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“¿Te duele mucho el pecho?”; por Roberto Mata

Por Roberto Mata | 15 de mayo, 2017
Nelson Dudier retratado por Roberto Mata

Nelson Dudier retratado por Roberto Mata

I

“Mis hijos (26) y (21) viven afuera. Sintieron que no tenían opciones aquí. Yo marcho y protesto para que ellos quieran regresar, no solo de visita. He participado en las manifestaciones desde que empezaron en abril. No he faltado a ninguna. Esa es mi contribución y sé que suma. Hice click con el movimiento estudiantil, especialmente con los de la UCV @creoenlaucv y eso me motivó mucho. Muchachos que podrían ser hijos míos. Los acompaño, les tomo fotos y aunque nos separamos cuando empieza el bululú, al final de la tarde siempre les mando las imágenes del día. Me cuidan, me tratan con cariño y me tutean, aunque no todos. Creo que algunos quizás me ven como un papá.

El 3 de mayo fue igual. Nos reunimos en la plaza Altamira y de allí fuimos al distribuidor de Altamira, líderes adelante, movimiento estudiantil detrás. Bajamos a la autopista, seguimos hacia El Rosal donde empezó la guerra de bombas y yo como siempre para atrás, corriendo. Misión cumplida. Había hecho presencia, labor de bulto.

Retirándome, junto a muchas otras personas, desde el aeropuerto de La Carlota (Base Aérea General Francisco de Miranda) nos empezaron a disparar bombas y tuve que correr hacia Altamira. En el puente del distribuidor, muy cansado, vi cómo llegó un contingente motorizado de la Guardia Nacional Bolivariana disparando lacrimógenas por el Liceo Gustavo Herrera. Estaba en el medio de una emboscada. Corrí de nuevo. Decidí meterme a la urbanización La Floresta, tapándome la cara, tosiendo, llorando, ahogado. Todos huimos de la cada vez más agresiva represión.

Estas bombas que están lanzando ahora me trancan el pecho, me dan un ardor, pensé, es como un fuego. Las anteriores daban picazón: estas duelen. Frente a la Clínica La Floresta dudé en entrar. ‘Esto se me quita cuando esté lejos de las bombas y respire mejor’, pensé. Seguí caminando, sudando, muy cansado. Cien bolívares pagué a una camionetica que iba a Petare para que me dejara en Parque Cristal, donde estaba mi carro. Ya no podía caminar ni esas dos cuadras. Conecté mi celular ya sin pila y de inmediato, un mensaje desde Buenos Aires. Mi hija Andrea.

¿Cómo estás, papá? ¿Ya saliste de la marcha? ¿Estás bien?

Bien.

En el código padre e hija, ella entendió. Algo pasaba. Ante la sospecha, activó toda la red familiar.

¿Te duele mucho el pecho? ¿Tragaste muchas bombas lacrimógenas o es otra cosa?

Después de esa pregunta se cayó Whatsapp a nivel mundial y no le pude responder a mi esposa lo que sentía.

Manejando a mi casa comenzó a dolerme el brazo, me costaba conseguir una posición para ponerlo sin dolor. Sudaba y trataba de hacer ejercicios de respiración. Había tráfico.

II

Nelson Dudier retratado por Roberto Mata

Nelson Dudier retratado por Roberto Mata

Usted tiene un infarto en desarrollo. Aquí no lo podemos atender. Vaya a una clínica con servicio de cardiología.

Me fui con mi hermano y el diagnóstico de infarto a otra clínica. El día antes de morir, a mi suegra le dolía el brazo, a mí también. Estaba asustado. ¿Cuánto tiempo me queda?, fue mi pensamiento durante todo el camino. El ardor que sentía en el pecho y el brazo era un infarto. El no saberlo me ayudó a sobrevivir. Cuando me enteré, me angustié mucho. Solo quería llegar a que me atendieran. He podido caer en la autopista, pensé. Un viejo que se muere huyendo de la guardia y la gente le pasa por encima. ¿Cuánto tiempo les hubiera tomado saber quién era? ¿Cómo contactar a mi familia?.

Cateterismo, stent y dos días hospitalizado. Frustración e indicación de un reposo inteligente. Tengo que averiguar bien qué significa eso cuando vaya a la consulta.

Tengo sentimientos encontrados, porque mis hijos nos enamoran para que nos vayamos. Queremos estar con ellos, pero el arraigo país es muy fuerte. De solo pensarlo duele”.

Nelson Dudier, 52, educador, miembro activo de Fundación Una Mano Amiga. @FundacionUMA

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Roberto Mata 

Comentarios (11)

Migda Elizabeth Soto
15 de mayo, 2017

Esa es una experiencia inimaginable. Lo que hace alguien cuando ama demasiado a su país. Le deseo larga y próspera vida Sr. Dudier. Ahora es que comienza su vida!!

Trino Gil
15 de mayo, 2017

Esto se podría llamar un “relato fotográfico”. Es genial.

Lilia
15 de mayo, 2017

Gracias Sr Dudier. Gracias! porque aunque usted marche para que sus hijos regresen, usted esta marchando también por mi hija de 11 meses. Gracias, Sr Dudier!

Moraima cabrera
16 de mayo, 2017

Espero esté bien. Dios lo bendiga

Sandra
16 de mayo, 2017

Saludo al Sr. Nelson, espero que se esté reponiendo con el reposo inteligente, ¿qué será? Le deseo lo mejor , me conmovió este relato

Joeif Duroim
16 de mayo, 2017

Qué momento tan difícil Sr. Dudier. Deseo que mejore y que se recupere con bien. La situación de tener que decidir si continuar en la resistencia o no…

CARLOS M.
17 de mayo, 2017

Sr.Dudier,tengo dos hijas (muy pequeñitas) y le agradezco su valentía. No puedo decir mas (soy empleado público), solo le deseo salud a usted y su familia. Mil gracias.

Isolina
18 de mayo, 2017

Exelente, gracias por tu lucha por tus hijos y todos los venezolanos

omar sanchez
18 de mayo, 2017

muy sentido ese testimonio… larga vida sr Dudier.

Maria Eugenia Cova
26 de mayo, 2017

Excelentes reportajes de Roberto Mata, gracias a Dios Sr. Dudier hoy puede contarlo, Dios le de larga vida, y permita que todos los padres e hijos venezolanos regados hoy por todo el mundo volvamos a reencontrarnos en una Venezuela, no como la de antes, mucho menos como la de hoy, sino mejor que nunca, justa, segura, próspera y en armonía, fuerza y fe.Dios bendiga a todos lo que hoy luchan por nuestro país.

Silvia Lozano
22 de junio, 2017

Esta es, como otras tantas historias relatadas por Roberto Mata, maravillosa. Historias de héroes de la vida real, de venezolanos que han luchado y algunos continúan, para acabar con esta dictadura. Cada relato me remonta al lugar y a los sentimientos del protagonista.

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