Blog de Pedro Plaza Salvati

Un impostor honesto; por Pedro Plaza Salvati

Por Pedro Plaza Salvati | 9 de febrero, 2016

BLOG_un_impostor_plaza_salvati_09022016_640“Puede que yo no esté calificado para ser presidente, pero un buen ángulo de cámara hará maravillas para hacerme lucir presidenciable”. El candidato aparece en un comercial de televisión que lo cataloga como un hombre honesto, un hombre honesto porque en su anuncio, al contrario de lo que promulgan los candidatos en las campañas electorales, confiesa a los votantes sus verdaderas intenciones al postularse este año a la presidencia de los Estados Unidos o, anteriormente, al senado por el estado de Kentucky en el 2014.

La estética de la producción del comercial del candidato es similar a la fórmula que utilizan los políticos tradicionales. Si la misma fuese vista en mute, se podría pensar que se trata de un verdadero candidato, salvo por algunos letreros que anuncian buenas intenciones pero que luego son tachadas en rojo, como promesas incumplidas. En realidad no ha inscrito su candidatura. Su propósito, o más bien el del movimiento detrás de él, es satirizar la falsedad, la hipocresía y la corrupción que reviste y caracteriza a las campañas electorales de demócratas o republicanos.

Su nombre es Gil, Gil Fulbright. Un candidato que confiesa en sus mensajes lo que en verdad le interesa: las donaciones de los contribuyentes, el dinero que puede amasar: dos millones de dólares, please. Es Honest Gil, candidato a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en 2016.

En El impostor, un libro notable, Javier Cercas afirma: “La realidad mata, la ficción salva”. Esta novela sin ficción, como la llama el propio Cercas, enhebra dos historias. La primera y principal es la de Enric Marco, un catalán que hizo creer a todo el mundo que había estado en el campo de concentración de Flosenbürg en Alemania. Valiéndose de múltiples triquiñuelas se convirtió en el portavoz de aquellos que habían sufrido las penurias del nazismo, presidente de la asociación de deportados de Mauthausen, otro campo de exterminio. Los españoles deportados, cabe destacar, fueron pocos comparados proporcionalmente con las víctimas de otros países europeos; hecho que facilitó la invención de su personaje.

 “Describía el campo, inventaba anécdotas e historias, recreaba atmósferas y estados de ánimo, daba detalles de fechas, de lugares, de personajes, como un novelista que ha aprendido su oficio”, afirma Cercas. Para fabricarse su personaje, se valió de experiencias reales que combinaba con mentiras. Marco estuvo detenido en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial pero jamás en el campo de concentración de Flosenbürg, que se forjó como objeto de su argumento e impostura. Todo, además, en función de la buena causa de trabajar en nombre de la de los que sufrieron los horrores de la guerra, para complicar más el asunto. Un buen farsante o un farsante de nobles propósitos, cuyo pecado sería el de alimentar su ego del tamaño de España, luego de llevar una vida relativamente gris e insípida, a pesar de haber sido Secretario General de la Confederación Nacional del Trabajo.

 La segunda historia de El impostor converge del lado autobiográfico de la narrativa, las vacilaciones y tormentos de Cercas al emprender el proyecto de escribir el libro, en el que el autor trata el tema de su propia impostura como escritor. Marco le dice a Cercas que lo que Cercas hace es lo mismo que él hizo, al referirse a otro libro de Cercas, Soldados de Salamina, en el que se inventó un personaje que insertó en un libro de hechos reales. “Como sabe cualquier mentiroso, una mentira solo triunfa si está amasada con verdades”. El novelista asegura que la diferencia entre Cercas y Marco es que el novelista tiene licencia para mentir.

El impostor bien podría haberse llamado Crónica de una mentira. El autor admite los paralelismos entre las historias de ambos cuando afirma: “Como Marco, el novelista se inventa una vida ficticia, una vida hipotética, para esconder su vida real y vivir una vida distinta, para procesar las vergüenzas y horrores e insuficiencias de la vida real y transformarlas en ficción”. Como las ocultas verdades de los políticos que Gil Fulbright, un hombre honesto, hace ver a través de la impostura en los comerciales como candidato presidencial.

Hay realidades que son tan reales que parecen fabricaciones o fantasías. El novelista se ve muchas veces obligado a atenuar la realidad para generar verosimilitud, para que el lector se crea el cuento. El siguiente caso de la vida real lo describe como un ejemplo preciso. El New York Times en su edición del 28 de febrero de 2016, titula un artículo: Un hombre mentalmente perturbado asesina a un profesor en un refugio de Harlem. La historia reporta que Mr. Anthony White, de 21 años, mató a su compañero de refugio, Devon Black, de 62 años.

Mr. Black era un respetado profesor en el sistema de escuelas públicas de nueva York que sufrió un retiro forzado y luego entró en bancarrota. Ambos eran compañeros de cuarto en un refugio para homeless, para aquellos que no tienen un lugar donde pasar la noche. Mr. White le cortó el cuello y mató a Mr. Black. Mr. White killed Mr. Black. Mr. White es de raza negra y Mr. Black es de raza blanca. El señor Blanco es negro y el señor Negro es blanco. Si esta historia de la vida real se contara en un relato sin ficción, el lector no se la creería, pensaría que es esperpéntica y exagerada. Para hacer algo creíble, ante lo abrumadora que puede ser la vida misma, con frecuencia hay que agregar ficción, dosificar la realidad, para generar verosimilitud y ganarse la confianza en el lector. De nuevo: “La realidad mata, la ficción salva”.

En la inquietante y lúcida novela El adversario, un impostor, Jean Claude Romand, acabó matando a su mujer, a sus dos hijos pequeños y a sus padres para que no descubrieran una mentira que había sostenido durante años. Romand había hecho creer a todo el mundo que era médico. Cuando se iba al trabajo realmente pasaba el tiempo en las carreteras, en los parques, o en lugares que le servían para consumir las horas del día, dormir o leer. Supuestamente trabajaba en la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, pero se sostenía económicamente saqueando las cuentas de sus padres, suegros, la de un tío y hasta la de su amante (a la que también intenta asesinar). Todo en base a falsas inversiones. A punto de ser descubierto, prefirió matar a su familia entera y ser condenado a cadena perpetua. Esta novela de no ficción comienza de la siguiente manera:

“La mañana del sábado 9 de enero de 1993, mientras Jean-Claude Romand mataba a su mujer y a sus hijos, yo asistía con los míos a una reunión pedagógica en la escuela de Gabriel, nuestro hijo primogénito. Gabriel tenía cinco años, la edad de Antoine Romand. Luego fuimos a comer con mis padres, y Romand a casa de los suyos, a los que mató después de la comida”.

La realidad supera a la ficción, como se dice comúnmente. Vivir casi toda la vida en base a una mentira. A las sociedades, en general, les dificulta detectar a un buen mitómano. La española fue incapaz de desenmascarar a Enric Marco, si no fuese por la terca labor de Benito Bermejo, un historiador detectivesco que se ha dedicado a descubrir impostores en los campos nazis. Gil es distinto porque sabemos desde el principio que Honest Gil nos miente en nuestra cara, haciéndose pasar por candidato.

El caso de las obras de no ficción nos lleva a hacernos las siguientes preguntas: ¿Es posible mantener la certeza de que no se incurre en ficción a lo largo de una novela sin ficción? ¿Acaso el uso de ciertas palabras, escogidas de determinada manera, no influyen en la interpretación de la realidad? ¿Cómo se puede comprobar la veracidad absoluta de los hechos sin la presencia de testigos? Más aún: ¿existe lo absoluto?; ¿acaso no todo es relativo? ¿Un testigo será imparcial solo por ser testigo? ¿Y si el testigo sufre de alteraciones psicológicas de percepción de la realidad? ¿Acaso no se ve en parte prejuiciada la descripción de lo ocurrido en base a nuestros valores, intereses, creencias y puntos de vista?

 Muñoz Molina afirma que con solo una pizca de ficción todo se vuelve ficción. Cercas coincide: “Un solo dato ficticio convierte un relato real en ficción y, al modo de germen causante de una epidemia, puede contaminar de ficción todos los relatos que derivan de él”. ¿Cómo saber entonces si un novelista de no ficción nos engaña con pequeñas mentiras de difícil comprobación como las mentiras de los políticos que satiriza Honest Gil?

The lifespan of a fact (La esperanza de vida de un hecho) aborda la pregunta de cuánto es posible negociar la distorsión de un hecho, tal cuál como se presume haber ocurrido. Este libro navega en los supuestos límites de la no ficción literaria. A su autor, John Agata, se le pide que escriba para una revista un artículo que se titula About a Mountain (hoy en día un libro), pero el mismo es rechazado por imprecisiones en los hechos narrados. El artículo fue aceptado por otra revista, no sin antes ser sometido al llamado fact-checker, una figura poco usual en la escritura de crónicas de la tradición hispanoamericana, en la que una persona es contratada por un periódico o una revista para verificar la veracidad de los hechos.

La esperanza de vida de un hecho retrata el agónico proceso de siete años que vivió Agata sometido al escrutinio de Jim Fingal, el fact-checker. La visión de Agata es que un hecho no tiene que ser cien por ciento idéntico a como se supone que ocurrió, si no sirve para retratar la realidad (Mr. White que es negro mata a Mr. Black que es blanco; por ejemplo). Afirma que el autor de no ficción tiene licencia para alterar algunas cosas y poder crear un retrato de la realidad que sea comprensible al lector. Es el mismo argumento que utiliza el incasable Enric Marco para justificar su impostura como víctima de un campo de concentración: “No había mentido sino solo había alterado la verdad”. Fingal, tomándose a pecho su trabajo como fact-checker, piensa todo lo contrario. El libro reproduce todas las conversaciones por correo que duraron siete años, preguntas y respuestas, para determinar la veracidad de los hechos. Un ejemplo de los muchos diálogos que aparecen sería el siguiente:

Fingal: John, de acuerdo a las cifras oficiales ese mismo día ocurrieron ocho infartos en vez de cuatro. ¿No deberíamos cambiarlo a ocho?

Agata: Me gusta como suena. Dejémoslo así.

Fingal: Eso sería intencionalmente inexacto.

Agata: Sí, probablemente.

Fingal: ¿No te preocupa tu credibilidad con los lectores?

Agata: Realmente no. No soy candidato a ningún puesto público. Estoy tratando de escribir algo que suene interesante al lector.

Fingal: ¿Al punto de que el lector deje de confiar en ti?

Agata: Al lector que le importe la diferencia entre cuatro y ocho infartos debe dejar de leerme. Al lector que le importe contar con frases interesantes y el efecto metafórico que la acumulación de esas frases genera, probablemente me perdone.

Otro ejemplo:

Fingal: Sabemos que Levi Presley se lanzó de la torre del Stratosphere Hotel a las 6:01:43 y que tocó el pavimento a las 6:01:51, según los informes ¿Por qué alterar el tiempo aunque sea por un segundo?

Agata: Es solo un segundo. Necesitaba que cayera por nueve segundos en vez de ocho segundos… Estaba trabajando en una conexión temática del número nueve con el ensayo en general.

Fingal:¿Podrás corregirlo para hacerlo más preciso?

Agata: Necesito trabajar el número nueve como parte integral del ensayo. No lo voy a cambiar.

Fingal: ¿Lo arruinaría ser más preciso?

Agata: Sip (Yup).

Frank. L. Ridley es un actor de televisión, teatro y cine, moderadamente conocido, que ha obtenido más de un millón de visitas con el cúmulo de sus videos representando a Gil el Honesto. Ha sido entrevistado, o su historia referida, en las cadenas y programas de televisión más importantes del estamento estadounidense. Si se aparece en un evento político, como un coleado en una fiesta, la gente y hasta los mismos candidatos lo saludan con una sonrisa en la cara; como si fuera un político real.

 Detrás del personaje ficticio de Gil está la organización Represent.Us, que pretende crear, a través de parodias de anuncios televisivos de candidatos, conciencia acerca de la manera corrupta como se financian las campañas políticas en los Estados Unidos. Este propósito, a través de una ficción, coincide completamente con uno de no ficción: el discurso de Bernie Sanders, candidato demócrata, y sus constantes denuncias sobre el sistema de financiamiento corrupto de las campañas presidenciales. Frank, Frank Y. Ridley, Gil, Gil Fulbright, Honest Gil, o como quiera que se le llame (¿realmente importa?), admite sin reparos en el comercial: “Yo estoy medito en esto por el dinero, pero al menos soy honesto”.

Pedro Plaza Salvati 

Comentarios (3)

icovarr
9 de febrero, 2016

El artículo es interesante, pero lo pierde la ambición de querer contar y analizar muchos sucesos a la vez. Se desordena. El tema de las imposturas conecta con aspectos de la conducta humana y de la sicología que desarrollamos para afrontar (y contar) la realidad, donde la frontera entre imaginación y hechos reales puede volverse difusa. Oliver Sacks hablaba de la capacidad de las personas de tomar prestados recuerdos de otros e internalizarlos de una manera que terminamos pensando nos ocurrieron a nosotros. Supongo que el éxito de muchos impostores se debe a tener esta capacidad más desarrollada que la media. Algunos combinan esta capacidad con otra más sutil, de intuir qué es lo que tu quieres oir de ellos, cuál es la historia que te gustaría escuchar. Y pensar que en Venezuela tuvimos un presidente que, a mi entender, tenía bien desarrolladas ambas capacidades, una suerte de impostura populista que le dio, en lo personal, muy buenos resultados.

Sheyla Falcony
10 de febrero, 2016

Desde luego..el absoluto ..no existe..todo es medianamente ficticio..todo es medianamente cierto..También es cierto que al Hombre desde tiempos remotos, le gusta disfrutar de la magia en todos sus escenarios..y cuando son poco probable que existan..las añade a su fantasia personal..El marketing presidencial siempre está adobado con mucha fantasía deshonesta..Recuerdo con tristeza las payasadas del candidato chávez..todos cayeron como corderitos y HOY NO TENEMOS PAIS..ahora vamos a tener que vendernos al mejor postor..sigue siendo muy triste este ejemplo. En EEUU los presidentes no pueden vender muchas mentiras porque lo que ELLOS ofrezcan..depende, en gran medida, de otros poderes….y los gringos tienen ese detalle bien claro. Bueno estos temas son muy complejos porque tienen muchas aristas.

Alfredo Plaza Salvati
11 de febrero, 2016

Querido hermano:

Te felicito por tu artículo..!!

Nada es mas cierto desde mi punto de vista y criterio, que casi la totalidad de la población mundial vive de alguna forma y con mayor o menor profundidad, una vida ficticia como Javier Cercas y Jean Claude Romand.

La analogía de lo real entre lo ficticio y la realidad que haces es excelente. Es mas, mi propia vida tiene mucho de ficticio de lo cual yo mismo he llegado a pensar que son realidad y….no lo son.

Creo que al menos vas a dejar a muchísima gente en un limbo que al final no van a saber si vivieron realmente o si fueron solo una ficción de la vida. O sea, no sabrán si existieron o no.

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