Corea del Norte y la izquierda latinoamericana

por Rafael Rojas

De izquierda a derecha: El presidente de EEUU, Donald Trump // Fotografía de Saul Loeb / AFP, y Kim Jong-un, presidente de Corea del Norte // Fotografía de AFP/KCNA vía KNS

05/01/2018

Corea del Norte y su estrategia de defensa nuclear es tema que divide de manera soterrada a la izquierda latinoamericana. La posición que se asuma frente a la carrera armamentista de Pyongyang define, en buena medida, el lugar de cada gobierno frente a los esquemas de la Guerra Fría y el viejo comunismo de raíz estalinista. Quienes justifican el programa nuclear de Kim Jong-un y sus constantes pruebas, violatorias de la soberanía de Japón, Corea del Sur y Guam, son, por lo general, contrarios a las nuevas formas democráticas de la izquierda hemisférica, predominantes en las tres últimas décadas.

Un artículo de mayo del año pasado, del sociólogo argentino Atilio Borón, en Página 12, resume esa posición. El autor reproduce las tesis del analista Mike Whitney en Counterpunch y concluye que “el problema es Washington, no Corea del Norte” y que si un país “necesita armas nucleares es ese”. Todo lo que hace Pyongyang contra la seguridad de sus vecinos en el Pacífico y contra sus propios ciudadanos, está justificado por la hostilidad de Estados Unidos. El trasfondo de la tesis es contrafactual: el programa nuclear de Corea del Norte la salvó de una invasión de Estados Unidos.

A falta de posicionamientos claros, el único gobierno de la región que comparte esa postura es el cubano. Es sabido que Venezuela tiene colaboración militar con Corea del Norte, pero Caracas evita declaraciones públicas a favor de Kim Jong-un. Otros gobiernos de la Alianza Bolivariana, como el boliviano, han llamado expresamente al diálogo entre Estados Unidos y Corea del Norte en foros internacionales, como Naciones Unidas y la Corte Penal de La Haya. La posición del gobierno boliviano, a diferencia de la del cubano, es favorable al desarme nuclear en la península coreana.

En varios editoriales recientes del periódico La Jornada se reitera el mismo enfoque: el doble rasero de Estados Unidos y las amenazas de Donald Trump deben ser rechazados por la comunidad internacional, pero la agresividad de Kim Jong-un tampoco está justificada. “El desarme de Pyongyang es un imperativo ético, además de la única perspectiva aceptable en términos de la seguridad internacional”, decía el editorial del 11 de diciembre. En esencia, la histórica posición de México en el Tratado de Proscripción de Armas Nucleares de Tlatelolco de 1967.

Justificar la escalada nuclear de Corea del Norte, como legítima defensa frente a la hostilidad de Estados Unidos, conduce a otro doble rasero, tan peligroso como el que se le cuestiona a Washington. Se trata del doble rasero que, por intereses geopolíticos, respalda las amenazas a la paz y la seguridad internacional y la violación sistemática de derechos humanos que ejercen potencias rivales de Estados Unidos como Rusia, China o Corea del Norte. En resumidas cuentas, la misma filosofía antidemocrática y belicista de la Guerra Fría, que evidenció sus terribles costos y peligros hasta la caída del Muro de Berlín.


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