Perspectivas

Segundo juego: “Magic” Rojas; por Rodrigo Blanco Calderón

Por Rodrigo Blanco Calderón | 25 de Enero, 2012
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El segundo juego de la final de la LVBP 2011-2012 tuvo para los Tiburones de La Guaira una significación especial. En primer lugar, se cumplieron 25 años de la Maldición que, aún no entiendo a cuenta de qué, Urbano Lugo hijo le echó a La Guaira en el cuarto y último juego de la final de la temporada 1986-1987. Con ese no hit no run, especie de contra exageradísima y maluca del que previamente le había encajado Luis Tiant al Caracas en 1971, comenzó la pava de los Tiburones y de La Guaira: nuestro récord, sólo superado por nosotros mismos, de derrotas consecutivas y de temporadas sin clasificar al round robin, las bajas en la tribuna (Cabrujas) y en el dogout (Polidor), la tragedia de Vargas y un largo y conocido y doloroso etcétera.

En segundo lugar, se cumplieron 6 años del fallecimiento del irrepetible Carlos “Café” Martínez. Su hijo, José “Cafecito” Martínez, estuvo errático en el juego. Sin suerte con el bate y distante en el jardín derecho. No pudo dar el batazo que le permite elevar los brazos al cielo y hacer con las manos el cuatro y el cero de la camiseta retirada de su padre que por petición propia volvió a ser descolgada y que ahora lleva en su desgarbada, idéntica, espalda.

La presencia ominosa de estos recuerdos fue conjurada por los Tiburones con un juego que supo corregir las fallas del primer encuentro: relevo oportuno del pitcher abridor, activación de la “grúa” en los momentos decisivos y el show de rapidez, elegancia y riesgo que desplegó Miguelito “Magic” Rojas en el campo corto. Lo de Rojas fue algo cercano al espiritismo. A través de sus movimientos, entre la arcilla, se elevaron como evocaciones fugaces los giros de Luis Aparicio, Enzo Hernández, Argenis Salazar, Gustavo Polidor y Oswaldo Guillén. Esa genialogía de shorstops que, por una propiedad misteriosa, retoña constantemente en la cueva de los Tiburones.

El béisbol tiene una concepción criogénica del tiempo. Las más angustiosas emociones se ven suspendidas a cada momento: el catcher sale a conversar con el pitcher, el bateador pide tiempo para ajustarse unos guantines que no necesitan ajuste, el umpire detiene la acción porque una pelota ilegal ha entrado en el terreno. Pequeñas interrupciones que permiten al corazón de jugadores y fanáticos descansar un segundo y a los canales transmitir pautas publicitarias, para volver otra vez al vértigo de cada lanzamiento.

Las seguidillas de derrotas y victorias también se anotan ignorando los abismales saltos del tiempo. Antes de la victoria de ayer, La Guaira tenía cinco derrotas consecutivas en la ronda final. El lapso de 25 años entre las cuatro primeras (la barrida que sufrimos ante los Leones del Caracas en la 86-87) y la quinta (el 23 de enero de 2012 ante Los Tigres) luce ahora como un parpadeo, una pesadilla honda pero de pocos segundos que Los Tiburones esfumaron el 24 de enero de 2012 con una mezcla de buen picheo, bateo oportuno y la magia que se manifestó en el guante y la estirada maravillosa de Miguel Rojas.

La magia es una versión práctica de la fe. Concentra en un instante el anhelo de que el mundo ceda a una voluntad o a una concentración de voluntades. Para Los Tiburones de La Guaira la magia tiene una ubicación precisa en la tribuna derecha del Estadio Universitario de Caracas. La samba y los coros alegres e incansables que los caracterizan hacen de la fanaticada de los Tiburones un chamán de mil cabezas con el poder para transformar el rumbo de un juego. Ahora la serie se traslada a la casa de los litorales y los Tigres tendrán que lidiar contra los deseos de un estadio y un país (magallaneros y caraquistas son parte de los refuerzos con que contamos) que pide un cambio de aires en el liderato beisbolístico.

Buddy Bailey, tirano contemporáneo de la liga, que bajo la ilusión del colectivismo sólo permite que destaque su propia figura (es conocido, por ejemplo, su gusto por arrebatarle el triunfo a los abridores cuando sólo le faltan uno o dos outs para acreditarse la victoria), deberá dejar un espacio en blanco entre sus papeles, sus números y su libretica. Allí podrá consignar lo que no se puede explicar, el giro imprevisto de una pelota que da en una piedra invisible y se interna en el jardín central, el engatillamiento injustificado que impedirá un doble play salvador, el batazo del zurdo Jiménez contra el zurdo que le pongan para neutralizarlo. Tendrá que comenzar a creer en lo que la mayoría de los fanáticos ya está creyendo: que este año Los Tiburones de La Guaira serán campeones.

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Lea también: Segundo juego, El parpadeo en un dobleplay; por Alonso Moleiro y Primer juego: La Historia y el Espiritú, por Rodrigo Blanco

Rodrigo Blanco Calderón 

Comentarios (6)

Maria A Jordan
25 de Enero, 2012

AMEN ! AMEN! AMEN! Excelente artículo, y esperemos que sea profético :) Creo que tienes un error de fecha en esta cita…..”el 24 de enero de 2011 con una mezcla de buen picheo,…”

Saludos, y PA´ENCIMA !

Timoteo Franco B.
25 de Enero, 2012

Salve Miguel Rojas. Que duda cabe, sin esa jugada los Tigres ya estarían encaminados a otro campeonato.

Deily Becerra
25 de Enero, 2012

Amén otra vez. Estoy sintiendo que éste si es el año. Gracias Rodrigo por este escrito

Gustavo García
26 de Enero, 2012

Un comentario que ojalá llegue a los “oídos sordos” de los dirigentes de la LVBP: ¿hasta cuando el irrespeto a los fanáticos por parte de la mafia de revendedores?. Hoy fui con mi sobrino bien temprano a comprar las entradas para el juego de esta noche. Desde las 8 de la mañana, a pleno sol, hicimos nuestra cola bajo la “atenta mirada” de la policía, para por fin, a las 12 y media del mediodía, llegar a la taquilla y comprar entradas (solo 4 por persona con chequeo de cédula incluido), para ¡PATIO LATERAL!, porque la tribuna ya estaba agotada. Mientras tanto decenas de revendedores ofrecían entradas para cualquier localidad, por el doble o el triple del costo oficial, bajo la idéntica “atenta mirada” de la policía. La misma historia año tras año con la evidente complicidad de la liga, los taquilleros y la policía. Mientras hacía la cola leía en la prensa que la liga tomará medidas contra los gestos agresivos de algunos bateadores y pitchers, y ni una palabra sobre esta permanente agresión que como a muchos otros, me ha alejado del estadio temo que para siempre. Mi pasatiempo favorito se ha convertido en un disgusto y una impotencia enorme ante el descarado abuso de la LVBP y sus cómplices.

gisela kozak
26 de Enero, 2012

Gustavo, entiendo y suscribo todo lo que dices. Te cuento que yo pasé por eso mismo para el juego extra del RR. Llegué a las 6 y 30 am, ya había cola y se volvió una locura cuando arribó el bandón de revendedores, esa plaga nefasta.

La policía es el mejor amigo de estos tipos y la LVBP se ha lavado las manos con este asunto. Sin embargo, te recomiendo la opción del abono. Es una inversión fuerte antes del comienzo de la temporada, pero créeme que vale la pena: sin colas, sin abusos, sin revendedores.

saludos

Rodrigo Blanco
27 de Enero, 2012

Gustavo, la respuesta la escribí yo. Lo que pasa es que lo hice desde una computadora donde estaba registrada mi querida Gisela. Disculpen esa involuntaria confusión.

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