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¿Venezuela es el país más caro o más barato del mundo?; por Anabella Abadi y Carlos García

Por Anabella Abadi y Carlos García Soto | 14 de abril, 2015

Distorsiones de precios en Venezuela el país más caro o más barato del mundo por Anabella Abadi M. y Carlos García Soto 640

Venezuela tiene, entre otras cosas, una economía profundamente distorsionada. Y el sistema de asignación de precios es la piedra angular de muchas de esas distorsiones.

Venezuela tiene un sistema de formación de precios único y especial. Es uno de los pocos países en donde se usa de forma extendida el sistema de control de precios, entendido como la fijación –arbitraria y poco transparente– de precios por parte del Gobierno Central. En todo el mundo la oferta y la demanda –la interacción entre los agentes económicos– determinan los precios. Hace casi 40 años, 32% de la población del mundo vivía bajo sistemas socialistas clásicos donde se aplicaban este tipo de controles, pero ya casi no quedan vestigios de este sistema, excepto en Venezuela.

¿Dónde se reflejan las distorsiones de precios? Es común decir en Venezuela que un litro de gasolina es más barato que un litro de agua, producto de que los precios de la gasolina se han mantenido sin ajustes desde 1996. Es decir, en Venezuela el principal combustible del mundo moderno –y que influye de modo determinante en la economía de todos los países– no tiene costo como tal para sus usuarios.

Pero estas distorsiones afectan no sólo al precio de la gasolina, sino a todos los precios internos de los bienes y servicios dentro del país, en todos los niveles de la cadena productiva y de consumo. Por ejemplo, en Venezuela es posible comprar una misma divisa a 4 precios diferentes, y el relativamente bajo tipo de cambio promedio oficial hace que sea más rentable importar que producir localmente.

Las distorsiones también se hacen evidentes en el valor del trabajo. Con un salario mínimo (BsF 5.622) se pueden comprar 112 cafés grandes (sin leche) en Venezuela –a un costo promedio de BsF 50–. Es decir, quien compre dos cafés grandes por día, gasta la mitad de su salario mínimo.

A su vez, el precio del Toyota Corolla 2015 se ubica entre BsF 1,6 y 1,9 millones, o entre 285 y 338 salarios mínimos (24 a 28 años). En contraste, en EEUU cuesta 11 salarios mínimos, en Colombia 87 y en Brasil 88.

Las distorsiones de los precios relativos hacen que –en última instancia– Venezuela sea el país más barato y caro del mundo, al mismo tiempo. A tipo de cambio Cencoex, ese café grande cuesta US$ 7,9, casi el doble que el café caliente grande más caro de la cadena Starbucks en EEUU. Pero a tipo de cambio Simadi costaría US$ 0,25. Aún más, con lo que cuesta un café grande en Venezuela se puede llenar el tanque de gasolina de un carro mediano (40 litros) durante tres meses y una semana, pero se puede comprar sólo una lata de refresco. En contraste, en Colombia, con lo que se compra un café (tinto) grande se puede pagar por –en el mejor de los casos– medio galón de gasolina o dos latas de refresco.

Por dar otro ejemplo, la matrícula anual de una de las universidades privadas de Caracas para el año 2014-2015 es de BsF 48.000 aproximadamente, lo que equivale a 960 cafés grandes. Es decir, con el costo de un año de pregrado universitario, un venezolano puede tomar apenas 2,6 cafés grandes diarios por un año. Pero al mismo tiempo representa 8,5 salarios mínimos.

Se dice que los precios son el valor de los bienes y servicios en términos monetarios, pero reflejan más que sólo eso. Los precios son importantes señales de mercado que permiten identificar estacionalidad de la demanda, y preferencias y prioridades de consumo. Cuando se distorsionan estas señales, se distorsiona el funcionamiento de la economía, al punto que la realidad de los libres mercados se limita cada vez más a los mercados informales.

¿A qué se deben las distorsiones de precios?

El actual sistema de control de precios que ha tenido graves consecuencias desde su implementación en febrero de 2003. Los precios se pueden derivar del libre mercado o pueden ser fijados por el Gobierno Central. En condiciones de libre mercado, la libre interacción entre oferentes y demandantes se traduce en un precio de equilibrio que refleja –entre otras cosas– lo que los demandantes o consumidores quieren y pueden pagar, y lo que los oferentes o productores/comercializadores pueden y quieren cobrar. Los controles de precio son atractivos para el Gobierno Central, porque mantienen la promesa de que permitirán garantizar el acceso a bienes básicos a los grupos de la sociedad más desfavorecidos. No obstante, fijar precios artificialmente bajos incentiva la demanda de todos los grupos de la sociedad, mas no incentiva la oferta que debe producir con menor ganancia e incluso –en Venezuela– con pérdidas. Esto en el mediano plazo provocará problemas de escasez, provocando presiones sobre los precios de los bienes regulados. En otras palabras, la regulación de precios falla en su objetivo de garantizar el acceso a los bienes básicos a los más desprotegidos, convirtiéndose en una mala política económica.

El control de cambios, vigente en Venezuela desde febrero de 2003, en un contexto de relativa alta tasa de inflación ha conducido a una apreciación constante en el tipo de cambio oficial y, por tanto, se hizo más barato importar que producir localmente. Aunque Cencoex presenta importantes retrasos y Sicad está paralizado desde octubre de 2014, cifras del BCV reflejan que alrededor de 98% de las divisas oficiales se asignan a través de estos sistemas. Es decir, menos de 2% de las divisas oficiales se asignan a través de Simadi. Recordemos que 96% de las divisas que recibe Venezuela provienen de las exportaciones petroleras.

Efectos de la renta petrolera. Las distorsiones de precios se han podido mantener por tanto tiempo gracias al llamado rentismo petrolero, entendido como la renta que percibe el Estado venezolano del subsuelo, y cuyo costo de producción es muy inferior a los ingresos que percibe el Estado y con la cual inunda la economía venezolana. Este es un problema que ha estado presente por varias décadas y que ha alterado gravemente nuestra economía. Diversos autores a lo largo de la historia venezolana como Alberto Adriani y Arturo Uslar Pietri, han advertido sobre los efectos de la renta petrolera. Por ejemplo, Uslar Pietri, en su artículo “La otra erosión”, resaltó los efectos que ya producía la renta petrolera en 1948: “Petróleo transformado en diluvio de dinero, que corre erosionando la vida venezolana. El valor que tiene el café o el ganado no es valor de café y ganado, sino valor ficticio creado por el petróleo. El salario que recibe el obrero venezolano, no es el valor del trabajo venezolano, sino valor ficticio creado por el petróleo”. Y alertó: “y ese mal lejos de remediarse, cada día se acentúa, cada día crece y amenaza más la existencia misma de la nación”.

¿Qué consecuencias han traído las distorsiones de precios?

Consecuencias inmediatas. Las distorsiones de precios han desincentivado la producción de bienes con precios controlados, traduciéndose en escasez y desabastecimiento de productos de primera necesidad y ha impulsado los mercados informales, el contrabando y el reciente fenómeno de la economía venezolana llamado “bachaqueo”. Además, las dificultades para producir localmente han aumentado la dependencia de productos e insumos importados, que son cada vez más costosos en un contexto de escasez de divisas oficiales y dificultades para planificar la reposición de inventarios.

Consecuencias de medio a largo plazo. Las trabas para producir localmente, incluyendo los controles de precios, se han traducido en la pérdida de competitividad local y, por tanto, en la desindustrialización del aparato productivo nacional. Es decir, mientras mayor sea la distorsión de precios, disminuirá no sólo la diversidad y cantidad de productos, sino también el número de empresas. Según cifras de Consecomercio, entre 2003 y 2013 cerraron más de 4.000 industrias en el país; y según el INE Venezuela perdió poco más de 190 mil patronos y empleadores entre el 2do semestre de 2001 y el 2do semestre de 2014. Al desaparecer empresas, hay menos oferta –y otros efectos negativos como reducción en la productividad, remuneraciones y empleo–, lo cual genera mayor escasez y por tanto una mayor distorsión del precio regulado y el precio en el mercado negro. Así se crea una situación con precios extremos y volátiles, y con muchas dificultades para conseguir los productos. En general, los controles han limitado el aprovechamiento de los recursos naturales (petróleo, gas, tierras productivas, recursos minerales, entre otros) y humanos (bono demográfico), y han generado importantes pérdidas de eficiencia que en última instancia se traducen en menor producción, menor oferta laboral y mayores costos. A pesar del gran potencial productivo de Venezuela, las trabas son importantes desincentivos para potenciales inversionistas extranjeros, cuyo aporte sería fundamental para reactivar el aparato productivo nacional.

¿Cómo eliminar las distorsiones de precios?

No hay una receta única ni una bala de plata para la eliminación de las distorsiones de precios. Hay, por ejemplo, dos medidas que se podrían tomar en el muy corto plazo:

1. La propuesta de Cavidea de crear un “sistema administrado de precios” que reconozca los incrementos de costos de producción, la adecuación de los precios de los productos que no han sido revisados y la corrección de los ajustes insuficientes, que en el fondo es procurar que nuestra economía sea más sincera en sus estructuras de producción.

2. Tender hacia un sistema cambiario libre –determinado por la oferta y la demanda– y de tipo de cambio único, lo que permitiría comenzar a aliviar las distorsiones de los precios relativos de Venezuela respecto a los precios mundiales.

Sin embargo, eliminar los controles de precios y ajustar el tipo de cambio oficial, sin considerar un verdadero plan integral de recuperación económica, podría ser catastrófico. Si se eliminan todos los controles de precios y se aumenta el tipo de cambio simultáneamente, el impacto inflacionario sería enorme. Pero además, las mayores ganancias de los productores no garantizarían la productividad de las empresas que, en su gran mayoría, dependen de los insumos importados y no tienen acceso a las divisas necesarias para importarlos.

Si no se flexibilizan otras trabas para la producción como las regulaciones laborales restrictivas y las grandes regulaciones tributarias; y si no se resuelven las ineficiencias de la burocracia gubernamental, los problemas de corrupción y la oferta insuficiente de infraestructura y servicios básicos, no se incentivará la tan necesaria inversión privada extranjera.

Antes de eliminar los controles –e incluso flexibilizarlos– se debe generar un ambiente de confianza en el que el muy golpeado sector productivo privado y el sector público puedan trabajar de la mano para definir un plan de políticas públicas que permita reactivar el aparato productivo nacional.

Una vez eliminadas las trabas y controles gubernamentales, la libre interacción entre los agentes económicos permitirá no sólo aumentar la producción nacional, sino mejorar la competitividad, la cantidad y calidad de los trabajos, y el bienestar de la sociedad.

Anabella Abadi y Carlos García Soto Anabella Abadi M. Economista egresada de la UCAB y Especialista en Gobierno y Gestión Pública Territoriales (PUJ, 2011). Profesora en la UCAB, y Analista de la Unidad de Investigación y Análisis de ODH Grupo Consultor. /// Carlos García Soto es abogado de la Universidad Monteávila, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la Universidad Monteávila. Puede seguir en twitter a través de @cgarciasoto.

Comentarios (4)

Pedro Celis
14 de abril, 2015

No hay nada gratis en este mundo. Lo que es gratis para alguien, otra persona lo esta pagando indirectamente. El carnaval petrolero venezolano del dolar a mas de 100 permitio que muchos se enriquecieran accediendo a bienes y servicios “baratos” mucho mas baratos que en cualquier otro pais del mundo. Sin embargo el costo oculto de esta fiesta de millones la viviremos en carne propia en algun momento. Tal vez ya lo hacemos y no lo sabemos. Gasolina barata es generadora de contaminacion barata. Controles de cambio generan productos baratos, pero tambien escasez muy barata y corrupcion mas barata aun…

Carlos Perez Delgado
14 de abril, 2015

Todo esto dice una sola cosa: El supuesto “Neoliberalimo salvaje” que promovió el difunto no era nada salvaje. Lamentablemente, hemos estado gobernados por polítiqueros (y ojalá y al menos fuesen políticos) y no por economistas. Y los gobernantes han sido tan arrogantes y tan egoístas que no han escuchado a los profesionales en la materia. ¿Consecuencia? Al menos 23 años ya perdidos más unos 15 años que tardará el país en recuperarse (siendo optimista).

jose zarraga
15 de abril, 2015

Tanto experto, tanto lego en materia económica y tanto error en implementar un modelo económico que permita un nivel de vida decoroso y aceptable a la mayoria, dependemos de legisladores y gobernantes que no tienen ni pizca de sentido común en administrar como”Buen PAdre de Familia” como reza la constitución y terminamos eligiendo reyezuelos autocratas, El rentismo, comose a mal llamado la dependencia de la explotación de una riqueza natural que la providencia nos regaló, En Noruega hay un ejemplo de que no es la riqueza la que corrompe la economia si no la falta de inteligencia en como emplear esa riqueza la cual puede provenir de otras fuentes teniendo como ejemplo Japón, China y ejemplarmente HongKong. los comunistas han satanizado la palabra neoliberalismo como el fin de los derechos económicos del particular cuando de hecho el comunismo niega esa libertad pues le quita el derecho al individuo de lucrar de su ingenio e inventiva sacrificandola al colectivo que la usufructua sin costo ni ezfuerzo ppremiando la improductividad y todos los vicios que matan a las economias. Noruega apesar de tener un chorro de dolares, que guarda e invierte sabiamente, lo convierte en infraestructura que potencia su original modo de vida de producción pesquera y agrioola. Lastimosamente la politica no se usa para lo que fué creada si no como la ruta de acceso al poderio económico de la nación para su uso discrecional y que rara vez obedece a un proyecto unico de pais, cada reyezuelo quiere implantar un modelo que termina igualmente fracasado, intervenido groseramente por los intereses del reyezuelo y sus adlateres que generalmente usufructuan fraudulenta- mente del mal menejo económico creando una clase parasitaria que tiene mucho poder económico y mas influencia politica que le dá la mas total impunidad ante la justicia. Algún dia podremos tener las reformas que impidan elegir reyezuelos y elijamos empleados públicos con temor a la opinion pública y a las leyes.

Noticias Financieras
16 de octubre, 2015

Un artículo muy bien explicado

Gracias

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