el poder de modo absoluto desde 1948 durante cuarenta y cinco años. Ese día sonreír es un delito. Nadie debe hablar en voz alta en las calles. Mucho menos bailar. Mostrar alegría se paga con cárcel.

Es el Estado diciéndote que no puedes traicionar el sentimiento oficial, eso que la patria necesita que sientas.

Cuando murió Kim Jong Il, el segundo líder de la dinastía, varios coreanos fueron arrestados porque sus lágrimas y sus quejidos no mostraron el dolor suficiente ante la muerte del héroe. No se trataba de llorar. Se trataba de llorar en una forma y en un tono para que el oficial de turno no pudiera dudar de tu emoción.

El Estado necesitaba pruebas de que tu alma acababa de recibir una herida incurable por la muerte del líder amado.

Bajo el totalitarismo, sonreír o llorar son deberes, no manifestaciones de humanidad. Se sonríe, se llora o se calla a petición de los que mandan.

Los poderosos deben saber que las lágrimas de muchos de los norcoreanos no son sinceras y que la tristeza exhibida en público es sólo una estrategia de supervivencia. Pero eso no les importa. Lo que ellos esperan confirmar es que la gente sonríe, llora o calla porque les temen.

Los poderosos necesitan pruebas de que el miedo está allí, porque es ese miedo la única emoción que requieren para preservar sus privilegios.

2. Terminando el trabajo. Los asesinos eficaces no requieren de segundas oportunidades. Son demasiados los que saben matar.Las salas de emergencias en Venezuela se han convertido en el lugar donde los sicarios ineficientes terminan sus trabajos. Llegan a matar donde otros tratan de salvar vidas.

Los asesinos que llegan a las salas de emergencia matan sabiendo que nadie les impedirá salir. Justo allí donde los médicos trabajan en situaciones extremas y con escasez de insumos. Justo allí donde los médicos también deben ser salvados. Justo donde las balas rematan. Donde la ausencia del Estado es el cómplice necesario.

¿Es Venezuela una sala de emergencia?

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3.  Los retrasos. He viajado 6 veces en dos semanas. Dos veces a Maracaibo, una a Punta Piedras y tres a Maiquetía. He viajado por Aserca y por Conviasa. El resumen hasta ahora:

a) En ninguno de los aeropuertos hay aire acondicionado. El sudor es el pasaporte de los vuelos en Venezuela.

b) En el aeropuerto de Maiquetía te cobran Bs. 127 por bioseguridad. Suena a que estás pagando por un sistema de defensa antiterrorista contra una secta de biólogos descarriados. No. Estás pagando por el ozono, ese ozono que no respiras debido que no hay aire acondicionado y sobre el que se duda ofrezca beneficios para la salud. Pagamos, entonces, por un servicio que no se presta pero que de existir nos haría daño.

c) Los vuelos han despegado con un retraso promedio de tres horas. Las aerolíneas, casi siempre, se disculpan, pero nunca explican.

Y hay tanto por entender. En los aeropuertos, en las salas de emergencia, en los silencios forzados.

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El día que Luis Suárez mordió a millones, por Ángel Alayón

Ver el fútbol con los hijos es una excusa para hablar de los temas que importan. Sostener una conversación amena sobre todo lo que el deporte puede enseñar mientras se comparten alegrías, asombros y decepciones. Es también la oportunidad de decirle a nuestros hijos lo que un día nos dijeron nuestros padres luego del estremecimiento […]

Por Angel Alayón | 25 de Junio, 2014

El día que Luis Suárez mordió a millones, por Ángel Alayón 640

Ver el fútbol con los hijos es una excusa para hablar de los temas que importan. Sostener una conversación amena sobre todo lo que el deporte puede enseñar mientras se comparten alegrías, asombros y decepciones. Es también la oportunidad de decirle a nuestros hijos lo que un día nos dijeron nuestros padres luego del estremecimiento producido por una jugada. El gol de Messi en contra de Irán nos permitió hablar sobre la importancia de no rendirse jamás. El agónico empate de Portugal frente a Estados Unidos nos recordó que estar cerca de la victoria no es la victoria. Y así los juegos se convierten en enciclopedias de tópicos para conversar mientras nos divertimos. Los deportes pueden ser más eficaces que la biblia para discutir sobre ética con un niño que vive apasionado por un balón y no tanto por las misas dominicales. En la cancha están sus héroes batallando y muchas de las metáforas que necesitarán más adelante.

Mi hijo vio a Luis Suárez morder a Giorgio Chiellini. A sus ocho años, y con su corta experiencia en el futbol colegial, gritó una tarjeta roja que nunca llegó. El árbitro se desentendió de la jugada y minutos más tarde Uruguay anotaría el gol que los clasificó a octavos de final y que despidió a Italia con una cicatriz difícil de borrar.

Mi hijo sostuvo la tesis de que la eliminación de Italia había sido injusta. Le expliqué que el árbitro Marco Rodríguez no vio la dentellada y, por lo tanto, no podía imponer una sanción sobre una falta que para él no existió.  Le dije además que el mordisco no tuvo que ver con el gol. (En realidad eso es algo que nunca podremos saber. Una acción como esa puede desconcentrar a un equipo y afectar su rendimiento. Las relaciones de causalidad en los deportes son difíciles de determinar. Un equipo que acaba de ser mordido no puede jugar igual. La injusticia es una forma de la derrota). También le dije que era posible que la FIFA sancione a Luis Suárez por su conducta antideportiva. Lo dije con duda, pero esa posibilidad pareció calmarlo.

No hay atenuantes para Suárez, un jugador de experiencia y con antecedentes. Ya se ha perdido diecisiete juegos en su carrera como profesional por haber mordido a un rival en cancha. Millones de personas lo vieron cometer un acto primitivo y fuera del orden deportivo. Muchos de ellos eran niños que lo admiran, niños en edad de aprender que el talento no debe exculpar a nadie. La ausencia de una sanción sería para esa audiencia la evidencia de que alguien puede obrar mal y salir airoso; obrar mal y ser, incluso, aplaudido.

Me gustaría tener la oportunidad de decirle a mi hijo en los próximos días: ¿Viste lo que le pasó a Luis Suárez por haber mordido a Chiellini? La oportunidad de hablar de un acto de justicia que reivindique el “fair play”. La FIFA ha abierto un expediente. Ahora le toca a Suárez alegar en su favor, justificar el acto de hincar los dientes en el hombro de un contrario. Ojalá lo intente desde la dignidad. También me gustaría ver, en el futuro, a un Luis Suárez rehabilitado. A un Suárez que se convierta en ejemplo de que cualquiera puede superar sus errores. Pero ahora mismo debe ser sancionado.

Albert Camus dijo que todo lo que sabía sobre moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol. Quizás no debamos esperar tanto, pero al menos uno aspira a que el deporte le sirva a los niños para aprender desde temprano que los actos tienen consecuencias. Que morder a tu adversario, dentro y fuera de la cancha, siempre te alejará de la posibilidad de triunfar.

Apuntes: “The children” [Capítulo Final de la 4ta. Temporada de #GOT]; por Ángel Alayón

[ALERTA DE SPOILER] Hay verdades que uno preferiría no conocer. Existen, pero agradecemos que no hayan sido puestas a nuestro alcance. Un grado de ignorancia racional que asumimos para poder vivir. Pero ignorar no es una elección cuando hay alguien cuya vida depende de que estés informado de eso que no deseas saber. Tywin Lannister […]

Por Angel Alayón | 17 de Junio, 2014

[ALERTA DE SPOILER]

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Hay verdades que uno preferiría no conocer. Existen, pero agradecemos que no hayan sido puestas a nuestro alcance. Un grado de ignorancia racional que asumimos para poder vivir.

Pero ignorar no es una elección cuando hay alguien cuya vida depende de que estés informado de eso que no deseas saber.

Tywin Lannister está acostumbrado a controlar el mundo que lo rodea. Le recuerda a su hija Cersei que debe casarse con Loras Tyrell por el bien de la familia. Pero Cersei se rebela y le dice que no lo hará, que se quedará en King´s Landing protegiendo a su hijo Tommen. “Haré que las llamas devoren nuestra casa antes de permitir que destrocen a mi hijo”. Tywin le pregunta, en tono descreído, cómo lo hará. Y Cersei le responde: “Diciendo la verdad”. Le confirma a Tywin los rumores de su relación incestuosa con Jamie, su hermano.

Un escándalo familiar y un escándalo de poder. La herida para el jefe de la casa de los leones es doble: ahora sabe y no puede dejar de saber.

“Tu legado es una mentira”, le dice Cersei.

Para el poder lo más peligroso sigue siendo la verdad.

*

Tormund, prisionero en el Castillo Negro, le dice a Jon Snow: “Pasaste demasiado tiempo con nosotros, Jon Snow. Ya no eres de los que se arrodillan”. Una manera de clasificar al mundo: quienes se inclinan y quienes no. Siempre hay otros en el espejo donde nos vemos.

*

El viejo Fennez le pide a Daenerys que le permita volver a la esclavitud. No le gusta la vida que lleva como hombre libre en el refugio que le asignaron, donde debe competir con los más jóvenes por espacio y comida. Ella no puede entender cómo este hombre prefiere la esclavitud antes que la libertad. “Tomé esta ciudad para hacerlos libres, no para regular la injusticia”. Pero Fennez no vive en la utopía: sólo compara que su vida anterior era mejor que la de ahora. Daenerys Targaryen le permite firmar un contrato con su antiguo amo que no exceda de un año y Ser Barristan le advierte que muchos querrán lo mismo.

La frustración política se alimenta de las utopías fracasadas. Se puede llegar al poder cantando las melodías que muchos quieren escuchar. Pero, una vez allí, los resultados cotidianos se empiezan a imponer sobre las viejas esperanzas.

Gobernar se trata de los resultados, no de las intenciones.

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*

Un hombre pobre le presenta a Daenerys los huesos calcinados de su hija de tres años. El culpable fue Drogon, uno de los tres dragones de Daenerys. En alguna ocasión los dragones mataron a las cabras de un campesino, quien fue compensado por la Khalessi por el triple del valor de los animales. Pero ante la muerte de la niña no hay compensación posible para el hombre adolorido. Daenerys decide entonces encadenar a dos de sus dragones [Drogon sigue en libertad pues lleva días sin ser visto]. Los encadena para evitar más tragedias [y también para evitar perder el poder].

Ella, que alguna vez rompió las cadenas, ahora debe ponerlas.

Lo que te hace fuerte es lo mismo que puede destruirte. Quizás la vida que aspiramos sólo es posible cuando encadenamos a nuestros dragones.

*

Jamie Lannister arregla el escape de Tyrion. La hermandad tiene mucho de complicidad.

En su camino de fuga, Tyrion descubre algo que también habría preferido ignorar: Shae, la mujer que amó, no sólo lo traicionó en el estrado dando un falso testimonio, sino también en la cama con Tywin, su padre. Tyrion asesina a Shae. Luego, en un encuentro con su padre en el baño, también lo mata. Lo hace con dos disparos de ballestas, el arma preferida por el difunto rey Joffrey.

El de Shae es un crimen pasional, pero el asesinato de Tywin es mucho más difícil de calificar. ¿Mata realmente a su padre o a quien nunca quiso serlo? ¿O asesina al hombre que lo traicionó con la mujer que amaba? ¿O al juez que lo sentenció a muerte, aun siendo inocente?

*

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Tyrion Lannister va en un cajón con rumbo desconocido y una sentencia a muerte. También lleva sus recuerdos ensangrentados. Bran Stark llegó a El Cuervo de Los Tres Ojos para saber que no caminará, pero volará. Jon Snow ha cruzado el muro y quemó los restos de Ygritte para más nunca ser el mismo. Stannis Baratheon continúa su viaje en busca del poder. Arya Stark se va a Braavos, luego de haber aprendido a matar y a confiar sólo en su espada.

*

Algunos viajan para escapar del pasado. Otros buscando un futuro. Pero nadie puede escapar de sí mismo.

Lo que somos viaja con nosotros.

Valar morghulis. Valar Dohaeris.

Apuntes: “The Watchers on the Wall” (Un capítulo de #GameOfThrones), por Angel Alayón

[ALERTA DE SPOILER] 1. Amar. Samwell Tarly le pregunta a Jon Snow cómo es estar con otra mujer. Samwell parece reconocer, ante el asedio, que morir también es no saber. Morir es ignorar en forma definitiva. Jon le ofrece a su amigo una definición que pudo dejarlo más intrigado que antes: — Es, por un […]

Por Angel Alayón | 10 de Junio, 2014

[ALERTA DE SPOILER]

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1. Amar. Samwell Tarly le pregunta a Jon Snow cómo es estar con otra mujer. Samwell parece reconocer, ante el asedio, que morir también es no saber.

Morir es ignorar en forma definitiva.

Jon le ofrece a su amigo una definición que pudo dejarlo más intrigado que antes:

— Es, por un instante, ser más que uno.

Amar multiplica. Morir es ser menos que uno.

Tarly tiene miedo, pero está decidido a sobrevivir. Ha obligado a que le abran la puerta del castillo a la sobreviviente Gilly y su hijo. La refugia en una despensa y, antes de ir a cumplir con sus deberes, la besa. Empieza a sentir que ya no sólo debe luchar por sus hermanos, sino por la posibilidad de ser más que uno. Promete que regresará, algo difícil de cumplir en Westeros.

Samwell Tarly le dice a un temeroso compañero de armas: “Cuando no eres nada, no hay razón para tener miedo”. De esta manera explica su comportamiento cuando mató al white walker. Pero ahora tiene miedo: ha dejado de ser nada. Con su conducta en esta batalla, parece decirnos que cuando tienes alguien que te espera, también tienes todas las razones para superar el miedo.

La fuente de la valentía está en los que amas.

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2. Temer. Tarly está en la biblioteca del castillo. Se refugia en un libro. Intenta comprender lo que viene desde el Norte y es sorprendido por el maestro Aemon Targaryen, quien le advierte a Tarly que no debe creer todo lo que lee en los libros cuando se refieren al enemigo.

Las leyendas que allí se encuentran pueden tener su origen en la verdad, pero también son una expresión de nuestros miedos.

Cuando se trata de nuestros enemigos, siempre mentimos. “Imagina lo que ellos dicen de nosotros”. Esas sombras que vemos del otro lado del muro no son de otros, son las nuestras.

Arriba, sobre el muro, Ser Alliser Thorne reconoce ante Jon Snow que debió atender su consejo de sellar el túnel. ¿Cómo apenas 102 soldados pueden combatir a 100 mil? Ésa era la pregunta que Snow intentaba responder, pero ya no había tiempo. Las buenas ideas solo son útiles cuando se aplican de forma oportuna.

Thorne le ofrece a Jon un consejo en forma de sentencia: ser líder significa poder ser cuestionado por cualquiera, pero cuando el líder se cuestiona a sí mismo es el fin, tanto del líder como de quienes lo siguen. Thorme deja a Snow al mando del muro y baja al combate cuerpo a cuerpo. Allí ejerce de líder, inspira y pelea con determinación. Hasta caer herido.

Un muro siempre es la confesión de un miedo. Y el origen de todo lo que se teme es la muerte.

3. Morir. Aemon Targaryen recuerda a su primer amor. Un ejercicio de memoria frente a la muerte. O contra la muerte. Recordar también es ser más que uno. Los antiguos amores también son refugios: “Nada hace tan dulce el pasado como la perspectiva de una muerte inminente”.

Hay cuevas de las que uno no quisiera salir. Poder vivir en un espacio o un momento perfecto es la vieja utopía del Edén. Pero Ygritte y Snow salieron de su cueva a encontrar su destino contrariado. Los compañeros de Ygritte siempre sospecharon que la habilidosa arquera todavía guardaba sentimientos por Jon. Ya había tenido una oportunidad de matarlo y no lo había hecho. Ante las burlas, les grita a todos que quien se atreva a matar a Snow será atravesado por una de sus flechas. “Jon Snow es mío”. Pero justo cuando se encuentra a Snow en el Castillo Negro, tensa el arco y lo apunta, sus palabras encuentran un nuevo sentido: Jon Snow era de ella, pero de otra manera.

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Ygritte duda en dispararle a Jon, justo antes de ser atravesada por la flecha vengadora del huérfano Olly.

Jon la toma en sus brazos. La respiración apenas le alcanza para recordar ese momento cuando fue más que uno con Jon, en aquella cueva de la que nunca debieron salir. Es la memoria otra vez como punto de fuga. Él le promete que se encontrarán de nuevo.

— No sabes nada, Jon Snow.

Esa noche el muro resiste la batalla. Algunos manifiestan alegría, pero Jon Snow advierte que no hay que celebrar demasiado. Es cuestión de tiempo para que el muro caiga. Sólo se ha retrasado lo inevitable.

En una jugada que deja más preguntas que respuestas, decide ir en busca de Mance Rayder, el líder de las bandas y tribus del norte. Tarly le pregunta qué va a hacer: “Voy a intentar matar a Mance”, dice Snow con la resolución de quienes se han quedado sin opción.

Antes de salir del muro, Jon se desarma y le entrega su espada a Tarly diciéndole que prometió no perderla. ¿Cómo va un solitario y desarmado Jon Snow a enfrentar a Mance Rayder y sus seguidores? No podemos saberlo. Pero es claro que el Snow que salió del muro no es el mismo que vimos antes de comenzar la batalla.

El amor, el temor y la muerte siempre nos transforman.

Apuntes: “The Mountain and The Red Viper” [Un capítulo de #GameOfThrones], por Ángel Alayón

[ALERTA DE SPOILER] Oberyn Martell se enfrentó a La Montaña con elegancia y sagacidad. Martell combatía en un esfuerzo por transformar la venganza en justicia. No sólo quería eliminar a La Montaña: quería escucharlo confesar la autoría del crimen contra su hermana y su sobrino. Quería también confirmar que el jefe de los Lannisters había […]

Por Angel Alayón | 3 de Junio, 2014

[ALERTA DE SPOILER]

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Oberyn Martell se enfrentó a La Montaña con elegancia y sagacidad. Martell combatía en un esfuerzo por transformar la venganza en justicia. No sólo quería eliminar a La Montaña: quería escucharlo confesar la autoría del crimen contra su hermana y su sobrino. Quería también confirmar que el jefe de los Lannisters había sido el responsable intelectual de su tragedia familiar. El combate parecía disparejo. La Montaña era un gigante frente a Oberyn. Sin embargo, Oberyn mostró una agilidad, coordinación y velocidad que dejó claro desde el principio que la pelea sería más pareja de lo que anticipaban las proporciones físicas de los gladiadores. Oberyn hiere la pantorrilla de La Montaña y logra atravesarlo en el pecho con su lanza. La Montaña cae de espalda, herido de muerte, como una vez cayó Goliat. Oberyn lo ve y se siente ganador. Le exige que confiese lo que tanto le ha pedido a lo largo de la pelea y, ante la evidencia de que su rival agoniza, decide extraerle la lanza para darle la oportunidad de que hable. Martell todavía no gana, pero ya su rostro celebra. Mira triunfante, cual torero, a una Ellaria complacida y a quien le había prometido no morir. Justo en ese momento, la Montaña lo toma desde el suelo, por una pierna, lo derriba, le golpea la cara y le desprende los dientes. Luego introduce los dedos pulgares en la cuenca de los ojos del príncipe para acabar de forma explosiva con lo que hasta ese momento había sido un cráneo.

***

La leyenda recuerda a David derribando a Goliat con una piedra. El gigante cayó aturdido con el impacto en la frente, probablemente herido. Tanto los filisteos como los israelitas miraban con asombro el resultado parcial de la contienda. Malcom Gladwell nos recuerda un elemento de la estrategia de David que es indispensable para entender el resultado del mítico combate. David solo se atrevió a acercarse al gigante luego de que yaciera inconsciente. El joven pastor no dudó en sacar su cuchillo y degollar a Goliat con rapidez y eficiencia. Sólo así pudo estar seguro de su victoria.

David sabía que un gigante herido no es un gigante muerto.

Martell se alejó de las milenarias lecciones de David en el viejo arte de batallar gigantes. Oberyn pudo haber triunfado y salvado su vida de haber entendido que nunca es suficiente con derribar al gigante. David no se distrajo, no buscó el aplauso. Martell olvidó que batallaba contra un gigante. Un gigante que, por cierto, quizás usó la astucia en los últimos momentos de su vida, al hacerse el muerto, sólo para engañar al que se presumía era el astuto y así vencerlo.

Un gigante inteligente es un enemigo formidable. Estar cerca de la victoria no es la victoria.

***

Tyrion Lannister ha sido condenado a muerte acusado de regicidio. “Ya los dioses hablaron”, sentenció su padre.

Antes del juicio, Tyrion sostuvo una conversación con su hermano Jamie en la celda. Allí recordó como durante su infancia intentaba entender cuáles eran los motivos para que su primo “Orson”, un niño con limitaciones cognitvas luego de una caída, dedicara todo su tiempo a aplastar escarabajos con una roca, uno tras otro, matándolos al compás de un sonido gutural que resonaba por el jardín. Orson mató escarabajos durante años, sin descanso, hasta que una mula lo mató a él.

Tyrion se dedicó a observarlo con detenimiento. Trataba de entender la motivación de tantas muertes aleatorias. Quería saber qué sentía Orson al matar a los escarabajos, cuáles podían ser sus razones.

Buscaba un sentido ante tanta muerte absurda.

A nosotros nos toca también. Igual que Tyrion quizás nunca podamos entenderlo, quizás nunca podamos encontrarle un sentido a la tragedia que nos permita evitarla, pero qué somos si no lo intentamos.

¿Qué somos si renunciamos a la posibilidad de que el mundo sea diferente? ¿La roca, la mano que la impulsa  o los escarabajos?

La escasez y sus consecuencias cognitivas y políticas; por Angel Alayón

Los venezolanos estamos desarrollando un superpoder. Somos capaces de ver en la distancia qué lleva una persona en la bolsa de supermercado. detectamos con nuestra mirada láser del siglo XXI si en ella se transportan los objetos de nuestros deseos: harina precocida de maíz, aceite, azúcar, café, leche. Lo hemos desarrollado desde la angustia. Un superpoder que se […]

Por Angel Alayón | 1 de Junio, 2014

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Los venezolanos estamos desarrollando un superpoder. Somos capaces de ver en la distancia qué lleva una persona en la bolsa de supermercado. detectamos con nuestra mirada láser del siglo XXI si en ella se transportan los objetos de nuestros deseos: harina precocida de maíz, aceite, azúcar, café, leche. Lo hemos desarrollado desde la angustia.

Un superpoder que se alimenta de la vaciedad de los anaqueles y del instinto de supervivencia.

Además, la escasez nos ha convertido en seres capaces de preguntarle a cualquier desconocido ¿Dónde conseguiste eso? No se trata de que ahora los venezolanos seamos más sociables. Son interrogatorios de supervivencia, no de amistad. Es el reconocimiento de que en la información que tiene el otro está la clave para obtener los carbohidratos, las proteínas y las grasas requeridas para nuestros cuerpos de cazadores-recolectores.

La escasez tiene mucho de pre-histórico.

*

El economista Sendhil Mullainathan y el psicólogo Eldar Shafir publicaron el año pasado el libro Escasez: ¿por qué tener tan poco significa tanto? En él, Mullainathan y Shafir presentan evidencia de que cuando sentimos que los recursos disponibles son insuficientes para satisfacer nuestras necesidades, la escasez toma el control de nuestra mente. “Y lo hace sin que podamos controlarlo. Lo hace inevitablemente y sin que nos demos cuenta”.

La ausencia de lo que necesitamos exige nuestra atención y lo hace a un alto costo. La escasez hace que nos concentremos justo en lo escaso. Si no hay leche, pensamos en la leche, en cómo y dónde conseguirla. La escasez nos hace sufrir de tunneling: nos enfocamos en los temas relacionados con lo que falta, olvidando otros que pueden ser incluso más importantes. Bajo este efecto, somos menos productivos, se deterioran nuestra capacidades cognitivas, disminuye nuestra capacidad para resolver problemas, retenemos menos información y perdemos capacidad de pensar en forma abstracta.

La escasez es más devastadora de lo que parece: nos hace menos inteligentes.

*

La escasez en Venezuela alcanza un nivel que es seis veces superior al que se considera normal para una economía. Eso que no-hay es tema de conversación permanente en los hogares y las oficinas. Las colas en los abastos y supermercados se encargan de recordarnos de que la demanda supera a la oferta en muchos productos que necesitamos.

Luego de leer las tesis de Mullainathan y Shafir, debemos preguntarnos: ¿y si los venezolanos estamos bajo el efecto del tunneling, impedidos de utilizar de forma efectiva nuestra capacidad de razonamiento y con la facultad de controlar nuestros impulsos disminuida?

Es inevitable pensar en las consecuencias políticas de esta hipótesis: ¿y si la escasez nos está distrayendo de tal forma que nos hace olvidar las causas de esa situación?

Si ante una situación de escasez disminuyen nuestras capacidades cognitivas, ¿cómo afecta la escasez a la atribución de responsabilidades de los problemas económicos?

¿Cómo se aprovecha el mercadeo político de esta circunstancia? ¿Es más fácil o más difícil imponer una narrativa oficial que explique a conveniencia las causas de las escasez bajo las actuales circunstancias?

Todas son preguntas inquietantes ante una situación que amenaza con agravarse en Venezuela durante los próximos tiempos y capturar algo más que nuestras mentes.

A propósito de la unificación cambiaria (o “En el largo plazo, todos estamos…”); por Ángel Alayón

En una reveladora entrevista al diputado Ricardo Sanguino, transmitida por Globovisión, el presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional declaró que en el largo plazo podría realizarse una unificación de los tres tipos de cambio de divisas que conviven en el país. En medio del ahogo cambiario, no debe servirnos de consuelo […]

Por Angel Alayón | 21 de Mayo, 2014

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En una reveladora entrevista al diputado Ricardo Sanguino, transmitida por Globovisión, el presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional declaró que en el largo plazo podría realizarse una unificación de los tres tipos de cambio de divisas que conviven en el país.

En medio del ahogo cambiario, no debe servirnos de consuelo recordar que uno de los economistas más influyentes en el siglo XX, John Maynard Keynes, dijo alguna vez que “en el largo plazo, todos estamos muertos”.

El diputado Sanguino utiliza la narrativa de la “guerra económica” para justificar los desequilibrios que afectan a los venezolanos. Las preguntas que le hace la audiencia a través de Twitter llaman la atención:

Ya se sabe que las palabras tienen poder. También que las imágenes y metáforas que usamos para describir la realidad terminan definiéndola. Y que vivimos a través de las alegorías, como decía Lakoff, y que incluso podemos morir por ellas. Por eso es preocupante que la situación económica en Venezuela sea descrita por el alto gobierno como la consecuencia de una guerra económica y que se actúe en consecuencia.

Atacar molinos de viento como política económica sólo terminará por destruir a los molinos.

No hay nada bueno alrededor de la guerra. Es imposible. Piense usted en las palabras que se asocian con ella: muerte, desolación, sangre.

La guerra es la ausencia de futuro. Y sin futuro no hay —no puede haber— inversiones.

Hablar de la guerra económica sólo puede servir para evadir responsabilidades, no para enderezar la realidad.

Apuntes: “Mockingbird” [Un capítulo de #GameOfThrones], por Ángel Alayón

 [ALERTA DE SPOILER] 1 Un hombre herido de muerte confiesa que intenta sobrevivir por un motivo que muchas veces se subestima: el hábito de estar vivo. La ocasión provoca un intercambio filosófico entre Arya Stark y el moribundo: — Nada puede ser peor que esto –dice Arya. — Quizás nada es peor que esto. — […]

Por Angel Alayón | 20 de Mayo, 2014

 [ALERTA DE SPOILER]

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1

Un hombre herido de muerte confiesa que intenta sobrevivir por un motivo que muchas veces se subestima: el hábito de estar vivo. La ocasión provoca un intercambio filosófico entre Arya Stark y el moribundo:

— Nada puede ser peor que esto –dice Arya.

— Quizás nada es peor que esto.

— Nada no es ni mejor o peor que cualquier cosa. Nada es solamente nada.

La vida es un hábito del cual no podemos desprendemos con facilidad. O eso parece decir este hombre que, segundos después, muere por la espada misericordiosa de El Perro. Hasta en la última hora, es mejor esto que nada.

La vida es la última de las adicciones.

2

La sabiduría nunca ha estado en quienes se atribuyen superioridad moral. El bien y el mal, la luz y la oscuridad, son polos que sirven con eficacia en la construcción de religiones o en la comodidad de lo tribal y lo patriótico, pero impiden juzgar con honestidad al otro o, incluso, a nosotros mismos.

Daenerys envía tropas a reconquistar Yunkai y ordena matar a todos los dueños de esclavos. Su asesor Jorah le da un consejo que todo gobernante hará bien en atender: “Es tentador ver a todos tus enemigos como el demonio, pero el bien y el mal está en ambos lados de cada guerra que se ha peleado desde siempre”.

Quizás la sabiduría no radica en saber que el bien y el mal está en ambos lados, sino en saber reconocer quiénes lo encarnan y qué pretenden. Y en reconocer que la luz y la oscuridad también están dentro de cada uno.

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3

En la pelea que sobreviene al encuentro con el moribundo, El Perro es mordido en el cuello por alguien que intenta cobrar la recompensa que ofrecen los Lannisters por su cabeza. Arya se ofrece a cauterizarle la herida en el cuello y El Perro se niega con firmeza. El fuego le trae recuerdos que mantenía ocultos, pero sabemos que lo definen.

Quizás lo que escondemos siempre es lo que mejor nos define. En tono confesional, le cuenta a Arya como su hermano, La Montaña, cuando eran niños quemó su cara por un motivo trivial, desfigurándolo para siempre y condenándolo a la soledad que ocasionan las injusticias que sufrimos en la infancia.

 El Perro prefiere vivir, por ahora, con sus heridas abiertas. La del cuello y la del alma. Ha decidido vivir con su historia personal y sus consecuencias a la intemperie.

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4

La orfandad tiene mucho de deriva, de botella sin destino. Es siempre un equívoco, algo que nunca debe suceder, pero sucede con demasiada frecuencia.

Arya Stark está aprendiendo a matar con eficacia, con precisión. Ya no podrá aprender nada de Lord Eddard o de Catelyn. Su tutor, ahora, es El Perro.

Los huérfanos siempre dependen de las olas que encuentren.

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5

Algunos piden que se alineen las estrellas. Otros saben que en realidad lo que necesitan es que se alineen los  incentivos.

Tyrion Lannister encontró su campeón en el deseo de venganza de Oberyn Martell contra La Montaña, esa máquina de muerte que alguna vez mató a la hermana y sobrina del Príncipe de Dorme, el mismo asesino que ahora peleará a favor de Cersei en el juicio contra Tyrion.

La Montaña parece el epítome del luchador asesino. Un hombre que de niño quemó la cara de su hermano y que de adulto destripa gente para mantener su crueldad en forma.

A quienes vivimos fuera del tiempo y el espacio de Westeros, nos recuerda al brutal  Goliat. Quizás en King’s Landing también exista alguna leyenda que traduzca el combate de David contra el gigante. De ser así, Oberyn debe conocerla.

6

Lisa Arryn voló por la Puerta de la Luna. Petyr Baelish la empujó al abismo luego de confesarle que la única mujer que ha amado fue a su hermana. Baelish es experto en ocultar sus motivos. Lo hace por razones estratégicas, como explicó alguna vez: “Un hombre sin motivos es un hombre de quien nadie sospecha. Mantén a la gente confundida. Si ellos no saben quién eres ni qué quieres, no podrán saber cuáles planes tienes”.

¿Qué es lo que planea Baelish? Está por verse. No olvidemos lo que le dice a Sansa Stark antes del beso: “Mucho puede pasar entre ahora y nunca”.

 7

Alguna vez, en Hyde Park, al sur de Chicago, Luis Castro Leiva me dijo: “No olvides que cuando hablas con alguien en realidad estás hablando con una historia personal. Somos nuestras historias”.

Apuntes: “Las leyes de los dioses y los hombres” [un capítulo de #GameOfThrones]; por Ángel Alayón

[ALERTA DE SPOILER] 1. El banco. “El que muere paga todas sus deudas”, una frase de William Shakespeare que inquieta por igual a quienes se dedican al mundo de las finanzas y a quienes están endeudados. Los Bancos invierten recursos y esfuerzo en tratar de descifrar el nivel de riesgo que asumen cada vez que […]

Por Angel Alayón | 13 de Mayo, 2014

[ALERTA DE SPOILER]

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1. El banco. “El que muere paga todas sus deudas”, una frase de William Shakespeare que inquieta por igual a quienes se dedican al mundo de las finanzas y a quienes están endeudados. Los Bancos invierten recursos y esfuerzo en tratar de descifrar el nivel de riesgo que asumen cada vez que confían su capital a manos extrañas. El mundo, para bien y para mal, nunca ha sido el mismo desde que se ha perfeccionado el arte de la cobranza. Puede tratarse de abogados o de hombres disfrazados de diablos que van por tu alma reputacional. O incluso de la misma muerte como cuota extraordinaria.

El negocio de prestar dinero siempre tiene como contrapartida la posibilidad de no recuperarlo. Lo peor que le puede pasar a un deudor es que quien le prestó el dinero crea que ya no podrá pagarle.

Davos Seaworth intenta persuadir a los altos ejecutivos del Banco de Hierro de Braavos (una institución financiera que tiene la reputación de destruir a quienes se nieguen o no puedan pagar) de que los Lannisters no podrán honrar su deuda. Seaworth quiere que el Banco de Hierro financie una expedición restauradora a King´s Landing, encabezada por Stannis Baratheon. La oferta es la siguiente: una vez Baratheon esté en el trono y reine sobre Westeros, la deuda con el banco será pagada con creces. Los Lannisters están a punto de saber que quien un día te presta dinero para salvarte, al otro está dispuesto a condenarte, si no cumples con lo pactado.

Cuando los banqueros solicitan información sobre los activos de guerra que poseen para la invasión —¿cuántos barcos y cuántos soldados?—, no les gusta lo que oyen. “Puedes ver por qué estos números parecen que no alcanzan para una final feliz desde nuestra perspectiva”, dicen en un ejercicio de utilidad esperada. Sin embargo, Davos utiliza a fondo sus herramientas discursivas y lógicas y termina persuadiendo a los representantes de la institución de financiar la expedición.

El planteamiento es claro: unos banqueros que están convencidos de que no podrán cobrar sus deudas financiarán el intento de derrocamiento de los Lannisters, una casa que se autodefine como “Aquellos que siempre pagan sus deudas”.

Y ya sabemos lo que pensaba Shakespeare.

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2. El juicio. Ser testigo de la injusticia siempre es incómodo. Estar seguro de que se está cometiendo una injusticia y no hacer nada nos convierte en cómplices.

El juicio a Tyrion Lannister es lo contrario a lo que se espera del ideal de la justicia. Todos conspiran para sentenciar a uno solo. Paradójicamente, las leyes de Westeros le dan la opción al enjuiciado de desplazar la sentencia por medio de un juicio por combate. Tyrion hace caso omiso a la oferta de su hermano Jamie: declararse culpable a cambio de sobrevivir e irse a la Guardia del Muro. El enano decide que, en lugar de esa justicia terrenal que está por condenarlo, “sean los dioses quienes decidan mi suerte”.

Marx decía que la violencia es la partera de la historia. Quizás la injusticia sea la madre.

***

LEA TAMBIÉN: Apuntes sobre #GameOfThrones, por Angel Alayón

Apuntes a propósito de “El primero de su nombre” [un capítulo de #GameOfThrones]; por Angel Alayón

  [ALERTA DE SPOILER] “En política, no llegan los mejores sino los más ambiciosos”, dijo alguna vez James M. Buchanan, Premio Nobel de Economía y uno de los padres de la Teoría de la Elección Pública. La frase de Buchanan refleja una visión oscura sobre la naturaleza de quienes persiguen el poder, de aquellos que […]

Por Angel Alayón | 6 de Mayo, 2014

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[ALERTA DE SPOILER]

“En política, no llegan los mejores sino los más ambiciosos”, dijo alguna vez James M. Buchanan, Premio Nobel de Economía y uno de los padres de la Teoría de la Elección Pública. La frase de Buchanan refleja una visión oscura sobre la naturaleza de quienes persiguen el poder, de aquellos que están dispuestos a participar en el juego de tronos.

El joven Tommen Baratheon es coronado en King´s Landing luego del asesinato de su hermano Joffrey. En plena ceremonia, una reflexiva Cersei le pregunta a la viuda Margaery Tyrell “¿Cuál fue el último rey decente?”, una pregunta que atormenta a súbditos y ciudadanos de Westeros. Y que también debe atormentar a quienes estamos de este lado del mundo.

Otro economista, Alan Greenspan, un hombre que estuvo cerca del poder desde la Reserva Federal de los Estados Unidos, sugiere en su autobiografía —en tono irónico— que debería existir una ley que prohibiera la participación en política a todo aquel que esté dispuesto a hacer lo que se necesita para llegar al máximo puesto del Poder. Es la presunción de que, en demasiadas ocasiones, quien quiere el poder no lo merece.

***

Una crisis fiscal es capaz de derrumbar un reino. La incapacidad de pagar los compromisos adquiridos obliga a un aumento de los impuestos y la reducción de los gastos, decisiones que siempre comprometen la popularidad del Rey. Sin embargo, ésta no es la principal preocupación de quienes sostienen el poder en medios de las crisis económicas, como explica Bueno de Mesquita:

Aunque casi todos consideramos la quiebra de un Estado como una crisis financiera, si la contemplamos desde la perspectiva de la supervivencia política se hace evidente que en realidad equivale a una crisis política. Cuando la deuda supera la capacidad de pago, para un dirigente el problema no es tanto que haya que recortar buenas obras públicas, sino que el titular no disponga de los recursos necesarios para comprar la lealtad política de sus seguidores claves. Los malos tiempos económicos en una democracia significan poco dinero para financiar costosos proyectos pork barrel, concebidos para comprar la popularidad política. Para los cleptócratas, esto significa perderse grandes cantidades de dinero, y tal vez incluso ver que sus cuentas bancarias secretas menguan con la lealtad de sus mal pagados secuaces.

Las crisis económicas tienen la capacidad de hacer desaparecer a los aliados que necesitas para permanecer en el poder.

***

La última vez que una mina bajo el control de los Lannisters produjo oro fue hace tres años. Twyn Lannister le confiesa a su hija que el reino está en quiebra. “Las guerras devoran oro como un pozo sin fondo”. El reino tiene una gran deuda con el Banco de Hierro de los Braavos. Twyn también confiesa la ausencia de transparencia en el manejo de las finanzas en King´s Landing: “Todos vivimos bajo la sombra del Banco y pocos lo saben”.

Las deudas pueden cambiar la ecuación del poder en cualquier momento. El jefe del clan sabe que la situación financiera pone en riesgo el reinado de la familia: “Si le debes dinero [al Banco de Hierro] y no quieres desmoronarte, debes pagarle”. No es casualidad que se llame “Banco de Hierro”, el mismo material del que está hecho el trono que todos persiguen.

Las deudas siempre explican más de lo que parece.

***

Cersei recuerda la muerte de su hijo y la muerte de la hermana del príncipe Oberyn Martell, a quien le pregunta, como si estuviera cuestionándose su propia vida: “¿De qué sirve el poder si no podemos proteger a quienes amamos?”

Quizás la pregunta que se hacen la mayoría de los habitantes de King´s Landing sea la contraria, aunque esté bajo el mismo dolor: ¿cómo podemos proteger del Poder a quienes amamos?

Apuntes a propósito de “Guardajuramentos” [un capítulo de #GameOfThrones], por Angel Alayón

[ESTE POST CONTIENE SPOILERS] La permanencia de los autócratas en el poder depende de su capacidad para evitar las rebeliones o sofocarlas. La historia está llena de situaciones en las cuales las masas  han sido dominadas por un pequeño grupo que utiliza el poder en su propio beneficio. La insatisfacción de los subyugados no se […]

Por Angel Alayón | 29 de Abril, 2014

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[ESTE POST CONTIENE SPOILERS]

La permanencia de los autócratas en el poder depende de su capacidad para evitar las rebeliones o sofocarlas. La historia está llena de situaciones en las cuales las masas  han sido dominadas por un pequeño grupo que utiliza el poder en su propio beneficio. La insatisfacción de los subyugados no se traduce en acciones organizadas contra el status quo: la represión, la cárcel o la muerte pueden disuadir cualquier intento de desestabilizar al poder, desde las protestas más simples hasta la insurrección.

Mantenerse en el trono obliga a asegurarse de que los ratones le teman tanto al gato como para que nadie se atreva a ponerle el cascabel.

Daenerys Targaryen envió un mensaje claro a los habitantes de la ciudad de Meereen cuando utilizó catapultas para hacer llegar a la ciudad las cadenas rotas de los esclavos que se unieron a su ejército. La promesa de la madre de los dragones se enmarca en una vieja fórmula: rebélense en contra de sus amos, únanse a mi ejército y obtengan la libertad que siempre les fue negada.

Bruce Bueno de Mesquita explica que las rebeliones sólo cristalizan ante un momento crítico, “ante un punto de inflexión en el cual la gente comprende que la vida bajo el actual  gobierno será lo bastante mala como para que merezca la pena arriesgarse por los beneficios posibles de una rebelión. [...] Antes de decidir apostar por las promesas de los rebeldes, todo potencial manifestante debe juzgar si los costos y los riesgos de la rebelión son tolerables en relación con las ganancias que esperan obtener en caso de que el levantamiento contra el poder sea afortunado”.

Sólo hay rebelión cuando el ratón que le ponga el cascabel al gato tenga una buena oportunidad para salir del lance con vida.

Gusano Gris, el líder de los Inmaculados puestos al servicio de Daenerys Targaryen, se infiltra en la ciudad y conversa con un grupo de esclavos que parecen indecisos: no creen que una rebelión pueda tener éxito y saben que la traición se paga con heridas mortales y en público. Gusano Gris les dice: “Nadie puede darles la libertad, hermanos. Sí la quieren, deben tomarla”, pero los esclavos continúan inconmovibles ante el despliegue discursivo del guerrero eunuco.

Hay momentos para los discursos y hay momentos para el cálculo racional, parecen pensar los esclavos salvajes. No es sino después de que los soldados de Daenerys le entregan a los esclavos un arsenal de espadas, cuchillos y hachas que la revolución queda sellada. Las armas enviadas por Daenerys fueron el punto de inflexión que aumentó la probabilidad de éxito de la rebelión. Esas armas también fueron la sentencia de los amos. Los esclavos alcanzaron la libertad y se unieron a Targaryen, quien continúa acumulando fuerzas con astucia y con la mirada puesta en el Trono de Hierro.

Maquiavelo advertía que cuando un Príncipe goza del favor del pueblo debe preocuparse por las conspiraciones. Pero cuando si el pueblo lo considera su enemigo y lo odia, entonces debe temer a todo y a todos.

La calma de los insatisfechos nunca ha sido una garantía para el poder. La historia también está llena de gatos que terminaron con un cascabel en el cuello.

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LEA TAMBIÉN: Apuntes sobre “Rompedora de cadenas” [un capítulo de #GameOfThrones]; por Ángel Alayón 

Guarimbanomics: la inflación en Venezuela (y el Banco Nacional de Cuba); por Ángel Alayón

La información sobre la inflación del mes de marzo de 2014 en Venezuela fue publicada con 14 días de retraso. El dato y el retraso confirman que los desequilibrios económicos están pegando duro a los venezolanos, en especial a quienes menos tienen. El índice de escasez no fue publicado, un signo inequívoco de que la […]

Por Angel Alayón | 25 de Abril, 2014

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La información sobre la inflación del mes de marzo de 2014 en Venezuela fue publicada con 14 días de retraso. El dato y el retraso confirman que los desequilibrios económicos están pegando duro a los venezolanos, en especial a quienes menos tienen. El índice de escasez no fue publicado, un signo inequívoco de que la desaparición de productos básicos de los anaqueles se ha profundizado y no quieren que el dato se utilice el dato para fines políticos.

Retrasar un dato, ocultar otro: curiosa manera de aliviar los problemas.

También sirve culpar a otros. El Banco Central de Venezuela ha abrazado la narrativa política que exculpa al gobierno de los problemas económicos. La nota de prensa en la que se informa de la inflación se titula Efecto del recrudecimiento de la “guerra económica” sobre la inflación. Sin comentarios. La teoría económica ha sido sustituida por la guarimbanomics. El financiamiento inorgánico del BCV al gobierno y a las empresas estatales se expande a  ritmo incendiario, pero de eso mejor ni hablar. No es bueno mencionar la soga en el país de los bolsillos ahorcados.

El tono político del comunicado del BCV [estrenado el año pasado en un ya famoso comunicado] tiene un antecedente, o más bien un origen: a finales de 2003, el presidente Hugo Chávez le pidió al BCV “un millardito” para financiar el gasto público. El millardo le fue otorgado, luego de la modificación de la Ley que regía el funcionamiento del BCV. Desde entonces, la máquina de imprimir dinero inorgánico ha terminado por derrotar al bolívar, en lugar de garantizar la preservación del valor de nuestra moneda.

Huber Matos, uno de los líderes de la Revolución Cubana y quien cayó en desagracia durante los inicios del gobierno de Fidel Castro, cuenta en sus memorias sobre una conversación entre Fidel, Felipe Pazos, presidente del Banco Central de Cuba, y el propio Huber Matos en 1959. Viene bien recordarla, a propósito de las actuaciones más recientes del Banco Central de Venezuela. El episodio remarca la importancia que tiene para un país que en un gobierno siempre haya alguien dispuesto a desilusionar los designios del Poder en resguardo de las instituciones y de los ciudadanos. Así lo cuenta en Cómo llegó la noche (2002), sus memorias:

“─ [Fidel Castro a Matos] Debes estar informado sobre las finanzas de este país y quiero que asistas los jueves por la mañana a las reuniones que se celebran en el Banco Nacional. Acuden regularmente representantes de la banca privada, se debaten asuntos importantes. No dejes de venir.

El Banco Nacional está presidido por un economista muy capacitado, el doctor Felipe Pazos, al que secundan directivos con gran experiencia en la materia. Una de esas reuniones se va a celebrar en el yate presidencial Marta II, y participará Fidel.

Nos embarcamos en la bahía de La Habana, en la base naval de Casablanca, y salimos rumbo al oeste. Vamos al puerto de Mariel. El propósito de este viaje es poder conversar con libertad a bordo. El yate es lujoso y cómodo para un número no muy grande de personas.

Al salir de la bahía, Fidel manifiesta ante estos hombres, escogidos dentro del mundo de las finanzas del país, su convicción de que el Banco Nacional debe facilitar los recursos para la reforma agraria. Recuerda que el Banco Nacional es, en realidad, el banco central de Cuba. Mientras él habla, veo cómo una fragata de la marina de guerra escolta al yate a corta distancia. Es un día muy agradable y escuchamos al jefe de la Revolución mientras tomamos algunos refrescos.

Fidel, en forma directa y sorpresiva, le pregunta a Felipe Pazos de qué modo podría instrumentarse un préstamo fuerte al gobierno por parte del Banco Nacional, para facilitar grandes inversiones dentro del plan general de la reforma agraria.

Pazos responde que, precisamente, uno de los objetivos básicos del banco y una de las razones mismas de su existencia es servir de banca al gobierno. Abunda en ejemplos sobre lo actuado en ese sentido en el historial de la institución y cree con ello dar una respuesta definitiva a Fidel. Pero es a partir de sus palabras que comienza el problema. Fidel pide que se le conceda al gobierno amortizar los préstamos a un porcentaje de interés anual muy bajo. El doctor Pazos argumenta que eso es imposible, porque un interés tan bajo estaría fuera de los patrones de sistema bancario y que además no respondería a las realidades financieras del país.

La situación se pone tensa porque Fidel, sin deseos de honrar las formalidades corrientes en ese tipo de negociaciones, expresa abruptamente que los revolucionarios nada tenemos que ver con los patrones usuales en la banca. Además, da a entender que el dinero tendrá que ser facilitado al gobierno al por ciento de interés indicado por él, pues de lo que se trata es de sacar adelante la Revolución en favor de todo el pueblo de Cuba y no de sectores interesados.

Como conozco algo sobre intereses y rentabilidad, mi opinión coincide con la de Pazos. Es mi criterio que son los economistas los que deben orientar en ese orden de cosas.

─ Me temo ─digo─ que si nosotros dictamos pautas a la banca nacional sobre cómo debe actuar, hasta el extremo de fijar las tasas de interés, podemos introducir un caos muy serio en la economía, dañar la moneda y dejar insolvente al Estado.

No hay duda de que mis palabras desilusionan a Fidel. Ahora que me ha pedido que ocupe una de las carteras ministeriales más importantes del poder ejecutivo, tomo partido por una opinión ajena a la suya. Pero no puedo convalidar este criterio desatinado en un tema tan importante. Si guardara silencio, pensando en mi futuro político, estaría poniéndole precio a mi honestidad”.

[Fragmento del capítulo "La revolución en marcha"]