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¿Un Gramsci madurista?; por Rafael Rojas

Por Rafael Rojas | 29 de junio, 2017
Imagen de Getty Images

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En vano habría de buscarse una presencia sólida de Antonio Gramsci en medio siglo de documentos de un Partido Comunista como el cubano, hecho a la medida del modelo soviético.

Gramsci, en Cuba, fue lectura de minorías de marxistas heterodoxos, como Fernando Martínez Heredia, director de la breve revista Pensamiento Crítico, recientemente fallecido en La Habana, marginado durante los años 70 y 80 y parcialmente reivindicado, a partir de los 90, por una burocracia que, hasta hoy, nunca entendió la diferencia entre sociedad civil y Estado, hegemonía y dominio o intelectual tradicional e intelectual orgánico.

Sin embargo, esa franja de la Nueva Izquierda que tras renunciar a los ideales del 68, mantuvo o reforzó su adhesión a Fidel Castro, a pesar de la larga componenda de éste con el dogmatismo moscovita, y que, de su mano, transfirió esa sujeción a Hugo Chávez en los 2000, intentó reciclar a un Gramsci distorsionado, que ahora le sirve para legitimar la represión en Venezuela. Llama la atención que algunos de los defensores de Nicolás Maduro en la izquierda latinoamericana citen insistentemente a Gramsci como “leninista” o como “leal a Lenin”, tratando de sugerir que todos los gramscianos latinoamericanos deberían extender esa misma lealtad al caudillo venezolano.

¿A qué viene la letanía sobre una “gramscianización del antimperialismo”? Por supuesto que hubo coincidencias con los bolcheviques, pero también claras divergencias del marxista italiano con el naciente “marxismo-leninismo” de Bujarin y Stalin. Las críticas de Gramsci al manualismo soviético, a su versión escolástica del materialismo histórico y a su subestimación de los problemas de la cultura y la democracia, es archiconocida. Quienes demostraron la pertenencia de Gramsci al “marxismo crítico”, una tradición filosófica diferente a la soviética (Merleau-Ponty, Wright Mills, Anderson, Poulantzas, Buci-Glucksmann, Laclau, Mouffe…) o, más cerca de nuestro contexto, José Aricó, zanjaron la cuestión desde hace décadas.

Contra toda esa sabiduría pretende levantarse la burda construcción de un Gramsci leninista, entiéndase, castrista y madurista. Un Gramsci que se esgrime para superponer la lealtad a la crítica, el silencio a la disidencia, la subordinación a la autonomía. Cuando los maduristas machacan que Gramsci pensaba que, en tiempos de guerra, había que respaldar las políticas más “radicales”, ¿qué quieren decir? ¿Cómo trasplantan a Gramsci a las calles de Caracas?

Lo que sugieren es que el marxista italiano habría recomendado apoyar el proyecto de Nicolás Maduro. Por si fuera poco, imaginan a los gobiernos de Venezuela y Cuba a la vanguardia del “anticapitalismo”, cuando ambos no hacen más que encabezar dos modalidades, cada vez más parecidas, de capitalismo de Estado. El madurismo está enterrando el chavismo y, con éste, lo poco, más o menos respetable, que quedaba del marxismo populista o de simpatías “bolivarianas”.

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Rafael Rojas Rafael Rojas es autor de más de quince libros sobre historia intelectual y política de América Latina, México y Cuba. Recibió el Premio Matías Romero por su libro "Cuba Mexicana. Historia de una Anexión Imposible" (2001) y el Anagrama de Ensayo por "Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano" (2006) y el Isabel de Polanco por "Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica" (2009).

Comentarios (2)

Estelio Mario Pedreáñez
29 de junio, 2017

El siempre lúcido Rafael Rojas parte de la buen fe y le concede méritos intelectuales a muchos de quienes han ocupado cargos públicos en Venezuela y se disfrazaron de “Izquierdistas” (simbología política surgida en París durante la Revolución Francesa). En Venezuela la mayoría son ignorantes ambiciosos de poder y dinero, que nada saben de Antonio Gramsci, el revolucionario italiano muerto en la cárcel del fascista Mussolini. Los ignorantes se disfrazan con ideología totalitaria marxista pagar encubrir sus fines inconfesables: Saquear a Venezuela y someterla a a la opersión, al hambre y esclavitud. El Comunismo Marxista es utópico y Karl Marx se copió las ideas del revolucinario francés del siglo XVIII, Francois Babeuf, creador de la Tesis de la “Dictadura de los Trabajadores” (1795), quien sí reveló su inspiración en la Antigua Esparta, primera experiencia histórica de Estado Totalitario en Occidente, donde vivieron los “Hombres Nuevos”, los “Iguales o Homoi”, 700 años antes de Cristo.

Brother Full
30 de junio, 2017

Fidel sabía bien la pobre formación ideológica de Chavez. En sí, el Plan de la Patria es la más acabada demostración de su pensamiento ensimismista (su soporte ideológico es, porque yo lo pienso). Lo vemos en esta cita: “Por eso, es que voy a valerme del pensamiento, de algunas de las ideas de ese gran pensador revolucionario italiano, Antonio Gramsci, para hacer una reflexión sobre el momento que estamos viviendo”. “Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer”. “En el tiempo y en espacio donde esto ocurre, ahí se presenta una auténtica crisis orgánica, crisis histórica, crisis total”. “Aquí en Venezuela no lo olvidemos, desde hace varios años estamos en una verdadera crisis orgánica, una verdadera crisis gramsciana, una crisis histórica. Lo que está muriendo se niega a morir y todavía no termina de morir y lo que está naciendo tampoco ha terminado de nacer”.

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