Blog de Angel Alayón

La tragedia de Germanwings: sólo se puede confiar en quienes desean seguir vivos; por Ángel Alayón

Una mujer está visiblemente nerviosa antes de subirse a una avioneta de cinco puestos que la llevará a Los Roques. El piloto le pide que se tranquilice, que él tampoco quiere morir, que él también tiene familia. Es lo mínimo que espera quien sube a un avión: que su tripulación quiera seguir viviendo. Brice Robin, […]

Por Angel Alayón | 26 de marzo, 2015

Una mujer está visiblemente nerviosa antes de subirse a una avioneta de cinco puestos que la llevará a Los Roques. El piloto le pide que se tranquilice, que él tampoco quiere morir, que él también tiene familia.

Es lo mínimo que espera quien sube a un avión: que su tripulación quiera seguir viviendo.

Brice Robin, el Fiscal de Marsella encargado de la investigación del accidente aéreo donde murieron 150 pasajeros, informó que el Airbus de Germanwings fue destruido intencionalmente por el copiloto Andreas Lubitz, un alemán de 28 años. El vuelo partió de Barcelona con destino a Dusseldorf, pero Lubitz tenía otra idea: desconectó el piloto automático y comenzó un descenso hacia las montañas. No atendió los llamados de la torre de control. No atendió los gritos del piloto, quien estaba afuera de la cabina cerrada por dentro. En las grabaciones de seguridad sólo se escucha su respiración inalterada durante los ochos minutos que duró el descenso hasta el momento del impacto y la tragedia.

No son pocas las veces que ponemos nuestras vidas en manos de otros, en manos de desconocidos. Lo hacemos confiando en que ellos están allí para cumplir su trabajo y que eso y la valoración de su propia vida los obliga a mantenernos a salvo.

Cada día hay en el mundo un poco más de 90.000 vuelos que llegan a su destino sin inconvenientes. No nos hace falta aprender el nombre de la tripulación que nos hizo cruzar un océano o pasar sobre altas cordilleras. Su trabajo es anónimo, pero a veces uno de ellos se hace tristemente célebre.

Las tragedias exigen razones que a veces no llegan. Los familiares de las víctimas hoy se preguntan qué pudo pasar por la mente de Lubitz durante el silencio que lo acompañó hacia el abismo. Por qué aniquiló a sus pasajeros y a sus compañeros de trabajo.  Qué era lo que estaba roto.

No se trata de un kamikaze, esos soldados que estrellaban sus aviones para hacer daño al enemigo según un código de honor. No se trata de aquel piloto que se inmoló junto a sus pasajeros para evitar que militantes de Al-Qaeda destruyera el edificio del Congreso de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

Se trata de alguien que mató en silencio a muchos que confiaron en él.

La humanidad seguirá volando. Vencer la gravedad siempre convocará temores, en algunos más que otros, aun cuando sea el medio más seguro de viajar. Las investigaciones continuarán y seguro se discutirá si deben tomarse medidas adicionales relacionadas con la salud mental y el estado emocional de los pilotos.

Al final, sólo puede confiarse en quienes no desean autodestruirse.

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¿Por qué Venezuela no deja de venderle petróleo a Estados Unidos?; por Ángel Alayón

Las sanciones impuestas por Barack Obama a 7 funcionarios del gobierno venezolano han inflamado de antiimperialismo los discursos y los han llenado de frases desafiantes. Venezuela ha realizado ejercicios militares para defenderse de una posible invasión de los Estados Unidos de América. El #YankeesGoHome ha vuelto como hashtag en un tiempo en que las redes […]

Por Angel Alayón | 16 de marzo, 2015

640 ¿Por qué Venezuela no deja de venderle petróleo a Estados Unidos; por Ángel Alayón

Las sanciones impuestas por Barack Obama a 7 funcionarios del gobierno venezolano han inflamado de antiimperialismo los discursos y los han llenado de frases desafiantes. Venezuela ha realizado ejercicios militares para defenderse de una posible invasión de los Estados Unidos de América. El #YankeesGoHome ha vuelto como hashtag en un tiempo en que las redes sociales han sustituido las trincheras y la valentía es digital.

Ante una situación que el gobierno de Venezuela ha interpretado como una escalada en el conflicto, surge con frecuencia una pregunta: ¿por qué Venezuela continúa vendiéndole petróleo a un país que, según la versión oficial, tiene planes de invadirnos?

¿Por qué continuar alimentando al tigre que pretende devorarnos?

El país le sigue vendiendo petróleo a Estados Unidos porque los daños autoinfligidos de interrumpir el suministro serían muy altos para Venezuela, mientras que el perjuicio para los Estados Unidos sería insignificante.

En la actualidad, Venezuela despacha diariamente unos setecientos cincuenta mil barriles de petróleo diarios a Estados Unidos. Si decidiera no vendérselo a ese país, tendría que vendérselo a brokers internacionales, quienes se lo revenderían a clientes en el mercado internacional, incluyendo a Estados Unidos. La cantidad de petróleo venezolano, que representa apenas el 8% de las necesidades de importación de Estados Unidos, llegaría al país del norte, sólo que ahora lo haría mediante intermediarios. Así, la decisión de Venezuela no alteraría el flujo de petróleo que Estados Unidos recibe diariamente. En estas circunstancias, Venezuela deberá vender su petróleo a un precio menor al que le vende directamente a sus clientes en los Estados Unidos y, de esta manera, sería la única perjudicada con una decisión como ésta. Cosas del mercado.

Este escenario pudiera ser todavía más costoso de lo que parece, pues cerca de la mitad de las exportaciones de petróleo venezolano a los Estados Unidos son a la filial venezolana CITGO, que tiene una capacidad de refinación adaptada a las condiciones del petróleo venezolano, un tipo de crudo pesado que será más difícil de vender en otros mercados. Algo que también se reflejaría negativamente en el precio de venta y, por lo tanto, en los ingresos en divisas de Venezuela.

Tampoco se puede desestimar que la decisión de no venderle petróleo a los Estados Unidos pudiera ser considerada un “ataque” bajo la Ley de International Emergency Economic Powers, lo que le permitiría al Presidente de Estados Unidos confiscar cualquier activo venezolano que se encuentre en jurisdicción norteamericana. Una materia para la discusión entre abogados expertos en estos temas.

La única forma de causarle un perjuicio directo a Estados Unidos con el petróleo es retirando de la oferta mundial los barriles que le vendemos. Esto equivaldría a que, por ejemplo, Venezuela anuncie que a partir de mañana habrá una reducción de su oferta petrolera en setecientos cincuenta mil barriles de petróleo diarios. El precio del petróleo en el mundo aumentaría (probablemente poco) perjudicando a la economía estadounidense y a la mundial. Sin embargo, la caída de los ingresos en Venezuela sería de tal magnitud que la etiqueta de crisis humanitaria podría ser insuficiente para describir lo que ocurriría en el país. Mientras que el daño a los Estados Unidos sería muy limitado: la cantidad de crudo que le vendemos representa menos del 1% de la oferta mundial de petróleo. Pero para Venezuela esa cantidad alcanza la mitad de los barriles que le generan divisas. Cosas de la asimetría.

Ya Venezuela ha reducido sus ventas de petróleo a Estados Unidos. En diciembre del año 2000 llegamos a venderle un millón setecientos setenta y seis mil barriles de petróleo diario. Hoy le vendemos menos de la mitad de aquel monto. China e India son ahora destinos importantes para nuestro petróleo, pero desplazar a los Estados Unidos como cliente es algo que no puede hacerse de la noche a la mañana.

En resumen: la idea de dejar de venderle petróleo a Estados Unidos es un sinsentido económico, pues no perjudica al supuesto enemigo y sí le causa un daño a Venezuela. Mientras tanto, Miraflores tendrá que lidiar con la contradicción simbólica de venderle a las tropas enemigas la energía que permite el movimiento de sus aviones y blindados.

Cuando se trata de guerras imaginarias, todo es posible.

Del dólar paralelo al dólar invencible; por Ángel Alayón

El cálculo es sencillo: tu sueldo en bolívares dividido entre 264. El resultado será devastador. Nunca una operación algebraica había desatado tanta ansiedad. La economía no soporta la ficción. Primero se negó la existencia del dólar paralelo, como si desconocerlo fuera suficiente para que dejara de existir. Luego se prohibió hablar de él: era aquél […]

Por Angel Alayón | 5 de marzo, 2015

del dolar paralelo al dolar invencible; por angel alayón 640

El cálculo es sencillo: tu sueldo en bolívares dividido entre 264. El resultado será devastador. Nunca una operación algebraica había desatado tanta ansiedad.

La economía no soporta la ficción. Primero se negó la existencia del dólar paralelo, como si desconocerlo fuera suficiente para que dejara de existir. Luego se prohibió hablar de él: era aquél que-no-podía-ser-nombrado. Posteriormente se pasó a restarle importancia. Es decir, existía, pero su impacto era menor, despreciable. Luego prometieron pulverizarlo, algo que para el gobierno ha sido tan difícil de cumplir como abolir la ley de la gravedad. Y, finalmente, se creó el SIMADI, un tipo de cambio que parecía abrazar al paralelo como si tuviera la intención de fundirse con él: con aquel que nunca ha sido derrotado.

La más reciente escalada del paralelo está relacionada con un sistema cambiario que ya era inviable cuando el precio del barril de petróleo estaba a cien dólares. La diferencia es que, en las actuales circunstancias, ese mismo sistema cambiario ha colapsado y amenaza con profundizar la caída de la economía venezolana.

A esta fecha, todavía no se sabe a cuáles rubros se les asignará el dólar a 6,30. Tampoco se ha realizado una subasta del SICAD y el Estado no ha participado como oferente en el SIMADI, ese mercado que no funciona como un mercado y que desde su génesis fue anunciado como un ensayo. Todos estos elementos configuran una receta cuyo resultado no es otro que la ansiedad cambiaria y la búsqueda de monedas duras como refugio, ante la ausencia de políticas que atiendan las causas de los desequilibrios económicos.

La incertidumbre en política económica se paga muy caro. Y, como suele suceder, quienes pagan más son quienes menos tienen: aquellos que no tienen dólares.

La caída de los ingresos petroleros y el déficit fiscal son las dos cuerdas que aprietan la garganta de la economía venezolana. El BCV continúa imprimiendo dinero de fantasía, presionando la inflación al mismo tiempo que el gobierno profundiza los controles de precios y desestimula la producción. Y como ya no se puede importar lo que antes se importaba, el único resultado posible es escasez y colas.

El Gobierno sigue atrapado en su narrativa de “la guerra económica”, un cuento que cada vez más venezolanos leen como una simple excusa. Mientras tanto, la hiperinflación pasa de ser un capítulo más de los libros de textos a convertirse en una amenaza real contra el bienestar de los venezolanos.

Y el dólar paralelo seguirá allí, como un síntoma que nos recuerda que las economías siempre pueden empeorar. Si el gobierno continúa con las mismas políticas, su existencia y vigor estarán garantizados. Aunque quizás ya es tiempo de cambiarle el nombre: en lugar del dólar paralelo el gobierno debería llamarlo el dólar invencible.

La muerte de Kluiverth Roa; por Ángel Alayón

Cada vez que un venezolano muere asesinado somos menos país. La vida de Kluiverth Roa duró apenas algo más de 14 años. Un policía apretó el gatillo de su arma de fuego y le voló la cabeza y sus sueños. El policía asesinó al estudiante, pero él no fue el único que disparó. En la […]

Por Angel Alayón | 25 de febrero, 2015
Cenizas (1894), de Edvard Munch

Cenizas (1894), de Edvard Munch

Cada vez que un venezolano muere asesinado somos menos país. La vida de Kluiverth Roa duró apenas algo más de 14 años. Un policía apretó el gatillo de su arma de fuego y le voló la cabeza y sus sueños.

El policía asesinó al estudiante, pero él no fue el único que disparó. En la política no se convoca a la muerte en vano: las palabras de odio siempre terminan en detonaciones y en el luto inconsolable de padres, madres, hermanos, hijos…

Un asesinato nunca es un hecho aislado, menos aún si proviene de manos de un uniformado. Un asesinato es, siempre, un hecho totalizador, binario y definitivo, que afecta a uno y al mismo tiempo a todos, que nos hace vivir menos.

La condena ante este hecho debe ser absoluta. No sólo se trata del juicio contra el asesino. Se trata, en el fondo, de la reconstrucción de la posibilidad democrática, que es también la posibilidad de la justicia. Se trata de que se pueda protestar en paz; de que los policías entiendan que quienes protestan no son sus enemigos, sino ciudadanos que, como ellos, buscan un mejor país; de que no haya que buscarle justificaciones a la desgracia, de que no se relativice el dolor, de que las estadísticas no oculten la verdad.

Se trata de que nadie instigue al odio, especialmente desde el poder, pues allá reside —o debería residir—  el monopolio de la violencia. Y los discursos hechos desde el poder suelen tener consecuencias.

Se trata de que no se partidice la muerte, porque esa es su forma de multiplicarse. Y de que no haya impunidad, porque la impunidad es el otro nombre de la muerte.

El papá de Kluiverth ha dicho que no confía en la justicia venezolana y que deja todo en manos de Dios. Ya nadie podrá devolverle a su hijo y uno desea que encuentre amparo en su fe, pero debemos asumir que no será ninguna deidad la que devuelva la confianza en las instituciones. Eso nos corresponde a los ciudadanos. Para evitar más casos como el de Kluiverth. Para evitar más sueños rotos.

¿Por qué hay que hablar de lo que se dijo en la rueda de prensa de Alimentos Polar?; por Angel Alayón

Manuel Felipe Larrazábal, el Director de Alimentos Polar, dijo una frase que debe alertarnos y orientar las acciones del gobierno nacional: “No se puede producir a pérdidas perennemente”. No se trata de un problema de voluntad. Se trata de un problema financiero e incluso físico: cuando se vende un producto a un precio por debajo de […]

Por Angel Alayón | 7 de febrero, 2015

Por qué hay que hablar de lo que se dijo en la rueda de prensa de Alimentos Polar por Angel Alayón 640

Manuel Felipe Larrazábal, el Director de Alimentos Polar, dijo una frase que debe alertarnos y orientar las acciones del gobierno nacional: “No se puede producir a pérdidas perennemente”. No se trata de un problema de voluntad. Se trata de un problema financiero e incluso físico: cuando se vende un producto a un precio por debajo de los costos de producción se destruyen los recursos necesarios para continuar produciéndolo. El ejemplo más claro lo ofrecen las piezas publicitarias que está difundiendo el gobierno para promover el aumento en el precio de la gasolina. En una de ellas una señora que vende empanadas dice que el costo de producirlas es de 8 bolívares sin contar las ganancias y, cuando sus socias le preguntan a qué precio pretende venderlas, ella contesta que el precio de venta será de 2 bolívares. La respuesta colectiva es un quejido que anticipa la quiebra del pequeño emprendimiento y que resume lo absurdo de la situación.

No deja de ser paradójico que los publicistas del gobierno hayan utilizando la técnica de representar una situación descabellada para producir un efecto de conciencia, en un país donde la política de control de precios obliga a las empresas a producir precisamente bajo las mismas circunstancias escenificadas en el comercial. Las pérdidas son la receta segura para desaparecer, tarde o temprano, a las empresas y su producción. Producir a pérdidas es destruir.

Larrazábal explicó que el maíz, la materia prima para elaborar la harina precocida y el principal costo de producción, fue aumentado por el gobierno un 218% en septiembre de 2014. El aumento del precio autorizado en la resolución del 4 de febrero de 2015 es de 53% al llevar el precio máximo de venta a 19 bolívares el kilo. El rezago entre los costos y el precio es evidente. Si suponemos que el maíz representa el 70% del costo de producción de la harina, el rezago en precios ya alcanzaba 153% sólo por el aumento del costo de la materia prima, un número que triplica el aumento publicado en Gaceta. Esto sin considerar los otros componentes de costos que se han visto afectados por la inflación creciente y generalizada que vive Venezuela. Ni hablar de la ganancia necesaria, uno de los motores imprescindible de la inversión.

El control de precios fracasó, como ha fracasado desde hace más de cuatro mil años de historia. La escasez y el aumento de los precios relativos a los consumidores de los productos regulados, el racionamiento formal e informal y la pérdida de la diversidad son evidencias suficientes de que es urgente desmontar la forma en la que el gobierno venezolano interviene en los precios en Venezuela. Como lo hicieron China y Brasil en su momento, para nombrar apenas dos de muchos ejemplos de países que abandonaron los controles de precios y terminaron convirtiéndose en potencias agroalimentarias. Así, a través de la competencia, esos dos países han logrado mayor producción, mayor inversión, más oferta y, no menos importante, precios asequibles de los alimentos para sus ciudadanos.

El otro componente importante de la resolución fue la eliminación de las mezclas. Las empresas productoras de harina precocida de maíz tenían autorización de producir mezclas hasta un 30% de su producción. Esto ya no será posible a partir de la nueva regulación. La eliminación de las mezclas es un movimiento desesperado del gobierno que tiene como objetivo incrementar la presencia de harina regulada en los anaqueles. Y digo “desesperado” porque, por una parte,  la medida reduce aún más la diversidad de productos en Venezuela (uno de los efectos perversos de los controles de precios) y, por otra, no afectará el total de harina precocida de maíz disponible para la población. Los controles de precios son la kryptonita de la competencia y la diversidad. Alimentos Polar sólo puede seguir produciendo los 605 millones de kilos de harina precocida de maíz porque su capacidad instalada está siendo utilizada al 100%.

El representante de Alimentos Polar dijo que la única forma de acabar con la escasez y el desabastecimiento es que las otras plantas de la competencia también produzcan a su máxima capacidad. Eso significa, en concreto, que las empresas productoras de harina precocida de maíz en manos del Estado aumenten su producción. Según Larrazábal, las empresa estatales trabajan hoy por debajo del 50% de su capacidad instalada y controlan la mitad de la capacidad total de producción de harina precocida de maíz en el país. El dato es conservador. Roberto León Parilli, Presidente de ANAUCO, ha estimado la producción de las empresas estatales en menos del cincuenta por ciento de su capacidad. En números gruesos, si bajo propiedad estatal se encuentra la mitad de la capacidad instalada y producen a la mitad de esta capacidad, tenemos de entrada un 25% menos de producción de la que debería estar disponible en el mercado venezolano.  Y eso se debe a la improductividad de las empresas estatales.

Allí, en esa ineficiencia que lamentablemente se repite en tantas empresas estatales, también está otra de las causas de la escasez que tanto afecta a los venezolanos. Es urgente avanzar en un proceso de desestatización acelerada (un término acuñado por Víctor Álvarez) de las empresas productoras de alimentos que están en manos del Estado y no producen lo que deberían, siendo además una carga pesada para el fisco nacional y para los consumidores. Esas empresas deben pasar, lo más pronto posible, a manos de quienes sí saben cómo poner a producir una planta y no requieren del financiamiento de los ciudadanos. A manos de empresarios y trabajadores que, más bien, aspiren a competir por satisfacer los deseos, las preferencias y las necesidades de los venezolanos.

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, reveló el hecho de que nunca en la historia se ha producido una hambruna en un país democrático. Las hambrunas sólo ocurren cuando ya no es posible expresarse sin consecuencias. El silencio no es una opción ante situaciones productivas delicadas en materia de alimentos y medicinas. La opinión pública debe saber qué es lo que pasa. Y ésa es la premisa de Sen: cuando se habla, alguien escucha; y cuando alguien escucha hay oportunidad de rectificación. Una empresa productora de alimentos habló y debe ser escuchada.

El fracaso de las políticas económicas (o “El fenómeno de la cola que te asfixia”); por Angel Alayón

El tamaño del fracaso de las políticas económicas del gobierno se mide en colas. Todas las distorsiones ocasionadas por el control de cambio y los controles de precios toman la forma de una serpiente ansiosa alrededor de los supermercados. Y mientras el problema se agrava, los voceros del gobierno emiten declaraciones que producen tanta calma […]

Por Angel Alayón | 11 de enero, 2015

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El tamaño del fracaso de las políticas económicas del gobierno se mide en colas. Todas las distorsiones ocasionadas por el control de cambio y los controles de precios toman la forma de una serpiente ansiosa alrededor de los supermercados. Y mientras el problema se agrava, los voceros del gobierno emiten declaraciones que producen tanta calma como el grito de “¡Fuego!” en un teatro de madera.

Las colas en Venezuela no son un fenómeno nuevo. En este siglo, llegaron con los primeros efectos de los controles a finales del 2004. En aquellos tiempos aparecieron con modestia, esporádicas, casi como una curiosidad. Luego la escasez comenzó a arreciar y ya para el 2007 eran comunes, aunque no estaban generalizadas.

La distribución de las colas nunca fue simétrica. En Caracas siempre hubo menos, pues el gobierno privilegió el abastecimiento de la capital. Para el Poder, mientras más lejos estén los problemas, mejor.

Y las serpientes sólo son peligrosas de cerca.

Pero ahora Caracas también ha sido tomada por las colas y el problema se ha hecho más difícil de ignorar.

*

Alguien dijo que los anaqueles vacíos eran típico de los meses de enero. La realidad es contundente: basta mirar alrededor para darse cuenta de que ningún país del mundo sufre escasez en enero ni de colas para comprar alimentos. De hecho, si nos atenemos a los datos publicados por el Banco Central de Venezuela, desde el 2009 hasta el 2013 —el año de El Dakazo—, hubo dos años en los que el índice de escasez fue menor en enero que en diciembre y dos en los que los índices fueron prácticamente idénticos. Con esa información oficial, es difícil atribuirle al ya atribulado mes de enero la responsabilidad de la escasez que sufre Venezuela.

Vacaciones colectivas o días feriados o picos de consumo estacionales no tienen porqué interrumpir una cadena suministro que trabaje con normalidad. Para eso se toman previsiones de producción y distribución. Pero eso sólo puede hacerse donde existen condiciones que lo permitan y la incertidumbre no derrote cualquier intento de planificación empresarial.

[Ya no podremos saber si oficialmente en este enero hay más escasez que en diciembre porque el BCV decidió no publicar más los índices de escasez. La última cifra indicaba que la escasez se ubicaba seis veces más que lo que el BCV considera normal para un país.]

 *

Se ha dicho que hay muchos buhoneros en las colas. Y no lo dudo, aunque sería difícil de cuantificar la proporción de personas que hacen cola por negocio y las que son consumidores finales. Es otra de las consecuencias de los controles de precios. Los buhoneros arbitran entre dos precios: el de los productos regulados y el de la calle. Y mientras los precios sigan rezagados, serán mayores los incentivos para que busquen los productos de primera necesidad y los revendan a precios de lujo.

Es el mismo tipo de incentivos al contrabando: mientras se mantenga el diferencial de precios en la frontera, los productos seguirán atravesándola, atraídos por el atractivo de ganancias exorbitantes. Y no habrá —ni ha habido— cierre de fronteras que pueda con el poder lubricante del dinero que pasa debajo de la mesa.

También se ha dicho que las colas son consecuencias de los nervios. Y hay algo de cierto en esto. Cuando la gente ve que hay muchas colas, sabe que la probabilidad de que se agoten los productos es mayor, algo que se convierte en un estímulo para hacerlas y comprar. La escasez se convierte entonces, al menos parcialmente, en una profecía autocumplida y los inventarios se trasladan de los centros de distribución y anaqueles a las cocinas de los hogares. Esto ayuda a soportar el consumo mientras duran los inventarios domésticos, en aquellos hogares que lograron construirlos.

Es el viejo instinto de supervivencia humana, alertado por los espacios vacíos en los anaqueles. Y no se puede olvidar que quienes menos tienen —los más vulnerables— son los que menos pueden acumular.

También la escasez profundiza la desigualdad.

*

La escasez, las colas y el racionamiento sólo se acabarán cuando los ciudadanos confíen en que la oferta disponible de productos presente y futura está garantizada. Eso no depende de una declaración oficial ni de un llamado a la calma ni de negar la existencia de escasez. Depende de que se restablezcan condiciones para la inversión privada y el comercio internacional que permitan un aumento sostenible en la oferta disponible. Como lo hizo alguna vez China. Como lo hizo alguna vez Brasil. Como se puede hacer en Venezuela.

Hoy el gobierno está atrapado en su propia narrativa. Sus representantes se aferran al cada vez menos eficaz discurso de la guerra económica y pretenden obviar las consecuencias de sus políticas.

Apuestan a ganar batallas imaginarias. Somos el daño colateral de una guerra que no existe.

La tentación de formalizar el racionamiento para esconder las colas ha reaparecido. Ya el número de nuestra cédula limita las cantidades y las oportunidades en las que podemos comprar en Venezuela. Y regresan las medidas de ocupación de empresas que sólo nos recuerdan los fracasos de Agropatria, Sidor, Lácteos Los Andes y tantas empresas más. Es intentar tapar un hueco cavando más profundo.

Aquellas medidas de importaciones masivas (que en el pasado aliviaron el problema de abastecimiento) hoy están imposibilitadas por la disminución de las divisas disponibles. La economía venezolana entró en recesión con el petróleo a cien dólares el barril.  Y el precio del petróleo ahora se acerca a los cuarenta justo cuando más dependemos de los ingresos que generan los hidrocarburos. Quizás sea la hora de recurrir al Fondo de Estabilización Macroeconómica, aunque creo que los tres millones de dólares allí depositados no  serán de mucha ayuda.

En el 2013, con el petróleo a cien, casi dos millones de venezolanos descendieron a la pobreza de acuerdo con los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística. No hay datos para el 2014, pero podemos imaginar los resultados. Nunca había sido tan necesario que el gobierno reconozca el problema económico y rectifique: el objetivo no debe ser ocultar las colas mejorando las técnicas de racionamiento, sino eliminar sus causas. La escasez en Venezuela no es una condena: es la consecuencia de políticas equivocadas que pueden y deben ser modificadas.

Y ya no hay tiempo para encantar serpientes: están demasiado cerca.

El sorteo de la leche en un Mercalito (y otros azares) de Venezuela; por Ángel Alayón

“Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad”  Jorge Luis Borges En el barrio Bolívar, en un Mercalito al suroeste de Maracaibo, el azar decide quién se queda con la leche que llega al pequeño establecimiento que pertenece a la red estatal. Las personas que acuden al Mercalito deben […]

Por Angel Alayón | 22 de diciembre, 2014

“Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad”
 Jorge Luis Borges

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En el barrio Bolívar, en un Mercalito al suroeste de Maracaibo, el azar decide quién se queda con la leche que llega al pequeño establecimiento que pertenece a la red estatal. Las personas que acuden al Mercalito deben entregar su cédula de identidad y las depositan en una caja que sirve de biombo de lotería, según cuenta una nota publicada en el diario Panorama. De cien personas que participan, veinte o treinta resultan ganadoras. Es una proporción que podría parecer alta si estuviéramos hablando del Kino Táchira. Pero esto no se trata de un juego de azar: se trata de la leche, un alimento esencial para los niños.

En “La lotería en Babilonia”, de Jorge Luis Borges, se describe una sociedad donde cada decisión es producto de un juego infinito de azares. El azar, totalitario, deja de ser explícito y todo suceso proviene de La Compañía, que de tanto influir ya no deja rastros de su influencia y se confunde con Dios en su omnipresencia.

En el caso del Mercalito de Maracaibo, quienes se quedan sin ganar, a diferencia de la Babilonia de Borges, todavía pueden atribuirle a la mala suerte el hecho de que sus hijos no tomen leche. Pero eso es sólo un desvío de la culpa demasiado parecido al consuelo.

No hay leche suficiente porque se han acumulado años de malas políticas. No hay nada de azaroso detrás de eso, pero sí una certeza ante la escasez: la ausencia siempre te puede tocar a ti.

La lotería de las cédulas es sólo un sustituto de las colas, una fórmula más para racionar lo insuficiente, otra prueba adicional del fracaso. Y quizás también sea evidencia inocultable de que en Venezuela no todas las cédulas son iguales: las hay ganadoras y las hay derrotadas. Y las cédulas derrotadas siempre pierden algo más que dinero.

Cuba, EE.UU. y Venezuela: una lectura de los eventos recientes; por Ángel Alayón

“La historia tiene el deber de trastornar las profecías” José Emilio Pacheco Los anuncios fueron simultáneos. Obama no podía escuchar lo que decía Raúl Castro ni Castro lo que decía Obama. Una coreografía que sólo fue posible luego de dieciocho meses de conversaciones secretas en la que se construyó algún grado de confianza entre antiguos […]

Por Angel Alayón | 18 de diciembre, 2014

“La historia tiene el deber de trastornar las profecías”
José Emilio Pacheco

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Los anuncios fueron simultáneos. Obama no podía escuchar lo que decía Raúl Castro ni Castro lo que decía Obama. Una coreografía que sólo fue posible luego de dieciocho meses de conversaciones secretas en la que se construyó algún grado de confianza entre antiguos enemigos.

La libertad y el intercambio de prisioneros fueron los gestos concretos que inauguraron una nueva etapa en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Luego vinieron los discursos, preparados con la certeza de que cada palabra pesa y que cualquier reconstrucción siempre comienza con lo que se dice.

Nadie dijo imperio, nadie fue antiimperialista. Y, aunque se reivindicaron victorias simbólicas, nadie se declaró ganador.

Buena parte del discurso de la izquierda de América Latina durante la segunda mitad del siglo XX se ancló en la esperanza de la Revolución Cubana y en el Embargo de Estados Unidos a Cuba como la máxima prueba del desprecio del llamado Imperio del Norte a la soberanía de los pueblos y a la idea del progreso.

Hugo Chávez visitó Cuba por primera vez en 1994 luego de salir de la cárcel. Allá dijo: “En sueños a Cuba vinimos infinidad de veces, los soldados bolivarianos del Ejército venezolano, que desde hace años decidimos entregarle la vida a un proyecto revolucionario, a un proyecto transformador”. Después de la caída del muro de Berlín y del desmembramiento del proyecto soviético, Chávez mantuvo viva a Cuba como referencia política y ejemplo de resistencia antiimperialista. Y, una vez alcanzado el poder, convirtió esos sueños en una alianza con beneficios políticos y económicos para ambas partes.

Nicolás Maduro, el heredero político de Hugo Chávez, ha mantenido la alianza con Cuba y las referencias discursivas en su accionar político. De hecho, muchos analistas justificaron la decisión de Hugo Chávez de nombrarlo heredero por sus buenas relaciones con Cuba. Y el discurso de Maduro así lo reflejaba. Apenas hace cuatro días lideró una marcha que tenía como motivo el rechazo al imperialismo estadounidense, un eco indudable a las grandes marchas en La Habana, otrora encabezada por los hermanos Castro. Pero los anuncios de ayer descolocan el discurso político chavista.

Hay una pérdida simbólica-discursiva que se agrava con el hecho de que el gobierno venezolano ha lucido sorprendido por la negociación entre cubanos y estadounidenses. ¿Por qué no se avisó a Venezuela de estas negociaciones? ¿Se podrá mantener con la misma eficacia el discurso antiimperialista en Venezuela luego del discurso de Raúl Castro? ¿O lo que muchos han llamado el verdadero fin de la Guerra Fría obligará al gobierno venezolano a buscar un discurso que se ubique en una nueva “tercera vía”?

Hasta ahora, el gobierno venezolano muestra el desconcierto del soldado que sigue apuntando a un objetivo que, de pronto, ya no es el mismo. Lo que hasta hace horas fue, ya no es.

Llama la atención que Raúl Castro haya mencionado las reformas económicas que están asumiendo en Cuba apenas en el segundo párrafo del discurso de ayer. Dijo textualmente: “Ahora llevamos adelante pese a las dificultades la actualización de nuestro modelo económico, para construir un socialismo próspero y sostenible”. Es una declaración de que el modelo establecido en Cuba está vencido y que la prosperidad sólo podrá ser alcanzada bajo nuevos esquemas. Y, luego de esa frase, Castro pasó a hablar de inmediato de su conversación con Barack Obama.

La Unión Soviética subsidió a Cuba durante buena parte del siglo XX. Las finanzas cubanas eran sostenidas por la Guerra Fría, pero la caída de la URSS hundió a la isla en el llamado “período especial”, un tiempo de horrores económicos y sociales, en el que se profundizó la escasez y el racionamiento.

La llegada de Hugo Chávez al poder fue una bendición para Cuba. Los intercambios con Venezuela sustituyeron a los soviéticos y aliviaron las duras cuentas de la isla. Pero la capacidad de Venezuela para sostener intercambios económicos y apoyos a terceros países ha mermado dramáticamente en los últimos dos años. El crecimiento del gasto público, los compromisos de deudas internacionales y locales, los programas internacionales de apoyo a otros países y la caía de la producción petrolera han lastimado con fuerza el margen de maniobra económico y financiero de Venezuela en medio de una alta inflación y escasez. Y, como si fuera poco, la dramática caída de los precios del petróleo de los últimos meses reduce la expectativa de ingresos en dólares de Venezuela, un país que depende cada vez más del petróleo. De mantenerse precios actuales durante el 2015, Venezuela dejaría de recibir unos 25.000 millones de dólares, en contraste con los números de 2014.

Cuba ya no puede contar con Venezuela como lo hacía en el pasado. Es la RealPolitik. Es justo mencionar que las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos empezaron cuando el petróleo todavía estaba sobre los cien dólares, pero ya los problemas económicos en Venezuela eran evidentes.

Las relaciones de Estados Unidos y Cuba avanzarán, aunque no sin tropiezos. Ambos países tienen fuerzas internas que no están interesadas en que la situación cambie, pero el camino hacia la normalización parece inevitable.

Queda la sensación de que lo mostrado ayer sólo fue la punta del iceberg. Debajo de la superficie debe haber muchos otros temas negociados, incluyendo aquellos que conciernen directamente a Venezuela, un actor fundamental para la región y para el mundo por su petróleo. Quizás más adelante nos enteremos. Quizás ver si en la Casa Blanca se firman o no las sanciones a funcionarios venezolanos nos ofrezca una clave. Quizás el reconocimiento de Castro sobre la necesaria revisión del modelo económico cubano sea un aliciente para que Venezuela acepte que debe revisar el suyo.

Quizás, para algunos, Cuba dejó de ser el ejemplo que alguna vez fue. No se le debe dejar todo a las utopías.

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ADDENDA: Seis horas después de publicado este texto, las agencias AP y EFE reportan que Obama firmó las sanciones en contra de algunos funcionarios del gobierno de Venezuela. De ser esto así, ya sabemos algo: la negociación con Cuba no incluyó la protección de quienes serán afectados por esta decisión. Ahora queda esperar las reacciones del Ejecutivo Nacional y, no menos importante para armar el rompecabeza, las respuestas del gobierno cubano si acaso las hay.

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Venezuela, la OPEP y vivir con poco; por Ángel Alayón

La OPEP decidió no reducir la producción de petróleo. El Ministro de Arabia Saudita, Ali Al-Naimi, salió de la reunión con una gran sonrisa. Una sonrisa que cuenta con el respaldo de 757 mil millones de dólares de reservas, parte de ellas acumuladas por los sauditas durante los recientes años de altos precios de petróleo. […]

Por Angel Alayón | 28 de noviembre, 2014

saudi opep

La OPEP decidió no reducir la producción de petróleo. El Ministro de Arabia Saudita, Ali Al-Naimi, salió de la reunión con una gran sonrisa. Una sonrisa que cuenta con el respaldo de 757 mil millones de dólares de reservas, parte de ellas acumuladas por los sauditas durante los recientes años de altos precios de petróleo.

Los países árabes han decidido jugar ajedrez en el mercado mundial. Buscan moderar (y controlar) la oferta de petróleo a mediano plazo, desestimulando con precios relativamente bajos la inversión en algunos proyectos de producción de shale oil en Estados Unidos. Tienen, por ahora, la paciencia que da el dinero. En contraste, Venezuela muestra el andar desesperado de quien se sabe con los bolsillos rotos y muchas cuentas por pagar.

Rafael Ramírez, representante de Venezuela ante la OPEP, salió de la reunión sin sonreír. La decisión de la OPEP es un revés que aprieta la soga fiscal y cambiaria, pero también es una derrota en el terreno simbólico. El resultado de esta reunión contrasta con la narrativa mitológica alrededor que desde el oficialismo han vendido sobre la vida pública de Hugo Chávez. Esa versión supone que Chávez, con su liderazgo y encanto disciplinó a los países de la OPEP a partir de 1999, provocando la subida de los precios del petróleo. Hugo Chávez, el “gigante”, pudo. Ahora, en su ausencia, no se puede. Las versiones interesadas de la historia siempre regresan en forma de látigo.

Es inevitable sentir, al menos hoy, que hemos pasado de ser una potencia petrolera con las reservas más grandes del mundo, a ser el daño colateral de las estrategias de los actores que en realidad mandan en el mundo de la energía.

Los malos tiempos sólo son malos para quienes no se prepararon para ellos. Ni el gobierno de Hugo Chávez ni el de Nicolás Maduro tomaron previsiones. El Fondo de Estabilización Macroeconómica de Venezuela, un instrumento creado justamente para que el gobierno pueda actuar de forma contracíclica, tiene apenas 3 millones de dólares. No es casualidad, no fue un descuido, no fue un rasgo de la cultura caribe: la ley fue modificada para no tener que ahorrar. Había demasiadas elecciones por ganar, había un poder que preservar y ahora pagamos las consecuencias con intereses.

Sorprende la insistencia de no asumir las dificultades desde el discurso público. “Estamos blindados”, dijo alguna vez Hugo Chávez. Nunca lo estuvimos y ahora, cuando Venezuela es más dependiente que nunca de los ingresos petroleros, tampoco lo estamos. A la salida de la reunión, el canciller Ramírez declaró a Telesur que el gobierno venezolano está preparado para afrontar cualquier circunstancia y fluctuación en el precio petrolero. Dijo que, como medida de prudencia, el Ejecutivo realizó la planificación del Proyecto de Ley de Presupuesto para el ejercicio fiscal 2015, con un cálculo de 60 dólares por barril. El argumento es curioso. Se sabe que el gasto público en Venezuela excede el planteado en las leyes de presupuesto por razones políticas. Este año se estima que el gasto público excederá en 74% al estimado en el presupuesto. Suponiendo que el gasto público se limitara a los ingresos estimados en el proyecto de presupuesto en el 2015, y utilizando para los cálculos una inflación similar a la de este año, la caída del gasto público estaría en el rango de 35 y 40% en términos reales durante el 2015, un shock de gasto que sólo aceptaría el calificativo de brutal. La prudencia nunca es tan costosa.

Fernando Soto Rojas, veterano político del partido de gobierno y ex presidente de la Asamblea Nacional, tomó otra dirección. El diputado declaró también que Venezuela está preparada para la caída de los precios del petróleo. Pero además añadió una frase donde se mezcla su fe con el diagnóstico: “Como somos revolucionarios, estamos acostumbrados a vivir con poco”.

El presidente Nicolás Maduro ha retrasado las medidas de ajustes, mientras el entorno para la actividad privada se torna cada día más asfixiante. Los desequilibrios aumentan y la palabra hiperinflación suena como una amenaza real.

Las economías también se desquician. Y, cuando lo hacen, el único resultado seguro es el incremento de la pobreza, un cambio social que viene acompañado de consecuencias personales y políticas. Un proceso que ya está en curso y que, por ahora, las velas encendidas a los precios del petróleo no serán capaces de revertirlo.

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Los 43 estudiantes asesinados en México y la urgencia de mirar; por Ángel Alayón

— ¿Cómo hacían que los cuerpos de arriba se fueran para abajo? — Uno los sujetaba de las manos y otro de las patas y los columpiábamos […] de manera que se fueran hacia abajo y los cuerpos rodando llegaban a lo plano. Parte de la confesión de uno de los asesinos /// Los asesinos […]

Por Angel Alayón | 8 de noviembre, 2014

¿Cómo hacían que los cuerpos de arriba se fueran para abajo?
Uno los sujetaba de las manos y otro de las patas y los columpiábamos […] de manera que se fueran hacia abajo y los cuerpos rodando llegaban a lo plano.

Parte de la confesión de uno de los asesinos

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43 mexico angel alayon 640

Los asesinos pretendieron no dejar rastros. Pretendieron desaparecer los restos de 43 estudiantes bajo un fuego alimentado con esmero y alevosía. Borrar a la víctima es la eterna pretensión del criminal y eso fue lo que hicieron al lanzar bolsas con cenizas y huesos fracturados a un río que ellos querían se pareciera al olvido. Pero eso fue sólo el final. Antes hubo otras escenas de horror. Como ésa en la que unos policías entregan a los 43 estudiantes a un grupo paramilitar asociado al narcotráfico, quienes fueron los encargados de consumar la masacre en el medio de un basurero, que más que el lugar del crimen es un espejo en el que todavía se reflejan los autores de esta tragedia.

La división de poderes de Montesquieu es un ideal que parece alejado de los ciudadanos de Iguala, quienes ahora, al igual que muchos en América Latina, sólo pueden aspirar a que, si no es el poder lo que se divide, al menos se  divida el mal. Que aquellos a quienes elegimos no se unan al narcotráfico. Que podamos distinguir entre las fuerzas del Estado y una banda de sicarios. Que las policías y los ejércitos luchen contra el narcotráfico en vez de ayudarlos. Que podamos mirar a los ojos a un policía. Que los alcaldes no le teman a los estudiantes ni los estudiantes a los alcaldes. Que los basureros sean sólo eso. Que podamos distinguir a esos que quieren el poder político para lucrarse. Que nuestros impuestos no paguen las balas que matan inocentes. Que el fuego no calcine a la memoria. Que no se use la fuerza del río para llevarse lo que queremos. Que perdamos las vendas. Que miremos.

A un año de El Dakazo; por Ángel Alayón

El presidente Nicolás Maduro ordenó en cadena nacional la ocupación de la red de tiendas Daka por parte del gobierno y que todos los productos se pusieran a la venta de inmediato a precios justos: “Que no quede nada en los anaqueles, que no quede nada en los almacenes. Ya basta” dijo el 8 de […]

Por Angel Alayón | 6 de noviembre, 2014

A un año de El Dakazo; por Angel Alayon 640

El presidente Nicolás Maduro ordenó en cadena nacional la ocupación de la red de tiendas Daka por parte del gobierno y que todos los productos se pusieran a la venta de inmediato a precios justos: “Que no quede nada en los anaqueles, que no quede nada en los almacenes. Ya basta” dijo el 8 de noviembre de 2013. Fue el comienzo de una operación a gran escala de reducción de precios de electrodomésticos y productos de línea blanca, hoy conocida como El Dakazo. Las colas aparecieron frente a las tiendas que eran objeto de intervención estatal y pronto se cumplió el deseo del Presidente: los anaqueles quedaron vacíos.

El Dakazo se enmarcó en la narrativa de la “guerra económica”, un concepto que empezó a utilizarse con fuerza por voceros del gobierno a partir de agosto de 2013 y que intentó responsabilizar al sector privado y a factores externos como el gobierno de los Estados Unidos de la escasez y la inflación. El Dakazo fue, entonces, la respuesta del gobierno a los culpables de los males del país: los usureros y especuladores, los enemigos que desataron la “guerra económica contra el pueblo de Venezuela”.

Para el momento de El Dakazo, Nicolás Maduro había perdido 15 puntos de popularidad desde el 14 de abril de 2013, fecha de la elección presidencial. Los números de la firma encuestadora  IVAD revelaban que 7 de cada 10 venezolanos evaluaban negativamente la situación del país. Los candidatos del PSUV parecían enfilarse a una derrota política en las elecciones municipales de diciembre 2013. Pero los resultados fueron muy distintos.

Nicolás Maduro y el PSUV se recuperaron lo suficiente durante el último mes de campaña para anotarse una victoria. Una victoria que implicó una especie de legitimación para Nicolás Maduro. Se entendía que en esas elecciones, de perder el PSUV, se abría un espacio para discutir la verosimilitud de los resultados de las presidenciales de abril, que se decidieron por algo más de un punto porcentual y fueron cuestionadas por el candidato opositor, Henrique Capriles Radonski.

El Dakazo fue un salvavidas político para Maduro: el Presidente de la República amaneció el 9 de diciembre con un capital político renovado y un horizonte despejado de elecciones por dos años.

Los analistas esperaban que entre diciembre de 2013 y enero de 2014 se tomarán medidas económicas que atendieran los desequilibrios económicos acumulados. Era el momento de salvar las presiones que impone una elección sobre las decisiones económicas. Era posible asumir un costo político a corto plazo con la expectativa de producir una mejor situación económica que se tradujera en rédito político antes de las próximas elecciones.

Pero esas medidas no llegaron. Y eso generó serias interrogantes sobre la dirección que tomaría el gobierno en materia de política económica durante 2014.

El 22 de enero de 2014, Rafael Ramírez, entonces Vicepresidente del Área Económica, anunció un plan de importaciones y el presupuesto de divisas del año. La última pregunta de esa rueda de prensa fue formulada por el periodista Víctor Salmerón, quien preguntó si el presupuesto de divisas era suficiente para cancelar la deuda que CADIVI sostenía con el sector privado. Antes de responder esa pregunta, Rafael Ramírez ya había afirmado con contundencia que el Estado venezolano garantizaba el pago de la deuda externa venezolana. Sin embargo, en el caso de la deuda con el sector privado Ramírez aseguró que antes de pagar debía revisarse el sustento de esos compromisos. Aquella respuesta anunciaba que el tema de la deuda con el sector privado flotaría en la opinión pública todo el 2014 y afectaría la producción en Venezuela.

La contracción en la entrega de divisas al sector privado profundizó la escasez.

Sabiendo lo que vendría, el Banco Central de Venezuela había decidido dejar de publicar los índices de escasez. Nelson Merentes, presidente del BCV, justificó esa decisión en estos términos: “El índice de escasez lo debe tener el Gobierno. No es un índice político. Nosotros le estamos suministrando al Ejecutivo la información correspondiente. No queremos que los índices se conviertan en índices políticos que favorezcan a unos y perjudiquen a otros”.

En enero fue la última vez que se hizo pública la cifra de escasez: un preocupante 28%.

En julio de 2014, en una entrevista dada a José Vicente Rangel, Rafael Ramírez manifestó que Venezuela avanzaría pronto hacia un sistema de convergencia cambiaria. El anuncio se interpretó como una señal de la inminente aplicación de medidas para atender los problemas económicos en Venezuela. A comienzos de año ya se hablaba de que Ramírez estaba preparando un giro en la política cambiaria y fiscal que se interpretaba, con más esperanza que certeza, como un avance en la dirección correcta

Muchos vendieron optimismo a partir de estas ideas, para terminar decepcionados.

Desde puertas adentro, el plan de Ramírez fue torpedeado, tanto por las razones pragmáticas de aquellos que se beneficiaban del statu quo, como las ideológicas de quienes veían en las ideas de Ramírez una traición al legado de Hugo Chávez.

El 2 de septiembre, a menos de dos meses de la declaración a José Vicente Rangel, Rafael Ramírez fue nombrado Canciller de la República. El gesto se entendió como el abandono del gobierno de Nicolás Maduro de las propuestas del otrora zar de la economía nacional, quien salió del cargo sin cumplir aquella promesa de pulverizar el dólar paralelo. Días antes del nombramiento como Canciller, Maduro anunció la implementación del “Plan Sistémico para la Lucha Integral contra el Contrabando”, un nuevo capítulo en el uso de la narrativa de la “guerra económica”.

La sobrevaluación de la moneda y los controles de precios han estimulado el contrabando. Maduro anunció su combate como parte de la ofensiva para derrotar a los enemigos del pueblo. Más allá de los anuncios del gobierno, no hay data confiable que permita evaluar la efectividad de la política, pero sí es posible afirmar que mientras exista una moneda sobrevaluada, haya controles de precios y tengamos un sistema de cambio con cuatro precios, los incentivos para el contrabando serán cada vez mayores y lo convertirán en un fenómeno difícil de derrotar.

Y mientras la inacción en materia económica sigue siendo el rasgo resaltante en 2014, el gobierno empieza a hablar con insistencia de las elecciones legislativas del 2015.

Algunos creen esos comicios podrían realizarse en el primer semestre del año, como otra consecuencia de la caída de la popularidad y parte de la necesidad que tiene Miraflores de que pasen las elecciones para tomar decisiones en materia económica. Otros dicen que está en proceso una nueva versión de El Dakazo, que obligue a los comerciantes a reducir los precios bajo el operativo “Navidades Felices y Seguras”.

Pero no olvidemos que el efecto en popularidad política de la versión original fue efímero y no tuvo ningún efecto sostenible sobre la inflación, más allá de profundizar los problemas de escasez. Durante los primeros ocho meses de este año, la inflación posdakazo acumuló 39% y la anualizada llegó a 63,94%. Las colas frente a supermercados y farmacias testimonian el agravamiento de los problemas de abastecimiento.

La narrativa de la guerra económica tiene una consecuencia lamentable: en medio de una guerra, no hay inversión a largo plazo. El gobierno ha sostenido sus acusaciones al sector privado, culpándolo (genéricamente) de ser responsable de la situación actual. Es un discurso que preocupa, pues se trata del mismo sector privado que necesitará para reactivar la economía nacional. Más allá de la retórica, es imposible una recuperación económica sin empresarios que inviertan y sin que el país esté abierto a la iniciativa privada.

Una rectificación en Venezuela pasa por reconsiderar al sector privado y al emprendimiento como el principal motor del desarrollo económico. Como lo hiciera alguna vez Brasil, como lo hizo alguna vez China, como lo han hecho todas las sociedades que han prosperado.

Nicolás Maduro ha tenido que lidiar con las consecuencias de una exacerbación del gasto público que tuvo como intención garantizar el triunfo de Hugo Chávez en su última elección. El fallido sistema de producción estatal ha acentuado la escasez y el financiamiento del déficit fiscal con dinero inorgánico ha impulsado la inflación y deteriorado los ingresos reales y el bienestar de los venezolanos.

El ajuste en 2014 parecía inevitable. Tan inevitable que el hombre que estuvo detrás de pensamiento económico de Hugo Chávez, Jorge Giordani, confesó en su carta de despedida que la revolución sería insostenible de seguir el curso que había tomado el gasto público. Pero Maduro no ha podido girar el timón y ya sentimos el frío del iceberg. De acuerdo con el IVAD, un 77.3% de los venezolanos cree que el país va en la dirección equivocada, una estadística que refleja desesperanza. La caída del precio del petróleo pone mayor presión a la economía venezolana, que luego de quince años de revolución depende más que nunca de los ingresos petroleros.

Y, a un año de El Dakazo, vale la pena recordar que los buenos magos nunca repiten sus trucos.

Juego 7 // No hay béisbol sin épica; por Ángel Alayón #WorldSeries2014

Alex Gordon bateó la bola hacia el Center Field. Gregor Blanco corrió hacia adelante con la intención de capturarla y hacer el último out de la Serie Mundial. Los Gigantes de San Francisco ganaban 3 a 2 a los Royals de Kansas City. Blanco frenó al darse cuenta de que no le llegaría a la […]

Por Angel Alayón | 30 de octubre, 2014

Madison Bumgarner 640 Juego 7 Serie Mundial 2014

Alex Gordon bateó la bola hacia el Center Field. Gregor Blanco corrió hacia adelante con la intención de capturarla y hacer el último out de la Serie Mundial. Los Gigantes de San Francisco ganaban 3 a 2 a los Royals de Kansas City. Blanco frenó al darse cuenta de que no le llegaría a la bola, pero ya estaba muy cerca como para poder controlarla y el bound lo sobrepasó. Alex Gordon cruzó por primera pensando en el home y en la posibilidad de empatar. Alcanzó una velocidad de 30.095 kilómetros por hora. A Juan Pérez, el left field que le hizo la cobertura a Blanco, se le escapó la pelota por un segundo y eso permitió que Gordon alcanzara la tercera base. Los Royals ponían la carrera del empate en tercera, apenas a 27.43 metros del home en el último inning. Pero en realidad el problema de los de Kansas City no era de distancia: el problema era Madison Bumgarner.

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Los Gigantes de San Francisco habían anotado la de la ventaja en la cuarta entrada. Pablo Sandoval y Hunter Pence conectaron sencillos. Un fly de Brandon Belt al left-filed le permitió a un agresivo Pablo Sandoval avanzar hasta la tercera base. Con hombre en primera y tercera base, y el juego empatado a dos carreras, Ned Yost trajo a Kelvin Herrera para enfrentar a Michael Morse. Era una batalla de poder contra poder. Herrera pone a Morse en dos strikes con rectas que promediaron 97 millas por hora. En ambas ocasiones Morse bateó de foul. Cuando tienen dos strkes sin bolas y Herrera usa su poderosa recta, sólo un 11% le conecta un hit. Parecía que todo estaba en contra de Michael Morse. Herrera le lanzó un recta a 99 millas y Morse le hizo swing. No conectó bien la bola, pero el batazo tomó la distancia suficiente para caer como una granada en el jardín derecho y producir la carrera de la ventaja que le permitió a Bruce Bochy traer a lanzar a Madison Bumgarner.

Pablo Sandoval Juego 7 Serie Mundial 2014

El béisbol necesita héroes y esta vez fue Madison Bumgarner. Luego de lanzar un juego completo el domingo, apareció en la quinta entrada con el descaro de quienes disfrutan el juego y lo hacen todo por ganar. Podía haber dudas de usarlo: era un riesgo. Pero Bochy había dicho que Bumgarner hacía bullpen cuarenta y ocho horas después de lanzar. Y eso fue lo que pareció lanzar: otra sesión de práctica en la que aprovechó para utilizar todos sus lanzamientos, en la que la recta alta con dos strikes fue una receta que tentó a varios de los Royals, en la que lanzó muchos strikes que lucían ocultos para los bateadores.

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La única amenaza real contra Bumgarner fue esa de la novena entrada, cuando Gordon llegó a tercera con dos outs. El turno era de Salvador Pérez, quien le había conectado un home run en el primer juego, la única carrera que permitió el zurdo en esta Serie Mundial. Bumgarner nunca mostró preocupación ni frustración con los compañeros que dejaron correr la bola hasta la pared. Los fanáticos volvieron a creer de que era posible ganar. Alcides Escobar, en el duguot, se puso el Cristo en la boca y juntó sus manos en oración. Bumgarner le lanzó a Pérez cinco rectas de cuatro costuras a 92 millas. Pérez abanicó dos y bateó de foul la última. Con la cuenta en 2 y 2, Bumgarner le cambió la medicina y le lanzó un recta de dos costuras, un lanzamiento con mayor movimiento. Pérez hizo swing y dio un elevado de foul que terminó en las manos de Pablo Sandoval, sentenciando el juego y la serie.

Fue un juego lleno de detalles y buenas jugadas para discutir. La jugada de Panik en el tercer inning, en la que se lanzó a la derecha para pasarle la pelota a Crawford con el propio guante y terminar un doble play, fue de guión de película. Después Panik dijo que era la primera vez en su vida que pasaba la pelota con el guante. El béisbol es también un juego de instintos. El umpire de primera cantó quieto, quizás también instintivamente. Pero Bochy desafió la decisión y solicitó una revisión del video que puso las cosas en su sitio.

En el quinto inning, Infante abrió contra Bumgarner con hit y luego Alcides Escobar tocó la bola. Fue una decisión personal. Fue una decisión costosa, quizás producto de los padecimientos de Escobar frente a Bumgarner durante toda la serie. Con hombre en primera y sin outs este año se anotaron, en promedio, 0.81 carreras. Con hombre en segunda y con un out se anotaron 0.62. Luego del sacrificio, el turno fue del zurdo Aoki, quien fue dominado para terminar el inning con un ponche a Lorenzo Cain.

Se hablará mucho de la oportunidad y del descaro al bate de Pablo Sandoval, del atrevimiento de Yordano Ventura, de la entrega de Salvador Pérez, del juego agresivo y alegre de Hunter Pence. Pero sobre todo se hablará de un Madison Burgarner que luego del juego final dijo que ya podía dejar de mentir: confesó que sí, que estaba un poco cansado. Nunca se notó. No hay béisbol sin épica.

Gigantes de San Francisco Serie Mundial 2014

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Por Angel Alayón | 29 de octubre, 2014
Juego 6 Yordano Ventura Kansas San Francisco 640

El lanzador Yordano Ventura dedicó el partido a Óscar Taveras

 

A pesar de que Yogi Berra decía que “el juego no se acaba hasta que se acaba”, esta vez bastaron dos entradas y una diferencia de siete carreras para sentenciar que habría un juego más.

Al finalizar el segundo inning del sexto juego de esta Serie Mundial, Omar Vizquel tuiteó que habría un séptimo encuentro: “Espeluznante. No puedes ni dormir ni comer y nada te pasa por la garganta”.

Los Royals ya habían logrado forzar el juego donde no hay mañana para nadie.

Después del partido, el abridor de Kansas City, Yordano Ventura, dijo que anoche no había lanzado él, sino Dios. El único tropiezo terrenal de Ventura fueron las tres bases por bolas que dio en la tercera entrada, solventado con éxito gracias a la impaciencia de Buster Posey y un doble play.

El juego terminó 10 a 0, en una actuación que Ventura le dedicó a la memoria de Óscar Taveras. Lanzó siete entradas y aisló tres hits, pero es probable que muchos televisores se hayan apagado en el tercer inning, en un juego que pareció el prólogo del  juego definitivo.

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Un pelotero puede tener las famosas cinco herramientas, pero si es incapaz de olvidar, no llegará muy lejos.

La capacidad de sobreponerse a un mal turno al bate, a un error o a una noche de desencanto es parte de la arquitectura emocional de los grandes beisbolistas. Un mal desempeño sólo debe ser utilizado para aprender. La desazón y la tristeza tienen que quedarse atrás para poder asumir la próxima oportunidad con eficacia.

Los Royals se sobrepusieron a la impotencia que significó Bumgarner. Ahora es el turno de los Gigantes, quienes necesitan olvidar esta paliza para enfrentarse a un Kansas City que pretende darle esta noche una alegría a sus fanáticos, quienes han resistido con estoicismo y están pagando hasta 1.567 dólares a las empresas revendedoras para ser testigos presenciales de una noche que han esperado por casi tres décadas.

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Esta noche alguien celebrará en el campo y los jugadores derrotados se quedarán mirando desde su banco la celebración, a sabiendas de que estuvieron muy cerca de lograrlo.

Se juega en Kansas City. Muchos dicen que será una ventaja decisiva tener en las tribunas a 37.000 personas ensordeciendo a los Gigantes, pero la ventaja de los Royals en el Kauffman Stadium tiene un origen diferente: no es un parque para jonroneros y los outfielders deben correr mucho.

Dayton Moore, el gerente general de los Royals, ha construido un equipo basado en la velocidad, el pitcheo y la defensa. Los bateadores de poder cuestan mucho dinero y el pay-roll de los Kansas City se acerca a 91 millones de dólares, unos 56 millones de dólares menos que el de San Francisco.

Los Royals jamás jugarán como los Dodgers ni como los Yankees: sólo pueden jugar como los Royals, un equipo que ha sido diseñado para triunfar allí, en su casa, en el Kauffman Stadium.

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San Francisco Kansas Manaers 640

Bruce Bochy y Ned Yost

 

Cuando jugaba en el High School, Ned Yost, el manager de los Royals de Kansas City, tuvo una temporada completa en la que no conectó un hit. Se fue de 36-0. Durante el verano trabajó como lavaplatos en un Kentucky Fried Chicken, un empleo que según Yost le permitió fortalecer sus brazos y tener una buena campaña el año siguiente.

Yost sabe salir de las situaciones difíciles y ha creado un ambiente en el dugout en el que los peloteros se sienten tan cómodos que incluso algunos como Salvador Pérez han dicho que lo quieren como a su papá.

Cuando Bruce Bochy, el manager de los Gigantes de San Francisco, llegó a las Grandes Ligas no había ni gorra ni casco del tamaño de su cabeza. Quizás era un dato premonitorio de que su destino en el béisbol estaba relacionado con el asunto de la estrategia y no en el campo de juego. Ya va por su tercera corona, un título que lo pondría al lado de nombres como Sparky Anderson, Miller Huggins, Tony La Russa y John McGraw y, sin duda, le garantizaría un puesto en el Salón de la Fama.

Tanto Yost como Bochy fueron receptores suplentes. Tuvieron suficiente tiempo para ver el juego desde la banca y aprender. Aprender mucho. Los peloteros que no saltan al terreno a diario tienen mucho tiempo para pensar.

Algunos lo aprovechan, otros no.

Hoy la batalla final también será entre Yost y Bochy.

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Madison Bumgarner cometió un sólo error. En el cuarto inning, Salvador Pérez bateó un rolling a primera. Bumgarner salió tarde a cubrir la base y Brandon Belt tuvo que lanzarse para tocar la almohadilla con su pie justo antes que Pérez. El resto de la noche ya está en el archivo de lo imborrable. Sería […]

Por Angel Alayón | 27 de octubre, 2014

Juego 5  Bumgarner o pitchar es luchar contra el olvido; por Ángel Alayón 640

Madison Bumgarner cometió un sólo error. En el cuarto inning, Salvador Pérez bateó un rolling a primera. Bumgarner salió tarde a cubrir la base y Brandon Belt tuvo que lanzarse para tocar la almohadilla con su pie justo antes que Pérez. El resto de la noche ya está en el archivo de lo imborrable.

Sería injusto decir que Bumgarner dominó a los Royals: en realidad el zurdo de los Gigantes los frustró.

Pitchar es el arte de engañar. Y el contraste de velocidad es una de las armas principales de quienes engañan. En el primer inning Bumgarner lanzó la pelota en un rango de velocidad que estuvo entre las 77 y las 94 millas por hora. Un rango delirante. Además, en apenas 11 lanzamientos, mostró su recta de cuatro costuras, la recta de dos costura, su slider, su curva y su cambio. Como si fuera poco, la mascota de Posey parecía imantada. La ubicación de los lanzamientos estuvo allí desde el principio de la noche. En ese inning, Eric Hosmer, el cuarto bate de los Royals, gritó dos veces luego de hacerle swings a pelotas que ya estaban en el suelo. Bumgarner había venido al juego con todo su arsenal.

Los buenos pítchers son observadores. Bumgarner se ha construido a sí mismo viendo a los mejores. De niño pasó horas estudiando y aprendiendo la mecánica de su ídolo: Randy Johnson. De Jon Lester aprendió el uso de toda la zona de strike y cómo esconderle la bola a los derechos. Y, más recientemente, incorporó el movimiento hacia home de Clayton Kershaw cuando hay hombres en base. Hay pocos límites para quien está dispuesto a aprender de los grandes.

Madison Bumgarner llamaba la atención de scouts y curiosos desde el High School. Tanto así que su padre mandó a construir una pared para que nadie lo viera cuando lanzaba sus sesiones de bullpen. A veces hay que dejar que el talento trabaje concentrado y en soledad. Pero anoche no hubo pared que impidiera que el mundo viera el pítcher en que se ha convertido.

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TheShift640

A diferencia de la guerra, en el béisbol a veces es mejor que la gente abandone su posición.

The Shift es una formación defensiva especial que generalmente se usa contra bateadores zurdos que tienen una tendencia mayor al promedio de batear hacia su banda. También sirve para minimizar la probabilidad de extrabases. El tercera base pasa a jugar short stop, el short stop se coloca detrás de la segunda base y el segunda base se interna en el rightfield. Ésa es una de las posibles combinaciones.

Cuenta la leyenda que en la Serie Mundial de 1946, el manager de San Luis, Eddy Dyer, usó la defensa The Shift contra Ted Williams. Pero lo hacía, más que como un sistema defensivo, como una herramienta de perturbación sicológica

Anoche, el zurdo Brandon Belt vino a batear con hombre en primera en la segunda entrada. Ned Yost, el manager de los Royals, ordenó la aplicación de The Shift, en una versión en la que el tercera base se desplaza hasta detrás de la segunda. Pero Brandon Belt hizo lo inesperado: tocó la bola hacia el lado izquierdo del campo y logró embasarse con un infield hit. Fue una respuesta estratégica ante la formación defensiva, una respuesta preparada, trabajada y con ejecución perfecta.

También fue el primer hit de toque en la vida profesional de Brandon Belt. De allí la sopresa. Un recordatorio de que toda estrategia tiene su punto débil.

Ahora, con hombre en primera y segunda, Ishikawa bateó un fly productivo que llevó los hombres a segunda y tercera con un out. Brandon Crawford conectó un rolling por segunda que empujó la primera carrera del juego y la única que los Gigantes necesitaron para ganar el quinto juego de la Serie Mundial y ponerse a un juego de la corona.

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Ned Yost trajo a Kelvin Herrera para tratar de preservar la diferencia. James Shields había hecho un buen trabajo al limitar a los Gigantes a dos carreras durante los primeros seis innings. Y pasó algo que muy pocos pensaban que podía pasar durante este octubre: los Gigantes le batearon a los imbateables. Herrera recibió dos hits y le hicieron dos carreras. Wade Davis, quien vino a relevar a Herrera, también recibió su dosis y los Gigantes terminaron fabricando tres carreras ante estos nasty-boys del bullpen. Una mala noticia para los Royals, quienes despiertan del mito de que su bullpen jamás sería tocado.

Bumgarner completó la blanqueada y terminó en los libros de récords, con una microscópica efectividad de 0.29 durante sus cuatro intervenciones en series mundiales. Un 0.29 que puede redondearse a 0. Al menos así lo sintieron anoche los Royals.

Sólo hay dos tipos de pítchers: los que se olvidan y los que se quedan en nuestra memoria.

La serie se muda a Kansas City. Los Royals ahora están contra las cuerdas. El béisbol toma un sabor especial cuando el juego puede ser definitivo. Y eso será el martes en la noche: la gloria o la búsqueda desesperada de una última oportunidad.

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Por Angel Alayón | 26 de octubre, 2014

sandoval640

Sun Tzu, en su Arte de la Guerra, recomienda estudiar muy bien el terreno donde se darán las batallas y manejarlo a tu favor. Luego del juego 3, varios jugadores de los Royals se quejaron de la cantidad de agua que había en el infield en el AT&T Park, en especial alrededor de la primera y segunda base. Es una vieja táctica, humedecer el terreno hasta convertirlo en barro para disminuir la velocidad de los rápidos contrarios. Bruce Bochy, el manager de los Gigantes, dijo desconocer el cambio en las condiciones de terreno. La duda queda, pero no olvidemos que ambos equipos juegan en el mismo terreno. En el primer inning del cuarto juego, Gregor Blanco se embasa por boleto y avanza a segunda con un wild pitch. Luego, sin importarle las condiciones del terreno, sale al robo de la tercera base tentando al brazo de Salvador Pérez, ganador del Guante de Oro 2013. La jugada fue cerrada, pero llegó a salvo. Los Gigantes fueron los que corrieron empezando el juego. Hunter Pence conectó un rolling a tercera y el tiro a primera de Moustakas permitió a Blanco anotar la primera carrera del juego. Una carrera que llegó sin haber conectado un hit.

Esta vez la emboscada de los Royals llegó temprano. Ryan Vogelson, el abridor de los Gigantes y ex lanzador de los Tiburones de La Guaira, dominó los dos primeros innings. El inning estaba en dos outs, una situación que siempre permite respirar mejor. Alex Gordon estaba en primera, quien se había embasado por un hit. Luego vino la debacle. Lorenzo Cain, Eric Hosmer conectaron sencillos, Moustakas recibió una base por bolas, y Omar Infante y Salvador Pérez aportaron dos hits consecutivos. Un ataque que se tradujo en 4 carreras. Parecía que todo lo que tenía que hacer Jason Vargas, el abridor de los Royals era estirar su participación en el juego hasta que llegara el venenoso relevo de su equipo.

Los Gigantes se acercaron en el quinto inning cuando produjeron 2 carreras para poner el juego 4 a 3. Jason Vargas salía antes de tiempo. Antes de tiempo con los Royals significa antes de que puedas traer a Herrera, a Wade o a Holland a cerrar el juego. Pero el sexto turno al bate de los Gigantes fue el decisivo. Ned Yost trajo a pitchar a Brandon Finnegan, el novato de 21 años. Joaquín Arias vino a batear por Yusmeiro Petit, quien había lanzado tres innings perfectos como relevista. Arias, se embasa por sencillo. Blanco hace lo propio. Joe Panik avanza los corredores con un toque de sacrificio. Y pasan por boleto intencional a Buster Posey. Tres hombres en base y un out, una situación en la que durante el 2014 se anotaron en las Grandes Ligas 1.53 carreras en promedio.

¿El zurdo Finnegan debía lanzarle a Hunter Pence? Lo dejaron lanzarle, Pence conectó un rolling al Short Stop y Alcides Escobar decidió forzar en home. ¿Debió Alcides Escobar intentar el doble play y tratar de acabar el inning?

Luego vino Pablo Sandoval quien al primer lanzamiento la devolvió con fuerza al center field para que anotaran dos carreras y voltear el juego.  Los Gigantes ya nunca perderían la ventaja. A Brandon Finnegan le hicieron 5 carreras y el juego terminó 11 a 4. ¿Debió Ned Yost mover su bullpen con mayor agresividad? ¿Desperdició una importante ventaja de tres carreras?

Dio la sensación de que los Royals decidieron que el juego se había acabado en el sexto inning. Yogi Berra no estaba en el dugout de los Royals ¿O fue la decisión de una mente fría y analítica que prefiere reservar sus fuerzas para una mejor oportunidad? Quizá Sun Tzu lo hubiera aplaudido. Pero Sun Tzu escribió sobre la guerra, no sobre el béisbol.

Si el punto débil de Kung Fu Panda es su identidad y origen, el de Pablo Sandoval es batear a la derecha. Y anoche le tocó batear de ese lado del plato. Además, Sandoval tenía gripe. No hizo práctica de infield para preservarse. Parecía tener todo en contra, es decir, parecía tener armado el guión para seguir construyendo su leyenda. Sandoval fue el factor desequilibrante a la ofensiva con ese turno frente a Finnegan que le cambió la cara al juego. Sin épica no hay béisbol. Pablo Sandoval está hecho para ella. Algunos sólo encuentran su paz interior en octubre.

Veremos si esta noche los Royals pueden regresar frente a Madison Bumgarner. Stay tuned.

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