Blog de Willy Mckey

Soy de una generación que no llora en los funerales; por Willy McKey

Por Willy McKey | 24 de agosto, 2016
LeoAlvarez13

Fotografía de la serie “Tan lejos, tan cerca” de Leo Álvarez. Haga click en la imagen para ver la galería.

Soy de una generación que no llora en los funerales. En lugar de eso nos angustiamos.

Delante de los féretros de los maestros, por ejemplo, nos preguntamos cosas que tienen que ver con el futuro. No estoy hablando de literatura. Tampoco de política. Estoy hablando de algo más simple. Hablo de pertenecer a una generación que ha desarrollado cierta incapacidad para el duelo, por culpa de las enormes angustias que nos genera la orfandad. Llegamos temprano al duelo y tarde a la paciencia.

La muerte de Luis Christiansen, por ejemplo, es la muerte de alguien que nos enseñó mucho a todos aquellos que trabajamos junto a él, pero también es la muerte de un buen tipo contra una enfermedad canalla. Un buen tipo, Luis. Alguien que supo leer esta rareza sociológica en la que nos hemos convertidos, carcomidos por resentimientos que cambian de mano. Podría dolernos el contraste entre sus brevísimas frases en sus largas conversaciones. Podríamos echar de menos su capacidad infinita para explicar una idea a públicos diversos. Podría ser otra la nostalgia, pero la tentación de mirar hacia los lados y preguntarnos a quién le va a tocar ocuparse de cuanto él ocupaba es inmediata. Egoísta e inmediata, que es como somos ahora.

Soy de una generación que mal lleva la angustia del relevo.

La muerte de Mercedes Pulido de Briceño, por ejemplo, es la muerte de alguien que nos enseñó a hacer preguntas basadas en cosas que muchos dan por sentadas pero que desde hace tiempo nadie responde. Una buena tipa, Mercedes. Alguien que supo aprovechar cada segundo para transformarlo en una lección posible, convirtiéndose en el proyecto biográfico de alguien destinado a enseñar una y otra vez aquella cantidad de cosas que nos hemos negado a aprender. Podría dolernos el contraste entre su humor punzante y su tino político. Podríamos echar de menos su presencia imponente capaz de hacer que un ascensor se transformara en un aula. Podría ser otra la nostalgia, pero la tentación de aferrarnos al desamparo y sentir que hay ímpetus irrepetibles es inmediata. Egoísta e inmediata, que es como somos aquí.

Soy de una generación que mal lleva lo inevitable que es llegar al momento de hacerse cargo.

Soy de una generación que no pudo “formarse afuera”. Soy de una generación que no supo qué hacer contra el poder militar. Soy de una generación que tuvo la oportunidad irrepetible de convertirse en discípulos de quienes supieron sobrevivir al perejimenismo y de aquellos que en los tiempos de las vacas gordas pudieron aprender de los mejores. Hoy estamos apaciguados, angustiándonos delante de los féretros en lugar de llorar desconsoladamente, que es lo que debe hacer aquel que despide a quien nos puso delante todo cuanto aprendió para que no repitiéramos sus errores.

Soy de una generación que no llora en los funerales por lo abrumador que es la inatrapable tristeza de sentirnos indefensos.

Gracias, Luis. Gracias, Mercedes. Ojalá hayamos aprendido. Ojalá este novenario prolongado no pueda nublar lo único sólido que tendremos cuando nos toque hacernos cargo. Que eso no pase. Que eso no nos pase.

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Mercedes Pulido Aquí nadie disfruta de lo logrado, por Hugo Prieto

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Willy McKey  Parte del equipo editorial de Prodavinci. Poeta, escritor, docente y editor de no-ficción y nuevo periodismo. Especialista en semiología política y conceptualización creativa. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey Haga click acá para visitar su web personal.

Comentarios (10)

Flor Bello
24 de agosto, 2016

Hermoso y sentido homenaje a estos dos venezolanos que usted conoció de cerca, no lloramos en sus velorios, pero añoramos por siempre…Paz a sus almas.

Georgette
24 de agosto, 2016

Realmente conmovedora reflexión, quizás ese no llorar sea exclusivo de tu generación, muchos llevamos ese desasosiego, el duelo por la pérdida, ese dolor de saber que no hay reparo ni habrá quien sustituya, en fin, muchas gracias

Natalia
24 de agosto, 2016

Atinado, preciso y glocal. Lo comparto y no lo sabía. Pensaba tratarse de inclinarme hacia el Mundo de lo insensible por tanta muerte y no de aquellas que lloraban mi madre, tias, abuelas, vestidas de negro durante un año con aquel velo en la cabeza. Generaban respeto: el duelo. Si el duelo era respeto, después del llanto.

Smedouze
24 de agosto, 2016

“(…) angustiándonos delante de los féretros en lugar de llorar desconsoladamente que ES O QUE DEBE HACER aquel que despide a quien nos puso delante todo cuanto aprendió para que no repitiéramos sus errores”.

Llorar, ¿es lo que DEBEMOS hacer? El llanto no siempre es directamente proporcional al duelo. El dolor, duele. El sufrimiento, es opcional. Lindo texto, pero me recuerda aquella frase típica de familias tradicionales y cerradas “si no lloras o si no vistes de negro, no te duele”.

Veronica Linares
24 de agosto, 2016

Confieso que le acompaño en su sentir,el cual han sido muy emotivas.Gran pesar siento por grandes que se han ido.Quedan sus reflexiones,ideas y segura estoy que nos vendrán oportunidades para hacer el servicios esperado. Q.U.E.P.D

Franklin Vallenilla
24 de agosto, 2016

Hermoso texto. Me sentí retratado, en más de un sentido. Gracias.

H.Augusto Pietri
25 de agosto, 2016

Las despedidas tienen su carga de tristeza, aunque sepamos que puede haber otro encuentro….y si es la partida final, uno intenta que permanezca en nuestra memoria lo compartido, lo aprendido, la forma y manera de hacer algo, de pensar algo, de ver la vida desde esa perspectiva que se marcha. El ritual de los velorios, el novenario para mi generación parecería un anacronismo que configura más un evento social y un reencuentro de los amigos y conocidos del difunto, que un verderó acto de luto y despedida. Permanece mejor en mi recuerdo, ese personaje que partió, cuando compartió todo lo bueno que puede tener un amigo, un maestro. Mejor sin lagrimas y más con las ideas que se marcharon.

Willy McKey
25 de agosto, 2016

Gracias a cada uno por sus lecturas y comentarios. Incluso a quienes lo han compartido por sus redes sociales. Creo que va siendo hora de entendernos mejor con el asunto de hacerse cargo.

@manuhel
25 de agosto, 2016

Somos de una generación que va muy rápido, demasiado como para tener tiempo de asimilar el presente.

Ir a más de 100 km/h es mera rutina. Navegar en internet a 1M/s nos exaspera; la muerte nos espera en la bajaita y eso nos tiene sin cuidado.

Elsa Este
28 de agosto, 2016

Si, muy bueno y sentido su artículo, y pienso que son de una generación que no llora en los funerales, porque entre otras cosas son de una generación arrogante, que se formó en la tecnología y estas herramientas los proveyeron de una seguridad que no tuvimos generaciones anteriores. Gracias por su artículo.

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