Perspectivas

Venezuela: elecciones, el único camino; por Fernando Mires

Por Fernando Mires | 27 de junio, 2013

venelecciones textoEn un reciente artículo intenté expresarme acerca de las dificultades para que en Venezuela ocurran hechos de protesta masiva como los que tienen lugar en Turquía y Brasil. Entre otras razones aduje que en Venezuela bajo el chavismo, la columna vertebral de la sociedad ha sido quebrada por un gobierno que a la vez controla todo el aparato del estado. En virtud de un radical proceso estatizante, las organizaciones sociales existen, pero de un modo extremadamente atomizado. Ninguna —quizás esa es la triste verdad mostrada por el paro universitario— posee la capacidad convocatoria para nuclear, detrás de sí o en su torno, a la creciente disconformidad con el gobierno de Maduro.

En estricto sentido del término, en Venezuela no hay sociedad ni democracia. En lugar de la sociedad (conjunto de asociaciones) el chavismo intentó erigir un corporativismo de tipo “mussoliniano” de acuerdo al cual las asociaciones, en vez de comunicarse entre sí, se convierten en simples dependencias populares del estado. La democracia a su vez, sólo se manifiesta de modo electoral. Pero aún así, el hecho de que los resultados electorales están, si no determinados, por lo menos influidos desde el gobierno-estado, son cada vez más evidentes.

Ahora, precisamente el hecho de que Capriles y la MUD hayan cuestionado los resultados de las elecciones presidenciales, ha dado nueva vida a la peligrosa tendencia abstencionista que siempre se mantiene latente dentro de la oposición. De ahí a pedir el boicot a las elecciones de alcaldes que tendrán lugar el ya muy próximo 8 de Diciembre, hay un solo paso.

Quienes defienden el abstencionismo apelan esta vez a cierta lógica formal. Si hubo un gran fraude en las elecciones presidenciales, arguyen, habrá otro igual en las de alcaldes. De acuerdo a esa lógica, la letra B debe seguir a la letra A. Lo que, sin embargo, no logran entender es que la lógica de la política no es formal y en ella la B no sigue necesariamente a la A. Después de la A puede en política venir la C , la D o la Z. Todo depende de como se van dando las cosas.

Pero antes de argumentar a favor de la participación electoral, vale la pena dejar establecido una premisa ética: Votar es, antes que nada, un deber. No se vota para ganar. Se vota porque es un deber hacia uno y hacia los demás, nos guste o no. Se es ciudadano cuando se vota, aunque no se elija. ¿No ocurre lo mismo acaso con el pago de nuestros impuestos? ¿No voy a pagar impuestos solo porque estoy convencido de que mi dinero va a ser destinado a financiar la dispendiosa vida de algunos políticos? No, la declaración de impuesto es mi deber. Solo después de hacerla puedo reclamar sobre el destino de mi dinero. Antes, nunca.

Sin embargo, “la razón moral no tendría sentido si no estuviera unida a la razón práctica” (Kant). En el caso venezolano las razones prácticas de votar también existen. Entre varias destacaré a tres que por el momento parecen ser muy decisivas.

La primera es que, aún habiendo fraude, cuando la voluntad popular se hace presente con decisión y fuerza, el fraude puede ser disminuido e incluso evitado. De acuerdo a la lógica abstencionista, por ejemplo, nunca Henrique Capriles habría podido ser elegido gobernador de Miranda a pesar de que en Miranda, Capriles no derrotó a cualquiera. Derrotó a un Jaua, delfín de Chávez. En cierto modo, en Miranda, Capriles derrotó a Chávez.

No olvidemos que Mario Silva en sus cruciales revelaciones dejó muy claro que él pertenece a una fracción del chavismo dispuesta a suprimir a las elecciones de acuerdo a recomendaciones directas recibidas de Fidel Castro. Eso quiere decir, evidentemente, que para algunas fracciones del chavismo las elecciones que otrora fueron un medio de legitimación, han llegado a convertirse en un medio que puede llevar a la propia caída del gobierno.

La segunda razón práctica se refiere al hecho de que en las elecciones las victorias no sólo tienen un carácter cuantitativo sino también uno cualitativo. Permítaseme una simple pregunta: ¿Cuándo fue más fuerte la oposición, antes o después de las elecciones del 14-04? La respuesta es obvia. La oposición salió de las elecciones más fortalecida que nunca, con un líder popular reconocido por todos, y con una unidad inter y extrapartidaria superior a la de cualquiera oposición latinoamericana.

Ahora, la misma pregunta al revés ¿Cuándo fue más débil el gobierno post-chavista, antes o después de las elecciones del 14.04? Yo creo que hasta los chavistas más convencidos estarán de acuerdo en aceptar que nunca en toda su historia el chavismo ha sido más débil que después del 14-04. Con un líder que no es líder, con divisiones que afloran por todos lados, y con una legitimación cada día más cuestionada. Si a esa situación agregamos la brutal crisis económica legada por Chávez, opinar que el post-chavismo vive la fase terminal de su vida, ya no es un despropósito. Pues bien, todo eso ha sido evidenciado con una victoria electoral que para el chavismo fue una derrota y con una derrota electoral que para los demócratas fue una victoria.

Las elecciones, eso es lo que no entienden nunca los abstencionistas, no son sólo un medio para alcanzar el poder. Son, además, un fin en sí. Porque solo a través de arduas campañas electorales es posible movilizar a grandes masas, desenmascarar imposturas, decir las verdades que todos quieren escuchar, en fin, formar nuevas conciencias.

Abstenerse de votar, en cambio, es aceptar una derrota cuantitativa y cualitativa a la vez. De ahí que la prédica del abstencionismo, bajo las condiciones que vive Venezuela, es, se quiera o no, un acto políticamente criminal.

Tanto o más criminal —esta es la tercera razón— si se tiene en cuenta que el 8 de Diciembre la oposición tiene, si las cosas se hacen medianamente bien, todas las posibilidades de obtener la mayoría nacional de los votos. De la dimensión de esa mayoría dependerá si el inevitable diálogo con los sectores menos inflexibles del chavismo será entre iguales o de vencedor a vencido; si habrá referéndum revocatorio; si surgirá una asamblea constituyente, en fin, todos temas que por el momento sólo pertenecen al futuro. Y si en la vida hay algo incierto, eso es el futuro.

Pero más allá de toda incertidumbre, las elecciones para alcaldes ofrecen, por su propia naturaleza, una oportunidad histórica extraordinaria. Por una parte los candidatos deberán debatir no sobre ideologías, sino sobre los problemas cotidianos que afectan a cada zona alcaldicia. Por otra, las elecciones tendrán el carácter de un verdadero plebiscito nacional. Eso quiere decir: lo más pequeño y lo más grande de la nación será puesto en juego en cada región, comuna o pueblo. ¿Quién se quiere perder eso?

Venezuela no es, por ahora o mientras tanto, una nación democrática. Pero aún así, las elecciones prometen ser una gran fiesta democrática. El mundo estará pendiente, muy pendiente de ellas. Benditas sean.

Fernando Mires 

Comentarios (11)

Amparo Barberá
27 de junio, 2013

Todos tenemos razón de una forma u otra. No promuevo el abstencionismo, porque respeto la decisión de cada quien. El que nos vea el mundo, no hará absolutamente ninguna diferencia, puesto que no pueden solucionar el desastre de país en el que vivimos.

Sin embargo los alegatos para seguir sufragando son tan trillados y mediocres, que prefiero no detallar. No soy partidista, Caprilista y no me llamaría opositora, sólo adverso al régimen y todo lo que de éste proviene, aunque ciertas pisturas opositoras (por su fanatismo) cada vez se parecen más a los gobierneros.

Francisco
27 de junio, 2013

Déjense de elecciones y votaciones, señores venezolanos, lo que tienen que hacer es esperar a que el Comandante Alberto Franchesqui haga realidad sus análisis por Internet y salga la calle a movilizar las masas para acabar con el gobierno corrupto y la oposición colaboracionista… ¡Está fácil! ¿no?

Ramon
28 de junio, 2013

La cuestión no es apoyar o no el abstencionismo. El quit del problema venezolano reside en un sociedad que no asume su rol de ciudadanos. Ciertamente se rompió el esquema de libertad, respeto y democracia, Hoy se experimenta una sociedad pasiva, dominada, apática, con padece el sindrome de aceptación. Los valores fueron atropellados y lo que se considera violento, malo, perverso parece ser lo contrario. La sociedad culta y respetuosa son ahora delincuentes, escualidos, terroristas, violentos. No por que hallan ejecutado algún acto o acción violenta. No solo protestar y exigir sus derechos. Ante tal escenario, la salida a degustar la libertad, el respeto, la paz, no esta enmarcada por una salida con el voto, quizás sea botando a estos facinerosos por vías no precisamente pacíficas. Hay que dejar de ser pendejos y pensar que un ángel salvador rescatara al país.

NMartinez
28 de junio, 2013

El no entender la importancia del deber ciudadano del voto, es un reflejo de no entender el significado de lo que le da sustento: la ciudadanía. Esa fue la misión de los políticos de la Cuarta y de la Quinta, hundir a la ciudadanía responsable y crítica, no les resultó difícil, llevaron a la población a ocuparse de las necesidades más básicas: vida (porque no se garantiza la seguridad),y alimentación (hay que ocuparse cada día de llevar la arepa a la mesa). Mientras la gente deba ocuparse de sus necesidades más elementales menos posibilidad habrá en una sociedad de ocuparse de valores colectivos y ciudadanos. En la Cuarta se explica porque la clase gobernante fue las de los jóvenes estudiantes que derrocaron gobiernos y llegaron al poder precisamente porque tuvieron acceso a la educación, así que lo que les dio la victoria pasó a ser el mayor riesgo en su contra, y en la Quinta porque la única manera de sustentarse es por la existencia de la pobreza, con lo cual ésta no puede ni debe desaparecer. Anular la capacidad de pensamiento crítico es la mayor pobreza de la que un pueblo puede padecer. Ser responsables cívicamente es asumir que también somos culpables de la situación que vive el país, dejar de apuntar únicamente a los gobiernos. Si no cumplimos nuestro deber más básico, y nuestro mayor derecho como ciudadanos, es decir, “sufragar”, no sólo le fallamos a la sociedad, al país, a nuestros hijos (el futuro), sino que renunciamos a nuestro derecho a opinar, a exigir, a cambiar lo que no funciona, renunciamos a nuestro poder de decisión/acción. Señores, las elecciones no son un juego de cartas, o de apuestas, o una competencia entre grupos, no se puede seguir viendo los procesos electorales como una apuesta a ganador,no se trata de ganar o peder sino del ejercicio de manifestar por el medio que nos es dado lo que queremos como parte de un colectivo. El bienestar colectivo simpre se traducirá en bienestar indivudual, pero el bienestar meramente individual no siempre se traducirá en colectivo. Que Capriles no sea hoy presidente no significa que hayamos perdido una vez más, por el contrario, vencimos al ser capaces de movilizarnos para que los que están gobernando den pasos en una dirección ditinta, no en vano hoy más que nuca oimos a voceros del oficialismo predicando la importancia de producir más, o de atacar la corrupcción, no sé si lo harán verdaderamente, pero no les quedó más remedio que incluirlo en su discurso, y eso es porque nos reconocen como masa que no está de acuedo con lo que hacen. Si habrá fraude o no, tampoco lo sabemos, pero si vamos todos a votar los estaremos obligando a utilizar esos recursos, y no lo olviden los Gobiernos siempre se equivocan!, obligémoslos a hacer el fraude, vayamos a votar, porque así podremos seguir recabando pruebas en su contra, y más temprano que tarde se enredadrán en su propia trampa.

omar rojas
30 de junio, 2013

Sin peroratas,agradezco su artículo y a través de él su preocupación e interés en la situación que vive mí país,gracias.Su artículo es de una claridad,que tal vez por estar todos aquí inmersos en este marasmo se pierde la perspectiva.

Johnny Peña
1 de julio, 2013

Además la abstención nunca será total, siempre habrá candidatos distintos a los del oficialismo. Suponiendo que la coalición democrática no participe habrá otros candidatos y eso legitima la elección. Yo estoy de acuerdo y voy a participar activamente en esas elecciones aunque no me guste el candidato de mi municipio. De allí surge la siguiente pregunta a Fernando Mires ¿cualitatívamente como sería considerado mi voto?

Roque
2 de julio, 2013

Acá , en Argentina hace por lo menos 4 años que se pronostica el “fin del kirchnerismo”. A igual que lo que pasa en Venezuela, tenemos “pensadores, escritores, políticos, periodistas” que nos auguran el peor de los cataclismos con Cristina Fernandez. Todas estas manifestaciones escritas no son mas que expresiones de deseos ante una realidad que cada día que pasa, dice lo contrario. En Venezuela se ha producido una transformación socio política económica y cultural que se manifiesta en el apoyo a un Estado que interviene para el mejoramiento de la calidad de vida de todos los venezolanos y no ya de un sector privilegiado. No es casualidad de que Chavez ganó mas de una docena de elecciones. Y cuándo en una le tocó perder, no salió con discursos golpistas, sino todo lo contrario, reconoció DEMOCRÁTICAMENTE al vencedor. No estoy de acuerdo en “que el pueblo no se equivoca”, muchas veces es engañado, pero que vaya a equivocarse casi 14 veces consecutivas, es poco convincente. Dejen de llamar al golpe de estado para promover y desatar una guerra civil por falta de tolerancia gorila y conservadora de la que los únicos beneficiados seran los grupos económicos mas poderosos. Trabajen políticamente, con propuestas superadoras, con honestidad intelectual, con militancia genuina y no pagada por los de afuera. Los cipayos nunca guardaran un lugar en la historia como los próceres.

Mery
2 de julio, 2013

Ademas de todo lo expuesto por Mires, desde el punto de vista práctico, ganar la mayoría de los votos y la mayoría de las alcaldías, debilitaría la maquinaria del gobierno y su capacidad de abuso electoral. Por otra parte,siempre me pregunto a que están dispuesto los abstencionistas? Hubo un abstencionista, profesional y muy intelectual, que en el año 2002 pregonaba que había que salir a la calle y no volver a casa hasta que el régimen hubiese salido. Hoy ese abstencionista saltó la talanquera y es un fanático intelectual de este gobierno y del chavismo.

José Greg Pérez
2 de julio, 2013

Se puede argumentar de todo, pero cuando todo se torne de una manera irreparable no valdrán argumentos… Lo único que se oye decir es que hay que ir a votar, no importa si nos vuelven a “Robar” por ninguna parte se oye decir que en la muy cacareada constitución hay herramientas para salir de este y cualquier otro gobierno nefasto. Cada mes hay mas actos de entretenimiento para todos los gustos, y me pregunto quien o quienes se benefician con estos “entretenimientos” mensuales, no hay dinero para importaciones, pero si para actos de todo tipo. Una oposición dormida, complaciente, traidora, que cada vez mas solo se manifiesta a través de los medios de comunicación, pero jamas los ves en la calle defendiendo a los jóvenes en huelga por cualquier motivo. Jamas he dejado de votar, aunque haya sido en forma nula. Pregúntense si hubiera mas de ocho (8) millones de votos nulos que pasaría. Para quien no lo cree, la historia siempre se repite, no con los mismos actores, sino con los mismos oportunistas de toda la vida, en el gobierno y la oposición…

KamX
19 de julio, 2013
crisanta
8 de agosto, 2013

Buenísimo, creo que no hay desperdicio de ningún nivel en este escrito. felicitaciones. de nuevo al igual que el escrito de Moleiro,agradezco que llegaran a mis mano. esto nos hace reflexionar! a pasarlo!!!!

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