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Vencidas; por Roberto Mata

Por Roberto Mata | 15 de octubre, 2015
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Enrique y Elizabeth Meza Granados retratados por Roberto Mata

La doctora le dijo a la familia: “No se la lleven. No va a llegar ni al ascensor. Vamos a cuidarla y no dejaremos que sufra”. Ella insistió en volver a casa.

La salida del hospital fue durante la madrugada. Hubo que despertar a un enfermero que ofreció resistencia para permitirle la salida, aunque el alta ya había sido firmada. Frente a la ambulancia, a punto de que Elizabeth abordara, le quitó la vía intravenosa por donde recibía el suero y ante los padres aseguró: “No la va a necesitar, señor. Se va a morir en el camino”.

A Elizabeth Meza le gustaba hacer panadería en el horno de su casa para vender a los vecinos, hasta que un día no pudo hacerlo más debido a un fuerte dolor en el brazo derecho. Sus padres la llevaron al traumatólogo local, quien luego de una evaluación inicial les dijo: “Esto no es conmigo. La voy a remitir a un especialista en Caracas”.

Llevar a Caracas a su hija para determinar qué tenía y curarla se convirtió en la única misión de Enrique y Elizabeth, padres de seis, tres hombres y tres mujeres, entre ellos la penúltima Elizabeth. Ambos pusieron una pausa a sus vidas.

El intento de tratarla por la vía privada no pasó de un par de consultas ni alcanzó para una biopsia. El patrimonio familiar se agotó en poco tiempo, así que la única opción fue la salud pública. Lograron ser remitidos al Hospital Padre Machado, en Caracas.

Los doctores diagnosticaron osteosarcoma, un tumor de células malignas que se origina en el tejido óseo y que en el brazo lucía como un músculo atlético y desarrollado. El médico a cargo del caso ordenó un tratamiento de quimioterapia y les dio dos opciones: operar para colocar una prótesis que permitiera preservar el brazo o amputarlo.

No había prótesis posible. Cualquier solicitud que implicara dólares estaba fuera de alcance. El cirujano oncólogo tratante no quería cortar el brazo de Elizabeth y se decantó por una alternativa que no había sido planteada hasta ese momento: tomar parte del peroné de su pierna izquierda y colocarlo en el brazo. Un injerto óseo. No hubo que amputar.

Las noches después de la operación de la pierna y del brazo fueron frías y largas. Elsibeth, hermana de Elizabeth, de 28 años y especialista en manualidades de piñatería, la acompañó cada noche y cada día. Nunca logró dormir bien.

Durante la estadía de Elizabeth en el hospital la muerte se convirtió en costumbre para todos. Suele llegar durante la noche. Cuando fallece un paciente en el Hospital Oncológico Padre Machado se sabe por dos razones: el llanto de los familiares y el ruido que hace la camilla que se utiliza para retirar los cuerpos. Tiene las ruedas flojas.

Si la muerte ocurría en alguna habitación cercana, Elsibeth volteaba a Elizabeth y le ponía música en el teléfono para que no escuchara. Nunca comentaban nada. Lo hacían juntas y de forma automática. Algunos ancianos se van estando solos, ya abandonados por sus hijos. En esos casos, las ruedas de la camilla se encargan de dar el parte: no hay quien llore.

A Elizabeth le practicaron una cirugía, recibió alrededor de 260 dosis de quimioterapia y acumuló cerca de 20 kilos de placas y tomografías.

Su historia médica era tan grande que no se podía cargar el expediente con una mano. Estaba lista y le darían de alta después de unos días de recuperación tras las últimas quimioterapias. Pero una noche se desmayó estando en el baño y sintió que se quedaba sin aire.

Había logrado superar un osteosarcoma pero ninguno de los médicos especialistas que la trataron detectó a tiempo una rareza oncológica: un tumor en el corazón.

Enrique, su padre, fue el encargado de informarla sobre el nuevo diagnóstico. Le dijo que tenía un tumor en el corazón, que eso causaba el dolor en el pecho y el ahogo que la asfixiaba. Le dijo que comenzaría un nuevo tratamiento de quimioterapias y, por primera vez en la vida, le mintió: le dijo que se recuperaría. Se lo dijo con amor en el rostro y dolor en el cuerpo. No mencionó que ya no había nada que hacer, que el médico le había explicado que podía morir en cualquier momento a partir del instante de pronunciar esas mismas palabras.

La respuesta de Elizabeth desarmó al padre.

— No permitan que me vaya estando acá.

Para la familia fue imposible conseguir una ambulancia gratuita en Caracas para trasladar hasta Falcón a un paciente que requería oxígeno y el acompañamiento de un médico y un paramédico. Estephany, la hermana menor, lo logró moviendo contactos en Punto Fijo.

Desde allá llegó una camioneta blanca pick-up convertida en ambulancia. Sin oxígeno. Sin paramédico. Sin médico. Sin aire acondicionado. Tenía rotos los cristales de las ventanas y las puertas amarradas con alambres. Era la mejor opción disponible para el regreso.

Uno de los choferes le dijo: “Elizabeth, si te pones mal paso directo al hospital y no paro en tu casa”. Elizabeth habló durante todo el recorrido. No requirió oxígeno y se bajó caminando, sin aceptar la camilla y con la peluca puesta, a pesar del calor que le daba.

Los dos choferes recorrieron los 550 kilómetros que separan a Caracas de Punto Fijo en cinco horas.

Elizabeth llegó a cargar a su perra Wendy Josefina, una poodle de 12 años. Regresaba a casa después de dos años. También escuchó “Payaso”, interpretada por Luciano Pavarotti. Pintó y dibujó. Le hubiera encantado hacer panadería. Lloró.

Durante dos meses su hermana Eisbeth se encargó de suministrarle las drogas para controlar el dolor. Pasó la mayor parte del tiempo dormida, hasta que un día pidió que no la doparan. Quiso ver cómo era estar despierta.

El dolor pudo más.

Algunas noches gritaba mientras dormía. La familia encontraba consuelo en la explicación que les habían dado en el hospital: los gritos eran una señal que indicaba que el cerebro estaba dejando de funcionar. Los médicos le pidieron a la familia no interpretarlo como dolor. Les dijeron lo que iba a suceder paso a paso. El guión se cumplió a cabalidad.

— Papi, tengo miedo. ¿Qué va pasar?

Fue lo último que dijo.

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Elizabeth. Fotografía de Roberto Mata

Abdón, de 25 años, es el único de los hermanos varones que aun vive en casa. Fue diagnosticado autista y presenta trastornos de conducta.

La extraña. Le escribe mensajes por WhatsApp. No recibe respuesta. Como todos, sólo quiere saber si está bien… si está en paz.

Enrique, el padre, temía haber dejado de creer en Dios. Y para salir de la duda acudió a la iglesia a hablar, a que lo escucharan llorar, pero el cura sólo mostró interés por sus pecados. Ahora afirma que la Iglesia no le importa. Siente culpa por la muerte de su hija y sabe que de no levantar cabeza durará poco por el estado de abandono en el que vive.

Eisbeth le perdió el miedo a la muerte. Ya se llevó lo que más le importaba: su hermana. La ve en la calle, en el autobús, siente que la toca. Son espejismos.

Elizabeth, la madre, extrañó a su padre durante la enfermedad y muerte de su hija, un reconocido médico que vive en los andes venezolanos. Un papá lejano después de haberse divorciado y formar nueva familia. También un abuelo que perdió a una de sus nietas sin haberla conocido. No ayudó.  No hizo alguna llamada a Caracas para facilitar algo ni estuvo para un abrazo cuando hizo falta. Elizabeth no cultiva el rencor.

Cuando fue al cementerio lo hizo con la luz de la tarde y sola. Nadie quiso acompañarla. Se perdió al no conseguir la tumba de su hija. Recordaba que era la primera en la hilera, hasta que entendió que el cementerio había crecido durante esos meses y que ya existían cuatro nuevas filas.

La muerte ha ganado terreno.

La familia donó los tratamientos de quimioterapia, pero luego se enteraron de que nunca fueron utilizados. Una enfermera les explicó la razón.

— Esas quimioterapias están reetiquetadas. Estaban vencidas y les pusieron etiquetas nuevas como si estuviesen vigentes. No sirven. No sirvieron.

Roberto Mata 

Comentarios (69)

Hayde Vásquez
15 de octubre, 2015

Dios! Què terrible.No se trata solo de la enfermedad, del càncer. Es todo el sufrmiento que se suma a èste por la escasez de recursos que debe proveer el estado y que la muestra de su eficiencia es una chatarra de ambulancia. Y se suma la indolencia de un cura incapaz de mostrar una pizca de sensibildad ante el dolor de un padre por el sufrimiento y muerte de su hija y cuyo interès, cual verdugo, es busca el pecado en el otro para castigar. El padre-abuelo ausente incapaz de amor. Revisemos nuestras vidas. Que el dolor del otro nunca nos sea indiferente!

Mariela
15 de octubre, 2015

Duro, muy duro!

Nataly
15 de octubre, 2015

Historia desgarradora! Cuánta indolencia, cuánta indiferencia! La salud en Venezuela muere de mengua!!!

Mayelis Escalona
15 de octubre, 2015

Por Dios que historia tan triste y tan cruel. Perdimos la sensibilidad y todo.

Ana Rosa Morán Morán
15 de octubre, 2015

Es posible tanta indolencia… tanta deshumanización… tanta maldad y perversidad? Sabemos que llevamos de BONDAD Y MALDAD. ME PREGUNTÓ: CUÁL PREVALECE EN EL CORAZÓN DE CADA VENEZOLANO.

Carlos Rondón
15 de octubre, 2015

Una historia tan triste que si no fuese de la vida real pudiese decir que salió de la imaginación de un escritor de temas bien dramáticos, pero es real, sucede y lo peor es que nadie va a pagar por eso, sencillamente un crimen, un asesinato, quien es tan HDP como para remarcar algo tan delicado? Uno lee esto y dan ganas de huir, que patético, que plaga las que no has tocado vivir!

jesus vivas
15 de octubre, 2015

mi madre hace tiempo sufrio y guerreo mucho con mi hermano con insuficiencia renal pero nunca dejo de creer en dios xq cada familia y cada ser humano lleva su cruz y hay q llevarla con resignacion y fe. a todas las familias q pasan x esto les deseo mucha union xq asi el dolor es menos doloroso.

MORAIMA CABRERA
15 de octubre, 2015

“Vencidas”……….

Meudy Alvarez
15 de octubre, 2015

En ese lugar en el que estás ya no hay angustias, abusos, esperas, mentiras ni dolor. Descansa en paz. Siento pena ajena con mi pais y en lo que lo convirtieron y que gracias a ello es probable que tu fi al hubiese sido otro. Abrazos a tu familia

Valentina
15 de octubre, 2015

Cada vez que leo una historia de estas lloro, no solo por la que nos permites conocer, sino por todas aquellas que quedan en el anonimato, que no conocemos y que son cada vez más. Hoy recuerdo la entrevista con Cesar Miguel aquella mañana en la que tu llorabas y yo te seguí atrás. Excelente trabajo; sin duda, se requiere de mucho “guáramo” para seguir estas vivencias de cerca y luego compartirlas. Dios te bendiga y gracias!

marilin vilchez
15 de octubre, 2015

¿Que nos pasa? A dónde se fue la piedad y la misericordia, dónde la solidaridad, donde el respeto, donde la responsabilidad. ¿Habrá quedado algún espacio para la conciencia? ¿Tenemos conciencia? Nos decimos cristianos, evangélicos, judíos…nos damos golpes de pecho, señalamos al prójimo, pero no vemos la viga en nuestros propios ojos. Que tristeza que el mal este ganando espacio, en una tierra que se dice de gracia pero que cada vez se parece mas al infierno. Reflexionemos.

Kris
15 de octubre, 2015

Historia muy triste, mas que una historia es una vivencia, la real travesía de la vida a la muerte de los enfermos de cáncer, me siento bendecida por ser una sobreviviente y mas aun porque nunca he aceptado una quimioterapia, pero si he padecido la soledad, las noches de dolor y los largos dias donde se pierde la esperanza de un nuevo día por llegar, esa familia que se añora, el consuelo que se espera, ese abrazo interminable y ese hombro para llorar, pero no se puede perder la fe, no en la iglesia ni en el cura, sino en ese Dios grande que todo lo ve, asesino llamo a quien sin escrúpulos juega tan cruelmente con la salud remarcando etiquetas para no perder ni un céntimo, que Dios le perdone, solo eso atino a decir, mi consejo, si es que lo puedo dar, buscar alternativas, la primera vez me atendí cáncer de mama a los 25 años con homeopatía y dieta de vegetales y frutas, cero lácteos y azucares, la segunda vez, a los 46 años cáncer de esófago, siguiendo mi dieta, jugo de zanahoria te de cuanta matica me recomendaban y células madres, hoy con 58 años, vivo y sigo luchando por mi vida, mi mas sinceras condolencia a esta familia que lucho por su hija y hermana, sabemos que nos volveremos a encontrar en un mas alla donde ya no habrá dolor y donde esos que hoy ríen y disfrutan de ese dinero mal habido a costa de vidas humanas pasaran a pagar sus pecados

Jhon Doe
15 de octubre, 2015

Perdí a mi madre por una enfermedad milenaria pero que ahora es bien diagnosticada y se llama cáncer el cual dependiendo de donde se desarrolle le colocan el segundo nombre. Esta historia es verídica y así están nuestros hospitales, aunque el acceso a las medicinas no fue problema para mi madre sí hubo problemas para las ambulancias y puedo jurar por mi madre que en una oportunidad en el campo residencial de Guaraguao, estado Anzoátegui pude ver como 2 ambulancias del estado eran utilizadas como camión de agencia de festejos recibiendo unas sillas de un acto político chavista del día anterior. Los reprendí con todo mi ser y sólo el chofer que era paramédico entendía el desmadre que estaban haciendo. Lo hice en nombre de dotas las ELIZABETH que sufren día a día

Antonio Ponce
15 de octubre, 2015

Rompe el alma. No hay palabras para calificar a los responsables de todas estas carencias. Suficiente padecimiento es la enfermedad como para sumarle la falta de tratamientos. Da lo mismo si por negligencia, incapacidad o maldad.

Lamentable.

Maggie Carrasco
15 de octubre, 2015

El dolor de los padres es inimaginable, pero lo que me deja atonita, es quien fue el desalmado que aplico un tratamiento q sabia no serviria? En que nos convertimos, recomponer esto es una labor titanica

Raquel Plaza
15 de octubre, 2015

Quisiera agradecerte Roberto porque esta historia que me ha hecho llorar a mares me recuerda la importancia de agradecer día a día por la salud de los míos que es el bien más preciado que tenemos. Por otra lado siento un profundo dolor en el pecho por que se que es una de las miles de historia dolorosas que nadie cuenta en las que el dinero vale mas que la vida de un ser humano.

Rigoberto Marcano
15 de octubre, 2015

QUE DESGRACIA… SIN COMENTARIOS

MIRIAM PINEDA
15 de octubre, 2015

Cada vez “me alejo de tí ,Venezuela”

Irma Sànchez de Dìaz
15 de octubre, 2015

Ud lo ha dicho Carlos Rondòn, parece una novela, pero no lo es es la realidad purita, por la que estamos pasando todos, pensemos en el Señor de Maracaibo, que perdiò el transplante de riñòn, porque se fue la luz, y el òrgano se pudriò,( 8 horas sin luz ) tuvieron que cerrar la herida, con las luces de lo celulares de los mèdicos, Ahora con todo esto si provoca huir, pero al espacio sideral, porque esta plaga sigue, hay real, para llenarse los bolsillos, pero para insumos mèdicos nada. Es todo

Juvenal Freites
15 de octubre, 2015

Enfermarse es una desgracia, pero en la Venezuela de hoy, es una desgracia sobre otras desgracias. Todos tenemos diferentes versiones de esta misma historia.

Isabel Sánchez
15 de octubre, 2015

¡Qué fuerte! Tal vez lo último que pueda perder una sociedad es la capacidad de condolerse ante el sufrimiento de otro ser humano. ¿Qué tan bajo han caído unos cuantos en este país? ¿Será que podemos seguir teniendo esperanzas?

Betty Hernández
15 de octubre, 2015

Se me dificulta llorar con un escrito pero este rompió mis lágrimas y me oprimió el pecho. Pido a Dios por el descanso de Elizabeth y por su familia.

Maria Nava
15 de octubre, 2015

Es perverso. Saber que la quimioterapia estaba vencida y aun así mantener la esperanza del enfermo y de la familia, roza en el sadismo. Y ellos, tan nobles, la devuelven para que otro mantenga la esperanza que ya para ellos no puede ser. La salud pública en Venezuela es un pozo negro, oscuro, doloroso. Un túnel de donde solamente salen funcionarios sin escrúpulos, ahítos del dinero robado a los que no tenemos otra opción de sobrevivencia, como esta familia de Falcón. Es triste.

Alexis Freites
15 de octubre, 2015

Cuando leí las primeras 2 líneas, no quise seguir leyendo, mi intuición me decia que lo que leería era fuerte, pero pensé, me dije, lo leeré, así pues comencé, que tristeza saber que a veces al común de nosotros, nos puede pasar, no voy a decir que soy fuerte, falso desde el comienzo, lloré, tuve que parar para secarme las lágrimas en silencio, y como mi capacidad de asombro la perdí hace muchos años, solo puedo pedir a dios que le de fortaleza a esa familia, Dios no cuide de pasar por este pesar. Ese asesino tarde o temprano la pagará, DIOS CASTIGA SIN PALO NI REJO, LA JUSTICIA DIVINA LLEGARÁ, tal vez no lo veamos los que hemos tenido la oportunidad de informarnos de esta triste realidad, ¿ PERO QUIEN HARÁ CUMPLIR LA JUSTICIA TERRENAL ? Y como decian, no recuerdo si era en la antigua Radio Continente o Radio Rumbos !!! AMANECERÁ Y VEREMOS !!!!!!

Eunice Morell
15 de octubre, 2015

Honor a los médicos que trabajaron duro para tratar de salvar a la muchacha, que trabajan con las uñas, que reciben un sueldo miserable o que dejan parte de su consulta privada para ayudar a quienes no pueden. Paz a las familias que sufren una pérdida tan terrible. Y mis más profundas maldiciones a todos aquellos que permiten que esto ocurra. Que el infierno los atrape en la tierra.

soysugar
15 de octubre, 2015

Estupenda crónica. Dolorosa, indignante, triste evidencia de la tragedia que vivimos en tantos niveles. Gracias.

Lucy
15 de octubre, 2015

Me quedo sin palabras ante tanta irresponsabilidad , ver morir a un hijo debe ser una de las cosas más desgarradoras , pero que reetiqueten medicamentos vencidos es inaudito . Sobrarían las palabras para calificar este hecho así que lo dejo hasta aquí

Max
15 de octubre, 2015

¡Dios! que relato tan triste.

Anderson Diaz
15 de octubre, 2015

Barbaro Roberto!!! que historia, espero ver pronto tu libro, saludos!!

Rosaktalina
15 de octubre, 2015

Que historia tan dolorosa mis lagrimas no pueden contenerse y pensar quela justicia de Dios siempre llega. Fortaleza en sus corazones para soportar tan irreparable perdida.

Rosina Della Morte
15 de octubre, 2015

Admiro a todos los que logran un excelente trabajo fotográfico. Por esto valoro poder conocer los rostros de Elizabeth y Eduardo quienes viven el dolor mas grande que puede existir… la muerte de un hijo. Agradezco poder conocer a través de un retrato a Elizabeth quien le toco enfrentar(a pesar de su juventud), una dura realidad. Sin embargo, me sumerjo profundamente en cada una de las palabras presentadas las cuales describen duras realidades… una enfermedad, abandono de la familia, graves fallas en el sistema de salud, falta de solidaridad, el dolor de los hermanos, y un enorme engaño … medicinas vencidas. Anhelo que estas historias toquen nuestros corazones para ser mas solidarios y construir la Venezuela que nos merecemos. Lamento que Eduardo no haya encontrado un consuelo en aquel sacerdote y espero que otro si lo conforte y corrija este daño. Dios bendiga enormemente a esa familia y encuentren la paz y resignación que solo EL sabe dar.

Rosina Della Morte
15 de octubre, 2015

Deseo que esas manos unidas representen un nuevo inicio para esa familia y que encuentren la fortaleza que les permita recordar con cariño a Elizabeth, tenerla siempre presente y continuar con su vida para que puedan disfrutar a hijos y nietos

Ana Olea
15 de octubre, 2015

Triste historia, pero teniendo en cuenta que creo en la Vida Eterna, lo más triste para mí es la pérdida de la Fe. Mala suerte, la de esta familia, hasta en lo del sacerdote. Conozco muchos sacerdotes buenos y justamente al Sr. Eduardo le tocó uno con el corazón extravíado. Sin embargo, Dios conoce nuestro interior y es más bueno e inteligente que todos nosotros. El sabrá derramar su Misericordia sobre la familia. Si nuestro corazón humano siente cercano este drama, cuánto más lo sentirá Dios que no abandona lo que creó. Dios bendiga a esta familia y les de fuerza y consuelo

Sylvia Paul
15 de octubre, 2015

Roberto. Eres admirable por compartir con tus seguidores historias inauditas. Uno se pierde en el día a día y a través de tus escritos pegamos el cable a tierra. Eso debe pasar con frecuencia y los que lo padecen no tienen voz. A menos que Dios ponga a Roberto en el camino. Dios te bendiga y que tus denuncias tengan repercusión.

Alicia
15 de octubre, 2015

Conocí y trate en varias oportunidades aElizabeth y su familia por ser voluntaria del Padre Machado.Fui testigo del amor y entrega de esos padres y hermanos por esa joven valiente y dulce que siempre saludaba y sonreía cuando la visitaba en su habitación. Por este medio me estoy enterando del triste desenlace de este caso. A su familia les digo que le dieron todo lo que pudieron, y por encima de todo,el amor y permanente acompañamiento tan necesario en esos duros momentos que la vida depara. Le pido a Dios que les de esa aceptación tan necesaria para seguir adelante. Descansa en paz Elizabeth sin sufrimientos y en brazos de tu Creador.

maria carnicero
15 de octubre, 2015

Medicamentos VENCIDOS! Re-etiquetados. ¿Quienes son los responsables de esto? El monstruo que dió la orden y los infelices que pegaron las etiquetas. ¿Y cuántos casos más hay como este? ¿Diez, cien, mil?

Valdo Meléndez
16 de octubre, 2015

Duro… Muy triste… Pero lo más trágico es que es real… Dios les otorgue consuelo a esta familia…

sol_de_nieve
16 de octubre, 2015

Llore, es la historia de mi hija. Lucho contra el osetosarcoma, en el 2008 se lo diagnosticaron, logramos conseguir el dinero para la prótesis, fue operado y durante cinco años vivimos sin la presencia del cáncer, para luego volver en forma de tumor pulmonar. Lamentablemente hace dos años, mi guerrera partió al encuentro del padre celestial. Las drogas llegaron tarde, el Seguro Social no tenia todos los medicamentos solicitados. Tuvimos que recurrir a la gente, hacer campañas, pedir…Mi hermosa guerrera estaría hoy día, graduándose en la Universidad…Es duro perder un hijo y en las condiciones de Enrique y Elizabeth mas duro es…Señor dales consuelo, paz y fortaleza para superar esta perdida…

Lolimar
16 de octubre, 2015

Es muy triste que flias como esta, tengan que pasar por esta tipo de aflicción, fueron muchas cosas en contra desde la falta de amor y atención por parte del padre, como la atención y suministros de medicamentos vencidos, es lamentable, aparte de conseguirse un cura que se cree Jesucristo para Juzgar,… si este comentario es visto, le pido a esta flia no perder la fe en Dios aun cuando vivieron una situación tan dolorosa, que un cura les haya hecho ese desprecio no quiere decir q Dios no este presente, el cura no es Dios, Dios es un Dios bueno, el no quiere q nadie se pierda sino q todos procedamos a buscarlo a El, a veces vivimos situaciones lamentables e irremediables pero No por eso Dios nos ha dejado de amar, sino que todo tiene un propósito, aparte les recuerdo q las enfermedades no proceden de Dios sino del enemigo que vino para destruir matar y robar la obra que Dios puso en el hombre, que es darle vida y vida eterna, debemos buscar su presencia y volver nuestro espíritu alma y cuerpo a El, el es Poderoso, No una iglesia, ni un cura, y menos un santo de yeso.. Dios les bendiga y les llene de Sabiduría, fortaleza y sobre todo consuele su corazón como flia para superar esta perdida de este ser que se ve que era una joven hermosa y buen corazón. Dlb

Alberto Rodriguez
16 de octubre, 2015

Con ambulancias destartaladas, medicamentos vencidos e indolencia jamás avanzaremos como país y nación.

@manuhel
16 de octubre, 2015

El Hospital Padre Machado, El Hospital Universitario de Maracaibo, El Alfredo Van Grieken, cualquier otro que se les ocurra… he allí donde habita el olvido, he allí donde está la muerte a veces haciendo el papel de verdugo y otras tantas haciendo el de niña buena que viene a dar paz y misericordia a un cuerpo que ya no aguanta mas respirar, porque cada inhalación es un sufrir.

QEPD descanse Elizabeth y que tengan paz quienes hoy en día están pasando por esta misma situación.

Renato Quijada
16 de octubre, 2015

Dios Mio, que desgracia tan terrible, Dios les conceda el consuelo a los familiares, perdone las faltas de Elizabeth y la haya recibido en su reino… A los que permitieron el uso de esos medicamentos vencidos, que Dios los perdone también…

Franklin Castillo
16 de octubre, 2015

En que desatre han convertido la salud publica de Venezuela estos pseudos revolucionarios, que indignacion e impotencia !

beatriz
16 de octubre, 2015

Después de leer esto, sólo me quedó en el alma dolor, tristeza y lágrimas. y pensar que a veces nos quejamos por cosas menos importantes que éstas.

Ana
16 de octubre, 2015

Esto es lo mas doloroso que he leído. Que difícil vestirse de esperanza en un país gobernado por desalmados.

Geiza peña
16 de octubre, 2015

Sin palabras…

ana moreno
16 de octubre, 2015

muy buen articulo muy triste demasiado real demasiado bien escrito que dolor q tristeza de q ocurran estas situaciones demasiada cruel realidad

KELVIN
17 de octubre, 2015

Resumiré en pocas palabras; el amor en Venezuela se perdió hacen 16 años, aunque no sea Chavista ni Madurista mucho menos, pero somos nosotros mismos los culpables de todos nuestros problemas y carencias; no exigimos nuestros derechos y si lo hacemos lo hacemos sin apoyo de nadie ya que a nadie le importan tus problemas, eso lo he comprobado en carne propia. Claro esta que las deficiencias en materia de medicinas y fuga de buenos médicos etc es motivado en gran parte al desgobierno y al no exigir nuestros derechos y tampoco saber nuestros derechos en gran parte de la comunidad. Por ejemplo en Haití siendo un país mucho mas pobre eso no sucede. Es lastimoso que eso pase en nuestro ex lindo pais.

Joeif Duroim
17 de octubre, 2015

Cuando esto pase, porque ha de pasar, recordemos que la Salud es uno de los sectores que hay que atender de forma prioritaria. No obstante, qué difícil saber que te estabas tratando una enfermedad tan compleja con medicinas vencidas. Cuesta fijar la esperanza y cuesta más mantener la cordura. Gracias de todas formas, Roberto, aunque duela, esto es parte del país en el que vivimos. Más allá de lo que se escribe, que es terrible, yo veo en la foto la esperanza de los que se han mantenido juntos, apoyándose en el amor.

Yosemith Urdaneta
17 de octubre, 2015

Ufff tuve que respirar profundo. Eso es exactamente lo que sucede en una familia cuando pasa una tragedia como esa. Fue lo que sucedió en la mía cuando perdímos a nuestras Princesas al poco tiempo de nacidas. Poco tiempo para experimentar tanto sentimientos encontrados pero mucho para conocer el gran amor que se siente por los hijos o por un hermano querido. Se que las mamas darían la vida por sus hijos, yo la hubiera dado mil veces por mis princesas.Cuando uno cree que todo acabó, es cuando apenas comienza, es un vacío inexplicable, nada lo llena, nada te consuela. Solo les escribo que encontré paz con Dios. Hay que dar gracias por todo lo que nos sucede en la vida, nos guste o no, eso lo leí en un libro de meditaciones diarias. También muchas mamas dicen que ese dolor nunca pasa pero se aprende a vivír con el. Debe ser verdad. Eso lo sentimos los que quedamos, ya nuestros hijos no lo siente porque dónde ellos están no hay sufrimiento. También que hay que dejar ir para tener tranquilidad. Dios los bendiga. Dra Yosemith Urdaneta. Anestesiologo, Especialista en dolor y Cuidados Paliativos Oncologicos. Venezuela.

Aurora ulacio
18 de octubre, 2015

Para quienes pasamos por esa triste realidad con un familiar queda la secuela interminable de querer haber vivido en otro país o en otro tiempo que triste y desesperante es ver morir a alguien querido por cáncer yo lo viví sola o acompañada aun pienso en esa experiencia que me dejo un sabor amargo Dios conoce mi corazón y sabe que aun siento que me llama cuando estoy dormida que aparece en mis sueños, aun siento que anda por ahí vaya para los amores no enfermedad que valga aunque aun se sienta dolor.

Sabine
18 de octubre, 2015

¿Qué más se puede hacer sino llorar ante una historia como esta? Se trata del cáncer, que cada día ataca a más gente y con mayor ensañamiento. Se trata de la ausencia absoluta de humanidad y de una ambición perversa para cuya satisfacción se entregan vidas. Se trata de vivir la amargura de la enfermedad en un entorno enfermo como el de este expaís. Se trata de la profunda estupidez de un sacerdote que niega ek consuelo

yennifer
18 de octubre, 2015

Una triste realidad que viven o vivimos cada día los venezolanos, yo me pregunto cuando fue que perdimos la sensibilidad, la cordialidad y la valentía de apoyarnos, nos hemos encerrado en nuestros propios problemas q no nos importa lo que pasa a nuestro alrededor nos hemos puesto una coraza para nos manifestarnos y ver con indolencia los sufrimientos de las demás personas, pido a Dios que cambien las cosas porque si seguimos así no me quiero imaginar el pais que le dejamos a las próximas generaciones Dios bendiga a Venezuela Dios bendiga a las familias

Jenny Salazar
18 de octubre, 2015

Que dolor.. Rabia , impotencia , tristeza y desesperanza es lo unico que se me viene a la cabeza , como es posible que te vendan o te coloquen un medicamento vencido … Se perdio todo señores. No hay quien proteja al ciudadano , no hay Gobierno

Narven Alverzx
18 de octubre, 2015

Santo Dios, que esta pasando??simple estamos dejando de buscar a Jesus a nuestro Padre. si Mi bella Venezuela entrega su corazon a Dios nada de estos eventos estuvieran ocurriendo, que Dios le de consuelo a esta familia. Dios restaure mi pais, el tema de los medicamentos es desconcertante Dios de lo Imposible ten piedad,y ojala este señor y la familia no busquen refugio en padres sino en Jesus EL es el Unico que les dara consuelo.

carmen pinzon
18 de octubre, 2015

y lo mas triste mientras estos pasean el país se unde y lo enfermos mueren por falta de medicinas

jorge totesaut
19 de octubre, 2015

“cada año mueren en el mundo 9 millones de niñosmenores de 5 años de hambre y enfermedades. Se ha perdido la sensibilidad”

thais velarde
19 de octubre, 2015

Que triste historia me partio el alma y sinceramente mas aun todavia como se juega con la salud en este pais sin medicamentos lo mas triste es que en un hospital se impartan medicamentos vencidos

nuvila
19 de octubre, 2015

Q impotencia tan grande, hace 2 años mi sobrina Vilma murio’ de esa enfermedad, gracias a Dios pudimos atenderla hasta q Dios quizo, mi impotencia es por la falta de valores perdidos, por la inegligencia de los médicos, por la ineptitud, por el desamor hacia la humanidad, lei’ con mucho dolor lo vivido por Elizabeth y su familia, me dejo’ el corazon destrozado asi como de otros casos comentados por este medio, q Dios se apiade de los q padecen de esa terrible enfermedad

Aida
19 de octubre, 2015

Lo siento mucho familia, sé perfectamente lo que están viviendo y del dolor que permanecerá de por vida… Pero quiero decirles una cosa, así vivo lo que ustedes viven hoy, también es cierto que aún cuando hubiese estado rodeada de los mejores doctores, con medicinas de última generación cuando el paciente y Dios deciden no hay nada que pueda hacerse… Les mando un abrazo solidario cargado de fortaleza y fe, porque creer en Dios ayuda mucho, alivia. Que enfermedad tan cruel es el cáncer, rezo siempre por los pacientes y sus familias, y para que los médicos tengan compasión en sus corazones y sabiduría en sus prácticas. Dios los ayude.

Emiliana Arcaya
19 de octubre, 2015

Conozco la historia perfectamente como amiga e hija postiza de esta familia, elizabeth era una joven maravillosa con unos valores extraordinarios que estuvo dispuesta a compartirlo con todos,a un año de tu partida mi eterna luchadora😇🙏 te extraño mucho Cuando me acuerdo de cómo te fuiste de este mundo menos me hago a la idea de tu partida! Ya que siempre luchaste contra los obstáculos que se te presentaron Sé que yo no puedo devolverte a la vida, pero ahora eres un ángel que me cuida desde el cielo. Por favor no me abandones y sigue guiando mi vida desde dónde te encuentres! Cuando estoy dormida quiero que te presentes en mis sueños, Para asi poder conversar contigo y darte el abrazo que no pude darte cuando partiste de este mundo😢 me enseñaste muchas cosas que nunca olvidare , aunque mis ojos ya no te puedan ver te puedo sentir se que estas aquí❤ en el corazón y en la mente de cada uno de nosotros los que tuvimos la dicha y el honor de conocerte ❤te adoro mucho Eli😢😘 Recuerdo como si fuera ayer cuando llegaste de caracasy te recibimos con los brazos abiertos para llenarte de amor, siempre fuiste valiente y una guerrera porque nunca te diste por vencida contigo disfrute muchos momentos como cuando te ayude a tomarte el jugo de zanahoria, siempre que te hacia cosquillas como aquella película, Siempre te recordare con esa maravillosa Sonrisa que demostrabas día a día<3

nayeska
20 de octubre, 2015

wao,aún estoy en shock, todavía me revolotean las palabras en mi mente, Dios, no permitas que cosas como estas sigan pasando, como puede un ser jugar con la vida de otro, con el pesar de la familia, sabemos que aquí en nuestro país, no se cumple la ley,pero la ley divina tiene que hacerse presente para estas personas, ahora más de uno juzgarán sí sus familiares llegaron a donde tenían que llegar o fueron empujados antes de tiempo por esas mentes perversas. Paz al alma de estas personas y consuelo a las familias.

CARLOS E. MATA I.
20 de octubre, 2015

Absolutamente devastador. Un camino ineludible que nos lleva a contactar con los que nos rodean, con lo que no pareciera estar sucediendo. Nos arrastra dolorosamente a identificarnos, a contactar con nosotros mismos también, con la vida, con el sentido de la existencia, con la más auténtica e imprescindible compasión. Importante trabajo en este terreno tan dolorosamente conmovedor. Gracias.

Gisela Díaz
21 de octubre, 2015

Esto es demasiado escalofriante, supera cualquier pesadilla posible. Tenemos que despertar como ciudadanos y detener este horror. Los políticos no pueden continuar torturando a los venezolanos de esta manera, todos los políticos, de cualquier bando. No podemos continuar poniendo en manos de criminales la vida, la seguridad, la humanidad. Cada día es un esfuerzo continuar adelante,y ese es esfuerzo es propio, de cada uno de nosotros, no de privilegiados para saquear y destruir. Seguimos caminando un rumbo a oscuras, sin luz… tratando de sobrevivir y no es justo. El día que como ciudadanos decidamos: ¡no más! ese día terminará nuestra pesadilla. Merecemos vivir, merecemos la vida.

Valentina
22 de octubre, 2015

Vencidas… también lo están la moral, la verdad, la justicia, la libertad.

Mauricio López
23 de octubre, 2015

Kafka se despierta de un sobresalto. Un sudor le recorre todo el cuerpo. Se da cuenta de que tuvo una pesadilla. Algo sobre unos medicamentos vencidos. Se acerca a su mesa de trabajo donde reposa su último cuento. Entiende que al él no se le ocurrió semejante historia. Sonríe aliviado

Luis Arconada
29 de octubre, 2015

Impactante relato de una realidad en la que nos consumimos. El reetiquetado de las quimio es inmoral y asesino. Dios nos perdone y proteja. No imaginaba que además de xcelente artista del lente, manejase tan elegantemente el lenguaje; enhorabuena y bravo Prodavinci

Alfredo Ascanio
4 de noviembre, 2015

Que barbaridad, cómo es posible todo esto….SIN PALABRAS…

Oswaldo Aiffil
31 de marzo, 2016

Triste historia. De verdad, muy triste.

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