Tecnosociedad

Tecnologías para la paz: 3 ideas que sinceran el conflicto; por Luis Carlos Díaz

Por Luis Carlos Díaz | 2 de julio, 2012

Por lo general se habla de paz como si de una foto de folleto religioso se tratara. Se la ve estable, congelada y fácil de entender. Para los expertos como Johan Galtung, la paz trasciende mucho más que la ausencia de un conflicto armado o su latencia, se entiende como la resolución constante de esa gran caja de ruidos y disonancias que se producen en sociedades injustas, desiguales y donde los intereses de los poderosos privan por sobre el beneficio del cuerpo social. Eso hace del conflicto un zumbido permanente en cuanta dinámica humana se vaya a atender.

Por lo general ayuda, dicen quienes saben del tema, hacerse un mapa de actores, sus acciones y sus intereses. Muchas declaraciones y movimientos dependen de comprender esas estrategias, y su resolución pasa por desalambrarlas con pericia y constancia. En el pasado encuentro internacional de constructores de paz celebrado en la UCAB, el mexicano Miguel Álvarez Gándara, advirtió que además se debía tener mucho cuidado de no caer en los conflictos paralelos o de segunda capa que se inventan los políticos para desviar la atención. Si el problema es de orden democrático, como por ejemplo la exclusión o la imposición desde el poder, es una pérdida de tiempo atender problemas como el discurso u otras triquiñuelas que nos alejan del nodo principal.

En los años más recientes, por ejemplo, se ha visto de manera generalizada un aumento de la protesta social en contextos muy diversos: desde movilizaciones por la restitución de la democracia hasta protestas por un nuevo ordenamiento de la economía.

En el caso venezolano, por las particularidades de nuestro proceso político, parece haber un consenso según el cual las cosas se resuelven con elecciones. Por un lado ha causado un paréntesis en la atención de varios problemas que han sido pospuestos para después del 7 de octubre, y por el otro se mantienen las protestas por temas de infraestructura, conflictos laborales y pagos de deudas. Sin embargo hay tres ejes en los que la tecnología está haciendo incidencia para la transformación de conflictos.

Empoderar a la ciudadanía

La presencia de más ciudadanos en la plaza de discusión, con igual capacidad de participar en el debate, acumular masa crítica, generar opinión pública y movilización organizada de calle le da un poder inédito que las instituciones aún no saben atender. Internet nos hace más cercana una democracia deliberativa, aunque falta que esa capa de discusión se amplíe a cada vez más ciudadanos y además sea vinculante con aquellos que nos representan en las instituciones.

Lo que tenemos por los momentos es la cimarronería digital: audiencia que se escapó de los canales tradicionales de comunicación y ahora andan por la libre retejiendo vínculos con nuevos medios. De allí a reconstruir los centros de toma de decisión y ampliarlos, hay un trecho enorme que se labra en conjunto.

Por eso el poder que se le brinda a los ciudadanos en la actualidad es un poder secuestrado, un poder a medias, un cheque que se entrega si usted es aprobado por la oficina presidencial a cambio de su militancia política y el agradecimiento perpetuo de la dádiva. Es un poder que se quiere etiquetar de “popular” a costa de matar su naturaleza orgánica con cuartillos de la renta petrolera. Sincerar el conflicto pasa por despertar de la alucinación de que la repartición de la renta lo es todo.

Hacer transparente al Estado

Por ley el Estado debe comunicarse y entregar cuentas de su gestión. No basta el voto ni los cuentos de memoria que anualmente se echan en la asamblea nacional. Debe haber mecanismos que permitan a los ciudadanos hacer seguimiento de la ejecución de presupuestos, de la productividad de las empresas del Estado y su eficacia. Mecanismos como la rendición de cuentas, las declaraciones juradas de bienes y las licitaciones públicas son sólo algunas de las medidas que nos adeudan en la actualidad y que además resultan insuficientes si se quiere lograr más transparencia.

Este es un estado que se condena a sí mismo a la hipertrofia y al flujo irregular de presupuestos paralelos, partidas de emergencia y discrecionalidad, por eso se hace necesario el control de esas cuentas. Sería hasta revolucionariamente ético.

Las leyes de acceso a la información son solo la parte formal de la ecuación, y ya estados como Nueva Esparta o Miranda cuentan con ellas. Se trata de abrir las estructuras burocráticas y lograr el retroceso del secretismo militar. Poner a raya la corrupción pasa por abrirse al ojo ciudadano, y la tecnología facilita enormemente un gobierno abierto.

Aprender a velocidad red

Como cierre: el aprendizaje necesario para generar estas rutinas de escucha activa, diálogo público y libre acceso a la información requiere de procesos nuevos en una administración pública que resulta casi impermeable. Si en 8 años del decreto de uso de software libre aún no se ha completado su migración completa en el Estado, es difícil imaginar que los funcionarios cambiarán algunas de sus rutinas para exponerse a la mirada pública. Es por eso que se deben tomar prestados elementos del desarrollo tecnológico y la innovación para acelerar los procesos educativos en las instituciones. Uno de los principios rectores de estas lógicas rozan incluso algunos postulados hackers:

-pasión por resolver los problemas,
-estudio constante de las vulnerabilidades de los sistemas para mejorarlos,
-los resultados deben compartirse para que otros aprendan más rápidamente
-no resolver dos veces el mismo problema
-apostar por la libertad de la información
-descentralizar la toma de decisiones y acciones

Por eso la seguridad informática o el desarrollo de software colaborativo avanza tan aceleradamente: la comunidad de desarrolladores potencia su trabajo cuando lo hace en grupo.

La ventaja de los conflictos es que requieren de mayor creatividad para su transformación hacia vertientes creadoras. Lo que tenemos hasta los momentos es una sociedad altamente participativa, pero represada en la polarización. Levantar estos tres diques nos puede dar un nuevo cauce.

Luis Carlos Díaz Periodista y bloguero

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