Respiro

Yoga y literatura: motores de la empatía que conducen a la belleza; por Betina Barrios Ayala

Por Betina Barrios Ayala | 25 de julio, 2015

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Una de las acepciones del diccionario de la RAE del término empatía es “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. La Enciclopedia Británica ahonda un poco más y la describe como la habilidad para imaginarse a uno mismo en el lugar de otro, para así comprender sus sentimientos, deseos, ideas y acciones. En resumen: es un concepto que está íntimamente relacionado con la experiencia de la estética y de la psique.

Siendo la empatía un estado de armonía, es importante practicar actividades que estimulen el desarrollo de esta capacidad que se traduce en una mejor relación con los demás. Una reciente investigación llevada a cabo por Eric Bergemann, con el objeto de alcanzar su grado de PhD en Filosofía y Psicología Clínica, explora la relación que existe entre la práctica de yoga y la meditación como propulsores de la empatía. Esta investigación demostró que aquellos individuos que se involucran en la práctica de yoga son capaces de desarrollar un comportamiento más empático que quienes no lo hacen. También demostró que sucede lo mismo con la meditación y la danza. Tras aventurarse en estas disciplinas, Bergemann se percató de que había aumentado su percepción sensorial y se hallaba en un contacto más profundo con su emocionalidad. Asegura que antes de dedicarle tiempo a estas prácticas percibía menos conexión con su propio cuerpo físico y con sus emociones. Ese aumento de sus capacidades perceptivas le indicó que era importante cultivar este tipo de actividades centradas en la introspección, caracterizadas por afianzar la conexión cuerpo-mente.

Además, Bergemann probó con este estudio, a través del uso de indicadores propios del campo de la investigación en psicoterapia, que los profesionales que se preocupan por practicar actividades que buscan la autoexploración a través de una actitud física son capaces de desarrollar mayores niveles de empatía respecto a sus pacientes y que por ello su trabajo era más efectivo. Quizás sirva para ilustrar lo descrito por Bergemann una frase de T.K.V. Desikachar, autor e instructor de yoga nacido en 1938 e hijo de su maestro Tirumalai Krishnamacharya: «El éxito del yoga no yace en la habilidad para ejecutar posturas, sino en cómo cambia positivamente el modo en el que vivimos nuestra vida y nuestras relaciones».

Algunos días antes de la publicación de este post, fue publicado en la revista The New Yorker un artículo titulado «Can Reading make you happier?» escrito por Ceriden Dovey. Su autora reflexiona sobre la relación que existe entre el hábito de la lectura y el bienestar. Destaca la conexión que se genera cuando un lector se compromete con el texto de un autor. Se apoya en la figura de Virginia Woolf, a quien describe como una ferviente lectora quien afirmaba que el libro es capaz de dividir al lector en dos partes cuando leía. Es así como el estado de la lectura consiste, entonces, en la eliminación del ego, a la vez que traza una promesa de unión entre dos mentes: la creadora y la de quien se compromete con esa historia.

Dovey explora en este artículo los detalles en torno a la biblioterapia, que no es más que una forma moderna de la antigua práctica de impulsar la lectura para generar efectos terapéuticos, pues sostiene que la literatura es capaz de transformar y que leer ficción es una forma de sobrellevar los desafíos de la vida. La lectura entendida como un disparador del pensamiento analítico, que permite desarrollar habilidades sociales y aumentar nuestra capacidad empática.

Aquellos que hacen de la lectura una de sus actividades vitales no verán una sorpresa en los efectos positivos que esta práctica genera para su relación consigo mismos y con los demás. Sin embargo, existen estudios que buscan dar validez científica a estos argumentos y hallar cuáles son los efectos precisos que genera la lectura en el cerebro. En 2011 se publicó una disertación en Annual Review of Psychology que demostró que aquellos individuos que leían acerca de una experiencia ajena activaban en sus propios cerebros las mismas respuestas neurológicas que las de aquel que enfrentaba dicha experiencia. El cerebro muestra la misma dinámica cuando leemos historias que cuando tratamos de adivinar qué siente otro individuo, es decir: cuando buscamos establecer empatía con otra persona.

En torno a la relación empática que se da entre lector y escritor, Alejandro Martínez Gallardo, uno de los autores detrás del sitio web Pijamasurf, expone la tesis del psicólogo Steven Pinker, plasmada en su libro The Sense of Style, donde señala que la escritura es un proceso psicológico que se caracteriza por el hecho de que una mente es capaz de generar que determinadas ideas se produzcan en otra mente.

De acuerdo con Pinker, el hombre ha elegido la escritura como su forma predilecta de comunicarse porque representa el medio ideal para hacer algo que se considera importante y puede ser visible también para el otro.

La escritura busca mostrar determinadas imágenes que el escritor siente que deben ser examinadas por lso demás. Se trata de dirigir la atención del lector hacia aquello que para el escritor es importante: un ejercicio básico de empatía, que se completa cuando el lector hace el pacto de lectura con un creador y así se ve involucrado en ese universo, que sólo se materializa cuando el lector lo capta y genera esa comunión.

Pinker explica que la suma de una buena escritura con una lectura de calidad genera un estado de trance, similar al descrito por Jorge Luis Borges en su definición de libro, que no es más que el objeto capaz de materializar ese efecto:

“Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”

Esta emoción singular que destaca Borges es la empatía. Por ello es que la lectura recrea en el cerebro una sensación similar a la que se experimenta a través de la meditación y la práctica de yoga.

Leer es una actividad capaz de generar los mismos efectos que conlleva la relajación y la calma interior. Por eso los lectores ávidos suelen dormir mejor, tener menores niveles de estrés, disfrutar de una mayor autoestima y son menospropensos a la depresión que aquellos que no leen.

Si la empatía es una forma particular de la belleza, es necesario explorar esos motores que nos conducen a ella. ¡Y qué maravilla descubrir que aquellas actividades que ejercemos en soledad son las que nos enseñan cómo comprender mejor a los demás y nos permiten aumentar nuestra calidad de vida!

Betina Barrios Ayala Instructora de Yoga . Licenciada en Estudios Políticos por la UCV. Master en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, Argentina.

Comentarios (2)

Edgard J. González.-
25 de julio, 2015

Dada la propuesta básica del artículo, la relación entre Lectura y Yoga (para alcanzar mejoras en el comportamiento y la actitud de cada quien), me sentí incómodo hasta que leí “la suma de una buena escritura con una lectura de calidad genera un estado de trance”, pues me preocupaba que no definieran la CALIDAD de la escritura, y por lo tanto pudieran conducir a la conclusión de que cualquier texto sirve, cuando es lógico pensar que, así como hay comida chatarra, también existe la Lectura chatarra, que puede malograr definitivamente a una persona que caiga en sus redes. Por otra parte, me parece contraproducente la imagen que acompaña al artículo, pues no recomendaría tratar de disfrutar de un buen libro mientras se adopta una posición tan particular, que dificulta la acción de leer por su inherente incomodidad. Conste que comparto que se puede caminar y mascar chicle a la vez, pero esa simultaneidad no es positiva en lo que sugiere la imagen. Cada cosa en su lugar y en su debido tiempo.

Irene
27 de julio, 2015

Curioso artículo, muy bien soportado, gracias.

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