Ínsulas extrañas

Vigas en Miami, por Antonio López Ortega

Por Antonio López Ortega | 16 de febrero, 2013

En estos comienzos de año la Galería Ascaso de Miami exhibe una impresionante colección de piezas del maestro Oswaldo Vigas. La muestra se llama “Constructivista” y reúne más de cincuenta obras del período 1953-1957, cuando el maestro vivía y trabajaba en París. Es, por decirlo ligeramente, un primer Vigas, un Vigas clásico, muy genuino, que a corta edad, ¿menos de treinta años?, ya mostraba un talento desbordante. (Mención aparte merecería el tema de los artistas venezolanos que desde los años 50 –Otero, Cruz Diez, Soto, el mismo Vigas y muchos más– viajan a la capital francesa para respirar los aires de vanguardia y hacerlos suyos. Asombra, de verdad, la contemporaneidad de la Venezuela cultural del momento.) A los óleos, dibujos y gouaches de distintos tamaños, se agregan (verdadera primicia) los dibujos o planos que han dado pie a sus monumentales murales, como los que se exhiben en la Ciudad Universitaria o, más recientemente, en los espacios expositivos de Ciudad Banesco.

No me ha interesado tanto el orientador texto de Bélgica Rodríguez, la bella edición de un catálogo bilingüe, la excelente museografía, la pulcritud del montaje, como el hecho de sentir que en otras épocas una muestra de este calibre hubiera sido tarea de alguno de nuestros museos nacionales, pues una selección tan precisa en su escogencia, que ha ameritado no poca investigación, documentación o préstamos, desborda fácilmente los objetivos de una galería comercial. Y sin embargo, los roles se invierten: una galería privada asume las labores de un museo público, y un museo público privatiza sus tesoros, pues no los muestra a nadie. Estas son las paradojas que se presentan cuando una política cultural de Estado es ignorante o mezquina, por no decir sencillamente inexistente. Si un capítulo se hace penoso de los enormes desaciertos que en políticas culturales hemos vivido en estos últimos tres lustros, el tema de los museos (su inutilización, su desperdicio, su deriva) siempre ocupará las principales marquesinas de esta historia sin fin del bochorno.

 Vuelve a confirmarse con esta muestra que son los creadores venezolanos los que han mantenido el discurso cultural de la Nación, que no el Estado ignorante de sus grandes hijos. Es un via crucis que ya asumimos como propio, desde la sombra o la soledad, esperando tiempos en los cuales el país sepa caminar detrás de sus creadores (Montejo dixit), y no al revés. Allí está el gran Oswaldo Vigas, como pudiera haber sido otro de los nuestros, exhibiendo una obra que para los años 50 era avanzada, proverbial, cromáticamente hermosa y equilibrada.

La memoria sirve para mostrarnos tiempos mejores, tiempos en los que el país apostaba al mundo y no a estos discursos parroquiales y mórbidos de hoy. A Dios gracias, no siempre hemos vivido en función de ideas muertas, como ahora. Para ello no hay muestra mayor que el talento de nuestros creadores y artistas.

Antonio López Ortega ... ... ...

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.