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Cuál es el panorama de la salud para la Venezuela de 2018

por Julio Castro Méndez

Fotografía de Gabriel Méndez

28/12/2017

Los indicadores internacionales reflejan una regresión en la situación de la salud en Venezuela. En promedio, el país retrocedió unos 25-30 años. Elaborar escenarios para 2018 se complica por la falta de información regular. A ello se suma el que no se haya publicado desde 2013 el Anuario de Mortalidad y Morbilidad que contienen los más importantes indicadores. Además, la situación objetiva caracterizada por la dificultad para conseguir medicamentos, la crisis de los hospitales a nivel nacional y el resurgimiento de enfermedades por falta de cumplimiento de estrategias preventivas, enmarca al 2017, como el peor año en desempeño de salud en la historia republicana de Venezuela. Al menos desde 1940, cuando se comenzó a llevar registro de enfermedades de manera sistemática.

Problemas como el acceso a los alimentos básicos, la desnutrición, la desescolarización, la inseguridad y la falta de servicios públicos básicos como el agua, la electricidad y la movilidad, influyen de manera sustantiva en la producción de enfermedades, sus complicaciones y la capacidad de prevenirlas.

Teniendo esto como base, es poco probable que a pesar de resolver los aspectos específicos —como medicamentos y situación hospitalaria—, si no se mejoran los otros aspectos de la vida ciudadana, el impacto de la mejoría sobre la salud podría ser mínimo.

Los indicadores de salud son más vulnerables al deterioro que a la mejoría. Por ejemplo, los progresos alcanzados en materia de salud materno infantil desde la década de los 50 hasta finales de los 80, se perdieron en solo 10 años. Signo de una recuperación sería el acceso a los medicamentos de uso común, o cesta básica de medicamentos, que debe incluir las enfermedades más frecuentes. En este sentido los signos gubernamentales en torno a las decisiones y el enfoque general sobre este punto específico han sido ominosos.

La escasez de materia prima y el difícil acceso a las divisas hace prácticamente imposible mejorar en el corto plazo una distribución de medicamentos realista. Por esta razón solo la ayuda externa —póngale el nombre que usted quiera— para la importación de productos terminados podría generar un impacto rápido sobre este asunto. Al mismo tiempo, es necesario fortalecer el aparato productivo nacional para que al cabo de una primera fase de asistencia externa se pueda reactivar la industria del medicamento, la cual tenía la capacidad de surtir el mercado nacional.

La maligna ecuación que padecemos tiene como determinante la dificultad al acceso a nutrientes y a medicamentos, el deterioro del poder adquisitivo y la hiperinflación, que tiene como resultado condiciones que según las definiciones internacionales son las de una “emergencia humanitaria compleja”. Esto sienta las bases para solicitar ayuda a organizaciones internacionales o países amigos. El cómo, cuándo y qué es motivo de discusiones profundas que se han trabajado con equipos técnicos y organizaciones de pacientes, con el foco puesto en estos y sus necesidades.

Conseguir y distribuir medicamentos en cantidad y calidad suficiente es solo un paso de la cadena. El esfuerzo es efímero si no hay una articulación que garantice la idoneidad de programas que permitan regresar a niveles de atención acordes con nuestro grado de desarrollo. Un ejemplo claro de esto son las enfermedades prevenibles por vacunas. Actualmente en el país, la difteria y el sarampión tienen actividad extensa en el territorio nacional. Una pregunta central sobre este aspecto es: ¿cuál es la razón para que dejaran de vacunar a millones de venezolanos en los últimos años si no había escasez de vacunas?

La respuesta apunta a causas complejas: desde la falta de compromiso de los hacedores y ejecutores de políticas públicas de salud, pasando por la poca capacidad gerencial de quienes dirigen estos programas, rematando con las dificultades propias del país —como escasez de combustible y repuestos, las maltratadas vías de acceso, los problemas de electricidad, etc—.

Sin duda un primer signo de cambios sería la aceptación o instrumentación de ayuda en materia de medicamentos, seguida de toda una política integrada de acciones en el sector salud que intente evitar la debacle por la cual transitamos a pasos acelerados .

Monitor de enfermedades para 2018

Basado en conceptos epidemiológicos solemos dividir a las enfermedades en crónicas y agudas. Aquí mantendremos esa división para efectos de pedagogía.

Enfermedades agudas o transmisibles

En los últimos años hemos tenido una pléyade de enfermedades infecciosas, unas nuevas (emergentes) y otras viejas que resurgen (re-emergentes), que han producido gran impacto en los venezolanos.

En relación a las emergentes, en particular a aquellas transmitidas por vectores (mosquitos, moscas, roedores, etc.), estamos en riesgo permanente. La densidad vectorial, en especial de mosquitos tipo aedes es la más alta de América según datos oficiales.

Esto hace que cualquier enfermedad nueva trasmitida por vectores de este tipo represente un riesgo para los venezolanos. El Virus del Nilo occidental, Hantavirus, Mayaro-virus, MERS-Co virus y virus de influenza epidémica son solo algunas de la amenazas que pueden impactar el continente. Tales amenazas solo son contenibles con sistemas de alarma y detección temprana muy eficientes. En este sentido estamos en franca minusvalía, debido a la no publicación del boletín epidemiológico, bloqueado desde hace dos años.

Las enfermedades re-emergentes como sarampión, paludismo, difteria, coqueluche, zika, chikungunya, dengue y fiebre amarilla responden a un factor clave: la capacidad de generar protección inmune, bien sea por vacuna o por enfermedad. Para aquellas enfermedades que no tienen vacunas y que aun sufriendo la enfermedad no generan inmunidad —paludismo, por ejemplo— la tendencia debería ser a un aumento sustantivo de casos.

El año 2017 podría terminar con 400.000 nuevos casos de malaria, lo que sumado a recaídas o reincidencias podría escalar a 800.000 o hasta 1.000.000 de casos. La tendencia en los últimos años ha sido de aumento del doble de casos de un año a otro en promedio. Solo una intervención masiva en los focos tradicionales y en los nuevos podría reducir o estabilizar esta altísima tasa de crecimiento.

Para el caso de las enfermedades prevenibles con vacuna, el panorama es también sombrío. Los datos referenciales de epidemias de sarampión y difteria a gran escala sugieren que la única estrategia de contención de la propagación de la enfermedad es un enfoque de vacunación a la totalidad de la población. Esto es particularmente importante para la difteria. Los datos de la OMS en relación a la epidemia de la enfermedad en Rusia al final de la Guerra Fría afirman que se requirió la intervención de organismos internacionales con el lema “una vacuna para cada ciudadano ruso”. Solo así, después de 3 años se controló la epidemia.

El enfoque de las autoridades venezolanas con esquemas localizados geográficamente, con poco impacto real en la población general, hace pensar en una epidemia de una duración prolongada, con una dinámica de casos parecida a la que se ha dado hasta ahora, cercana a 300 casos por año.

Para aquellas enfermedades re-emergentes que dejan inmunidad, al menos transitoria después de la infección, se esperaría una suerte de luna de miel con muy baja actividad, al menos por un trienio o un quinquenio luego del brote respectivo. Esto es crítico en zika y chikungunya, aunque no se descarta que puedan seguir produciéndose algunos pocos casos en la población que no estuvo expuesta previamente.

El dengue en este grupo representa una situación particular. Las determinantes de epidemias de dengue son poco claras. En la mayoría de los países de América hay un patrón de epidemia cada 4-5 años que parece corresponder a factores climatológicos, como temperatura y pluviosidad, aunque no hay certeza. En el caso venezolano, el último año de actividad fuerte fue 2015, por lo cual pareciera que estamos en vísperas de un nuevo año de actividad importante.

A pesar de no haber actividad en la región de algunas enfermedades con potencial catastrófico, como cólera y ébola, la reactivación de focos de estas enfermedades en países de otros continentes levanta alarmas que requieren al menos monitoreo persistente. El camino de estas enfermedades está marcado por la pobreza, y sin duda deben ser motivo de preocupación para nosotros en la actualidad.

Enfermedades crónicas no transmisibles

Si bien en este rubro de enfermedades la aparición de nuevos casos está más signada por aspectos genéticos, hereditarios y culturales, también es verdad que la situación de crisis generalizada en lo económico, social y logístico puede influir de manera importante. Tal es el caso de la hipertensión arterial, la diabetes, el cáncer, la depresión, las enfermedades neurológicas, las pulmonares y las renales crónicas.

Los datos parciales, elaborados por grupos científicos y académicos (a falta de datos oficiales), revelan un aumento en las tasas de mortalidad y morbilidad preocupantes. En especial en aquellas que ocupan los primeros puestos en las causas de muerte en Venezuela —como por ejemplo las enfermedades cardiovasculares, cerebro vasculares y cáncer). Este es el rubro de enfermedades donde la regularización del acceso a medicamentos cobra mayor importancia y tendría un impacto significativo sobre la salud. El acceso a opciones de tratamiento ya no es solo un problema de disponibilidad de recursos económicos, también lo es de logística. Por ejemplo si usted necesita un marcapaso de emergencia y no lo hay en ese momento, aunque tenga la capacidad de pagarlo, las consecuencias son obvias.

Hay evidencias de un cambio lento pero paulatino del perfil etario de Venezuela. Otrora un país eminentemente joven, la pirámide poblacional comienza a hacerse más angosta en su base y aumentar el grupo de edad mayor. Las consecuencias de esto son previsibles en términos de cantidad y tipo de enfermedades. La pregunta central es si nos estamos preparando para este cambio poblacional.

Enfermedades de alto costo

Probablemente el panorama más desalentador de todo el contexto de salud está relacionado a este segmento. Con frecuencia me hago una pregunta que tiene un componente ético fundamental: ¿Cuál es la enfermedad más afectada por la crisis? Me gustaría tener una respuesta cierta y rigurosa para esta pregunta, pero la verdad termina siendo que la peor enfermedad es la que tiene en lo personal se padece. Para cada enfermo, lo peor es su enfermedad.

En el caso de las enfermedades de alto costo, la posibilidad de pagar un tratamiento para un ciudadano común son infinitesimales. Hablamos de decenas de miles de dólares o cientos de miles de dólares. En esta lista están: HIV, cáncer, enfermedades inmunológicas, hepatitis crónicas, trasplantes, enfermedades raras y otras.

En estas enfermedades la brecha entre el costo pagable por un ciudadano y el costo real hace imposible el acceso por otra vía que no sea mediante la ayuda del estado. Lamentablemente la lista de medicamentos que son excluidos en el programa de alto costo va incrementándose de manera importante y la irregularidad en la disponibilidad medicamentos se ha convertido en la regla.

Sumado a esto la capacidad de dar apoyo con trasplantes a pacientes con enfermedad renal, hepática, cardíaca y pulmonar terminal que pudieran ser susceptibles de trasplantes se encuentra en un punto donde prácticamente no hay ningún trasplante de donante cadavérico. Esto está relacionado con múltiples factores que van desde falta de disponibilidad de insumos para diagnóstico (compatibilidad de tejidos), pasando por suspensión del programa de procura (obtención de órganos de donantes), déficit severo en la infraestructura de alta complejidad hospitalaria, hasta casi inexistencia de inmunosupresores para manejar al paciente una vez trasplantado.

 

 

En suma

Los signos que se perciben desde el alto gobierno son claros: cada vez hay menos acceso a ciertos medicamentos y opciones de tratamiento. Esto implica una decisión de qué recortas y dónde recortas. Cada vez hay más venezolanos que quedan fuera de esas estrategias. Lo que no queda claro es qué criterios son usados para establecer qué, cuánto y dónde.

Si bien el aspecto presupuestario es importante, no parece ser el único factor. Baste comparar los precios del petróleo al final de los años 90 (entre 8-12$ en barril). En ese momento no se percibía una magnitud de la situación coyuntural como la actual, por lo cual el cuadro actual parece apuntar a otras causas.

En general, se pronostica una profundización de la grave situación de salud. Esto requiere de los ciudadanos un grado mínimo de planificación, aguante y una dosis alta de solidaridad. Del estamento gubernamental se requieren cambios muy sustanciales que pongan el foco en la gente, la enfermedad y la calidad de vida.

En las manos del alto gobierno están las vías claras para iniciar un proceso que permita evitar muertes, dolor y sufrimiento para la población. El talante humanitario del Estado está en entredicho. Es hora de dar un paso al frente: la gente espera.

Recuadro

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Consejos útiles en salud para afrontar 2018

  • Trate de tener un “botiquín de emergencia” con medicamentos de uso imperativo y agudo como antibióticos, analgésicos, etc. El tipo y cantidad de medicamentos debe tener relación con el número y tipo de núcleo familiar. Consulte a su médico para esto. Tenga en cuenta las enfermedades agudas más frecuentes: infecciones de piel, respiratorias, urinarias. Algunos medicamentos pueden tener varios usos.
  • Para enfermedades crónicas trate de tener un stock de seguridad de los medicamentos de uso continuo y crónico.
  • Evite disminuir la dosis o “saltar días” por cuenta propia para rendir los medicamentos.
  • En la lista de medicamentos que utiliza, verifique con su médico cuales son “vitales”, “necesarios” y “prescindibles”. Sobre esta base elabore su stock de seguridad.
  • Anticipe necesidades y trate de obtener los medicamentos con familiares o en viajes.
  • Tenga en cuenta para elaboración de su stock, fechas de vencimiento y necesidades especiales como refrigeración.
  • Si piensa emigrar motivado a una enfermedad catastrófica, asegúrese de que al país donde va, su enfermedad tiene cobertura según su condición migratoria.
  • Si busca medicamentos en redes sociales, confíe en instituciones o agrupaciones conocidas (Cáritas, Acción Solidaria, 4xVenezuela, Codevida, etc.). En condición de escasez los ilícitos y especulación se potencian.
  • Invierta lo que pueda en prevención: vacunas, ejercicio, vida sana.
  • Restrinja gastos superfluos de sustancias nocivas, alcohol, tabaco, drogas.
  • Mantenga sus esquemas de vacunación al día tanto de niños como adultos. Las vacunas disponibles en ambulatorios de alcaldías, gobernaciones, MPPS, Barrio Adentro, etc., son de excelente calidad no importan donde sean producidas. Es probable que tenga que movilizarse fuera de su entorno habitual de obtención de vacunas (privados) a sitios no comunes para Ud. (públicos). Preferentemente no adquiera vacunas fuera de establecimientos de salud reconocidos.
  • Si requiere cambio de medicamentos por dificultad para conseguirlos, esté seguro de dosis y nombres farmacológicos, a veces nombres similares tienen diferencias importantes.
  • Evite recomendaciones de cambio de tratamiento por personal no especializado. Una consulta a su médico puede evitarle gastos innecesarios, lo mismo que adquirir medicamentos en establecimientos no certificados.
  • Reporte a asociaciones de derechos humanos si usted ha sido sujeto a discriminación de cualquier tipo para acceso a medicamentos o programas. Pedir cualquier otro documento que no sea su cédula va contra los derechos humanos fundamentales.
  • La salud es un derecho fundamental consagrado en la constitución venezolana (artículos 83 y 84) y en la carta universal de los derechos humanos (artículo 25), y como tal son inviolables y tienen rango supraconstitucional.


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