Perspectivas

Toallitas de tela, misoginia y politiquería en Venezuela

Por Cristina Gil | 10 de Abril, 2013

A continuación publicamos réplica solicitada por Cristina Gil.

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Medios de difusión entre los que cabe mencionar a La Patilla, El Propio, Notitarde, Noticiero Digital, Primicia, entre otros, se hicieron eco de una campaña de tergiversación de la información que vincula un antiguo microemprendimiento adelantado por un grupo de mujeres desde los andes venezolanos, con una supuesta imposición gubernamental para sustituir el uso de toallas sanitarias desechables. Los titulares fueron “El gobierno lanzó las nuevas toallas sanitarias reusables”, “Socialistas revolucionan las toallas sanitarias y las convierten en ecológicas”, “¡Insólito! Estas son las toallas sanitarias socialistas”. Las escuetas notas se limitan a difundir el video grabado en el marco del programa Consumo Cuidado de Vive Tv y alientan a un público prejuicioso y polarizado a hacer comentarios agresivos y a replicar aquello como un intento gubernamental más por “cubanizar” la realidad venezolana. Por supuesto, no faltaron personajes como Rafael Osío Cabrices e Ibeyise Pacheco, quienes difundieron la mofa desde sus cuentas en redes sociales, develando y promoviendo un tratamiento no sólo politiquero de un tema tan sensible e interesante, sino además caracterizado por esa aversión hacia el cuerpo femenino y sus procesos psico-biológicos tan vinculado a la misoginia.

Ninguno de estos personajes realizó alguna indagación formal sobre el tema antes de dar crédito a la “noticia”, atentando contra cualquier ética periodística. En este sentido, ante la invitación de varias mujeres a profundizar en el tema, @osiocabrices expresó “¿Cómo me debo educar, según usted? ¿Vuelvo a la primaria, o me cambio de sexo para “menstruar en tela”?”. Por su parte, los “médicos” que hacen vida desde @IMPROSEXUAL pretendieron dar un tratamiento igualmente ligero al asunto, expresando que “El Derecho a disfrutar de los beneficios de los avances científicos es un Derecho Humano”, a la vez que intentaron posicionar etiquetas como #NoAlRetroceso #NoALaInvolución.

Por su parte, Naky Soto, en una nota publicada en Prodavinci y titulada “Las toallas sanitarias y el capitalismo salvaje”, difundió un micro-reportaje en el que mujeres cubanas refieren sus dificultades para acceder a las toallas sanitarias desechables. En este micro se evidencia, además, que el uso de toallas de tela no es una constante en Cuba y que de hecho no se han dedicado a promocionar su uso ni discutido la opción como de empleo permanente. Al mismo tiempo, Soto expresó: “Es curioso que se promocione ahora [la toalla de tela], cuando la inflación, la escasez, la reducción de marcas por falta de materiales para su producción o la reducción de importación, han marcado tan severamente la oferta de toallas sanitarias disponibles en nuestros mercados. La ecología se convierte en el argumento para maquillar las fallas en economía.” Naky se equivoca en su enfoque. Quienes recurrimos a las toallas de tela, las confeccionamos y promocionamos, no lo hacemos con intención de disfrazar las posibles disfunciones del sistema (no tenemos ese poder ni el interés siquiera). Lo hacemos porque comprendimos el grave impacto ambiental que generan las opciones predominantes en el mercado y porque además perdimos el miedo y nos animamos a salir de la dependencia, nos enamoramos de los resultados y estamos dispuestas a defender esa autonomía alcanzada, nuestro derecho a vivir nuestra menstruación como nos venga en gana y a ayudar a otras mujeres a reconciliarse con sus ciclos, fluidos, cuerpos, sexualidad. La politiquería nunca nos ha brindado un enfoque lo suficientemente amplio como para comprender las tantísimas motivaciones de nuestro hacer en sociedad. Creemos que esta propuesta de uso de alternativas ecológicas para la menstruación merece un tratamiento serio alejado de cualquier manipulación con fines electorales y la seriedad de ese tratamiento dependerá siempre de una sustentación de los argumentos a favor o en contra de la propuesta, jamás de mitos, supuestos, falacias, apego a costumbres y/o hábitos.

Algún asomo de curiosidad dejó entrever la periodista Milagros Socorro, quien desde Código Venezuela dio difusión a su nota titulada “Polarización y toalla sanitaria”. En la nota, la periodista -quien se adscribe a la tendencia partidista de la MUD- reconoce que las toallas de tela no son un invento “socialista”, que éstas se distribuyen en varios países latinoamericanos (quizá desconozca que la propuesta está en todo el mundo y que se comercializa con mayor solidez en Norteamérica y Europa) y que el tratamiento dado al tema en los medios de difusión y redes sociales puede tener mucho de misógino. Alega la periodista que “es posible encontrarle ventajas a la toalla sanitaria de tela”. No profundiza, sin embargo, en esas ventajas simplemente porque no las conoce (ella evidentemente nunca las ha usado). No obstante afirma que una toalla de tela contamina tanto como una desechable porque para su lavado requiere de agua y jabón. Este razonamiento ingenuo ha sido debatido ampliamente en foros promovidos por mujeres que avalan el uso de las toallas de tela. Hacer una toalla desechable requiere de una utilización de agua muy superior a la que requerirá el lavado de una toalla de tela. Y evidentemente, la toalla desechable será empleada sólo una vez y luego irá a ríos, mares, vertederos, a seguir contaminando espacios. Las toallitas de tela son las que garantizan el menor impacto ambiental.

Socorro también asume el riesgo de tocar muy superficialmente el difícil tema del “tiempo libre” para sostener el argumento de que por cuestiones de tiempo, las toallas de tela no son una opción viable. Quienes conocemos la dinámica de utilización y reutilización de toallas de tela sabemos que la demanda de tiempo que nos hace el lavado de nuestras prendas absorbentes no es superior al que nos demanda el lavado de nuestra ropa íntima. El día que empecemos a usar ropa interior desechable “por falta de tiempo”, allí podremos sentenciar que el sistema opresivo capitalista definitivamente nos ha aplastado.

Socorro expresa: “El punto es que la polarización, la misoginia, la pereza y los prejuicios no nos impidan analizar las cosas y sacar de ellas lo que pueden tener de bueno.” En ello coincidimos totalmente con la periodista y nuestro llamado es a acercarnos a estos temas y discutirlos siempre desde el respeto a las distintas perspectivas que nos representan y a la condición femenina que nos configura.

A estas alturas del embrollo mediático, necesario es reconocer que la escuela moderna incorpora el estudio de nuestro cuerpo y sus procesos desde una perspectiva netamente biologicista que no aborda los aspectos psicológicos vinculados y muchas veces limita la comprensión cabal de las relaciones que guardamos con estos procesos desde la cotidianidad. El hogar promedio actual, por su parte, aporta una comprensión casi siempre prejuiciosa y plagada de tabúes en las que el silencio y/o la desacralización constituyen el pivote de las relaciones intrafamiliares. De allí que nuestra formación en materia de salud reproductiva y sexualidad en general sea prácticamente nula.

En este sentido, la comprensión de la menstruación que nos aporta la escuela, tiende a ser limitada al desprendimiento de un óvulo no fertilizado que se evidencia en el sangrado. Y en el hogar, el primer sangrado menstrual es una advertencia de fertilidad, un yugo moral que obliga nuevas formas de comportamiento y/o una experiencia que rompe en gran sentido las relaciones de la niña con su entorno y demás miembros familiares.

Ha sido, sin duda, la configuración patriarcal de nuestras sociedades la responsable de que esto ocurra del modo en que viene ocurriendo. El marco social que habitamos hace dolorosa y traumática la experiencia de la menstruación y lo hace así no sólo como mecanismo de control para con las mujeres sino porque además de este modo puede también vender la vergüenza que promociona su estereotipada publicidad del usar y tirar.

Las mujeres menstruantes llegamos a pagar por compresas blanqueadas y perfumadas, contenedoras de celulosa, geles y aditivos químicos que prometen hacernos sentir verdaderamente cómodas con nuestra “inestable feminidad”, “limpias”, “blancas”, libres de nuestro “hedor”, y que además generan un impacto ambiental terrible y no pocas alteraciones a la salud de quien las usa (irritaciones, hongos, por decir las más comunes). Se nos ha negado así la posibilidad de comprender del todo que nuestra sangre no es sucia ni fuente de contaminación alguna. Se nos ha enseñado a sentir asco ante nuestros propios fluidos. Y así, nuestro nivel de dependencia de estos productos desechables ha llegado a ser tan grosero que en muchas ocasiones ellos son considerados parte de una “cesta básica”, es decir, “indispensables en el hogar”, elementos permanentes del presupuesto familiar mensual.

A finales de 2010, la mayor parte de los empresarios venezolanos comenzó a jugar con nuestra terrible dependencia de toallas sanitarias y pañales desechables. Una supuesta escasez escondió intenciones de acaparamiento y especulación que pusieron contra la espada y la pared a casi toda la población. Extrañamente (hablar de la menstruación sigue siendo un tabú), las voces que se alzaron en la denuncia fueron casi siempre masculinas: padres, compañeros, esposos que eran “enviados hacia la búsqueda desesperada” de los productos faltantes y se encontraron impotentes ante la ausencia o el altísimo costo de lo hallado tras mucho andar. Exigieron entonces “opciones alternativas” para liberarse de aquella manipulación. (Esa participación masculina pudiera considerarse sintomática de un proceso de transformación de nuestras relaciones sociales. Deben quedar atrás los tiempos oscuros en los que había temas que sólo podían ser abordados por públicos determinados. En la medida en que nuestros compañeros hagan parte de discusiones en temas de sexualidad femenina, crianza, etc., estaremos dando un paso al frente hacia la construcción de las necesarias nuevas masculinidades.) Estoy segura de que más de una mujer pensó entonces en su abuela, en los trapitos que usó la abuela, pero entonces sintió miedo. Sí, nos han enseñado a desconfiar del conocimiento ancestral, heredado, extra-académico, en nombre de un mentado “progreso” que apenas llega a ser grillete y cadena disfrazados de “comodidad”. En este sentido es necesario expresar que quienes vinculan el uso de alternativas ecológicas con “atraso” e “involución” manejan una concepción bastante confusa del bienestar y la vida digna en general. Desconocen que la experiencia, el abandonar las opciones desechables para volver a la tela, garantiza una transformación íntima en la mujer que no tiene marcha atrás. La naturaleza de esta transformación es sumamente difícil de explicar, quizá imposible. Hay que vivirlo: se trata de reconocimiento y aceptación. Se trata de autonomía y dignidad. Se trata de vencer el miedo, romper la dependencia, recuperar el vínculo sagrado con nuestro cuerpo, nuestra sangre y muy especialmente con nuestro útero -segundo corazón, adormecido y rígido por tantos años de cultura patriarcal-. El llamado es entonces a indagar, hurgar entre los testimonios de mujeres que se han atrevido al cambio. Son ellas las únicas que podrían ofrecer una voz transparente de cara a un asunto tan delicado como el que hoy nos ocupa.

Actualmente, la propuesta del uso de alternativas ecológicas para la menstruación pugna por hacerse escuchar en nuestro país. Es meritorio el trabajo de varias mujeres que se han dado a la tarea de distribuir la maravillosa copa menstrual, un dispositivo de colocación intravaginal elaborado con silicona médica cuya función es recolectar el flujo de sangre. Quienes usamos la copa y aprendimos con ella a conocer nuestro cuerpo y ciclo, no dudamos un instante en recomendar su uso y apoyar cualquier campaña que promueva su distribución masiva.

También han empezado a ejecutarse los talleres de elaboración de toallitas femeninas de tela, un espacio en el que se conversan temas vinculados a la menstruación y al uso de alternativas ecológicas y en el que cada participante tiene la posibilidad de confeccionar su propia compresa absorbente para usar durante los días de sangrado.

La distribución de toallitas femeninas de tela en nuestro país nunca ha sido a través de alguna iniciativa gubernamental. Ella hoy se da a través de las iniciativas de mujeres creadoras, autónomas y autogestionadas, cuyo trabajo se enmarca en el pequeño comercio artesanal de nuestra ciudad capital. Acudir a ellas es, en gran sentido, dar un paso al frente por la construcción de una nueva conciencia del hacernos. Ningún afán politiquero y/o misógino podrá impedir que las voces de las mujeres que somos, se haga escuchar en la Venezuela de hoy.

Cristina Gil 

Comentarios (13)

Milagros Mata-Gil
10 de Abril, 2013

Es comprensible que la microempresaria de las “toallas reusables” defienda su posición. Por lo demás, debe considerarse un acto más de libertad individual que las mujeres puedan escoger entre las opciones que les pueda ofrecer un mercado sano. Personalmente, y no por misoginia, me parece repugnante eso de tener que lavar toallitas y usar el agua “para regar las plantas”.

Miguel
10 de Abril, 2013

A mi modo de ver, tal vez algo de lo que “ayudó” a “polarizar”, en un clima altamente polarizado, el video fue el empleo, durante el video y por parte de la expositora en el mismo, de que la toalla sanitaria de tela y re-usable permitía-ayudaba-facilitaba-contribuía a combatir el “capitalismo salvaje”, “expresión de combate” de una de las “polarizadas” partes del país… ante lo cual la otra pudo “entender” que no se trataba una propuesta “inocente” sobre “…un antiguo microemprendimiento adelantado por un grupo de mujeres desde los andes venezolanos…”

María Carnicero
10 de Abril, 2013

Todo iba bien hasta que llegué a leer esta frase:”conocimiento ancestral, heredado, extra-académico”. Recuerdo muy bien ese tipo de conocimiento que impedía a las mujeres realizar muchas tareas porque tenían la menstruación y la leche se cortaba y el bizcocho no subía y además esos días las mujeres eran impuras. Mi madre si usaba las toallas de tela que se lavaban en casa y había que dejarlas en remojo y blanquearlas al sol, abultaban, se notaban, eran incómodas. Señoras a otro perro con ese hueso. Lo tengo claro NO a las toallas de tela reusables. VIVA LA COMODIDAD.

Jenny
10 de Abril, 2013

Bueno, para quienes quieran probar, las de ahora son mucho mas comodas que las de las abuelas: mas delgadas asi que no incomodan ni se notan en la ropa, con broches en las “alitas” para mantenerlas en su lugar y evitar filtraciones por los lados como traen las desechables, y en mi experiencia no huelen mas que una desechable, no necesitas blanquearlas al sol, solo las remojas despues de usarlas y las metes despues a la lavadora con el resto de tu ropa. Lo que si es un cambio importante para mi es que a diferencia de las desechables de plastico y papel, estas no me irritan entre las piernas o en el borde del calzon. Las toallas se venden por internet o en ferias verdes en diferentes paises, por ultimo prueben antes de crucificarlas, no van a gastar mas dinero del que gastan en las desechables al mes y quizas logren dejar de hablar de la menstruacion como algo asqueroso o sucio, solo es sangre, uno mas de los tanto fluidos que nuestro cuerpo crea y usa para funcionar.

LissetteCGA
10 de Abril, 2013

Yo quisiera preguntar a las promotoras de las toallas reusables cuál es la logística que sugieren para las mujeres que pasamos muchas horas fuera de casa. Sí uno sale de casa antes de las 7am y vuelve hacia las 6pm, ¿cómo se hace durante todo el día con varias toallas sucias?

Golcar Rojas
11 de Abril, 2013

Libertad. A eso se resumiría todo. Lo ideal sería que cada quien tenga la libertad de usar la toallas sanitarias que más les plazca. Que las mujeres tengan la posibilidad de ir al supermercado y conseguir todas las toallas sanitarias existentes, hasta las re-usables que no son ningún invento de estas humildes emprendedoras pues hasta por Amazon las venden y en dólares del imperio mesmo. O sea, un negocio más del capitalismo salvaje. Que las mujeres decidan si usan unas desechables o se sientan en una máquina de coser a hacer las re-usables para luego lavarlas y volverlas a utiliza. Lo grave es que tengan que usar los trapitos porque en el mercado “socialista” se extinguieron las descartables. De ecología ni me hablen porque las supuestamente “ecológicas” tendrían que ser lavadas con DETERGENTES, si productos químicos que las desinfecten eficientemente para evitar infecciones y cuyos residuos terminan contaminando aguas y tierras mucho más de lo que podría contaminar una toalla descartable bien desechada luego de utilizarla. Punto aparte el gasto en agua para lavarlas. ¿O también harán como las abuelitas? ¿Se irán a lavarlas al río? ¿A contaminar el río con el jabón?

Maria F Vargas
11 de Abril, 2013

Yo estoy de acuerdo que exista emprendimiento y opciones más ecológicas. Pero no estoy de acuerdo que se usen palabras como “capitalismo salvaje” para promocionar un artículo, ahí comienza nuevamente la polarización y la falta de respecto por las libertad a escoger.

Esta no es una solución para todas, especialmente porque las mujeres tenemos necesidades distintas durante nuestros ciclos y además llevamos actividades diarias muy diversas, muchas mujeres somos profesionales y pasamos largas horas fueras de casa.

Helga
11 de Abril, 2013

Las mujeres durante muchísimos años usaron toallas femeninas que se elaboraban en casa…..y las odiaban, al igual que odiaron lavar pañales, planchar con planchas de hierro rellenas de carbón, lavar con ceniza, limpiar alfombras con palazos y parir todos los años porque no había control de la natalidad ni pastillas anticonceptivas. Respeto los argumentos de la señora Cristina Gil, mas no los comparto. Pienso que esta sociedad venezolana no es para nada patrialcal sino más bien matrialcal, porque la inmensa mayoría de los hogares nuestros son llevados por las mujeres, las cuales salen a trabajar a la calle por más de doce horas incluyendo colas y colas, para llegar a sus casa a cumplir también labores del hogar. Solamente por un momento recreemos un día cualquiera en la vida de estas mujeres y explíquenme el por qué debemos privarlas de su comodidad íntima y retrocederlas en más de un siglo en su higiene? Por favor, no creo que ninguna mujer se sienta más femenina ni más reconciliada con su cuerpo y su entorno lavando toallas empapadas en sus flúidos, como tampoco creo que si tiene lavadora, el resto de la familia se sienta más unida porque junto la ropa de sus integrantes se laven estas nuevas prendas femeninas. Me intriga profundamente saber cuál es la logística propuesta para la manipulación y almacenaje de estas toallas usadas durante el día, hasta llegar a la casa. Perdónenme, pero, sí, sí y sí pienso en el HEDOR y se me revuelve el estómago. No sé a cuantas mujeres les atraiga esta “transformación” sobre todo considerando el grandísimo porcentaje de mujeres en edad de menstruar que usan pantaletas bikini e hilo dental, a las cuales hasta donde yo sé ,en este país, no les importa que todos sepamos que tienen dolor de vientre porque les vino la regla. En fin, mis neuronas se desconectan en cuanto razono en la incongruencia de llamar por mi IPhone a traves de la aplicación Viber, o FaceTime a mi hermana en Italia a contarle sobre este “avance” ecológico propuesto en un programa de una televisora del estado, para liberarnos de la influencia del capitalismo salvaje. PD: Ahora que lo pienso mejor, después de ver ese educativo progarma más nunca se me ocurrirá comprar ningúna fruta, verdura o vegetal etiquetado “orgánico” porsia…….Ugggg

Miguel Villegas
11 de Abril, 2013

Estimada Sra. Gil: Soy especialista en Impacto Ambiental, tengo una maestría y un doctorado que avalan lo que escribo en el siguiente párrafo, al menos. Lo digo no porque esto me de la razón, pero si porque al menos es una razón informada.

El material de las toallas sanitarias desechables ha venido evolucionando, hoy en día se encuentran en el mercado artículos biodegradables cuyo ciclo de vida es relativamente corto, plásticos y otros polímeros de corta vida que están diseñadas para minimizar su impacto en el ambiente. Por otra parte, observando el conjunto de desechos que genera una persona “promedio”, la contribución en cuanto a impacto ambiental, de las toallas sanitarias femeninas es mínima, su participacion en la huella ecologica esta muy lejos de ser “grave”, especialmente comparando con lo que contamina una lata de aceite de motor, una lata de aceite de cocina, una pila, o con los mismos pañales desechables, que se utilizan en cantidad y frecuencia muchísimo mayores. En pocas palabras, sus argumentos dan un peso desproporcionado al beneficio real que genera su producto en términos de impacto ambiental.

Creo, por otra parte, que estamos de acuerdo en cuanto a que el actual modelo de producción y consumo es insostenible, yo suscribo eso, que mas que una opinión, es un hecho comprobable. Y defiendo su derecho a promover su producto, por supuesto. Existe un espacio y personas con una manera de pensar que tienen derecho a escoger esta opción, en libertad. Como también es respetable quien no desea invertir su tiempo en lavarlas, o que ve con asco esa actividad. Ud. no es superior a nadie por sentir que eso la acerca mas a su esencia femenina.

Finalmente, cuando envuelve sus argumentos en acusaciones a los hombres misoginos, capitalistas casualmente(¿y que pasaba con los burócratas que controlaban los dolares para importar componentes de la materia prima?), su contra-postura ideológica aflora. Y cuando encuadra a las mujeres que no piensan como Ud. prácticamente como enemigas de clase, es Ud. misma quien plantea el tema en la arena de una lucha política. El que se acerca mucho a la candela, se quema.

Angélica
11 de Abril, 2013

No considero que esta sea la solución para todas las mujeres. Yo vivo en una ciudad dormitorio, salgo de casa a la 4:00 am y regreso a las 11:pm, luego de trabajar en una oficina, dar clases en dos universidades y ocasionalmente hacer labores de voluntariado con una ONG. No me provoca cargar toallas con fluidos en descomposición en mi bolso todo el día y no es una mala relación con mi mestruación, la cual considero parte indivisible del hecho de ser mujer, es un tema de higiene. Tampoco me provoca invertir mi tiempo libre en remojar toallitas, prefiero usarlo para compartir con mis hijos y sobrinos, frutos de esos ovulos que no murieron en el intento.

Por otro lado mi abuela (Q.E.P.D.)vivió la epoca de las toallas de tela y las desechables y decía que fue lo mejor que pudieron inventar, pues eran más limpias y más cómodas. Lo de las alergias y las infecciones, hasta donde yo sé, no son casos generalizados y es tan simple como que aquella que las padezca, use la opción que mejor le convenga y no le haga daño, así como mi hija que es alérgica a los camarones no come paella sino arroz con pollo, así que ese argumento tiene sus debilidades.

Por otra parte, al referirse a nuestro actual modo de producción como “capitalismo salvaje” automáticamente el público va a relacionar a estas emprededoras con la tendencia política oficialista, lo cual por supuesto que va a levantar ronchas en un país tan polarizado como este. Además, y es mi posición personal, todos dicen que el capitalismo es malo hasta que le ven los beneficios, y estas señoras, como la mayoría de los empresarios, micro, macro y mega, de este país son capitalistas, pues la base de todo negocio es vender lo que se produce a un precio que supere el costo de produccción a fin de producir ganancias al emppresario, y esa ganancia es lo que constituye el capital. Yo no veo a ningún emprendedor de ningún tipo regalando su mercancía.

Para finalizar y respondiendo al tema ecológico, lavar estas toallas va a requerir el uso de un detergente que va a los rios igual. En Venezuela solo existe una marca de detergente biodegradable, lllamada Amway, que no se distribuye masivamente sino a través de vendedores tipo Avon y la cajita cuesta casi 220 bolívares fuertes, así que el “capitalismo salvaje” se pasaría a manos de los productores del detergente. Y si les preocupa tanto la ecología, dediquense primero a cosas como las latas de alimentos y gaseosas, los envases plásticos de bebidas y tantas otras cosas que se acumulan en mayor medida como basura y son más facilmente reciclables.

Daisy Margarita
11 de Abril, 2013

Muy razonados los argumentos,pues les diré el mío:se trata de una tremenda cochinada.La tela “pesa” al humedecerse,así sea de seda,además,después de unas cuantas horas,la sangre huele a podrido,sí,a podrido.¿Lavarlas? ¡Ptss! pregúntele a la “emprendedora” si ella lava los pañales de sus hijos después de que los ca…y los orinan. Los pañales y las toallas sanitarias son el gran invento del siglo,son una solución higiénica y práctica,se ensucian y a la basura (que es otro asunto).Por favor,no pretendan presentar el tema como si estuvieran resolviendo el teorema de Pitágoras,tampoco tratar de convencernos que reconsideremos “la propuesta ecológica” y “liberadora” de que es “chévere” cada mes, llevar un bojote de tela entre las piernas. Me niego.No al atraso,no a la estupidez.No a las toallas de tela,no a los fertilizantes sanguíneos (¡todo un desafío a la imaginación!), no a los gallineros verticales,no a la ruta de la empanada,no a los cultivos hidropónicos en la avenida Bolívar,no a bañarnos con totuma,no a iluminarnos con velas.Basta ya,quiero pro-gre-so.El día que inventen una toalla virtual que absorba, u otra que teletransporte el fluido, saldré corriendo a comprarla.

EL UNIVERSAL “No es cierto que una toalla sanitaria que pueda usarse varias veces sea 100% ecológica”, asegura Vladimir Valera de la organización ambientalista Vitalis. “Estamos hablando de un producto de higiene íntimo que, para lavarse, se tienen que utilizar ciertos químicos”. Aunque no niega que estas compresas obedecen a un fin ecológico positivo, alerta que los desechos sanitarios están considerados “infecto-contagiosos”, por lo que deben ser manejados con cuidado. “He escuchado que el agua con el que se lava estas toallas sanitarias puede ser usada como fertilizante para plantas. Pero esta agua reutilizada contiene ahora desechos, detergentes y blanqueadores”, explica. Añade también que el algodón utilizado para la elaboración de la compresa pudo haber estado expuesto a fertilizantes durante su cultivo.

Franklin Rojas, presidente de Provita, explica que la industria ha avanzado y han creado toallas sanitarias desechables que no combinan ni polietileno y polipropileno.

Naky Soto
12 de Abril, 2013

Estimada Cristina: Agradezco que hayas redactado tu réplica, pues representa una reflexión importante para el prejuicio adelantado sobre la toalla de tela. Lamento que de mi reflexión sólo hayas tomado las palabras que prueban tu molestia, pues dedico un párrafo a hablar de esta posibilidad, con todo lo que entrevera: un mejor conocimiento de nuestro ciclo, el rendimiento de cada pieza, su traslado, lavado, y el costo de nuevos hábitos en nuestra rutina higiénica. Por eso presenté a @luneritas y @cayenasenflor para quienes están interesadas en probarlas; cerrando con los retos ante la potencial popularización de su uso, pero nunca desvirtuando la posibilidad de su uso.

El micro-reportaje de las mujeres cubanas lo utilicé para probar el punto con el que arranco: la escasez, que tiene un peso específico en la involución que sistemas de gobierno como el que tenemos, terminan creando para nuestros mercados. Esto, Cristina, no se lo endilgo a las toallas de tela, sino a decisiones desacertadas del gobierno en materia económica.

Pero, ¿qué me inspiró a escribirlo? La dinámica expansiva de canales del Estado, ha evidenciado que el sostenimiento de las grillas de cada canal puede ser complejo si los equipos de producción no pueden cubrir sus espacios. Esto ha supuesto una suerte de canibalización de contenidos donde VTV utiliza contenidos de Telesur, y el canal de la Asamblea de Vive, y así van, sorteando contenidos de unos y otros. Por eso se populariza el reportaje de la muchacha y las toallas de tela. Sin duda, el argumento de la ruptura “del ciclo comercial del capitalismo salvaje” fue una innecesaria justificación política/ideológica a un emprendimiento cuyo valor reside en otras características como las que describes: el impacto ambiental, el valor de la autonomía, el derecho a vivir la menstruación como queramos y, en mi criterio, la más importante: ayudar a otras mujeres a reconciliarse con su sexualidad.

De las respuestas más insólitas con las que tuve que lidiar, fueron las expresiones de asco ante sus fluidos. No sé si toda la responsabilidad es endosable a la publicidad, pero admito que a la vez número sopotocientos -no las conté-, me cansé de explicar que es una locura sentir asco por la representación de nuestra condición de fertilidad.

Espero que estés muy bien,

Verónica Faría
13 de Abril, 2013

Veo que le interesa mucho la ecología. Recomiendo contactar a la gente de ECO CLICK, quienes llevan una maravillosa labor promoviendo el reciclaje y evitando que miles de botellas, latas, aceite usado, pilas y material no biodegradable llegue a la naturaleza. Puede usted ser parte de su voluntariado, y le aseguro que hará muchísimo más por el planeta. Ya está demostrado que no son precisamente las toallas sanitarias lo que más contamina el ambiente. Por cierto, la gente de ECO CLICK lleva a cabo sus jornadas sin colocarle absolutamente ningún color político a sus mensajes. Por otro lado, decir que el video está siendo utilizado por la tendencia opositora como un tema político anti-oficialista requiere de mucha ingenuidad: La señorita que muestra las toallas no espera que pasen más de dos minutos de video para soltar la trillada fracesita “capitalismo salvaje”, con lo cual INICIA la propuesta impregnándola de tinte (rojo rojito en todos los sentidos) político. Si esta señorita hubiera sido entrevistada por FLOR ALICIA ANZOLA, quien lleva a cabo una excelente labor dando a conocer programas de emprendimiento e iniciativas útiles para la humanidad en general, y si no hubiese condimentado su parlamento con frases pro-gobierno, le aseguro que la reacción hubiese sido muy diferente, pues esta periodista no promueve ni la descalificación ni el aplauso de una propuesta según su tendencia política. Las cosas como son. Por cierto, al gobierno poco se le ha visto promocionar el reciclaje de materiales como aluminio, papel, vidrio, plástico… curiosamente, en mi ciudad, quien abandera el reciclaje de manera más vistosa y organizada es la alcaldía de Chacao, quien pone a disposición de todos los ciudadanos una decena de parques en los que usted puede encontrar recipientes para colocar todos estos materiales, para posteriormente ser reciclados o alejados del medio ambiente, en el caso de que no se puedan reciclar. Y le aseguro que en estos centros de recolección reciben a todos los ciudadanos con una sonrisa, y nadie pregunta a nadie si está de acuerdo o no con el “capitalismo” y mucho menos si lo considera “salvaje”.

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