PolíticaEntrevista

María Fernanda Palacios: “Este gobierno no está interesado en la democracia”

por Hugo Prieto

Fotografías de Iñaki Zugasti

03/12/2017

¿A qué obedece que un ensayo escrito en el pasado no pierda su vigencia? ¿Al hecho de que poco o nada han cambiado las cosas en una sociedad o a que el autor posea amplias miras? Si es lo segundo, estamos en presencia de un intelectual, seguramente de un poeta, cuyos versos se conjugan en un tiempo premonitorio. Aunque a María Fernanda Palacios la abrume, la sobrepase la condición de poeta, ella lo es, y con todas las letras.

En 2005, Palacios escribió un corto ensayo (Notas sobre la intolerancia) sobre la polaridad que necesariamente existe entre tolerancia e intolerancia. Su tono es cuestionador, porque la tolerancia puede ser algo movedizo, algo acomodaticio, a la vez que puede ser el camino más corto para el conformismo, en especial si desde el poder se nos impone una realidad, una cotidianidad, azarosa, negadora, castradora. María Fernanda Palacios sigue como profesora activa en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Su estudio está lleno de libros, en español, francés, inglés. Si el contenido aparece en ruso o en alemán, dispone de una gramática, de un diccionario, y de un pensamiento activo, que se combinan para aclarar dudas.

¿Puede una sociedad “convivir” sin convivir con su pasado?

No. Puede o no puede está demás. Una sociedad es su pasado, como uno mismo, su existencia. El pasado está allí, que lo reconozca, que tu actitud hacia ese pasado cambie o no, eso es otra cosa. Y da vueltas, ¿no? Un día tu actitud y lo que recibes como eco de ese pasado es algo y puede ser que a las 24 horas, el envión que te llega de ese pasado es un bandazo incontrolado. Eso de convivir con el pasado es demasiado general, aunque a veces las generalizaciones se conviertan en algo que te ayuda a ver el presente, creo que de eso se trata. Uno vive el presente, uno siente el presente. Es imposible que sientas como la semana pasada. El presente se apoya en el pasado y no está aquí como en los libros de historia, que te ponen fechas, esto empezó aquí, esto terminó allí, están buscando siempre hitos a partir del cual se acabó este siglo y comenzó este otro. Yo creo en lo que decía la poeta Anna Ajmátova las fechas no tienen importancia, ella que fechaba todo lo que escribía.

“La retórica del vencedor impone una convivencia sin lugar para lo vencido”. Si eso es así, es porque vemos o entendemos la política como una guerra.

Bueno, a paso de vencedores es como empezó todo esto. Venezuela, desde su nacimiento ha vivido en esa retórica: La del vencedor y el vencido, y la última repetición de A paso de vencedores es la que tuvimos hace algunos años. Pero en eso andamos desde hace tiempo, desde que le dieron la espada y lo nombraron Libertador hasta la Guerra Federal. Siempre ha sido así. El que sube al poder llega a paso de vencedores. Rara vez ha aparecido una actitud o una mente que se quite esa idea de que las cosas se logran a paso de vencedores, y te digo desde un departamento de la universidad hasta la presidencia de la república.

Cuando dice “rara vez”, un raro momento, una extrañeza histórica, un lapsus mental ¿Podría ubicar ese momento?

Eso siempre es como una expresión y una vivencia. Como yo no soy ni historiadora ni política, el momento que pude vivir es el año 1958, cuando cayó la dictadura. En la Junta de Gobierno (presidida por el vicealmirante Wolfang Larrazábal), convivían varias tendencias, incluso la izquierda radical, cuya actitud cambió el 1 de enero de 1959 con el triunfo de la revolución cubana. Frente a la dictadura se organizó la Junta Patriótica y estallaron varias huelgas, además circulaban los manifiestos, que en esa época tenían algún sentido. No era llevamos 30.000 firmas, 40.000 firmas por internet y todo el que sepa leer y escribir es intelectual. No, eran manifiestos que encabezaban personas que a uno lo llevaban a pensar y ¿fulano de tal se está atreviendo a decir esto? Recuerdo a Miguel Otero Silva, cuando llegó a mí casa y dijo: Mira la firma que acabamos de conseguir en el manifiesto que va a circular mañana… Alonso Gamero, un biólogo, un hombre de ciencias, alguien muy conocido, que no era político ni mucho menos. Pero además, Miguel Otero dijo: el coraje de Gamero es doble, porque él se casa mañana con una miss Venezuela. El manifiesto va a circular el mismo día en que él se casa. Todo ese movimiento fue civil, había gente, sobre todo de Acción Democrática y el Partido Comunista dispuesta a salir a la calle y salieron, pero también había una conspiración militar y eso hay que reconocerlo. En ese momento, las cosas en Venezuela no se estaban haciendo a paso de vencedores.

¿Ese momento se acabó con la reacción de la izquierda a raíz del triunfo de la revolución cubana? ¿Diría que perduró durante la era de la democracia representativa?

Ese rumbo empezó a socavarse, a minarse, con pequeñas cosas. La reacción de la izquierda, fuimos unos tontos al no aprovechar el 23 de enero, para hacer lo que luego hizo Fidel Castro. Entran los mimetismos de manual. O lo que hizo Lenin en 1917. La revolución cubana introdujo un nuevo ingrediente; una impaciencia, una nueva línea, la de la lucha armada, que fue algo que no solamente vivió Venezuela sino América Latina. Es como mayo del 68. Allí hubo un pequeño sarampión. Pero esa guerrilla, sabemos, nunca tuvo oportunidad de poder. Pero también hubo un deterioro en las instituciones que se estaban creando, que muy rápido empezaron a tener los vicios de autoritarismo. O tabula rasa. Llegaba éste y destruía lo que había hecho el otro, porque tenía una nueva política. Recuerdo cuando llegaron los tecnócratas de COPEI. Ciertamente, había vicios, pero no podías pretender llegar con un maletín de soluciones. Gente que tenía años trabajando en distintas áreas era menospreciada; tenían que recibir la lección de estos señores.

Más adelante, se detiene en esta observación. “Pero llega el día en que sin darnos cuenta la convivencia nos obliga a vivir en la mentira, se deja de alertar sobre ciertos peligros o denunciar injusticas para no perturbar la paz, para no ser señalados como desestabilizadores”. ¿Somos y seguimos siendo tolerantes con un poder que ha hecho con nosotros lo que le da la gana?

Tú no te das cuentas y vas cediendo. No voy a mencionar a nadie en particular. Pero la forma en que asumimos la amistad, en que compartimos afinidades, impide que en las discusiones mantengamos, precisamente, lo valioso que hay en ellas. Yo me di cuenta de eso en mis años de estudiante en Inglaterra. Los debates eran de tal intensidad que seguramente creaban resentimientos y enemistades, pero no perturbaban el avance y la institucionalidad de esas discusiones. Aquí, en cambio, eso derivaba en los personalismos —fulano se peleó con mengano y se dijeron de todo, se destrozaron— y en la incapacidad que tiene el venezolano para que alguien te diga “eso no”. Es algo que se ve en la sociedad toda. Una incapacidad para soportar el roce, el error… la oposición no sirve para nada… la MUD, eso es un horror. Se olvidan, por ejemplo, de lo valioso que puede haber en un trabajo. Yo no soy de Primero Justicia, por favor, pero el trabajo de organización que ha hecho Julio Borges con ese partido, yo no me lo imaginaba, así como respeto que a una cabeza como la de Gerardo Blyde lo hayan puesto de alcalde cuando pudo haber sido una figura de primerísima línea en la Asamblea Nacional, pero como aquí no dábamos medio por la discusión y el foro si no se tiene todo el poder, entonces, mejor alcalde. O Teodoro Petkoff, uno de los pocos que reconoció el error de la lucha armada. Esas son rarezas nuestras. Yo creo que a nosotros nos falta una capacidad de verdadera polémica. Bueno, esto —convivencia o tolerancia, diálogo o no diálogo—, creo que tiene raíces más hondas.

¿Usted tiene alguna expectativa con respecto al diálogo que se adelanta en República Dominicana?

Si tú quieres le pones comillas a las cosas que ha dicho Pedro Nikken y yo las suscribo. Si tú buscas otras vías para mantener las diferencias y la lucha política en este país, en este momento en que el gobierno ha definido cuál es su finalidad y sus objetivos, y por tanto no tiene interés en el diálogo, eso es algo de lo cual no nos vamos a enterar, ni va a salir en una entrevista. Se necesita un tiempo y conversaciones a puertas cerradas. Las conversaciones y el fin de la guerra en Colombia no comenzaron el día en que la prensa lo publicó, por Dios, y mucho menos el día en que llegaron a La Habana. Eso fueron años y no sé cuántos muertos. O los ejemplos célebres, mientras bombardeaban Hanoi, los vietnamitas estaban conversando con los estadounidenses. Pero eso no puede ser para la semana que viene. Ahí (en República Dominicana) lo que hay es un partido de fútbol. A ver quién mete el primer gol. Todos tienen que decir que hay que ir a dialogar como dicen creo en Dios padre. No, yo quiero ir a dialogar y el gobierno… yo no miento y algún día voy a comulgar.

La tolerancia ha servido tanto para la imposición del chavismo como para justificar los errores de la oposición. Entonces, ¡Qué bueno que somos tan tolerantes! ¿Llegará el momento en que podamos ser intolerantes…?

… con ese no, digamos, ¿qué tienes que decir tú? Porque la tolerancia no puede ser un gran sí, si no tiene ese no. Por eso Dostoyesky… El día en que el diablo diga sí y cante loas a Cristo, ese día se acabó el mundo. Dejamos de ser humano. Por eso, el no tiene que tener tanto peso como el . Tú tienes que ser intolerante con ciertas cosas todos los días, de lo contrario eres una mantequilla y embadurnas cualquier cosa. Tienes que tener formas, tienes que tener contornos y, en ese momento, tomas consciencia del significado de la palabra tolerancia, yo estoy aguantando esto, yo estoy soportando esto. La idea de tolerancia es una cosa y cómo ejercerla es otra. Yo respeto mucho a los que se han fajado a buscar, en medio de una sociedad que está destrozada, un punto de tolerancia, entre otras cosas, porque se necesita. A veces no se logra, porque implica Darse la mano con el diablo, cito el título del libro de Romeo Daler, el general canadiense que comandaba las tropas de la ONU en medio del genocidio en Ruanda. Hay que leer ese libro. Lo que ese hombre vio, sufrió y tuvo que tolerar. Para que ese hombre pudiera mantener a gente con vida y fuesen sobrevivientes él tenía que estar dándose la mano con el diablo. Eso hay que hacerlo. Lo triste es que los medios, las redes sociales, la cosa heroica, no dejan que aparezcan esas figuras que son capaces de darle la mano al diablo, porque enseguida las estigmatizan, enseguida decimos son unos colaboradores, pero hay veces que necesitan salir adelante y a veces están en la sombra.

Si le pregunta ¿Qué espera usted de los diálogos en República Dominicana?, a politólogos, a especialistas, a gente formada en la academia, su respuesta es: cero. El punto es el siguiente. Si tenemos interlocutores que no quieren darle la mano al diablo, ¿Adónde vamos? Si tenemos a gente preparada diciendo cero. ¿Cómo podemos hacer política?

En primer lugar, no hay recetas. Mucho menos te voy a decir cómo se hacen esas cosas. Yo veo esto así. Tenemos a una sociedad sometida a un gobierno, para quien la política no es lo que comúnmente llamamos política. La política la hacen ellos. Pero vida política es algo que contradice y desestabiliza su gobierno y por esa razón el gobierno no va a consentir una vida política como se entiende en un mundo democrático. Eso es así. Se ha dicho, incluso, casi desde los primeros días. La política se plantea como algo excluyente y la manera como entiende el diálogo el gobierno excluye los principios democráticos con los que normalmente se dialoga y se llega a acuerdos. Un ejemplo es la ley de educación que se estaba discutiendo al comienzo del gobierno de Chávez. Yo lo seguí muy de cerca porque soy profesora universitaria. Había dos proyectos, uno elaborado por gente vinculada al chavismo y otro por elaborado por gente de las universidades autónomas, había cosas comunes y matices que había que ajustar. Se hicieron las reuniones y se llegó a un solo proyecto. Se lo llevaron a Chávez, pero no lo firmó. Eso era un indicio de que no se aceptaba el diálogo, el acuerdo, eso era hacer vida en el parlamento. Así se plantearon las cosas, pero no hemos llegado a lo peor…

… ¿A la guerra civil? Lo peor es lo que queramos ver. Incluso, lo que imaginamos. Sin embargo, sobre esa posibilidad, tenemos a una sociedad en caos, sometida a las penurias y sufrimientos que vemos a diario. Quizás haga falta que alguien que tenga un poco de ascendencia diga: llegamos a lo peor. En ese momento, mucha gente va a entender lo que está pasando.

Desgraciadamente, lo peor es algo que siempre está por llegar. Yo no lo veo de otra manera, tú puedes decir que lo peor es lo que está pasando en Siria, pero también se dijo cuando arrancó la guerra ¿no? Y todavía hay gente en Siria que imagina que puede venir algo peor. La sobrevivencia se sostiene en que lo peor es una imaginación. Henry James decía yo tengo la imaginación del desastre y esa era su diferencia con otros novelistas del siglo XIX. Eso hace que sus personajes tengan esa fuerza y esa capacidad de ver. Entonces, lo que hablábamos de darle la mano al diablo, tiene que ver con alguien que está viendo esa imaginación del desastre. Pero darle la mano al diablo implica que el diablo te la tienda. Pero tú sabes quién te está dando la mano y, por supuesto, no estás esperando que el diablo respete las pautas de los doce apóstoles. El diablo es el diablo. Pero le estás dando la mano porque a su vez el diablo necesita dártela. Hay algo que lo lleva a dártela. Eso es así en términos de poder.

Sí, siempre y cuando sea Julio Borges el que le dé la mano al diablo, para que luego podamos decir. ¡Que se joda Julio Borges!

Ah, pero ya me estás hablando de los diablos de este lado, porque hay diablos de lado y lado, ¿verdad? Si vamos a hablar de diálogo en Santo Domingo o en el lugar donde lo pongas, yo no veo que exista, a menos que esté sucediendo y ojalá no nos enteremos, porque es la única manera que eso suceda. El milagro de Centroamérica, que no fue tal milagro, pero llamémosle así, se volvió algo público cuando ya había una disposición para dialogar y aun así empezó algo muy duro para los que estaban negociando como lo refiere Pedro Nikken.

¿Qué no nos enteremos? Sería, tal vez, porque se estaría dando una dinámica política distinta.

En este momento, donde el gobierno está en una posición de fuerza, donde le ha dado resultado todo lo que ha hecho, lo que es evidente y lo que no lo es, para dividir a la oposición después de las elecciones regionales, —y por eso apoyo a los gobernadores que tomaron posesión de sus cargos—, no creo que algo así esté pasando, el gobierno no lo necesita; no lo creo porque la oposición, sencillamente, no tiene nada que ofrecer. Ojalá se esté dando, pero eso pudiera depender, entre otras cosas, de las tan invocadas reservas morales, por ejemplo. Para que se llegue a dar un diálogo que dé frutos, no puedes comenzar diciendo las famosas condiciones. Es que me parece de una ingenuidad tan grande que se diga hasta que no cambien el CNE no podemos ir a una elección… y lo dicen diplomáticos y lo dicen politólogos. No podemos ir a una elección hasta que el gobierno libere a todos los presos políticos. Me pregunto, ¿Si el gobierno hace todo eso, será necesario de verdad un diálogo? Si pides algunas cosas de gratis, digamos, y te las van a dar, ¿Para qué vas a conversar, si te lo conceden? No lo sé, pero yo sí creo en las cosas que adverso de este gobierno porque son reales. Realmente, este gobierno no está interesado en la democracia, al menos como lo entiende un sector de la oposición con el cual yo tengo afinidad. Si es así, no puedo esperar que el gobierno convierta de la noche a la mañana este TSJ, su ANC y su poder Ejecutivo en algo que va a facilitar un cambio en el CNE o el reconocimiento de la Asamblea Nacional. ¿Pedir todo eso? En todo caso, no será el diálogo que necesita una sociedad que está polarizada y dividida en torno a si es democrática o no, porque eso en el fondo es lo que se está pidiendo, ¿no?

Invocado el diálogo de esa manera, serviría para desactivar del todo a la sociedad venezolana y para prolongar está sensación de vacío y de derrota. Si esa es la intención y los diálogos fracasan, el ganador será, una vez más, el gobierno.

Usaste la palabra fracaso. ¿Detrás de eso qué está sobreentendido? Que tú entiendes que para que el dialogo no fracase tiene que ganar la oposición. Eso ya no es un diálogo. Lo estás viendo como un partido de fútbol. A ver quién mete el gol decisivo. Tanto derecho tiene el gobierno como la oposición si planteas la cosa así ¿no? Esos diálogos tienen que tener otro cariz, un ingrediente que no hemos tocado, digamos, el escenario internacional. En el fondo es un diálogo que quizás servirá para aliviar o mantener vivas ciertas alianzas que sí le convienen a ambos lados. A la oposición le interesa que no la vean como un grupo cerrado que está negado a conversar, porque hay movimientos intermedios, hay países, entre otros Chile, que no les gusta la actitud extrema, radical, que ha tomado el gobierno, pero no es Canadá, no es México, que se decidieron por otras posiciones. A mí me parece que es un escenario muy resbaloso que no puedes desatender, me parece que es un asunto en el que intervienen políticos y diplomáticos, que son necesarios.

Aquí hay muchos diablos de lado y lado que están apostando a lo peor. Siendo así, es muy probable que esto sea un caso acabado de profecía auto cumplida.

Esa es la tesis de la implosión. Yo creo que aún en las sociedades que funcionan, hay eso. Ahí si es verdad que nadie tiene la varita mágica, para ver hacia dónde va la historia. Creo que estamos de acuerdo en que eso de la necesidad histórica —el fantasma que asomó Marx—, no es tal. No hay tal necesidad histórica, las cosas pueden ir hacia adelante como pueden ir hacia atrás.

Sí, pero ese zigzagueo pudiera poner de manifiesto la incapacidad de una sociedad para enfrentar los desafíos que son frecuentes e inevitables.

¿Capacidad? Yo creo que lo único es, como dicen los italianos, forza. ¿Rendirse? No les voy a dar el gusto, mientras pueda. Uno busca maneras. ¿Qué es para mí lo peor? Yo creo que mientras pueda dar una clase como la que doy en la Universidad y conversar con los muchachos en el pasillo de lo que hablamos, pues digo como Kapuscinski en su libro sobre Angola: Un día más con vida. Leo, y digo, otro día más con vida. Vivir así, es un día más con vida. Es vida.


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