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Gabriela Montero: “Hay que hacer saber a los venezolanos que sufrir no está bien”; por Karina Sainz

Originalmente publicada en el diario español Vozpópuli, he aquí el lado B de una entrevista realizada a la pianista Gabriela Montero, que ofrece un concierto en Madrid esta semana.

Por Karina Sainz Borgo | 30 de septiembre, 2014

Hay que hacer saber a los venezolanos que no está bien que sufran”. Entrevista a Gabriela Montero por Karina Sainz 640

Es capaz de interpretar un concierto de Rachmaninov al estilo de Bach; de parafrasear a Liszt o extraer la versión en fuga de un tango. Además de su don para la improvisación, para exprimir un Pajarillo ahí donde podría sonar Chopin, Gabriela Montero (Caracas, 1970) compone y lo hace con el compromiso y el sentimiento que sujeta los sonidos –y las palabras– para que no hagan lo que los relatos contados por necios.

Esa mujer de voz suave y hábiles dedos tejedores  –ha tocado muchas teclas y ortigas–,conoce la fibra que han de tener ciertos acordes para que produzcan sentido, para que no sean el cuento de un idiota, lleno de ese ruido y esa furia–la misma que acuciaba al rey conspirador del Macbeth de Shakespeare– que nada significa. Porque el compromiso y la honestidad son también una armonía. Así lo demostró la pianista en 2011, cuando escribió ExPatria, una pieza para piano y orquesta de 15 minutos que le valió los aplausos a la vez que una rabiosa censura política.

Es la primera vez que Gabriela Montero ofrece un recital en Madrid, y lo hará en medio de una apretadísima agenda: en junio estuvo en el Festival de Lugano, también en Alemania, con la Filarmónica de Dresde y hace apenas unos días estuvo en Leipzig. Todo en ella es orden, trabajo, y método. A las diez de la mañana, entrevista; a las once, ensayo; a la una y cuarenta y cinco, reunión… Una disciplina  curiosa para una mujer que vive, justamente, de improvisar; de olisquear en el aire un estado de ánimo.

Es muy pronto en Madrid para una conversación con la prensa –muy pocos entrevistados tienden a hablar tan temprano y sin desayunar– y sin embargo, ahí está ella: madrugadora y bien dispuesta, sin una sombra de crispación o cansancio. Gabriela Montero habla con ese dulce acento caraqueño; un caraqueño en estado puro, que no se redondea soez –como suena en los últimos años– ni impostado, como ese que persigue a los que llevan años lejos. Pero ese no es su caso.

Si la improvisación ha existido tradicionalmente como género musical, ¿por qué ha quedado relegada?
La improvisación es una habilidad, un código, una forma de tener una conversación utilizando el dialecto musical. En los siglos XVIII y XIX era parte de la vida de los músicos. Sin embargo, todo eso cambió. Comenzamos a preocuparnos más por el resultado que por el proceso. La improvisación es algo que forma parte de mí, desde niña.

Pero hubo un momento en que te planteaste dejar el piano. ¿Una profesora y sus críticas contra la improvisación fue la causa, cierto?
Esta persona de la que hablas fue mi profesora de piano desde los 8 a los 18 años en Estados Unidos. Y no solo fue por su postura ante la improvisación (decía que eso no valía nada) sino que además, tuvo una influencia muy negativa. Tenía casi 18 años cuando la dejé.

¿ Y qué pasó?
Cerré la tapa del piano durante dos años y no quise volver a tocar hasta los 20 cuando, ya en Caracas, apliqué a una beca para estudiar en la Real Academia de Música de Londres. Fui aceptada y me fui a Inglaterra. Allí retomé el piano desde un ángulo personal, donde yo era la que dictaba y decidía musicalmente; con una libertad total.

En determinados auditorios, acaso los menos efusivos, debe descolocar que la pianista coja el micrófono, se dirija al público y les pida que canten una canción.
La primera persona que se levanta o participa es la que se encuentra con ese vacío. No es algo muy común, porque el público nunca habla con el artista. Es él quien a veces habla con el público. Romper esa pared de hielo no solo es bonito, es enriquecedor.

¿Para la música, para la función, para usted?
Para todos. Al aportar la semilla, que es la melodía sobre la que se hará la improvisación, la interpretación termina siendo una creación conjunta. Eso sí… hay que esperar al primer valiente; después, una vez que alguien tuvo valor, todos quieren cantar. Me ocurrió en una ocasión, en Colonia, en un teatro: 3.000 personas cantaban a la vez una misma canción. Me pasa también en muchos conciertos a los que van grupos de venezolanos. Que es algo muy hermoso, porque trasciende la música, es un encuentro, un alivio.

La improvisación tiene un punto de arrebato; un componente emocional ¿Escuchas tus improvisaciones, te reconoces en esos raptos?
Sí, las escucho para saber qué fue lo que pasó en ese momento. Tratamos de grabarlas porque, de lo contrario, desaparecerían. Después de eso, las dejo ir. Hago cientos de improvisaciones al año. Lo que más me gusta es esa propiedad renovadora que tiene la música sobre la marcha. Se encuentran personajes, colores, estilos. La imaginación hace que las posibilidades sean ilimitadas. Hay días en los que la musa está más presente, especialmente en los recitales, donde suelo tener en la segunda parte unos 50 minutos para improvisar.

¿No te resulta agotador?
Para nada. Es un soplo de aire fresco. Después de improvisar me siento renovada, porque entro y salgo de un mundo con total libertad.

Gabriela Montero no es sólo una intérprete. Es una compositora contrarreloj.
Esa es la definición de la improvisación: composiciones en el momento. No se deberían de llamar improvisaciones sino justamente así, composiciones.

¿Has hecho toda su vida musical fuera de Venezuela?
No toda. Tuve que marcharme a estudiar a los Estados Unidos con ocho años. Me costó mucho separarme de mi país y de mi familia. Al comienzo me fui con mis padres y mis hermanos. Económicamente, tras la devaluación del Bolívar frente al dólar, que Venezuela se conoce como Viernes Negro, fue imposible quedarnos como núcleo familiar. Se regresaron mi padre y mi hermano a Venezuela. Me quedé con mi mamá. A los 18 volví a Venezuela. De ahí me fui a Europa. He pasado temporadas en mi país, a veces de meses en otras ocasiones de años. Del 2003 al 2006 viví en Caracas y pude presenciar y vivir la angustia y la frustración de un país que se desmorona minuto a minuto.

Tú no te formaste  en el sistema de Orquestas Juveniles y, sin embargo, la prensa extranjera siempre lo repite.
Ocurre. A veces me anuncian como un gran producto del Sistema Nacional de Orquestas y me toca aclararlo y decir: un momentito, yo he tocado con el Sistema, pero soy solista. No tengo nada que ver con José Antonio Abreu. No soy su discípula.

El gobierno se  encargó de utilizar el sistema como un ese escaparate de supuesta progresía e integración cultural.
El sistema se fundó hace 39 años. No comenzó con Hugo Chávez, aunque él fue muy astuto al usar esta imagen de niños tocando a Mahler. Sabía el impacto publicitario que eso tendría. Pero si había algo que él detestaba era la música clásica, era algo bourgeois, asociado a una élite.

A muchos impresionó la posición de Abreu, quien con su silencio refrendó la demolición de un mundo cultural al que, justo él, no tenía nada que reprochar. .El silencio de Dudamel también es lacerante. ¿Guarda rencor?
Estoy decepcionada. Conozco a José Antonio Abreu desde que tenía ocho años. Mi debut en una orquesta fue con él. Para mí, la falta de solidaridad de parte de Abreu y de Gustavo con la situación que vivimos en Venezuela, ese silencio sepulcral de los dos y las acciones que hablan de una colaboración  con el gobierno, ha sido muy doloroso. Más que la posición que sostienen, es la falta de posición ante el colapso de un país entero. Hablamos de 29 millones de personas que no consiguen insumos, alimentos, medicinas… Yo misma me tuve que convertirme en una red de información farmacéutica. Tengo bastantes seguidores en Facebook, así que me escriben muchas persona diciéndome: ‘Gabriela, tengo leucemia, ayúdame a conseguirlo’. Entonces, escribo un post, para tratar de conseguirlo. En un país con tanta riqueza, si el gobierno fuera como dice ser, esto no debería ocurrir.

Te has convertido en una voz a contracorriente para explicar el grave proceso político que atraviesa Venezuela. Eso también tiene un precio difícil de pagar (personal, profesional, anímico)
Trato de informar, educar y sacar a la luz lo que realmente ocurre en Venezuela. Poco a poco el mito de Hugo Chávez, lo que él le vendió al mundo, se está desmoronando. La gente puede ver los resultados de un gobierno fracasado, un narco Estado, una cleptocracia…

¿A qué suena Venezuela?
A Ex patria.

¿Y si te pido un sonido? Sólo uno.
Un grito turbio e intolerable. No hay ningún tipo de armonía en ese tono.

Has sido invitada a participar como músico en eventos como la investidura de BarackObama, también a Davos para hablar de tu música y tu papel como artista.
Sí, participé en la investidura de BarackObama. A Davos fui dos veces, la primera para hablar de mi música; de la composición y la parte creativa. La segunda fue para hablar sobre Ex Patria, que ya había nacido. Me invitaron a explicar por qué una pianista del siglo XXI escribe, como Prokofiev y Shostakovich, una obra con la que intenta plasmar musicalmente la demolición de un país. Hablé sobre el rol del artista y la necesidad de que este se involucre en la realidad social y política del país no sólo en su quehacer, también denunciando las injusticias.

Intervenir en lo venezolano, y más todavía desde fuera, es difícil. Me  gustaría escucharte hablar sobre esa experiencia, siempre dura, a veces ingrata.
Es una gran responsabilidad. Pero estoy tan metida en esto que ya no me puedo retirar. Por un lado, siento gran alegría, al ver la respuesta y el aprecio de quienes sienten que doy una voz en medio de una situación de silencio como la que padece hoy Venezuela. Pero, por otra parte, eso también conlleva una carga de elementos que no conocía. Me he topado con seres humanos nefastos, que me quieren herir por mis opiniones, pero eso forma parte de este proceso de crear un cambio. Hay que hacer saber a los venezolanos que no está bien que sufran, que no está bien que padezcan. No hay derecho a que nadie padezca. Eso no tiene que ver con el hecho o no ser artista. No es excusa. Para mí esto se ha convertido en una misión, y muy dura. Se me han cancelado muchos conciertos. Ha habido una mafia que trata de silenciarme, pero no puedo mirar para otro lado. Hago lo que hago porque lo he decidido y porque me duele lo que pasa, así no esté en Venezuela.

***

Esta entrevista es una versión de la publicada en Voz Populi, la cual puede leer haciendo click acá.

Karina Sainz Borgo 

Comentarios (9)

Aida Lamus
30 de septiembre, 2014

Es una voz valiente en el mundo, a diferencia de los que omiten cualquier comentario frente a esta situación tan difícil,Gabriela Montero representa a miles y miles de venezolanos que luchan y esperan vivir un día en democracia y libertad.

Tanya Brillembourg
1 de octubre, 2014

Me gustaría ponerme en contacto con Karina Sainz Borgo ya que trabajo en Madrid, Venezuela y Miami, a través de las artes, especialmente, la música, como herramienta de cambio social.

Gracias,

TcB

Petrusco
1 de octubre, 2014

Está muy bien que Gabriela exprese su desacuerdo con el actual gobierno venezolano, sin embargo, hacerlo a través de exageraciones es mas lo que perjudica que lo que beneficia su mensaje.

Hablar de “29 millones de personas que no consiguen insumos, alimentos, medicinas…” es desproporcionado y pinta un caos que está muy lejos de nuestra crisis real.

Aunque hay diversos niveles de escasez, desabastecimiento, especulación y acaparamiento en nuestro país, esos problemas no están a nivel de tenernos a todos los habitantes del país sin comer, tomar medicinas o conseguir insumos, porque de hecho, los conseguimos, comemos y nos medicamos todos los días.

Abreu, Dudamel y varios otros están al frente de un sistema de orquestas que impulsa y forma una enorme cantidad de jóvenes y niños en la música académica. La importancia de mantener esa valiosa labor está por encima de cualquier coyuntura temporal política. Es un sistema que se apoyó en gobiernos adecos, copeyanos y ahora en el chavista. Y cada gobierno ha sacado provecho de apoyar al sistema para auto-mercadearse. Allí no hay ningún tipo de verguenza para estos maestros, al contrario, se debe reconocer su empeño y también, por que no, astucia, de haber sabido lograr trabajar (y calarse) a adecos, copeyanos y chavistas.

Finalmente Gabriela, quizá por tener esa distancia física con nuestro país y sólo alimentarse de noticias, cree que los venezolanos no sabemos que sufrir está mal. Sí lo sabemos Gabriela, y así lo manifestamos a través de todas las redes sociales, mayoría de emisoras de radio, monólogos, protestas diarias, televisoras, prensa escrita, etcétera. Nada sabemos mejor que esto que estamos viviendo puede y tiene que mejorar.

la KSB
1 de octubre, 2014

Tatiana, mi correo es ksainz@vozpopuli.com 🙂

Ivan
2 de octubre, 2014

Disiento cuando dicen que Gabriela exagera. Puede que no sean 29 millones de venezolanos, porque 2 millones ya se largaron del país.La mayoría profesionales de primera línea. Por supuesto la gente consigue medicinas y comida y dolares. En el mercado negro o haciendo colas insufribles. O visitando tres o mas establecimientos. Y eso no es noticia de diario, ni una exageración. Tener que visitar 3 farmacias para encontrar acetaminofén es indignante. Dudamel y Abreu han desarrollado una obra que trasciende la politica y puede que ellos piensen que esa obra amerita cualquier sacrificio, incluso el de su dignidad, o nunca la tuvieron. No lo sé. Lo que pasa en Venezuela es muy grave y ha llegado a un punto donde no se puede ser neutral o escudarse detrás del arte o de cualquier otra obra académica. Si ante un gobierno despótico y criminal esa gente no reacciona, se vuelven sus cómplices. Es el precio que se paga cuando se es una figura pública. Y es entonces cuando se ve la verdadera estatura de esas personas.

Silvia Bauder
5 de octubre, 2014

No sé quien es Petrusco ni a que grupo de venezolanos pertenece; pero disiento al igual que Iván en varios de sus puntos: Gabriela Montero no exagera. Es cierto que hay quienes consiguen de todo: los que pertenecen al PSUV, los militares y los “enchufados”, es decir aquellos venezolanos (si es que todavía pueden llamarse así) que por intereses personales se adhirieron a los que hoy están haciendo negocios “redondos” con el régimen. Y los familiares de los antes nombrados. Son los mismos que atiborran los restaurantes de lujo, compran las casas de los antiguos “ricos” para tumbarlas y construir nuevas mansiones de lujo “extremo” como ellos mismos las califican, y los nuevos edificios igualmente lujosos construidos recientemente en las urbanizaciones de Caracas, desde Los Chorros hasta la Alta Florida. Si, claro está que estos grupos consiguen de todo, sin colas, sin el precio del exodo de sus hijos buscando un futuro, cualquiera que sea, pero un futuro. Felicito a Gabriela Montero!!! adelante, un dia de estos lograremos un mejor futuro para TODOS los venezolanos.

Edgard J. González.-
5 de octubre, 2014

Comparto totalmente los comentarios de Iván y Silvia, y por supuesto, reitero la admiración que siempre he sentido por las Gabrielas, la Pianista-compositora y la venezolana digna y comprometida, gemelas siamesas, valiosas y valientes.-

israel einhorn
7 de octubre, 2014

Hola Gabriela, te felicito por tu análisis de la realidad venezolana, te he visto actuar en conciertos, vídeos y entrevistas y realmente te digo que eres consecuente con lo que piensas y haces. En algún momento saldremos de esta pesadilla. No se si yo lo veré pero confío en la energía universal. Tengo hijas adultas que no viven en Venezuela desde hace mucho tiempo. Duele decirlo pero es así. Sigue así en tu proceso de crecimiento individual y profesional y cosecharas triunfos y realizaciones porque eres buena y autentica como individuo. Felicitaciones.

Petrusco
9 de octubre, 2014

Todos los gobiernos de Venezuela han sido criminales y despóticos, salvo algunos por allí que, o fueron muy cortos o fueron cortados por golpes de Estado.

De resto ningún gobierno se ha salvado de esas dos etiquetas. Lo único que los ha pintado de buenos o de malos es su buena o mala relación con los grupos económicos privados, en particular con los medios, y con la Iglesia. Y para cada uno los artistas, científicos y educadores han tenido que trabajar por igual en pro de sostener sus obras y sus beneficios para la gente.

Gabriela exagera, de eso no cabe la menor duda, aunque a muchos les guste explayarse en la sensación de caos total que ella pregona.

En mi entorno profesional y personal la mayoría son personas anti-gobierno y de a pie, es decir, no tienen ningún tipo de filiación política, mucho menos con el partido de gobierno. Todas esas personas consiguen comida, medicamentos y adicionalmente también consiguen todas las demás cosas que no son de primera necesidad. A veces les cuesta más conseguirlo y a veces les cuesta menos. Pero no son, ni por asomo, enchufados. Son gente normal como tu y como yo, como esos 29 millones (o 27 millones si restamos los 2 millones que se han ido y eso). Comemos y nos medicamos. Por ende afirmar que 29 millones de personas no consiguen NADA en Venezuela es un exabrupto sólo útil para el panfleto antichavista internacional.

La lucha para mejorar al país debe hacerse desde bases concretas, no desde la exageración, la distorsión o la mentira. La realidad es suficientemente complicada y retadora como para jugar a la manipulación de hechos sin necesidad.

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