Blog de Willy Mckey

Sólo en los infiernos ponen perros en la puerta; por Willy McKey

Por Willy McKey | 28 de octubre, 2016
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Detalla de la portada del No. 28 del cómic Justice League of America. Si desea verla completa, haga click.

1

En el imaginario de lo humano, las entradas a los paraísos suelen estar vigiladas por arcángeles, mientras que sólo en los infiernos ponen perros en la puerta.

Los primeros vigilan que nadie se cuele, los segundos que nadie se salga.

2

Dicen que William Benbow, un obrero británico del siglo XIX, fue el primero en hablar de algo parecido a una huelga general. En un texto publicado en 1832 bautiza su idea como “Gran National Holiday”. Muchos han traducido el término como gran vacación nacional pero gracias a los juegos del idioma también podría leerse como gran día sagrado de la Nación.

El punto es que de ahí en adelante la huelga general se convirtió en una herramienta del movimiento obrero de Europa. Incluso, en los movimientos de izquierda fundacionales se creyó firmemente que la huelga general sería la vía hacia la gran revolución social. Y el poder lo sabía, así que estaba penada y era castigada con fiera represión.

3

Dicen que George Sorel fue un conservador monárquico hasta que descubrió el mundo de las ideas de Karl Marx. Y que fue un marxista ortodoxo hasta que aquello le pareció en exceso utópico y poco revolucionario. Y que leyó a Nietzsche y a Bergson y a Tocqueville. Y que, sumando a otras lecturas su desprecio por la socialdemocracia, ensambló su bienintencionado y rebelde Frankestein teórico: el sindicalismo revolucionario.

Una de sus ideas más populares (y que más se repite en los manuales de las juventudes sindicalistas) viene de su libro Réflexions sur la violence: les illusions du progrès: la huelga general refuerza la solidaridad, la conciencia de clase y el espíritu revolucionario de los trabajadores.

Solidaridad, conciencia y revolución.

Cualquier Poder sin apoyo popular debería temerle a aquello: se pondría en evidencia que su fuerza depende enormemente de la fuerza que el otro ha decidido detener por un instante.

4

Hoy en Venezuela un gobierno que se autodefine como obrero vigila en las afueras de las fábricas y en las puertas de las casas de los patronos que nadie se sume a una huelga general (o “paro cívico nacional”, como también se le llamó) de apenas doce horas como mecanismo de protesta.

Una paradoja.

Es como si, en el camino inverso de Sorel, un obrero que estuvo sindicalizado se haya desencantado de la socialdemocracia y (luego de oír hablar de Marx y de Bergson y de Nietzsche) terminara creyendo en que lo mejor para gobernar son las fórmulas autocráticas de una monarquía, en la que siempre vendrá bien hablar más del rey anterior que del actual.

5

El último de los trabajos que Hércules fue capturar al Can Cerbero, el perro de tres cabezas que cuida las puertas del infierno. Una de las versiones más hermosas del mito dice que, al llegar exhausto a las puertas del Hades, Hércules decidió tratar al enorme animal con respeto y afecto.

Era la primera vez que alguien lo trataba así y eso bastó para que el más fiero de los perros que ha imaginado el hombre se fue dócil detrás de Hércules.

Sin embargo, la visión del Hades siempre será la de un infierno infranqueable porque un perro eterno se mantiene vigilando sus puertas.

6

Las huelgas y los paros fueron considerados como delito durante toda la Revolución Industrial.

A principios del siglo XX fuerzas globales de la socialdemocracia y otros factores de la izquierda lograron instaurarla como un derecho reconocido internacionalmente y parte fundamental de las libertades del obrero.

Sin embargo, muchos gobiernos se han opuesto al libre ejercicio de la huelga y muchas de las consecuencias han sido atroces.

La persecución a los sindicatos durante el gobierno militar de Augusto Pinochet en Chile. El desmantelamiento de los sindicatos argentinos y la desaparición de sus líderes en tiempos de Videla. La represión contra los participantes del “Brazos cruzados, máquinas paradas” brasilero.

Tres ejemplos de dictaduras militares que veían en toda huelga una conspiración.

7

Doce horas que no fueron ninguna amenaza. El país no se paró, pero tampoco marchó a su velocidad habitual. Algo pasó y ya los factores políticos sabrán cómo sacarle punta.

La noticia fue otra. La noticia no tuvo que ver con héroes, ni con sindicatos ni patrones.

La noticia fueron los guardianes en las puertas.

Ya vigilan los portones de las fábricas, para ver quiénes van a trabajar y quiénes no.

Ya vigilan las plantas que quieren detenerse y amenazan con echarles mano.

También vigilan las residencias de los patrones.

¿Cuánto falta para que empiecen a vigilar las puertas de nuestras casas?

¿Cuánto más para que cualquier lugar empiece a parecer un infierno porque algún poder ha puesto un perro a vigilarnos?

Willy McKey  Parte del equipo editorial de Prodavinci. Poeta, escritor, docente y editor de no-ficción y nuevo periodismo. Especialista en semiología política y conceptualización creativa. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey Haga click acá para visitar su web personal.

Comentarios (1)

Joeif Duroim
31 de octubre, 2016

Por si acaso a alguien se le había olvidado que vivimos en una dictadura con sus esbirros acechando por los rincones (menos por donde nos persigue la delincuencia)

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