Blog de Efraín Ruiz Pantin
Serie mundial: Un valiente sorprendió a Cabrera (juego 4), por Efraín Ruiz Pantin
La Serie Mundial se fue por una sola calle. No hay otra forma de decirlo cuando un equipo, los campeones Gigantes de San Francisco, le gana en cuatro juegos a su rival, estos Tigres de Detroit que no aparecieron hasta el juego de anoche. Al menos.
Porque por más que hoy se puedan celebrar el premio al Jugador Más Valioso de Pablo Sandoval, los batazos de Scutaro, las atrapadas de Gregor, y la pelota casi perfecta que jugaron los Gigantes, las barridas suelen dejarnos un mal sabor.
Debe ser el egoísmo, las ganas de seguir viendo beisbol de Grandes Ligas, el deseo de estirar al menos nueve innings más la temporada. El spring training, en esta época, luce demasiado lejos, y la pelota venezolana nos queda demasiado lejos a los que vivimos fuera del país. Pero que va, no se pudo. San Francisco fue demasiado.
Sonará a consuelo tonto, pero los Tigres se fueron peleando, nos regalaron un buen juego. Tuvieron –una vez más- un buen pitcheo abridor. Su ofensiva dio signos de vida con los jonrones de Miguel Cabrera y Delmon Young. Jugaron buena defensa y el bullpen hizo su trabajo. Perdieron, sí, pero de eso se trata el deporte. Por 10 entradas dejaron ver las razones por las que llegaron hasta aquí.
“Nos vencieron”, reconoció ese caballero que es Jim Leyland, enemigo número uno de las excusas y un señor del beisbol. San Francisco, simplemente, fue mejor en cada aspecto del juego, un campeón indiscutible que dominó de principio a fin.
Fue tal la hegemonía que no fue hasta la tercera entrada, cuando hicieron dos carreras con el cuadrangular de Cabrera, que Detroit tomó la delantera por primera vez en estos cuatro juegos. Fue un liderato efímero, cosa de innings, pero por un rato mandaron. Gracias entonces, Tigres, por no dejar que la temporada se acabase en nota baja. Y a ustedes, Gigantes, por ese beisbol casi perfecto que jugaron.
1) Max Scherzer no tiene ninguna razón para sentirse mal. El derecho ha estado aquejado de molestias en el brazo desde hace un mes y se bajó anoche seis entradas y un tercio de apenas tres carreras. Así que el crédito por lo sucedido en el segundo inning tiene que ir para Hunter Pence y Brandon Belt. Antes de ver a Pence, el quinto bateador del juego, Scherzer le había abierto a los cuatro primeros que vio con recta. No cambió el patrón y le inició con una a 91 millas muy adentro y le insistió con otra mas. Ésta, en strike, Pence la convirtió en doblete. Belt tomó nota y cuando también le inició con una bola rápida estaba sentado esperándola. Su batazo, que terminó siendo un triple, casi se lleva la cerca del jardín derecho. En un encuentro decidido al final por una anotación, la agresividad del normalmente pasivo Belt fue clave.
2) La imagen de Marco Scutaro conectando el sencillo en el décimo inning ante Phil Coke para romper la igualada y traer desde segunda a Ryan Theriot es la que quedará para siempre. La mágica postemporada del yaracuyano, un maestro para poner la bola en juego, no podía terminar de otra manera. Pero retrocedamos unos innings y vayamos hasta el sexto, cuando Buster Posey le devolvió la ventaja a San Francisco con su jonrón de dos carreras. El corredor que encontró en base fue Scutaro. ¿Y cómo se embasó el yaracuyano? Con un machucón lento por tercera que Cabrera no pudo convertir en out. Minutos antes Brandon Crawford había hecho una jugada genial con la mano limpia ante una conexión por el medio del campo de Quentin Berry. El contraste en la defensiva durante toda la serie fue demasiado obvio y en un ambiente en el que se producen pocas carreras terminó marcando diferencia. ¿No nos creen? Después del encuentro, un representante del Salón de la Fama le pidió a Gregor Blanco su guante para exhibirlo en Cooperstown.
3) Para ganar en octubre, en esta época, hay que tener buen bullpen y el de los Gigantes fue casi perfecto una vez más. Después de que Matt Cain se retiró tras siete innings completos, Jeremy Affeldt abrió con boleto el octavo ante el novato venezolano Avisail García. Con Miguel Cabrera, Prince Fielder y Delmon Young esperando en fila, el pasaporte parecía un mal presagio. Pues fue un espejismo. Los ponchó a los tres. Santiago Casilla lo relevó después de dos outs en el noveno y, después de partirle la mano izquierda a Omar Infante con un bolazo, retiró a Gerard Laird con un rodado a tercera. El décimo, en situación de salvado, fue para Sergio Romo. A Austin Jackson lo ponchó con cuatro sliders, el pitcheo que usa casi siempre ante los bateadores de esa mano y que, aún así, parecen no poder batear. Por eso, Leyland mandó de emergente al zurdo Don Kelly por García. Romo igual lo guillotinó. Ahora, sólo Cabrera separaba a San Francisco del título. Los primeros cinco lanzamientos de Romo fueron sliders, todos de la mitad del home hacia afuera. Strike cantado, bola, strike tirándole, bola y foul fue la secuencia. En 2-2, la pregunta era qué lanzarle ahora a un bateador con la vista de Cabrera, capaz de dejar pasar pitcheos malos y también de poner a volar una slider lejos por la derecha. Posey, detrás del home, probablemente pensó que el venezolano seguiría esperando una slider más. Entonces bajó el dedo índice de su mano derecha, la señal universal de recta. Romo asintió con la cabeza. “Eso te muestra el coraje que tiene”, dijo el careta sobre la confianza que mostró allí lanzador. El diestro comenzó su movimiento y soltó la bola. Cabrera se movió ligeramente, sin sacar el bate, quizás creyendo que a última hora la pelota iba doblar una vez más y alejarse del plato. No podía imaginar -¿cómo iba a hacerlo?- que el barbudo Romo iba a tener los riñones de tirarle un melón a 89 millas sobre el plato. Sin haberle hecho swing al último pitcheo que vio, Cabrera se devolvió al dogout. Su temporada, y la de los Tigres, había terminado. Los Gigantes eran campeones.
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29 de Octubre, 2012
Excelente crónica. Un verdadero placer leerla. Enhorabuena. Así disfrutamos el juego doblemente. Especialmente por la mención de esos dos héroes: Gregor y Marco, qué buena pelota jugaron estos chamos! Sin desmerecer a Sandoval, por supuesto.