Perspectivas

Señales internacionales favorables para la paz en Colombia; por Carlos Malamud

Por Carlos Malamud | 11 de febrero, 2016

Señales internacionales favorables para la paz en Colombia; por Carlos Malamud

[Infolatam].- Según algunos indicios internacionales recientes la paz en Colombia podría estar más próxima. Todavía no está claro si la firma del acuerdo coincidirá con la mítica fecha del 23 de marzo de 2016 pronosticada en su día por el presidente Juan Manuel Santos, o si será posterior, pero la opinión mayoritaria es que algo se firmará, y pronto. Este clima favorable se ha trasladado a la comunidad internacional y a los principales aliados del gobierno colombiano en esta aventura.

Parece que hasta los astros se han alineado para respaldar el proceso, aunque el 23 de marzo habrá en Colombia un eclipse lunar penumbral. No se sabe si por este motivo u otro, como un atraso en las negociaciones, el presidente ha apuntado a una posible y transitoria demora en la firma, aunque sin efectos irreparables.

Volviendo a los alineamientos astrales y sus repercusiones, comencemos por el viaje de Santos a Washington para festejar con Barack Obama el 15 Aniversario del Plan Colombia, reconvertido ahora en Paz Colombia. El nuevo Plan, dotado con 450 millones de dólares para 2017, se basa en el postconflicto, un concepto que ha ocupado el centro de todos los documentos y discusiones. Entramos en una etapa en la que el conflicto ha quedado atrás para ser reemplazado de un modo definitivo por el postconflicto.

En relación con el viaje de Santos y el compromiso de Obama y Estados Unidos con la paz hay dos cuestiones remarcables. La primera, el menor entusiasmo de algunos candidatos y senadores republicanos con las negociaciones mantenidas en Cuba y sus consecuencias, dada su mayor identificación con Álvaro Uribe, enemigo acérrimo del proceso. Para limar algunas asperezas e intentar convencer a los más recalcitrantes opositores, Santos les dedicó muchas reuniones en Washington. Veremos en las próximas semanas con qué éxito.

La segunda cuestión tiene que ver con la reacción de las FARC, que valoraron críticamente los resultados del Plan Colombia. Según las declaraciones de uno de sus portavoces en La Habana, el Plan fue un completo fracaso al no acabar con el narcotráfico ni derrotar a la guerrilla. Ahora bien, “Pastor Alape” no reconoció que si se sentaron a negociar con el gobierno colombiano fue por su gran debilidad tras los duros golpes recibidos en los últimos 15 años. Y esto sí es consecuencia directa del Plan Colombia.

Sin embargo, lo más notable de las declaraciones del Sr. “Alape” es su pedido al gobierno de Obama para que invierta en el postconflicto: “Un país que ha estado comprometido en el conflicto en Colombia, debe también comprometerse por cumplir en esta nueva era con recursos para la paz, la reconciliación y la prosperidad de todos los que sufrieron, con énfasis en las víctimas”. No sólo las FARC están pensando en el postconflicto, de la misma manera que lo hace el gobierno de Santos, sino también se preocupan por cómo financiarlo y el papel que jugará la comunidad internacional en esta nueva etapa.

Otro hecho importante fue la declaración del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 25 de enero pasado, que decidió enviar en su momento una misión política de verificación de los compromisos que pudieran alcanzar las partes implicadas en las negociaciones de La Habana. Hay que considerar que la petición fue una iniciativa conjunta del gobierno colombiano y de las FARC, una prueba más del peso que el postconflicto tiene en sus acciones. Para respaldar la resolución del Consejo de Seguridad, el secretario generalBan Ki-moon, señaló que se trata de “un paso significativo hacia la resolución pacífica del conflicto armado”.

Esta iniciativa fue recogida sólo dos días después por la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en su IV Cumbre, celebrada en Quito. La posición unánime de apoyo al proceso de paz fue expresada por numerosos mandatarios y agradecida por Santos. La tarea pendiente es determinar los países que intervendrán de un modo directo y los recursos que se pondrán en juego en esta operación, que puede ser vital para garantizar el puntual cumplimiento de los acuerdos alcanzados y, especialmente, la concentración de los efectivos de las FARC en las áreas designadas al efecto.

Finalmente no se puede descuidar la intervención vaticana. Para empezar se ha anunciado una visita del papa Francisco a Colombia en el primer semestre de 2017. Es de suponer que para entonces ya se habrá impuesto la paz. No olvidemos el viaje que en septiembre de 2015 realizó el papa a Cuba, una oportunidad inmejorable para mediar de forma discreta en el proceso, en una maniobra similar a la que la diplomacia vaticana ejerció entre los gobiernos de Raúl Castro y Obama. El próximo 12 de febrero, el papa hará una escala técnica en La Habana camino de México. Oficialmente se ha anunciado que aprovechará la ocasión para reunirse con el patriarca Cirilo, primado de la iglesia ortodoxa rusa, de viaje a Brasil, pero no habría que descartar nada, menos aún con las negociaciones de paz tan próximas a su final.

El presidente Santos ha cosechado grandes éxitos en su empeño para convencer a la comunidad internacional del gran paso adelante que daría su país de alcanzarse la paz con las FARC. Pero el resultado de su esfuerzo por convencer a la sociedad colombiana es menos evidente. Del acuerdo que finalmente concluyan las partes y de su contenido dependerá la respuesta de sus compatriotas y de las fuerzas políticas colombianas, algunas como el uribismo totalmente opuestas a estas negociaciones. Es de esperar que se llegue a un acuerdo justo y que la razón termine primando entre los colombianos. La paz es un valor de gran importancia como para desaprovechar la inmejorable oportunidad que aquí se presenta.

Carlos Malamud Catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha sido investigador visitante en el Saint Antony´s College de la Universidad de Oxford y en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires y ha estado en posesión de la Cátedra Corona de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Entre 1986 y 2002 ha dirigido el programa de América Latina del Instituto Universitario Ortega y Gasset, del que ha sido su subdirector. Actualmente compatibiliza su trabajo de historiador con el de analista político y de relaciones internacionales de América Latina. Ha escrito numerosos libros y artículos de historia latinoamericana. Colabora frecuentemente en prensa escrita, radio y TV y es responsable de la sección de América Latina de la Revista de Libros.

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